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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tu vuo fa l'italiano

Pues va a ser que no soy blogger profesional. Tendré que conformarme con seguir como hasta ahora: actualizar el blog de forma más o menos regular, sin contraprestación económica de por medio y con los comentarios de los habituales.

La competición de Terra de Bloggers resultó ser una batalla pero de verdad. Y yo que pensaba que eran los de Terra intentando darse aires épicos al explicar las reglas del concurso... Pero no, fue verdaderamente una batalla que ni la de Enrique V. 24 horas dando el coñazo la barrila a amigos, conocidos, amigos de amigos y hasta a conocidos de amigos, venga a decir gilipolleces cosas en twitter, venga a responder cualquier chorrada comentario de los amigos... Pero no soy lo suficientemente popular en twitter. No soy la jefa de animadoras. Ojo, que tampoco soy miembro del club de ajedrez, durante más de la mitad del concurso estuve entre los 20 primeros. Incluso, durante una hora (agotadora) llegué al puesto 18. Pero a la mañana siguiente me derrumbé. Mis amigos o no madrugan o no se conectan a twitter por las mañanas, y quedé fuera de los 20 primeros. Este sábado sólo los diez primeros se enfrentan en un reto presencial ¿Será un Grand Prix de bloggers?, ¿les harán pruebas tipo el temible rosco de Pasapalabra?, ¿tendrán que desfilar con traje regional, traje de baño y traje de noche? No lo sé, y no estaré aquí para verlo porque... ¡me voy a Italia!



El mundo de los cortometrajes siempre ha sido muy surrealista y, como muestra de ello, han seleccionado "Lo último que hago para el Notodo" en el  Festival Magma , que se celebra en una pequeña ciudad de Sicilia: Acireale.

Un corto rodado en casa, autoproducido, que ni siguiera pasó la criba de los finalistas en el Notodofilmfest... se va de viaje a un festival internacional y, aquí viene lo más surrealista de todo, ¡pagan parte del viaje! Y yo, que estuve años comprándome la hidratante de coco del Yves Rocher porque daban cosas gratis, horrorosas, sí, pero gratis, allá que voy. Dicen que "te quiero", "libertad" o "esperanza" son las palabras más hermosas del vocabulario ¡JA! La mejor palabra del castellano moderno es "gratis".

Además, ¿hay algún país más bonito que Italia? Puede que sí pero, reformularé la pregunta, ¿hay algún país más bonito y comunicado por vuelos baratos low cost con Madrid?, ¿y donde, además, te entienden a la primera? Ya conozco Roma, Nápoles... y ahora toca Sicilia. Donde espero ver la ración habitual de ruinas por todas partes, comida espectacular, transporte público caótico y pueblitos ideales dignos de salir en cualquier anuncio de perfume de Dolce & Gabbana.

Vale, quizá mi concepto de Italia esté un pelín idealizado:



Renato Carosone canta, en dialecto napolitano, a esos horterillas que en los años 50 imitaban en todo el estilo de los americanos:

Tú quieres hacerte el americano, americano, americano...
escúchame, ¿crees que merece la pena?
Quieres ir a la moda,
pero si bebes "whisky and soda"
luego te sientes mareado.
Bailas rock and roll,
juegas al beisbol...
pero el dinero para los Camel,
¿quién te lo da? ¿El bolsito de mamá?

Tú quieres hacer el americano, americano, americano...
¡pero naciste en Italia!

A mí me pasa algo parecido a los napolitanos horterillas de los 50. Ellos querían parecerse a los galanes de Hollywood y yo quiero parecerme a las protagonistas de los anuncios de pasta italiana. Me veo paseando por el pueblo siciliano, con mi vestido de flores ondeando al viento. Pena que sea invierno y el jersey de cuello vuelto, las botas y el abrigo forrado con borreguito me estropeen el look.

lunes, 9 de abril de 2012

Encantados de habernos conocido

Tenemos una idea equivocada de la comunidad científica. Ni esos profesores de instituto estilo Gutiérrezqueleveo, ni Big Bang Theory ayudan a eliminar el mito de gente aburrida que habla de cosas ininteligibles.

Pero los científicos son como tú y como yo, se hacen miembros de grupos de facebook como "Que me Aspen, Colorado" y les gustan los chistes tontos del tipo "Pepe, aquí huele a muerto, Pepe, Pepe, ¡Pepe!". Y para demostrarlo ahí están sus experimentos.

Es el caso del psicólogo Winthrop Kellogg, no confundir con este otro Kellogg. Winthrop pensó que era una gran idea criar a la vez a su hijo Donald y a Gua, una chimpancé. Su esposa, Luella, no le mandó a paseo, ni pidió el divorcio, ni pensó que su marido dedicaba demasiado tiempo a sus experimentos. Qué va. Le pareció una idea estupenda siempre y cuando:

A. Vistieran al chimpancé igual que al bebé.
B. Lo filmaran todo.


El experimento quería comparar el proceso de aprendizaje de un primate con el de un humano. Como se ve en el video, Gua, la chimpancé, iba ganando. Señalaba su nariz perfectamente, daba abracitos a su medio hermano y usaba mejor que él el vaso y la cuchara. Afortunadamente para Donald, para los Kelloggs, y para los humanos como raza, la curva de aprendizaje de Gua frenó y la de Donald creció. Gua hizo carrera como doble de luces de Chita en las películas de Tarzán, y Donald se convirtió en un chico normal y corriente que tuvo que aguantar que sus padres proyectaron la película en la que un chimpancé era más listo que él en todas las cenas de Acción de gracias.

Sí, los científicos son unos cachondos.

En el departamento de pruebas científicas divertidas, probablemente fundado por el doctor Winthrop Kellogg y donde seguramente llevan batas estampadas con dibujos de pequeños microscopios, similares a los gorritos estampados de los cirujanos ligones de "Anatomía de Grey", hicieron un experimento. Mostraron a varios voluntarios tres fotos de ellos mismos: dos de las fotos estaban retocadas con photoshop, y una no. Todos señalaron como la no retocada aquella en la que salían más favorecidos. Obviamente, se equivocaban.

Conclusión: nos vemos más guapos de como somos.

Pero no sólo nos vemos más guapos de como somos en realidad. También nos vemos más inteligentes, más ingeniosos, mejores conductores, nuestra tortilla de patata es la más perfecta. Que el grupo de científicos especializados en los experimentos cachondos también lo ha demostrado. Hicieron encuestas entre profesores, y las dos terceras partes se consideraban entre el 10 por ciento de los mejores. Los números no cuadran... Pero este escuadrón de esforzados científicos aún hizo otra encuesta más, preguntando a conductores envueltos en accidentes de tráfico. Se podría pensar que después de empotrar el coche, no sé, pongamos por ejemplo en un Starbucks, uno hace algo de autocrítica y se ve como un conductor regulero. Pues no. Según los estudios de los científicos de las batas de colores, hasta esas personas se consideran a sí mismas buenas conductoras.

Al final eso que dice todo pesimista de que él, en verdad, es realista, va a resultar que es cierto.



Seguro que ese mismo departamento de experimentos divertidos hizo esta prueba sobre la capacidad de espera y la capacidad de sufrimiento de los menores de cuatro años.

Detrás de todo comportamiento demostrado científicamente suele haber un motivo lógico y razonable. Nos vemos mejores de como realmente somos para proyectar a los demás esa visión que tenemos. Y todo con el fin de reproducirnos. Es decir, de ligar más. O de triunfar más. Ganar más dinero a fin de mes. Pero, ¿qué pasa cuando esa tendencia universal que tenemos todos de vernos mucho mejor de como somos no funciona? A fin de cuentas, estamos usando todos el mismo truco. Los que nos pasamos la vida presentándonos a concursos, festivales, convocatorias de subvenciones, pruebas de guión... también nos pasamos la vida esperando respuestas que no llegan o respuestas que son negativas.

Hace bien poco "Lo último que hago para el Notodo" recibió respuesta negativa por parte del jurado del Notodofilmfest y no pasó la criba de finalistas. Por supuesto, yo pensé que era injusto. Pero, ¿cuántos de los no seleccionados pensaron lo mismo?, ¿y cuántos llevamos razón?, ¿cómo saber si lo estás haciendo bien o mal? Dedicándonos a algo tan subjetivo como es el audiovisual nos pasamos toda la vida conviviendo con las críticas y los noes. Menos mal que tenemos fijado en el subconsciente ese estar encantado de habernos conocido que hace que creamos que a la próxima el no será un sí.

Y vosotros, ¿qué experimento absurdo haríais si fuerais parte del departamento de experimentos chachis?

lunes, 19 de diciembre de 2011

Es triste de robar, pero más triste es de pedir

No es que me haya hecho el lío con el refranero. Para nada. El título de este post es una verdad como un templo. Sobre todo si andas preparando un corto para el Notodofilmfest y te hinchas a mandar correos electrónicos, escribir privados de Facebook, dejar mensajes en buzones de voz… pidiendo favores. Que si hazme un precio con la cámara, anda porfa. Que si me podrías pasar el correo personal de tal actor. Que si no podrías hablar con tu primo, aquel que trabajaba en un bar, a ver si puede hablar con su jefe y nos deja el bar para grabar, que te juro que será un momento y recogeremos todo…


Y cómo es la gente, oyes, que la mayoría ni te responde a los correos electrónicos.


Que sería más rápido y eficaz robar, eso os lo digo desde ya. Un alunizaje en una de las empresas de alquileres de equipo y ala, a rodar como una loca.


Pero ni siquiera esa opción es tan perfecta como parece, y no sólo porque me dé miedo conducir por Madrid o porque no me acuerde de cómo se metían las marchas o porque tenga miedo a acabar en prisión con Isabel Pantoja, la infanta Cristina y Marisol Yagüe de compañeras de celda. El problema es que ni siquiera sabría qué robar. Cuando oyes hablar a un director de fotografía te pasa lo que a un amigo de padres de origen alemán, que decía en la guardería que se llamaba Antón Goutayer Backmaier y todos se pensaban que el pobre nene todavía no hablaba bien. Pues los directores de fotografía igual, no se sabe si hablan en klingon o en élfico: Stico, barricuda, fresnel, manga schuko… ¿pero qué es todo eso?

Además, ni aún robando todo el material se hace el corto fácilmente. Hay que buscar un sitio y, amigos/as, cualquiera que haya tenido un rodaje en su casa sabe que no repetirá. Es como tener todos los inconvenientes de una fiesta y ninguna de sus ventajas. Se van todos, tienes que limpiar y ni siquiera hay alcohol o posibilidades de ligue de por medio.

¿Una fiesta salvaje?, ¿una despedida de soltero?, ¿una Nochevieja a la que se apuntó demasiada gente? Pues no, los restos de un rodaje.


Pero supongamos que no sólo he robado todo el material de iluminación existente, sino que también he ocupado una casa. Aún tendré que encontrar al equipo porque, amigos/as, que no os engañen los que van de Juliomedem por la vida. Por muy director autor que uno sea, las películas se hacen entre mucha gente. Aún prescindiendo de script, ayudante de dirección y auxiliares de producción (y prescindes porque no caben en la casa, no por ganas de tenerlos a todos), necesitas a alguien que se ocupe de vestuario, de arte, de la cámara, el sonido y, por supuesto, necesitas actores. No sólo hay que convencerlos para que lo hagan gratis, que eso, si me apuras, es lo más fácil, ¡lo peor es que hay que ponerse de acuerdo en las fechas! Y eso sí que es una tortura.


Así que en esas estoy, haciendo un corto, digo, pidiendo favores. Y si:
- Conocéis a un sonidista con equipo propio
- A alguien que tenga un bar y no le importe que se grabe ahí
- O simplemente tenéis un coche grande y tiempo libre…


¡¡¡Llamadme!!!


O, al menos, votadme. En cuanto esté listo el corto volveré por aquí a daros la paliza. Que no es tan fácil librarse de mí…