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martes, 2 de octubre de 2018

Tailandia is different

Allá por los años 60 el ministerio de turismo de Manuel Fraga busca un eslogan con el que pretende atraer a los extranjeros a España. Imaginaos la situación, Fraga rodeado de tecnócratas, todos encerrados en un despacho pensando cómo cambiar la idea de que España es un lugar aislado, pobre y, además, una dictadura. Igualito que en un capítulo de Mad Men, alguien da con la clave, el ahora famosísimo eslogan "Spain is different". Estaréis conmigo en que "Spain is a dictatorship" o "Spain is not a democracy" no tenían tanto punch.

La verdad es que el eslogan, aunque una genialidad en su momento, ahora se ha quedado a la altura de frases obvias como "es que yo soy una persona muy humana". Estaréis conmigo en que todos los países son diferentes, y Tailandia, con su monzón, su idioma impronunciable y su gastronomía picante, también.

Si tuviera que elegir un lema publicitario para atraer a los turistas a Tailandia, optaría por imágenes, sin palabras:

Me los como. A los niños, no a los peces.

La ictioterapia, más conocida como los pececitos ésos que se comen las células muertas de los pies y te hacen una pedicura, a no ser que tengan mucha hambre y entonces te dejen tullida, es un fenómeno mundial y no especialmente típico de Tailandia pero, ¿y lo adorables que son estos niños?, ¿no son el reclamo ideal para cualquier cosa?

Si tenéis por corazón una castaña pilonga, y estos niños no os conmueven ni un poquito, no importa. No me rindo. Tengo otra imagen vendedora que mezcla tradición y entusiasmo:

Ejercicio de agudeza visual: ¿quién de todo el público disfruta más del combate de muay thai?

Sí, lectores de mis entretelas, he estado en un combate de muay thai. Me encantaría explicaros las reglas pero no las sé y después de 3 horazas de combates tampoco las entendí. Pasé más tiempo mirando al señor entusiasmado y al resto del público, que aprovechaba las pausas para apostar, que mirando el ring. Por no saber, no sé ni cómo se llaman los que practican muay thai, ¿boxeadores?, ¿luchadores?, ¿por qué hay una especie de orquesta?, ¿por qué los boxeadores o luchadores o como quiera que se llamen hacen un bailecito antes de liarse a tortas?, ¿por qué?, ¿por qué?

Seguro que él lo sabía todo:


Y si ni los niños con ataque de risa ni el abuelo disfrutando de las tortas os convencen, no importa, que tengo otra opción para venderos Tailandia. Se llama Ramakien, es una epopeya similar al Ramayana hindú, y lo tiene todo: princesas, aventuras, secuestros, demonios, padres e hijos que no saben que lo son, malvadas madrastras... Se empezó a contar hace unos dos mil años y se transcribió en el siglo XVIII, época en la que también se pintó el mural inspirado en él y que decora el Grand Palace de Bangkok.

La historia es tal que así: la pérfida madrastra del príncipe Rama (¿os suena el nombre?) lo destierra de su reino. Rama se ve forzado a esconderse en el bosque junto a su bella esposa, la princesa Sita y su hermano Lakshman. El bosque es un lugar inseguro, no lleno de ladrones y yonquis, sino de algo peor: demonios. Ravana, rey de los demonios, y por eso mismo acostumbrado a hacer lo que le viene en gana, ve a Sita y se enamora. Se enamora a lo mito milenario, es decir, decide secuestrarla. No sabe que Sita es su hija, a la que abandonó hace años y fue criada por el rey de Mithila. Rama y su hermano intentan salvar a Sita, pero no es fácil, Ravana es poderoso, cambia de forma a voluntad y, como Zeus en la mitología griega, aprovecha esa habilidad para sus escarceos amorosos (Ravana seduce tanto a diosas como a elefantas o peces, es un demonio sin prejuicios).

Detalle del mural del Grand Palace con el rey mono Hanuman y bien de oro.

Afortunadamente para Rama, el rey de los monos, Hanuman, decide ayudarle y, con su ejército (de monos) construye un puente que atraviesa el mar y llega hasta Longka (actual Sri Lanka) donde Ravana tiene encerrada a Sita. Batallan, Rama mata a Ravana y aquí tocaría el "fueron felices y comieron perdices", sustituyendo las perdices por pad thai... pero no es así. Rama no se fía de Sita y ella, para probar que siempre le fue fiel durante su secuestro, tiene que caminar sobre fuego. Lo hace y, ahora sí, la epopeya tiene su final feliz.

Y vosotros, ¿qué elegiríais como reclamo turístico tailandés?, ¿los niños?, ¿el mito de Ramakien?, ¿el abuelo hooligan?
Le hice muchas fotos, sí.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

A los elefantes ni tocarlos

El logaritmo de youtube me conoce bien. No se puede decir lo mismo del de Netflix (como has visto "El alienista", te recomendamos "Villaviciosa de al lado") o del de Spotify (que en recomendaciones semanales ya me ha sugerido tres veces "Mister policeman" de Leticia Sabater).  Pero el de youtube me ha calado. Lo abro y ahí están los títulos de los videos pensados para mí: "baby gorilla cuteness", "peanut eating baby orangutan", "newborn goat Hector makes friends with barn kittens", "pit bull dog is terrified of pineapple"... y así todo.

Así que antes de visitar el Elephant Park de Chiang Mai, mis expectativas eran estas:


Yo quería lo mismo, pero sin barro y sin impermeable lila. Pocos colores peores que el lila.

Espoiler: no pasó.

Nada más llegar al parque de elefantes te dejan bien claro que tú estás ahí para mirar, no para tocar. Eres un voyeur, punto. Cada grupo de turistas sigue a una guía que en cuanto nota que un elefante se acerca un poco indica a todos que hay que apartarse.

El mayor momento de roce humano-elefante se da en la comida. Sacan unas cajas azules repletas de trozos de fruta (no trocitos de fruta tamaño macedonia, sino trozos tamaño elefante, como una piña partida en dos) y los turistas, situados tras las vallas de las instalaciones del parque, cogemos los trozos de fruta y se las damos a los elefantes. Ellos huelen con la trompa, con suerte te rozan un poco la mano y se zampan las frutas. Ahí estábamos todos: ingleses, franceses, italianos y un montón de españoles gritones compitiendo por alimentar a los elefantes cuando uno de ellos debió pensar: ¿por qué les sigo el rollo a esta panda de guiris? Decidió eliminar al intermediario (nosotros) y con su trompa volcó una de las cajas de fruta:


Los elefantes disfrutaron del buffet libre hasta que este valiente recuperó lo que quedaba de la caja de fruta:


¿Y por qué los gerentes del Elephant Park son tan crueles y nos privan del placer de revolcarnos sobre el barro con un Dumbo?, ¿por qué no nos dejan grabar nuestro propio video viral? Por esta perogrullada: los elefantes son animales salvajes. Que sus orejas grandes y su cara de buena gente no os despisten: son salvajes y, además, gigantescos. Tan gigantescos que cuando mean aquello tiene la potencia de los cañones de agua de los antidisturbios. Un animal salvaje es imprevisible, ingobernable. Ninguno se domestica a base de premios y golosinas. Si a mí me ha costado años (y varios rascadores repartidos por toda la casa) conseguir que mi gato no arañe el sofá, ¿cómo se las apañan para domar a un animal salvaje? Otra perogrullada: a golpes.

Al proceso por el que se domina a un elefante se le llama "romper el espíritu". El primer paso consiste en separarles de sus madres y sus manadas cuando son crías. Después se les encierra en jaulas y se les golpea, luego les racionan la comida y la bebida y así hasta que el animal se vuelve dócil. Estas burradas se hacen con cualquier especie salvaje, como bien cuentan en Rainfer, el refugio de primates de Madrid donde recogen a animales supervivientes de circos, zoos cutres o incluso del mundo del espectáculo (clicad aquí para llorar un poco con sus historias).

Antiguamente, en Tailandia usaban a los elefantes como animales de tiro. Hoy en día aún se saca provecho económico de ellos ofreciendo paseos turísticos a lomos de elefantes. Así que, si viajáis a Asia y queréis ver elefantes de cerca, no participéis en una industria basada en la tortura animal. Los elefantes empleados para los paseos también han sido "domesticados", también les han roto el espíritu. Tailandia ofrece otras opciones, hay varios refugios como Elephant Park, que acogen a animales que han sido usados como animales de tiro o para pasear a turistas, y que ahora son mayores para seguir trabajando.

Podría pensarse que el elefante que decidió que él era más de autoservicio que de esperar a que los turistas le dieran media piña era el animal con más carácter del Elephant Park. Pero no. En Tailandia hace mucho calor y cuando el sol aprieta, los elefantes usan hojas para protegerse la cabeza, formando una especie de sombrero. Cuando visité el Elephant Park era época de monzón, el cielo estaba encapotado, hacía calor, pero no sol... Pero eso, a él, le dio igual: 

El sombrero me queda bien y me lo pongo sea temporada o no.

Last, but no least, ¡estamos de estreno! Ya hace unos meses me dieron el premio CEPA 2018 de novela juvenil y el libro en cuestión: "Loser", ya está a la venta en la página de la editorial Tandaia. Todavía no hay fecha para la presentación, pero será en breve y, por supuesto, os avisaré.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra experiencia con los animales salvajes?, ¿habéis conocido a alguno que sea un esclavo de la moda, como el elefante con sombrero?

lunes, 6 de agosto de 2018

Porqué lo llaman monzón cuando quieren decir calabobos

De los creadores de "yo he estado en Japón", "yo he estado en Perú" o "yo he estado en Marruecos", llega un nuevo estreno veraniego. Porque... he estado en Tailandia.

Al planear el viaje hubo que tomar una decisión: Bangkok, ¿y qué más? Contábamos con ocho días de nada, así que no daba tiempo material para visitar muchos más sitios. Y, ya que julio es temporada de monzón, optamos por dejar las paradisíacas playas de las islas de Tailandia para otra vida. Nuestro viaje tuvo dos paradas: Bangkok y Chiang Mai, en el norte del país.

Si la ola de calor de estos días os parece insoportable, una cosa os digo: en Bangkok es peor. Calor húmedo, bochornoso y pegajoso. El cielo siempre encapotado pero no llovía, como mucho caían cuatro gotas a última hora de la tarde. Empecé a plantearme si el monzón no era tal, sino una mala traducción del tailandés, un idioma con palabras larguísimas y un alfabeto de 44 consonantes, 15 vocales escritas con unas letras que parecen un montón de dibujitos idénticos entre sí:


¿Y si alguien tradujo calabobos por monzón y se ha quedado así hasta hoy?

El calor, aunque agobiante, me lo esperaba. Lo que no me esperaba para nada era encontrarme la ciudad repleta de retratos del rey Rama X, cuyo nombre completo es, atención: Maha Vajiralongkorn. Templos con cuadros del rey al lado del Buda, retratos de la reina madre rodeados de banderas y enmarcados con bien de dorados...:


...pero también funcionarios engalanados ensayando no se sabe muy bien qué. La Lonely Planet ya había avisado en ese prólogo de 40 páginas que yo me leí y me quedé tan ancha (lo he vuelto a hacer, he vuelto a irme a un país lejano, muy lejano, con la información justa) que los tailandeses respetaban mucho la figura de su rey, pero, ¿tantísimo?

Luego averiguamos que había un motivo: el aniversario de Rama X, que en realidad se llama Maha Vajiralongkorn, pero que podemos llamar, de forma cariñosa, Orejas I:

Cuadros con marcos dorados para el rey Rama X
Tío sexy.

Al rey se le dedican eternos boletines informativos consistentes en Orejas I inaugurando tantas cosas que hacen que el NO-DO parezca "Salvados". Además, cuando suena el himno (yo lo he oído, es épico, con crescendo final, haría un buen papel en Eurovisión) te indican, muy amablemente, que te tienes que levantar, y todo el mundo lo escucha en silencio, mientras se emiten en una pantalla gigante imágenes de Orejas I abrazando a niños, poniendo la primera piedra de alguna obra o saludando a monjes budistas.

Pero Orejas tiene un pasado. Que yo, por supuesto, no he averiguado hasta que he vuelto a casa y se me ha ocurrido empezar este post hablando de él.

Su padre, Bhumibol Adulyadej, ascendió al trono en 1946, después de que su hermano muriera a causa de un misterioso disparo en el Palacio Real (uy, esto me suena familiar, ¿a vosotros no?). Durante decenios, Bhumibol se gana al pueblo tailandés visitando zonas rurales e implicándose directamente en temas relacionados con la agricultura, la educación y la economía. En los años 90 dos militares se disputan el poder y varios manifestantes son tiroteados por uno de ellos. Rama IX, que es su nombre oficial, interviene y se convierte en símbolo de concordia y diálogo (esto también suena familiar, ¿verdad?). Pasan aún más años y Bhumibol Adulyadej, que significa "fuerza de la tierra, poder incomparable", sigue en el poder, parece eterno. O eso debía pensar su único hijo varón, Maha Vajiralongkorn, ya un señor de la edad de Carlos de Inglaterra, pero de formas bastante menos británicas. Maha tenía fama de excéntrico y de playboy, solía vivir en Europa y hacía lo que le apetecía, que venía siendo casarse mucho y tener hijos. Su cómputo a día de hoy es de tres esposas, tres hijos legítimos y cuatro ilegítimos.

De vez en cuando, se publicaba alguna foto de Maha, paseándose con su churri de ese día, llevando top ombliguero y vaqueros bajos de esos que marcan la hucha. En Tailandia se suceden los golpes de estado, casi veinte, pero Rama IX sigue en su sitio, imperturbable, como único elemento estable del país, cultivando su imagen de padre de la nación y, de paso, amasando una fortuna enorme, de 22.600 millones de euros, según la revista Forbes (y esto de acumular dinerito a la chita callando también nos suena, ¿a que sí?).

Pero por mucho que su hijo pensara que Rama IX era eterno, resultó que no lo era. Muere en 2016 y Maha, Orejas, ahora Rama X, sube al trono. Se dedica a posar para miles de retratos o a inaugurar pantanos y dar la mano a niños y monjes budistas, y si algún día le pillan haciendo lo que a él le apetece, pues no pasa nada, el gobierno tailandés interviene, y listo.

Tuve que esperar a la segunda parada del viaje, a Chiang Mai, para conocer al auténtico monzón:

La lluvia en Tailandia es una maravilla

Pues va a ser que era monzón, y no calabobos.

Y vosotros, ¿habéis viajado a países exóticos o sois más de playa, silla plegable y nevera portátil con cervezas?, ¿conocíais a Rama X, Rama IX y compañía?, ¿el gobierno tailandés presionará a Blogger para que borre este post? 

martes, 3 de octubre de 2017

Top five de culturas precolombinas

Hola, hola, hola...

En los tiempos de Spotify, ¿alguien sigue escuchando la radio musical? Yo no, desde luego. Pero en algún lugar perdido del hipocampo se me ha quedado para toda la eternidad la voz de Joaquín Luqui presentando el top de éxitos de los 40 principales mientras repite compulsivamente sus latiguillos "tú y yo lo sabíamos", "hola, hola, hola", "tres, dos o uno...". Con esa voz de fondo y la misma seriedad os presento un top five de los pueblos que habitaron el antiguo Perú. ¿Quién dijo que la historia es aburrida? Con la voz de Joaquín Luqui de fondo nada lo es.

Top 5. Los Incas.
¿Os pensabais que iban a ocupar el número uno? Pues no. Los incas no son para tanto. Después de pasar 21 días en Perú (porque yo he estado en Perú, que no sé si lo había dicho) y ver entre 15 y 28 terrazas construidas por los incas para cultivar papas acabas cogiéndoles un pelín de manía. Cuando me acabe "La conquista de los incas" de John Hemming (descatalogado, por cierto) y sus 600 páginazas haré un resumen simpático y dicharachero de la conquista del Tahuantinsuyo, es decir, del imperio inca. A modo de avance os puedo de decir que "Juego de tronos" es una reunión de gente dialogante y civilizada en comparación con la conquista. Secuestros, tortura, guerras civiles, batallas a tutiplén y oro, mucho oro.

Top 4. La cultura Chancay.
Lo primero que aprendes al llegar a Perú (además de que choclo es maíz y camote boniato) es que no tenemos ni idea de la compleja historia de Sudamérica. Los incas, esos que sí estudiábamos en el colegio, formaron su imperio en un tiempo relativamente corto. Aunque existían como pueblo desde el año 1200 la gran expansión vino con el inca Pachacutec. A partir de 1430 los incas fueron conquistando gran parte de Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y algo de Argentina. Ahí es nada. Uno de los pueblos que sometieron eran los Chancay, que habitaron los alrededores de la actual Lima desde el año 1200 hasta 1470, cuando llegaron los incas a la zona. Los Chancay no tenía nada que hacer frente a ellos. ¿Porque estaban más organizados?, ¿porque eran grandes guerreros? No, porque los Chancay tenían los bracitos demasiado cortos, y así no se puede guerrear:

Cerámica hiperrealista que muestra a un típico hombre Chancay.

Top 3. Los Urus
Así que en 1530, cuando llegan Pizarro y compañía a Perú, el imperio inca estaba en plena expansión... pero no en su mejor momento. La guerra civil entre dos candidatos al trono, Atahualpa y Huascar, dividía a los incas. Además, los españoles contaban con superioridad militar gracias a los arcabuces y los caballos y una ayuda extra, invisible, que ninguno de los bandos supo identificar en su momento: el virus de la viruela. El virus que trajeron desde Europa diezmó la población india.

Menudo panorama. Algunos pueblos que tenían ganas a los incas desde antes, se unieron a los españoles; otros lucharon del lado de los incas. Había que elegir bando... O no. Los Urus vivían en las orillas del lago Titicaca y cuando llegaron los conquistadores optaron por refugiarse dentro del lago, construyendo islas hechas de totora, una especie de caña que flota en el agua.

Las islas flotantes y las barcas hechas de totora pueden verse a día de hoy ya que algunos descendientes de los urus aún viven en las islas, muy pequeñas, con apenas 4 o 5 cabañas hechas de... sí, lo habéis adivinado, ¡totora! Como os podréis imaginar, la visita se ha convertido en una especie de parque temático, pero las barquitas son un primor.


Top 2. Los Chachapoyas 
Si este nombre os hace gracia, que sepáis que también existe una cultura Chiripa y otra llamada Chimú con una capital llamada Chan Chan. Pero a lo que íbamos: los Chachapoyas. Ellos vivían en el norte de Perú, en la zona que actualmente es el departamento de Amazonas desde el año 800 después de Cristo hasta que, oh sorpresa, en el siglo XV llegan los incas. Por su situación, rodeada de bosques y montañas, los chachapoyas estaban bastante aislados, eso hizo que el resto arqueológico más importante de esta cultura, la fortaleza de Kuélap, no se descubriera hasta 1843.

¿Un decorado de la próxima temporada de "Juego de tronos"? No, Kuélap.

Kuélap está lejos de narices. Se llega desde la actual ciudad de Chachapoyas, después de tomar un autobús y un teleférico que se inauguró hace un año. Se desconocen los motivos por los que los chachapoyas abandonaron Kuélap, de la misma forma que se desconoce porqué los incas abandonaron Machu Picchu. Y eso es lo mejor de Perú, que aún hay mucho por descubrir.

Top 1. Los mochicas
Tú y yo lo sabíamos, top one para la cultura moche.

Ocuparon la costa norte de Perú entre los años 100 y 700 después de Cristo. Algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes de este pueblo se descubrieron hace nada. La tumba del señor de Sipán, por ejemplo, se excavó en 1987. La gente de la zona sabía de su existencia y acudía allí a rezar, al considerarlo un lugar sagrado. También había huaqueros, saqueadores, que se llevaban piezas de cerámica para venderlas en el mercado negro, por algo los mochicas eran ceramistas expertos e hiperrealistas (pero de verdad, no como los Chancay). Las costumbres y creencias mochicas eran el germen de futuras culturas de la zona: construían barcas de totora para pescar, formaron una sociedad jerarquizada y dominada por los sacerdotes y los guerreros, eran especialmente diestros con la fabricación textil y la orfebrería, adoraban al sol y la luna, veneraban a sus muertos y hacían sacrificios humanos.

Cuidadito con enfadar a Aiapaec, el dios creador, el temido y adorado, el decapitador.

Como luego hicieron los incas y muchos otros pueblos, los moche querían aplacar a los dioses para que no les mandaran ni tormentas, ni terremotos o sequías. Algún motivo debía haber para esos cambios climáticos tan drásticos. Algo debían haber hecho mal. Así que organizaban una pelea ritual entre guerreros y, al que perdía, le cortaban la cabeza y lo sacrificaban a los dioses. Así estuvieron unos cuantos siglos hasta que los mochicas pasaron por una mala racha. Pero mala de narices. Lluvias torrenciales que destrozaron sus edificios, seguidas de sequía que arruinaron las cosechas más unos cambios en las corrientes marinas que les dejaron sin pesca. El pueblo se rebeló, ¿para qué habían servido tantos sacrificios si los dioses no escuchaban? Y ése, amigos, fue el final de los moche.
 
Un saludo para ellos, un besito para ellas, sigue bien, happy, happy.

Ahora que lo pienso... Si era un honor que te sacrificaran ante los dioses, ¿por qué sacrificaban al que perdía la pelea?, ¿no sería al revés?, ¿no vale más sacrificar al más valioso, al que ha ganado?, ¿vosotros qué pensáis?

martes, 5 de septiembre de 2017

La vuelta al Perú en 21 días

He vuelto y tengo una excusa estupenda que justifica que no haya actualizado en tanto tiempo. Sí, lo habéis deducido correctamente: he estado en Perú. La que os espera... De los creadores de "yo he estado en Japón" llega... "yo he estado en Perú". Y comienzo la que será una saga de posts que ríete tú de la saga de Fast&Furious (¿cuántas películas llevan?, ¿siete?, ¿ocho? Creo que hasta Vin Diesel ha dejado de contar).

Como todos los lectores de éste vuestro blog sois gente viajada y cultivada, sabréis que el mejor amigo del turista (con permiso de Trip Advisor, no siempre a mano cuando no tienes datos y necesitas wifi) es la Lonely Planet. De tanto consultarla he llegado a una conclusión:  sus redactores antes trabajaron como guionistas de "Noche de fiesta" o bien en la redacción de "Hola". Cómo les gusta un adjetivo... todo es sensacional, único, monumental, fastuoso, encantador, pintoresco, arrebatador. Es leerlo y oír mentalmente la voz de José Luis Moreno dando paso a David Civera o Jaimito Borromeo. Pero ni Lonely Planet es infalible, ni todo en Perú es mágico y sublime. Aquí va un resumen de mi vuelta al Perú en 21 días:


Día 1, llegada a Lima tras un eterno vuelo de Plus Ultra. Y aquí mi primer consejo: Plus Ultra, caca. Azafatas que te miran con odio, un retraso de varias horas y, lo que es peor, una pantalla que emite solo cinco películas, todas a la vez, en un bucle que sólo se reinicia cuando acaba la última... que además resultó ser "Titanic".

Día 2, autobús de Cruz del Sur (viva Cruz del Sur: mantita, almohada, ¡y películas para elegir en pantalla individual!) a Paracas. Una vez allí, excursión en barco para ver a las focas los lobos marinos, pájaros varios y cuatro o cinco pingüinos despistados. Si no sois como yo, es decir, gente que ve documentales de animales y cambia de canal cuando el guepardo se va a comer a la gacela, quizá sea una etapa del viaje que queráis saltaros. Por la tarde, nuestra primera ruina inca: Tambo Colorado. Después dormimos en Ica, en un hostal estupendo con nombre de segunda parte de película que nadie ha visto: Ica Adventures 2.

Día 3, paseo por Ica, una ciudad a medias por culpa del terremoto del 2007. Aún hay edificios pendientes de remodelarse. Comemos en el mercado, cosa que haremos en un par de ciudades más, siempre menús buenos, baratos y abundantes. Por la tarde, al cercano oasis de Huacachina, y hacemos el cafre por las dunas. Esa misma noche viajamos a Nazca.

 
 Pocas cosas más fotogénicas que el desierto. Michael Fassbender, quizá...

Día 4, por la mañana tomamos una avioneta para ver las líneas de Nazca. En la avioneta somos 6 personas y nos mareamos 4. Mi consejo: que le den a las líneas de Nazca, ¿las queréis ver? Pues aquí las tenéis. Esa noche viajamos con Movilbus (no hay color con Cruz del Sur, pero yo me dormí como un leño) a Arequipa.

Día 5, ya en Arequipa, visitamos el museo santuarios andinos, más conocido como "donde la momia Juanita". Juanita fue una chica de unos 13 o 14 años sacrificada en el siglo XV en una ceremonia religiosa inca en la cima del monte Ampato. Imaginad a la pobre Juanita subiendo esa montaña en sandalias, con un frío pelón. Me la imagino suplicando al sacerdote si no podía al menos librarse de la caminata y que la subieran ya sacrificada de casa... Además de este interesantísimo museo, en Arequipa está el precioso (y enorme) convento de Santa Catalina, una espaciosa y acogedora plaza de Armas y un queso helado delicioso. Sí, lo sé, ahora parezco la Lonely Planet...

Día 6, excursión a la reserva de Salinas y Aguada Blanca, a unas horas de Arequipa. No quisimos madrugar para ir al valle del Colca (¡había que levantarse a las 3 de la mañana!). Ahora, desde el sofá de mi casa, me arrepiento, porque la Aguada, pese a su paisaje marciano y a los rebaños de llamas tampoco merecía la pena. Anda que no vimos alpacas y llamas en el viaje... Esa misma noche tomamos otro autobús nocturno rumbo a Puno.

Día 7, excursión desde Puno al lago Titicaca, a las islas de Uros y Taquile. El lago está a 4.000 metros de altitud y notamos el mal de altura, y eso que llevábamos tomando hojas de coca, té de coca y caramelos de coca desde Ica... Viaje nocturno en autobús a Cuzco.

Día 8, paseamos por la bella Cuzco: que si la plaza de Armas, que si palacios varios con sus balconcitos rollo "Romeo, Romeo" o rollo "Rapunzel, Rapunzel, tírame la trenza", que si iglesias barrocas llenas de volutas y dorados... Nos alojamos en el hostal-albergue Milhouse, muy céntrico y con desayuno copioso.

Día 9, tren a Aguascalientes, la última ciudad antes de Machu Picchu. Es la Andorra de Perú. Todo hoteles, hostales y restaurantes que ofrecen la misma comida y el mismo pisco sour de grifo "de cortesía", es decir, gratis. Pero pasar noche en Aguascalientes es la mejor manera de prepararse para la gymkana que nos esperaba al día siguiente.

Día 10. Machu Picchu. Nos levantamos a las 04.30 porque nos avisaron de que habría cola para tomar el autobús a Machu Pichu. Hacemos dos horas de cola mientras llueve a mares. Hacemos otra cola para acceder a Machu Picchu.

 ¿Refugiados en la frontera de Grecia con Turquía? No. Turistas en la cola de acceso a Machu Picchu.

Sigue lloviendo. Los mosquitos se ceban conmigo. Y aún así, pese a todo, Machu Picchu está a la altura de su fama y de la retahíla de adjetivos que le dedica Lonely Planet. Esa tarde tomamos un tren con destino a Ollantaytambo.

Día 11. Ruinas incas de Ollantaytambo. Un taxista muy majo, que nos enseñó algunas palabras en quechua y todo, Eduardo, nos lleva a otros puntos del Valle Sagrado: los bancales incas de Moray, las salinas de Maras, Chinchero (con más bancales y una iglesia pequeñita y desvencijada, pero de las más curiosas que vimos en todo el viaje) y luego nos deja en Cuzco. Dormimos en un airbnb situado a unos 20 minutos del centro y echamos mucho de menos el Milhouse.

Días 12, 13, 14 en Cuzco. Qué gusto dejar de coger autobuses compulsivamente... En estos días vemos los alrededores de Cuzco, repletitos de yacimientos y ruinas diversas. A saber: Pisac, que nos decepcionó porque parte del recinto estaba cerrado al público y lo más espectacular eran los bancales y mira, visto un bancal, vistos todos; las fortalezas de Sacsayhuaman y Puka Pukara; las fuentes de Tambomachay... En Cuzco visitamos varios museos, los mejores: el que hay en el interior del convento de Qoricancha y el museo de arte precolombino.

Día 15, volamos al norte, a Chiclayo, la Badajoz de Perú. Fea como ella sola. Hasta en la agencia de viajes dudaron antes de recomendarnos ir a algún sitio y acabaron sugiriendo un parque. No hicimos caso y fuimos al mercado donde descubrimos pasillos enteros con puestos tan locos como éste:

Ovarina para las "enfermedades de la mujer",  Prostasán para la próstata, jarabe, remedios contra la tos, la gastritis... unas maracas, un gato de la suerte...

Pero si hay algo recomendable en Chiclayo es el restaurante "el pescador". Es feo, está en medio de una calle larga y sin ningún interés. Por no tener, no tiene ni letrero en su entrada. Pero ofrece gigantescas fuentes de ceviche con unos chicharrones de pescado de llorar. Y qué arroz...

Día 16, excursión a Huaca Rajada. Visitamos tanto las tumbas del señor de Sipán como varios museos y descubrimos que los mochicas (habitaron en el norte de Perú entre los siglos I-VIII después de Cristo) nos gustan mucho más que los incas. Su vestuario es sencillísimo y su cerámica espectacular, hasta hacían retratos personalizados:

Con un seis y un cuatro, hago tu cara y tu huaco retrato. 

Volvemos a la costumbre de dormir en el autobús y así viajamos hasta Chachapoyas.

Día 17, excursión a los sarcófagos de Karajía y una cueva con estalactitas y estalacmitas que los tour operadores incluyen en el paquete para que la excursión dure un día entero. Quizá la cascada de Gocta, también en las inmediaciones de Chachapoyas, hubiera merecido más la pena.

Día 18, excursión Kuélap, según la Lonely Planet, el segundo Machu Picchu. Y mira, no. Es menos espectacular y no tiene ni llamas ni alpacas paciendo por ahí. Aún así, es muy interesante y aprendemos algo de otra cultura precolombina: los chachapoyas, anteriores a los incas y conquistados por estos en el siglo XV. Por la noche, autobús nocturno destino Trujillo.

Día 19, visitamos las huacas del Sol y de la Luna, de nuestros amigos los mochicas, el museo Moche (pequeñito y simpático, aunque prescindible) y la fortaleza Chan-Chán, que no era ni de los mochicas ni de los incas o los chachapoyas... sino de los chimúes, otro pueblo precolombino del que ya hablaremos con más tranquilidad en otro post. Por la tarde vamos a un pueblo costero cercano a Trujillo: Huanchaco. Dormimos en un hotelito céntrico, Presidente, cuyo dueño, Don Manuel, fue guía turístico y aprovecha cada vez que nos ve para contarnos cosas de los mochicas, de Almagro, de Pizarro, de Alvarado y de más gente que no recuerdo porque a los diez minutos de charla ya desconectaba.

Día 20, vamos a la huaca Arco Iris, modesta en comparación con la de la luna, pero donde vivimos una experiencia místico-surreal de la que ya hablaré próximamente. Por la tarde paseamos por Trujillo con sus palacios coloniales con celosías, sus iglesias barrocas y, por supuesto, su Plaza de Armas. Autobús nocturno de Excluciva (no hubo compañía de autobús que no probáramos) a Lima.

Día 21, paseo por el centro de Lima (adivinad... ¡sí, la plaza de Armas!, ¡palacios coloniales!, ¡iglesias!) y por la tarde compra compulsiva de artesanía en el inmenso mercado indio de Miraflores. Pasamos la noche en el hostal Santa Rosa, céntrico, cómodo y con una dueña hiper encantadora que repartió muffins de quinoa y chocolate en el desayuno para celebrar el día de Santa Rosa de Lima.

Día 22, procesión de Santa Rosa de Lima por el centro, vemos las alfombras de flores y, corriendo, tomamos un taxi al barrio de Barranco, un cruce entre Malasaña y el Borne. Nos comemos un rico ceviche en Canta Rana, un restaurante recomendado por Lonely Planet (aún así, el mejor ceviche fue el de Chiclayo) y esa tarde tomamos el avión de vuelta.

Y vosotros, ¿dónde habéis pasado el verano?, ¿estáis preparados para la horda de posts sobre Perú que se os viene encima?

martes, 3 de mayo de 2016

Cómo pasé la noche en un calabozo en Florencia

¿He contado ya en este blog que he estado en Japón? ¿Sí? ¿En serio? ¿No queréis que os lo cuente otra vez? Vale, vale, no os pongáis así, no es necesario recurrir a la violencia...

Tampoco os creáis que para una vez que cogí un avión me dediqué a contarlo hasta el infinito y más allá. Que yo he viajado a más sitios. Sí, amigos, de la creadora de “yo he estado en Japón”, llega “yo he estado en Florencia”.

Fue a finales del año pasado, en pleno invierno y en plena temporada baja. Es lo que pasa cuando trabajas en televisión, que de la misma forma que te enteras de la cancelación de tu serie de un día para otro, te enteras de que tienes vacaciones de un día para otro. ¿A dónde me podía ir yo en diciembre? Y decidí escoger un sitio donde hubiera mucho interior bonito y con calefacción, esto es, donde hubiera muchos museos.

Dicen que allá por 1817 Stendhal hizo un viaje por Italia, por supuesto también estuvo en Florencia y, al salir de la Santa Croce le pasó esto:

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".

Este sentir que te vas a desmayar, que te faltan las fuerzas, que están sobreestimulando con tanta belleza, pasó a denominarse “síndrome de Stendhal”.

En el siglo XXI es difícil sufrir un Stendhalazo. Nosotros ya estamos sobreexpuestos a imágenes durante todo el día. En la época de Stendhal no existía el cine ni la fotografía, sólo las clases altas viajaban y no tanto como ahora. Eran más impresionables que nosotros. Así que, pasada la impresión de ver a tanto hombre musculado, de rasgos perfectos y hechuras mitológicas, caes en la cuenta de un pequeño detalle. Un pequeñísimo detalle.

 ¿Os habéis fijado en el pequeñísimo detalle?

¿Los historiadores del arte han estudiado porqué es todo tan espléndido en estas estatuas… menos el pene, que es un micropene? Que no digo yo que tenga que ser tan magnificente como todo lo demás, porque ya haría la escultura vulgar pero… una longitud normal, no de acabar de salir de una ducha helada.

Si tuviera que escribir una historia del arte para dummies, después del capítulo dedicado al micropenes de los dioses y héroes de la mitología, iría uno dedicado a los niños Jesús viejóvenes.

La foto de estos niños Jesús del inframundo para una campaña de condones. Lo veo.

Igual os pensáis que tengo la sensibilidad de una patata cocida y que no he sabido apreciar la la delicadeza, la exquisitez de un porrón de siglos de historia del arte con mayúsculas.

Pero para nada.

Si yo soy una persona súper sensible. Y cuando paseaba por la plaza de la Santa Croce casi sufrí un Stendhalazo. En Italia, supongo que por las alertas antiterroristas, es habitual ver a militares, con sus metralletas, su uniforme caqui y sus 4x4, vigilando el patrimonio artístico italiano. Y entonces los vi. A los auténticos monumentos. A ellos:


A Stendhal su síndrome le hizo tambalearse y estar a punto de desmayarse, a mí me provocó un ataque de sinvergonzonería. Me planté delante de los bellos militares y les hice fotos. Se acercaron a mí de inmediato y yo pensé (insisto, sería cosa del síndrome de Stendhal) que me iban a pedir il número de telefonino per andare dopio a tomare un capuccino. Pero no. Me hablaron muy alto y muy rápido y una cosa os digo, el italiano deja de parecer un idioma gracioso y cantarín cuando lo dicen tres militares con metralletas en la mano. Yo me intenté explicar, “foto a ti, perche tu sei troppo bello”. Pero no se lo creyeron. O los militares eran unos muchachos muy modestos o esa excusa la habían usado antes algunos terroristas yihadistas. El caso es que me llevaron al comisariato. Y el comisariato no es una cafetería cuqui donde tener una primera cita adorable, qué va, el comisariato es la comisaría y acabé pasando la notte en prigione, es decir, en el calabozo.

Y vosotros, ¿habéis sentido un Stendhalazo alguna vez?, ¿tenéis alguna explicación para el misterio de los micropenes? Y, sobre todo, ¿habéis pasado la noche en algún calabozo?

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Carta abierta a Madonna

De los creadores de "yo he estado en Japón" (he estado, o mejor dicho, estuve, ¿lo he dicho en alguna ocasión?) llega... "yo he estado en Amsterdam viendo a Madonna".

No, no soy una de esas fans que siguen a sus ídolos durante toda su gira, que hacen cola para estar en primera fila y que se compran todo su merchandising. Es más, a mí Madonna me ha hecho un par de jugadas muy feas, y por eso, Madonna, reina del pop, te escribo estas líneas. Como sé que tu castellano es fluidísimo, que llevas media vida cantando "last night I dreamt of San Pedou", te escribo esta carta en el idioma de Cervantes. Y en el de Daddy Yankee, también.

Dear Madonna;

A mí no me la vuelves a dar con queso. Me sé tu juego. Tú vas y programas una sola fecha en España, pongamos por ejemplo en Barcelona y dejas unos días libres después. Por supuesto, las entradas baratas vuelan. Y es que los miembros de los clubs de fans y los apuntados a páginas como Live Nation tienen prioridad. Y allí estaba yo, con dos amigas, a las que llamaremos O. y F., atentísimas para luego descubrir que sólo quedaban a la venta las entradas VIP que cuestan unos 200 euros y la promesa de entregar a Madonna tu primer primogénito. Envalentonadas y después de haber pasado toda una mañana dándole al botón de actualizar y peleándonos con diferentes páginas de venta de entradas, decidimos ir a un concierto de la ambición rubia de todas-todas, ¿por qué no a Amsterdam, que coincide con el puente de la Constitución? En el mismo instante en que teníamos las entradas compradas... oh, sorpresa, oh aciago destino, resulta que Madonna programa otra fecha en España.

Pero te olvidas de todo, incluso de esta horterada de video, perteneciente a su último álbum, cuando empieza el concierto. Una mezcla de El circo del Sol con un pase de modelos de Dolce y Gabbana y, por supuesto, todas las obsesiones de Madonna a lo largo de sus años de carrera. En el concierto hubo bailarinas vestidas de monjas y subidas a barras de pole dance, un ejército de algo así como samuráis y hasta un cuadro flamenco de lo más bizarro, con bailarinas chinas y bailarines con camisas de encaje. 

Y luego estuvo esto:


La boca abierta.

Espero que:
a. Pagues bien a estos muchachos, Madonna.
b. Les des mucha biodramina antes de subirse ahí arriba.

A mí, que siempre me he mareado hasta en el barco vikingo de la feria, no entiendo cómo un ser humano puede hacer lo que esos bailarines hacieron.

Hubo otros números impresionantes, como la versión de Material Girl, con Madonna subida a una pantalla inclinada desde la que iba rechazando y lanzando a los bailarines al suelo (lo dicho, el trabajo de estos chicos no está pagado con dinero). Pero también hubo momentos para que la estrella pillara el micrófono por banda y se quedara sola en el escenario. Suponemos que esos ratos los aprovechaban los bailarines para cambiarse de ropa y tomarse otra biodramina. En uno de estos momentos cogió a un muchacho del público, un tal Johan, al que le regaló un plátano (¿?) y en otro se marcó una versión, ella sola con un ukelele, de "La vie en rose".



Que digo yo, Madonna, teniendo a ese ejército de bailarines y canciones como "Ray of light" o "express yourself" en tu repertorio, ¿tienes que chapurrear el francés y más en una canción tan difícil como ésta? Para la próxima gira, te sugiero que cantes más temas tuyos, de los de toda la vida, y que olvides tus últimos discos. O que saques uno bueno, que eso tampoco estaría mal.

También te sugiero que empieces a la hora, que luego salimos tarde y acabamos todos en la misma cola para coger el mismo autobús nocturno. Que tú eso no lo verás como problema porque fijo que tienes un jet privado, pero ponte en el lugar de la plebe, reina.

Y eso es todo, Madonna. Espero que hagas una nueva gira, con bailarines que parecen súper héroes, pantallas gigantes, plataformas, suelos que se abren, coreografías, cambios de vestuario y mucho de todo. Porque para cantar solo en un escenario, guitarra en mano, para eso ya están los cantautores del café Libertad. Tú eres otra cosa, tú eres una "entertainer".

Besitos.

Y os dejo con el momento, estoy sola en el bar, cerrando el garito y canto una de Madonna mientras bailo estilo caballito:


Y vosotros, ¿sois más de conciertos a lo grande o íntimos?, ¿créeis que Madonna se ha pasado al ponerse bótox hasta en las pestañas?, ¿o sois de esos fans que le perdonan hasta que perpetre "La vie en rose"?

martes, 2 de septiembre de 2014

Teletransporte, ¡ya!

He vuelto de las vacaciones y no, no estoy morena. Estoy más bien hecha un Cristo. Entre las picaduras de los mosquitos, la leche que me di contra el canto de madera de una cama y las ojeras, parezco recién llegada de la franja de Gaza, como Ana Rosa.

He estado en Mallorca, en concreto en ese bello paraje que es Culomundo, donde vive mi amiga Erre, rodeada de naturaleza, mosquitos voraces y cabras muertas al caer en los safreig, que es el nombre técnico y mallorquín de unos tanques de cemento con agua para regar. Los lectores fieles, y con buena memoria, recordaréis que Erre tiene un don para crear niños hermosos. En sus propias palabras "soy como el Nilo, me lanzas un escupitajo, y brota vida de mí". Ahora tiene otra bellísima criatura llena de lorzas...:

Número 2 en plan señorito.

...y yo he estado ejerciendo de tita guay, tanto, que el golpe contra el canto de madera de la cama me lo di mientras acunaba a Número 2. Según Erre me quedaba un día más y me subía la leche.  Si queréis saber más de Erre os leéis esto. Y os leéis sus colaboraciones con el Diario Información bajo su psudónimo artístico: las ruvias no semos tontas.

Sigo a lo mío, a mi drama. Estas vacaciones me han abierto los ojos. La raza humana necesita un salto cualitativo para evolucionar de verdad: ¿nanotecnología?, ¿cura para el cáncer?, ¿coches que vuelan?, ¡no!  Teletransporte.


Ahí estaba yo, rodeada de hordas de bávaros en el aeropuerto de Mallorca. Voy a la puerta de embarque anunciada para mi vuelo de Ryanair destino Madrid donde ya había una cola de gente esperando. Yo, con mi libro en mano, decido sentarme tranquilamente a leer, porque no le veía ningún sentido a estar ahí de pie esperando para que abrieran el embarque cuando ya tenía el asiento asignado... El vuelo se retrasa.

Nos cambian la puerta de embarque y todos los que estaban haciendo cola en esa puerta se van corriendo a la nueva, como si fueran jubilados a la caza de un cocido gratis. Yo, con mi libro, me saco un chocolate de la máquina y me vuelvo a sentar, toda digna. Ya llevamos una hora de retraso y entonces nos vuelven a cambiar la puerta de embarque... ¡a la misma de antes! La cola sale en estampida. Yo les sigo mirando con cara de "pero qué necesidad habrá...". Con el retraso calculo que llegaremos a eso de la 1 de la mañana y empiezo a plantearme coger un taxi.

Por fin empezamos a embarcar y los señores de Ryanair empiezan a repartir etiquetas en el equipaje de mano de la mitad del pasaje, moi incluida. Nos dicen que el avión va lleno y nuestro equipaje será facturado. Ahora entiendo a los que corrían despavoridos a hacer la cola. En la letra pequeña de los billetes de Ryanair especifican que sólo garantizan espacio para el equipaje de mano de los 30 primeros en embarcar. Por fin subimos al avión y volamos sin problemas, más allá de esa obsesión por venderte perfumes, prensa, lotería... que sólo falta que las azafatas de Ryanair se paseen por el avión con el cartel de "compro oro".


Llegamos a Madrid y nos quedamos dentro del avión, con las puertas cerradas, un rato lo suficientemente largo como para empezar a comprender a las personas que sufren claustrofobia. Voy a recoger el equipaje a la cinta... y el equipaje no sale. Una señora con madera de líder, que siempre las hay en estos grupos de gente, es estadísticamente impepinable, nos informa a todos de que hay una huelga del personal del aeropuerto, de ahí el retraso con los equipajes. Miro los carteles informativos donde se dice que puedes reclamar en caso de retraso del avión de... ¡5 horas! y siempre y cuando hayas decidido no tomar el vuelo. Así que la opción montar un buen pollo ni se plantea, ¿para qué? A las dos de la mañana por fin salgo de ahí. Está claro que voy a coger un taxi.

Como 12 minutos más tarde llegué a casa, ¿porque vivo en Barajas? No, porque el taxista aceleró hasta casi superar la barrera del sonido. Con taxis así lo mismo ya no hace falta el teletransporte...

Y vosotros, ¿qué tal las vacaciones?, ¿qué debe inventarse antes: el teletransporte o la cura definitiva contra la celulitis?

jueves, 12 de septiembre de 2013

Cuando las vacaciones son un periplo loco


Pongamos que te vas de vacaciones a París. Y tú vas a París pensando que ésa es la ciudad del amor, que vas a estar rodeado de chicas con camisetas de rayas y pañuelo al cuello y de hombres con boina. Que vas a comer humeantes croissants recién hechos en brasseries. Que todo va a ser  como si en París llovieran macarons del cielo. Pero en París lo que llueve es lluvia. Y mucha. Y es caro. Y los taxistas son bordes. Y los parisinos sólo te entienden si les hablas en francés nivel nativo, de los que dicen cguasán y no curasán.

Es lo que pasa en las vacaciones, que lo que uno ha visto en las fotos de minube no se corresponde con la realidad. El viajero, cuando vuelve a casa, no quiere contar de verdad lo que le ha pasado. Quiere presumir. Quiere dar envidia a sus amigos. Y si, además, ha sido de los pocos afortunados que se ha conseguido comprar un mítico billete de Ryanair de 50 céntimos de euro, eso ya es la repanocha.

Pero yo creo que un viaje también es todas las desgracias que suceden por el camino. Todas las horas que pasas andando en círculo porque no quieres asumir que te has perdido, ni quieres pasar la vergüenza de preguntar en un idioma que desconoces. Todas esas veces que pasas el viaje en la habitación del hotel por culpa de una intoxicación alimentaria, una gripe o, lo peor de todo, una diarrea. Todos los trenes que has perdido, los autobuses que se averían en medio de la nada o esos aviones que salen con horas de reatraso.

Y sobre eso mismo, sobre unas vacaciones que no son lo que uno esperaba pero, pese a todo, se disfrutan, va este corto:


Y ahora diréis, ¡maldita! Nos la has colado, lo has vuelto a hacer, te estás haciendo autobombo.

Pues sí.

Pero no os quejéis, que al menos esta vez no tenéis que registraros en ningún sitio, ni votar, es más, si no queréis, no tenéis ni que ver el corto.

Pero sí que me gustaría que me contarais vuestra peor/mejor experiencia en un viaje. Como yo soy una señorita viajada, tengo penalidades para dar y regalar:

Hambre en Amsterdam
Holanda. Hace ya unos cuantos años. Los suficientes como para alojarme en un albergue juvenil. Lo malo es que no lo reservamos con tiempo y,  al ser temporada alta, estaba casi todos los días lleno. Era un albergue limpio, amplio, con un desayuno tipo buffet con letreros (en italiano y español) donde decían que estaba prohibido sacar del comedor la comida del buffet. Así que todos los días, prontito, llamábamoss y preguntábamos si les quedaba algún hueco libre para 4 personas.  Porque la otra opción era "Bob's" un hostal/pensión infecto, donde encontrabas condones usados en el baño común a todas las habitaciones del pasillo, y donde el desayuno consistía en té aguado y un revuelto hecho con huevina que tomabas de pie porque las dos mesas estaban siempre ocupadas.

En ese viaje descubrí que es verdad eso de que el desayuno es la comida más importante del día.

La felicidad es levantarse y tener un buffet para desayunar. Como lo tenían en "Dinastía".

Tras varias noches seguidas durmiendo y desayunando en Bob's acabamos por comprarnos una caja de leche en un supermercado y bebiéndonosla a morro por la calle.

Ligoteo penoso en Roma
Esta vez estaba alquilada en un apartamento en las afueras de Roma. Así que mi amiga F. y yo estábamos esperando en la parada del autobús cuando un Fiat se paró frente a nosotras. Dentro había cinco chicos (cinco), y nos preguntaron si nos acercaban al centro. Recordemos que ya había cinco personas dentro del coche. Así que les dijimos que, no, que grazie mille. Nos preguntaron entonces que de dónde éramos, dijimos: Madrid, y ellos contestaron: -¿Real Madrid? -No. -¿Barça? -No nos gusta el fútbol. Al quedarse en ese momento sin más temas de conversación corrieron a sacar el diccionario italiano-español español-italiano de la guantera del coche. Para vuestra tranquilidad os diré que no llegamos a subirnos a la baca o al maletero del Fiat, sino que vinieron el resto de nuestros amigos, y los italianos se marcharon en retirada, que si hay un macho cerca de la hembra solitaria ellos siempre huyen.

Senderismo en Almería
¿Sabíais que la ciudad de Mojácar se divide en Mojácar ciudad y Mojácar playa?, ¿que Mojácar playa está pegada a la ídem y que Mojácar ciudad está a varios kilómetros, en una montañita? ¿y que el autobús procedente de Madrid sólo para en Mojácar playa? ¿Y que no hay estación?, ¿ni tampoco parada de taxis? Pues yo tampoco lo sabía. Así que después de un viaje eterno, con parada en todos los pueblos, aldeas y pedanías de Murcia y Almería y, lo que es peor, sin una triste película emitida en el televisor del autobús, ahí estábamos mi amiga B. y yo, en medio de una ciudad que no conocíamos, cuando era noche cerrada y cuando no había móviles con conexión a internet ni a los mapas de google. Estábamos calculando cuántas horas nos iba a costar subir andando hasta el pueblo cuando un compañero de viaje, con el que no habíamos cruzado ni una palabra en todo el trayecto, se bajó del coche de los amigos que habían ido a buscarle y nos invitó a subir al grito de "venga, que me acabo de divorciar". Nos subieron al pueblo pero, si llegamos a saberlo, les hubiéramos contratado como chóferes para el resto del viaje.

Porque la línea de autobuses interurbanos que conectan Mojácar con las vecinas Garrucha y Vera funciona mal, y cuando llevas más de media hora esperando el autobús, acabas por ir andando. Y cuando la oficina de turismo y la agencia de viajes de Mojácar estaban cerradas y vimos que nuestra única opción de comprar el billete de vuelta a Madrid era ir hasta Garrucha, ¿cómo fuimos? Pues andando.

Eso sí, ese viaje me dejó el culo duro como el turrón de Alicante.

Y vosotros, ¿en qué viaje sufristeis más?

martes, 9 de abril de 2013

Guía del viajero a los Picos de Europa


Como todo españolito medio, yo también me he ido de viaje en Semana Santa. Y a mí también me ha llovido y también me ha pillado un atasco monumental volviendo a Madrid. Y es que, si no pasan todas estas cosas en una escapada de Semana Santa, será una señal inminente del Apocalipsis y del fin de la cultura occidental tal y como la hemos conocido hasta ahora.

Mi periplo comienza en León, donde además de comer cecina (como está mandado) y una torrija hecha de cemento armado que me acompañó durante todo el viaje...

Será rubio, tendrá los ojos azules, la piel sana, y será una torrija.

...descubrí que en León viven las procesiones de Semana Santa a tope. Todas la tiendas, todas: de ropa, de complementos, ¡¡¡farmacias!!! se decoran con cirios, carteles con imágenes de los pasos, estampitas... y en los bares suenan marchas procesionales mientras la gente se pide una ración de cecina, 4 cañas y dos vinos tintos.

Pero lo más curioso de la Semana Santa leonesa es Genarín. La noche de Jueves Santo se organiza esta procesión pagana y un punto surrealista. Y es que Genarín no era un santo, precisamente, sino un borrachín, jugador y muy putero, que murió atropellado, mientras intentaba hacer pis, por el primer camión de basura de la ciudad de León en 1929. Hoy se le recuerda gracias a una cofradía que lleva su nombre y que todos los años organiza una especie de procesión fringe, con pregón satírico y muchos brindis de orujo.

Pero no todo en el viaje iba a ser cachondeo, ojo. Que también he visto un huevo de iglesias. La más impresionante, San Isidoro de León, en cuyo panteón están las pinturas mejor conservadas del románico. Los que hayáis cursado arte en COU las recordaréis. Y si las veis en persona ya nunca las olvidaréis. En la entrada a la basílica están la puerta del Cordero y la puerta del Perdón, donde este simpático bicho te saluda sacando la lengua:

El viaje continuó rumbo Asturias. Podría hablar ahora del paisaje de Cangas de Onís y alrededores, de la espectacularidad de Covadonga y bla, bla, bla. Pero todo eso lo podéis encontrar en la wikipedia, en la lonely planet o en la oficina de turismo de Asturias. Lo que no encontraréis es la pasión que hay en los pueblos asturianos por las discotecas de extrarradio. Si alguna vez os habíais preguntado qué era eso de los bolos, aquí tenéis la respuesta.

En la discoteca Habana de Cangas sí que saben pasárselo bien.

La siguiente parada fue Potes, ya en Cantabria. Potes es un pueblo tranquilo, agradable, con casitas de piedra, pequeñito, de los que te pones a pasear y llegas rápido al final del pueblo. Muy cerca está Fuente Dé, a donde se accede en funicular, y que en esta época del año está completamente nevado. Allí dejé esta escultura, una reflexión sobre la fragilidad del ser humano y una crítica a la deshumanización de nuestra sociedad que he titulado “composición número 43”:

Pero más allá de la espectacularidad de Fuente Dé (si esto fuera una guía de viajes al uso diría “cinco estrellas, merece la pena desviarse”) Potes también ofrece otras cosas. Como, por ejemplo, las camisetas más feas que he visto en toda mi vida. O las tiendas de ropa más vintage (vintage de verdad, rollo años 90, no vintage rollo baúl de la abuela que viajaba a París y tiene un Chanel). O un grave problema con el inglés. Mi teoría es que el profesor de lengua extranjera del instituto de Secundaria de Potes se sacó el título copiando a su compañero de pupitre y es el culpable de toda una generación un poco pez con el idioma de Shakespeare y las Spice Girls. Por eso encuentras menús donde se lee “sandwish” o carteles donde se ofrecían clases de aerobic y "steep".

Pero ojo, que no sólo me he dedicado a hacer fotos ridículas y a comer alubias con jabalí durante el viaje. Que también he andado por el campo, entre piedras, cuevas y desfiladeros. Todo muy Indiana Jones, si Indiana Jones en vez de sombrero y látigo llevara ropa del Decathlon. Porque, amigos, los Picos de Europa están llenos de gente que ha arrasado en el Decathlon. Todos con sus forros polares, sus chubasqueros marca North Face, y sus botas de montaña. Qué difícil es tener un poco de glamour allá por el monte. Desde aquí invito a Mango y a Inditex a que saquen una línea “mountain glam”. Será un hit. 
 Aquí mi amiga Rosita, la cabrita, que salió al paso en medio de la garganta del Cares no sea que algún excursionista quiera darle un trozo de torrija.

Mi mayor caminata fue por la gargante del Cares y, (esto sí que es un consejo práctico) lo mejor es comenzarla al revés, por Caín. Es verdad que acceder en coche al pueblo de Caín es complicado, con tramos estrechísimos, llenos de curvas. Pero también es verdad que es una carretera preciosa, llena de pueblitos de piedra, nieve y vacas que te salen al paso. Otro consejo práctico: ni se os ocurra hacer esa ruta cuando llueve.

Y vosotros, ¿cómo pasasteis la Semana Santa?, ¿habéis ido a alguna procesión pagana?, ¿habéis comido torrijas hasta aborrecerlas?, ¿os habéis hecho amigos de alguna cabra?

Ah, y el día 15 (lunes) en el café bar Angelika de la Cava Baja de Madrid, se proyecta "Lo último que hago para el Notodo". Hay voto del público... como decía Rosa María Sardá en aquel mítico programa "ahí te quiero ver".

martes, 4 de diciembre de 2012

Teletransporte ya

Estimado señor Ministro,
le escribo a usted en primer lugar para que vea que soy una chica educada. No sé pelar una naranja con cuchillo y tenedor, pero le aseguro que jamás en la vida he escupido en la calle, ni me he colado en la cola de la caja del supermercado. Por eso, antes de lanzarme a esas plataformas que me tienen ocupada todo el santo día firmando iniciativas, he pensado que debía escribirle a usted.

Ya sé que están metiendo tijera por todas partes y más aún en la ciencia. Y yo lo entiendo, señor Ministro, si la ciencia es un peñazo, que seguro que usted también dejó las mates de segundo de BUP para septiembre. Y además, ¿para qué sirve? Que investiguen los países nórdicos que tienen tradición y nosotros mejor hacemos aquello para lo que siempre hemos estado dotados: el sector servicios,  lo que viene siendo camarero en garito que sirve garrafón, monitor de aerogym en un hotel o cocinero de paellas con guisantes y gambas. Pero esto que le voy a sugerir, señor Ministro (vea que pongo su cargo en mayúscula y todo) nos puede convertir en un país serio, mejor aún, en un país rico.

Señor Ministro, ha llegado el momento de que inventemos nosotros el teletransporte. Diga a todos los científicos que tenga en nómina que se dejen de zarandajas, que se olviden del cáncer, el SIDA o las energías renovables. TE-LE-TRANS-POR-TE.

Le voy a contar mi triste historia para que compruebe hasta qué punto nuestra sociedad está necesitada del teletransporte.

Todo comienza en Acireale, un pueblo de Sicilia a unos 30 kilómetros de Catania y unos 200 de Palermo. Un pueblo italiano como Dios y las películas de Vittorio Gassman mandan: con sus iglesias barrocas:

su pizza:


sus estampas típicamente italianas: 



Y un transporte público tan caótico, pero tanto, que ni en la oficina de turismo son capaces de darte unos horarios de autobús que se ajusten a la realidad. Otro día, y si le interesa mi iniciativa y quedamos para tomar un café, le cuento qué hacía yo en Acireale. Pero el caso es que yo quería volver a mi casa. Ya sabía, por el viaje de ida, que eso iban a ser unas doce horas de viaje, divididas tal que así:

- 08.00, recogida en la piazza San Dominico para que nos lleven en coche a la estación de autobuses de Catania.
- 08.30, llegada a la estación de autobuses, algunas vueltas para encontrar la oficina en la que comprar el billete y otras tantas vueltas para encontrar el andén.
- 09.00, salida del autobús Catania-Palermo. Dos horas y cuarto de viaje sin película ni nada. Con lo típico y pintoresco que hubiera sido que pusieran una película de Alvaro Vitali.
- 11.15, llegada a la estación de autobuses de Palermo. Tras un capuccino y un bollo relleno de jamón y mozzarella, vamos a coger el autobús al aeropuerto de Palermo, que sale a las 12.30 y tarda unos 40 minutos en llegar al aeropuerto.
- 14.00, tras más de una hora en el autobús, gentileza de un "incidente" (léase inchidente) en un túnel, llegamos al aeropuerto de Palermo.
- 15.00, embarque en el vuelo de Vueling destino a Barcelona. En el avión, no hay hueco para mi maleta de mano, ni para las maletas de medio avión. Las azafatas nos las facturan a mano. Yo aviso a la azafata que yo cojo otro avión después a Madrid, que si va a haber algún problema... La azafata me dice que no me preocupe, que me da tiempo de sobra.
- 17.15, llegamos a Barcelona. En mi billete a Madrid pone que a las 18.15 sale el avión y tengo menos de una hora. Echo a correr.
- 17.20, corro por el aeropuerto.
- 17.25, llego a la zona de recogida de equipajes.
- 17.30, empiezan a salir maletas. La mía no sale.
- 17.40, se para la cinta, corro a la oficina de reclamaciones. La señorita de las reclamaciones me explica que suele pasar con el equipaje de mano que acaba facturándose desde el avión que se queda el último. Me recomienda que "apure un poco" que no tardará en salir. Por si acaso, toma nota de cómo es mi maleta, de mis datos y mi teléfono móvil.
- 17.45, la cinta sigue quieta.
- 17.50, la cinta sigue quieta.
- 17.55, no puedo apurar más y salgo corriendo.
- 18.00, tengo que volver a pasar por el arco de seguridad. Por supuesto, hay cola. Le cuento a la chica que pide el billete y el dni que pierdo el vuelo, me dice que se lo diga al guardia civil del arco y me dejará colarme. Lo hago.
- 18.02, pito en el arco de seguridad. Me tengo que quitar las botas, me las quito.
- 18.04, descalza, con el bolso y el abrigo en una mano y las botas en otra, corro hacia la puerta de embarque de mi vuelo.
- 18.09, llego hacia la puerta de embarque y veo que ni siquiera han abierto aún, pero tampoco anuncian retraso. Vuelvo a mirar mi billete para comprobar que la hora de salida del avión eran las 18.45, y las 18.15 la hora en que se empezaba el embarque.
- 18.14, mientras pienso en lo boba que soy caigo en la cuenta de otra cosa más. Tanto el portátil como el cargador del móvil están en la maleta, ¿llegará sano y salvo el portátil?, ¿cómo me van a localizar los del reparto de equipaje si mi móvil ya no tiene batería?, ¿cómo no se me ocurrió sacar el portátil y el cargador de la maleta cuando me dijeron que tenía que facturar?
- 18.45, despega el avión.
- 20.00, llegamos a Madrid.
- 20.10, cojo el metro. A punto estoy de quedarme dormida en el vagón, como los japoneses en el metro de Tokyo. Me consuelo pensando que los viajes debían ser mucho peores en la Edad Media, cuando se hacían los viajes por caminos a lomos de un burro.
- 21.00, llego a casa.

Como ve, señor Ministro, el teletransporte es una necesidad de nuestro tiempo.

Y vosotros, ¿a que firmaríais por esta petición a favor del teletransporte en Avaaz, Change o Actuable?

Postdata: el portátil llegó sano y salvo y los de Iberia/Vueling trajeron a casa el equipaje a la hora que dijeron y hasta me llamaron esa misma tarde para comprobar que todo había ido bien.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Buenas noches Panamá

Años 90. Clase de inglés. Adolfo, profesor al que siempre recordaré porque se rascaba la entrepierna rozándola contra la esquina de un pupitre, dando así una tensión insoportable a toda la hora de la clase de inglés que pasabas recitando el mantra "en mi pupitre no, por favor, en mi pupitre no". Adolfo, ese hombre, harto de que sus alumnos le llamaran Alfonso o hasta Ataúlfo, un día se levantó como Michael Douglas en "Un día de furia":

Y nos soltó que no nos quejáramos tanto por el examen sorpresa de vocabulario, si total, anda que no nos quedaban examenes por hacer en la vida. Los enumeró todos: los exámanes de las evaluaciones, los finales, las recuperaciones, los de septiembre, la Selectividad, el del carnet de conducir, los de la Universidad, los de oposiciones... Consiguió lo que quería: callarnos y amargarnos el resto del día.

Por cosas como esta yo siempre he sido una ferviente defensora de que el profesor es el enemigo. Es más, cuanto más enrollado dice ser el profesor, más hay que sospechar. Creedme, los que van de colegas son luego los que te suspenden con un 4,9.

Pero el tiempo pasa, un buen día te sorprendes encontrando guapo a un chico que no es chico, sino hombre y padre de familia y ahí está tu madurez llamando a la puerta. Porque, amigos, ¿qué pasa cuando se dan la vuelta a las tornas y eres tú la profesora?, ¿qué tipo de profesora serás? ¿La clásica de matemáticas chunga que amenaza con hacer controles sorpresa y quitar medio punto al que hable?, ¿el profe funcionario que lee el libro de texto en voz alta hasta que suena el timbre, momento en el que cierra el libro, aunque se haya quedado a mitad de frase? O, dado que voy a dar clase de guión, ¿un profesor con pasado intenso y alcohólico, que provoque en los alumnos admiración y acojone a partes iguales?

En todo eso pensaba yo antes de comenzar mis tres intensas semanas dando clases de guión a tres grupos distintos (uno por semana) durante seis horas cada día. Seis horas. Seis. Como dicen en los carteles taurinos. Seis toros. Seis. Pues igual.

Aunque el primer día y debido a un correo con un error, otra profesora y yo dimos por acabada la clase una hora antes. Estábamos esperando al otro profesor, pensando en que se estaba alargando mucho, cuando la gente de administración vino a decirnos que las clases acababan a las tres, no a las dos. Pero ése no fue el único lapsus que tuve durante esas tres semanas. Tres. Qué va.

Ese mismo día, y probablemente debido a que toda mi circulación sanguínea estaba ocupada haciendo la digestión de mi primera fabada, chispas, me dejé el portátil en el restaurante. A los cinco minutos volví, y ahí estaba.

Otro día me sorprendí a mí misma a punto de sentarme sobre la mesa con las piernas cruzadas y no lo hice. Otro resbalé con un charco (por Asturias hay mucho de eso) y a punto estuve de caerme justo cuando el coche de dos alumnos entraba en el parking.


Unos días más tarde entré en un proceso de dar clase como quien estaba en el salón de su casa y ahí estaba yo, hablando de estructura, sentada en posición “toro sentado” con las piernas cruzadas sobre la mesa.

Los alumnos, que también iban cogiendo confianza, a 15 minutos del final de clase, muertos de hambre y agotamiento, y como si aquello fuera “La gramola” pidieron que les pusiera este video: el plátano bolígrafo.

Y yo les hice caso.

En otra ocasión, poniendo un video sacado de Internet oí de fondo la voz de un alumno: “el sonido, que no lo has conectado” y lo triste es que era el tercer video que ponía ese día. Ese mismo alumno comentó, en el momento cañas del último día, que no es que él supiera mucho de técnica, sino que yo era tan torpe que en comparación él parecía Steve Jobs.

Y es que en ese último día, como premio y porque se lo había prometido la otra profesora la semana anterior, también proyecté este clip, un clásico de la red utilísimo para explicar cómo funciona un gag. Aquí, la señorita Panamá:


Y ya puestos, y dominando el arte de la proyección, les puse éste también, utilísimo para entender el subtexto, porque aunque la miss esté contestando a la pregunta: ¿es el hombre el complemento ideal de la mujer?, en realidad la escena va de una pobre señorita Antioquía, aspirante a Miss Colombia, que se ha metido ella sola en un berenjenal del que no sabe cómo salir:


De esta sucesión de chorradas se deduce que no soy una profesora enrollada, ni una tipo funcionario, ni desde luego una de las que mete miedo. Pertenezco al tipo de profesora entrañablemente torpe. Los alumnos no me recordarán con una sonrisa y seguro que con un mote.

Y vosotros, ¿habéis dado clase alguna vez?, ¿qué tipo de profesor sois?, ¿creéis como la señorita Antioquía que el hombre es el complemento de la mujer y la mujer del hombre, hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo y de manera contraria?

Aprovecho para recordar que se ha retrasado la proyección de "Mañana", será en el café Angelika de Madrid, a las 21.oo horas, pero el día 12.