domingo, 26 de enero de 2020

La alfombra blanca (y repleta de logos) de los Goya

Málaga. Ext. Noche.

Llueve a mares. La lluvia en Sevilla es una maravilla, pero en Málaga es una riada y un barrizal. Los actores y actrices que ocupan los hoteles de Málaga se acicalan, se ponen el vestido prestado por Zé García, las joyas cedidas por Bulgari, los taconazos de Úrsula Mascaró. Salen a la calle y les cae encima el diluvio universal. Como si fueran Kate Moss en Glastonbury van llegando a la gala de los Goya llenos de barro. Pero no.

Imaginaos estos looks con toques de lodo, lluvia y unas botas Hunter.

Ojalá hubiera pasado esto.

Hubiera sido mucho más divertido. Hubiera sido imprevisto, loco, rockero. Pero no, la gala de anoche (hasta donde vi) fue más bien soporífera. Que el primer premio fuera para una yaya de 85 años marcó el ritmo de la noche. La señora tardó lo suyo en alcanzar el escenario y tardó aún más en recordar qué quería decir. No llevábamos ni 20 minutos y ya se estaba haciendo largo.

La alfombra, que no deberíamos llamar roja, si no de los logos, también empezó aburrida. Mucho blanco, mucho vestido minimal, mucho blanco y negro y mucho ir sobre seguro. Hasta que llegaron ellas. Gracias a Pilar Ordóñez, Mariola Fuentes y una señora vestida de mandarina por existir:


Había tantos, pero tantísimos vestidos blancos que dos personas tan diferentes como Dulceida y Silvia Abril llevaron un modelo muy similar.

Entre la marabunta de vestidos blancos que, oye, si llegas a un acuerdo con el diseñador lo mismo lo puedes usar para tu boda, lo subes a las redes y al final hasta te sacas un pico, también había alguno que se salía de la norma. Najwa Nimri lucía un salto de cama/poncho ideal para darlo todo en la próxima fiesta ibicenca:


Nadia de Santiago fue, directamente, en salto de cama. La batita transparentosa que llevaba encima era ideal, sobre todo para bajar la escaleras de tu mansión en los Hamptons camino del desayuno tipo buffet que te ha preparado el servicio. Para una gala en febrero, sin embargo, como que no lo veo.

Y hablando de la gala, la montaña rusa de emociones continuaba con una actuación de Pablo Alborán, más esa oda a la alegría de vivir que es la sección de cortos documentales, siguiendo con Jamie Cullum al piano en la sección in memoriam, más el discurso del director de la Academia de cine, más una actuación de Amaia, que es muy maja y muy riquiña, pero no deja de ser la María Ostiz de la generación Z. Mientras todo esto pasaba, la gente se levantaba y cruzaba por delante de algunas de las cámaras. Pasó tantas veces que ya parecía un gag.

Afortunadamente, no todo fue aburrido y bajonero. Silvia Abril se marcó uno de los mejores momentos embutida en mallas, haciendo de superheroína y diciendo que ella era invisible desde que cumplió los 40 para acabar el número chocándose contra la pantalla y maldiciendo el techo de cristal. Abril no fue la única en hacer un guiño al mundo de los súper héroes:


Aquí tenemos a Óscar Jaenada vestido del Enigma de las películas de Batman. Este chico trabaja mucho en Hollywood, quizá sea aspirante al papel en el próximo remake/reboot/secuela/precuela del dichoso hombre murciélago:



Belén Rueda también hizo un homenaje a un personaje icónico, en su caso vestida de azul Disney. Había quienes decían que iba de Elsa de Frozen, otros opinaban que más bien Cenicienta. Yo la veo muy Alicia en el País de las Maravillas, pero en plan remake 30 años más tarde, con Alicia ya adulta, divorciada y con hijos independizados, que mira hacia su infancia con nostalgia.

Entre villano de Marvel y Timothée Chamalet patrio estaba Eduardo Casanova. Mientras, Antonio Velázquez mezclaba muchas referencias: sus patillas podían ser Curro Jiménez o Lobezno; su traje podía ser portero del Ritz o maestro de ceremonias en el circo de Dumbo.



 Antonio Velázquez as Lobezo. Eduardo Casanova as Billy Porter.

Admito que me fui a dormir pronto, en algún punto entre la actuación de María Ostiz Amaia y el in memoriam. El formato de gala siempre se hace largo, por ritmo, por horario, por discursos eternos que te hacen darte cuenta que el tiempo es subjetivo y que hay minutos que parecen horas... Por eso creo que podemos hacerlo mejor, con un nuevo formato: el día después de los Goya. 

Estación María Zambrano. Int. Día

Actores y actrices con resaca, afonía y mocos (Nadia de Santiago y Anna Castillo fijo que cogieron frío la noche anterior) desfilan como The walking dead camino al tren. Un aluvión de periodistas que han dormido sus ocho horas y desayunado fuerte les rodean y les siguen en el trayecto Málaga-Madrid, enterándose así de quién ligó con quién, quién odia a quién, quién ha perdido su cabezón, quiénes han acosado a Almodóvar.

Y vosotros, ¿veríais ese programa post-Goya?, ¿que hacía Tamara Falcó en los Goya, es acaso la nueva Mario Vaquerizo y no nos vamos a librar de ella jamás de los jamases?, ¿estáis dispuestos a ver la próxima película de Oliver Laxe si la protagoniza él en vez de una señora de 85 años, un tipo con el pelo sucio y unas vacas?, ¿Carlos del Amor se apellida de verdad así o es su nombre artístico?

lunes, 6 de enero de 2020

Póngame a Jennifer López envuelta para regalo

Podría disimular y hacer el clásico párrafo previo donde hablo un poco de las películas y series premiadas anoche en la última edición de los Globos de Oro, pero a quién pretendo engañar. Yo le hubiera dado todo a "Parásitos". Todo. Mejor actor, mejor actriz, mejor guión, mejor comedia y mejor drama. Que no haya visto ni "Fleabag" ni "Puñales por la espalda" ni el chorrón de películas que aún no se han estrenado en España también influye. Y que "Joker" y "Dolor de gloria" me hayan dejado tibia influye otro poco.

Al tajo. Los vestidos, la moda, el brilli-brilli, el mamarrachismo:


Los que viváis y/o conozcáis Madrid habréis oído hablar de Unión Bolsera. Es una tienda mítica de Tirso de Molina donde tienen todo tipo de bolsas, paquetitos y envoltorios. Pues bien, de bolsa verde abeto navideño iba Jodie Comer y Jennifer López directamente envuelta para regalo. ¿Sabéis ese momento en los que intentas envolver algo redondo o demasiado blandito y acaba sobrando papel de regalo por todas partes? Pues eso mismo le pasó a Olivia Colman. Olivia, eres majérrima, adorable, gran actriz y seguro que mejor persona, y si se vendiera mi proyecto de programa "De vermuteo con..." tú aparecerías en el piloto. Y en el segundo programa Taika Waititi, el director de la descacharrante "Lo que hacemos en las sombras" y también de "Jojo Rabbit" (pendiente de estreno, pero con una premisa para enmarcar):


Así deberían reaccionar todos cuando dicen sus nombres en las nominaciones.

A ese hipotético programa nunca invitaría a ninguna de estas tres:

¿Susto o muerte?

Margaret Qualley, Lucy Bointon y Rooney Mara tienen algo perturbador. Tan etéreas ellas. Tan blanquísimas. Tan lánguidas. Son como el asmr, que en teoría es para relajarse y en la práctica da yuyu. En cuanto al tocado princesa Leia que actúa en el Bolshoi de Rooney Mara, no sé si me encanta o me horripila. Lo mismo me pasa con el vestido de Gwyneth Paltrow:

Aunque también te digo que la entiendo. Hay veces que te compras un conjunto de ropa interior monísimo y piensas: que lástima que esto no lo vea el mundo entero. Eso mismo pensó Gwyneth.

En cuanto al vestido abanico hecho con papel de Cate Blanchet, con pedrería estilo este sábado actúo en el Molino, me parece simplemente incomprensible. Y Charlize, pues bueno, ella es tan über perfecta que hasta con esa túnica verde corneto parece una diosa.

Y hablando de diosas (cómo hilo, ¿eh?), Gillian Anderson, con vestido corte diosa griega y espalda al aire, solo le faltaba una corona de laurel y/o una cohorte de angelotes para estar totalmente divina. Tengo la teoría de que en las últimas temporadas de Expediente X empezó a chuparle el flow y la atractividad a David Duchovny. Y diréis, qué pruebas tienes. Pues las fotos. Miradle a él antes y ahora, miradla a ella antes y ahora. Ay, Mulder, con lo que tú fuiste.

También me gustó el vestido de ¿seda?, ¿satén?, ¿raso? de Sienna Miller y el homenaje a Lola Flores que se marcó Zoey Kravitz, con más lunares que en la feria de abril.

En cuanto a los hombres de la gala, pues iban todos muy de negro, muy correctos y muy aburridos. Por favor, señores, que no les engañen. Menos no es más. Menos es menos y más es más, si ya lo dice la propia palabra. Viva el exceso, el horterismo y el "los focos a mi persona". Menos mal que estaba ahí Billy Porter camino del altar con un traje blanco con cola y un par más que se animaron a poner un poco de color a tanto blanco y negro; Wesley Snipes recordó la escena del baile de Grease (quizá el traje se lo prestó su padre, tenía chorreras y todo) y el niño Roman Griffin Davis lució chaqueta naranja y más monez que Baby Yoda.

En toda entrega de premios hay una sección que, esta vez, denominaré "como unicornios vomitando arco iris".

El premio a la más cursi se lo lleva Dakota Fanning por unir el tul, el malva, el escote corazón y las mangas abullonadas en un mismo vestido. Kirsten Dunst iba medio sobria en comparación. Kaitlyn Dever, la chiquilla de "Creedme", iba a tope de volumen y floripondios, pero llevaba el vestido más bonito de la sección "unicornios y arco iris".

Sé que os lo estaréis preguntando y, no os lo vais a creer, pero Heidi Klum no acudió a los Globos de Oro ni a ninguna de las cienes y cienes de fiestas posteriores. Es humana, a lo mejor está en cama con mocos.

Y vosotros, ¿le hubierais dado hasta el premio de mejor película de animación a "Parásitos"?, ¿a qué celebrity llevaríais a "De vermuteo con"?, ¿por qué no estaba nominada "Mindhunters"?, ¿es Gillian Anderson un vampiro?

martes, 17 de diciembre de 2019

James Bond contra la disfunción eréctil

Daniel Craig ya lo dijo: quería abandonar la saga de 007. Hubo rumores sobre la búsqueda de un nuevo James Bond, y puestos a buscar reemplazo, renovar: ya sea eligiendo a mozos que no son precisamente el epítome del macho alfa (Cillian Murphy, Robert Pattinson) ya sea a alguien que no sea blanco (Idris Elba) o a alguien que no sea hombre (Gillian Anderson). A principios del año próximo se estrena la última de Bond, "Sin tiempo para morir", en teoría la última protagonizada por el doble de Vladimir Putin y donde ya se va a dar a entender que el número 007 lo puede heredar otra persona. A todo esto, "Sin tiempo para morir", menudo título de chichinabo, parece generado por un programa aleatorio, ¿quizá por este?

Francamente, a mí James Bond me la bufa lo más grande. Llevan 25 películas de James Bond. 25. Y lo más moderno y arriesgado que han hecho en 60 años de películas de agentes secretos viajando por el mundo para salvar al ídem es que la chica Bond del Bond número 24 no fuera una chica, si no una mujer. Ahí, arriesgando. Lo más innovador que le podría pasar a esta saga es un poco de realismo. James Bond enfrentándose a su mayor enemigo: la disfunción eréctil.

En realidad, Craig aún es joven, un chiquillo de 51 años de  nada, aún le quedan diez o quince años de misiones all over the world. Liam Neeson tiene 67 años y ahí está repartiendo estopa. Harrison Ford 77 y hasta que cumplió los 70 estuvo ejerciendo de héroe de acción. Y luego está el caso de Tom Cruise. Misión imposible 7 se estrenará en el 2021, entonces Cruise habrá cumplido 59 años, pero da igual porque Cruise es el Jordi Hurtado de Hollywood, por él no pasan los años.

Tom Cruise protagonizó "Entrevista con el vampiro" porque  él es un vampiro.

¿Qué pasa con los espías de campanillas cuando cumplen años?, ¿cuando ya no pueden correr por las calles de las ciudades más fotogénicas del mundo porque les duelen los huesos? ¿Es que no les jubilan nunca?, ¿tan malo es el plan de pensiones del MI5, de la CIA?

Si hay western crepuscular, películas de súper héroes crespusculares y hasta una mezcla de todo lo anterior (y si habéis visto "Logan" you know what i mean), ¿por qué no un James Bond crepuscular?, ¿un Ethan Hunt con partenaires de su edad?, ¿un Liam Neeson yayo?

Parque exterior día. Liam Neeson lleva a su nieta a los columpios del parque. Se despista dando de comer a las palomas y para cuando quiere darse cuenta la niña no está. La han secuestrado. Liam mira al horizonte y aprieta los puños. Han cabreado al hombre equivocado, digo, al abuelo equivocado.

Liam busca a sus viejos enemigos: a los narcos colombianos, a los espías rusos, a los terroristas árabes y chechenos. Pero están todos retirados; unos con demencia senil, otros en un asilo jugando a las cartas, otros viendo obras. Liam se da cuenta de que no están para andar haciendo el mal, que el mal requiere buena forma física, así que se toma un café mientras ve una obra, mientras juega al cinquillo, mientras habla con el enfermero que cuida al espía con demencia senil y recuerdan viejos tiempo. Te acuerdas, Sergei, cuando querías destruir todo Occidente con una bomba atómica, ay qué tiempos aquellos, saluda a Raisa de mi parte, ah, que Raisa murió hace quince años, pues mis condolencias, Sergei.

Finalmente, Liam descubre la verdad, que a su nieta la ha secuestrado el padre, recientemente divorciado de la madre y peleando por la custodia. Le localiza, habla con él, se toman otro café y charlan: tío, que estas no son maneras de arreglar las cosas, vamos a hablar con los abogados, vamos a negociar la custodia compartida, yo siempre te quise como a un padre, y yo a ti como a un hijo. Abrazos, lloros, sube una música lírica-evocadora de fondo, y entonces a Liam le da un ataque al corazón. No pudieron con él ni los rusos, ni los chechenos ni los narcos colombianos, pero a su edad tomarse tantos cafés no es bueno. Entran títulos de crédito. Fin.

Yo esta película la vería. Es más, creo que debería dirigirla o José Luis Garci o Alexander Payne. Claro que también veré Misión Imposible 10 si me la ponen en un autobús o en un tren. Tom Cruise con la edad de Neeson y su partenaire femenina será Millie Bobby Brown porque las chicas de las películas de acción son como las novias de Di Caprio:


Y vosotros, ¿sois más de James Bond, de Ethan Hunt o de cambiar de canal y ver cualquier otra cosa?, ¿también sufrís al ver las peliculas de acción de Liam Neeson porque pensáis que se va a hacer pupa?

martes, 19 de noviembre de 2019

Malos de película VII: José Juan Martínez "el Rubio"

Llamarse José Juan y apellidarse Martínez Gómez no da para malo de James Bond. A lo largo de los años han pasado por esta sección dictadores caníbales, reinas de la cocaína... en comparación con ellos José Juan es poca cosa, solo un ladrón. Pero qué ladrón, amiguis. El cerebro del robo más espectacular de la historia de España: el del Banco Central de Barcelona.

José Juan Martínez después de salir de prisión, con 60 años.

Mayo. 1981. La gente lleva pantalones de campana y americanas con coderas, en la radio suenan Los Pecos, "De niña a mujer" de Julio Iglesias y este temazo. Y hacía unos meses (casi) todo el mundo se había cagado encima cuando un tal Tejero (no Fernando) entraba en el Congreso y pegaba unos cuantos tiros. En este ambiente, no precisamente chill, once atracadores comandados por José Juan Martínez entran en el Banco Central de Barcelona y toman como rehenes a las 263 personas que había dentro. Martínez, conocido en el lumpen como el Rubio, deja un comunicado en la cabina telefónica contigua al banco donde pide la liberación de "los cuatro héroes del 23 de febrero y nuestro valiente teniente coronel Tejero" y, puestos a pedir, también solicita dos aviones para huir rumbo a Argentina. O se cumplen esas exigencias en 72 horas o empiezan a matar a los rehenes. El comunicado se hace público y se organiza un gabinete de crisis comandado por el director general de la guardia civil, el general de apellidos muy de tira de Ibáñez: José Aramburu Topete.

Se suceden las escenas a lo "Tarde de perros", "El plan perfecto" o "introduzca su película favorita de atracos aquí": que si negociaciones, que si las autoridades despejando la zona, que si la Cruz Roja llevando comida a los rehenes... y se alimenta la teoría de la conspiración, se teme que detrás del atraco estén la ultraderecha o un grupo de militares afines a Tejero. Pero dentro del banco los atracadores tienen un momento más propio de "Atraco a las 3" que de "La casa de papel" al darse cuenta de que con las herramientas que han llevado no pueden perforar los muros de los túneles subterráneos por los que pensaban huir.

Pasan las horas, pasa un día entero y una tanqueta del ejército se acerca al banco con un mensaje: "de vosotros depende el trato que vayáis a recibir". El Rubio ordena a sus hombres que disparen a la tanqueta y ésta se marcha. Las autoridades ya empiezan a convencerse de que los atracadores solo son eso, atracadores, y no guardias civiles ni militares.


El Rubio sale entonces del banco apuntando a uno de los rehenes. Se pasea por los alrededores, quizá para tomar el fresco, y probablemente también para ver dónde estaban situados los francotiradores. Se pasa durante 3 minutos, pistola en mano, cigarro en boca, y vuelve a entrar. Los atracadores, que ya saben que su vía de escape no es factible, se empiezan a poner nerviosos. Los francotiradores se sitúan en edificios cercanos y desde ahí ven a un asaltante junto a un rehén. No oyen la conversación entre ellos que es tal que así (y no me la invento, la cuenta uno de sus protagonistas en el reportaje "La caja 156"):

Parece que esto se ha terminao, menudo follón habéis armao... ¿tú estás casao? Sí... me dice que tiene dos hijos varones, de la misma edad de los míos, entonces fíjate tú y en esta conversación, por aquí oigo rrrrrr...


Ese "rrrrrr" es una bala. Un francotirador ha visto que tiene a tiro al asaltante y le dispara. El hombre, José María Cuevas, muere al instante y resulta ser cuñado y hermano de dos de los otros atracadores. O los GEO intervienen ya o se lía parda. Y eso hacen. Entran por la azotea del edificio y van bajando. El Rubio decide liberar a los rehenes y salir con ellos junto con el resto de sus hombres, intentando pasar desapercibidos. Un grupo de atracadores se regudia en un hotel cercano. Pero la policía va identificando a todos uno a uno y detiene a los atracadores, también a los huidos. El Rubio, como jefe de la operación, es condenado a 30 años de prisión, los demás a penas de más de entre 20 y 25 años. Los 500 millones de pesetas que había en el banco seguían dentro, todos apilados en el hall de la entrada. No se habían llevado nada.

Pero uno no es el cerebro de un atraco como este y se queda en prisión a ver la vida pasar. En 1988 Martínez aprovecha un permiso y se fuga, con tan mala suerte que un mes después coincide en un restaurante con un policía que lo reconoce, se produce un tiroteo, dos policías mueren y el propio Rubio acaba herido. De nuevo, la comedia involuntaria se ceba con Martínez, su pistola se encasquilla y solo dispara una bala, así que no es él quien mata a los policías, sino el uno al otro, en el fragor del tiroteo. Martínez vuelve a la cárcel y en el año 96 se fuga de nuevo y otra vez, y también un mes más tarde, lo detienen. Sale de prisión años más tarde y apenas concede unas cuantas entrevistas, se escribe un libro con su historia y el Rubio retoma su vocación, vamos, el robo de bancos e intenta atracar un banco en San Sebastián. Cómo no, le pillan.

Entre fuga y fuga, entre robo y robo, José Juan da entrevistas y en ellas agranda la teoría conspirativa que siempre rodeó al atraco. Afirma haber sido contratado por dos personas, uno un tal Luis (supuesto jefe de operaciones encubiertas del CESID) y el otro el subdirector Emilio Alonso Manglano (dimitió de su cargo en los 90 por encargar escuchas ilegales) para robar un maletín que estaba dentro de la caja 156 del banco. ¿Y qué había en el maletín? Según el Rubio, documentos que demostraban quiénes financiaron el 23F y que la monarquía estaba implicada. Los GEO que intervinieron en el robo desmienten esta teoría y aseguran que no había ningún maletín, que se registró a cada atracador, a cada rehén y nadie lo llevaba. Otro de los asaltantes dice del Rubio "esa persona es un fantástico y nos ha llevado a todos a la cárcel". Aramburu Topete los definió a él y su banda como "anarquistas, chorizos y macarras".

Ojalá alguien retome todo este caso y haga un "Zodiac" a la española, que cuente la historia sin necesidad de averiguar la verdad porque lo bonito está en el proceso, en intentar encontrarle un sentido aunque no lo tenga. Si queréis saber más sobre el Rubio, Aramburu Topete y teorías conspirativas varias os doy varias opciones: la sobria de este documental de rtve, o la épica de "La caja 156", con la voz de Gloria Serra, que podría convertir en heroica una mañana haciendo la compra en el Lidl.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra teoría favorita del robo al Banco Central?, ¿conspiración pagada por oscuras fuerzas del mal?, ¿o José Juan es un fantástico, tal y como decía uno de los atracadores?

lunes, 4 de noviembre de 2019

Lecturas para la piscina (sí, en noviembre)

Quién sabe, a lo mejor vosotros tenéis cerca una piscina climatizada y mis recomendaciones piscineras no llegan tan tarde (gracias, Vodafone, por haberme tenido sin internet en casa durante un mes). Además este crazy cambio climático hace que el puente de Todos los Santos sea el nuevo Puente de Agosto. De todas formas, para compensar el retraso, en vez de cuatro libros, como es habitual, os traigo cinco. Y todos me han gustado mucho... excepto uno, ¿cuál? Pues seguid leyendo y lo sabréis:

Röhner, de Max Baltinger

Creo que soy el fin social de mi amiga F. que, cada cierto tiempo, me regala una novela gráfica con el noble objetivo de culturizarme. Y la jodida suele acertar. Esta vez me regaló un librote enorme (los librotes enormes los leo en casa, ni en el metro, ni en el cercanías, ni en la piscina, lo más lejos que viajan es al baño) titulado "Röhner". Yo lo ví, sonreí y dije: "gracias, un cómic, qué guay" y luego pensé, "esto es muy moderno y muy raro, no sé si me va a gustar". Pues me ha gustado. Y mucho.

"Röhner" es la historia de un tipo metódico, maniático, de costumbres, al que se le mete en casa el típico amigo caradura que le saca de sus casillas de tal manera que Röhner empieza a fantasear con cómo matarle. Apenas hay diálogos, todo es un dibujo aparentemente simple, muy arquitectónico y muy diferente a cualquier cosa que yo haya leído antes. Pesa demasiado para llevarlo a la piscina, pero sí es una lectura entretenidísima, que te ventilas en un par de horas.


Open, de Andre Agassi (y J.R. Moehringer)
¿A que te sentirías en la gloria, Andre? Dejarlo, sin más, no volver a jugar al tenis en toda tu vida. Pero no puedo. No solo mi padre empezaría a perseguirme con mi raqueta por toda la casa, sino que algo en mi fuero interno, un músculo invisible muy adentro, no me deja. Detesto el tenis, lo odio con toda mi alma, y sin embargo sigo jugando, sigo dándole a la pelota toda la mañana y toda la tarde porque no tengo alternativa. (...) Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, me parece la esencia de mi vida.
Yo no detesto el tenis. Podría decir que los deportes, a mí, plín. En época de exámenes, en la universidad, llegué a verme alguna final de Roland Garros autoconvenciéndome de que me pondría a estudiar en cuanto terminara el partido, como 3 o 4 horas más tarde. Pero no hace falta que te guste el tenis, ni siquiera el deporte, para disfrutar con esta autobiografía de Agassi. Está escrita de maravilla, Agassi dice al final del libro que el premio Pulitzer J.R. Moehringer fue parte fundamental del proceso y le ofreció firmarlo y él lo rechazó. Llamadme malpensada, a mí todo ese me suena a la editorial pagando muchos dólares a Moehringer y acordando que la portada sean el nombre y la cara de Agassi en primer plano. Independientemente de todo esto, "Open" es un libro en el que Agassi se abre en canal, sin miedo a caer bien o mal. Adoras al niño obligado por un padre autoritario a convertirse en tenista profesional, te da ternura el adolescente que destaca por su manera de jugar y por su look medio punk, coges manía al tenista de éxito rodeado de asistentes, con amigos famosos y una fundación benéfica a su nombre y siempre, siempre, disfrutas leyéndolo.


Cuentos sangrientos, de Emilia Pardo Bazán
Hace un tiempo, servidora trabajaba en una serie que se llamaba "Seis Hermanas", ambientada a principios del siglo XX y que podríamos catalogar dentro del género tacitas de té. De vez en cuando, por eso de documentarnos un poco, leíamos algo de novela de la época y así llegó a mis manos el relato "El revólver", de Emilia Pardo Bazán, una historia sobre maltrato donde el marido guarda un revólver en un cajón bajo llave y dice esto a su esposa:


 
Aquí tienes la garantía de que tu vida va a ser en lo sucesivo tranquila y dulce. No volveré a exigirte cuentas ni de cómo empleas tu tiempo, ni de tus amistades, ni de tus distracciones. Libre eres, como el aire libre. Pero el día que yo note algo que me hiera en el alma... ese día ¡por mi madre te lo juro!, sin quejas, sin escenas, sin la menor señal de que estoy disgustado, ¡ah, eso no!, me lavanto de noche calladamente, cojo el arma, te la aplico a la sien y te despiertas en la eternidad.

Ese relato me dio ganas de más y cuando vi en la biblioteca este compendio me dije: para casa. "El revólver" me siguió dejando tan noqueada como cuando lo leí la primera vez, pero hay otros igual de conmovedores, también escritos de manera muy sencilla y explorando lo que rodea a cómo y porqué se comete un delito: "El indulto", "Instintivo", "Un destripador de antaño", "Belona"... Pardo Bazán escribió toneladas de cuentos, y hay más libros que los recopilan temáticamente: "Cuentos de amores" y "Cuentos de verano y otoño". Si los veo por la biblioteca, los cojo.

Mitos nórdicos, de Neil Gaiman


Hace unos meses me leí mi primer Neil Gaiman (chispas) y me decepcionó. Lo mismo me pasó con las series basadas en sus novelas "American gods" (llegué al capítulo 3) y "Good Omens" (no pasé del 1). Pero estoy rodeada de gente que lo idolatra así que saqué de la biblioteca "Mitos nórdicos". Si a mí me encanta la mitología. Fijo que este libro me encanta. Pues no.

En comparación con la mitología griega, tan trágica, tan intensa, con sus parricidios y sus incestos, la nórdica es una tontunada. Consiste básicamente en una panda de dioses muy poderosos que dedican la eternidad a beber cerveza y a pelearse por artifactos mágicos con nombres chiquitistaníes: Skrymir, Megingjord, Nagalfar, Einherjar. El único dios con un poco de personalidad es el intrigante de Loki, ingenioso, cabroncete, retorcido. A su favor diré que tanto ambiente nórdico da fresquito y eso, en verano, se agradece. ¿Le daré otra oportunidad a Gaiman? Me da a mí que no.

Rey de picas, de Joyce Carol Oates


Cuando yo era un chico de unos trece años, al ver la tienda de mi padre en Main Street, una simple fachada con un escaparate entre varios establecimientos, todos ofreciendo sus mercancías a los transeúntes, se me presentaba una posibilidad alarmante: ¿Qué sucedería si nadie entrase a comprar? ¿De repente... de ahora en adelante... nadie? Se trata de una toma de conciencia aterradora cuando se tienen trece años. No es el terror de un cráneo hundido, de la sangre derramada, de la muerte. Es el terror anodino de la vida de todos los días. 

Esa última frase "el terror anodino de la vida de todos los días" define el estilo de Joyce Carol Oates y también el de esta novela, centrada en un escritor de éxito digamos moderado. Él vive de sus libros, y vive bien, pero quiere más. Porque sus libros venden mucho, pero no tienen prestigio y tampoco un estilo propio. Este escritor, padre de familia, marido y vecino ejemplar solo en apariencia, saca sus demonios bajo el seudónimo "Rey de picas" escribiendo novelas que apenas logran ser publicadas, pero que están llenas de fuerza, carácter y mala leche. Ya os podréis imaginar que el escritor acabará sacando esa rabia contenida de su otro yo a lo largo de la novela. "Rey de picas" es entretenidísima, a ratos recuerda a Stephen King a quien, por cierto, se refiere el protagonista continuamente, muerto de envidia.

Y vosotros, ¿también creéis que Moehringer es el auténtico autor del libro de Agassi?, ¿también veíais el Roland Garros como forma de retrasar el momento de ponerse a estudiar?, ¿me recomendáis novelas gráficas ligeritas que pueda llevar al metro/cercanías/autobús?, ¿más títulos de Joyce Carol Oates?

martes, 8 de octubre de 2019

Vodafone me trolea

De verdad que si no he actualizado antes ha sido porque el destino, la fatalidad, los elementos (como a la Armada Invencible, igualito) me lo han impedido. Y no os exagero ni un ápice. No. No. Porque quién soy yo, pobre consumidora del montón, comparada con una multinacional. Vodafone me ha señalado con su todopoderoso dedo, ha decidido que me iba a dejar sin conexión a internet y lo ha hecho. Esta es mi triste historia, sacad los pañuelos de papel:

Jueves. 19 de septiembre. Llego a mi casa del trabajo y no tengo conexión a internet. Hago lo típico: reiniciar, apagar, encender, revisar cables… y nada. Me digo a mí misma que mañana será otro día y fijo que la conexión, igual que se ha ido, vuelve. Qué ingenua era yo en esa época.

Viernes. 20 de septiembre. Sigo sin conexión y eso que vuelvo a reiniciar, apagar, encender, revisar cables, así que llamo al servicio técnico de Vodafone. Me sugieren que reinicie, que apague, encienda, que revise cables, me preguntan qué lucecitas están encendidas, intentan solucionarlo de forma remota, no pueden y me dicen que esté atenta a mi móvil que me llamará un técnico para concertar una cita.

Sábado. 21 de septiembre. Estoy atenta a mi móvil, pero el técnico no llama, así que vuelco mi ira en twitter donde, rápidamente, el community manager de fin de semana de Vodafone me dice que me cuente qué pasa vía mensaje directo. Lo hago. Me dice que intentarán solucionarlo.

Lunes. 23 de septiembre. El CM de Vodafone me dice que mi incidencia, tras la visita del técnico, ya está solucionada. Voy a mi casa y después de reiniciar, apagar, encender, revisar cables y todo el ritual compruebo que sigo sin conexión. Se lo digo vía mensaje directo al CM o a quien quiera que sea que escribe estas cosas y le añado que el técnico nunca ha venido ni llamado. Su respuesta: “vamos a reclamar la incidencia puesto que al dejar indicado que se te solicitaba un técnico y no comprobar más mensajes o llamadas hemos pensado que ya se había personado y tenías conexión de nuevo. Disculpa el error”. Ajá. Bueno. Vale.

Martes. 24 de septiembre. Llamo al servicio técnico, les cuento mis cuitas y vuelven a decirme que me llamarán para concertar una cita con el técnico. Les digo que eso ya me lo dijeron antes y nunca me contactaron. El teleoperador se disculpa y asegura que lo harán esta semana sin falta.

Viernes. 27 de septiembre. Otro mensaje vía mensaje directo por twitter que asegura que mi incidencia ha sido solventada. Les digo que de eso nada, que ni está solventada ni el puñetero técnico ha venido, ni llamado.

Interneeeeeeeeeet

Martes. 1 de octubre. El lunes por fin me llaman y conciertan una cita y el martes viene un técnico (una hora más tarde de la hora prevista), lo revisa todo, dice que los aparaticos (se llamen como se llamen) están bien y que si no tengo conexión es por un problema externo de la línea de Jazztel que Vodafone alquila para dar su servicio. Me dice que se concertará una segunda visita.

Miércoles. 2 de octubre. Estoy en la biblioteca de mi barrio (aprovechando la conexión a internet) cuando veo que tengo varias llamadas perdidas de un móvil desconocido. Resulta ser el técnico de Vodafone, pero me dice que ha estado esperándome media hora y que ya se ha ido. Me dice, además, que la cita ya estaba concertada. Yo le digo que no, que yo no sabía nada de esa cita. Media hora después me llama una misteriosa voz que vuelve a asegurar que sí se había concertado una cita a las 16.20. Yo lo niego, les aseguro que no han hablado conmigo. Me preguntan que si podría haberse cerrado esa cita con otro miembro de la familia. Yo le juro que mi gato todavía ni habla ni responde al teléfono.

Jueves. 3 de octubre. Viene el segundo técnico, puntual y todo. Vuelve a hacer lo mismo que el otro: revisa los cables, saca su ordenador, recibe llamadas (esta vez de esa misteriosa central que asigna las citas a los técnicos y que, según mi experiencia, funciona tirando a mal) para acabar diciéndome lo mismo que el otro técnico: que todo está bien que el error viene del cableado externo, de la línea de Orange (dice Orange, no Jazztel). Me recomienda que no vuelva a llamar a servicio técnico porque me asignarán a otro técnico que me dirá lo mismo. Le pregunto: “¿y qué hago entonces?”. Me responde: “esperar un par de días”. Yo le digo: “¿y por qué va a volver la conexión en un par de días si no ha vuelto en quince?”. A eso no responde.

Sábado. 5 de octubre. Vuelvo a llamar al servicio técnico, vuelvo a contarles toda la movida, vuelven a disculparse y vuelven a asegurarme que el servicio se reanudará el lunes.

La mitad de estos teleoperadores se ha disculpado conmigo y me ha recordado que les ponga buena nota en la encuesta posterior.

Lunes. 7 de octubre. Oh sorpresa, sigo sin internet y hago lo que ya es costumbre: llamar al servicio técnico que me aseguran que paso a ser un caso prioritario y que harán un seguimiento de mi caso.

Martes. 8 de octubre. Sigo sin internet y escribo esta entrada (desde la biblioteca de mi barrio, claro) para que cuando sean los de Vodafone los que me llamen para preguntarme que porqué me he cambiado de compañía, no tener que contarles toda esta larga historia desde el principio.

Y vosotros, ¿cuándo os sentisteis un consumidor diminuto y desprotegido por última vez?, ¿cuántas llamadas al servicio técnico de un operador de fibra y telefonía hacen falta para convertir a una persona normal y corriente en asesina peligrosa? Mis vecinos dirán: saludaba siempre, pagaba puntualmente las derramas, no entiendo porqué masacró a toda la plantilla de Vodafone España…

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Subroguemos más, subroguemos mejor

Tengo una idea de negocio. Mejor incluso que los conceptos de serie de los que os he hablado aquí y allá. Como Paolo Vasile está tardando un poco más de lo que yo planeaba en contestarme, y yo no estoy para esperar, me he lanzado a emprender. Porque si el éxito no te sale al encuentro, hay que ir a buscarlo. Porque la suerte sonríe a los valientes. Porque las ideas son locuras hasta que triunfan. Y porque no se me ocurren más frases motivacionales y no voy a comprarme un libro de Josef Ajram.  Además, que con frases inspiradoras no se levanta un imperio, no, se levanta con dinero (esto no sé si lo ha incluido Ajram en alguno de sus libros, pero debería). Por si alguno de los lectores que pasan por aquí resulta que tiene unos milloncejos tontorrones a los que no sabe cómo darles salida y quiere convertirse en mi business angel, os cuento mi innovadora idea.

Otros emprendedores se me adelantaron. Vieron que había un hueco en el mercado, existía una demanda de bebés recién nacidos y con la carga genética de sus papás (que ya hace falta confiar en los genes de uno, también te digo). Vieron que en algunos países un tanto estrictos con eso de la legalidad no era posible pagar a señoras fértiles para que gestaran el hijo de otros y recurrieron a Ucrania, a Estados Unidos, en definitiva a países en los que conseguir un arma es más fácil que viajar en transporte público. Allí, tal y como imaginaban, pudieron dedicarse al negocio que llamaron "gestación subrogada". Esa industria ya está asentada y muy de moda gracias al apoyo de celebrities como Kim Kardashian y Kanye West (otro día hablaremos de esa oscura época de mi vida en la que estuve enganchada a Keeping up with the Kardashian y cómo me desenganché el día en que Kourtney aseguró que las sirenas sí habían existido, pero se extinguieron, como los dinosaurios). También Miguel Bosé y su ya ex pareja Nacho Palau usaron la gestación subrogada para engendrar no uno, ni dos, sino cuatro chiquillos (otro día hablamos de lo mucho que me fascina esta relación de ¡26 años! y donde apenas hay fotos de los dos en público y cuando las hay Palau está siempre a varios pasos de Bosé, como si fuera su guardaespaldas en vez de su marido).

Pero yo, como emprendedora, veo algunas lagunas en la floreciente industria del alquiler de vientres de mujeres: los recién nacidos. Porque ya que el cliente paga y habitualmente paga por un bebé sano, ¿por qué no pide también un bebé como tiene que ser, es decir, con lorzas?

"Alegoría de la poesía", de François Boucher. También conocido como "Cupidos fuertecitos".

Es un hecho científicamente comprobado que a los recién nacidos les falta un poco de horno, son como magdalenas sacadas antes de tiempo, que no han subido y no están esponjosas. Los bebés nacen y ni te miran, ni te sonríen. Por no poder, no pueden ni sostener su propia cabeza. Tampoco digo que deberíamos tener un periodo de gestación como el de las elefantas, de dos años, pero uno de año y pico no estaría nada mal, así daríamos a luz a bebés rechonchotes y adorables. Bebés de anuncio. Angelotes de cuadro del Renacimiento.

Así que mi idea de negocio, que va a revolucionar el mercado de alquiler de vientres, consiste en que esas señoras altruistas que han gestado a una criatura durante nueves meses para que luego la críen otros, se queden con el bebé un poquito más y lo entreguen al cliente en su estado óptimo de maduración, es decir, cuando tenga un mínimo de 3 y un máximo de 6 meses. El tiempo dependerá de lo que el bebé tarde en generar lorzas.

Los ángeles de la Madonna Sistina de Rafael. Obra también conocida como "angelotes con mofletotes". 

¿Es una idea ganadora sí o sí? Si os interesa invertir, os paso mi número de cuenta. Ya si eso, más adelante, montaré la estructura necesaria en Ucrania, pero primero id mandándome los millones.

He estado un poco desaparecida en agosto, pero como propósito de septiembre (porque septiembre es un comienzo de año más comienzo de año que enero) me he prometido actualizar más a menudo. Otra cosa es que lo cumpla, claro.