martes, 30 de julio de 2019

Lecturas veraniegas

No tengo vacaciones. Que me da igual, ¿eh? Si yo tengo ventilador en casa, y pingüino y un ventilador de techo y una piscina municipal a tres paradas de metro. Quién quiere vacaciones pudiendo disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, como la semana pasada, precisamente en la máquina expendedora de la piscina municipal, que me iba a comprar una bolsita de pan de pipas y me salió también un Twix. Bueno, a quién pretendo engañar: no tener vacaciones es un asco y yo a la hora y media de estar en la piscina municipal me aburro. Por eso hay que llevarse un libro, a ser posible veraniego, es decir: entretenido y sencillo (que las neuronas funcionan lo justo con el calor), de bolsillo, que pese poco y no ocupe demasiado en la bolsa de la piscina. Pero no os creáis que es tan fácil:

Con el corazón en tinieblas, de Eleanor Coppola

Cuando estudiaba en la Escuela de Cine un día proyectaron el documental "Corazones en tinieblas", sobre el infernal rodaje de Apocalypse now. Lo mejor fueron las caras de los estudiantes de dirección: admirados, encantados, fascinados... ¿por Coppola y Apocalypse now? No, por el poder que tenía Coppola, que se gastó todo el presupuesto, cambió de protagonista con el rodaje empezado y después al actor (Martin Sheen) le dió un ataque al corazón y Coppola dijo a los productores: "Martin no estará muerto hasta que yo lo diga". Los estudiantes de dirección estaban con la boca abierta, pensando, "oh, ¿cuándo dirigiré yo una súper producción y podré mandar a los actores al hospital?". Pues bien, "Con el corazón en tinieblas" es el diario que la esposa de Coppola, Eleanor, escribió durante ese rodaje:



El libro es muy veraniego en un sentido: se pasa calor al leerlo, nuestras olas de calor son la nada en comparación con el clima en Filipinas, donde se rodó "Apocalypse now". Pero "Con el corazón en tinieblas" no es realmente un diario de rodaje, sino lo que Eleanor escribió en esos meses, así que en él se mezclan las suculentas anécdotas del rodaje (como cuando llevaron a un tigre en un vuelo regular) con otras de la vida diaria de Eleanor de interés cero. Se nota que ni se escribió pensando en su publicación ni posteriormente se reescribió pensando en editarlo y darle un poco de sentido. Hay informaciones que se repiten, otras que se obvian y el hilo argumental se reduce a las cosas que le pasaban a la esposa de Coppola mientras él rodaba. Para colmo, en un momento Eleanor confiesa que ella nunca ha leído mucho. Se nota, Eleanor, se nota. Dejé el libro en la página cien. Si tenéis curiosidad por el proceso de rodaje de Apocalypse now, mucho mejor que veáis el documental "Corazones en tinieblas", al menos tiene salseo.

Los sótanos del Majestic, de Georges Simenon

Ligerito, con intriga y se acaba en tres mañanas que vayas a la piscina:

Me habré leído ya unas tres o cuatro novelas de Georges Simenon y reconozco que los devoro a la misma velocidad que los olvido. No recuerdo ni la intriga en sí, ni siquiera cuántas de las novelas que he leído son de las protagonizadas por el policía Maigret. Pero lo que sí se queda en la memoria después de leer cualquiera de sus obras es el estilo de Simenon, tan sencillo, capaz de describir personajes, ciudades, con tres palabras. Me encanta que use tan pocos elementos y les saque tanto partido. En "Los sótanos del Majestic" no sobra una página. Le da tiempo a describir el funcionamiento de los grandes hoteles (arriba los huéspedes, abajo los camareros) de ahí pasa a la vida previa de los trabajadores del hotel (procedentes de Cannes, de la Costa Azul, de cabarets y antros de poca monta) y, por supuesto, le da tiempo a resolver el misterio.

Ilión, de Dan Simmons
 
El año pasado me enganché locamente a una serie titulada "The terror", basada en el libro del mismo título de Dan Simmons. Así que busqué al señor Simmons en las estanterías de ciencia ficción y fantástico de la FNAC y me encontré con "Ilión". En contra: es una saga (qué pereza dan las sagas). A favor: es una versión de la Iliada pero en clave ciencia ficción. Yo, que me crié viendo Ulises 31, acabé comprando el libro.


"Ilión" se articula a través de tres historias paralelas: una sucede en la guerra de Troya; la otra en la Tierra del futuro, donde grupo de humanos intenta averiguar el pasado de su especie y por qué su sociedad es como es, y la tercera se centra en un grupo de seres en parte mecánicos, los moravecs, encargados de vigilar y patrullar el espacio. Poco a poco las tres historias van convergiendo pero acaba el primer tomo de "Ilión" y una sigue sin saber cuál es el hilo argumental que une a las tres historias. Pese a la imaginación que desborda la novela, pese a lo interesante de mezclar mitología con ciencia ficción, pasas las páginas sin enterarte de la misa la mitad:

Este lapso de vida de cien años es un añadido relativamente reciente a la humanidad, queridos míos. Es algo que se les ocurrió a los posts sólo después del último fax. Sólo después de que lo estropearan todo, nuestro futuro, el futuro de la Tierra, en aquel desastroso fax final. Sólo siglos después de que mis nueve mil ciento trece compañeros humanos postrubicón fueran faxeados a la corriente de neutrinos para nunca regresar.

¿Corriente de neutrinos?, ¿humanos postrubicón?, ¿mande? Con "Ilión" me pasó como con "Lost", no tengo paciencia para tantas intrigas y tantas dudas, necesito que se vayan resolviendo o acabo perdiendo el interés. Así que si alguien se ha leído todos los libros de Ilión, que me cuente el final, por favor.


Mary Wollstonecraft Mary Shelley, de Charlotte Gordon

Un libro de 500 páginas, por definición, no es un libro de verano. Y éste menos aún, a no ser que seas un estudiante de doctorado de historia y/o literatura inglesa y te lo leas en unas vacaciones por la campiña de Sheffield.


"Si por casualidad tenéis algún conocimiento, guardadlo como un profundo secreto", decía un padre para enseñar a sus hijas a no ahuyentar a los pretendientes. La prestigiosa intelectual lady Mary Wortley Montagu aconsejó a su nieta, de gran talento, que disimulara su destreza matemática "con la misma diligencia con la que ocultaría una malformación o una cojera". 

Las vidas de Mary Wollestonecraft (filósofa, escritora y precursora del feminismo) y su hija Mary Shelley (la autora de Frankenstein y un buen montón de libros más) son, en realidad, muy entretenidas. Las dos adelantadas a su tiempo, las dos llevaron vidas consideradas como escandalosas entonces, las dos viajaron, conocieron a otros escritores y filósofos... y el libro cuenta, excepcionalmente bien, sus épocas. La parte histórica es la que más me gustó, probablemente por puro interés personal y porque muy pocas veces se encuentran libros que transmitan la cotidianidad y la mentalidad de otras épocas, y éste lo consigue. Pero la parte literaria, las páginas y páginas dedicadas a analizar las obras de madre e hija, y a elucubrar sobre las influencias de una y otra, pues mira, me da bastante igual.

Y vosotros, ¿también en verano os ponéis en modo facilón y preferís lecturas sencillitas?, ¿alguien se ha leído "Ilión" y me cuenta cómo acaba? Si os apetece una lectura veraniega (por corta y facilona), podéis echar un vistazo al relato que las simpáticas gentes de Libros Prohibidos han querido publicarme.

martes, 9 de julio de 2019

Chistes de pollas

La semana pasada se estrenó el primer capítulo de "El pionero", la serie documental sobre Jesús Gil y Gil en HBO. Los que seáis insultantemente jóvenes no lo recordaréis, pero Gil y Gil no sólo fue presidente de un club de fútbol, alcalde de una ciudad costera y promotor inmobiliario, también fue presentador de televisión de una obra cumbre de la cultura pop: "Las noche de tal y tal". Él salía metido en un jacuzzi rodeado de mozas en bikini de talle alto porque en los 90 los bañadores eran así, sobaqueros:

Las bellas y la bestia.

No recuerdo de qué iba el programa. No sé si había entrevistas, o si era un talk show donde las muchachas en bikini contaban sus vivencias o si cocinaban aprovechando el vapor del jacuzzi. Ni idea. Solo recuerdo que alguna vez salió Imperioso, el caballo de Gil. Los 90 nos dieron grandes momentos tan absurdos como Gil chapoteando en su jacuzzi. Recordemos a Arévalo, las mama Chicho y a Ruiz Mateos haciendo de las suyas.

Todo zafio, voncinglero, aplaudido por un público en directo que gritaba mucho. Y no era patrimonio único de la España de los 90, era algo que estaba en el aire. En los Estados Unidos tenían a Howard Stern y sus chistes de pollas a costa del caso Bobbit. ¿Lo recordáis? Yo, casi como con Gil e Imperioso, apenas me acordaba de que Lorena Bobbit, en un arranque pasional, había cortado el pene de su marido John y luego, cuchillo en una mano y pene en otra, había huido en coche para acabar tirando el pene por ahí.

Pero vayamos por partes. ¿Quién era Howard Stern? Locutor de radio, presentador, productor, escritor. Si pones en una batidora de vaso (como las de las películas americanas, que es lo apropiado en este caso) un poco de Jiménez Losantos, otro de Cárdenas en su época de "Crónicas Marcianas", otro de Encarna Sánchez y otro de Benny Hill, te sale Howard Stern.

Pues él  organizó en 1994 un especial una especie de maratón de recaudación de fondos, más programa de variedades, más freak show, con la excusa de conseguir dinero para la operación reconstructora de John. Un montón de mozas exuberantes con bañador de tiro alto ejercían de azafatas y mostraban cuánto dinero se había recaudado en un medidor gigante con la forma de (oh, sorpresa) pollón. Todo aderezado con fino humor. Aquí una selección de las perlas de Howard (Howard's pearls):
"A penis is a terrible thing to waste"
"John, I'm glad you could come", "I can't, Howard"
"I don't even buy he was raping her... She's not that great looking"  


Atención al nivelón de la recreación dramática.

Y, ¿quién era Lorena Bobbit? Emigrante en Estados Unidos, se casa muy joven con John Wayne Bobbit y, antes de la noche en la que cogió el cuchillo de la cocina y le mutiló, pasó por un infierno de malos tratos y violaciones. Ese calvario quedó tan acreditado en el juicio por la agresión que Lorena fue declarada no culpable. Pero eso dio igual. Stern hizo su maratón, John se operó y grabó varias películas porno para demostrar que todo volvía a funcionar.

Muchos años más tarde "Lorena", un documental de Amazon, sí se preocupa por contar la historia completa, sin quedarse en las bromas. Se preocupa, en definitiva, por buscar la verdad. Y cuenta que después de sus operaciones, sus películas y sus colaboraciones con Stern, John Wayne Bobbit se volvió a casar, se divorció (denuncias por malos tratos mediante) y tuvo varias relaciones. En el documental habla una de sus novias, a la que casi tiró por una terraza y luego tuvo secuestrada, atada a una cama durante varios días. En el capítulo 3 del documental el abogado defensor de Lorena Bobbit hace un alegato digno de un capítulo de "The good fight": "Una vez oí decir a una señora que el cuerpo de una mujer es su hogar. Que su cuerpo es el contacto más íntimo que tiene con su alma. Violar a una mujer no solo es violar su cuerpo, sino también es violar su alma. Es un ataque directo a la estructura emocional que integra a una mujer". 



Más allá de las risas irónicas que nos provoque ese megamix del mal gusto que eran Stern y sus programas, el caso es qué hay detrás. Esto no es una cuestión de los límites del humor, esa parada queda muy atrás y a donde hay que ir realmente es a si a alguien le importó la verdad en ese momento o si optaron por mirar hacia otro lado para hacer caja. El evento del año 94 recaudó 260.000 dólares. Y Stern fue una estrella durante más de 20 años.

Cuando nos dé un ataque nostálgico sobre los 90, convendría contar hasta tres y recordar también todo esto. Quienes votaron a Gil como alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, quienes le ofrecieron programas en televisión, eligieron mirar hacia otro lado. Gil fue responsable del hundimiento de un edificio por el murieron sesenta personas. Sesenta. Recuerdo a Imperioso, pero ni  una sola mención a que Gil había pasado por la cárcel. La nostalgia por los 90 debería limitarse a Nirvana y Buffy cazavampiros, nunca por una época "sin complejos".

Y vosotros, ¿recordáis a Imperioso?, ¿y las "Noches de tal y tal"?, ¿echáis de menos los 90 o pensáis que es una época fea como pocas?

lunes, 27 de mayo de 2019

Mister Wonderful quiere conquistar el mundo

Ni magnates de las telecomunicaciones, ni narcotraficantes, ni malvados random que acarician gatos persas o llevan parche en un ojo (porque, como todo el mundo sabe, llevar parche o acariciar gatos es cosa de tipos pérfidos). Ninguno de estos malos de película de James Bond son dignos de ocupar ese rol. El villano del próximo Bond debería ser el dueño de Mister Wonderful. Un tipo que, de momento, ya ha conseguido colarse en la campaña electoral del 26 de mayo. ¿O me vais a decir que el lema de Más Madrid "Vota bonito" no lo ha creado Mister Wonderful? Es un paso más en su objetivo final: conquistar el mundo entero y obligarnos a decir cosas como "si te esfuerzas no habrá sueño que se te resista", "hoy me he puesto una sonrisa, que combina con todo" o "hoy comienza un año que va a ser la pera", acompañado del dibujo de una pera con ojitos y sonrisita. La ñoñería nos rodea y hay que estar alerta porque nos puede atacar hasta detrás de una novela de prestigio.

Amistad de juventud, de Alice Munro


Munro ganó el Nobel de literatura allá por el 2013 y yo, que estoy a la última, me he leído un libro suyo por primera vez en 2019. Los relatos de "Amistad de juventud" se centran en historias de reencuentros, rupturas y muchos, muchísimos adulterios, narrados con continuos pasos de tiempo. Comienzas a leer y nunca sabes muy bien ni quién es el protagonista ni en qué época se va a desarrollar la trama principal. Poco a poco Munro te va revelando cuál es la historia central, sorprendiéndote. Un ejemplo. El relato "Five points" cuenta en paralelo una historia del pasado, de una tienda del pueblo a la que acude un púber Neil, y también una historia del presente, la relación furtiva entre el adulto Neil y la casada Brenda. Al final las dos historias de unen para desvelar que la hija de los dueños de esa tienda a la que acudía Neil, pagaba a los chicos para que se acostaran con ella, y Neil fue uno de los que pagó. Saberlo cambia la relación entre él y Brenda de esta manera:

¿No sabe él qué está sucediendo? Quizá necesitaría la experiencia de muchas peleas de casados para saberlo. Para saber que lo que uno cree (y, por un momento, espera), que es el final absoluto puede ser solamente el comienzo de una nueva etapa, una continuación. Eso es lo que está sucediendo, eso es lo que ha sucedido. Para ella, él ha perdido algo de su resplandor; quizá no lo recupere. Probablemente le sucede lo mismo a él con ella. Ella también siente lo mismo en sí misma. Piensa que hasta ahora fue fácil.

Que el libro está escrito que te mueres es un hecho (no le dieron el Nobel a Munro porque le tocara una papeleta en una rifa), pero hay momentos en los que la traducción de Debolsillo flojea. Una pena porque, por lo demás, es una auténtica joya.

Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite

Cuando al final del día ponía películas en vídeo, las que más le emocionaban eran las que contaban las aventuras de aquellos soñadores caídos al fango con las alas rotas.


Caperucita en Manhattan es un clásico de la literatura juvenil y, como todo clásico, se supone que lo puede leer cualquiera, independientemente de su edad, como sucede con "La historia interminable". Una cosa os digo: JA.

No sé si me habría gustado más si lo hubiera leído a los 13 años. A lo mejor. Porque yo tenía mi vena cursi en aquella época, me chiflaba "El principito". Y ahora, sin embargo, leo cosas como esta...:

No hay que mirar nunca para atrás. En todo puede surgir una aventura. Pero ante las ansias de la nueva aventura, hay como un miedo por abandonar la anterior. Plántale cara a ese miedo.

...y no sé si estoy ante una novela que actualiza Caperucita roja en un Manhattan entre realista y fantástico o ante un libro de autoayuda. Llamadme cínica, pero esa Caperucita que se llama Sara y es una niña soñadora y lectora y también condescenciente con la forma de comportarse de sus padres me parece una repipi. Y esa vieja loca que se pasea por la ciudad y que resulta que es una encarnación de la estatua de la Libertad y una representación de la libertad en sí debería ser detenida por la policía porque, ¿qué hace paseándose con una niña por los parques de Nueva York? ¡Y de noche!


Procura encontrar tu camino en el laberinto. Quien no ama la vida, no lo encuentra. Pero tú la amas mucho. Además, aunque no me veas, yo no me voy, siempre estaré a tu lado.

Quien no ama la vida, no encuentra su camino en el laberinto. Podría ser el título del próximo libro de Albert Espinosa. Qué pereza.


Padres e hijos, de Iván Turguénev 

El año pasado leí un cuento de Turguénev, "Mumu" y me gustó tanto que, en mi estilo ventolera, decidí leerme alguna novela suya.  La elegida (porque estaba disponible en la biblioteca) fue ésta:



Dos amigos: Arkadi y Bazárov, visitan al padre de éste en la hacienda que tiene en el campo. Los jóvenes, que se definen como nihilistas, chocan con la manera de ver la vida del padre y el tío de Arkadi. Es todo muy novela rusa del XIX, con sus campesinos, sus veladas en casa de unos y otros tomando champaña, su recibir a las visitas...

La trama de la novela no empieza hasta que los dos amigos conocen a una viuda, Odíntsova, y ambos creen enamorarse de ella. Pero lo más interesante pasa antes, cuando se describen las rutinas de la casa del padre de Arkadi, el pasado de Pavel, su tío, o cómo todos aceptan con naturalidad que una joven criada haya tenido un hijo con el señor de la casa, pero a la vez siguen tratando a la chica como una criada más. Esa parte es la que recuerda más a las novelas clásicas rusas y, curiosamente, da igual que no haya una trama como tal, quieres saber más de la vida ociosa de los terratenientes, de su relación con sus criados, y de los padres anticuados con los hijos que se creen modernos (los nihilistas, los hipsters del XIX). Pero cuando los amigos protagonistas se enamoran y, oh sorpresa, el orgulloso, seguro de sí mismo y un poquito ostiable Bazárov se vuelve alguien más vulnerable la novela descriptiva se convierte en otra cosa, se traiciona a sí misma, empiezan a pasar cosas de una manera algo forzada y una se pregunta, ¿pero esto no se llamaba "Padres e hijos"?, ¿por qué en la página 150 se convierte en una historia de amores no correspondidos?

Toda la verdad sobre las mentiras, de José Antonio Palomares

La casete terminaba con la canción que más nos gustaba, "Un velero llamado Libertad". Esta sí la cantábamos a veces en el coche. Era alegre, no hablaba de amor y uno podía pensar que el protagonista se hacía pirata. Lo malo es que la canción decía "el mar" y no "la mar" como Rafael Alberti. Si eras poeta había que decir "la mar", era de primero de poesía. José Luis Perales tenía poca pinta de poeta, con esos jerséis de pico o su chaqueta azul marino de Galerías Preciados. Parecía, más que un poeta, un empleado triste de banco o un vendedor de enciclopedias a domicilio. A lo mejor por eso le gustaba a todo el mundo: era un funcionario de las baladas. 


"Toda la verdad sobre las mentiras" es un chute de nostalgia. El sabor de un donut con azúcar envuelto en papel de estraza, las casetes que tus padres ponían en el coche camino del pueblo... El grueso de la novela relata momentos de la infancia de su protagonista, un chaval de unos 11 años, en una época previa al boom de internet y las redes sociales, cuando tener una tele en color era lo más. Muy poco a poco, van colándose entre esas anécdotas pequeños detalles de lo que realmente pasaba en ese mundo de chicles Boomer y casetes de José Luis Perales: broncas familiares, problemas económicos o un padre que pasa demasiadas noches en el bar. Por mucho que los adultos intentan ocultar la verdad a los niños, ellos acaban intuyéndola. El libro se lee en un plis y enloquecerá a la generación EGB. Eso sí, la generación Z lo tomará por un libro de divulgación histórica.

Y vosotros, ¿también creeis que "Caperucita en Manhattan" está patrocinada por Mister Wonderful?, ¿ayer votasteis bonito o simplemente votasteis? Espero que no fuerais de ese 45% de vagos incapaces de levantar el culo de su asiento para ir a votar y también espero (por vuestro bien) que no os tocara estar en la mesa electoral. De todos modos, visto el resultado en Madrid, me reafirmo en mi último post: la democracia está sobrevalorada.

Last but not least, el miércoles día 5 de junio estaré firmando ejemplares de "El ganador se lo lleva todo" en la caseta 137 de la librería Muga, en la feria del libro de Madrid. Estaré desde las 19 horas y hasta las 21.30, ¡si me queréis venirsen!

lunes, 13 de mayo de 2019

La democracia está sobrevalorada

¿He batido mi propio record en la categoría holgazana-que-dice-que-mañana-mismo-actualiza-y-de-repente-resulta-que-han-pasado-sesenta-días? No lo sé, me da pereza comprobar el archivo del blog. A mi favor diré que he tenido unas semanas muy complicadas: he tenido obras en casa. Que mi casa tampoco es El Escorial, las obras duraron diez días, no dos meses, pero esa no ha sido la única excusa circunstancia que explica tantos días sin escribir. Hubo otra. Las elecciones del 28-A. Ahora os preguntaréis: ¿es que me he metido en política o quizá en estadística?, ¿trabajo para Tezanos y me he pasado las semanas previas llamando por teléfono a la gente para preguntar su intención de voto?, ¿era yo candidata de algún partido? Peor aún: fui presidenta de mi mesa electoral.

Aquí la prueba.

Todo comenzó cuando un muchacho llamó a casa diciendo que era de correos y yo cometí el primer error: abrirle. Recogí mi notificación y firmé, pero dentro de la carta solo avisaban de que yo era suplente de vocal o presidente. Polisuplente. Todo el mundo me dijo que no me preocupara, que era una putada faena porque el domingo me tocaría madrugar pero en cuanto formaran la mesa electoral me mandarían a casa. "A mí me pasó eso en las últimas elecciones", "a mí en unas europeas, creo", "yo fui con resaca, me mandaron para casa y me volví a meter en la cama". Eso me decía la gente. Segundo error: creerles.

Yo me leí la notificación por encima con detalle, contaba con una semana para demostrar documentalmente alguno de los poquísimos motivos que excusaban de presentarse en la mesa. Cosas del tipo: me caso justo ese día y aquí tiene usted mi lista de bodas, el presupuesto del catering y la factura del vestido de novia. De mi profunda lectura deduje que en esa semana también enviarían por correo un librito con las instrucciones para ser presidente/vocal en la mesa electoral. Pasó la semana, yo no recibí nada en el buzón y, cuando llegó el domingo, me levanté, cogí un par de mandarinas (por si acaso) y, sin tomar un café siquiera (tercer error), me fui al colegio electoral. Imaginad mi cara cuando estoy frente a la mesa, resulta que el presidente no está, nos dicen que en ese caso lo que hay que hacer es abrir la caja donde están todos los documentos, los abrimos y ahí está mi nombre como presidenta de la mesa. "Pero si a mí no me mandaron el librito", dije yo. Dio igual.

Afortunadamente, los apoderados e interventores de los partidos que andaban por ahí pululando nos ayudaron con nuestras dudas (¿dónde coño está el papelito ése que piden algunos para justificar que van a llegar tarde al trabajo porque están votando?, ¿se puede votar con dni caducado?) y empezamos.

En la tele dijeron que la participación fue altísima. Ya os digo yo que sí. Intentaba mandar un whatsapp para mandar a la mierda contar a todos aquellos que me dijeron que al final me volvería a casa que no, que estaba presidiendo la mesa, y no podía ni acabar una frase porque venía alguien a votar.

Con tanta gente, las primeras doce horas fueron entretenidas. Además, que vivo en la Latina, y eso significa actores votando y los vocales y yo cotilleando. Vino Cristina Castaño (a la que todos habíamos visto por el barrio con dos perritos patada), Javi Rey (que con su belleza casi provoca un soponcio a la segunda vocal), Amparo Pamplona (actriz de doblaje y madre de una que salía en "Aquí no hay quien viva", dije yo), Pili de Pili y Mili... También vino una cantidad indeterminada de gente despistada que no sabía si la nuestra era su mesa; otro buen grupo de gente que votaba y daba una palmadita a la urna como si le dijera "no me falles, tía"; y otros que nos daban ánimos. Que muy bien eso de los ánimos, ¿eh? pero para la próxima menos ánimos y más botellas de agua, bocadillos de lomo con queso, bolsas de risketos, lo que sea. Desde aquí me comprometo a que en las próximas elecciones yo sí llevaré algo a los de la mesa.

Las primeras doce horas fueron entretenidas, sí, pero qué calor hacía. No teníamos una triste ventana cerca y la decoración de la sala era, cómo decirlo, espantosa kitsch.

Stephen King estudió en el colegio San Ildefonso y este cuadro le inspiró para escribir "It".

A las ocho de la tarde se cierra el colegio electoral y llega el momento de contar los votos. Primero los votos por correo (comprobar que tienen la tarjeta censal dentro, abrirlos, meterlos en las urnas, así cincuenta veces porque había cincuenta votos por correo). Luego la urna del Congreso. Se separan los votos por partidos, se cuentan, se revisa que coincida con lo que se ha ido apuntando y entonces, ¡oh drama! resulta que no cuadra. A volver a contar, a volver a revisar. Luego la urna del Senado. Una cosa os voy a decir a los que votasteis a un candidato de cada partido: sois malas personas. Porque para contar el Senado había que: hacer dos montoncitos separando a quienes habían votado a un partido en bloque y por otro lado a los que habían votado nominalmente a uno de aquí y otro de allá. Luego contarlo todo y luego añadir, uno a uno, los votos nominales. Para entonces ya era la una de la madrugada y me entero (yo no me leí el librito con las instrucciones, ¿recordáis?) de que yo, como presidenta, tengo que llevar un sobre con actas varias a una sede judicial. Tras un momento de pánico consistente en pensar que me tenía que ir hasta Plaza de Castilla hasta que me dijeron que no, que había una sede en la calle Mayor, para allá que me fui.

Qué imagen aquella. Un montón de presidentes de mesas electorales de la zona centro, con nuestros sobres en la mano, caras de agotamiento. The walking dead. Hablamos entre nosotros y yo comento que espero que ahora no abran el sobre y comprueben porque fijo que me he dejado alguna cosa. Frente a nosotros, uno de seguridad o un policía (yo qué sé, tenía mucho sueño, no me acuerdo) nos escucha. Llega mi turno, doy el sobre, firmo no sé qué cosas (¿he dicho que tenía sueño?) y me dicen que me puedo ir. El policía (segurata, yoquésé) me sonríe y me dice: ¿ves como ya está? Lo mismo el chaval hasta estaba bueno y aquello hubiera podido ser un principio de comedia romántica, pero quién quiere amor pudiendo irse a su cama a descansar...

Cuando llegué a casa me esperaba esto:

¿Alepo? No, mi casa. 

Y todo esto por 65 euros. Si echáis los cálculos sale a 3.80 euros la hora, que está mejor pagado coser balones para Nike en una fábrica en Vietnam.

Una cosa os digo: la democracia está sobrevalorada. Consideremos otras opciones, que a lo mejor hemos rechazado muy alegremente. Las dictaduras no están tan mal, tienen sus ventajas, como no tener elecciones, por ejemplo. O también podemos recuperar las monarquías absolutistas, con sus cetros de oro, sus capas de armiño y ni una sola urna.

Y vosotros, ¿sois más de dictadura o de monarquía absoluta?, ¿habéis sido alguna vez vocales o presidentes de mesa?, ¿a que no sabéis que vi en mi buzón el lunes justo después de las elecciones? Sí, lo habéis adivinado: el puto librito.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Os voy a vender un proyecto

No uno, no. Os voy a vender tres. Estoy así de rumbosa.

El primero es el más factible. El casting ya está hecho y el modelo a seguir está claro. Se trata de un reality al estilo "Alaska y Mario" pero protagonizado por estas dos señoras:

La alcaldesa Manuela Carmena y la embajadora polaca Marzenna Adamczyk

La de la izquierda os sonará, es Manuela Carmena. Su doble (por parecido y por tamaño) es la embajadora de Polonia, se llama Marzenna Adamczyk, pero la llamaremos la señora polaca, más fácil de escribir. Carismática, tan adorable que le perdonamos su afición por la laca, entiende la palabra "cochiquera" (aunque no gorrino) y le toma el pelo a Broncano cuando éste la entrevista en "La resistencia". Yo a esta señora la vería 24/7. Imagináosla preparando magdalenas con Carmena, recibiendo a otros diplomáticos o haciendo cosas de señora mayor como ir a eventos que te importan un pito pero en los que se sirve un vino español.

"Carmena y Marzenna" lo tendría todo: barato de producir, programa familiar, no ofende a nadie... Qué aburrido, ¿no? Como dirían algunos ejecutivos de televisión "le falta punch". Hagamos algo más radical. Una serie cara, con muchas localizaciones naturales (Pachá, Baqueira, las Ventas, cotos privados de caza), muchos personajes y mucho de todo en general. Os presento: "Froilán rey". En el capítulo piloto, tras una semana aciaga para los Borbones que ríete tú de los primeros meses del 2012, el rey y sus herederos directos mueren y la línea dinástica dicta que Froilán debe subir al trono. Esta serie mezcla "Los Windsor" y "The crown", tomando un 99% de la primera y un 1% de la segunda, aprox.

Est último proyecto tiene punch, sí. Pero aún me guardo una tercera que es, sencillamente, el concepto ganador. Un reality... carcelario. Gran Hermano meets Vis a Vis. Supervivientes meets Prison Break. Informe Semanal meets Orange is the new black. La idea es simple: cogemos a un grupo de famosos que han tenido problemas con la ley y los encerramos en una cárcel de verdad. Tranquilos, que cuando digo de verdad no quiero decir en funcionamento, nos conformamos con un decorado natural, usando una de esas prisiones abandonadas que hay por ahí y que se usan para exposiciones, instalaciones y cosas mucho menos espectaculares que mi reality carcelario.

Hay varios perfiles que necesarios en el programa. Como corrupto vinculado al mundo político, el casting será complicado, contamos con muchos candidatos, pero mi corazón se debate entre Bárcenas y mi adorado Francisco Correa. Como folclórica que blanquea, aunque ella no sabía nada, si blanqueó fue por amor, tenemos a Isabel Pantoja. Como deportista de élite que debe millones a hacienda, pero él tampoco fue, fueron sus asesores, que él no sabía nada, contamos con Cristiano Ronaldo. Como artista internacional que debe millones a hacienda, pero ella no sabía nada, que fueron sus asesores, tenemos a Ana Torroja o a Miguel Bosé. Como acosador que asegura no sabía que las chavalas tenían 13 años, el youtuber Dalas Review.

La clave del éxito de este formato radica en que removerá a la audiencia, despertará sus afectos ocultos, en concreto, sus ansias de revancha. Los sentimientos bonitos están muy bien, no te digo yo que no, pero este programa llama al odio, a la mezquindad y la venganza. Porque qué gustirrinín daría ver a famosos y políticos de relumbrón haciendo cola para llamar por teléfono o comprando tabaco en el economato. Y para que nuestros concursantes vivan en sus carnes una prisión de verdad, añadiremos al casting un par de perfiles más: un terrorista yihadista, un asesino en serie... vamos, gente como él:


Leed mentalmente estas frases con la voz de Gloria Serra.

Igor el ruso, que ni se llama Igor, ni es ruso, en realidad nació Norbert Ferher y en Serbio, luego hizo el servicio militar en Rusia, formó parte de una banda criminal en Italia, donde pasó por la cárcel acusado de robo. Al salir volvió a robar, mató a dos personas y huyó del país. Se refugió en un sitio donde pensó que nadie le encontraría... Teruel. Allí mató a un ganadero que se enfrentó a él y a dos guardias civiles. Fijaos en el segundo 08.00 del video. Cómo mira a cámara Igor el ruso, a chungo no le gana nadie, y por eso lo necesitamos en nuestro programa.

Y a vosotros, ¿qué idea os ha convencido más?, ¿cuál se merece un bonito documento de venta?, ¿alguien tiene el teléfono de Vasile?

Además, os cuento que este viernes 15 de marzo, a las 19.30h, hay una nueva presentación de "El ganador se lo lleva todo" en la librería La Fugitiva, un sitio cuquísimo al lado mismo de la filmoteca. ¡Vénganse todos!

lunes, 25 de febrero de 2019

Tú no eres gafe, Glenn Close sí

Puede que tengas un lunes de esos de enmarcar. Que no hayas oído el despertador, llegaras tarde al trabajo, descubrieras que mandaste a la papelera de reciclaje el informe que tenías que entregar hoy y además se te ha caído el móvil y se ha roto la pantalla y, como las cosas se rompen de tres en tres (esto es así, todo el mundo lo sabe), también se te habrán estropeado la lavadora y el microondas. Te creerás que estás teniendo el peor lunes de tu vida. Pero no. Peor ha sido el día de Glenn Close.

Anoche ella iba vestida para ganar. Si iba vestida de estatuilla y todo:

Glenn Close de dorado en la alfombra roja de los Oscar 2019
Compro oro.

Además, ¿no dicen que a la tercera séptima va la vencida? A Glenn Close la habían nominado ¡7 veces!, por "Atracción fatal", por "Reencuentro", por "El mundo según Garp", por "Las amistades peligrosas" y este año por una película que ha pasado bastante desapercibida: "La buena esposa", pero daba igual, este año tocaba y punto. Ya le habían dado el Globo de oro, el premio del sindicato de actores, el de los Spirit Awards y en la vitrina de Glenn había un hueco para el Oscar. Su estilista le dijo: "Glennie, vas a deslumbrar, porque he estado estudiando el historial estilístico de los Oscar y he encontrado un patrón, para ganar hay que ir vestida de dorado". A Glenn esto le dio un poco de mal rollo, porque ya sabéis que el amarillo da mala suerte. Y eso no es una costumbre cañí, sino actoral y universal. Resulta que allá por el siglo XVII Molière vestía de amarillo cuando protagonizaba su obra "El enfermo imaginario". Le dio un ataque de tos malísimo en plena obra y, lo que hoy en día se hubiera arreglado con ibuprofeno o jarabe para la tos, en aquella época acabó con Molière muerto.

Glenn le dijo a su estilista que ni de coña se vestía de amarillo. El estilista le enseñó las fotos de Emma Watson y Cate Blanchett, las dos de amarillo, las dos con su Oscar.

- Que no, que el amarillo da mal fario- dijo Glenn Close, o a lo mejor no dijo "mal fario" y dijo algo menos racial y más anglosajón.

- Meryl lo ha llevado. Y dos veces.

- ¿Seguro? Si Meryl es muy supersticiosa. Que cruza la calle cuando ve un gato negro y toca madera para tener buena suerte y nunca brinda con agua y cuando brinda con vino dice lo de que "el que no apoya, no folla".

El estilista entonces le enseño esta prueba gráfica:


Y Glenn Close decidió que iba a ir de amarillo dorado.  Como Meryl. La ganadora de 3 Oscars y 9 Globos de oro y 3 Emmys. Si es que Meryl se transforma en sus papeles, te hace un día de Margaret Thatcher y otro de la tipa con el pelo de paje sospechosa de matar a su hijo; un día te clava el acento danés en "Memorias de áfrica" o el polaco en "La decisión de Sophie"; te hace comedia pero también drama; ¡si hasta canta bien! Glenn no es que odie a Meryl Streep, a ver, que si se encuentran en un acto benéfico o en un estreno, se saludan y hablan: "qué calor, ¿eh?, hay que ver el cambio climático", "¿quién es esa chica que está con Di Caprio, otra modelo de Victoria Secret o la misma de antes?, es que las confundo". Lo típico. Si Meryl es maja. Y eso es lo malo, que la tía aún encima tiene el cuajo de ser encantadora. Es la típica amiga maja que te hace el favor de acompañarte a un casting y resulta que la eligen a ella. Es la amiga simpática que te roba al novio (pero la gente es libre de hacer lo que quiera y que no robó nada, que quizá la relación ya estaba en crisis y tú no quisiste darte cuenta). Es la compañera de trabajo encantadora que se acuerda del cumpleaños del jefe y le hace un regalo y tú, que no te fijas en los detalles, no.

Así que Glenn Close se puso su vestido dorado con cola en plan estrella, en plan "los focos a mi persona", que diría la Pantoja. Como Meryl.


Aunque una alfombra en la que están Lady Gaga y Billy Porter eso de llamar la atención va a estar reñido. También andaban por ahí Sarah Paulson envuelta en rosa, Linda Cardellini con una bata de estar por casa llena de tul y Rachel Weisz con... ¿una torera de látex rojo?

Y Samuel L. Jackson caracterizado como su personaje en "Glass":

Spike Lee y Samuel L. Jackson, ¿o es al revés?

Pero todo eso a Glenn, plín, porque sabía que cuando dijeran "and the Oscar goes to..." sería su nombre el que oiría. Hasta había preparado un discurso memorable. Lo tenía ya escrito desde el 82, cuando la nominaron la primera vez. Lo había ido retocando cada año, con cada nominación y ahora era perfecto y completísimo, todo un carrusel de emociones: tenía una parte espontánea y alocada como en el discurso de Benigni, pero también su momento agradecido y feliz como cuando Julia Roberts ganó su Oscar y hasta había una parte cantanda, como cuando Donen agradeció su Oscar honorífico. A todo eso había que sumar las palabras de agradecimiento a la familia, el equipo, las otras nominadas porque es un honor estar a vuestro lado y bla, bla, blá. Glenn estaba repasando mentalmente los nombres del equipo técnico de su película, cuando dijeron lo de "the Oscar goes to... ¡Olivia Colman!". Y pensó por un momento: "¿y esa quién es? Ah, ya, la inglesa". Con la fuerza de la costumbre, aplaudió y sonrió como lo que es, una profesional, y escuchó el discurso de Olivia, improvisado, porque ella no se esperaba ganar, que si se lo esperara ya habría elegido un vestido menos horrendo:


¿esas mangas acaban en un lazo por detrás?

La gala se le hizo un poco larga a Glenn, solo tenía ganas de irse a casa, quitarse ese vestido tan largo y tan dorado, ponerse un pijama y comer helado mientras buscaba a Olivia Colman en la imdb. Pero su estilista le recordó que ya le habían cedido un Armani y se había comprometido a ir a la fiesta de Vanity Fair. Y, como ella es una profesional, allá que fue. Sonrió en el photocall, saludó a unos y a otros: "oye, esa Kardashian que ha venido, sí, la que se le ve el mondonguito, ¿es Kylie o es Kendall?". Menos mal que se encontró con Amy Adams. Algunas fuentes aseguran que fueron a tequilas, bebieron uno por nominación de cada una de ellas y Amy acabó vomitando en los baños del Beverly Hills City Hall mientras Glenn Close le sujetaba su larga melena pelirroja para que no se le manchara de pota.

Hoy lunes, pasada la resaca, lo primero que hará Glenn Close será despedir a su estilista.

Y vosotros, ¿conocéis a alguien con más mala suerte que Glenn Close?, ¿queríais que ganara "Roma" o, como yo, todavía no habéis conseguido verla despiertos?, ¿con quién os iríais de cañas: con Glenn Close, con Meryl Streep o con Olivia Colman?, ¿también os ha dado pereza ver "Bohemian Rhapsody" porque detrás de tanto actor caracterizado pensáis que está Joaquín Reyes?

martes, 19 de febrero de 2019

Lectura de mesilla versus lectura de cercanías

Hay gente que se pasa veinte años de su vida trabajando en el mismo sitio, con el mismo horario y las mismas labores diarias.

Yo, por no pasar, no paso ni seis meses yendo a la misma oficina. En cuanto toca escribir capítulos, los guionistas emigramos a nuestras casas, nos ponemos los pijamas más roñosos que haya por casa y no volvemos a las oficinas de las productoras hasta que nos obliguen pongan una reunión. Por este motivo mis lecturas de cercanías se han ido transformando en lecturas de mesilla de noche. Ya casi no voy a la productora, ya no madrugo tanto, ya no paso dos horas al día en medios de transporte diverso así que tendré más tiempo para ir a baile, para leer, para tener la casa limpia como los chorros del oroJAJAJAJAJAJAJA. No.

No sé vosotros pero yo el tiempo libre lo uso en la nada. Hasta leo menos porque entre leer algo antes de dormir o ver un true crime mierdero en Netflix, demasiadas veces gana el segundo. Tengo la fuerza de voluntad de un calamar, qué se le va a hacer. Aún así, me las he ido apañando para leer esto en los últimos meses:

Relatos de Henry James 
El año pasado cayó en mis manos un recopilatorio de cuentos titulado "La pierna perdida del capitán Acab". De todos los incluidos en el libro me gustó especialmente uno de Henry James titulado "Un error trágico". Así que cuando ojeando libros en la FNAC me topé con éste me dije: "pues me lo compro". Luego me di cuenta (a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que no soy muy metódica que digamos) de que "Un error trágico" no estaba incluido en esta antología. Un hurra por mí.
Antología de cuentos de Henry James editado por Penguin Books

Siempre que iba al teatro hacía uso de unos delicados pero potentes anteojos. Sabía que era un acto impropio de un hombre verdaderamente distinguido y que era una falta de consideración apuntar hacia una dama un instrumento que era tan solo algo menos lujurioso en sus efectos que una pistola de dos cañones; pero siempre le vencía la curiosidad.

Seguro que muchos de vosotros habréis leido "Otra vuelta de tuerca" o al menos conoceréis la novela de oídas. James es un experto en contar los alrededores de una historia sin nombrar nunca el meollo de la cuestión. Eso, perfecto para una historia de fantasmas, también viene muy bien a la hora de hablar de las reglas no escritas de la alta sociedad de su época. El primer cuento de esta recopilación, "el cerco de Londres" comienza con el reencuentro de la americana Nancy con un viejo amigo, el inglés Littlemore. Nancy tiene un pretendiente de la alta sociedad inglesa y está deseando medrar en el país, pero le preocupa que llegue a saberse su turbulento pasado amoroso. Todo el relato gira en torno a qué es lo que sabe Littlemore y si llegará a contarlo, mientras el pretendiente de Nancy, ella, la familia del pretendiente... murmuran y juegan sus sutiles bazas.

Si os gustan los grandes giros, la acción, la violencia... este libro no es para vosotros. Otro de los relatos más bonitos (y lentos, que todos son lentos, para qué nos vamos a engañar) de la antología es "Lo real", la historia de una pareja bella, elegante y arruinada que se ve obligada a buscar trabajo para sobrevivir. Se ofrecen como modelos para un dibujante, pero él descubre que su criada, experta en imitar a cualquiera y que le sirve para hacer tanto de aristócrata como de lo que surja, es mejor modelo que los dos auténticos aristócratas, incapaces de ser otra cosa que ellos mismos y que acaban trabajando justo en todo lo contrario: como criados.
 
Para compensar tanta damisela en apuros, tanto caballero preocupado por el qué dirán, tanto reloj de bolsillo y tantos anteojos delicados pero potentes, mi siguiente lectura fue:

El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza

Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente.

Romanos y humor en "El asombroso viaje de Pomponio Flato", de Eduardo Mendoza

Leí este comienzo y pensé: ¿diarrea?, ¿pedos?, ¿un tipo que se llama Pomponio Flato? Esto promete. Esta especie de "Vida de Brian" versión Eduardo Mendoza empieza muy bien: situaciones rocambolescas, una trama detectivesca entretenida y Mendoza siempre ingenioso. Pero según va avanzando el libro la historia va perdiendo interés, la trama de intriga te va dando cada vez más igual y, lo que es peor, te ríes menos. Da la impresión de que al propio Eduardo Mendoza le pasó lo mismo, que conforme iba acercándose al final de su novela, menos interés tenía en ella.

Además, es inevitable acordarse de "Cordero", de Christopher Moore, también ambientada en la infancia ficcionada de Jesucristo. Pero el libro de Moore, aunque irregular como el de Pomponio Flato, tiene ambición, se atreve a tratar temas más serios y esto hace que al menos mantengas las ganas de saber cómo acabará. Así que si te apetece una comedia romana/cristiana, recomiendo antes "Cordero" que "El asombroso viaje de Pomponio Flato".

Humo y espejos, de Neil Gaiman
Siguiendo esa técnica tan elaborada consistente en:

A. elegir un autor reconocido del que no haya leído nada y luego...
B. sacar de la biblioteca el libro que quede disponible...

...acabé llevándome la recopilación de cuentos "Humo y espejos" de Neil Gaiman a casa. La mayoría de los relatos son encargos que han ido haciendo a Gaiman a lo largo de su carrera y, vista la variedad, Gaiman es de esas personas que dicen a todo que sí. Oye Neil, ¿me mandas un relato para un libro homenaje a Lovecraft?; Neil, ¿no tendrás por ahí suelto un cuento sobre el Santo Grial?; Neil, oye, mira, que somos de Playboy, ¿te interesa escribir un relato para nosotros?; Neil, soy yo otra vez, que sacamos otro libro sobre Lovecraft...

Recopilatorio de relatos "Humo y espejos", de Neil Gaiman

Como primer acercamiento al universo de Gaiman, no ha estado mal. Aunque de 400 páginas y chorrochientos cuentos me quedo solo con dos, que son los que un mes más tarde aún recuerdo. El primero es una historia de andar por casa sobre el Santo Grial. Una típica anciana anglosajona de esas que hace tartas y té, y que compra compulsivamente en los mercadillos, adquiere en el ejército de salvación (ong protestante que en Inglaterra y por ahí tiene montones de tiendas de objetos de segunda mano) una copa muy cuca que resulta ser el Santo Grial. Al poco aparece en su casa el caballero Galahad, en brillante armadura y a lomos de un corcel blanco, para convencerla de que se lo dé. Pero las ancianas con afición a coleccionar cacharrería son cabezotas y a Sir Galahad le va a costar persuadirla.

El segundo cuento que me encandiló es una versión perversa de Blancanieves basado en una idea muy divertida: ¿y si Blancanieves era blanca como la nieve porque era un vampiro?, ¿y si la versión que nos ha llegado del cuento es la de la propia Blancanieves, que fue la que venció, pero la buena de la historia era en realidad su madrastra?

La actualización de mitos y cuentos, la violencia (demasiadas veces gratuita) y los puntos de partida originales se repiten en este recopilatorio. Pero no me acaban de convencer los desarrollos de las historias ni tampoco los de los propios personajes, muchas veces simplones. ¿Me he equivocado con este libro y tengo que dar otra oportunidad a Gaiman?, ¿qué me recomendáis de él?

Ciencia ficción rusa y soviética volumen I, varios autores
antología de relatos de ciencia ficción rusa y soviética, volumen I

En Reyes me regalaron este libro de portada preciosísima que incluye una selección de relatos de pioneros del género. En él hay muchas historias de ciencia ficción especulativa sobre cómo sería la vida en un hipotético futuro. Relatos que recuerdan a películas como "La vida futura" (que está en Filmin, por cierto), con poco hilo narrativo y mucha descripción de cómo se supone que será  el porvenir, aunque no aciertan ni de casualidad. Para mí los relatos más interesantes son los que van más allá de tanta descripción y cuentan una historia. Como en "Una tarde en el año 2217", de Nikolai Fiodorov, una distopía sobre una sociedad aparentemente idílica, estable y rica, pero que ha conseguido esa estabilidad a costa de sacrificar la libertad individual de sus gentes. Fiodorov estaba radicalmente en contra del comunismo y plasmó sus miedos en este relato, descorazonador:

- Me dan envidia esos individuos tan libres de antaño. Tengo celos de sus desventuras, de su hambre, y del frío de sus campesinos. Eran tan libres, tenían el mundo a sus pies, eligiendo si querían trabajar, o si no querían hacer nada, tal y como les venía en gana.
- ¿Y eso es lo que te da envidia, tener la libertad de morirse de hambre?- escupió Liuba.
- Pues sí, tener la libertad de morirse de hambre.

Pero ojo, que no todos los rusos son unos tristes de la vida. "El viaje científico a la isla de los osos" de Oleg Ivanovich Senkovski, cuenta cómo unos investigadores encuentran unos jeroglíficos en Siberia (sí, en Siberia) en los que se relata el fin de una civilización ruso/egipcia anterior a la caída de un metorito que acaba con ellos. Si este comienzo os parece disparatado, la historia que se cuenta en los jeroglíficos lo es aún más, con un señor más preocupado porque su prometida no le ponga los cuernos que por salvar la vida antes del desastre.


Y vosotros, ¿conseguís leer antes de iros a dormir o, como yo, acabáis viendo un docu reality malillo sobre Ted Bundy?, ¿qué me recomendáis de Nei Gaiman?