Que no lo digo yo. Que lo dice The Guardian.
- Las razones “serias”Japón ha vivido unos cambios radicales en su sociedad. En menos de un siglo ha pasado de ser una sociedad feudal, tradicional y con ínfulas imperialistas a una sociedad capitalista, informatizada y moderna. Pero pasar de una época a otra no es tan simple. Hoy, el 70% de las mujeres trabajadoras que se casan acaban abandonando sus trabajos. Las mujeres de esta segunda sociedad no quieren renunciar a sus trabajos por convertirse en esposas que todavía son como las de esa primera sociedad. El matrimonio, en Japón, sigue siendo una institución muy tradicional.Los hombres también pagan el peaje de un salto sociológico tan brutal. El clásico padre de familia mantenía a todo el clan. Hoy, si su sueldo es menor que el de su esposa, sienten que han perdido la hombría. La tradición pesa tanto que hay un tipo de prostitución, que aquí ni siquiera se llamaría así, consistente en masajistas de orejas. El cliente se tumba, se relaja, y una chica guapa con guantes primero, y después sin los guantes (a lo loco) le da un masaje en las orejas cariñoso y maternal. Tal y como haría una esposa tradicional.
- Fantasía versus realidadLas mujeres de los anuncios, del manga y de la industria erótica japonesa no tienen nada que ver con la japonesa real. No estamos hablando de una versión guarrona de la realidad, como sucede en el porno occidental (mujeres reales, pero teñidas y operadas). Las mujeres del anime erótico ni siquiera son humanas: tienen unos ojos enormes a lo Candy, Candy, tetas estratosféricas, piernas largas como la M-50, que a una mujer de canon normal le llegarían a los sobacos. A un japonés le pasa que quiere esto:Y lo que encuentra a su alrededor es esto:En el reportaje de Documentos TV lamentablemente titulado "El imperio SinSexo" (seguramente lo titularon los mismos que pensaron que "Ice Princess" es "soñando, soñando, triunfé patinando), un treintañero regordete llamado Fumiyo cuenta que no hace el amor con su novia desde hace 3 años porque le da pudor contarle cuáles son sus auténticos gustos. Fumiyo es como Chicho Terremoto, fantasea con tocarles el culo a las chicas en el metro, pero también con disfrazarse de bebé. Pero la realidad es que se muere de vergüenza antes de confesárselo a su novia.
El amor no es trendy
Un tercio de los jóvenes nipones entre 20 y 30 años considera el matrimonio, pero también la pareja, como algo anticuado. Mientras la sociedad europea (o al menos la mediterránea) está pensada para la pareja, la sociedad nipona está pensada para el individuo. Es normal comer solo. Las raciones de comida son pequeñas. Los apartamentos son minúsculos. La libertad se logra con la vida independiente. Valoran más la soledad que la vida en pareja. Ryo (que también aparece en el reportaje de Documentos TV) lleva 5 años yendo dos veces al mes, solo, al karaoke, y encantado, porque no hay nadie que critique lo mal que canta, y porque puede elegir todas las canciones que quiera. Ryo se reivindica como hervíboro y está feliz de la vida, porque tener novia no estaba mal, pero está mucho mejor hacer lo que le da la gana siempre.
No todos los japoneses piensan que el amor no es para tanto. Los hay que buscan pareja, pero se les da mal. Kota, 34 años, alma pura y muy tímido, recurre a Neko Cafés (cafeterías de gatitos) a sentir un poco de contacto felino, ya que no consigue del otro. En Tokio hay más mascotas que bebés.
En el reportaje de TVE aparecen montones de hombres en el Neko café, son el daño colateral de todas esas mujeres que pasan de salir con nadie. Me apuesto una caja roja de bombones de Nestlé a que en la gatoteca deMadrid, en Lavapiés, está llena de mujeres y prácticamente no hay hombres. - La perezaY esto lo entiendo. Porque, qué pereza cósmica da enfrentarse a ese momento borracho que te entra en un bar de Huertas un sábado por la noche. El flirteo, la conquista y la seducción son agotadoras, así que los japoneses optan por ligar con mujeres que no les van a mirar con cara de asco cuando les digan: ¿y tú estudias o trabajas? Y esas mujeres son las love dolls:"Nuestras muñecas no son complicadas, ni pesadas, y por supuesto no hay que hacerles regalos".Como dice su fabricante “no dicen `para´ o me `haces daño´, y sólo pesan 24 kilos”. Fumiyo (aka Chicho Terremoto) dice que a veces su novia tiene ganas de mambo, y él también, pero se le pasan en cuanto piensa que la idea es que ella debe pasárselo bien, y no sabe si lo va a conseguir. Fumiyo es el perfecto cliente potencial de las love dolls.
Y vosotros, ¿creéis que los japoneses se han vuelto locos?, ¿los hervíboros son una moda freak, como los tamagochis?, ¿o tienen su parte de razón y las relaciones personales son demasiado complicadas y es mejor pasar de todo para ir a cantar al karaoke a tu bola?, ¿os animáis algún día a ir al Neko Café de Madrid, la gatoteca?
Ah, y no os libráis de la agenda semanal de festivales. El día 6 se proyecta "Lo último que hago para el Notodo" en el festival de Villafranca del Bierzo, en León.












