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lunes, 2 de noviembre de 2015

La vida en seis videos de gatitos

¿Cuántos calcetines desparejados tenéis?

Yo, según mi último recuento, cuatro.

El drama de ir a ponerse calcetines y encontrar que sólo tienes uno y que el otro ha desaparecido, como si hubiera un triángulo de las Bermudas en tu cajón de los calcetines, afecta a millones de personas. Por eso existe el día internacional de los calcetines perdidos. Es el 9 de mayo y supongo que es el día dedicado a buscar bajo la cama y a llamar a los vecinos dueños del patio interior al que dan tus cuerdas de tender la ropa por si por fin aparecen esos malditos calcetines perdidos.

Pero también existe el día internacional de las zapatillas de distinto color, el día del agradecimiento al plástico de burbujas (último lunes de enero), el día de la pelea de almohadas (primer sábado de abril)... y esta semana, el 29 de octubre, ha sido el día del gato.

Los gatos no pueden merecerse menos que las peleas de almohadas porque, ¿qué aporta una pelea de almohadas a nuestra existencia? Y los gatos son una parte fundamental de la vida en el siglo XXI. Puede que no tengas gato, puede que no te gusten, puede incluso que te den alergia... pero seguro procastinas con ellos.

Procastinar, qué verbo tan feo y tan difícil de pronunciar, con lo bonito y gráfico que es decir "perder el tiempo". Porque eso es lo que hacemos cuando nos ponemos a ver videos de gatitos en bucle. Videos como estos, que explican la vida entera. Y todo, todo, se puede explicar con un video de gatitos.

¿Sabes cuando eres adolescente y te gusta uno de tu clase que te ignora y tú lo intentas y lo intentas y lo intentas porque te han dicho que ante todo hay que perseverar y tú no logras nada? Pues los gatos, insisten, y sí logran que les hagan caso. Claro, que ellos son mucho más monos que tú.


Ya lo dicen los libros de autoayuda y las tazas de Mister Wonderful, la seguridad en uno mismo es fundamental. Con seguridad se consigue todo, hasta que un perro que es 7 veces más grande que tú se acojone. Pero claro, es que ellos (los perros) son una raza inferior:



Pero a veces la seguridad no basta. No se puede luchar contra la esencia de uno. No puedes ir de tipo duro cuando tú eres sumamente adorable:



¿Sabes el dicho ése que dice que la curiosidad mató al gato? Pues es verdad:


Los gatos no distinguen su imagen en el espejo. No distinguen lo que se ve en el televisor. No saben qué es internet, ni youtube. No saben que son una estrellas en la red. Pero saben que son guapos. Y por eso saben que tú lo que quieres es verlos a ellos. Todo el tiempo:



Last, but not least, la historia que Pixar adaptará pronto para que todos nos deshidratemos llorando a mares.

Koko es una gorila a la que unos científicos estaban enseñándole la lengua de signos supongo que con la intención de crear su propio "Origen del planeta de los simios" y exterminar al ser humano de la faz de la tierra. El caso es que Koko aprendió a comunicarse de una manera rudimentaria y eficaz. Hasta le contaban cuentos como "el gato con botas". Un buen día Koko manifestó, por signos, que quería un gato. Y como se dio la casualidad de que cerca habían aparecido tres gatitos abandonados, le dieron uno, al que ella llamó All Ball (todo redondo o Bolita). Los científicos hubieran querido que Koko tuviese hijos para así ver si usaba la lengua de signos para comunicarse con ellos y si estos, a su vez, la aprendían de ella. Pero Koko, como en una versión en imagen real de esos primeros diez minutos devastadores de "Dumbo", no se quedaba embarazada. Así que los científicos aprovecharon su relación con All Ball para ver cómo se comunicaba con él. Pero entonces, ¡oh drama! Bolita murió en un accidente. Se lo contaron y Koko hizo los signos de "triste" y "duerme gato".



Y vosotros, ¿a qué ser vivo, objeto o costumbre absurda dedicaríais un día internacional?, ¿creéis que Pixar conseguirá con "Koko, la película" que lloremos más aún que con "Up"?

martes, 1 de abril de 2014

Psicología felina (volumen I)

Existen las dos Españas de las que hablaba Machado.

Y es que se debe elegir entre Cola cao o Nesquick.
Entre Pepsi y Coca Cola.
Entre café o té.
Y entre gato o perro:
Las dos Españas se dividen entre los que prefieren gato y los que prefieren perro.

Aquellos que pertenecemos al grupo de fans de los gatos somos, definitivamente, el grupo menos popular. Tenemos a la industria audiovisual en contra, con todas esas películas de Disney con gatos malvados que persiguen a adorables ratoncitos (señores de Disney, ¿desde cuándo un ratón es adorable?, ¿DESDE CUÁNDO?). Tenemos al poderoso lobby de los amantes de los perros empeñados en decir que los suyos son más leales y más cariñosos y son lazarillos y encuentran droga en los aeropuertos y todas esas cosas tan útiles. Y tenemos a los tópicos en contra, diciendo que los gatos son maliciosos, ariscos y presuntuosos. Desmontemos mitos:

Los gatos son inteligentísimos.
Falso. Los gatos parecen inteligentes porque son muy elegantes. Pero no. Son como Nati Abascal. En cuanto pasas un rato con ellos te das cuenta de que todo es fachada. Los gatos son vagos, torpes, dormilones y no especialmente brillantes. Se resbalan contra la pared que han visto todos los días de su vida cuando se emocionan y corretean por el pasillo. Se piensan que tu pie moviéndose bajo el edredón de la cama es un ser misterioso al que deben cazar. Y ni siquiera reconocen su imagen en el espejo. Desde luego, serían incapaces de encontrar droga oculta en ninguna maleta, al estilo de un perro policía. En todo caso serían capaces de localizar un paquete de jamón york, para comérselo.

Los gatos son bipolares.
Verdadero. Un gato duerme. Duerme. Duerme. Abre un ojo. Cambia de postura. Duerme. Duerme. Y de repente se despierta, se despereza, y empieza a correr por la casa como si hubiera caído en la cuenta de que tenía que pagar el gas y le va a cerrar el banco. O está en el sofá hecho una ensaimada y haciendo el vago cuando, de repente, ve una sombra que le parece sospechosísima y la ataca, cuando es una sombra y nada más que una sombra (leer punto número 1).


Los gatos son cazadores y depredadores
Falso. Eran cazadores y depredadores. Ahora, como casi todos los hombres mayores de 30 años de nuestra generación, son niños grandes. Acostumbrados a la calefacción central,  a la comida que aparece mágicamente en su platito sin necesidad de cazar y a los mimos indiscriminados, los gatos se han olvidado de su instinto. Os aseguro que yo cazo moscardones con más eficacia que mi gato.

Los gatos no quieren a nadie
Falso. Mi gato me adora. A mí y a la tabla que está encima del radiador cuando está caliente, y al sofá. Nos quiere a los tres muchísimo. Lo que pasa es que su manera de querer no es la de un perro. Si un perro fuera humano lo denunciaríamos a la policía por acosador. Sería peor que Glen Close en "Atracción fatal" porque, ¿es sana una relación tan dependiente en la que uno de los dos miembros de la pareja se mea de la alegría cuando vuelves a casa? Eso no puede ser bueno. Mientras que el gato, como mucho, se despierta de su siesta y va a recibirte al pasillo.

PD: en realidad lo de las dos Españas no es tan radical. Yo soy una talibán del café. Prefiero la Coca Cola a la Pepsi y los gatos a los perros, pero entre el Cola Cao y el Nesquick, tengo el corazón dividido, ¿y vosotros? ¿a cuál de las dos Españas pertenecéis?

miércoles, 13 de abril de 2011

La intimidad

Bajo este título de película francesa probablemente protagonizada por Daniel Auteil, Emmanuelle Beart y Gerard Depardieu (entre estos tres está toda la producción gabacha de los últimos 15 años) con alguna que otra escena de sexo explícito, paseos por París bajo la lluvia y charlas, montones de charlas en cafés, teatros y brasseries, en realidad se esconde un post en el que voy a abrir las puertas de mi ser.

A mí me hubiera gustado más abrir las puertas de mi casa y enseñarla en plan primeras páginas del "Hola", y puede que lo haga algún día, aunque decir que una mesa la compraste en oferta en el Hábitat de Claudio Coello con Hermosilla no viste tanto como decir que el cabecero de cama de cerezo te lo trajeron desde Bali. Pero no voy a enseñaros mi casa. Os voy a enseñar mi día a día, que es tope apasionante. Esto último es irónico.

Es lo que tiene trabajar en casa: ahorras atascos, ahorras tiempo, no sufres menús del día, ni comedores de oficina, ni jefes que piensan que debes ser capaz de leerles el pensamiento y escribir tal y como lo harían ellos (porque, por supuesto, nada podría ser mejor o igual de bueno que nada que ellos idearan)... Vamos, que ganas en esa cosa tan etérea que es la calidad de vida. Pero pierdes otras cosas, como eso de vestirse en condiciones...:


No es Chloé Sevigny presentando su nueva colección de ropa, soy yo y mi ropa de estar por casa.

Y también pierdes eso de hablar con otros seres humanos. Lo de la ropa es preocupante cuando llega el que lee el contador del gas o el del agua y te pilla desprevenida y hecha una Chloé Sevigny sin ser tú nada de eso. Pero lo de hablar con otros lo llevo bien. Yo hablo con mi gato y me quedo tan a gusto.

Nuestra comunicación, fluida y compleja, siempre trata uno de estos temas:

- Poesía, especialmente comparaciones y metáforas. Es cuando le digo que es como un osito polar, como una figurita de Lladró o que es un angelito.

Simón en posición figurita de Lladró.


- Gastronomía. "Quesito de philadelphia", "pastelito de nata" y "ensaimadita" son otras de las cosas que le llamo.


Simón en posición "ensaimadita".


- La infancia. "Mi bebé" y "mi niño" son las típicas cosas que todo dueño dice a su sufrida mascota, que tiene la suerte de no entender nada. Yo voy más allá y he creado el "momento biberón", cuando cojo en brazos a Simón, panza arriba y patas arriba, como si fuera a darle un biberón. No se lo he dado todavía, pero al tiempo.

- Preguntas retóricas. Así en general, no espero que me conteste, pero mucho menos a preguntas como: "¿quién es más guapo que tú, quién?" o "¿quién es el gato más guapo de todo el edificio?". Si bien a esta última los dos sabemos que la respuesta es fácil, ahora que la Gamba (mi discretísima vecina) se ha ido con sus dos gatas persas del vecinario.

- Onomatopeyas, del tipo "ochochochoiiiii" y casi cualquier cosa que contenga la "ch" y la "u", como "cuchucu", "puchu", "cuchu" o"cuchupu".

- Rimas, como perseguirle por la casa diciéndole "que te pillo", me parece simplón, lo adorno con un "que te pillo, ladrillo" o "que te pillo, membrillo".

Y vosotros, ¿qué cosas sonrojantes decís a vuestras mascotas?, ¿qué es lo más absurdo que hacéis en la intimidad del hogar?

sábado, 21 de febrero de 2009

El formato ideal de mascota

Mientras la ciencia no avance y siga sin poder crear al oso panda mini con el tamaño adecuado para una casa de 50 metros cuadrados, el gato sigue siendo el formato ideal de mascota.

Todo son ventajas: no hay que sacarlo a pasear, puedes dejarlo solo un fin de semana sin problemas, aprende él solo a hacer sus cosas en su caja, es silencioso y tiene el tamaño perfecto; más grande que esos perros miniatura que parecen ratas y lo suficientemente pequeño para que pueda sentarse sobre tus rodillas.

Y además son monísimos siempre, aunque dejen de ser cachorros. Atención a este gato, el scottish fold. Un equivalente a lo que en los coches fueron los Micra o los Twingo, la versión redonda de los gatos, parecen un dibujo animado con sus ojos enormes y las orejas gachas, no en balde casi todos los videos de los scottish fold vienen de Japón.


Hay gente (en general aquellos que nunca han tratado con gatos durante más de una hora) que dicen que son ariscos, fríos, maquiavélicos, inteligentísimos, que se mueven sólo por el interés propio. Respecto a esto último, ¿pero es que hay alquien no se mueva buscando su propio interés? Y respecto a la inteligencia, es mera apariencia. Su elegancia natural les hace parecer sofisticados, y eso se confunde con inteligencia, cuando en realidad se caen, se equivocan y se asustan mucho. Otra cosa es que rápidamente disimulen y vuelvan a su postura de gato elegante.

Y eso de que son solitarios y fríos es un bulo. Mi gato me espera en la puerta cada vez que vuelvo a casa (le oigo maullar en cuanto la llave toca la cerradura), me sigue por la casa y si se queda dormido y cuando se despierta ve que estoy en otra habitación, va a esa habitación, busca otro sitio donde dormir, pero cerca de donde yo esté.

Incluso la versión salvaje de los gatos, los leones, reconocen a sus dueños incluso mucho tiempo después. O si no mirad este famoso video del león Christian (la música es una cursilada, pero el vídeo es taaaaaaan bonito):


Yo estoy segura de que Simón me reconocería muchos años después. Sobre todo si voy a buscarlo con un bote de mayonesa en la mano (sí, le gusta la mayonesa, y la nata líquida, el queso, los yogures, el chocolate, la pechuga de pavo, el pollo y, obviamente, el pescado).

Last, but not least, los dibujos de Simon Tofield, un conocedor del mundo gatuno que cuelga en youtube pequeñas piezas como ésta:

Definitivamente, el gato es el formato ideal de mascota.

miércoles, 25 de junio de 2008

Bienvenido, Simón

Se llama Simón.

Ni José Luis, ni Ángel María, ni Ariel, ni Yuyu, ni Baldomero, ni Bubu, ni Plácido, ni, por supuesto, Chumino o Escroto.

Simón.


Hola, buenas, ¿qué tal?


Tiene unos tres meses, es blanco con una mancha gris en la cabeza y hace lo que todos los gatos a su edad: dormir. Duerme unas 18-20 horas al día. El resto del tiempo juega.

Juega con los cables, juega con los pañuelos de papel que se caen al suelo o que el saca de los bolsos, juega con los propios bolsos:


Juega con la alfombra, juega a trepar por el sofá, a morder mis zapatillas de estar por casa, a cazar moscas (y luego comérselas), juega con las cortinas de la habitación:



Juega a morder mis brazos, mis piernas, mis pies:

Obsérvese que está abriendo la boca todo lo que puede. Su intención es comerse mi pie, pero yo calzo un 39 y eso no es tan fácil.

Juega con una pelota de goma, con los boligrafos, las gomas de pelo, las pinzas de tender la ropa, hasta las pinzas de depilar, todo vale siempre y cuando caigan en su territorio: el suelo. Juega hasta con la cuerdecita que cuelga de la cámara de fotos:


Y si lo coges en brazos y le acaricias el cuello ronronea fuerte, tanto que parece que estuviera roncando.

Simón llegó a casa como los huerfanitos de las películas: alguien llamó a la puerta, fui a abrir y me lo encontré al lado de mi puerta, metido en una cesta. No es que una gata madre soltera lo dejara ahí, fueron mis amigos que sabían que mi anterior gato, Benito, había muerto y consiguieron a Simón para regalármelo.

Como mi madre muy bien dijo cuando se lo conté, "cuánto te tienen que querer tus amigos para hacerte una sorpresa así". Esos amigos son (por riguroso orden alfabético): Alegría, Ángela, Bea, Berta, Esther, Gorka y Mariano.

Muchísimas gracias a todos por traerme a Simón. Él está sano, come bien (se come su pienso e insiste en comerse mi jamón, pero yo no le dejo), ronronea fuerte, juega como un loco y duerme como un bendito:


Yo diría que es feliz.