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miércoles, 4 de diciembre de 2013

El sexo está sobrevalorado


Que no lo digo yo. Que lo dice The Guardian.

En realidad, para ser rigurosos, lo dicen los japoneses.  Y no es una pose a la inversa, como cuando un concursante de Gran Hermano dice que no sabe cómo va a aguantar 3 meses en la casa sin sexo y tú, desde el sofá de tu casa, piensas: "menos lobos, Caperucita". No, no es que los japoneses digan una cosa y luego hagan otra. El 49% de las solteras y el 61% de los solteros nipones de entre 18 y 35 años no mantienen ningún tipo de relación amorosa, ni noviazgos, ni amantes, ni un aquí te pillo aquí te mato en los cuartos de baño de un antro mientras de fondo suenan The Black Eyed Peas. Es tan habitual este desinterés que hay hasta un nombre para los hombres heterosexuales que piensan que las relaciones sentimentales y el sexo no les interesan: "hervíboros".

Y como este es un blog serio, paso a analizar los motivos para convertirse en hervíboro:
  • Las razones “serias”
    Japón ha vivido unos cambios radicales en su sociedad. En menos de un siglo ha pasado de ser una sociedad feudal, tradicional y con ínfulas imperialistas a una sociedad capitalista, informatizada y moderna. Pero pasar de una época a otra no es tan simple. Hoy, el 70% de las mujeres trabajadoras que se casan acaban abandonando sus trabajos. Las mujeres de esta segunda sociedad no quieren renunciar a sus trabajos por convertirse en esposas que todavía son como las de esa primera sociedad. El matrimonio, en Japón, sigue siendo una institución muy tradicional.

    Los hombres también pagan el peaje de un salto sociológico tan brutal. El clásico padre de familia mantenía a todo el clan. Hoy, si su sueldo es menor que el de su esposa, sienten que han perdido la hombría. La tradición pesa tanto que hay un tipo de prostitución, que aquí ni siquiera se llamaría así, consistente en masajistas de orejas. El cliente se tumba, se relaja, y una chica guapa con guantes primero, y después sin los guantes (a lo loco) le da un masaje en las orejas cariñoso y maternal. Tal y como haría una esposa tradicional.

  • Fantasía versus realidad
    Las mujeres de los anuncios, del manga y de la industria erótica japonesa no tienen nada que ver con la japonesa real. No estamos hablando de una versión guarrona de la realidad, como sucede en el porno occidental (mujeres reales, pero teñidas y operadas). Las mujeres del anime erótico ni siquiera son humanas: tienen unos ojos enormes a lo Candy, Candy, tetas estratosféricas, piernas largas como la M-50, que a una mujer de canon normal le llegarían a los sobacos. A un japonés le pasa que quiere esto:
     Y lo que encuentra a su alrededor es esto:


    En el reportaje de Documentos TV lamentablemente titulado "El imperio SinSexo" (seguramente lo titularon los mismos que pensaron que "Ice Princess" es "soñando, soñando, triunfé patinando), un treintañero regordete llamado Fumiyo cuenta que no hace el amor con su novia desde hace 3 años porque le da pudor contarle cuáles son sus auténticos gustos. Fumiyo es como Chicho Terremoto, fantasea con tocarles el culo a las chicas en el metro, pero también con disfrazarse de bebé. Pero la realidad es que se muere de vergüenza antes de confesárselo a su novia.

    El amor no es trendy
    Un tercio de los jóvenes nipones entre 20 y 30 años considera el matrimonio, pero también la pareja, como algo anticuado. Mientras la sociedad europea (o al menos la mediterránea) está pensada para la pareja, la sociedad nipona está pensada para el individuo. Es normal comer solo. Las raciones de comida son pequeñas. Los apartamentos son minúsculos. La libertad se logra con la vida independiente. Valoran más la soledad que la vida en pareja. Ryo (que también aparece en el reportaje de Documentos TV) lleva 5 años yendo dos veces al mes, solo, al karaoke, y encantado, porque no hay nadie que critique lo mal que canta, y porque puede elegir todas las canciones que quiera. Ryo se reivindica como hervíboro y está feliz de la vida, porque tener novia no estaba mal, pero está mucho mejor hacer lo que le da la gana siempre.

    No todos los japoneses piensan que el amor no es para tanto. Los hay que buscan pareja, pero se les da mal. Kota, 34 años, alma pura y muy tímido, recurre a Neko Cafés (cafeterías de gatitos) a sentir un poco de contacto felino, ya que no consigue del otro. En Tokio hay más mascotas que bebés.

    En el reportaje de TVE aparecen montones de hombres en el Neko café, son el daño colateral de todas esas mujeres que pasan de salir con nadie. Me apuesto una caja roja de bombones de Nestlé a que en la gatoteca deMadrid, en Lavapiés, está llena de mujeres y prácticamente no hay hombres.

  • La pereza
    Y esto lo entiendo. Porque, qué pereza cósmica da enfrentarse a ese momento borracho que te entra en un bar de Huertas un sábado por la noche. El flirteo, la conquista y la seducción son agotadoras, así que los japoneses optan por ligar con mujeres que no les van a mirar con cara de asco cuando les digan: ¿y tú estudias o trabajas? Y esas mujeres son las love dolls:

    "Nuestras muñecas no son complicadas, ni pesadas, y por supuesto no hay que hacerles regalos".

    Como dice su fabricante “no dicen `para´ o me `haces daño´, y sólo pesan 24 kilos”. Fumiyo (aka Chicho Terremoto) dice que a veces su novia tiene ganas de mambo, y él también, pero se le pasan en cuanto piensa que la idea es que ella debe pasárselo bien, y no sabe si lo va a conseguir. Fumiyo es el perfecto cliente potencial de las love dolls.

    Y vosotros, ¿creéis que los japoneses se han vuelto locos?, ¿los hervíboros son una moda freak, como los tamagochis?, ¿o tienen su parte de razón y las relaciones personales son demasiado complicadas y es mejor pasar de todo para ir a cantar al karaoke a tu bola?, ¿os animáis algún día a ir al Neko Café de Madrid, la gatoteca?

    Ah, y no os libráis de la agenda semanal de festivales. El día 6 se proyecta "Lo último que hago para el Notodo" en el festival de Villafranca del Bierzo, en León.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ponga un fantasma en su vida

Andrés Pérez Riobo y Chiyo Chida son pareja y residentes en Kioto. Él es historiador y escribe y ella es diseñadora y también dibuja. Podrían aparecer en un "Españoles por el mundo", enseñando su pisito minúsculo, algún hotel cápsula, algún karaoke, los templos de Kioto, saludando a su familia y contando lo mucho que echan de menos el jamón y a los amigos. Lo mismo han salido y todo, ni idea, lo que sí sé es que Andrés y Chiyo (que no Chayo) han escrito este libro: "Yokai, monstruos y fantasmas en Japón".

Y de repente he entendido qué puñetas son todos esos bichos de las películas de Miyazaki, por qué los japoneses tienen esa obsesión por las mascotas y por qué este ser extraño estaba en la puerta de montones de tiendas y restaurantes en Japón:
El tanuki o perro mapache, es un yokai y un amuleto que atrae la suerte y el dinero, de ahí que se coloque en la entrada de los establecimientos comerciales. Esas pelotas tamaño XL son característica del perro mapache, no lo digo yo, que lo dice la wikipedia.

Porque yo he estado en Japón. Que hacía como 4 o 5 posts que no lo dejaba caer, así, como quien no quiere la cosa. Pero yo fui sin hacer los deberes, me llevé la Lonely Planet, mudas limpias y poco más.

Los yokai, explican Chiyo y Andrés, son un punto intermedio entre el fantasma y el monstruo y pertenecen a la tradición japonesa desde la Edad Media. En el Japón rural los yokai servían para esclarecer todo tipo de hechos inexplicables, eran el Iker Jiménez medieval. Que las cosas se mueven de sitio sin motivo aparente, será porque las ha movido un yokai. Que notas una corriente de aire misteriosa, culpa de un yokai. Que qué mala suerte tienen los Yamamoto, que se les ha echado a perder la cosecha y un incendio ha quemado su casa, será cosa de un yokai. Y así todo.

Los yokai tomaban la forma de animales o humanos y los había de todo tipo: tontorrones, como Okkeoyashi, el fantasma que se dedica a tirarse pedos; o espeluznantes, como Kejoro, la prostituta de larga cabellera que mata a sus clientes:

¿No os recuerda este yokai a la chica del pozo de "The Ring"?

En los siglos dorados de Japón, el periodo Edo (donde se ambientan todas las películas de Kurosawa), se desarrollan las ciudades y la burguesía y la tradición yokai se banaliza. Se hacen obras de teatro donde los yokai son parte de la historia, se ponen de moda los dibujos que los representan, y se hace hincapié en su lado más divertido y surrealista.

Por ejemplo, los tsukumogami suelen ser monísimos. Son objetos viejos, que ya no usamos, y que entonces son tomados por un yokai, que lo posee y hace trastadas hasta que el dueño del objeto le vuelve a dar un uso útil. Cualquier cosa puede ser poseída por un yokai: un parasol, una sandalia, o una lámpara:

Lámpara triste porque no la usan.

Pero sigamos en plan pedagógico. Japón se abre al exterior tras la II Guerra Mundial y la tradición yokai se adapta a los tiempos, en forma de manga y anime. Mizuki Shigeru es el culpable, autor del manga "Gegege no Kitaro", que puso de moda a los yokais, y de qué manera, porque su obra se ha adaptado para la televisión la friolera de ¡5 veces! A varias generaciones de japoneses los yokais de Shigeru les han marcado tanto como a nosotros "Verano azul" o "V".

Internacionalmente, quien más a popularizado a los yokais (o lo que para nosotros serían esos bichitos tan monos que vete a saber tú qué son) es Miyazaki, el creador del Estudio Ghibli y de varias obras maestras de la animación contemporánea, como "El viaje de Chihiro". Precisamente en esa película, entre decenas de monstruos de todo tipo, aparece una versión diminuta del Keukegen o Peluso, que suele traer malos presagios y además sentirse atraído por la suciedad. Moraleja, tener la casa limpia espanta la mala suerte:

A la izquierda el keukegen de Miyazaki, a la derecha el tradicional.

Hasta su versión de la sirenita, la preciosísima "Ponyo en el acantilado" es una especie de yokaización del cuento clásico de Andersen.

Pero hay muchos más ejemplos de yokais simpaticones en el cine reciente japonés. Ahí está "Una carta para Momo", donde una niña entra en contacto con tres yokais que la ayudarán a mandar un mensaje a su padre, muerto recientemente.


O "El verano de Coo", en el que un niño encuentra fosilizado a un kappa. Los kappas son uno de los yokais más populares, hasta el punto de que incluso en el siglo XX se consideraba que era un animal por descubrir, algo así como el Yeti.

Dios del río venido a menos, el kappa es más travieso que otra cosa, y es feo como él solo. Mitad anfibio, mitad humano, viscoso, muy delgado y con una especie de plato en su cabeza, que debe estar siempre húmedo o el kappa se marea y pierde su energía.

Ejercicio de agudeza visual, ¿quién de todos estos es el kappa?

Si os gusta el anime, la mitología o la estética nipona, no os podéis perder la exposición "Japonismo" en el Caixa Fórum de Madrid. Y, por supuesto, tampoco os podéis perder la visita a la tienda del museo, donde encontré "Yokai, monstruos y fantasmas en Japón".

Y vosotros, ¿cuál es vuestro yokai preferido?

Ah, y no creáis que os libráis de la clásica agenda de proyecciones. "Lo último que hago para el Notodo" estará en el festival de Cuenca, mañana jueves.

lunes, 30 de mayo de 2011

El plan B

Tengo un guilty pleasure muy guilty, pero very, very. Me gusta “Madrid a la última”, un programa de Tele Madrid presentado por Marta Robles. Sí, en Tele Madrid. Sí, Marta Robles.

Pero si esos dos motivos ya os parecen suficientes para detestar el programa, esperad... porque su colaborador fijo es Carlos García Calvo. Ese hombre que jamás ha sonreído, jamás ha acertado el nombre de nadie medianamente famoso a la primera, ni se ha puesto una camiseta de algodón. Ése.

Básicamente “Madrid a la última” es una guía del ocio de las compras y el pijerío en Madrid donde caben nuevos restaurante tailandeses en Serrano, clínicas donde hacerte tratamiento de ácido hialurónico o cremas con polvo de oro iguales a las que usan las celebrities. Como una Telva televisada. Mi sección preferida es cuando Marta, casi siempre enfundada en vaqueros blancos, botas con taconazo, abrigo de pieles y joyas de oro a tutiplén:

vamos, hecha una hortera, aunque Carlos García Calvo le asegure todos los programas que está divina, se da un paseo por los lugares preferidos de Madrid con algún medio famoso, en general un actor. Y entonces, aparte de descubrir la cantidad de cafeterías monas con “macarons” y cartas de té que hay en Malasaña, descubres que todos los actores tienen o un bar o un restaurante.


Lógico, es una manera de invertir los ahorros de haber trabajado en una serie, por si la serie se acaba y no te vuelven a llamar para otra. Algo parecido a lo que nos pasa a los guionistas con la pequeñisísima salvedad de que nosotros no podemos contar con nuestra fama ni nuestra agenda de gente conocida para dar tirón al local. Así que me he puesto a pensar en planes B por si esto del guión no tira y pensando, pensando, resulta que tengo un plan B, y un C, un D, y hasta un E. Será por planes.


Los planes B y C son inventos y me hace falta un ingeniero para que se lleve un generoso porcentaje (entre el 5 y el 10 por ciento, a negociar) y cree los dispositivos. El plan B consiste en crear un chip con el que se puedan hacer perdidas a todos los objetos que solemos perder. Es fácil encontrar el móvil haciéndole una perdida desde el fijo así que, ¿por qué no hacer lo mismo con las llaves, las gafas de sol, la cartera…?


El plan C consiste en un aparato que hace que nuestra cama se mueva con el mismo bamboleo de un coche. ¿Por qué cuesta tanto dormirse en la cama y tan poco en un coche? Con el tiempo el dispositivo imitará el bamboleo de trenes (regional, AVE, Altaria) y autobuses y arrasaremos con la versión para cunas. Además el aparatito tendrá sus extras para optimizar el acto de conciliar el sueño, por un módico precio podrás añadir la voz de la azafata del AVE anunciando la próxima parada, pequeñas luces móviles como si fueran las farolas de los pueblos por los que pasa el autobús regional y hasta el sonido de fondo de Cadena Dial, que tanto gusta a todo conductor de autobús.

El plan D es una franquicia. Se trata de implantar en España algo que ya existe en Japón: las cafeterías de gatitos. A cambio de pagar una barbaridad por un café, este novedoso local te deja sobar a los gatitos que pasean tan tranquilamente por el sitio. Eso sí, hay que cumplir unas normas de convivencia básicas: no se despierta a los gatitos dormidos y ni te los llevas a casa ni puedes llevar a los tuyos al local, no vayan a montar gresca.

Debería ser yo en una cafetería de gatitos de Tokyo, pero la fatalidad quiso que en todo el viaje no viera ni una puñetera de estas cafeterías.


El plan E necesita más inversión que todas las demás opciones. Se llama Telecachorrito, y es un canal temático dedicado a los animales adorables. Es decir, nada de roedores, ni insectos, ni animales asquerosos en general. Es más, los documentales de este canal acaban bien, los guepardos sólo persiguen a las gacelas de buen rollo, para entrenar, y ningún oso polar devora a ninguna foca. Todo es amable y cursi como una entrevista de Pablo Motos a Blancanieves. Nuestra carta de ajuste será un gatito o un perrito que lame la pantalla y también tendremos nuestras estrellas, esas que nos darán imagen de cadena. Si en Antena 3 tienen a Matías Prats, en Tele 5 a Jorge Javier y en Cuatro a Paula Vázquez, nosotros tendremos a Maru...:


Podría estar viendo este video en bucle toda la vida.

...y también a Boo, a quienes dedicaremos horas de realities. La audiencia, sólo con la cantidad de fans que tienen estos dos en youtube y en facebook, está garantizada.

¿Cuál de las opciones para hacerme millonaria os convence más?, ¿alguien se anima a ser socio?, ¿alguien conoce a un ingeniero? Confesad, ¿alguien más está enganchado a "Madrid a la última", muy a su pesar?

jueves, 28 de octubre de 2010

Manto-Kun y Sento-Kun

Lo bueno de viajar, aparte de que tienes tema de conversación y posts para el blog sine die, es que se aprende una barbaridad.

En mi viaje a Japón (es que he estado en Japón, no sé si lo había dicho), he aprendido mucho. No sobre budismo, del que sólo sé que Buda tiene un porrón de estatatuas: gordo y sentado, joven, delgado y de pie, sentado sobre una flor de loto... Tampoco sobre sintoísmo, la religión que pone baberos a las piedras. Ni siquiera sobre gastronomía, donde mi sapiencia se reduce a: ¿qué es lo que te has pedido? No lo sé, pero está bueno.

¿?


Pero sí he aprendido la auténtica esencia del japonés. Aquella que va más allá del tópico.

Ejemplo práctico.

Tópico sobre Berlín y los berlineses: esa ciudad multicultural, donde las camareras son estudiantes de arte y los sábados por la noche hay lecturas en los bares.

Esencia de Berlín y los berlineses: mucha galería de arte que se llama "german angst" y mucha fachada de casa cubierta de zapatos, pero los únicos simpáticos son los taxistas turcos.

El tópico sobre Japón dice que son fanáticos de la electrónica, el karaoke y dormirse en el metro. Vale, es verdad, pero la auténtica esencia del japonés está en otro sitio, en una pasión oculta y desatada por... las mascotas.

Cualquier excusa es buena para tener una. Como esta (digo ésta porque lleva una flor rosa, rímel en las pestañas y colorete) marshmallow con un castillo como sombrero que simboliza la ciudad de Himeji:


O este Pikachu con capa y cornamenta que se creó para los 1300 años de la fundación de la ciudad de Nara:

Con ustedes Manto-Kun (bicho con capa) y Sento-Kun (joven Buda con cuernos), ambos mascotas de Nara, con controversia y todo.

A los japoneses les pierden los muñequitos, necesitan tenerlos bien cerca y por eso inundan sus teléfonos móviles de colgantes en forma de peluches o réplicas de personajes de dibujos animados. No importa que el dueño del móvil sea un oficinista trajeado de 58 años, tendrá un móvil con un mínimo de 3 y un máximo de infinitos colgantes en forma de muñeco.

El móvil no es el único sitio donde plasmar esta pasión. En realidad, cualquier sitio es bueno:


Hasta los anuncios del metro. En cualquier otro país se usarían letreros, quizá traducidos al inglés, quizá ilustrados con un clásico monigote, para explicar cosas como que hay que tener cuidado con el espacio entre andén y vagón o que hay que retirar las manos a tiempo para que la puerta del metro no te la pille. Pues en Japón, no. En Japón te lo explican con un simpático delfín:


El monigote preferido de los japoneses, el que más se ve en tiendas (disfrazado hasta de samurai) y teléfonos móviles es uno que tiene todo lo que los japoneses adoran, a saber: un color cantoso, ojos grandes como platos y parecido razonable a Pikachu. Es Stitch, el extraterrestre de la película de Disney:

No es amoooor, lo que tu sientes, se llama...


align="center">...obsesióóóón.


¿Cuál sería nuestra esencia? Esa pasión nacional que nos distinga más allá del tópico del fútbol o las sevillanas, ¿sería Belén Esteban?, ¿gritar mucho en los restaurantes?, ¿torturar a animales en las fiestas del pueblo?

domingo, 26 de septiembre de 2010

La misión

Se recomienda leer este post con esta música de fondo, para darle la pompa y el boato que se merece.

Mi viaje a Japón (es que he estado en Japón este verano, no sé si lo he comentado en algún momento) me ha transformado. Ahora, además de fe, tengo una misión en la vida. Tengo que devolver todo el bien que los japoneses han hecho por mí, es mi deber kármico o en otra vida me convertiré en un geranio de balcón que una desaprensiva como yo cuidará, con lo que tendré una esperanza de vida de 3 semanas. Y tres semanas llenas de hambre, sed y padecimiento.

Todo esto se debe a que los japoneses son gente muy maja. Tendrán un gusto extraño y desmedido por el karaoke:

Japoneses dándolo todo en un minikaraoke de Kyoto. Lo que se ve a la izquierda es la puerta corredera y al mismo tiempo pared, lo que se ve a la derecha las estanterías con las bebidas, y lo de en medio la barra. Como no había sitio para la clientela tuvieron que colocarse a los dos lados de la barra.

Y por disfrazarse:

Ya lo dicen las guías turísticas: "Japón, modernidad y tradición", y las japonesas lo demuestran vistiéndose los domingos con el kimono tradicional, acompañado de complementos actuales y a ser posible horteras, como un mini capazo de playa o esa flor de la feria de Sevilla.

Pero son amables, educados, cívicos y hospitalarios. Y todo esto es la mar de útil cuando te enfrentas a cosas como ésta:

Mapa del metro de Nagoya, una nadería en comparación con el de Tokyo.

Y eso por no hablar de la práctica costumbre de no poner nombre a todas las calles. O de numerarlas mediante un sistema que en 17 días en Japón no logré comprender. Menos mal que existen los blogs de gente entendida:
En Japón, las calles son simplemente el espacio vacío entre cada manzana, no tienen identidad alguna. Lo que sí que se pueden identificar son las manzanas con un sistema de tres números: el primero indica el distrito, el segundo la manzana, y el tercero el edificio o casa dentro de la manzana”. Sacado del blog Un geek en Japón.

Pero no pasa nada. Todo turista perdido en Japón experimenta la ayuda espontánea de un japonés que acudirá a su rescate al grito de: “Can i help you?” Japonés que, por una milagrosísima coincidencia, casi todas las veces va a la misma zona que el turista, así que le acompañará hasta la puerta. Eso no significa que por el camino los dos, viajero y nativo, den un par de vueltas de más, o que el turista descubra que el japonés sólo sabe decir en inglés “can i help you?” y “where are you from?”.

Si no fuera por esos ángeles guardianes espontáneos probablemente seguiría en el andén del tren de Nagoya, intentando averiguar porqué no veo la línea de metro que según la lonely planet debo coger para llegar al hotel.

Así que ahora tengo una misión, debo ayudar a los turistas japoneses. Me paseo por la ciudad ojo avizor y, en cuanto veo a alguien con rasgos orientales y un mapa en la mano, establezco contacto visual. Pero ellos no están perdidos, siempre les veo caminando seguros de a dónde van, o en grupos con un guía que hace precisamente eso, guiarles.

No desfallezco. Algún día lograré mi objetivo, llevaré a unos japoneses hasta la plaza Mayor, les diré a qué bares ir para que no les timen, ellos resultarán ser super majos (super guapos no, que los japoneses son encantadores pero, como raza, feítos) nos haremos súper amigos y ya tendré alojamiento gratis y, lo que es mejor, guías gratis, para mi próximo viaje a Japón.

Con ustedes, Mister Tokyo 2010, el único japonés atractivo en 17 días de viaje. Por supuesto, le hicimos una foto para dejar constancia y él, generosamente, hizo como que no se enteraba.

Porque yo quiero volver, eso sí, en otoño o primavera, que en verano hace mucho calor.

Y vosotros, ¿tenéis alguna misión trascendental en vuestras vidas?

lunes, 6 de septiembre de 2010

El rincón de la F

He visto la luz, me he caído del caballo como San Pablo, he visto una zarza ardiendo como Moisés, o sea, he encontrado la fe:




Con la fe pasa como con las gomas de pelo, los bolígrafos que pintan y los libros de Barco de Vapor, que los tienes por ahí por casa, abandonados en el fondo de una estantería o directamente debajo del armario (donde tu gato los ha escondido, tanto que ni él ni la escoba llegan) y un buen día los encuentras y te entran unas ganas locas de hacerte trenzas y volver a leer "Fray Perico y su borrico". Pues con la fe igual, la tenía por ahí abandonada hasta que mi viaje a Japón me ha abierto los ojos.

Me voy a hacer sintoísta.

No tengo muy claro del todo en qué consiste el sintoísmo, pero qué importa, mientras tenga fe. Además, que yo me convierto por motivos estrictamente estéticos, porque creo que una piedra con un delantal rojo:

quedaría divinamente en el hueco tonto de mi salón:

Hueco tonto, los lectores del blog, lectores del blog, el hueco tonto.

Por lo que he visto en mi viaje a Japón, unas piedras, unos paños rojos y un bosque frondoso son elementos suficientes para montar un santuario sintoísta. Del bosque frondoso voy a pasar porque:

A. Vivo en Madrid

B. Tengo un amplio historial de homicidio por falta de riego en plantas de balcón.

La piedra representa a una deidad de la naturaleza, a un antepasado o algún personaje ilustre ya fallecido (el sintoísmo es super abierto, adoras básicamente a quien te sale del pie). Para pedir un deseo sólo hay que echar una moneda, dar dos palmadas, hacer dos reverencias y dar otras dos palmadas. Y listo.

Las palmadas son para avisar a la deidad de que estás ahí, no sea que esté ocupada en ese momento haciendo la compra y se pierda tu petición.
El porqué del delantal rojo, lo ignoro, pero creo que queda ideal.

A grandes rasgos, y resumiendo mucho, esto es el sintoísmo. Una religión antiquísima, animista y la mar de mona. Tiene su lado chungo, el sintoísmo fue la religión oficial del Japón fascista previo a la II Guerra Mundial. Pero qué religión no tiene su lado chungo, si hasta los budistas, tan new age ellos, se han apoderado de palacios como éste de Ginkakuji, en Kyoto:


... después de que muriera el samurai que lo mandó construir. En sitios así es que se medita súperbien:


O eso dicen. Pero como a mí los jardines zen no me sirven para meditar, sino que me ponen nerviosa (qué puñetas hay que hacer, ¿contar las piedritas?), paso del budismo. Soy fiel a mi nueva fe con sus diosecillos que parecen sacados de una película de Miyazaki:

La de la izquierda es una imagen de "El viaje de Chihiro", la de la derecha un grupo de imágenes sintoístas en los alrededores del palacio de Kinkakuji, en Kyoto.

La de la izquierda también pertenece a "El viaje de Chihiro", la derecha es una estatua de un dragón en el bosque que rodea al templo de Kurama.


Ésta es más fácil de distinguir; la primera es un fotograma del ciervo de "La princesa Mononoke", los segundos se paseaban tan pichis por la isla de Miyajima.

Sí, amigos, he pasado las vacaciones en el lejano y exótico Japón y amenazo con muchos posts sobre el país del Sol naciente, que el nombre no es coña, que a las 5 ya ha amanecido.

Y vosotros, ¿qué tal por las playas de Levante con la tartera y los niños que pasan frente a ti corriendo y te echan la arena en toa la boca?, ¿bien?