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martes, 19 de noviembre de 2019

Malos de película VII: José Juan Martínez "el Rubio"

Llamarse José Juan y apellidarse Martínez Gómez no da para malo de James Bond. A lo largo de los años han pasado por esta sección dictadores caníbales, reinas de la cocaína... en comparación con ellos José Juan es poca cosa, solo un ladrón. Pero qué ladrón, amiguis. El cerebro del robo más espectacular de la historia de España: el del Banco Central de Barcelona.

José Juan Martínez después de salir de prisión, con 60 años.

Mayo. 1981. La gente lleva pantalones de campana y americanas con coderas, en la radio suenan Los Pecos, "De niña a mujer" de Julio Iglesias y este temazo. Y hacía unos meses (casi) todo el mundo se había cagado encima cuando un tal Tejero (no Fernando) entraba en el Congreso y pegaba unos cuantos tiros. En este ambiente, no precisamente chill, once atracadores comandados por José Juan Martínez entran en el Banco Central de Barcelona y toman como rehenes a las 263 personas que había dentro. Martínez, conocido en el lumpen como el Rubio, deja un comunicado en la cabina telefónica contigua al banco donde pide la liberación de "los cuatro héroes del 23 de febrero y nuestro valiente teniente coronel Tejero" y, puestos a pedir, también solicita dos aviones para huir rumbo a Argentina. O se cumplen esas exigencias en 72 horas o empiezan a matar a los rehenes. El comunicado se hace público y se organiza un gabinete de crisis comandado por el director general de la guardia civil, el general de apellidos muy de tira de Ibáñez: José Aramburu Topete.

Se suceden las escenas a lo "Tarde de perros", "El plan perfecto" o "introduzca su película favorita de atracos aquí": que si negociaciones, que si las autoridades despejando la zona, que si la Cruz Roja llevando comida a los rehenes... y se alimenta la teoría de la conspiración, se teme que detrás del atraco estén la ultraderecha o un grupo de militares afines a Tejero. Pero dentro del banco los atracadores tienen un momento más propio de "Atraco a las 3" que de "La casa de papel" al darse cuenta de que con las herramientas que han llevado no pueden perforar los muros de los túneles subterráneos por los que pensaban huir.

Pasan las horas, pasa un día entero y una tanqueta del ejército se acerca al banco con un mensaje: "de vosotros depende el trato que vayáis a recibir". El Rubio ordena a sus hombres que disparen a la tanqueta y ésta se marcha. Las autoridades ya empiezan a convencerse de que los atracadores solo son eso, atracadores, y no guardias civiles ni militares.


El Rubio sale entonces del banco apuntando a uno de los rehenes. Se pasea por los alrededores, quizá para tomar el fresco, y probablemente también para ver dónde estaban situados los francotiradores. Se pasa durante 3 minutos, pistola en mano, cigarro en boca, y vuelve a entrar. Los atracadores, que ya saben que su vía de escape no es factible, se empiezan a poner nerviosos. Los francotiradores se sitúan en edificios cercanos y desde ahí ven a un asaltante junto a un rehén. No oyen la conversación entre ellos que es tal que así (y no me la invento, la cuenta uno de sus protagonistas en el reportaje "La caja 156"):

Parece que esto se ha terminao, menudo follón habéis armao... ¿tú estás casao? Sí... me dice que tiene dos hijos varones, de la misma edad de los míos, entonces fíjate tú y en esta conversación, por aquí oigo rrrrrr...


Ese "rrrrrr" es una bala. Un francotirador ha visto que tiene a tiro al asaltante y le dispara. El hombre, José María Cuevas, muere al instante y resulta ser cuñado y hermano de dos de los otros atracadores. O los GEO intervienen ya o se lía parda. Y eso hacen. Entran por la azotea del edificio y van bajando. El Rubio decide liberar a los rehenes y salir con ellos junto con el resto de sus hombres, intentando pasar desapercibidos. Un grupo de atracadores se regudia en un hotel cercano. Pero la policía va identificando a todos uno a uno y detiene a los atracadores, también a los huidos. El Rubio, como jefe de la operación, es condenado a 30 años de prisión, los demás a penas de más de entre 20 y 25 años. Los 500 millones de pesetas que había en el banco seguían dentro, todos apilados en el hall de la entrada. No se habían llevado nada.

Pero uno no es el cerebro de un atraco como este y se queda en prisión a ver la vida pasar. En 1988 Martínez aprovecha un permiso y se fuga, con tan mala suerte que un mes después coincide en un restaurante con un policía que lo reconoce, se produce un tiroteo, dos policías mueren y el propio Rubio acaba herido. De nuevo, la comedia involuntaria se ceba con Martínez, su pistola se encasquilla y solo dispara una bala, así que no es él quien mata a los policías, sino el uno al otro, en el fragor del tiroteo. Martínez vuelve a la cárcel y en el año 96 se fuga de nuevo y otra vez, y también un mes más tarde, lo detienen. Sale de prisión años más tarde y apenas concede unas cuantas entrevistas, se escribe un libro con su historia y el Rubio retoma su vocación, vamos, el robo de bancos e intenta atracar un banco en San Sebastián. Cómo no, le pillan.

Entre fuga y fuga, entre robo y robo, José Juan da entrevistas y en ellas agranda la teoría conspirativa que siempre rodeó al atraco. Afirma haber sido contratado por dos personas, uno un tal Luis (supuesto jefe de operaciones encubiertas del CESID) y el otro el subdirector Emilio Alonso Manglano (dimitió de su cargo en los 90 por encargar escuchas ilegales) para robar un maletín que estaba dentro de la caja 156 del banco. ¿Y qué había en el maletín? Según el Rubio, documentos que demostraban quiénes financiaron el 23F y que la monarquía estaba implicada. Los GEO que intervinieron en el robo desmienten esta teoría y aseguran que no había ningún maletín, que se registró a cada atracador, a cada rehén y nadie lo llevaba. Otro de los asaltantes dice del Rubio "esa persona es un fantástico y nos ha llevado a todos a la cárcel". Aramburu Topete los definió a él y su banda como "anarquistas, chorizos y macarras".

Ojalá alguien retome todo este caso y haga un "Zodiac" a la española, que cuente la historia sin necesidad de averiguar la verdad porque lo bonito está en el proceso, en intentar encontrarle un sentido aunque no lo tenga. Si queréis saber más sobre el Rubio, Aramburu Topete y teorías conspirativas varias os doy varias opciones: la sobria de este documental de rtve, o la épica de "La caja 156", con la voz de Gloria Serra, que podría convertir en heroica una mañana haciendo la compra en el Lidl.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra teoría favorita del robo al Banco Central?, ¿conspiración pagada por oscuras fuerzas del mal?, ¿o José Juan es un fantástico, tal y como decía uno de los atracadores?

martes, 8 de octubre de 2019

Vodafone me trolea

De verdad que si no he actualizado antes ha sido porque el destino, la fatalidad, los elementos (como a la Armada Invencible, igualito) me lo han impedido. Y no os exagero ni un ápice. No. No. Porque quién soy yo, pobre consumidora del montón, comparada con una multinacional. Vodafone me ha señalado con su todopoderoso dedo, ha decidido que me iba a dejar sin conexión a internet y lo ha hecho. Esta es mi triste historia, sacad los pañuelos de papel:

Jueves. 19 de septiembre. Llego a mi casa del trabajo y no tengo conexión a internet. Hago lo típico: reiniciar, apagar, encender, revisar cables… y nada. Me digo a mí misma que mañana será otro día y fijo que la conexión, igual que se ha ido, vuelve. Qué ingenua era yo en esa época.

Viernes. 20 de septiembre. Sigo sin conexión y eso que vuelvo a reiniciar, apagar, encender, revisar cables, así que llamo al servicio técnico de Vodafone. Me sugieren que reinicie, que apague, encienda, que revise cables, me preguntan qué lucecitas están encendidas, intentan solucionarlo de forma remota, no pueden y me dicen que esté atenta a mi móvil que me llamará un técnico para concertar una cita.

Sábado. 21 de septiembre. Estoy atenta a mi móvil, pero el técnico no llama, así que vuelco mi ira en twitter donde, rápidamente, el community manager de fin de semana de Vodafone me dice que me cuente qué pasa vía mensaje directo. Lo hago. Me dice que intentarán solucionarlo.

Lunes. 23 de septiembre. El CM de Vodafone me dice que mi incidencia, tras la visita del técnico, ya está solucionada. Voy a mi casa y después de reiniciar, apagar, encender, revisar cables y todo el ritual compruebo que sigo sin conexión. Se lo digo vía mensaje directo al CM o a quien quiera que sea que escribe estas cosas y le añado que el técnico nunca ha venido ni llamado. Su respuesta: “vamos a reclamar la incidencia puesto que al dejar indicado que se te solicitaba un técnico y no comprobar más mensajes o llamadas hemos pensado que ya se había personado y tenías conexión de nuevo. Disculpa el error”. Ajá. Bueno. Vale.

Martes. 24 de septiembre. Llamo al servicio técnico, les cuento mis cuitas y vuelven a decirme que me llamarán para concertar una cita con el técnico. Les digo que eso ya me lo dijeron antes y nunca me contactaron. El teleoperador se disculpa y asegura que lo harán esta semana sin falta.

Viernes. 27 de septiembre. Otro mensaje vía mensaje directo por twitter que asegura que mi incidencia ha sido solventada. Les digo que de eso nada, que ni está solventada ni el puñetero técnico ha venido, ni llamado.

Interneeeeeeeeeet

Martes. 1 de octubre. El lunes por fin me llaman y conciertan una cita y el martes viene un técnico (una hora más tarde de la hora prevista), lo revisa todo, dice que los aparaticos (se llamen como se llamen) están bien y que si no tengo conexión es por un problema externo de la línea de Jazztel que Vodafone alquila para dar su servicio. Me dice que se concertará una segunda visita.

Miércoles. 2 de octubre. Estoy en la biblioteca de mi barrio (aprovechando la conexión a internet) cuando veo que tengo varias llamadas perdidas de un móvil desconocido. Resulta ser el técnico de Vodafone, pero me dice que ha estado esperándome media hora y que ya se ha ido. Me dice, además, que la cita ya estaba concertada. Yo le digo que no, que yo no sabía nada de esa cita. Media hora después me llama una misteriosa voz que vuelve a asegurar que sí se había concertado una cita a las 16.20. Yo lo niego, les aseguro que no han hablado conmigo. Me preguntan que si podría haberse cerrado esa cita con otro miembro de la familia. Yo le juro que mi gato todavía ni habla ni responde al teléfono.

Jueves. 3 de octubre. Viene el segundo técnico, puntual y todo. Vuelve a hacer lo mismo que el otro: revisa los cables, saca su ordenador, recibe llamadas (esta vez de esa misteriosa central que asigna las citas a los técnicos y que, según mi experiencia, funciona tirando a mal) para acabar diciéndome lo mismo que el otro técnico: que todo está bien que el error viene del cableado externo, de la línea de Orange (dice Orange, no Jazztel). Me recomienda que no vuelva a llamar a servicio técnico porque me asignarán a otro técnico que me dirá lo mismo. Le pregunto: “¿y qué hago entonces?”. Me responde: “esperar un par de días”. Yo le digo: “¿y por qué va a volver la conexión en un par de días si no ha vuelto en quince?”. A eso no responde.

Sábado. 5 de octubre. Vuelvo a llamar al servicio técnico, vuelvo a contarles toda la movida, vuelven a disculparse y vuelven a asegurarme que el servicio se reanudará el lunes.

La mitad de estos teleoperadores se ha disculpado conmigo y me ha recordado que les ponga buena nota en la encuesta posterior.

Lunes. 7 de octubre. Oh sorpresa, sigo sin internet y hago lo que ya es costumbre: llamar al servicio técnico que me aseguran que paso a ser un caso prioritario y que harán un seguimiento de mi caso.

Martes. 8 de octubre. Sigo sin internet y escribo esta entrada (desde la biblioteca de mi barrio, claro) para que cuando sean los de Vodafone los que me llamen para preguntarme que porqué me he cambiado de compañía, no tener que contarles toda esta larga historia desde el principio.

Y vosotros, ¿cuándo os sentisteis un consumidor diminuto y desprotegido por última vez?, ¿cuántas llamadas al servicio técnico de un operador de fibra y telefonía hacen falta para convertir a una persona normal y corriente en asesina peligrosa? Mis vecinos dirán: saludaba siempre, pagaba puntualmente las derramas, no entiendo porqué masacró a toda la plantilla de Vodafone España…

martes, 9 de julio de 2019

Chistes de pollas

La semana pasada se estrenó el primer capítulo de "El pionero", la serie documental sobre Jesús Gil y Gil en HBO. Los que seáis insultantemente jóvenes no lo recordaréis, pero Gil y Gil no sólo fue presidente de un club de fútbol, alcalde de una ciudad costera y promotor inmobiliario, también fue presentador de televisión de una obra cumbre de la cultura pop: "Las noches de tal y tal". Él salía metido en un jacuzzi rodeado de mozas en bikini de talle alto porque en los 90 los bañadores eran así, sobaqueros:

Las bellas y la bestia.

No recuerdo de qué iba el programa. No sé si había entrevistas, o si era un talk show donde las muchachas en bikini contaban sus vivencias o si cocinaban aprovechando el vapor del jacuzzi. Ni idea. Solo recuerdo que alguna vez salió Imperioso, el caballo de Gil. Los 90 nos dieron grandes momentos tan absurdos como Gil chapoteando en su jacuzzi. Recordemos a Arévalo, las mama Chicho y a Ruiz Mateos haciendo de las suyas.

Todo zafio, vocinglero, aplaudido por un público en directo que gritaba mucho. Y no era patrimonio único de la España de los 90, era algo que estaba en el aire. En los Estados Unidos tenían a Howard Stern y sus chistes de pollas a costa del caso Bobbit. ¿Lo recordáis? Yo, casi como con Gil e Imperioso, apenas me acordaba de que Lorena Bobbit, en un arranque pasional, había cortado el pene de su marido John y luego, cuchillo en una mano y pene en otra, había huido en coche para acabar tirando el pene por ahí.

Pero vayamos por partes. ¿Quién era Howard Stern? Locutor de radio, presentador, productor, escritor. Si pones en una batidora de vaso (como las de las películas americanas, que es lo apropiado en este caso) un poco de Jiménez Losantos, otro de Cárdenas en su época de "Crónicas Marcianas", otro de Encarna Sánchez y otro de Benny Hill, te sale Howard Stern.

Pues él  organizó en 1994 una especie de maratón de recaudación de fondos, más programa de variedades, más freak show, con la excusa de conseguir dinero para la operación reconstructora de John. Un montón de mozas exuberantes con bañador de tiro alto ejercían de azafatas y mostraban cuánto dinero se había recaudado en un medidor gigante con la forma de (oh, sorpresa) pollón. Todo aderezado con fino humor. Aquí una selección de las perlas de Howard (Howard's pearls):
"A penis is a terrible thing to waste"
"John, I'm glad you could come", "I can't, Howard"
"I don't even buy he was raping her... She's not that great looking"  


Atención al nivelón de la recreación dramática.

Y, ¿quién era Lorena Bobbit? Emigrante en Estados Unidos, se casa muy joven con John Wayne Bobbit y, antes de la noche en la que cogió el cuchillo de la cocina y le mutiló, pasó por un infierno de malos tratos y violaciones. Ese calvario quedó tan acreditado en el juicio por la agresión que Lorena fue declarada no culpable. Pero eso dio igual. Stern hizo su maratón, John se operó y grabó varias películas porno para demostrar que todo volvía a funcionar.

Muchos años más tarde "Lorena", un documental de Amazon, sí se preocupa por contar la historia completa, sin quedarse en las bromas. Se preocupa, en definitiva, por buscar la verdad. Y cuenta que después de sus operaciones, sus películas y sus colaboraciones con Stern, John Wayne Bobbit se volvió a casar, se divorció (denuncias por malos tratos mediante) y tuvo varias relaciones. En el documental habla una de sus novias, a la que casi tiró por una terraza y luego tuvo secuestrada, atada a una cama durante varios días. En el capítulo 3 del documental el abogado defensor de Lorena Bobbit hace un alegato digno de un capítulo de "The good fight": "Una vez oí decir a una señora que el cuerpo de una mujer es su hogar. Que su cuerpo es el contacto más íntimo que tiene con su alma. Violar a una mujer no solo es violar su cuerpo, sino también es violar su alma. Es un ataque directo a la estructura emocional que integra a una mujer". 



Más allá de las risas irónicas que nos provoque ese megamix del mal gusto que eran Stern y sus programas, el caso es qué hay detrás. Esto no es una cuestión de los límites del humor, esa parada queda muy atrás y a donde hay que ir realmente es a si a alguien le importó la verdad en ese momento o si optaron por mirar hacia otro lado para hacer caja. El evento del año 94 recaudó 260.000 dólares. Y Stern fue una estrella durante más de 20 años.

Cuando nos dé un ataque nostálgico sobre los 90, convendría contar hasta tres y recordar también todo esto. Quienes votaron a Gil como alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, quienes le ofrecieron programas en televisión, eligieron mirar hacia otro lado. Gil fue responsable del hundimiento de un edificio por el murieron sesenta personas. Sesenta. Recuerdo a Imperioso, pero ni  una sola mención a que Gil había pasado por la cárcel. La nostalgia por los 90 debería limitarse a Nirvana y Buffy cazavampiros, nunca por una época "sin complejos".

Y vosotros, ¿recordáis a Imperioso?, ¿y las "Noches de tal y tal"?, ¿echáis de menos los 90 o pensáis que es una época fea como pocas?

lunes, 13 de mayo de 2019

La democracia está sobrevalorada

¿He batido mi propio record en la categoría holgazana-que-dice-que-mañana-mismo-actualiza-y-de-repente-resulta-que-han-pasado-sesenta-días? No lo sé, me da pereza comprobar el archivo del blog. A mi favor diré que he tenido unas semanas muy complicadas: he tenido obras en casa. Que mi casa tampoco es El Escorial, las obras duraron diez días, no dos meses, pero esa no ha sido la única excusa circunstancia que explica tantos días sin escribir. Hubo otra. Las elecciones del 28-A. Ahora os preguntaréis: ¿es que me he metido en política o quizá en estadística?, ¿trabajo para Tezanos y me he pasado las semanas previas llamando por teléfono a la gente para preguntar su intención de voto?, ¿era yo candidata de algún partido? Peor aún: fui presidenta de mi mesa electoral.

Aquí la prueba.

Todo comenzó cuando un muchacho llamó a casa diciendo que era de correos y yo cometí el primer error: abrirle. Recogí mi notificación y firmé, pero dentro de la carta solo avisaban de que yo era suplente de vocal o presidente. Polisuplente. Todo el mundo me dijo que no me preocupara, que era una putada faena porque el domingo me tocaría madrugar pero en cuanto formaran la mesa electoral me mandarían a casa. "A mí me pasó eso en las últimas elecciones", "a mí en unas europeas, creo", "yo fui con resaca, me mandaron para casa y me volví a meter en la cama". Eso me decía la gente. Segundo error: creerles.

Yo me leí la notificación por encima con detalle, contaba con una semana para demostrar documentalmente alguno de los poquísimos motivos que excusaban de presentarse en la mesa. Cosas del tipo: me caso justo ese día y aquí tiene usted mi lista de bodas, el presupuesto del catering y la factura del vestido de novia. De mi profunda lectura deduje que en esa semana también enviarían por correo un librito con las instrucciones para ser presidente/vocal en la mesa electoral. Pasó la semana, yo no recibí nada en el buzón y, cuando llegó el domingo, me levanté, cogí un par de mandarinas (por si acaso) y, sin tomar un café siquiera (tercer error), me fui al colegio electoral. Imaginad mi cara cuando estoy frente a la mesa, resulta que el presidente no está, nos dicen que en ese caso lo que hay que hacer es abrir la caja donde están todos los documentos, los abrimos y ahí está mi nombre como presidenta de la mesa. "Pero si a mí no me mandaron el librito", dije yo. Dio igual.

Afortunadamente, los apoderados e interventores de los partidos que andaban por ahí pululando nos ayudaron con nuestras dudas (¿dónde coño está el papelito ése que piden algunos para justificar que van a llegar tarde al trabajo porque están votando?, ¿se puede votar con dni caducado?) y empezamos.

En la tele dijeron que la participación fue altísima. Ya os digo yo que sí. Intentaba mandar un whatsapp para mandar a la mierda contar a todos aquellos que me dijeron que al final me volvería a casa que no, que estaba presidiendo la mesa, y no podía ni acabar una frase porque venía alguien a votar.

Con tanta gente, las primeras doce horas fueron entretenidas. Además, que vivo en la Latina, y eso significa actores votando y los vocales y yo cotilleando. Vino Cristina Castaño (a la que todos habíamos visto por el barrio con dos perritos patada), Javi Rey (que con su belleza casi provoca un soponcio a la segunda vocal), Amparo Pamplona (actriz de doblaje y madre de una que salía en "Aquí no hay quien viva", dije yo), Pili de Pili y Mili... También vino una cantidad indeterminada de gente despistada que no sabía si la nuestra era su mesa; otro buen grupo de gente que votaba y daba una palmadita a la urna como si le dijera "no me falles, tía"; y otros que nos daban ánimos. Que muy bien eso de los ánimos, ¿eh? pero para la próxima menos ánimos y más botellas de agua, bocadillos de lomo con queso, bolsas de risketos, lo que sea. Desde aquí me comprometo a que en las próximas elecciones yo sí llevaré algo a los de la mesa.

Las primeras doce horas fueron entretenidas, sí, pero qué calor hacía. No teníamos una triste ventana cerca y la decoración de la sala era, cómo decirlo, espantosa kitsch.

Stephen King estudió en el colegio San Ildefonso y este cuadro le inspiró para escribir "It".

A las ocho de la tarde se cierra el colegio electoral y llega el momento de contar los votos. Primero los votos por correo (comprobar que tienen la tarjeta censal dentro, abrirlos, meterlos en las urnas, así cincuenta veces porque había cincuenta votos por correo). Luego la urna del Congreso. Se separan los votos por partidos, se cuentan, se revisa que coincida con lo que se ha ido apuntando y entonces, ¡oh drama! resulta que no cuadra. A volver a contar, a volver a revisar. Luego la urna del Senado. Una cosa os voy a decir a los que votasteis a un candidato de cada partido: sois malas personas. Porque para contar el Senado había que: hacer dos montoncitos separando a quienes habían votado a un partido en bloque y por otro lado a los que habían votado nominalmente a uno de aquí y otro de allá. Luego contarlo todo y luego añadir, uno a uno, los votos nominales. Para entonces ya era la una de la madrugada y me entero (yo no me leí el librito con las instrucciones, ¿recordáis?) de que yo, como presidenta, tengo que llevar un sobre con actas varias a una sede judicial. Tras un momento de pánico consistente en pensar que me tenía que ir hasta Plaza de Castilla hasta que me dijeron que no, que había una sede en la calle Mayor, para allá que me fui.

Qué imagen aquella. Un montón de presidentes de mesas electorales de la zona centro, con nuestros sobres en la mano, caras de agotamiento. The walking dead. Hablamos entre nosotros y yo comento que espero que ahora no abran el sobre y comprueben porque fijo que me he dejado alguna cosa. Frente a nosotros, uno de seguridad o un policía (yo qué sé, tenía mucho sueño, no me acuerdo) nos escucha. Llega mi turno, doy el sobre, firmo no sé qué cosas (¿he dicho que tenía sueño?) y me dicen que me puedo ir. El policía (segurata, yoquésé) me sonríe y me dice: ¿ves como ya está? Lo mismo el chaval hasta estaba bueno y aquello hubiera podido ser un principio de comedia romántica, pero quién quiere amor pudiendo irse a su cama a descansar...

Cuando llegué a casa me esperaba esto:

¿Alepo? No, mi casa. 

Y todo esto por 65 euros. Si echáis los cálculos sale a 3.80 euros la hora, que está mejor pagado coser balones para Nike en una fábrica en Vietnam.

Una cosa os digo: la democracia está sobrevalorada. Consideremos otras opciones, que a lo mejor hemos rechazado muy alegremente. Las dictaduras no están tan mal, tienen sus ventajas, como no tener elecciones, por ejemplo. O también podemos recuperar las monarquías absolutistas, con sus cetros de oro, sus capas de armiño y ni una sola urna.

Y vosotros, ¿sois más de dictadura o de monarquía absoluta?, ¿habéis sido alguna vez vocales o presidentes de mesa?, ¿a que no sabéis que vi en mi buzón el lunes justo después de las elecciones? Sí, lo habéis adivinado: el puto librito.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Os voy a vender un proyecto

No uno, no. Os voy a vender tres. Estoy así de rumbosa.

El primero es el más factible. El casting ya está hecho y el modelo a seguir está claro. Se trata de un reality al estilo "Alaska y Mario" pero protagonizado por estas dos señoras:

La alcaldesa Manuela Carmena y la embajadora polaca Marzenna Adamczyk

La de la izquierda os sonará, es Manuela Carmena. Su doble (por parecido y por tamaño) es la embajadora de Polonia, se llama Marzenna Adamczyk, pero la llamaremos la señora polaca, más fácil de escribir. Carismática, tan adorable que le perdonamos su afición por la laca, entiende la palabra "cochiquera" (aunque no gorrino) y le toma el pelo a Broncano cuando éste la entrevista en "La resistencia". Yo a esta señora la vería 24/7. Imagináosla preparando magdalenas con Carmena, recibiendo a otros diplomáticos o haciendo cosas de señora mayor como ir a eventos que te importan un pito pero en los que se sirve un vino español.

"Carmena y Marzenna" lo tendría todo: barato de producir, programa familiar, no ofende a nadie... Qué aburrido, ¿no? Como dirían algunos ejecutivos de televisión "le falta punch". Hagamos algo más radical. Una serie cara, con muchas localizaciones naturales (Pachá, Baqueira, las Ventas, cotos privados de caza), muchos personajes y mucho de todo en general. Os presento: "Froilán rey". En el capítulo piloto, tras una semana aciaga para los Borbones que ríete tú de los primeros meses del 2012, el rey y sus herederos directos mueren y la línea dinástica dicta que Froilán debe subir al trono. Esta serie mezcla "Los Windsor" y "The crown", tomando un 99% de la primera y un 1% de la segunda, aprox.

Este último proyecto tiene punch, sí. Pero aún me guardo una tercera que es, sencillamente, el concepto ganador. Un reality... carcelario. Gran Hermano meets Vis a Vis. Supervivientes meets Prison Break. Informe Semanal meets Orange is the new black. La idea es simple: cogemos a un grupo de famosos que han tenido problemas con la ley y los encerramos en una cárcel de verdad. Tranquilos, que cuando digo de verdad no quiero decir en funcionamento, nos conformamos con un decorado natural, usando una de esas prisiones abandonadas que hay por ahí y que se usan para exposiciones, instalaciones y cosas mucho menos espectaculares que mi reality carcelario.

Hay varios perfiles que necesarios en el programa. Como corrupto vinculado al mundo político, el casting será complicado, contamos con muchos candidatos, pero mi corazón se debate entre Bárcenas y mi adorado Francisco Correa. Como folclórica que blanquea, aunque ella no sabía nada, si blanqueó fue por amor, tenemos a Isabel Pantoja. Como deportista de élite que debe millones a hacienda, pero él tampoco fue, fueron sus asesores, que él no sabía nada, contamos con Cristiano Ronaldo. Como artista internacional que debe millones a hacienda, pero ella no sabía nada, que fueron sus asesores, tenemos a Ana Torroja o a Miguel Bosé. Como acosador que asegura no sabía que las chavalas tenían 13 años, el youtuber Dalas Review.

La clave del éxito de este formato radica en que removerá a la audiencia, despertará sus afectos ocultos, en concreto, sus ansias de revancha. Los sentimientos bonitos están muy bien, no te digo yo que no, pero este programa llama al odio, a la mezquindad y la venganza. Porque qué gustirrinín daría ver a famosos y políticos de relumbrón haciendo cola para llamar por teléfono o comprando tabaco en el economato. Y para que nuestros concursantes vivan en sus carnes una prisión de verdad, añadiremos al casting un par de perfiles más: un terrorista yihadista, un asesino en serie... vamos, gente como él:


Leed mentalmente estas frases con la voz de Gloria Serra.

Igor el ruso, que ni se llama Igor, ni es ruso, en realidad nació Norbert Ferher y en Serbia, luego hizo el servicio militar en Rusia, formó parte de una banda criminal en Italia, donde pasó por la cárcel acusado de robo. Al salir volvió a robar, mató a dos personas y huyó del país. Se refugió en un sitio donde pensó que nadie le encontraría... Teruel. Allí mató a un ganadero que se enfrentó a él y a dos guardias civiles. Fijaos en el segundo 08.00 del video. Cómo mira a cámara Igor el ruso, a chungo no le gana nadie, y por eso lo necesitamos en nuestro programa.

Y a vosotros, ¿qué idea os ha convencido más?, ¿cuál se merece un bonito documento de venta?, ¿alguien tiene el teléfono de Vasile?

Además, os cuento que este viernes 15 de marzo, a las 19.30h, hay una nueva presentación de "El ganador se lo lleva todo" en la librería La Fugitiva, un sitio cuquísimo al lado mismo de la filmoteca. ¡Vénganse todos!

martes, 18 de diciembre de 2018

Consejos para el escritor primerizo

Ya está a la venta mi segundo libro. Menuda frase. Parece como si yo fuera una literata veterana o incluso un youtuber de éxito. Y no. Y tampoco es que me haya pasado el último año escribiendo dos mil palabras al día, como Stephen King. Los dos libros que se publican este año, los dos, los escribí hace tiempo y con ellos he descubierto grandes verdades del escritor primerizo, a saber:

escribir novelas, realidad versus ficción

Gran Verdad Número 1. Publicar cuesta más que escribir.
La de gente que te dice que el triunfo ya es acabar una novela. Y algo de razón tienen. Hay que encontrar una historia que te interese lo suficiente como para dedicarle unas 200 páginas. Luego debes tener fuerza de voluntad y constancia. Hay gente (yo no) que madruga para escribir antes de irse a trabajar. Otros (yo no) prefieren la noche, escribir antes de irse a dormir. Otros (servidora) usamos los fines de semana y el tiempo "entre proyectos" (también conocido como paro) para escribir. Y así, con un método que podríamos llamar "a trancas y barrancas", por fin consigues terminar la dichosa novela. En ese momento descubres que muchas editoriales ni siquiera leen manuscritos no solicitados, que las pocas que los leen tardan meses en contestar (y a veces ni eso) y que las que aseguran que están encantadas de leer a autores noveles suelen dedicarse a la autoedición (vamos, a que pagues por editar tu libro). Siempre te queda la opción de enviar tu novela a un concurso...

Gran Verdad Número 2. El tiempo en el mundo editorial es lento, muy lento.
En el mundo laboral la respuesta a la pregunta, "¿para cuándo lo quieres?" suele ser "para ayer". En el mundo editorial no. Los concursos exigen en sus bases que no muevas el manuscrito por editoriales, ni lo tengas a la espera de resolución en otro concurso y eso lo piden durante los meses que tardan en fallar el premio. Suma tres mesecitos por aquí y tres meses por allá y te acaba pasando como a mí con "Loser". La primera vez que empecé a enviar la novela aquí y allá los personajes se comunicaban... ¡a través de messenger! Pasó tanto tiempo entre un momento y otro, el mundo editorial tardaba tanto en responder que dio tiempo a que la tecnología avanzara y yo tuviera que revisar el texto para que no pareciera una novela histórica.

Gran Verdad Número 3. Escribir está muy mal pagado.
Por fin, llega el momento. Una editorial se interesa por "Loser" y me envía una propuesta de contrato. Pregunto por ahí y me dicen que, si no eres un autor consagrado o alguien a quien hayan encargado un libro (por ejemplo, a los guionistas se les suele encargar la versión novelada de una serie en la que hayan trabajado), el adelanto no existe. Esto significa que no ves un duro hasta que se vendan los libros. Y, ¿cuánto te llevas de las ventas de ese libro que has escrito tú y solo tú? Pues un 10%. Menos incluso si hablamos de géneros de no ficción como el ensayo.

Gran Verdad Número 4. Más vale contrato en mano que concurso volando.
Dejé pasar esa primera oferta porque soy gilipollas estaba pendiente de la resolución de un concurso y, si lo ganaba o incluso si era finalista, iba a conseguir tanto más dinero como más visibilidad. Pero no gané el concurso, la editorial no volvió a dar señales de vida y yo me hice a la idea de que "Loser" se iba a quedar en el cajón. Para entonces ya llevaba un tiempo pensando en escribir otra novela, de estilo similar a "Loser", realista, con humor... pero cambiando a los adolescentes por adultos.

escribir ficción: lo que haces frente a lo que los demás piensan que haces

Gran Verdad Número 5. Ni talento, ni musas, ni leches: cabezonería.
Una novela en el cajón y escribes una segunda, también en tus ratos libres. Te convences a ti misma de que va a ser mejor que la primera porque esa primera en realidad era un borrador, un ensayo, un proceso de aprendizaje... llámalo equis. Y, sin embargo, de vez en cuando sigues enviando la novela a algún concurso, no sea que suene la flauta. Y cuando la flauta suena, suena dos veces en el mismo año. "Loser" gana el premio Cepa y mi segunda novela, que en aquel momento se llamaba "Ruptura antes de Navidad", encuentra editorial.

Gran Verdad Número 6. Tienes faltas gramaticales, shame on you.
Soy leísta. Lo admito públicamente. No lo sabía hasta que "el ganador se lo lleva todo" (actual título de "ruptura antes de Navidad", también conocida como Novela Número 2) pasó por el proceso de corrección y Susana Noeda, la majísima editora de Adeshoras, me mandó las correcciones. Revisar las galeradas, es decir, la versión que va a imprenta, la portada, el dossier de prensa... son las fases previas por las que hay que pasar antes del gran momento: el libro se publica. Ya está todo hecho, ¿no?

presentación de la novela editada por Adeshoras "El ganador se lo lleva todo"

Gran Verdad Número 7. Véndete tú.
Pues no. Queda algo que es aún más difícil que escribir, aún más difícil que publicar: vender el libro. Toca organizar presentaciones, insistir a la gente para que vaya, compartirlo en redes sociales... vamos, ponerse en modo venta ambulante. Y por eso, porque estoy en modo venta ambulante, os hago saber que "el ganador se lo lleva todo" se presenta el jueves 20 de diciembre en la librería Sin Tarima de Madrid y "Loser" el viernes 21 en la librería Letras a la Taza en Tudela, mi pueblo. ¡Venirse!

martes, 27 de noviembre de 2018

Yo sé cómo fue la boda de Marta Ortega

Y lo sé porque me invitaron. Marta y yo fuimos muy amigas en una época muy importante de nuestras vidas y como Marta es una persona cercana, muy humana, muy sincera, muy amiga de sus amigos, me invitó a su boda.

Marta Ortega con vestido de novia bohemio con bolsillos y carísimo también
Mi amiga es súper sencilla. Mirad ese ramo de flores silvestres, ese pelo peinado/despeinado, ese vestido con bolsillos...

Todo empezó cuando fui dependienta del Bershka, hace unos cuantos años. En mi lista de empleos surrealistas, entre el de profesora de inglés en empresas del polígono industrial de Vallecas y el de vender bisutería made in India a Sara Montiel, estuvo el de doblar camisetas en un Bershka. Música de fondo machacona, clientas pubertosas y luz fluorescente, el entorno ideal. Mis compañeras de turno, todas universitarias, eran una doble licenciada en Lingüística y Lenguas Aplicadas y una futura doctoranda que nunca acababa su tesis sobre la alteración del crecimiento celular por la inhibición de quinona reductasas. Las pausas para fumar un piti en la parte de atrás de la tienda eran charlas sobre el estado de la universidad en España y el poco trabajo que había en el campo de la lingüística. Así que cuando llegó una nueva, una tal Marta, que solo había hecho empresariales, pensé: "una con la que hablar de tontunadas, menos mal". Enseguida hicimos dos grupos, el de las dobles licenciadas hablando de Saussure y el que formábamos Marta y yo hablando de "Prison Break". Luego empecé a sospechar que Marta no era una chica normal y corriente. Llamadme suspicaz, pero entre que se iba tres horas antes de que se acabara su turno porque tenía hípica y que el encargado la llamaba "señorita Ortega" y no "eh, tú"...  Un día, en la pausa del piti, Marta me confesó que era la hija de Amancio Ortega, el dueño de Bershka, Lefties, Massimo Dutti, Oysho, Pull&Bear, Stradivarius, Uterqüe, Zara y Zara Home. Como me lo dijo en riguroso orden alfabético pensé, "ostia, que va a ser verdad".

Marta y yo continuamos en contacto los siguientes años, mientras yo trabajaba en el polígono industrial de Vallecas, ella iba a competiciones de hípica. En mi cumpleaños siempre me felicitaba y me enviaba un regalo, algún jersey de Zara. Que ya podría haberse estirado y regalarme, qué sé  yo, un abrigo de Massimo Dutti, un vestido de noche de Uterqüe... pero nuestra amistad estaba por encima de todo. Por eso sabía que me iba a invitar a su boda.

Total, que ahí estaba yo, en A Coruña, con mi vestido de Zara (en honor al padre de la novia) rodeada de invitados vestidos de Alberta Ferretti, Versace, Botega Venetta... Que me pareció fatal, la verdad, en esa boda hasta las camareras iban más elegantes que yo.


Marta no tiene la culpa de tener amigos guapos y adinerados (Jon Kortajarena, Eugenia Silva, la hija de Bono...). Así que pensé que su boda iba a ser como ella: sencilla, normal. Y la cena consistiría en un pica-pica de croquetas, jamón y canapés de salmón y luego merluza rellena y solomillo con reducción de Pedro Ximénez. Pero no. Un tal Albert Adriá se ocupó de servir tomates con gelatina de su consomé (¿?), mini shitakes en escabeche oriental (¿¿??) y manitas de cerdo a la menta. ¡Manitas de cerdo! ¿Con menta? El club náutico estaba decorado para la ocasión con más flores de las que se usan en el Corpus en Sitges y el encargado, un tal Thierry Boutemy, presentó una minuta de 100.000 euros.

Pero insisto: Marta es muy normal, muy como la gente corriente, por eso su vestido de novia tiene bolsillos, por eso se casa con un señor que lleva moño. Ellos son como tú y como yo. ¿Qué son los millones? Papel. Una abstracción.

Después de la cena llegaron los bailables. Supuse que, con el amor a sus raíces gallegas de Marta en particular, y del clan de los Ortegas en general y la tradición de orquestas que hay en Galicia, veríamos la actuación de Panorama o París de Noia. Pero no. Una vez más, Marta y el chico del moño nos sorprendieron con las actuaciones de Chris Martin (el de Coldplay), Norah Jones y Jamie Cullum, y en lugar de la típica discomóvil, pinchó un dj, un tal Mark Ronson. Vamos, que he estado en ediciones del FIB con peor cartel...

Todo sobrio, sencillo y normal:

Unos chicos con traje y guantes haciendo no se sabe qué en la boda de Marta Ortega
Qué hacían estos muchachos, no lo sé muy bien. Solo sé que el primero por la izquierda es la versión joven y delgada de Juan Manuel de Prada y el de en medio la versión joven y mofletuda de Alfredo Urdaci.

Algunos diréis que me he inventado todo esto y que yo no he ido a la boda de mi amiga Marta, que he sacado las fotos del Hola y la información de Google. Y que he resistido la tentación de colgar más fotos del Hola porque era un número flojo. Ah, cómo os equivocáis... nunca hay números flojos en el Hola. No me interesó mucho su sección habitual "qué llevó puesto Letizia esta semana" y menos aún el apartado "qué han hecho los royals ingleses estos días". Pero la sección "ricos enseñando sus casoplones" siempre está a la altura.

Esta vez Carla Rebuelta, emprendedora de familia de ganaderos y madre, sobre todo madre, enseña su cortijo y a su corte de hijos (perdón, el chiste es horrible, lo sé, me estoy fustigando en este momento):

Carla Rebuelta en el "Hola" con su colección de hijos, trillizos incluidos
 Ningún trillizo fue lastimado en la producción de este extraordinario reportaje.

Y vosotros, ¿cuál es la boda más apoteósica a la que habéis acudido?, ¿estáis deseando que el dueño de esta casa tan sobria nos la enseñe en el Hola?, ¿habéis cogido alguna vez a tres bebés a la vez sin que aquello haya acabado en tragedia?


miércoles, 4 de julio de 2018

Dramas del primer mundo: las piscinas llenas

Qué disgusto.

Voy a la piscina, más cargada que si fuera a pasar un fin de semana en algún destino de Ryanair (las chanclas, las gafas de sol, la toalla, un libro, la crema solar, las gafas de bucear...) y me encuentro con que han cerrado la mitad del recinto por obras.

La piscina: expectativa vs realidad.

Toda la marea humana: preadolescentes que se tiran en bomba, jubilados, familias al completo que se han traído tuppers para comer... todos apelotonados en la mitad del espacio habitual.

Busco entre la gente al rey de la piscina de Lago: el señor Marrón. Pero nada. No está, se fue, se escapa de mi vida. ¿Qué habrá sido de él?, ¿habrá huido a otra piscina donde tenga más hueco?, ¿o por fin habrá ido al médico y le ha recetado seis meses de inclusión en una casa oscura, sin ver un rayo de sol, como los niños de "Los otros"?

La verdad, no creo que el señor Marrón esté bajo ningún tratamiento. Porque él no lo necesita, él no es de este mundo. Él es el primer mutante. Bajo su apariencia de jubilado con tanorexia se esconde un Sansón cuya fuerza está en la luz del sol. Es como un panel solar andante. Su kriptonita es la noche, el frío... Cuando llegue el cambio climático y Madrid sea el nuevo Arizona y Arizona el nuevo Sáhara y haya que inventar una palabra para el Sáhara porque será algo inimaginablemente seco e inhóspito... entonces, el mundo pertenecerá a los señores Marrones.
 
Imaginad una versión de Mad Max. Una distopía de un mundo desértico pero, en lugar de luchar  por la gasolina que escasea, se lucha por la crema solar factor 50. La mayoría de la población vive encerrada en sus casas, con el aire acondicionado a tope y las persianas bajadas. Sólo unos pocos valientes salen fuera. Entre ellos... él, nuestro héroe, el señor Marrón.


Yo esta distopía sí la vería. Es la mezcla perfecta entre Mad Max, X-men y la señora con tanorexia de "Algo pasa con Mary".

Estaba yo pensando estas tontunadas y haciendo una lista mental de piscinas más o menos céntricas a donde ir cuando oigo la conversación de dos chavales tumbados al lado. Es lo bueno de que la piscina esté llena, que puedes espiar escuchar a los demás sin llamar la atención. Al principio, los dos chavales tienen una conversación piscinera normal y corriente:

- No te habrás traido cartas, y jugamos al Uno Splash.
- Pues no, ¿qué es eso del Splash?
- Las cartas plastificadas, y así no se mojan.

Luego pasan a repasar temas banales varios, de esos que rellenan los telediarios en verano:

- Ayer escuché la noticia de que también te quemas en la sombra, pero yo no me lo creo.
- Eso por qué será, ¿que el sol rebota?
Y aquí uno de los muchacho se pone filosófico:
- Lo malo rebota por todos lados, lo bueno nunca.

- Han sacado Nocilla sin aceite de palma, sabe fatal. 

Con toda naturalidad, pasan de los temas veraniegos de relleno a ideas de negocio. Que si cuántas cosas llevan aceite de palma, que si los veganos tienen que fijarse en los ingredientes de todo no vaya a ser que tengan origen animal y de ahí...:

- ¿Dónde miras los ingredientes de la cocaína?
- Yo el otro día lo pensé: Coca Eco. Nos forramos, ¿eh?

- Ahí hay una tomando el sol con bañador entero. Se le van a quedar marcas.
- ¿Han inventado el bañador que lo traspase el sol? Que el cáncer lo traspase. 

El filósofo (no sé si el muchacho delgado con barba de bañador azul o el muchacho fuertecito medio rubio y con bañador a rayas, porque yo estaba en plan discreta y no les miraba) insiste con sus perlas de sabiduría:

- Los amigos ricos no hay que perderlos nunca.
Pero lo mejor de todo aún estaba por llegar. No sé si lo dijo el que no paraba de tener ideas de negocio o el que iba de filósofo, pero uno de los dos tuvo un sueño:

-  Anoche soñé de todo, había persecuciones, helicópteros... y yo tenía un carné de Ciudadanos que me daba super poderes, lo sacaba y paraba el tiempo.

De ahí pasaron a hablar de la playa que Carmena quiere poner en Colón y de ahí a que en Colón lo que deberían hacer es quitar esa bandera tan grande, ¿qué bandera?, preguntó Filósofo o Emprendedor. No me digas que no la has visto, si es enorme... respondió el otro. Yo debería haberme girado, haberles dicho que se dejaran de chorradas y que me contaran más detalles del sueño o de cómo iban a comercializar la Coca Eco. Pero no lo hice.

Y vosotros, ¿cuándo fue la última vez que espiasteis escuchasteis una conversación ajena?, ¿qué creéis que le habrá pasado al señor Marrón? Y a vosotros, chico con bañador a rayas y chico con bañador azul, gracias por hacerme entretenida la mañana en una piscina a reventar de gente. 

martes, 27 de marzo de 2018

Escritores poliamorosos

Hay palabras que se ponen de moda. Un día empiezas a oír "posverdad", "procrastinar", "hater" y no sabes si se quedarán entre nosotros para siempre o si pasarán a mejor vida junto al "guay del paraguay". Una de esas palabras que de repente aparecen es "poliamor".

 ¿Practicaban los osos amorosos el poliamor?

Poliamor. Ojo, que no poligamia, ni relación abierta. Según una tal Lola que afirma encontrarse "en un poliamor jerárquico con cuatro parejas, con una de las cuales estoy casada y convivo", el poliamor consiste "en amar a varias personas a la vez, de forma consensuada, consciente y ética". Si ya es difícil encontrar una pareja estable... ¡imagínate dos o tres!

Quizá la definición de Lola no aclare mucho las cosas, así que recurramos a los maestros de la palabra, a los escritores. Comencemos con una recia señora del XIX,  periodista, corresponsal, escritora, activista... llamada María del Carmen Ramona Loreta de Burgos, más conocida como Carmen de Burgos. Se casó a los 16 años, pero el marido le era infiel, así que Carmen coge a su hija, abandona al marido y empieza a trabajar como periodista. Se hace un nombre, organiza tertulias... y en una de ellas conoce a un estudiante de 19 años, un tal Ramón Gómez de la Serna. Ramón y Carmen están juntos durante casi 20 años. Pero en 1929, la hija de Carmen, María (de los Dolores Ramona Isabel) está de bajona tras su separación y se refugia junto a su madre. Para entonces Gómez de la Serna ya es un autor consagrado y consigue para María (de los Dolores y bla, bla, bla) un papel en su última obra de teatro. Y es entonces cuando María (de los Dolores y tal) y Ramón se lían. ¿Poliamor?, ¿triángulo chungo? Voto por lo segundo. 

Quizá Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir se acercaran más a eso del poliamor. Al menos ya vivieron en el siglo XX y eran los más modernos del lugar. Tan existencialistas, tan liberales, tan franceses, tan tolerantes, tan "Jean Paul líate con quien quieras que yo haré lo mismo". Aquí había trajín y consenso, ahora bien: ¿qué hay de la ética? Pues poquita. Llamadme tiquismiquis pero yo veo muy turbio que Sartre adoptara a una de sus jóvenes amantes y la nombrara heredera universal. Unos años más tarde, Beauvoir haría lo mismo con otra amante.

Si hay un escritor que practicó el poliamor a tope, ése fue Robert Graves. Sí, el de "Yo, Claudio".

Allá por los años 20, Graves está casado con Nancy Nicholson y aún no le interesa la novela histórica, sino la poesía. Escribe poesía, lee poesía, sueña poesía... y así llega a Laura Riding, poeta norteamericana que le fascina y con la que empieza a cartearse. Graves y Riding, además, escriben juntos obras de títulos tan atrayentes como "estudio de la poesía modernista" o "panfleto contra las apologías". Laura viaja a Inglaterra. Cualquiera pensaría que conocer a Graves en persona sería una bajona...:

Graves es el señor sexy de la derecha. Los otros tipos sexys son Sartre y Gómez de la Serna.

Pero no. A Laura toda la familia Graves le encantó, tanto Robert como Nancy. Forman un trío al que ellos mismos llaman "la trinidad". Hasta aquí todo consensuado, consciente y ético. Pero, ojo cuidado, que tenemos a dos poetas intensos formando el triángulo... Empieza a haber tensiones por los caracteres de Robert y Laura. La cosa se complica cuando Laura se enamora (oh, sorpresa) de otro poeta, un tal Geoffrey Phibbs, con quien también colabora escribiendo un libro (escribir libros de poesía a pachas, el tinder de los años 20). Así que Laura sugiere a Geoffrey que se sume a su trío, ahora convertido en cuarteto. Él acepta. Y por un tiempo viven "felices los cuatro", que diría Maluma. Pero Geoffrey empieza a notar que su corazón no late por todos de forma generosa y consensuada, sino por Nancy. Laura se entera, se lo toma poéticamente (es decir, mal) e intenta suicidarse. No lo consigue (y eso que se tiró desde un cuarto piso), acaba hecha un cristo y Robert opta por divorciarse de Nancy.

Robert y Laura deciden volver a empezar y para eso escogen Deià, que en aquel entonces no estaba llena de alemanes, sino de payeses y pinos y casitas de piedra. Allí, Graves escribe sus libros sobre el emperador Claudio y Laura y él viven una época de relativa calma. Pero llega la guerra civil y los dos se exilian con la idea de volver en cuanto sea posible. Se refugian en Suiza, Francia, Gran Bretaña... y Estados Unidos. Allí Laura conoce en persona a Schuyler Jackson, un crítico literario con el que llevaba tiempo escribiéndose. Sí, sé lo que estáis pensando y sí, habéis acertado. Laura se enamora de Schuyler, que resulta que está casado y vuelve a montarse una tragedia griega. La esposa de Schuyler sufre una crisis mental, Laura deja a Robert y se casa con Schuyler. Y Robert, que también sufre una crisis nerviosa, quizá escaldado del poliamor en general y de las poetas intensas en particular, se casa con Beryl Hodge. Una mujer tranquila, licenciada en filosofía y de buena familia, con ella tiene cuatro hijos. ¿Final feliz? Para nada.

Robert vuelve a las andadas, a buscarse musas (curiosamente mucho más jóvenes que él), entre ellas mi favorita es Aemilia Laracuen. Esta muchacha de nombre sacado de "Juego de tronos" tenía treinta y siete años menos que Robert y un pasado truculento, se comentaba que había acuchillado a su primer marido y que ella iba diciendo por ahí que "fue fácil, como hundir un cuchillo en un pastel". Graves se obsesiona con Aemilia, y ella, al principio fascinada con el escritor, acaba hartándose de ejercer de musa/enfermera y dice cosas como que "Robert sufría de la próstata, lo que convertía el sexo en algo laborioso". Todo esto, por supuesto, mientras Robert sigue casado con Beryl. Robert regala una casa en Deià a Aemilia, casa donde vivía uno de sus hijos con su familia, por cierto. Tras muchas discusiones familiares, Robert compra otra casa para Aemilia, pero ni así logra retenerla. Finalmente, Graves se divorcia de su mujer, sigue a Aemilia a México, donde ella se había trasladado... todo se va al traste cuando ella se enamora de otro hombre (20 años más joven que Aemilia, además) y Robert ingresa en un hospital, taquicárdico perdido.

Quizá Robert Graves, Laura Riding y compañía deberían haber vivido en el siglo XXI, donde hay una organización para todo, también para el poliamor: https://poliamormadrid.org, sin ir más lejos. Como el Batman de los años 60, donde todo era bat-algo (batmóvil, batcueva, batseñal), en poliamormadrid organizan poli-eventos, a donde supongo que las poliparejas acudirán en sus policoches.

Y vosotros, ¿sois o habéis sido poliamorosos?, ¿quizá poliamorosos jerárquicos?, ¿sabíais que los Osos Amorosos se llaman Cariñositos en Sudamérica?, ¿y que a Tarta de Fresa la llaman Frutilla?

lunes, 22 de enero de 2018

Vecinos, caliqueños y tartas de alféizar

Las películas (americanas) nos enseñan que cuando un vecino nuevo se muda a la puerta de al lado, hay que recibirle con una tarta, preferiblemente una "cherry pie" como las que aparecían en los dibujos animados del oso Yogui. Por supuesto la costumbre de llevar tarta al vecino siempre sucede en urbanizaciones de ésas con adosados idénticos, garaje para dos coches o para que los hijos adolescentes ensayen con su grupo de rock y césped cuidadísimo que corta un emigrante sin papeles o tal vez un atractivo joven sin camiseta con el que la señora de la casa mantendrá un tórrido romance, escondiéndose para ello en el garaje donde es posible que el hijo adolescente les pille.

Sí, al final que te traigan un cherry pie (también conocida como "tarta del alféizar", por culpa de los dibujos animados del oso Yogui) implica que tu vida acabe convertida en un capítulo de "Mujeres desesperadas":

Bree Van De Kamp hacía perfectas tartas de alféizar. También estaba pelín desequilibrada, pero no se puede tener todo en la vida.

Quizá mis problemas con los vecinos de al lado nunca hubieran comenzado con una cherry pie a tiempo. La lástima es que soy una repostera pésima. Sólo sé hacer bizcochos que acaban quemados por arriba y crudos por abajo... El caso es que primero sufrí a una vecina escandalosa en todo: hablando por teléfono, moviendo muebles... y haciendo otras cosas que os imagináis porque sois gente muy creativa. Ya hablé de ella aquí. Al menos su pasión desaforada se terminó en cuanto su novio se mudó a vivir con ella y acabaron por irse a vivir fuera (no sé si juntos o separados y, la verdad, me da igual).

Después llegó una vecina que era tan, pero tan discreta, que tardé semanas en darme cuenta de que el piso volvía a estar ocupado. Me las prometía felices hasta que descubrí que esta vecina también era escandalosa en la intimidad. También hablé de ella por aquí. Acabó marchándose y entonces se mudó una pareja. Yo ya daba por hecho que me esperaba lo de siempre: los gritos desaforados que esa habitación del cuarto izquierda provoca mágicamente en toda pareja que decide echar un caliqueño ahí (¿sabíais que caliqueño es una especie de purito?, ¿no? Así es este blog, educa y entretiene). Y no. Empecé a pensar que quizá la pareja en cuestión no eran pareja, sino hermanos. Pero el tabique finísimo que separa su dormitorio de mi salón me informa enseguida de que aunque sean discretísimos con sus caliqueños, en todo lo demás no lo son. Por la mañana se dan los buenos días con un potente: "¡Buenos días, amor!". A los dos les gusta mucho hablar por teléfono. Él, además, habla por skype en inglés con clientes o socios. Pero lo que más hacen es hablar el uno con el otro. Cómo se comunica esta pareja, oye. Largas charlas antes de irse a dormir. Y más charlas cuando se despiertan y se dicen su "¡¡¡¡Buenos días amooooor!!!!". Que no entiendo de qué hablan, ¿de lo que han soñado esa noche?, ¿qué les pasado de nuevo entre conversación nocturna y conversación diurna? Eso sí, del mundo caliqueño, nada. Cero. Ni un jadeo, ni una risita. Nada.

El caso es que un buen día decidí hacer una cena. No una fiesta, no. Una cena. Que estoy en esa fase de la vida en la que invitar a gente a casa y despertarme con el suelo pringoso y la cocina convertida en zona de guerra da mucha pereza. Éramos cinco contando conmigo. Cenamos, bebimos, vimos video clips viejunos en la tele... vamos, un jolgorio salvaje que terminó a las dos y media de la mañana de un sábado. Pues hete aquí que cuando estoy despidiendo a mis invitados encuentro una nota bajo la puerta. Esta nota:

Me voy a la cama y empiezo a darle vueltas a una frase de la nota. La frase es: "vuestra conversación se escucha". Recuerdo todas las conversaciones que yo he oído de los vecinos por la mañana, por la tarde, por la noche, los buenos días amor, los buenas noches amor, los amor a secas... y me enfurezco cosa mala. ¿Pero esta gente se creerá que el sonido va en una sola dirección y que ellos me oyen a mí pero yo a ellos no? Además,¿de qué maratón hablan, si jamás les he visto a ninguno de los dos en chándal?

Ese lunes coincidimos los tres en el ascensor. Nos damos los buenos días y nos callamos. Éste es un momento crucial. ¿Dirán ellos algo de mi cena del sábado? Decido callarme y dejarlo pasar porque es posible que ellos hayan pensado que su queja estaba fuera de lugar, que la gente tiene derecho a hacer una triste cena un sábado por la noche y que si ellos me oyeron yo también les he oído... Entonces alguien pregunta:

- ¿Y qué tal fue la maratón?

Anda, que lo he dicho yo. Veo cara de pánico en la chica de la pareja. En él veo odio profundo.

- Pues mal, no rendí porque como no dormí bien...- dice él. Está claro que me culpa por haber perdido la dichosa maratón.

- Ah, ¿sí? Qué lástima- respondo. Quizá el tono en el que he dicho "qué lástima" haya sonado falso. Quizá.

Llegamos a la planta baja y nos vamos cada uno por una dirección sin mirarnos siquiera.

Entonces comienzan las hostilidades. Un día que ella pregunta a grito pelado: "¿¡Amor, dónde están mis botines blancos!?" Yo respondo desde el otro lado del tabique que: "¡Aquí no están!". Ellos empiezan a poner la música alta. Y nunca antes habían escuchado música. Yo dejo de ver Netflix en el portátil y empiezo a ver series en la televisión del salón. Veo (y ellos oyen) un montón de películas de Marvel que nunca me han interesado pero que tienen muchas explosiones. Ellos empiezan a mover muebles porque sí. Bueno, en concreto, por joder.

Es espantoso. Yo soy autónoma, trabajo en casa, necesito un poco de concentración y de silencio y ni siquiera puedo refugiarme en la biblioteca porque estamos en época de exámenes y los universitarios la han copado. Tengo que acabar las hostilidades de alguna forma. Y ya que todo comenzó con una nota, creo que es muy circular y muy redondo acabarlo con otra nota. Ésta:


Me vengo arriba y decido cocinar una tarta de alféizar. ¿Os he comentado que soy mala repostera? Pues el resultado fue éste:

Más que cherry pie, bloody pie.

Decido no darles la tarta porque va a parecer una amenaza mafiosa a la altura de la cabeza de caballo de "El Padrino". Dejo la nota bajo su puerta y, unas horas más tarde, encuentro otra nota en la mía con un sucinto "OK".

Los obreros no han resultado ser tan puntuales como prometían y las obras no han empezado todavía. Pero las hostilidades han terminado. No más ruido de muebles. No más películas de súper héroes a un volumen imposible. De momento.

Y vosotros, ¿cuál ha sido vuestra mayor bronca con los vecinos?, ¿los vuestros son de dejar notas o más de llamar a la policía municipal?, ¿habéis cocinado cherry pie alguna vez?


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Sobrevivir a la cena de Nochebuena, el drinking game


Llega esa época llena de buenos deseos, canciones de Mariah Carey, especiales de José Mota, luces a tutiplén y tarifas elécticas desmesuradas a fin de mes. La tradición llama a estos días Navidad y, los que vivimos en el centro de Madrid, sabemos que es una época que cada año se amplía un poco más. Cada año los supermercados ponen a la venta los turrones un poco antes, cada año se hace más difícil transitar por Sol y alrededores unas semanas antes de lo previsto. A este paso la Navidad acabará el día 8 de enero y empezará el día 15. De enero.

El espíritu navideño es como la fe o el metabolismo de las top models: se tiene o no se tiene. No hay más. Y los que carecemos de espíritu navideño somos tan siesos que no ponemos ni siquiera el típico nacimiento seudoelegante presidiendo el salón. No ponemos nada. Ni siquiera compramos una flor de pascua. Por supuesto, no adornamos ningún árbol ni colocamos un enorme belén con pastores, ángel anunciador, reyes con camellos y lavanderas al lado de un río hecho de papel Albal. 

Si algún año me animo a poner un belén, será con la esperanza de que acabe así:

Según los evangelios apócrifos, al portal de Belén no acudieron unos reyes magos de Oriente, sino un gato gigante.

O así:
Sin embargo, un evangelio extracanónico asegura que quien recibió el anuncio del arcángel Gabriel no fue la Virgen María, sino un gato atigrado, que fue quien dio a luz al niño Jesús.
 
Aunque conociendo el carácter de mi gato, lo más probable es que acabara así:

Venid y adoradme, humanos inferiores.

Si os pasa como a mí y la Navidad os da una pereza cósmica (si tuviera un grupo de rock, lo llamaría así: "Pereza cósmica"), no os preocupéis. He encontrado una manera de sobrevivir. No es muy original: a este invento revolucionario lo llaman alcohol.  Se trata de beber con excusa, no porque tú quieras, que si por ti fuera beberíais agua del tiempo... es porque lo manda el juego, en concreto el drinking game de la Nochebuena 2017:

Las cenas de Nochebuena son como un gigantesco déjà vu: ¿no había visto ya este especial de los Morancos antes?, ¿cuál era el cava que me gustaba: Anna de Codorniú o el Cordón Negro de Freixenet?, ¿cómo hacía para pelar los langostinos sin que ese misterioso líquido que tienen dentro me saltara al ojo? Todos los años las mismas dudas, las mismas conversaciones, los mismos programas en televisión. Pero en este 2017 vamos a innovar, aplicando los drinking games de Eurovisión (¿alguien podría aguantar una emisión completa de Eurovisión sin alcohol?, lo dudo) a la Navidad. Ya veréis como así disfrutáis más de la velada. De la resaca del día 25 no me responsabilizo.

Y vosotros, ¿sois de belén, de árbol o de nada en absoluto?, ¿qué añadiríais al drinking game?, ¿qué es el líquido ése que hay dentro de los langostinos?


martes, 14 de noviembre de 2017

Querida NASA

Tienes nueve años. Te llamas Jack. Te gustan los videojuegos y las películas de ciencia ficción. Si un adulto te pregunta que qué quieres ser de mayor, respondes que astronauta. Así que cuando te enteras de que la NASA busca personal para proteger a la Tierra de contaminación alienígena te dices: "tate, esto es para mí". Así que coges y escribes una carta a la NASA solicitando el empleo:

Puede que tenga nueve años pero creo que soy el adecuado para el trabajo porque mi hermana dice que soy un extraterrestre.

¿Qué es más adorable: encabezar una carta diciendo "querida NASA" o empezar con una letra grande y clara y darte cuenta de que ya no te cabe todo lo que ibas a poner y acabar apretujando las letras o firmar como "guardián de la galaxia"?

Jack ignora que el trabajo no es tan emocionante como podría parecer. En realidad consiste en viajar a las sedes espaciales de la NASA y cerciorarse de que todo está limpio como la patena para evitar contaminación. Protegernos de los alienígenas, sí... pero de los gérmenes alienígenas. Los señores de la NASA podrían haber hecho como los departamentos de recursos humanos de cualquier gran empresa cuando les llegan demasiadas solicitudes de trabajo: no contestar. Pero optaron por esto:

Estudia duro Jack y cuando tengas 25 años y un doctorado en astronomía, nos llamas.

Ojalá dentro de unos años nos enteremos de que el guardián de la galaxia, el que nos protege de los microbios extraterrestres, es Jack Davis. Estaremos en buenas manos.

Pero si, como yo, sois de letras puras, y ver la serie "Cosmos" entera ya os dejó las neuronas temblando, quizá una carrera en el mundo de la astronomía no sea lo más adecuado. Mucho mejor dedicarse a algo sencillo y hermoso:



Sí, hay un oficio que consiste en acariciar a crías de oso panda. Y no sólo eso... es que además te pagan a ti por hacerlo, no al revés. Y pagan bastante bien. El único inconveniente es que hay que trasladarse a Sichuán, en China. Pero eso no importó a ninguno de los cien mil candidatos que se presentaron.

Ah, ¿que eres un ser insensible que no segrega serotonina como un descosido en cuanto ve a un cachorro de oso panda?, ¿qué eres, un alienígena de los que nos quiere proteger la NASA? Quizá, entonces, prefieras otro tipo de trabajo. Por ejemplo, dedicarte profesionalmente a ver mundo. Viajas, grabas unos simpáticos videos contando tu experiencia, lo subes a internet y a vivir. La mala noticia es que alguien ya ha tenido la idea y ya se está forrando con ello. Se llama Alan, es mexicano y casi tan encantador como un osezno panda:


Amanesió nubladón, pero bien poco que nos importa, Alan, porque tú eres el sol de México, no más.

Alan, llévame contigo, háblame con ese acento tan chévere, repartámonos los dividendos que deben darte los millones de visitas que tienen cada uno de tus videos... ¡Cómo!, ¿que tampoco os convence Alan?, ¿es demasiado joven?, ¿demasiado mayor?, ¿o sois de esas extrañas gentes que detestan viajar porque en el extranjero comen cosas distintas y hablan distinto e incluso tienen una moneda distinta? De verdad qué quisquillosos que sois. Probemos con éste último empleo perfecto por el que cualquiera mataría. Pero antes, una pequeña introducción. Mi amiga O. comparte piso con una colección de extranjeros con quienes podría protagonizar un anuncio de Benetton, a saber: una griega, una argentina, una japonesa... Pues bien F., la griega, tiene una prima que vive en una islita y que ha estudiado un módulo de maquillaje (tranquilos, que ya llego al meollo del asunto, no os impacientéis). La prima de F. tuvo suerte y no sólo consiguió prácticas después de acabar los estudios, sino prácticas en una película de Hollywood que iba a rodarse en su isla. La película era "Snatch, cerdos y diamantes" y el trabajo de la prima de F. consistió en untar con aceite el torso de Brad Pitt durante cada día que duró el rodaje de la película.

Y vosotros: ¿cuál sería vuestro trabajo soñado?, ¿abrazapandas?, ¿untadora de aceite en el pecho de Brad Pitt?, ¿guardián de la galaxia?, ¿o viajero por el mundo junto a Alan?, ¡votad!

martes, 25 de julio de 2017

La experiencia Paquita

Alguna vez (pocas, muy pocas) los guionistas nos enteramos de cuándo y donde va a celebrarse una fiesta fin de rodaje de la serie en la que trabajas. Y entonces vamos para arramplar con la barra libre y los canapés gratis (si los hay). En la última fiesta a la que acudí, fui con otra misión más: pillar a una actriz por banda y resolver una duda que me atormenta, me inquieta, me perturba, desde hace tiempo. ¿Por qué todas las actrices tienen tan buena piel?, ¿son actrices porque tienen buena piel o más bien como son actrices se la cuidan especialmente?, ¿qué viene antes: el huevo o la gallina? Una actriz me resolvió esa duda, confesó que ella siempre había tenido problemas de acné y que "Paquita le había salvado la vida".

¡Yo también quiero que me salve la vida Paquita!, grité en medio del bar. Estoy en esa edad en la que ya no toca tener granitos porque va a coincidir con las arrugas y mira, o lo uno o lo otro, pero no se puede tener lo peor de la adolescencia y de la madurez.

Pero... ¿quién es Paquita?

Me llamo Ors, Paquita Ors.

La señora de pelo imposible, edad indefinida, medias opacas y gusto barroco por el mármol y los dorados es Paquita Ors. No gasta nada en publicidad y, sin embargo, en cuanto preguntas por ahí o haces una búsqueda en google descubres que Paquita Ors es toda una institución. En esta entrevista cuyo contenido vale oro y sus fotos un Potosí, descubro que Paquita fue una mujer adelantada a su época, que estudia farmacia por imperativo familiar. Su intención era acabar la carrera y después hacer lo que le viniera en gana, pero... "cuando acabé la carrera, estúpida de mí, me casé y me fue fatal". A lo que Jerónimo, su hijo, también presente en la entrevista, responde: "Bueno, ¡estoy yo!". "Lo único bueno. Lo demás, todo mal". Paquita se divorcia en una época en que nadie lo hace y se dedica cuerpo y alma a su tienda de cosmética, donde venden productos que elaboran ellos mismos y donde también se atiende a los clientes individualmente, tras hacer un examen de su piel. La fórmula funciona tan bien que primero Paquita y luego su hijo se dedican a viajar por toda España: Zaragoza, Valencia, Madrid... de tienda en tienda, para diagnosticar personalmente a sus clientes.

Así que pedí cita, dispuesta a tener la piel de Emma Stone o de Cameron Díaz. Bueno, igual la de Cameron Díaz no. Primera fase en la experiencia Paquita: te dan cita para después de unos meses. Cuando pasa ese tiempo, y si no has tenido que cancelar o retrasar la cita, vas a la tienda. Está en pleno barrio de Salamanca, al lado de uno de esos hotelazos con portero que luce uniforme. Por fuera parece una tienda viejuna, de las de toda la vida... hasta que entras dentro. Detrás de las estanterías llenas de tarros, frascos y potingues varios descubres unas paredes pintadas de azul cielo y, en medio de ese azul cielo, angelotes, muchos angelotes.


Es una tienda peculiar, y no sólo por la decoración. Segunda fase de la experiencia Paquita: aunque vayas con cita, nunca esperas menos de una hora. Recomiendo llevarse un libro o hablar con el resto de personas que esperan pacientemente. Hay tiempo suficiente como para estudiarse un tema de una oposición o iniciar una amistad profunda de las que van a durar toda una vida.

Por fin, una de las minions de Paquita (por la tienda pululan una pléyade de mujeres jóvenes y perfectamente maquilladas) dice tu nombre y vas corriendo a donde te indican. Por fin llega la tercera fase: el diagnóstico. No te va a atender Paquita in person, sino su hijo, el heredero del imperio Ors. Él:

En casa tengo la mitad de todos esos tarros.

Jerónimo y su pajarita te atienden con una educación muy Downton Abbey. Te estrecha la mano, te sonríe, te pregunta que a qué te dedicas, te mira el cutis, las manos y las uñas. Luego te dice frases lapidarias del tipo de "tu piel se ha rendido", "no te toques los granos", "no comas embutido ni comida rápida" y tú asientes a todo porque te lo está diciendo un señor mayor con bata y pajarita, y eso imprime autoridad a cualquiera. Al lado de Jerónimo,  una de las minions toma nota de todo. En mi primera visita a Paquita salí con cinco frascos con letras estilo apple chancery y tapas doradas, más unas vitaminas, más la chuleta con las instrucciones de cuándo y cómo aplicarse cada crema escrita con la primorosa letra de una de las minions. El precio de los productos individualmente es  económico, lo malo es que te llevas media tienda...

La siguiente fase en la experiencia Paquita es la más complicada: aplicarse tres potingues por la mañana y otros tantos por la noche antes de dormir. Yo, que no soy constante ni siquiera para lavarme los dientes, me he disciplinado. Hay que rentabilizar la pasta gansa invertida en la tienda de los angelotes.

En las sucesivas visitas, Jerónimo y su pajarita te hacen un seguimiento y, por supuesto, te venden un par de productos más. En la última cita, y después de esperar la hora de rigor, Jerónimo (y su pajarita, de tres veces que he ido la llevaba las tres) me dijo que mi piel ya está casi curada, aunque tengo el hierro bajo y debería comer más carne y me ha emplazado a que vuelva después del verano.

Y, la pregunta del millón: ¿funciona? Yo no soy objetiva, me veo la cara todos los días y no noto gran cosa. Además, y como los miembros de una secta, ya he perdido la objetividad, estoy demasiado fascinada por la experiencia Paquita que ya no sé qué pensar. Pero todo el mundo me dice que sí, que notan que tengo la piel mejor, ¿me dirán la verdad o sólo me lo dicen para que no llore por el dinero invertido en los Ors?

Y vosotros, ¿conocíais a Paquita?, ¿o alguna otra tienda mítica de toda la vida cuya leyenda no necesite ni publicidad?