martes, 8 de octubre de 2019

Vodafone me trolea

De verdad que si no he actualizado antes ha sido porque el destino, la fatalidad, los elementos (como a la Armada Invencible, igualito) me lo han impedido. Y no os exagero ni un ápice. No. No. Porque quién soy yo, pobre consumidora del montón, comparada con una multinacional. Vodafone me ha señalado con su todopoderoso dedo, ha decidido que me iba a dejar sin conexión a internet y lo ha hecho. Esta es mi triste historia, sacad los pañuelos de papel:

Jueves. 19 de septiembre. Llego a mi casa del trabajo y no tengo conexión a internet. Hago lo típico: reiniciar, apagar, encender, revisar cables… y nada. Me digo a mí misma que mañana será otro día y fijo que la conexión, igual que se ha ido, vuelve. Qué ingenua era yo en esa época.

Viernes. 20 de septiembre. Sigo sin conexión y eso que vuelvo a reiniciar, apagar, encender, revisar cables, así que llamo al servicio técnico de Vodafone. Me sugieren que reinicie, que apague, encienda, que revise cables, me preguntan qué lucecitas están encendidas, intentan solucionarlo de forma remota, no pueden y me dicen que esté atenta a mi móvil que me llamará un técnico para concertar una cita.

Sábado. 21 de septiembre. Estoy atenta a mi móvil, pero el técnico no llama, así que vuelco mi ira en twitter donde, rápidamente, el community manager de fin de semana de Vodafone me dice que me cuente qué pasa vía mensaje directo. Lo hago. Me dice que intentarán solucionarlo.

Lunes. 23 de septiembre. El CM de Vodafone me dice que mi incidencia, tras la visita del técnico, ya está solucionada. Voy a mi casa y después de reiniciar, apagar, encender, revisar cables y todo el ritual compruebo que sigo sin conexión. Se lo digo vía mensaje directo al CM o a quien quiera que sea que escribe estas cosas y le añado que el técnico nunca ha venido ni llamado. Su respuesta: “vamos a reclamar la incidencia puesto que al dejar indicado que se te solicitaba un técnico y no comprobar más mensajes o llamadas hemos pensado que ya se había personado y tenías conexión de nuevo. Disculpa el error”. Ajá. Bueno. Vale.

Martes. 24 de septiembre. Llamo al servicio técnico, les cuento mis cuitas y vuelven a decirme que me llamarán para concertar una cita con el técnico. Les digo que eso ya me lo dijeron antes y nunca me contactaron. El teleoperador se disculpa y asegura que lo harán esta semana sin falta.

Viernes. 27 de septiembre. Otro mensaje vía mensaje directo por twitter que asegura que mi incidencia ha sido solventada. Les digo que de eso nada, que ni está solventada ni el puñetero técnico ha venido, ni llamado.

Interneeeeeeeeeet

Martes. 1 de octubre. El lunes por fin me llaman y conciertan una cita y el martes viene un técnico (una hora más tarde de la hora prevista), lo revisa todo, dice que los aparaticos (se llamen como se llamen) están bien y que si no tengo conexión es por un problema externo de la línea de Jazztel que Vodafone alquila para dar su servicio. Me dice que se concertará una segunda visita.

Miércoles. 2 de octubre. Estoy en la biblioteca de mi barrio (aprovechando la conexión a internet) cuando veo que tengo varias llamadas perdidas de un móvil desconocido. Resulta ser el técnico de Vodafone, pero me dice que ha estado esperándome media hora y que ya se ha ido. Me dice, además, que la cita ya estaba concertada. Yo le digo que no, que yo no sabía nada de esa cita. Media hora después me llama una misteriosa voz que vuelve a asegurar que sí se había concertado una cita a las 16.20. Yo lo niego, les aseguro que no han hablado conmigo. Me preguntan que si podría haberse cerrado esa cita con otro miembro de la familia. Yo le juro que mi gato todavía ni habla ni responde al teléfono.

Jueves. 3 de octubre. Viene el segundo técnico, puntual y todo. Vuelve a hacer lo mismo que el otro: revisa los cables, saca su ordenador, recibe llamadas (esta vez de esa misteriosa central que asigna las citas a los técnicos y que, según mi experiencia, funciona tirando a mal) para acabar diciéndome lo mismo que el otro técnico: que todo está bien que el error viene del cableado externo, de la línea de Orange (dice Orange, no Jazztel). Me recomienda que no vuelva a llamar a servicio técnico porque me asignarán a otro técnico que me dirá lo mismo. Le pregunto: “¿y qué hago entonces?”. Me responde: “esperar un par de días”. Yo le digo: “¿y por qué va a volver la conexión en un par de días si no ha vuelto en quince?”. A eso no responde.

Sábado. 5 de octubre. Vuelvo a llamar al servicio técnico, vuelvo a contarles toda la movida, vuelven a disculparse y vuelven a asegurarme que el servicio se reanudará el lunes.

La mitad de estos teleoperadores se ha disculpado conmigo y me ha recordado que les ponga buena nota en la encuesta posterior.

Lunes. 7 de octubre. Oh sorpresa, sigo sin internet y hago lo que ya es costumbre: llamar al servicio técnico que me aseguran que paso a ser un caso prioritario y que harán un seguimiento de mi caso.

Martes. 8 de octubre. Sigo sin internet y escribo esta entrada (desde la biblioteca de mi barrio, claro) para que cuando sean los de Vodafone los que me llamen para preguntarme que porqué me he cambiado de compañía, no tener que contarles toda esta larga historia desde el principio.

Y vosotros, ¿cuándo os sentisteis un consumidor diminuto y desprotegido por última vez?, ¿cuántas llamadas al servicio técnico de un operador de fibra y telefonía hacen falta para convertir a una persona normal y corriente en asesina peligrosa? Mis vecinos dirán: saludaba siempre, pagaba puntualmente las derramas, no entiendo porqué masacró a toda la plantilla de Vodafone España…

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Subroguemos más, subroguemos mejor

Tengo una idea de negocio. Mejor incluso que los conceptos de serie de los que os he hablado aquí y allá. Como Paolo Vasile está tardando un poco más de lo que yo planeaba en contestarme, y yo no estoy para esperar, me he lanzado a emprender. Porque si el éxito no te sale al encuentro, hay que ir a buscarlo. Porque la suerte sonríe a los valientes. Porque las ideas son locuras hasta que triunfan. Y porque no se me ocurren más frases motivacionales y no voy a comprarme un libro de Josef Ajram.  Además, que con frases inspiradoras no se levanta un imperio, no, se levanta con dinero (esto no sé si lo ha incluido Ajram en alguno de sus libros, pero debería). Por si alguno de los lectores que pasan por aquí resulta que tiene unos milloncejos tontorrones a los que no sabe cómo darles salida y quiere convertirse en mi business angel, os cuento mi innovadora idea.

Otros emprendedores se me adelantaron. Vieron que había un hueco en el mercado, existía una demanda de bebés recién nacidos y con la carga genética de sus papás (que ya hace falta confiar en los genes de uno, también te digo). Vieron que en algunos países un tanto estrictos con eso de la legalidad no era posible pagar a señoras fértiles para que gestaran el hijo de otros y recurrieron a Ucrania, a Estados Unidos, en definitiva a países en los que conseguir un arma es más fácil que viajar en transporte público. Allí, tal y como imaginaban, pudieron dedicarse al negocio que llamaron "gestación subrogada". Esa industria ya está asentada y muy de moda gracias al apoyo de celebrities como Kim Kardashian y Kanye West (otro día hablaremos de esa oscura época de mi vida en la que estuve enganchada a Keeping up with the Kardashian y cómo me desenganché el día en que Kourtney aseguró que las sirenas sí habían existido, pero se extinguieron, como los dinosaurios). También Miguel Bosé y su ya ex pareja Nacho Palau usaron la gestación subrogada para engendrar no uno, ni dos, sino cuatro chiquillos (otro día hablamos de lo mucho que me fascina esta relación de ¡26 años! y donde apenas hay fotos de los dos en público y cuando las hay Palau está siempre a varios pasos de Bosé, como si fuera su guardaespaldas en vez de su marido).

Pero yo, como emprendedora, veo algunas lagunas en la floreciente industria del alquiler de vientres de mujeres: los recién nacidos. Porque ya que el cliente paga y habitualmente paga por un bebé sano, ¿por qué no pide también un bebé como tiene que ser, es decir, con lorzas?

"Alegoría de la poesía", de François Boucher. También conocido como "Cupidos fuertecitos".

Es un hecho científicamente comprobado que a los recién nacidos les falta un poco de horno, son como magdalenas sacadas antes de tiempo, que no han subido y no están esponjosas. Los bebés nacen y ni te miran, ni te sonríen. Por no poder, no pueden ni sostener su propia cabeza. Tampoco digo que deberíamos tener un periodo de gestación como el de las elefantas, de dos años, pero uno de año y pico no estaría nada mal, así daríamos a luz a bebés rechonchotes y adorables. Bebés de anuncio. Angelotes de cuadro del Renacimiento.

Así que mi idea de negocio, que va a revolucionar el mercado de alquiler de vientres, consiste en que esas señoras altruistas que han gestado a una criatura durante nueves meses para que luego la críen otros, se queden con el bebé un poquito más y lo entreguen al cliente en su estado óptimo de maduración, es decir, cuando tenga un mínimo de 3 y un máximo de 6 meses. El tiempo dependerá de lo que el bebé tarde en generar lorzas.

Los ángeles de la Madonna Sistina de Rafael. Obra también conocida como "angelotes con mofletotes". 

¿Es una idea ganadora sí o sí? Si os interesa invertir, os paso mi número de cuenta. Ya si eso, más adelante, montaré la estructura necesaria en Ucrania, pero primero id mandándome los millones.

He estado un poco desaparecida en agosto, pero como propósito de septiembre (porque septiembre es un comienzo de año más comienzo de año que enero) me he prometido actualizar más a menudo. Otra cosa es que lo cumpla, claro.

martes, 30 de julio de 2019

Lecturas veraniegas

No tengo vacaciones. Que me da igual, ¿eh? Si yo tengo ventilador en casa, y pingüino y un ventilador de techo y una piscina municipal a tres paradas de metro. Quién quiere vacaciones pudiendo disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, como la semana pasada, precisamente en la máquina expendedora de la piscina municipal, que me iba a comprar una bolsita de pan de pipas y me salió también un Twix. Bueno, a quién pretendo engañar: no tener vacaciones es un asco y yo a la hora y media de estar en la piscina municipal me aburro. Por eso hay que llevarse un libro, a ser posible veraniego, es decir: entretenido y sencillo (que las neuronas funcionan lo justo con el calor), de bolsillo, que pese poco y no ocupe demasiado en la bolsa de la piscina. Pero no os creáis que es tan fácil:

Con el corazón en tinieblas, de Eleanor Coppola

Cuando estudiaba en la Escuela de Cine un día proyectaron el documental "Corazones en tinieblas", sobre el infernal rodaje de Apocalypse now. Lo mejor fueron las caras de los estudiantes de dirección: admirados, encantados, fascinados... ¿por Coppola y Apocalypse now? No, por el poder que tenía Coppola, que se gastó todo el presupuesto, cambió de protagonista con el rodaje empezado y después al actor (Martin Sheen) le dió un ataque al corazón y Coppola dijo a los productores: "Martin no estará muerto hasta que yo lo diga". Los estudiantes de dirección estaban con la boca abierta, pensando, "oh, ¿cuándo dirigiré yo una súper producción y podré mandar a los actores al hospital?". Pues bien, "Con el corazón en tinieblas" es el diario que la esposa de Coppola, Eleanor, escribió durante ese rodaje:



El libro es muy veraniego en un sentido: se pasa calor al leerlo, nuestras olas de calor son la nada en comparación con el clima en Filipinas, donde se rodó "Apocalypse now". Pero "Con el corazón en tinieblas" no es realmente un diario de rodaje, sino lo que Eleanor escribió en esos meses, así que en él se mezclan las suculentas anécdotas del rodaje (como cuando llevaron a un tigre en un vuelo regular) con otras de la vida diaria de Eleanor de interés cero. Se nota que ni se escribió pensando en su publicación ni posteriormente se reescribió pensando en editarlo y darle un poco de sentido. Hay informaciones que se repiten, otras que se obvian y el hilo argumental se reduce a las cosas que le pasaban a la esposa de Coppola mientras él rodaba. Para colmo, en un momento Eleanor confiesa que ella nunca ha leído mucho. Se nota, Eleanor, se nota. Dejé el libro en la página cien. Si tenéis curiosidad por el proceso de rodaje de Apocalypse now, mucho mejor que veáis el documental "Corazones en tinieblas", al menos tiene salseo.

Los sótanos del Majestic, de Georges Simenon

Ligerito, con intriga y se acaba en tres mañanas que vayas a la piscina:

Me habré leído ya unas tres o cuatro novelas de Georges Simenon y reconozco que los devoro a la misma velocidad que los olvido. No recuerdo ni la intriga en sí, ni siquiera cuántas de las novelas que he leído son de las protagonizadas por el policía Maigret. Pero lo que sí se queda en la memoria después de leer cualquiera de sus obras es el estilo de Simenon, tan sencillo, capaz de describir personajes, ciudades, con tres palabras. Me encanta que use tan pocos elementos y les saque tanto partido. En "Los sótanos del Majestic" no sobra una página. Le da tiempo a describir el funcionamiento de los grandes hoteles (arriba los huéspedes, abajo los camareros) de ahí pasa a la vida previa de los trabajadores del hotel (procedentes de Cannes, de la Costa Azul, de cabarets y antros de poca monta) y, por supuesto, le da tiempo a resolver el misterio.

Ilión, de Dan Simmons
 
El año pasado me enganché locamente a una serie titulada "The terror", basada en el libro del mismo título de Dan Simmons. Así que busqué al señor Simmons en las estanterías de ciencia ficción y fantástico de la FNAC y me encontré con "Ilión". En contra: es una saga (qué pereza dan las sagas). A favor: es una versión de la Iliada pero en clave ciencia ficción. Yo, que me crié viendo Ulises 31, acabé comprando el libro.


"Ilión" se articula a través de tres historias paralelas: una sucede en la guerra de Troya; la otra en la Tierra del futuro, donde grupo de humanos intenta averiguar el pasado de su especie y por qué su sociedad es como es, y la tercera se centra en un grupo de seres en parte mecánicos, los moravecs, encargados de vigilar y patrullar el espacio. Poco a poco las tres historias van convergiendo pero acaba el primer tomo de "Ilión" y una sigue sin saber cuál es el hilo argumental que une a las tres historias. Pese a la imaginación que desborda la novela, pese a lo interesante de mezclar mitología con ciencia ficción, pasas las páginas sin enterarte de la misa la mitad:

Este lapso de vida de cien años es un añadido relativamente reciente a la humanidad, queridos míos. Es algo que se les ocurrió a los posts sólo después del último fax. Sólo después de que lo estropearan todo, nuestro futuro, el futuro de la Tierra, en aquel desastroso fax final. Sólo siglos después de que mis nueve mil ciento trece compañeros humanos postrubicón fueran faxeados a la corriente de neutrinos para nunca regresar.

¿Corriente de neutrinos?, ¿humanos postrubicón?, ¿mande? Con "Ilión" me pasó como con "Lost", no tengo paciencia para tantas intrigas y tantas dudas, necesito que se vayan resolviendo o acabo perdiendo el interés. Así que si alguien se ha leído todos los libros de Ilión, que me cuente el final, por favor.


Mary Wollstonecraft Mary Shelley, de Charlotte Gordon

Un libro de 500 páginas, por definición, no es un libro de verano. Y éste menos aún, a no ser que seas un estudiante de doctorado de historia y/o literatura inglesa y te lo leas en unas vacaciones por la campiña de Sheffield.


"Si por casualidad tenéis algún conocimiento, guardadlo como un profundo secreto", decía un padre para enseñar a sus hijas a no ahuyentar a los pretendientes. La prestigiosa intelectual lady Mary Wortley Montagu aconsejó a su nieta, de gran talento, que disimulara su destreza matemática "con la misma diligencia con la que ocultaría una malformación o una cojera". 

Las vidas de Mary Wollestonecraft (filósofa, escritora y precursora del feminismo) y su hija Mary Shelley (la autora de Frankenstein y un buen montón de libros más) son, en realidad, muy entretenidas. Las dos adelantadas a su tiempo, las dos llevaron vidas consideradas como escandalosas entonces, las dos viajaron, conocieron a otros escritores y filósofos... y el libro cuenta, excepcionalmente bien, sus épocas. La parte histórica es la que más me gustó, probablemente por puro interés personal y porque muy pocas veces se encuentran libros que transmitan la cotidianidad y la mentalidad de otras épocas, y éste lo consigue. Pero la parte literaria, las páginas y páginas dedicadas a analizar las obras de madre e hija, y a elucubrar sobre las influencias de una y otra, pues mira, me da bastante igual.

Y vosotros, ¿también en verano os ponéis en modo facilón y preferís lecturas sencillitas?, ¿alguien se ha leído "Ilión" y me cuenta cómo acaba? Si os apetece una lectura veraniega (por corta y facilona), podéis echar un vistazo al relato que las simpáticas gentes de Libros Prohibidos han querido publicarme.

martes, 9 de julio de 2019

Chistes de pollas

La semana pasada se estrenó el primer capítulo de "El pionero", la serie documental sobre Jesús Gil y Gil en HBO. Los que seáis insultantemente jóvenes no lo recordaréis, pero Gil y Gil no sólo fue presidente de un club de fútbol, alcalde de una ciudad costera y promotor inmobiliario, también fue presentador de televisión de una obra cumbre de la cultura pop: "Las noches de tal y tal". Él salía metido en un jacuzzi rodeado de mozas en bikini de talle alto porque en los 90 los bañadores eran así, sobaqueros:

Las bellas y la bestia.

No recuerdo de qué iba el programa. No sé si había entrevistas, o si era un talk show donde las muchachas en bikini contaban sus vivencias o si cocinaban aprovechando el vapor del jacuzzi. Ni idea. Solo recuerdo que alguna vez salió Imperioso, el caballo de Gil. Los 90 nos dieron grandes momentos tan absurdos como Gil chapoteando en su jacuzzi. Recordemos a Arévalo, las mama Chicho y a Ruiz Mateos haciendo de las suyas.

Todo zafio, vocinglero, aplaudido por un público en directo que gritaba mucho. Y no era patrimonio único de la España de los 90, era algo que estaba en el aire. En los Estados Unidos tenían a Howard Stern y sus chistes de pollas a costa del caso Bobbit. ¿Lo recordáis? Yo, casi como con Gil e Imperioso, apenas me acordaba de que Lorena Bobbit, en un arranque pasional, había cortado el pene de su marido John y luego, cuchillo en una mano y pene en otra, había huido en coche para acabar tirando el pene por ahí.

Pero vayamos por partes. ¿Quién era Howard Stern? Locutor de radio, presentador, productor, escritor. Si pones en una batidora de vaso (como las de las películas americanas, que es lo apropiado en este caso) un poco de Jiménez Losantos, otro de Cárdenas en su época de "Crónicas Marcianas", otro de Encarna Sánchez y otro de Benny Hill, te sale Howard Stern.

Pues él  organizó en 1994 una especie de maratón de recaudación de fondos, más programa de variedades, más freak show, con la excusa de conseguir dinero para la operación reconstructora de John. Un montón de mozas exuberantes con bañador de tiro alto ejercían de azafatas y mostraban cuánto dinero se había recaudado en un medidor gigante con la forma de (oh, sorpresa) pollón. Todo aderezado con fino humor. Aquí una selección de las perlas de Howard (Howard's pearls):
"A penis is a terrible thing to waste"
"John, I'm glad you could come", "I can't, Howard"
"I don't even buy he was raping her... She's not that great looking"  


Atención al nivelón de la recreación dramática.

Y, ¿quién era Lorena Bobbit? Emigrante en Estados Unidos, se casa muy joven con John Wayne Bobbit y, antes de la noche en la que cogió el cuchillo de la cocina y le mutiló, pasó por un infierno de malos tratos y violaciones. Ese calvario quedó tan acreditado en el juicio por la agresión que Lorena fue declarada no culpable. Pero eso dio igual. Stern hizo su maratón, John se operó y grabó varias películas porno para demostrar que todo volvía a funcionar.

Muchos años más tarde "Lorena", un documental de Amazon, sí se preocupa por contar la historia completa, sin quedarse en las bromas. Se preocupa, en definitiva, por buscar la verdad. Y cuenta que después de sus operaciones, sus películas y sus colaboraciones con Stern, John Wayne Bobbit se volvió a casar, se divorció (denuncias por malos tratos mediante) y tuvo varias relaciones. En el documental habla una de sus novias, a la que casi tiró por una terraza y luego tuvo secuestrada, atada a una cama durante varios días. En el capítulo 3 del documental el abogado defensor de Lorena Bobbit hace un alegato digno de un capítulo de "The good fight": "Una vez oí decir a una señora que el cuerpo de una mujer es su hogar. Que su cuerpo es el contacto más íntimo que tiene con su alma. Violar a una mujer no solo es violar su cuerpo, sino también es violar su alma. Es un ataque directo a la estructura emocional que integra a una mujer". 



Más allá de las risas irónicas que nos provoque ese megamix del mal gusto que eran Stern y sus programas, el caso es qué hay detrás. Esto no es una cuestión de los límites del humor, esa parada queda muy atrás y a donde hay que ir realmente es a si a alguien le importó la verdad en ese momento o si optaron por mirar hacia otro lado para hacer caja. El evento del año 94 recaudó 260.000 dólares. Y Stern fue una estrella durante más de 20 años.

Cuando nos dé un ataque nostálgico sobre los 90, convendría contar hasta tres y recordar también todo esto. Quienes votaron a Gil como alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, quienes le ofrecieron programas en televisión, eligieron mirar hacia otro lado. Gil fue responsable del hundimiento de un edificio por el murieron sesenta personas. Sesenta. Recuerdo a Imperioso, pero ni  una sola mención a que Gil había pasado por la cárcel. La nostalgia por los 90 debería limitarse a Nirvana y Buffy cazavampiros, nunca por una época "sin complejos".

Y vosotros, ¿recordáis a Imperioso?, ¿y las "Noches de tal y tal"?, ¿echáis de menos los 90 o pensáis que es una época fea como pocas?

lunes, 27 de mayo de 2019

Mister Wonderful quiere conquistar el mundo

Ni magnates de las telecomunicaciones, ni narcotraficantes, ni malvados random que acarician gatos persas o llevan parche en un ojo (porque, como todo el mundo sabe, llevar parche o acariciar gatos es cosa de tipos pérfidos). Ninguno de estos malos de película de James Bond son dignos de ocupar ese rol. El villano del próximo Bond debería ser el dueño de Mister Wonderful. Un tipo que, de momento, ya ha conseguido colarse en la campaña electoral del 26 de mayo. ¿O me vais a decir que el lema de Más Madrid "Vota bonito" no lo ha creado Mister Wonderful? Es un paso más en su objetivo final: conquistar el mundo entero y obligarnos a decir cosas como "si te esfuerzas no habrá sueño que se te resista", "hoy me he puesto una sonrisa, que combina con todo" o "hoy comienza un año que va a ser la pera", acompañado del dibujo de una pera con ojitos y sonrisita. La ñoñería nos rodea y hay que estar alerta porque nos puede atacar hasta detrás de una novela de prestigio.

Amistad de juventud, de Alice Munro


Munro ganó el Nobel de literatura allá por el 2013 y yo, que estoy a la última, me he leído un libro suyo por primera vez en 2019. Los relatos de "Amistad de juventud" se centran en historias de reencuentros, rupturas y muchos, muchísimos adulterios, narrados con continuos pasos de tiempo. Comienzas a leer y nunca sabes muy bien ni quién es el protagonista ni en qué época se va a desarrollar la trama principal. Poco a poco Munro te va revelando cuál es la historia central, sorprendiéndote. Un ejemplo. El relato "Five points" cuenta en paralelo una historia del pasado, de una tienda del pueblo a la que acude un púber Neil, y también una historia del presente, la relación furtiva entre el adulto Neil y la casada Brenda. Al final las dos historias de unen para desvelar que la hija de los dueños de esa tienda a la que acudía Neil, pagaba a los chicos para que se acostaran con ella, y Neil fue uno de los que pagó. Saberlo cambia la relación entre él y Brenda de esta manera:

¿No sabe él qué está sucediendo? Quizá necesitaría la experiencia de muchas peleas de casados para saberlo. Para saber que lo que uno cree (y, por un momento, espera), que es el final absoluto puede ser solamente el comienzo de una nueva etapa, una continuación. Eso es lo que está sucediendo, eso es lo que ha sucedido. Para ella, él ha perdido algo de su resplandor; quizá no lo recupere. Probablemente le sucede lo mismo a él con ella. Ella también siente lo mismo en sí misma. Piensa que hasta ahora fue fácil.

Que el libro está escrito que te mueres es un hecho (no le dieron el Nobel a Munro porque le tocara una papeleta en una rifa), pero hay momentos en los que la traducción de Debolsillo flojea. Una pena porque, por lo demás, es una auténtica joya.

Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite

Cuando al final del día ponía películas en vídeo, las que más le emocionaban eran las que contaban las aventuras de aquellos soñadores caídos al fango con las alas rotas.


Caperucita en Manhattan es un clásico de la literatura juvenil y, como todo clásico, se supone que lo puede leer cualquiera, independientemente de su edad, como sucede con "La historia interminable". Una cosa os digo: JA.

No sé si me habría gustado más si lo hubiera leído a los 13 años. A lo mejor. Porque yo tenía mi vena cursi en aquella época, me chiflaba "El principito". Y ahora, sin embargo, leo cosas como esta...:

No hay que mirar nunca para atrás. En todo puede surgir una aventura. Pero ante las ansias de la nueva aventura, hay como un miedo por abandonar la anterior. Plántale cara a ese miedo.

...y no sé si estoy ante una novela que actualiza Caperucita roja en un Manhattan entre realista y fantástico o ante un libro de autoayuda. Llamadme cínica, pero esa Caperucita que se llama Sara y es una niña soñadora y lectora y también condescenciente con la forma de comportarse de sus padres me parece una repipi. Y esa vieja loca que se pasea por la ciudad y que resulta que es una encarnación de la estatua de la Libertad y una representación de la libertad en sí debería ser detenida por la policía porque, ¿qué hace paseándose con una niña por los parques de Nueva York? ¡Y de noche!


Procura encontrar tu camino en el laberinto. Quien no ama la vida, no lo encuentra. Pero tú la amas mucho. Además, aunque no me veas, yo no me voy, siempre estaré a tu lado.

Quien no ama la vida, no encuentra su camino en el laberinto. Podría ser el título del próximo libro de Albert Espinosa. Qué pereza.


Padres e hijos, de Iván Turguénev 

El año pasado leí un cuento de Turguénev, "Mumu" y me gustó tanto que, en mi estilo ventolera, decidí leerme alguna novela suya.  La elegida (porque estaba disponible en la biblioteca) fue ésta:



Dos amigos: Arkadi y Bazárov, visitan al padre de éste en la hacienda que tiene en el campo. Los jóvenes, que se definen como nihilistas, chocan con la manera de ver la vida del padre y el tío de Arkadi. Es todo muy novela rusa del XIX, con sus campesinos, sus veladas en casa de unos y otros tomando champaña, su recibir a las visitas...

La trama de la novela no empieza hasta que los dos amigos conocen a una viuda, Odíntsova, y ambos creen enamorarse de ella. Pero lo más interesante pasa antes, cuando se describen las rutinas de la casa del padre de Arkadi, el pasado de Pavel, su tío, o cómo todos aceptan con naturalidad que una joven criada haya tenido un hijo con el señor de la casa, pero a la vez siguen tratando a la chica como una criada más. Esa parte es la que recuerda más a las novelas clásicas rusas y, curiosamente, da igual que no haya una trama como tal, quieres saber más de la vida ociosa de los terratenientes, de su relación con sus criados, y de los padres anticuados con los hijos que se creen modernos (los nihilistas, los hipsters del XIX). Pero cuando los amigos protagonistas se enamoran y, oh sorpresa, el orgulloso, seguro de sí mismo y un poquito ostiable Bazárov se vuelve alguien más vulnerable la novela descriptiva se convierte en otra cosa, se traiciona a sí misma, empiezan a pasar cosas de una manera algo forzada y una se pregunta, ¿pero esto no se llamaba "Padres e hijos"?, ¿por qué en la página 150 se convierte en una historia de amores no correspondidos?

Toda la verdad sobre las mentiras, de José Antonio Palomares

La casete terminaba con la canción que más nos gustaba, "Un velero llamado Libertad". Esta sí la cantábamos a veces en el coche. Era alegre, no hablaba de amor y uno podía pensar que el protagonista se hacía pirata. Lo malo es que la canción decía "el mar" y no "la mar" como Rafael Alberti. Si eras poeta había que decir "la mar", era de primero de poesía. José Luis Perales tenía poca pinta de poeta, con esos jerséis de pico o su chaqueta azul marino de Galerías Preciados. Parecía, más que un poeta, un empleado triste de banco o un vendedor de enciclopedias a domicilio. A lo mejor por eso le gustaba a todo el mundo: era un funcionario de las baladas. 


"Toda la verdad sobre las mentiras" es un chute de nostalgia. El sabor de un donut con azúcar envuelto en papel de estraza, las casetes que tus padres ponían en el coche camino del pueblo... El grueso de la novela relata momentos de la infancia de su protagonista, un chaval de unos 11 años, en una época previa al boom de internet y las redes sociales, cuando tener una tele en color era lo más. Muy poco a poco, van colándose entre esas anécdotas pequeños detalles de lo que realmente pasaba en ese mundo de chicles Boomer y casetes de José Luis Perales: broncas familiares, problemas económicos o un padre que pasa demasiadas noches en el bar. Por mucho que los adultos intentan ocultar la verdad a los niños, ellos acaban intuyéndola. El libro se lee en un plis y enloquecerá a la generación EGB. Eso sí, la generación Z lo tomará por un libro de divulgación histórica.

Y vosotros, ¿también creeis que "Caperucita en Manhattan" está patrocinada por Mister Wonderful?, ¿ayer votasteis bonito o simplemente votasteis? Espero que no fuerais de ese 45% de vagos incapaces de levantar el culo de su asiento para ir a votar y también espero (por vuestro bien) que no os tocara estar en la mesa electoral. De todos modos, visto el resultado en Madrid, me reafirmo en mi último post: la democracia está sobrevalorada.

Last but not least, el miércoles día 5 de junio estaré firmando ejemplares de "El ganador se lo lleva todo" en la caseta 137 de la librería Muga, en la feria del libro de Madrid. Estaré desde las 19 horas y hasta las 21.30, ¡si me queréis venirsen!

lunes, 13 de mayo de 2019

La democracia está sobrevalorada

¿He batido mi propio record en la categoría holgazana-que-dice-que-mañana-mismo-actualiza-y-de-repente-resulta-que-han-pasado-sesenta-días? No lo sé, me da pereza comprobar el archivo del blog. A mi favor diré que he tenido unas semanas muy complicadas: he tenido obras en casa. Que mi casa tampoco es El Escorial, las obras duraron diez días, no dos meses, pero esa no ha sido la única excusa circunstancia que explica tantos días sin escribir. Hubo otra. Las elecciones del 28-A. Ahora os preguntaréis: ¿es que me he metido en política o quizá en estadística?, ¿trabajo para Tezanos y me he pasado las semanas previas llamando por teléfono a la gente para preguntar su intención de voto?, ¿era yo candidata de algún partido? Peor aún: fui presidenta de mi mesa electoral.

Aquí la prueba.

Todo comenzó cuando un muchacho llamó a casa diciendo que era de correos y yo cometí el primer error: abrirle. Recogí mi notificación y firmé, pero dentro de la carta solo avisaban de que yo era suplente de vocal o presidente. Polisuplente. Todo el mundo me dijo que no me preocupara, que era una putada faena porque el domingo me tocaría madrugar pero en cuanto formaran la mesa electoral me mandarían a casa. "A mí me pasó eso en las últimas elecciones", "a mí en unas europeas, creo", "yo fui con resaca, me mandaron para casa y me volví a meter en la cama". Eso me decía la gente. Segundo error: creerles.

Yo me leí la notificación por encima con detalle, contaba con una semana para demostrar documentalmente alguno de los poquísimos motivos que excusaban de presentarse en la mesa. Cosas del tipo: me caso justo ese día y aquí tiene usted mi lista de bodas, el presupuesto del catering y la factura del vestido de novia. De mi profunda lectura deduje que en esa semana también enviarían por correo un librito con las instrucciones para ser presidente/vocal en la mesa electoral. Pasó la semana, yo no recibí nada en el buzón y, cuando llegó el domingo, me levanté, cogí un par de mandarinas (por si acaso) y, sin tomar un café siquiera (tercer error), me fui al colegio electoral. Imaginad mi cara cuando estoy frente a la mesa, resulta que el presidente no está, nos dicen que en ese caso lo que hay que hacer es abrir la caja donde están todos los documentos, los abrimos y ahí está mi nombre como presidenta de la mesa. "Pero si a mí no me mandaron el librito", dije yo. Dio igual.

Afortunadamente, los apoderados e interventores de los partidos que andaban por ahí pululando nos ayudaron con nuestras dudas (¿dónde coño está el papelito ése que piden algunos para justificar que van a llegar tarde al trabajo porque están votando?, ¿se puede votar con dni caducado?) y empezamos.

En la tele dijeron que la participación fue altísima. Ya os digo yo que sí. Intentaba mandar un whatsapp para mandar a la mierda contar a todos aquellos que me dijeron que al final me volvería a casa que no, que estaba presidiendo la mesa, y no podía ni acabar una frase porque venía alguien a votar.

Con tanta gente, las primeras doce horas fueron entretenidas. Además, que vivo en la Latina, y eso significa actores votando y los vocales y yo cotilleando. Vino Cristina Castaño (a la que todos habíamos visto por el barrio con dos perritos patada), Javi Rey (que con su belleza casi provoca un soponcio a la segunda vocal), Amparo Pamplona (actriz de doblaje y madre de una que salía en "Aquí no hay quien viva", dije yo), Pili de Pili y Mili... También vino una cantidad indeterminada de gente despistada que no sabía si la nuestra era su mesa; otro buen grupo de gente que votaba y daba una palmadita a la urna como si le dijera "no me falles, tía"; y otros que nos daban ánimos. Que muy bien eso de los ánimos, ¿eh? pero para la próxima menos ánimos y más botellas de agua, bocadillos de lomo con queso, bolsas de risketos, lo que sea. Desde aquí me comprometo a que en las próximas elecciones yo sí llevaré algo a los de la mesa.

Las primeras doce horas fueron entretenidas, sí, pero qué calor hacía. No teníamos una triste ventana cerca y la decoración de la sala era, cómo decirlo, espantosa kitsch.

Stephen King estudió en el colegio San Ildefonso y este cuadro le inspiró para escribir "It".

A las ocho de la tarde se cierra el colegio electoral y llega el momento de contar los votos. Primero los votos por correo (comprobar que tienen la tarjeta censal dentro, abrirlos, meterlos en las urnas, así cincuenta veces porque había cincuenta votos por correo). Luego la urna del Congreso. Se separan los votos por partidos, se cuentan, se revisa que coincida con lo que se ha ido apuntando y entonces, ¡oh drama! resulta que no cuadra. A volver a contar, a volver a revisar. Luego la urna del Senado. Una cosa os voy a decir a los que votasteis a un candidato de cada partido: sois malas personas. Porque para contar el Senado había que: hacer dos montoncitos separando a quienes habían votado a un partido en bloque y por otro lado a los que habían votado nominalmente a uno de aquí y otro de allá. Luego contarlo todo y luego añadir, uno a uno, los votos nominales. Para entonces ya era la una de la madrugada y me entero (yo no me leí el librito con las instrucciones, ¿recordáis?) de que yo, como presidenta, tengo que llevar un sobre con actas varias a una sede judicial. Tras un momento de pánico consistente en pensar que me tenía que ir hasta Plaza de Castilla hasta que me dijeron que no, que había una sede en la calle Mayor, para allá que me fui.

Qué imagen aquella. Un montón de presidentes de mesas electorales de la zona centro, con nuestros sobres en la mano, caras de agotamiento. The walking dead. Hablamos entre nosotros y yo comento que espero que ahora no abran el sobre y comprueben porque fijo que me he dejado alguna cosa. Frente a nosotros, uno de seguridad o un policía (yo qué sé, tenía mucho sueño, no me acuerdo) nos escucha. Llega mi turno, doy el sobre, firmo no sé qué cosas (¿he dicho que tenía sueño?) y me dicen que me puedo ir. El policía (segurata, yoquésé) me sonríe y me dice: ¿ves como ya está? Lo mismo el chaval hasta estaba bueno y aquello hubiera podido ser un principio de comedia romántica, pero quién quiere amor pudiendo irse a su cama a descansar...

Cuando llegué a casa me esperaba esto:

¿Alepo? No, mi casa. 

Y todo esto por 65 euros. Si echáis los cálculos sale a 3.80 euros la hora, que está mejor pagado coser balones para Nike en una fábrica en Vietnam.

Una cosa os digo: la democracia está sobrevalorada. Consideremos otras opciones, que a lo mejor hemos rechazado muy alegremente. Las dictaduras no están tan mal, tienen sus ventajas, como no tener elecciones, por ejemplo. O también podemos recuperar las monarquías absolutistas, con sus cetros de oro, sus capas de armiño y ni una sola urna.

Y vosotros, ¿sois más de dictadura o de monarquía absoluta?, ¿habéis sido alguna vez vocales o presidentes de mesa?, ¿a que no sabéis que vi en mi buzón el lunes justo después de las elecciones? Sí, lo habéis adivinado: el puto librito.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Os voy a vender un proyecto

No uno, no. Os voy a vender tres. Estoy así de rumbosa.

El primero es el más factible. El casting ya está hecho y el modelo a seguir está claro. Se trata de un reality al estilo "Alaska y Mario" pero protagonizado por estas dos señoras:

La alcaldesa Manuela Carmena y la embajadora polaca Marzenna Adamczyk

La de la izquierda os sonará, es Manuela Carmena. Su doble (por parecido y por tamaño) es la embajadora de Polonia, se llama Marzenna Adamczyk, pero la llamaremos la señora polaca, más fácil de escribir. Carismática, tan adorable que le perdonamos su afición por la laca, entiende la palabra "cochiquera" (aunque no gorrino) y le toma el pelo a Broncano cuando éste la entrevista en "La resistencia". Yo a esta señora la vería 24/7. Imagináosla preparando magdalenas con Carmena, recibiendo a otros diplomáticos o haciendo cosas de señora mayor como ir a eventos que te importan un pito pero en los que se sirve un vino español.

"Carmena y Marzenna" lo tendría todo: barato de producir, programa familiar, no ofende a nadie... Qué aburrido, ¿no? Como dirían algunos ejecutivos de televisión "le falta punch". Hagamos algo más radical. Una serie cara, con muchas localizaciones naturales (Pachá, Baqueira, las Ventas, cotos privados de caza), muchos personajes y mucho de todo en general. Os presento: "Froilán rey". En el capítulo piloto, tras una semana aciaga para los Borbones que ríete tú de los primeros meses del 2012, el rey y sus herederos directos mueren y la línea dinástica dicta que Froilán debe subir al trono. Esta serie mezcla "Los Windsor" y "The crown", tomando un 99% de la primera y un 1% de la segunda, aprox.

Este último proyecto tiene punch, sí. Pero aún me guardo una tercera que es, sencillamente, el concepto ganador. Un reality... carcelario. Gran Hermano meets Vis a Vis. Supervivientes meets Prison Break. Informe Semanal meets Orange is the new black. La idea es simple: cogemos a un grupo de famosos que han tenido problemas con la ley y los encerramos en una cárcel de verdad. Tranquilos, que cuando digo de verdad no quiero decir en funcionamento, nos conformamos con un decorado natural, usando una de esas prisiones abandonadas que hay por ahí y que se usan para exposiciones, instalaciones y cosas mucho menos espectaculares que mi reality carcelario.

Hay varios perfiles que necesarios en el programa. Como corrupto vinculado al mundo político, el casting será complicado, contamos con muchos candidatos, pero mi corazón se debate entre Bárcenas y mi adorado Francisco Correa. Como folclórica que blanquea, aunque ella no sabía nada, si blanqueó fue por amor, tenemos a Isabel Pantoja. Como deportista de élite que debe millones a hacienda, pero él tampoco fue, fueron sus asesores, que él no sabía nada, contamos con Cristiano Ronaldo. Como artista internacional que debe millones a hacienda, pero ella no sabía nada, que fueron sus asesores, tenemos a Ana Torroja o a Miguel Bosé. Como acosador que asegura no sabía que las chavalas tenían 13 años, el youtuber Dalas Review.

La clave del éxito de este formato radica en que removerá a la audiencia, despertará sus afectos ocultos, en concreto, sus ansias de revancha. Los sentimientos bonitos están muy bien, no te digo yo que no, pero este programa llama al odio, a la mezquindad y la venganza. Porque qué gustirrinín daría ver a famosos y políticos de relumbrón haciendo cola para llamar por teléfono o comprando tabaco en el economato. Y para que nuestros concursantes vivan en sus carnes una prisión de verdad, añadiremos al casting un par de perfiles más: un terrorista yihadista, un asesino en serie... vamos, gente como él:


Leed mentalmente estas frases con la voz de Gloria Serra.

Igor el ruso, que ni se llama Igor, ni es ruso, en realidad nació Norbert Ferher y en Serbia, luego hizo el servicio militar en Rusia, formó parte de una banda criminal en Italia, donde pasó por la cárcel acusado de robo. Al salir volvió a robar, mató a dos personas y huyó del país. Se refugió en un sitio donde pensó que nadie le encontraría... Teruel. Allí mató a un ganadero que se enfrentó a él y a dos guardias civiles. Fijaos en el segundo 08.00 del video. Cómo mira a cámara Igor el ruso, a chungo no le gana nadie, y por eso lo necesitamos en nuestro programa.

Y a vosotros, ¿qué idea os ha convencido más?, ¿cuál se merece un bonito documento de venta?, ¿alguien tiene el teléfono de Vasile?

Además, os cuento que este viernes 15 de marzo, a las 19.30h, hay una nueva presentación de "El ganador se lo lleva todo" en la librería La Fugitiva, un sitio cuquísimo al lado mismo de la filmoteca. ¡Vénganse todos!