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lunes, 22 de enero de 2018

Vecinos, caliqueños y tartas de alféizar

Las películas (americanas) nos enseñan que cuando un vecino nuevo se muda a la puerta de al lado, hay que recibirle con una tarta, preferiblemente una "cherry pie" como las que aparecían en los dibujos animados del oso Yogui. Por supuesto la costumbre de llevar tarta al vecino siempre sucede en urbanizaciones de ésas con adosados idénticos, garaje para dos coches o para que los hijos adolescentes ensayen con su grupo de rock y césped cuidadísimo que corta un emigrante sin papeles o tal vez un atractivo joven sin camiseta con el que la señora de la casa mantendrá un tórrido romance, escondiéndose para ello en el garaje donde es posible que el hijo adolescente les pille.

Sí, al final que te traigan un cherry pie (también conocida como "tarta del alféizar", por culpa de los dibujos animados del oso Yogui) implica que tu vida acabe convertida en un capítulo de "Mujeres desesperadas":

Bree Van De Kamp hacía perfectas tartas de alféizar. También estaba pelín desequilibrada, pero no se puede tener todo en la vida.

Quizá mis problemas con los vecinos de al lado nunca hubieran comenzado con una cherry pie a tiempo. La lástima es que soy una repostera pésima. Sólo sé hacer bizcochos que acaban quemados por arriba y crudos por abajo... El caso es que primero sufrí a una vecina escandalosa en todo: hablando por teléfono, moviendo muebles... y haciendo otras cosas que os imagináis porque sois gente muy creativa. Ya hablé de ella aquí. Al menos su pasión desaforada se terminó en cuanto su novio se mudó a vivir con ella y acabaron por irse a vivir fuera (no sé si juntos o separados y, la verdad, me da igual).

Después llegó una vecina que era tan, pero tan discreta, que tardé semanas en darme cuenta de que el piso volvía a estar ocupado. Me las prometía felices hasta que descubrí que esta vecina también era escandalosa en la intimidad. También hablé de ella por aquí. Acabó marchándose y entonces se mudó una pareja. Yo ya daba por hecho que me esperaba lo de siempre: los gritos desaforados que esa habitación del cuarto izquierda provoca mágicamente en toda pareja que decide echar un caliqueño ahí (¿sabíais que caliqueño es una especie de purito?, ¿no? Así es este blog, educa y entretiene). Y no. Empecé a pensar que quizá la pareja en cuestión no eran pareja, sino hermanos. Pero el tabique finísimo que separa su dormitorio de mi salón me informa enseguida de que aunque sean discretísimos con sus caliqueños, en todo lo demás no lo son. Por la mañana se dan los buenos días con un potente: "¡Buenos días, amor!". A los dos les gusta mucho hablar por teléfono. Él, además, habla por skype en inglés con clientes o socios. Pero lo que más hacen es hablar el uno con el otro. Cómo se comunica esta pareja, oye. Largas charlas antes de irse a dormir. Y más charlas cuando se despiertan y se dicen su "¡¡¡¡Buenos días amooooor!!!!". Que no entiendo de qué hablan, ¿de lo que han soñado esa noche?, ¿qué les pasado de nuevo entre conversación nocturna y conversación diurna? Eso sí, del mundo caliqueño, nada. Cero. Ni un jadeo, ni una risita. Nada.

El caso es que un buen día decidí hacer una cena. No una fiesta, no. Una cena. Que estoy en esa fase de la vida en la que invitar a gente a casa y despertarme con el suelo pringoso y la cocina convertida en zona de guerra da mucha pereza. Éramos cinco contando conmigo. Cenamos, bebimos, vimos video clips viejunos en la tele... vamos, un jolgorio salvaje que terminó a las dos y media de la mañana de un sábado. Pues hete aquí que cuando estoy despidiendo a mis invitados encuentro una nota bajo la puerta. Esta nota:

Me voy a la cama y empiezo a darle vueltas a una frase de la nota. La frase es: "vuestra conversación se escucha". Recuerdo todas las conversaciones que yo he oído de los vecinos por la mañana, por la tarde, por la noche, los buenos días amor, los buenas noches amor, los amor a secas... y me enfurezco cosa mala. ¿Pero esta gente se creerá que el sonido va en una sola dirección y que ellos me oyen a mí pero yo a ellos no? Además,¿de qué maratón hablan, si jamás les he visto a ninguno de los dos en chándal?

Ese lunes coincidimos los tres en el ascensor. Nos damos los buenos días y nos callamos. Éste es un momento crucial. ¿Dirán ellos algo de mi cena del sábado? Decido callarme y dejarlo pasar porque es posible que ellos hayan pensado que su queja estaba fuera de lugar, que la gente tiene derecho a hacer una triste cena un sábado por la noche y que si ellos me oyeron yo también les he oído... Entonces alguien pregunta:

- ¿Y qué tal fue la maratón?

Anda, que lo he dicho yo. Veo cara de pánico en la chica de la pareja. En él veo odio profundo.

- Pues mal, no rendí porque como no dormí bien...- dice él. Está claro que me culpa por haber perdido la dichosa maratón.

- Ah, ¿sí? Qué lástima- respondo. Quizá el tono en el que he dicho "qué lástima" haya sonado falso. Quizá.

Llegamos a la planta baja y nos vamos cada uno por una dirección sin mirarnos siquiera.

Entonces comienzan las hostilidades. Un día que ella pregunta a grito pelado: "¿¡Amor, dónde están mis botines blancos!?" Yo respondo desde el otro lado del tabique que: "¡Aquí no están!". Ellos empiezan a poner la música alta. Y nunca antes habían escuchado música. Yo dejo de ver Netflix en el portátil y empiezo a ver series en la televisión del salón. Veo (y ellos oyen) un montón de películas de Marvel que nunca me han interesado pero que tienen muchas explosiones. Ellos empiezan a mover muebles porque sí. Bueno, en concreto, por joder.

Es espantoso. Yo soy autónoma, trabajo en casa, necesito un poco de concentración y de silencio y ni siquiera puedo refugiarme en la biblioteca porque estamos en época de exámenes y los universitarios la han copado. Tengo que acabar las hostilidades de alguna forma. Y ya que todo comenzó con una nota, creo que es muy circular y muy redondo acabarlo con otra nota. Ésta:


Me vengo arriba y decido cocinar una tarta de alféizar. ¿Os he comentado que soy mala repostera? Pues el resultado fue éste:

Más que cherry pie, bloody pie.

Decido no darles la tarta porque va a parecer una amenaza mafiosa a la altura de la cabeza de caballo de "El Padrino". Dejo la nota bajo su puerta y, unas horas más tarde, encuentro otra nota en la mía con un sucinto "OK".

Los obreros no han resultado ser tan puntuales como prometían y las obras no han empezado todavía. Pero las hostilidades han terminado. No más ruido de muebles. No más películas de súper héroes a un volumen imposible. De momento.

Y vosotros, ¿cuál ha sido vuestra mayor bronca con los vecinos?, ¿los vuestros son de dejar notas o más de llamar a la policía municipal?, ¿habéis cocinado cherry pie alguna vez?


martes, 25 de junio de 2013

La maldición del cuarto izquierda

Hay gente que ve Cuarto Milenio para echarse unas risas.

Yo también era una de ésas. Sí, digo era, porque ahora he pasado al otro lado.

Ahora creo.

Pero ojo, que yo soy una persona seria, no creo en todo, en un tótum revolútum de yetis, extraterrestres, fenómenos paranormales,  auras, telepatía, telequinesia y chicas de la curva.

Yo creo en las casas encantadas. Y creo porque lo he vivido. No es que tenga un amigo, del que me fío mazo, que me ha contado lo que le ha pasado a otro amigo suyo de absoluta confianza. Esto lo he visto con mis ojos y oído con mis orejas. Bueno, sólo lo he oído.

Os conté hace ya una jartá de posts cómo era mi antigua vecina, la Gamba. Ella y su novio mantenían una sana competición de gemidos cada vez que se lo montaban. Unos ruidos tales que lo que ellos hacían no era ni hacer el amor ni follar, ni copular, era más bien una performance. Una vez mi compañera de piso de entonces (y todavía amiga, F.) et moi les aplaudimos y todo.

Pues bien, la historia de la fogosa Gamba y su no menos fogoso novio fue apagándose. Pasadas un par de semanas de la mudanza de él a casa de ella, sus performances fueron haciéndose menos habituales. O a lo mejor menos ruidosas. Hasta que se fueron de la casa ¿Rompieron?, ¿ella se volvió a su Colombia natal?, ¿se dieron cuenta de que ya estaban preparados para dar el siguiente paso en su relación, es decir, irse a vivir a las afueras para tener churumbeles?

No lo sé.

El caso es que se marcharon. Yo pensaba que el piso estaba vacío hasta que vi un nombre nuevo en el buzón, ¡una vecina nueva se había mudado y yo no la había oído! Ni hablar por teléfono, ni encender o apagar la televisión, ni poner música... Mi vecina debía ser sordomuda, era el sueño de toda comunidad de vecinos.

Pero no. No era sordomuda, era simplemente discreta. Hasta que se echó novio. Y entonces descubrí que el piso vecino está encantado. Sobre él pesa una maldición extraña. Nada de psicofonías, ni muebles que se mueven solos, ni niñas pequeñas que desaparecen a otra dimensión y se comunican a través del televisor. Esta maldición afecta al que viva dentro de la casa y mantenga relaciones sexuales. Por influjo de esta casa maldita empezará a gritar de una forma inenarrable, indescriptible, inefable.

Llegado este punto podríais pensar que lo que pasa es, simplemente, que los vecinos son apasionados. Pero es que este ruido (inenarrable, indescriptible, inefable) sólo lo hace él. No ella.

¿Es o no es todo un enigma?

Voy a llamar a Iker para que le dedique un programa especial.

¿No es también un misterio cómo Iker mantiene su mirada misteriosa en todas las fotos?

Mientras se resuelve el caso del cuarto izquierda maldito, os recuerdo que "Lo último que hago para el Notodo" se proyecta este sábado por la noche en Madrid, dentro de la Muestra de cine de Lavapiés.

Y vosotros, amigos del misterio, ¿habéis sufrido algún piso maldito?

sábado, 6 de septiembre de 2008

La vida de los otros 2

Lo he estado pensando y ya me he decidido. Después de este corto voy ya directa a por el largo. Total, no puede ser mucho más complicado: hemos cambiado dos veces la fecha de rodaje. Dos veces los días de ensayo. Un actor se ha caído porque no podía en las nuevas fechas. El jefe de producción está sin confirmar y nos falta una localización.

Así que después de "Mañana" daré el salto, y en un proyecto mucho más ambicioso. Tiene gancho comercial, ya que se trata de un remake de la película alemana "La vida de los otros" ¿Por qué no? Si en los USA se atreven a hacer una segunda parte de Hamlet…

Por si no habéis visto "La vida de los otros" (muy mal, id a alquilarla, es muy bonita) os la resumo: es de un tío solitario y amargado que lo único que hace bien en la vida es su trabajo, espía en los servicios secretos de la RDA. Le encargan que vigile a una pareja de artistas de los que se sospecha tienen ideas contrarias a las gubernamentales. Poco a poco empatiza con sus espiados, admira la creatividad de la pareja, y le encantaría llevar la vida bohemia con fiestas y amigos que ellos tienen y de la que él carece. Y no cuento más para no desvelar el final.

La segunda parte de "La vida de los otros" cambia un poco, aunque también está basada en hechos reales. Transcurre en Madrid, la protagonista es una chica y los espiados son mis vecinos: la Gamba y su novio.

Mi versión es una comedia negra, y trata de una pizpireta muchacha (esa soy yo) que vive tranquilamente en su casa, sin molestar a los vecinos menos cuando hace alguna fiesta, una o dos al año, y siempre en viernes o sábado.

Su tranquila existencia se rompe por lo escandalosa que es su vecina: la Gamba (se apellida así, no es peyorativo): Escandalosa cuando llega a casa y saluda a sus dos gatos persas: ¡¡¡¡¡¡mis niñooooooooooooos!!!!!!!!! Escandalosa cuando habla por teléfono con Colombia: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡maaaaaaaamiiiiiiiiii!!!!!!!!!! Escandalosa hasta cuando apaga la luz, porque no es normal que desde mi salón yo oiga claramente el click del interruptor. Escandalosa, y sobre todo teatral, cuando folla con su novio, entonces ella empieza con sus gritos habituales, llenos de exclamaciones y vocales alargadas: ¡¡¡¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh!!!!!!!!, él se pica y la imita y así se van picando y gritando más hasta que se cansan, todo esto sazonado algunas veces con golpes en la pared.

La pizpireta muchacha (yo) más o menos se acostumbra. Al principio los gritos le incomodan, luego le tocan mucho las narices y al final le resbalan. Hasta que un aciago día (aquí viene el detonante) oye ruidos de muebles y de lo que parecen ser obras. Asume lo peor, que la Gamba está reformando el piso y va a producir unos nuevos ruidos a los que habrá que acostumbrarse. Sin embargo los ruidos se suavizan y se rebelan como simples movimientos de muebles. Luego la pizpireta muchacha ve cajas de cartón en el rellano (porque a la Gamba le encanta dejar cosas en el rellano: la bolsa de la basura, a sus gatos maullando porque les ha cerrado la puerta…) y entonces se imagina que quizá va a ser libre y que la Gamba se está mudando.

Pero no, quien se muda es el novio (primer punto de giro) y esa noche la pizpireta muchacha se duerme con los ¡¡¡¡¡¡¡¡aaaaaaaaahhhhhhhhh!!!!!!!!! de sus vecinos, seguidos de los ronquidos del novio y por la mañana se despierta con el ¡¡¡¡¡¡¡¡¡buenos días!!!!!!!!! de la Gamba a su novio. Para colmo esa noche los vecinos hacen fiesta para celebrar que van a vivir juntos, llegan amigos: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡hoooooooooooooolaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!! y tocan la guitarra y arman follón. Obviamente, los amigos son tan ruidosos y molestos como la Gamba y su novio. Ah, lo olvidaba, la fiesta se celebra en martes.

La pizpireta muchacha decide entonces (segundo punto de giro) que va a matar a sus vecinos.

Este proyecto va tan en serio que la semana que viene me voy a Alemania a gestionar todo lo necesario para realizar "La vida de los otros 2". Pero me he quedado un poco atascada en el segundo punto de giro; ¿cómo continuaríais vosotros? ¿cómo eliminaríais a mis molestos vecinos?