Todo lector tiene sus hábitos y manías. Los hay que miman sus libros (ni un subrayado, ni una esquinita doblada); otros dicen que les gustan los libros "vividos" y subrayan, marcan, apuntan pensamientos, comentarios y lo que surja; los hay que no prestan un libro jamás y los hay que tenemos una lista negra mental porque los libros se devuelven siempre (¿eh, Rebeca? Que no me he olvidado de "Un niño grande"). Todos tenemos nuestras manías y, en mi caso, si hay algo que me dé rabia (más incluso que que no me devuelvan un libro) es dejarme un libro a medias. Pero lo he hecho. ¿Con cuál? Ah, tendréis que seguir leyendo para averiguarlo.
Apegos feroces, de Vivian Gornick
Gremio de Libreros de Madrid... me temo que no tenemos el mismo criterio. Ya me decepcionó "Intemperie" de Jesús Carrasco hace unos años. Es un libro repleto de descripciones de campo agreste: que si la hojarasca, que si el frío, que si las rocas, que si por favor que alguien diga algo en este libro que me aburro, ¿es que los personajes son mudos? Pues bien, "Intemperie" recibió el premio del Gremio de Libreros 2013. El premio del Gremio de Libreros 2017 lo consiguió "Apegos feroces":
Al menos no hay descripciones de tortuosos campos secos, más que nada porque está ambientado en Nueva York. La historia de Gornick es un repaso de sus recuerdos, marcados por la relación con su madre. En ningún momento me enganchó, quizá por la falta de un hilo, una trama principal más allá de "estos son mi recuerdos, ahí van" o quizá por el estilo al escribir de Gornick:
Veo la imperiosa cualidad del propósito de Nolde, la concienzuda paciencia con la que las flores lo mantienen absorto, la clara y concentración del artista en el sujeto. La veo. Y pienso: es la concentración la que otorga intensidad a la obra. El espacio que hay en mi interior aumenta de tamaño. Ese rectángulo de luz y aire que hay en mi interior, donde el pensamiento se esclarece, el lenguaje brota y la respuesta se vuelve inteligente, ese famoso espacio rodeado de soledad, ansiedad y autocompasión se abre de par en par mientras contemplo las flores de Nolde.
Vivian, hija, qué redicha eres. Pero este libro me lo leí enterito. Eso sí, la próxima vez que lea en la faja de una portada "premio del Gremio de Libreros de Madrid", huiré, les voy a considerar mi termómetro lector.
Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas
Este libro me lo regalaron por razones obvias: el gato de la portada es idéntico a mi Simón. Si no fuera porque mi gato sólo sale de casa para subir al quinto piso, curiosear durante diez minutos y luego bajar otra vez corriendo a casa, diría que es él.
Los dueños de gatos, como los dueños de perros o los aficionados al crossfit, podemos estar horas hablando de nuestro amor. Díaz-Mas ha tomado toda esa pasión gatuna y ha escrito un libro con ella. Cuenta algunas cosas interesantes, incluso emocionantes (como lo difícil que es acostumbrarse a la falta de tu mascota cuando muere), pero sin ninguna trama que sirva de armazón a toda esa sapiencia felina. El libro es muy corto, 120 páginas, y está bien escrito, pero se queda en una suma de anécdotas que sólo los cat lovers apreciamos. Y también me lo leí entero.
El zoo de papel, de Ken Liu
"El zoo de papel" es un compendio de quince relatos del autor de ciencia ficción y fantasía Ken Liu. Cuando llevaba siete relatos me planteé seriamente
dejar el libro, pero entonces leo en la contraportada (otra manía: nunca leo las contraportadas, prefiero saber lo menos posible) que un
crítico, que ni sé quién es, recomienda muy mucho el cuento que da
título al libro y resulta que es el relato número ocho, el siguiente, así que me lo leo.
El crítico tiene toda la razón, "el zoo de papel" es precioso, delicado y adorable como
una figurita de origami. Así que sigo leyendo... y decido dejar el libro
en el relato número nueve.
Liu tiene ideas muy interesantes que desarrolla como si fueran la sinopsis de una película: sin profundizar en
los personajes, tirando de alguna frase hecha aquí y allá ("déjenlo
marchar, en realidad es a mí a quien quieren"), de tópicos (que si la
bella prostituta, que si la policía obsesionada por la muerte de su
hija...) y de momentos supuestamente poéticos que me suenan
falsos:
Cuando está desnuda y sola con sus recuerdos, desamparada
ante la ráfaga de odio al rojo vivo (¿contra aquel hombre?, ¿contra
ella misma?) y furia helada, en ese negro abismo sin fondo que es el
castigo que debe sufrir.
A estas alturas pensaréis que llevo una racha terrorífica de lecturas en el cercanías. Pero no es así, porque también he leído un libro tan bueno, pero tan tan tan tan bueno, que podría leer los ganadores de todas las ediciones de los premios del Gremio de Libreros de Madrid el resto del año:
Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver
Pero al mirar atrás, no puedo menos que reconocer que cuando más
intenso era el amor que despertaba en mí nuestro hijo, era cuando no lo
tenía delante.
Una madre reflexiona y recuerda: cómo decidió junto a su marido que serían padres, cómo fue el embarazo, cómo enfrentó la depresión posparto posterior, cómo empezó a notar que algo extraño que pasaba a su hijo Kevin... hasta que Kevin cumple dieciséis años y mata a sangre fría a varios compañeros de clase y una profesora. Todo trufado (¿trufado?, ¿he dicho trufado? Soy más redicha que Vivian Gornick) de reflexiones sobre las relaciones madre-hijo, la naturaleza de Kevin, los límites del bien y el mal e incluso la política americana. Es un libro tan profundo, tan estremecedor, que lo mejor es que leamos a Shriver:
Aunque la doctora Rhinestein me brindó lo de la despresión posparto
como si se tratara de un regalo, convencida, al parecer, de que el mero
hecho de que te digan que eres una desgraciada ha de animarte, yo no
pago a los profesionales para que me vengan con obviedades, con simples
descripciones. Aquello, más que un diagnóstico, era una mera tautología:
me sentía deprimida después de nacer Kevin porque su nacimiento me
había deprimido. ¡Gracias por tan brillante explicación!
Cuando le ocultábamos a Kevin nuestros misterios adultos porque era
un niño, ¿acaso no le estábamos prometiendo implícitamente que llegaría
un día en el que se descorrería la cortina para revelarle... qué? Pero
lo único que no se había imaginado nunca Kevin era que no estuviéramos
escondiéndole nada. Es decir, que al otro lado de nuestras estúpidas
reglas no hubiera nada, absolutamente nada.
...Me dijo que yo tal vez lo pasara peor que cualquiera de los otros padres. Rechacé esa idea. "No sería justo", le dije. "Después de todo, aún tengo a mi hijo." Y entonces dijo algo que me impresionó profundamente: "¿De verdad?" ¿De verdad lo tienes?" No contesté, pero le agradecí su amabilidad.
Y vosotros, ¿cuáles son vuestras manías lectoras?, ¿prestáis libros alegremente?, ¿sois capaces de dejar un libro a medias sin cargo de conciencia?
Mantengo este blog porque si las hombreras y el flúor volvieron a ponerse de moda, ¿por qué no los blogs?
martes, 19 de junio de 2018
lunes, 4 de junio de 2018
Ocho horas con Mariano
Después de cerrar la puerta, tras la última visita, Mariano recuesta levemente la nuca en la pared de la Moncloa hasta notar el contacto frío de su superficie y parpadea varias veces como deslumbrado. Siente la mano derecha dolorida y los labios tumefactos de tanto besar a los compañeros de partido. Y como no encuentra mejor cosa que decir repite lo mismo que lleva diciendo desde la mañana: "Aún me parece mentira, Viri, fíjate; me es imposible hacerme a la idea".
Es posible que este párrafo os suene ligeramente. Como cuando ves a un vecino de tu bloque en tus vacaciones en México y piensas: ¿éste quién es? En este caso, la cara que te suena aunque no sabes de qué es el comienzo de "Cinco horas con Mario". Pero podría ser el comienzo de la historia de la peor semana de Mariano Rajoy.
La semana empieza súper bien, con Mariano contento porque se habían aprobado los presupuestos del Estado y, además, lo mejor de todo, en unos días es la final de la Champions. Sabe que en breve sale la sentencia de un caso de corrupción, no se acuerda de cuál, porque él ya tiene una edad y a veces le dan lapsus y cualquiera lleva la lista de todos los casos de corrupción en los que está implicado el partido. Así que se va a la cama tan contento.
Al día siguiente, 24 de mayo, se conoce la sentencia de la Gürtel: Correa, 51 años; Bárcenas, 33 años; Pablo Crespo, 37 años y así todo. 25 de mayo, Pedro Sánchez anuncia que presentará una moción de censura. Unidos Podemos enseguida dice que apoyarán la moción, pero con eso no alcanza. Rajoy hace un sacrificio por España y decide cancelar su viaje a la final de la Champions. El PSOE negocia con los otros partidos que necesita para que la moción prospere. Que si los nacionalistas catalanes, que si el PNV... La prima de riesgo se dispara. En el PP dicen: ¿veis lo que pasa cuando amenazáis la estabilidad? Con lo duros de roer que han sido los del PNV, que le han sacado una cantidad loquísima de millones para darle su apoyo en los presupuestos, ahora no rechazarán esos millones por juntarse con un montón de partidos que sólo tienen en común las ganas de echarle. Así que Rajoy duerme tranquilo.
Pero el día 31 de mayo, en el debate de la moción de censura, Sánchez dice que respetará los presupuestos. La prima de riesgo, con mucho sentido del espectáculo, va y se estabiliza. Se desatan los rumores que aseguran que el PNV votará a favor de la moción de censura. El debate continúa esa tarde y Rajoy se ausenta. En el lugar donde él debería estar sentado queda un bolso, el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Dónde está Rajoy?
Pues Rajoy está en un bar.
Sí, en un bar. Se atrinchera ahí un ratito. Ocho horas, en un bar-restaurante bueno, ojo, al lado de la Puerta de Alcalá. Se llama Arahy y tiene unas críticas en Trip Advisor que son canela en rama. ¿Qué hizo Mariano en esas ocho horas? Se me ocurren varias opciones.
La costumbrista. Mariano organiza movidas. Como quién se ocupará de la mudanza de la Moncloa, que se acumulan muchas cosas durante seis años y hay que decidir qué te llevas, qué tiras, qué dejas al próximo inquilino. Comunicar a los niños que se mudan, cambiar el nombre del titular de las facturas del teléfono, el gas y la electricidad. Francamente, no sé cómo le dio tiempo a organizarlo todo en solo ocho horas.
La de comedia romántica. Como un españolito cualquiera que se entera de que le despiden de un día para otro, la emoción embarga a Mariano, que se despide de sus compañeros, dedicándoles un discurso a todos y cada uno (ocho horas dan para mucho). Imagino a Mariano, que ya va por el tercer pacharán, diciéndole a Dolores de Cospedal: "Dolores, eres muy guapa y mucho guapa, no te lo había dicho hasta ahora porque trabajamos juntos y estás casada y eres más joven que yo y yo también estoy casado... pero... Dolores, que me gustas mucho". Como en "Love actually", pero en plan cañí.
La épica. Mariano, rodeado por sus secuaces, planea su venganza. El héroe, el renacido, aquel que han dado por muerto varias veces y que, sin embargo, siempre vuelve, el Jon Snow del PSOE... le ha vencido. Y ese héroe, además, está bueno. Por tanto, es el galán. Y a Mariano le queda otro papel muy jugoso: el del villano. Planea un regreso a lo grande haciendo algo desproporcionado y espectacular, de villano de película de James Bond: ¿conquistar Gibraltar al mando de la Legión?, ¿secuestrar a los cinco diputados de PNV y sustituirlos por androides? Se tiran ocho horas debatiéndolo.
La de drama intimista. Mariano tiene una bajona que ni cuando el Real Madrid pierde. No entiende qué es lo que ha podido fallar. Siempre que se ha enfrentado a problemas los ha capeado con serenidad zen, respirando hondo y no haciendo nada de nada. Y siempre le había funcionado. Hasta ahora, claro. Está en plena crisis existencial. Mariano, como Carmen Sotillos en "Cinco horas con Mario", reflexiona sobre su mandato en forma de soliloquio que a lo mejor podría haberse acortado un poco (ocho horas son muchas horas). Sus ministros van pasando por el restaurante o llaman a Mariano, quizá para consolarle, quizá para parar ese soliloquio eterno. Le dicen lo típico: todo esto también pasará, mira el lado bueno, ahora tendrás más tiempo para ver el fútbol o para andar fuertecito...
La realista. Entre whisky y whisky, Mariano manda destruir documentación que podría implicarle en aún más casos de corrupción. En el Carrefour venden unos paquetes de cuarenta bolsas de basura, con capacidad para 30 litros cada una, ideales. Comprad todos los paquetes que podáis. Y pagad al contado, luego lleváis el recibo al tesorero. Ay, calla, que al tesorero lo tenemos en la cárcel...
Pobre Mariano. Menuda semana. El resto ya lo sabéis: se produjo la votación, los números bastaron y Mariano Rajoy ya no es presidente. Solo una persona ha tenido una semana peor que Mariano Rajoy: Vicente. Para los que no hayáis seguido ni Operación Triunfo, ni las redes sociales, ni estéis rodeados por fans de OT, os cuento: Vicente, era novio de Aitana (una de las favoritas de OT) y ha visto cómo su novia le ha dejado por otro chico del concurso (un tal Cepeda que aspira a ser el nuevo Antonio Orozco), Vicente se ha presentado al casting de la próxima edición de OT y no lo ha pasado. Pobre Vicente. Es un crío, su novia le deja por un aspirante a flamenquito coñazo, ella no para de triunfar y acaparar portadas, así que se encuentra con la cara de la moza everywhere y cuando quiere "perseguir su sueño" (que es lo que hacen todos los que se presentan a programas de talentos "perseguir su sueño" porque "la música es su vida") resulta que no le seleccionan. Estoy contigo, Vicente. Todos somos Vicente.
Y vosotros, ¿habéis estado alguna vez en el Arahy?, ¿qué creéis que hizo Mariano en esas ocho horas?, ¿quién tuvo peor semana: Vicente o Mariano?
Es posible que este párrafo os suene ligeramente. Como cuando ves a un vecino de tu bloque en tus vacaciones en México y piensas: ¿éste quién es? En este caso, la cara que te suena aunque no sabes de qué es el comienzo de "Cinco horas con Mario". Pero podría ser el comienzo de la historia de la peor semana de Mariano Rajoy.
La semana empieza súper bien, con Mariano contento porque se habían aprobado los presupuestos del Estado y, además, lo mejor de todo, en unos días es la final de la Champions. Sabe que en breve sale la sentencia de un caso de corrupción, no se acuerda de cuál, porque él ya tiene una edad y a veces le dan lapsus y cualquiera lleva la lista de todos los casos de corrupción en los que está implicado el partido. Así que se va a la cama tan contento.
Al día siguiente, 24 de mayo, se conoce la sentencia de la Gürtel: Correa, 51 años; Bárcenas, 33 años; Pablo Crespo, 37 años y así todo. 25 de mayo, Pedro Sánchez anuncia que presentará una moción de censura. Unidos Podemos enseguida dice que apoyarán la moción, pero con eso no alcanza. Rajoy hace un sacrificio por España y decide cancelar su viaje a la final de la Champions. El PSOE negocia con los otros partidos que necesita para que la moción prospere. Que si los nacionalistas catalanes, que si el PNV... La prima de riesgo se dispara. En el PP dicen: ¿veis lo que pasa cuando amenazáis la estabilidad? Con lo duros de roer que han sido los del PNV, que le han sacado una cantidad loquísima de millones para darle su apoyo en los presupuestos, ahora no rechazarán esos millones por juntarse con un montón de partidos que sólo tienen en común las ganas de echarle. Así que Rajoy duerme tranquilo.
Pero el día 31 de mayo, en el debate de la moción de censura, Sánchez dice que respetará los presupuestos. La prima de riesgo, con mucho sentido del espectáculo, va y se estabiliza. Se desatan los rumores que aseguran que el PNV votará a favor de la moción de censura. El debate continúa esa tarde y Rajoy se ausenta. En el lugar donde él debería estar sentado queda un bolso, el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Dónde está Rajoy?
Los usuarios de twitter siempre dándolo todo cuando toca.
Pues Rajoy está en un bar.
Sí, en un bar. Se atrinchera ahí un ratito. Ocho horas, en un bar-restaurante bueno, ojo, al lado de la Puerta de Alcalá. Se llama Arahy y tiene unas críticas en Trip Advisor que son canela en rama. ¿Qué hizo Mariano en esas ocho horas? Se me ocurren varias opciones.
La costumbrista. Mariano organiza movidas. Como quién se ocupará de la mudanza de la Moncloa, que se acumulan muchas cosas durante seis años y hay que decidir qué te llevas, qué tiras, qué dejas al próximo inquilino. Comunicar a los niños que se mudan, cambiar el nombre del titular de las facturas del teléfono, el gas y la electricidad. Francamente, no sé cómo le dio tiempo a organizarlo todo en solo ocho horas.
La de comedia romántica. Como un españolito cualquiera que se entera de que le despiden de un día para otro, la emoción embarga a Mariano, que se despide de sus compañeros, dedicándoles un discurso a todos y cada uno (ocho horas dan para mucho). Imagino a Mariano, que ya va por el tercer pacharán, diciéndole a Dolores de Cospedal: "Dolores, eres muy guapa y mucho guapa, no te lo había dicho hasta ahora porque trabajamos juntos y estás casada y eres más joven que yo y yo también estoy casado... pero... Dolores, que me gustas mucho". Como en "Love actually", pero en plan cañí.
La épica. Mariano, rodeado por sus secuaces, planea su venganza. El héroe, el renacido, aquel que han dado por muerto varias veces y que, sin embargo, siempre vuelve, el Jon Snow del PSOE... le ha vencido. Y ese héroe, además, está bueno. Por tanto, es el galán. Y a Mariano le queda otro papel muy jugoso: el del villano. Planea un regreso a lo grande haciendo algo desproporcionado y espectacular, de villano de película de James Bond: ¿conquistar Gibraltar al mando de la Legión?, ¿secuestrar a los cinco diputados de PNV y sustituirlos por androides? Se tiran ocho horas debatiéndolo.
La de drama intimista. Mariano tiene una bajona que ni cuando el Real Madrid pierde. No entiende qué es lo que ha podido fallar. Siempre que se ha enfrentado a problemas los ha capeado con serenidad zen, respirando hondo y no haciendo nada de nada. Y siempre le había funcionado. Hasta ahora, claro. Está en plena crisis existencial. Mariano, como Carmen Sotillos en "Cinco horas con Mario", reflexiona sobre su mandato en forma de soliloquio que a lo mejor podría haberse acortado un poco (ocho horas son muchas horas). Sus ministros van pasando por el restaurante o llaman a Mariano, quizá para consolarle, quizá para parar ese soliloquio eterno. Le dicen lo típico: todo esto también pasará, mira el lado bueno, ahora tendrás más tiempo para ver el fútbol o para andar fuertecito...
La realista. Entre whisky y whisky, Mariano manda destruir documentación que podría implicarle en aún más casos de corrupción. En el Carrefour venden unos paquetes de cuarenta bolsas de basura, con capacidad para 30 litros cada una, ideales. Comprad todos los paquetes que podáis. Y pagad al contado, luego lleváis el recibo al tesorero. Ay, calla, que al tesorero lo tenemos en la cárcel...
Pobre Mariano. Menuda semana. El resto ya lo sabéis: se produjo la votación, los números bastaron y Mariano Rajoy ya no es presidente. Solo una persona ha tenido una semana peor que Mariano Rajoy: Vicente. Para los que no hayáis seguido ni Operación Triunfo, ni las redes sociales, ni estéis rodeados por fans de OT, os cuento: Vicente, era novio de Aitana (una de las favoritas de OT) y ha visto cómo su novia le ha dejado por otro chico del concurso (un tal Cepeda que aspira a ser el nuevo Antonio Orozco), Vicente se ha presentado al casting de la próxima edición de OT y no lo ha pasado. Pobre Vicente. Es un crío, su novia le deja por un aspirante a flamenquito coñazo, ella no para de triunfar y acaparar portadas, así que se encuentra con la cara de la moza everywhere y cuando quiere "perseguir su sueño" (que es lo que hacen todos los que se presentan a programas de talentos "perseguir su sueño" porque "la música es su vida") resulta que no le seleccionan. Estoy contigo, Vicente. Todos somos Vicente.
Y vosotros, ¿habéis estado alguna vez en el Arahy?, ¿qué creéis que hizo Mariano en esas ocho horas?, ¿quién tuvo peor semana: Vicente o Mariano?
lunes, 21 de mayo de 2018
La boda de Quique y Marga
Hay gente que colecciona postales, a unos les da por las monedas y a otros por las muñecas reborn. Lo más parecido a una colección que tiene una servidora son unos cuantos ejemplares históricos del Hola. Históricos como la boda de Feli y Leti, el Oscar de Pé o una de las múltiples veces que Nati Abascal ha enseñado su casa:
En esta ocasión me he ahorrado los eurillos del Hola porque la boda de Quique y Marga (también conocidos como Harry y Meghan) ha resultado ser una royal wedding de chichinabo. Si no acuden Carolina de Mónaco o el bello Carlos Felipe, eso no es royal wedding. Asumo que no había royals de los de verdad, de esos que sacan a pasear medallas y tiaras de brillantes, por algún tema de protocolo, que sólo van a las bodas de los herederos. Tiene su lógica, los plebeyos vamos a las bodas de amigos y familiares, pero los Windsor, Habsburgo, Orange, Borbón... son todos familia entre sí y ya sabemos el gasto (y la pereza) que conlleva ir a una boda. Hay que seleccionar. Y ya que Quique ha querido casarse con una actriz, han optado por invitar a celebrities, así al buen tun tún.
Entiendo que se invite a los compañeros de reparto de la serie de Meghan Markle. Pero... ¿Tom Hardy?, ¿George Clooney?, ¿Idris Elba? Tele5 y Antena 3 llevan un mes programando las tv movies que Meghan ha protagonizado durante su carrera y en ninguna ha coincidido con Clooney. Estamos hablando de tv movies canadienses, en las que ni tan siquiera aparecen actores de "Sensación de vivir" buscando pagar la letra de su mansión en Malibú. Únicamente las tv movies alemanas son peores que las canadienses. Meghan no sólo no ha coincidido trabajando con George, Idris o Tom... es que no les ha visto en su vida. Bueno, hasta el sábado cuando se casó.
Mi apuesta es que alguien de la servidumbre de los Windsor se ha encargado de confeccionar la lista de invitados y ha elegido a sus actores favoritos. Y no digo esto así porque sí. No. Si ya tienen a un contador del censo de cisnes reales, con uniforme y todo, así que... ¿por qué no iban a tener en nómina a un hacedor de listas de invitados?
Además, los actores ingleses adoran a su monarquía. Normal, los royals son un género en sí mismo, como las películas de tacitas de té. Si Tom Hiddleston, Terence Stamp o Michelle Dockery se proclamaran republicanos se les cerraría las puertas del proceso de casting de todas esas películas tan trepidantes sobre reyes ingleses: aquel que era tartaja, el que abdicó para casarse con una divorciada americana y todas esas sobre Enrique VIII, que no paró de matar esposas no por gusto, sino para dar trabajo a la BBC. Y, entre todos los royals, es Harry el más popular (excepto para Natalie Dormer, que elige como royal favorito al príncipe George porque "he's so cute"). Así que es normal que el enlace de Quique y Marga mezclara a gente con nombres tan rimbombantes como Lady Edwina Louise Grosvenor con otros como Tom Hardy, con pinta de haberse peleado la noche anterior con todos los parroquianos de un pub.
Lo que no entiendo es la presencia de las ex novias de Harry en su boda. No una que fue su novia cuando eran adolescentes, en una época en la que se confunden amor y amistad, han pasado los años y ahora son amigos y casi hermanos. No. Dos ex novias. Dos rubias de familia noble con las que salió durante varios años cuando ya era un hombretón y, como todos los Windsor, se estaba quedando cartón. Esto demuestra mi teoría de que la high society no es como nosotros, los ordinarios plebeyos que nos dejamos arrastrar por nuestras pasiones barriobajeras y no consentimos compartir espacio con un ex... No. Ellos se lo toman con diplomacia, a lo alta comedia de Lubitsch.
Yo, que soy plebeya y además rencorosa, jamás invitaría a un ex. Y habría invitado a la familia paterna de Meghan, a ese padre que vendió una exclusiva a la prensa horas antes del enlace y que por eso mismo acabó por no acudir y, por supuesto, a sus dos hermanastros. Una aconsejó a su padre que concediera esa exclusiva y el otro escribió una carta a Harry aconsejándole que "aún estaba a tiempo de no casarse con Meghan". Una buena ración de mal rollo familiar es necesaria en toda boda y garantiza menos caras de aburrimiento.
Y vosotros, ¿invitaríais a los/as ex a vuestra boda?, ¿por qué estaban tan aburridos los invitados, abuela del novio incluída?, ¿con quién se peleó Tom Hardy la noche anterior?, ¿quién es más bello, el bello Carlos Felipe o el bello David Beckham?
Esto va a valer una pasta en ebay en el año 2050.
En esta ocasión me he ahorrado los eurillos del Hola porque la boda de Quique y Marga (también conocidos como Harry y Meghan) ha resultado ser una royal wedding de chichinabo. Si no acuden Carolina de Mónaco o el bello Carlos Felipe, eso no es royal wedding. Asumo que no había royals de los de verdad, de esos que sacan a pasear medallas y tiaras de brillantes, por algún tema de protocolo, que sólo van a las bodas de los herederos. Tiene su lógica, los plebeyos vamos a las bodas de amigos y familiares, pero los Windsor, Habsburgo, Orange, Borbón... son todos familia entre sí y ya sabemos el gasto (y la pereza) que conlleva ir a una boda. Hay que seleccionar. Y ya que Quique ha querido casarse con una actriz, han optado por invitar a celebrities, así al buen tun tún.
Tom no quería estar ahí
Entiendo que se invite a los compañeros de reparto de la serie de Meghan Markle. Pero... ¿Tom Hardy?, ¿George Clooney?, ¿Idris Elba? Tele5 y Antena 3 llevan un mes programando las tv movies que Meghan ha protagonizado durante su carrera y en ninguna ha coincidido con Clooney. Estamos hablando de tv movies canadienses, en las que ni tan siquiera aparecen actores de "Sensación de vivir" buscando pagar la letra de su mansión en Malibú. Únicamente las tv movies alemanas son peores que las canadienses. Meghan no sólo no ha coincidido trabajando con George, Idris o Tom... es que no les ha visto en su vida. Bueno, hasta el sábado cuando se casó.
Mi apuesta es que alguien de la servidumbre de los Windsor se ha encargado de confeccionar la lista de invitados y ha elegido a sus actores favoritos. Y no digo esto así porque sí. No. Si ya tienen a un contador del censo de cisnes reales, con uniforme y todo, así que... ¿por qué no iban a tener en nómina a un hacedor de listas de invitados?
Además, los actores ingleses adoran a su monarquía. Normal, los royals son un género en sí mismo, como las películas de tacitas de té. Si Tom Hiddleston, Terence Stamp o Michelle Dockery se proclamaran republicanos se les cerraría las puertas del proceso de casting de todas esas películas tan trepidantes sobre reyes ingleses: aquel que era tartaja, el que abdicó para casarse con una divorciada americana y todas esas sobre Enrique VIII, que no paró de matar esposas no por gusto, sino para dar trabajo a la BBC. Y, entre todos los royals, es Harry el más popular (excepto para Natalie Dormer, que elige como royal favorito al príncipe George porque "he's so cute"). Así que es normal que el enlace de Quique y Marga mezclara a gente con nombres tan rimbombantes como Lady Edwina Louise Grosvenor con otros como Tom Hardy, con pinta de haberse peleado la noche anterior con todos los parroquianos de un pub.
Victoria tampoco quería estar ahí.
Lo que no entiendo es la presencia de las ex novias de Harry en su boda. No una que fue su novia cuando eran adolescentes, en una época en la que se confunden amor y amistad, han pasado los años y ahora son amigos y casi hermanos. No. Dos ex novias. Dos rubias de familia noble con las que salió durante varios años cuando ya era un hombretón y, como todos los Windsor, se estaba quedando cartón. Esto demuestra mi teoría de que la high society no es como nosotros, los ordinarios plebeyos que nos dejamos arrastrar por nuestras pasiones barriobajeras y no consentimos compartir espacio con un ex... No. Ellos se lo toman con diplomacia, a lo alta comedia de Lubitsch.
Yo, que soy plebeya y además rencorosa, jamás invitaría a un ex. Y habría invitado a la familia paterna de Meghan, a ese padre que vendió una exclusiva a la prensa horas antes del enlace y que por eso mismo acabó por no acudir y, por supuesto, a sus dos hermanastros. Una aconsejó a su padre que concediera esa exclusiva y el otro escribió una carta a Harry aconsejándole que "aún estaba a tiempo de no casarse con Meghan". Una buena ración de mal rollo familiar es necesaria en toda boda y garantiza menos caras de aburrimiento.
Pero es que ni Elizabeth quería estar ahí.
Y vosotros, ¿invitaríais a los/as ex a vuestra boda?, ¿por qué estaban tan aburridos los invitados, abuela del novio incluída?, ¿con quién se peleó Tom Hardy la noche anterior?, ¿quién es más bello, el bello Carlos Felipe o el bello David Beckham?
lunes, 7 de mayo de 2018
¿Qué tienen en común Ana Obregón y Jennifer López?
Todo vuelve, todo se adapta, todo se mezcla. Se va a estrenar un remake de "Mary Poppins" y otro de "Ha nacido una estrella", hay precuelas, cuelas y postcuelas de la saga de "la guerra de las galaxias" y el trap, esa fusión de reggaetón, electrolatino y rap lo peta entre los menores de 25. Pero, ¿cuánto se puede mezclar?, ¿qué
diferencia la fusión del revoltillo?
Pongamos que me da por fusionar bollywood con música disco y la estética setentera de los zooms de Valerio Lazarov. ¿Pensáis que semejante pastiche no puede existir? Error. Existe. Ya hablé de Jimmy Ajaa, una canción clásica de Bollywood, aquí. Y una cosa os digo, "Jimmy Ajaa" no es tan loco como os creéis. Aún se puede fusionar más:
Resulta que la película en la que aparece la canción: "Disco dancer", es un hit en Oriente. Vamos que es subirte en el transiberiano en Moscú y todo el mundo canturrea eso de "jimmy-jimmy-jimmy, ajaa-ajaa-ajaa" hasta que te bajas en Ulan Bator.
¿Y hay algo todavía más disparatado que la versión rusa de "Jimmy"'? Pues sí, hayla. Se llama "el anillo", la canta Jennifer López y es el pastiche más grande que han visto estos ojos en mucho tiempo. No veía despropósito más grande desde el "Loba" de Shakira. JLo está a dos mallas de strass de convertirse en la Ana Obregón de los Estates, sólo le falta pasearse en minifalda por las alfombras rojas mientras dice "sexy, sexy, sexy", como Yolanda Ramos en "Homozapping".
Analicemos esta obra cumbre del batiburrillo como se merece:
0:06, se abre plano y vemos un castillo de cuento con su lago y sus montañas, ¿sacado de una nueva versión de Blancanieves?, ¿de la nueva temporada de "Juego de tronos?, ¿es el castillo de Neuschwanstein?
0:09, primera aparición de JLo, cual reinona de cuento, con capa, corona y bien de gomina para sujetar una cola de caballo larga como un día sin pan. Contemos cuántos outfits lleva.
0:14, primera aparición de Miguel Ángel Silvestre en torso. Torse desnudo, claro, que no se contrata a MAS en un videoclip sabrosón para que pasee el torso tapado.
0:21, segundo outfit de JLo, ahora de reina ¿bizantina? Si en Bizancio hubieran vivido Dolce&Gabbana.
0:24, segunda aparición del torso de MAS (aka Miguel Ángel Silvestre).
0:40, tercer outfit de JLo, con una especie de cota de malla dorada que no serviría para protegerse de ningún ataque porque tiene demasiadas aberturas en lugares sensibles.
1:03, cuarto outfit de JLo, consistente en un body negro con transparencias de la Perla (por ejemplo).
1:05, MAS y su torso, once more.
1:07, quinto outfit de JLo, ahora de diosa hindú. Diosa hindú sexy, por supuesto.
1:23, momento baile y sexto outfit de JLo, con body con piedrecitas de strass en lugares estratégicos.
1:55, "que así somos las del Bronx", dice la letra de la canción. ¿El Bronx?, ¿qué pinta el Bronx en este castillo de cuento barroco/bizantino/hindú?
2:09, ¡Diantres! MAS... ¡vestido!
2:25, MAS vestido de soldado con capa lucha con una guerrera africana. ¿Por qué? Ay, yo qué sé.
2:34, MAS se pelea ahora con una guerrera ¿vikinga?, llueve y la pelea es a cámara lenta, a lo "300" (otra obra cumbre del horterismo).
2:40, nuevo outfit de JLo, ahora de reina de las nieves, con el pelo teñido de blanco, traje de lentejuelas plateadas y botas altas.
2:55, "cuando muevo mi cuerpo el tuyo se alborota", canta JLo y, en un movimiento sutil y elegante, mueve sus caderas arriba y abajo.
3:04, otro outfit de JLo (y van...) pelo suelto con extensiones a lo Rapunzel más lentejuelas de vedette en Las Vegas.
3:12, el torso de MAS en todo su esplendor (y van...).
3:27, MAS y su torso remojándose mientras él pone cara de placer infinito. Ese placer que se siente cuando encuentras un billete en la calle, o cuando te despiertas creyendo que es viernes y no, resulta que es sábado.
3:56, MAS vestido de principe azul/cosaco ruso/Jon Snow, se arrodilla ante JLo princesa Elsa sexy mientras oímos de fondo el estribillo: "¿y el anillo pa cuándo?".
4:10, fin. Esta obra maestra del audiovisual contemporáneo está dirigida por un tal Santiago Salviche.
Hagamos una suma de los referentes pop de este video: bollywood, los cuentos de hadas, "Juego de tronos", "300", los espectáculos de Las Vegas, Dolce&Gabbana, el reggaetón, el electro latino, Rapunzel... y seguro que me dejo algo.
Y vosotros, ¿qué es lo más kitsch que habéis visto?, ¿créeis que este video clip es tan loco que acaba siendo glorioso?, ¿y que la canción es tan mala que acaba siendo... muy mala?
Pongamos que me da por fusionar bollywood con música disco y la estética setentera de los zooms de Valerio Lazarov. ¿Pensáis que semejante pastiche no puede existir? Error. Existe. Ya hablé de Jimmy Ajaa, una canción clásica de Bollywood, aquí. Y una cosa os digo, "Jimmy Ajaa" no es tan loco como os creéis. Aún se puede fusionar más:
¿Está cantando en ruso? Sí, está cantando en ruso.
Resulta que la película en la que aparece la canción: "Disco dancer", es un hit en Oriente. Vamos que es subirte en el transiberiano en Moscú y todo el mundo canturrea eso de "jimmy-jimmy-jimmy, ajaa-ajaa-ajaa" hasta que te bajas en Ulan Bator.
¿Y hay algo todavía más disparatado que la versión rusa de "Jimmy"'? Pues sí, hayla. Se llama "el anillo", la canta Jennifer López y es el pastiche más grande que han visto estos ojos en mucho tiempo. No veía despropósito más grande desde el "Loba" de Shakira. JLo está a dos mallas de strass de convertirse en la Ana Obregón de los Estates, sólo le falta pasearse en minifalda por las alfombras rojas mientras dice "sexy, sexy, sexy", como Yolanda Ramos en "Homozapping".
Analicemos esta obra cumbre del batiburrillo como se merece:
0:06, se abre plano y vemos un castillo de cuento con su lago y sus montañas, ¿sacado de una nueva versión de Blancanieves?, ¿de la nueva temporada de "Juego de tronos?, ¿es el castillo de Neuschwanstein?
0:09, primera aparición de JLo, cual reinona de cuento, con capa, corona y bien de gomina para sujetar una cola de caballo larga como un día sin pan. Contemos cuántos outfits lleva.
0:14, primera aparición de Miguel Ángel Silvestre en torso. Torse desnudo, claro, que no se contrata a MAS en un videoclip sabrosón para que pasee el torso tapado.
0:21, segundo outfit de JLo, ahora de reina ¿bizantina? Si en Bizancio hubieran vivido Dolce&Gabbana.
0:24, segunda aparición del torso de MAS (aka Miguel Ángel Silvestre).
0:40, tercer outfit de JLo, con una especie de cota de malla dorada que no serviría para protegerse de ningún ataque porque tiene demasiadas aberturas en lugares sensibles.
1:03, cuarto outfit de JLo, consistente en un body negro con transparencias de la Perla (por ejemplo).
1:05, MAS y su torso, once more.
1:07, quinto outfit de JLo, ahora de diosa hindú. Diosa hindú sexy, por supuesto.
1:23, momento baile y sexto outfit de JLo, con body con piedrecitas de strass en lugares estratégicos.
1:55, "que así somos las del Bronx", dice la letra de la canción. ¿El Bronx?, ¿qué pinta el Bronx en este castillo de cuento barroco/bizantino/hindú?
2:09, ¡Diantres! MAS... ¡vestido!
2:25, MAS vestido de soldado con capa lucha con una guerrera africana. ¿Por qué? Ay, yo qué sé.
2:34, MAS se pelea ahora con una guerrera ¿vikinga?, llueve y la pelea es a cámara lenta, a lo "300" (otra obra cumbre del horterismo).
2:40, nuevo outfit de JLo, ahora de reina de las nieves, con el pelo teñido de blanco, traje de lentejuelas plateadas y botas altas.
2:55, "cuando muevo mi cuerpo el tuyo se alborota", canta JLo y, en un movimiento sutil y elegante, mueve sus caderas arriba y abajo.
3:04, otro outfit de JLo (y van...) pelo suelto con extensiones a lo Rapunzel más lentejuelas de vedette en Las Vegas.
3:12, el torso de MAS en todo su esplendor (y van...).
3:27, MAS y su torso remojándose mientras él pone cara de placer infinito. Ese placer que se siente cuando encuentras un billete en la calle, o cuando te despiertas creyendo que es viernes y no, resulta que es sábado.
3:56, MAS vestido de principe azul/cosaco ruso/Jon Snow, se arrodilla ante JLo princesa Elsa sexy mientras oímos de fondo el estribillo: "¿y el anillo pa cuándo?".
4:10, fin. Esta obra maestra del audiovisual contemporáneo está dirigida por un tal Santiago Salviche.
Hagamos una suma de los referentes pop de este video: bollywood, los cuentos de hadas, "Juego de tronos", "300", los espectáculos de Las Vegas, Dolce&Gabbana, el reggaetón, el electro latino, Rapunzel... y seguro que me dejo algo.
Y vosotros, ¿qué es lo más kitsch que habéis visto?, ¿créeis que este video clip es tan loco que acaba siendo glorioso?, ¿y que la canción es tan mala que acaba siendo... muy mala?
martes, 17 de abril de 2018
Truco infalible para leer más
¿Sois padres de niños pequeños y si no tenéis tiempo para ir al dentista o cortaros las uñas, como para tenerlo para leer?, ¿por culpa de Netflix vuestras noches son para las series y ya no para la lectura? Pues tengo una solución para vosotros: coger el cercanías. O el metro. Incluso el autobús, si podéis leer sin marearos (yo no puedo).
He vuelto a la vida del oficinista de pro, ficho de diez a diecinueve horas, llevo tupper para comer y mi oficina está tan lejos que solo llego vía cercanías. Gracias a los ratos que paso dentro del tren o esperando en las vías, estoy leyendo una barbaridad.
En el más puro estilo de los siles y noles de Gon (el que oculta tras el blog de Un brillo ensordecedor), aquí va un resumen de mis lecturas desde que soy una de esas personas que corre por los pasillos de Chamartín:
Carmen de Mairena, una biografía, de Carlota Juncosa
Cuando me regalaron este libro pensé: ¿un libro sobre Carmen de Mairena, seriously? Pero luego vi que la editorial era Blackie Books y supuse que no estaba ante una biografía chusquera a costa de un personaje icono de la cultura pop y de la caspa a la vez. "Carmen de Mairena" más que una biografía, tal y como afirma su título, es una novela gráfica y, si cuenta la historia personal de alguien, es la de la autora: Carlota Juncosa. Carlota y sus problemas para quedar con Carmen de Mairena, Carlota aguantando a la troupe de frikis, yonquis y locos de atar que rodean a Carmen, Carlota dibujando a Carmen de Mairena con y sin peluca. Cuesta un poco entrar en el cómic, pero cuando lo haces te contagia la compasión por la vida de este icono en horas bajas, que ni sabe precisar porqué empezó sus tratamientos de cambio de sexo y entiendes la fascinación de Juncosa por la ex prostituta, ex cantante y ex estrella de la televisión.
Nosotros, de David Nicholls
Otro regalo, y otro caso de libro del que no sabía absolutamente nada. David Nicholls había escrito anteriormente un best seller titulado "One day", que se adaptó al cine en una película de la que (oh, sorpresa) tampoco había oído hablar.
Nicholls recuerda a otros autores como Nick Hornby o David Lodge, también ingleses y también muy de contar las miserias de gente normal y corriente mezclando humor y costumbrismo. En concreto, "Nosotros" cuenta el viaje por Europa de una pareja madura y su hijo de 18 años. Mientras recorren Florencia, París, Roma... el padre recuerda cómo conoció a su esposa, analiza su historia de amor, la relación con su hijo y los motivos que han podido llevar a que su mujer quiera separarse de él. Uno de los sitios por los que el protagonista pasa en su periplo europeo es Madrid, y describe la ciudad tal que así:
Un rincón de París sólo podía ser París, y lo mismo sucedía con Nueva York o Roma. Madrid era más difícil de catalogar. Los edificios que bordeaban las amplias avenidas eran una curiosa mezcla sin ton ni son de oficinas ochenteras, majestuosos palacios residenciales y estilosos edificios de apartamentos.
Así es Madrid: la ciudad sin ton ni son. Pero lo que me llegó a la patata fue la confesión de una turista danesa que viaja sola y que ese encuentra con el protagonista:
Creía que Italia me alegraría. Pensaba que me pasaría todo el día paseando por pequeñas calles medievales, que por las noches me sentaría en un pequeño restaurante con un libro y tomaría una modesta cena con un vaso de vino antes de irme a la cama. En mi cabeza todo parecía ideal. Pero, por lo general, suelen colocarme en la mesa más cercana a los cuartos de baño, los camareros no dejan de preguntarme si estoy esperando a alguien y, constantemente, me sorprendo a mí misma simulando esta sonrisa relajada para hacerle saber a todo el mundo que estoy bien.
Lo mismito me pasó a mí cuando estuve en Florencia (¡cómo!, ¿no he comentado que he estado en Florencia?).
Tiempos de swing, Zadie Smith
Este libro es una maravilla. Y punto.
Dos chicas mulatas se conocen en la escuela de su barriada de Londres. Sólo tienen en común origen mestizo y su pasión por el baile. La protagonista es de carácter observador e influenciable y cuenta con una familia pobre pero que la adora, mientras que su amiga Tracey tiene un talento arrollador para la danza y una madre soltera que está como una maraca, además es coqueta, imprevisible y una pequeña cabrona.
Me obsesioné con la famosa teoría de Katharine Hepburn sobre Fred y Ginger: "Él le da clase, ella le da sensualidad." ¿Sería una regla general? ¿Acaso todas las amistades, todas las relaciones entrañan ese intercambio discreto y misterioso de cualidades, ese intercambio de poder? ¿Se prolongaba también a los pueblos y las naciones o era algo que sucedía sólo entre individuos? ¿Qué le daba mi padre a mi madre, y viceversa? ¿Qué nos dábamos el señor Booth y yo? ¿Qué le daba yo a Tracey? ¿Qué me daba ella a mí?
"Tiempos de swing" es un novelón que recorre toda la vida de la protagonista, siempre con el baile y la música como hilo conductor: desde su infancia hasta su edad adulta, desde Londres hasta África. Hasta allí viaja la narradora cuando trabaja como asistente personal de una estrella del pop para comenzar un proyecto humanitario lleno de buenas intenciones y mucha frivolidad: Algo ha cambiado. "¡No seré el mismo después de ver lo que he visto!" Pero al cabo de unos días volvió a ser exactamente el mismo, igual que todos: dejábamos correr el agua del grifo, abandonábamos las botellas de plástico después de unos pocos tragos, nos comprábamos unos vaqueros que costaban lo mismo que gana un maestro de escuela en un año entero.
Podría hablaros de la complejidad de los personajes de "Tiempos de swing", de cómo nunca sabes qué va a pasar en la siguiente página, de cómo Zadie Smith es capaz de contar el día a día de la asistente número uno (hay asistente dos y asistente tres) de una super estrella del pop, pero también el día a día de una aldea africana... Pero es que, además, Zadie Smith es así de sofisticada y guapérrima.
Tres días y una vida, Pierre Lemaitre
¿Sabéis esos libros donde el protagonista te cae tan mal pero tan requetemal, que te acaba cayendo mal hasta el autor? Pues eso mismo me ha pasado con "Tres días y una vida".
Devoré "El vestido de novia" y me gustó bastante "Nos vemos allí arriba", así que di por hecho que este libro de Pierre Lemaitre también iba a ser un sile... pero no.
Antoine, su protagonista, comete un error cuando tiene doce años y mata a otro niño de seis. Por supuesto, no confiesa (o nos habríamos quedado sin libro) y la novela relata la historia de su vida: cómo oculta el cadáver, cómo teme cada avance de la investigación, cómo ve al resto de habitantes del pequeño pueblo donde vive, cómo planea huir lejos cuando llega a la edad adulta... Antoine mira por encima del hombro a sus vecinos, a quienes considera provincianos porque, como todo el mundo sabe, ser un asesino es mucho mejor que ser un paleto. Además, todas las mujeres del libro se reducen al estereotipo de madre o tía buena: por un lado tenemos a la sacrificada madre de Antoine, por otro a las jóvenes que le ponen cachondo, cuyos físicos turgentes por supuesto Lemaitre describe con todo lujo de detalles. El libro, como todos los del autor, es muy entretenido, eso se lo concedo. Pero su trama de tv movie de mediodía y esos personajes tan mezquinos me dejaron fría. Helada. Congelada.
Y vosotros, ¿habéis leído alguna de estas novelas?, ¿sois lectores de transporte público como moi?, ¿o sois más de libro antes de dormir o mientras estáis sentados en la taza del wáter?
He vuelto a la vida del oficinista de pro, ficho de diez a diecinueve horas, llevo tupper para comer y mi oficina está tan lejos que solo llego vía cercanías. Gracias a los ratos que paso dentro del tren o esperando en las vías, estoy leyendo una barbaridad.
En el más puro estilo de los siles y noles de Gon (el que oculta tras el blog de Un brillo ensordecedor), aquí va un resumen de mis lecturas desde que soy una de esas personas que corre por los pasillos de Chamartín:
Carmen de Mairena, una biografía, de Carlota Juncosa
Cuando me regalaron este libro pensé: ¿un libro sobre Carmen de Mairena, seriously? Pero luego vi que la editorial era Blackie Books y supuse que no estaba ante una biografía chusquera a costa de un personaje icono de la cultura pop y de la caspa a la vez. "Carmen de Mairena" más que una biografía, tal y como afirma su título, es una novela gráfica y, si cuenta la historia personal de alguien, es la de la autora: Carlota Juncosa. Carlota y sus problemas para quedar con Carmen de Mairena, Carlota aguantando a la troupe de frikis, yonquis y locos de atar que rodean a Carmen, Carlota dibujando a Carmen de Mairena con y sin peluca. Cuesta un poco entrar en el cómic, pero cuando lo haces te contagia la compasión por la vida de este icono en horas bajas, que ni sabe precisar porqué empezó sus tratamientos de cambio de sexo y entiendes la fascinación de Juncosa por la ex prostituta, ex cantante y ex estrella de la televisión.
Nosotros, de David Nicholls
Otro regalo, y otro caso de libro del que no sabía absolutamente nada. David Nicholls había escrito anteriormente un best seller titulado "One day", que se adaptó al cine en una película de la que (oh, sorpresa) tampoco había oído hablar.
Nicholls recuerda a otros autores como Nick Hornby o David Lodge, también ingleses y también muy de contar las miserias de gente normal y corriente mezclando humor y costumbrismo. En concreto, "Nosotros" cuenta el viaje por Europa de una pareja madura y su hijo de 18 años. Mientras recorren Florencia, París, Roma... el padre recuerda cómo conoció a su esposa, analiza su historia de amor, la relación con su hijo y los motivos que han podido llevar a que su mujer quiera separarse de él. Uno de los sitios por los que el protagonista pasa en su periplo europeo es Madrid, y describe la ciudad tal que así:
Un rincón de París sólo podía ser París, y lo mismo sucedía con Nueva York o Roma. Madrid era más difícil de catalogar. Los edificios que bordeaban las amplias avenidas eran una curiosa mezcla sin ton ni son de oficinas ochenteras, majestuosos palacios residenciales y estilosos edificios de apartamentos.
Así es Madrid: la ciudad sin ton ni son. Pero lo que me llegó a la patata fue la confesión de una turista danesa que viaja sola y que ese encuentra con el protagonista:
Creía que Italia me alegraría. Pensaba que me pasaría todo el día paseando por pequeñas calles medievales, que por las noches me sentaría en un pequeño restaurante con un libro y tomaría una modesta cena con un vaso de vino antes de irme a la cama. En mi cabeza todo parecía ideal. Pero, por lo general, suelen colocarme en la mesa más cercana a los cuartos de baño, los camareros no dejan de preguntarme si estoy esperando a alguien y, constantemente, me sorprendo a mí misma simulando esta sonrisa relajada para hacerle saber a todo el mundo que estoy bien.
Lo mismito me pasó a mí cuando estuve en Florencia (¡cómo!, ¿no he comentado que he estado en Florencia?).
Tiempos de swing, Zadie Smith
Este libro es una maravilla. Y punto.
Dos chicas mulatas se conocen en la escuela de su barriada de Londres. Sólo tienen en común origen mestizo y su pasión por el baile. La protagonista es de carácter observador e influenciable y cuenta con una familia pobre pero que la adora, mientras que su amiga Tracey tiene un talento arrollador para la danza y una madre soltera que está como una maraca, además es coqueta, imprevisible y una pequeña cabrona.
Me obsesioné con la famosa teoría de Katharine Hepburn sobre Fred y Ginger: "Él le da clase, ella le da sensualidad." ¿Sería una regla general? ¿Acaso todas las amistades, todas las relaciones entrañan ese intercambio discreto y misterioso de cualidades, ese intercambio de poder? ¿Se prolongaba también a los pueblos y las naciones o era algo que sucedía sólo entre individuos? ¿Qué le daba mi padre a mi madre, y viceversa? ¿Qué nos dábamos el señor Booth y yo? ¿Qué le daba yo a Tracey? ¿Qué me daba ella a mí?
"Tiempos de swing" es un novelón que recorre toda la vida de la protagonista, siempre con el baile y la música como hilo conductor: desde su infancia hasta su edad adulta, desde Londres hasta África. Hasta allí viaja la narradora cuando trabaja como asistente personal de una estrella del pop para comenzar un proyecto humanitario lleno de buenas intenciones y mucha frivolidad: Algo ha cambiado. "¡No seré el mismo después de ver lo que he visto!" Pero al cabo de unos días volvió a ser exactamente el mismo, igual que todos: dejábamos correr el agua del grifo, abandonábamos las botellas de plástico después de unos pocos tragos, nos comprábamos unos vaqueros que costaban lo mismo que gana un maestro de escuela en un año entero.
Podría hablaros de la complejidad de los personajes de "Tiempos de swing", de cómo nunca sabes qué va a pasar en la siguiente página, de cómo Zadie Smith es capaz de contar el día a día de la asistente número uno (hay asistente dos y asistente tres) de una super estrella del pop, pero también el día a día de una aldea africana... Pero es que, además, Zadie Smith es así de sofisticada y guapérrima.
Tres días y una vida, Pierre Lemaitre
¿Sabéis esos libros donde el protagonista te cae tan mal pero tan requetemal, que te acaba cayendo mal hasta el autor? Pues eso mismo me ha pasado con "Tres días y una vida".
Devoré "El vestido de novia" y me gustó bastante "Nos vemos allí arriba", así que di por hecho que este libro de Pierre Lemaitre también iba a ser un sile... pero no.
Antoine, su protagonista, comete un error cuando tiene doce años y mata a otro niño de seis. Por supuesto, no confiesa (o nos habríamos quedado sin libro) y la novela relata la historia de su vida: cómo oculta el cadáver, cómo teme cada avance de la investigación, cómo ve al resto de habitantes del pequeño pueblo donde vive, cómo planea huir lejos cuando llega a la edad adulta... Antoine mira por encima del hombro a sus vecinos, a quienes considera provincianos porque, como todo el mundo sabe, ser un asesino es mucho mejor que ser un paleto. Además, todas las mujeres del libro se reducen al estereotipo de madre o tía buena: por un lado tenemos a la sacrificada madre de Antoine, por otro a las jóvenes que le ponen cachondo, cuyos físicos turgentes por supuesto Lemaitre describe con todo lujo de detalles. El libro, como todos los del autor, es muy entretenido, eso se lo concedo. Pero su trama de tv movie de mediodía y esos personajes tan mezquinos me dejaron fría. Helada. Congelada.
Y vosotros, ¿habéis leído alguna de estas novelas?, ¿sois lectores de transporte público como moi?, ¿o sois más de libro antes de dormir o mientras estáis sentados en la taza del wáter?
martes, 27 de marzo de 2018
Escritores poliamorosos
Hay palabras que se ponen de moda. Un día empiezas a oír "posverdad", "procrastinar", "hater" y no sabes si se quedarán entre nosotros para siempre o si pasarán a mejor vida junto al "guay del paraguay". Una de esas palabras que de repente aparecen es "poliamor".
Poliamor. Ojo, que no poligamia, ni relación abierta. Según una tal Lola que afirma encontrarse "en un poliamor jerárquico con cuatro parejas, con una de las cuales estoy casada y convivo", el poliamor consiste "en amar a varias personas a la vez, de forma consensuada, consciente y ética". Si ya es difícil encontrar una pareja estable... ¡imagínate dos o tres!
Quizá la definición de Lola no aclare mucho las cosas, así que recurramos a los maestros de la palabra, a los escritores. Comencemos con una recia señora del XIX, periodista, corresponsal, escritora, activista... llamada María del Carmen Ramona Loreta de Burgos, más conocida como Carmen de Burgos. Se casó a los 16 años, pero el marido le era infiel, así que Carmen coge a su hija, abandona al marido y empieza a trabajar como periodista. Se hace un nombre, organiza tertulias... y en una de ellas conoce a un estudiante de 19 años, un tal Ramón Gómez de la Serna. Ramón y Carmen están juntos durante casi 20 años. Pero en 1929, la hija de Carmen, María (de los Dolores Ramona Isabel) está de bajona tras su separación y se refugia junto a su madre. Para entonces Gómez de la Serna ya es un autor consagrado y consigue para María (de los Dolores y bla, bla, bla) un papel en su última obra de teatro. Y es entonces cuando María (de los Dolores y tal) y Ramón se lían. ¿Poliamor?, ¿triángulo chungo? Voto por lo segundo.
Quizá Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir se acercaran más a eso del poliamor. Al menos ya vivieron en el siglo XX y eran los más modernos del lugar. Tan existencialistas, tan liberales, tan franceses, tan tolerantes, tan "Jean Paul líate con quien quieras que yo haré lo mismo". Aquí había trajín y consenso, ahora bien: ¿qué hay de la ética? Pues poquita. Llamadme tiquismiquis pero yo veo muy turbio que Sartre adoptara a una de sus jóvenes amantes y la nombrara heredera universal. Unos años más tarde, Beauvoir haría lo mismo con otra amante.
Si hay un escritor que practicó el poliamor a tope, ése fue Robert Graves. Sí, el de "Yo, Claudio".
Allá por los años 20, Graves está casado con Nancy Nicholson y aún no le interesa la novela histórica, sino la poesía. Escribe poesía, lee poesía, sueña poesía... y así llega a Laura Riding, poeta norteamericana que le fascina y con la que empieza a cartearse. Graves y Riding, además, escriben juntos obras de títulos tan atrayentes como "estudio de la poesía modernista" o "panfleto contra las apologías". Laura viaja a Inglaterra. Cualquiera pensaría que conocer a Graves en persona sería una bajona...:
Pero no. A Laura toda la familia Graves le encantó, tanto Robert como Nancy. Forman un trío al que ellos mismos llaman "la trinidad". Hasta aquí todo consensuado, consciente y ético. Pero, ojo cuidado, que tenemos a dos poetas intensos formando el triángulo... Empieza a haber tensiones por los caracteres de Robert y Laura. La cosa se complica cuando Laura se enamora (oh, sorpresa) de otro poeta, un tal Geoffrey Phibbs, con quien también colabora escribiendo un libro (escribir libros de poesía a pachas, el tinder de los años 20). Así que Laura sugiere a Geoffrey que se sume a su trío, ahora convertido en cuarteto. Él acepta. Y por un tiempo viven "felices los cuatro", que diría Maluma. Pero Geoffrey empieza a notar que su corazón no late por todos de forma generosa y consensuada, sino por Nancy. Laura se entera, se lo toma poéticamente (es decir, mal) e intenta suicidarse. No lo consigue (y eso que se tiró desde un cuarto piso), acaba hecha un cristo y Robert opta por divorciarse de Nancy.
Robert y Laura deciden volver a empezar y para eso escogen Deià, que en aquel entonces no estaba llena de alemanes, sino de payeses y pinos y casitas de piedra. Allí, Graves escribe sus libros sobre el emperador Claudio y Laura y él viven una época de relativa calma. Pero llega la guerra civil y los dos se exilian con la idea de volver en cuanto sea posible. Se refugian en Suiza, Francia, Gran Bretaña... y Estados Unidos. Allí Laura conoce en persona a Schuyler Jackson, un crítico literario con el que llevaba tiempo escribiéndose. Sí, sé lo que estáis pensando y sí, habéis acertado. Laura se enamora de Schuyler, que resulta que está casado y vuelve a montarse una tragedia griega. La esposa de Schuyler sufre una crisis mental, Laura deja a Robert y se casa con Schuyler. Y Robert, que también sufre una crisis nerviosa, quizá escaldado del poliamor en general y de las poetas intensas en particular, se casa con Beryl Hodge. Una mujer tranquila, licenciada en filosofía y de buena familia, con ella tiene cuatro hijos. ¿Final feliz? Para nada.
Robert vuelve a las andadas, a buscarse musas (curiosamente mucho más jóvenes que él), entre ellas mi favorita es Aemilia Laracuen. Esta muchacha de nombre sacado de "Juego de tronos" tenía treinta y siete años menos que Robert y un pasado truculento, se comentaba que había acuchillado a su primer marido y que ella iba diciendo por ahí que "fue fácil, como hundir un cuchillo en un pastel". Graves se obsesiona con Aemilia, y ella, al principio fascinada con el escritor, acaba hartándose de ejercer de musa/enfermera y dice cosas como que "Robert sufría de la próstata, lo que convertía el sexo en algo laborioso". Todo esto, por supuesto, mientras Robert sigue casado con Beryl. Robert regala una casa en Deià a Aemilia, casa donde vivía uno de sus hijos con su familia, por cierto. Tras muchas discusiones familiares, Robert compra otra casa para Aemilia, pero ni así logra retenerla. Finalmente, Graves se divorcia de su mujer, sigue a Aemilia a México, donde ella se había trasladado... todo se va al traste cuando ella se enamora de otro hombre (20 años más joven que Aemilia, además) y Robert ingresa en un hospital, taquicárdico perdido.
Quizá Robert Graves, Laura Riding y compañía deberían haber vivido en el siglo XXI, donde hay una organización para todo, también para el poliamor: https://poliamormadrid.org, sin ir más lejos. Como el Batman de los años 60, donde todo era bat-algo (batmóvil, batcueva, batseñal), en poliamormadrid organizan poli-eventos, a donde supongo que las poliparejas acudirán en sus policoches.
Y vosotros, ¿sois o habéis sido poliamorosos?, ¿quizá poliamorosos jerárquicos?, ¿sabíais que los Osos Amorosos se llaman Cariñositos en Sudamérica?, ¿y que a Tarta de Fresa la llaman Frutilla?
¿Practicaban los osos amorosos el poliamor?
Poliamor. Ojo, que no poligamia, ni relación abierta. Según una tal Lola que afirma encontrarse "en un poliamor jerárquico con cuatro parejas, con una de las cuales estoy casada y convivo", el poliamor consiste "en amar a varias personas a la vez, de forma consensuada, consciente y ética". Si ya es difícil encontrar una pareja estable... ¡imagínate dos o tres!
Quizá la definición de Lola no aclare mucho las cosas, así que recurramos a los maestros de la palabra, a los escritores. Comencemos con una recia señora del XIX, periodista, corresponsal, escritora, activista... llamada María del Carmen Ramona Loreta de Burgos, más conocida como Carmen de Burgos. Se casó a los 16 años, pero el marido le era infiel, así que Carmen coge a su hija, abandona al marido y empieza a trabajar como periodista. Se hace un nombre, organiza tertulias... y en una de ellas conoce a un estudiante de 19 años, un tal Ramón Gómez de la Serna. Ramón y Carmen están juntos durante casi 20 años. Pero en 1929, la hija de Carmen, María (de los Dolores Ramona Isabel) está de bajona tras su separación y se refugia junto a su madre. Para entonces Gómez de la Serna ya es un autor consagrado y consigue para María (de los Dolores y bla, bla, bla) un papel en su última obra de teatro. Y es entonces cuando María (de los Dolores y tal) y Ramón se lían. ¿Poliamor?, ¿triángulo chungo? Voto por lo segundo.
Quizá Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir se acercaran más a eso del poliamor. Al menos ya vivieron en el siglo XX y eran los más modernos del lugar. Tan existencialistas, tan liberales, tan franceses, tan tolerantes, tan "Jean Paul líate con quien quieras que yo haré lo mismo". Aquí había trajín y consenso, ahora bien: ¿qué hay de la ética? Pues poquita. Llamadme tiquismiquis pero yo veo muy turbio que Sartre adoptara a una de sus jóvenes amantes y la nombrara heredera universal. Unos años más tarde, Beauvoir haría lo mismo con otra amante.
Si hay un escritor que practicó el poliamor a tope, ése fue Robert Graves. Sí, el de "Yo, Claudio".
Allá por los años 20, Graves está casado con Nancy Nicholson y aún no le interesa la novela histórica, sino la poesía. Escribe poesía, lee poesía, sueña poesía... y así llega a Laura Riding, poeta norteamericana que le fascina y con la que empieza a cartearse. Graves y Riding, además, escriben juntos obras de títulos tan atrayentes como "estudio de la poesía modernista" o "panfleto contra las apologías". Laura viaja a Inglaterra. Cualquiera pensaría que conocer a Graves en persona sería una bajona...:
Graves es el señor sexy de la derecha. Los otros tipos sexys son Sartre y Gómez de la Serna.
Pero no. A Laura toda la familia Graves le encantó, tanto Robert como Nancy. Forman un trío al que ellos mismos llaman "la trinidad". Hasta aquí todo consensuado, consciente y ético. Pero, ojo cuidado, que tenemos a dos poetas intensos formando el triángulo... Empieza a haber tensiones por los caracteres de Robert y Laura. La cosa se complica cuando Laura se enamora (oh, sorpresa) de otro poeta, un tal Geoffrey Phibbs, con quien también colabora escribiendo un libro (escribir libros de poesía a pachas, el tinder de los años 20). Así que Laura sugiere a Geoffrey que se sume a su trío, ahora convertido en cuarteto. Él acepta. Y por un tiempo viven "felices los cuatro", que diría Maluma. Pero Geoffrey empieza a notar que su corazón no late por todos de forma generosa y consensuada, sino por Nancy. Laura se entera, se lo toma poéticamente (es decir, mal) e intenta suicidarse. No lo consigue (y eso que se tiró desde un cuarto piso), acaba hecha un cristo y Robert opta por divorciarse de Nancy.
Robert y Laura deciden volver a empezar y para eso escogen Deià, que en aquel entonces no estaba llena de alemanes, sino de payeses y pinos y casitas de piedra. Allí, Graves escribe sus libros sobre el emperador Claudio y Laura y él viven una época de relativa calma. Pero llega la guerra civil y los dos se exilian con la idea de volver en cuanto sea posible. Se refugian en Suiza, Francia, Gran Bretaña... y Estados Unidos. Allí Laura conoce en persona a Schuyler Jackson, un crítico literario con el que llevaba tiempo escribiéndose. Sí, sé lo que estáis pensando y sí, habéis acertado. Laura se enamora de Schuyler, que resulta que está casado y vuelve a montarse una tragedia griega. La esposa de Schuyler sufre una crisis mental, Laura deja a Robert y se casa con Schuyler. Y Robert, que también sufre una crisis nerviosa, quizá escaldado del poliamor en general y de las poetas intensas en particular, se casa con Beryl Hodge. Una mujer tranquila, licenciada en filosofía y de buena familia, con ella tiene cuatro hijos. ¿Final feliz? Para nada.
Robert vuelve a las andadas, a buscarse musas (curiosamente mucho más jóvenes que él), entre ellas mi favorita es Aemilia Laracuen. Esta muchacha de nombre sacado de "Juego de tronos" tenía treinta y siete años menos que Robert y un pasado truculento, se comentaba que había acuchillado a su primer marido y que ella iba diciendo por ahí que "fue fácil, como hundir un cuchillo en un pastel". Graves se obsesiona con Aemilia, y ella, al principio fascinada con el escritor, acaba hartándose de ejercer de musa/enfermera y dice cosas como que "Robert sufría de la próstata, lo que convertía el sexo en algo laborioso". Todo esto, por supuesto, mientras Robert sigue casado con Beryl. Robert regala una casa en Deià a Aemilia, casa donde vivía uno de sus hijos con su familia, por cierto. Tras muchas discusiones familiares, Robert compra otra casa para Aemilia, pero ni así logra retenerla. Finalmente, Graves se divorcia de su mujer, sigue a Aemilia a México, donde ella se había trasladado... todo se va al traste cuando ella se enamora de otro hombre (20 años más joven que Aemilia, además) y Robert ingresa en un hospital, taquicárdico perdido.
Quizá Robert Graves, Laura Riding y compañía deberían haber vivido en el siglo XXI, donde hay una organización para todo, también para el poliamor: https://poliamormadrid.org, sin ir más lejos. Como el Batman de los años 60, donde todo era bat-algo (batmóvil, batcueva, batseñal), en poliamormadrid organizan poli-eventos, a donde supongo que las poliparejas acudirán en sus policoches.
Y vosotros, ¿sois o habéis sido poliamorosos?, ¿quizá poliamorosos jerárquicos?, ¿sabíais que los Osos Amorosos se llaman Cariñositos en Sudamérica?, ¿y que a Tarta de Fresa la llaman Frutilla?
lunes, 5 de marzo de 2018
Mejor película, el remake de "1, 2, 3, splash"
He tardado más de lo habitual, lo sé. Es lo que tiene volver a trabajar en la oficina y no poder acostarse a las mil después de ver la alfombra roja en varias páginas de streaming que, todas, se cuelgan y/o cortan la emisión para ofrecer anuncios constantemente.
Me sorprende mucho que haya ganado el Oscar a mejor película el remake de "1, 2, 3, splash" (también conocida como "La forma del agua") pero, como no la he visto, y tampoco "Ladybird", ni "Yo, Tonya", ni "Call me by your name"... mejor me callo la boca y me dedico a... (oh, sorpresa, giro inesperado) ¡los trapitos!:
Anoche me entró sueño tan pronto, pero tan pronto, que la única que había llegado a la alfombra roja era Paz Vega, eso sí, con un vestidazo que parecía sacado de un anuncio del perfume Flower by Kenzo y con unas mangas iban arrastrando y cogiendo pelusas a su paso, igual que el vestido rojo de Alison Jenney.
Este año hubo mucho clasicismo en los vestidos, poco riesgo y poca mamarrachería. Una lástima. Ahí estaban Elizabeth Moss y Saorsie Ronan (¿cómo se pronuncia Saorsie?) vestidas de rosa desvaído de niña buena camino de su primera Comunión. Aburrido. Aburridísimo.
La cursilería llegó al punto de que algunas, como Mira Sorvino y Camila Alves, se vistieron de novias. Bien mirado, es una manera de amortizar el vestido que no podrás repetir en público; te lo pones en una de esas bodas de estrellas de Hollywood que se casan ante sus íntimos en una isla privada, y listo.
¿Y ellos? Pues si la alfombra roja de las muchachas me pareció demasiado clásica, imagináos la de los muchachos, todos de blanco y negro, con sus pajaritas, todos uniformados. Ojalá alguno vestido de Palomo Spain para el año próximo. De momento, habrá que conformarse con el traje rollo bondage que se plantó el patinador Adam Rippon. Armie Hammer se plantó un traje de terciopelo granate que me da exactamente igual porque Armie Hammer es el dios Apolo bajado desde el Olimpo para pasearse entre nosotros, simples mortales:
El bellísimo Armie es solo una de las muchas pruebas de que las gentes de Hollywood están hechas de otra pasta. Yo tengo ropa en mi armario de hace 15, e incluso 20 años... pero Rita Moreno bate todos los récords, llevó a la ceremonia el mismo vestido que lució cuando ganó su Oscar por "West Side Story" allá por el año... ¡1962! Haced el cálculo, o no lo hagáis, que ya lo hago yo: ¡¡¡56 años!!! En los años 60 no existía aún la obsolescencia programada.
¿Y quiénes fueron las más divinas? Pues ellas dos, Lupita Nyong'o y Gal Gadot, con bien de brillos y un aire a disfraz carísimo, la una de reina egipcia y la otra de flapper de los años 20. Qué me gusta a mí un brillo bien puesto...:
Jennifer Lawrence también tiró de brillos, aunque los suyos recordaban más al estilo disco de los años 70. Quizá contagiada por su propio vestido o quizá porque JLaw es una fiestera, nada más llegar a la ceremonia, se puso a saludar a unos y a otros, copa de vino en mano.
¿Pero quién quiere elegancia pudiendo tener extravagancia o, mejor aún, una gran metedura de pata? Con permiso de Whoppi Goldberg, que se hizo un vestido con el tapizado de su sofá, y de Maya Rudolph, disfrazada de obispo, estas dos actrices se llevaron la palma al cuadro de la noche:
Haley Bennet debe tener un jardín enorme en su mansión de Malibú y anoche no sólo pasó el cortacésped, sino que olvidó quitarse algunos hierbajos que se le quedaron pegados al traje. Tiffany Haddish, por su parte, se equivocó de celebración, se creyó que en vez de en los Oscars estaba en Eurovisión, representando a un país que podría ser Armenia o Letonia o Uzbekistán (por ejemplo). Ni sé colocar ninguno de estos países en el mapa, pero me imagino a sus habitantes llevando este traje regional y comiendo goulash.
Last, but not least, toca hablar de la auténtica fiestera en estos premios. Y no es JLaw, qué va. Vosotros sabéis de quién hablo: Heidi Klum, que no acudió a los Oscar pero sí a las fiestas posteriores que se organizan. Y digo fiestas porque fue a dos: la de Vanity Fair y la de Elton John. Heidi sí que sabe.
Y vosotros, ¿también saldríais de marcha con Heidi Klum y JLaw, aunque probablemente os tumbarían a primeras de cambio?, ¿cómo se pronuncia Saorsie?, ¿creéis que el remake de "1, 2, 3, splash" es el justo ganador de la noche?
Me sorprende mucho que haya ganado el Oscar a mejor película el remake de "1, 2, 3, splash" (también conocida como "La forma del agua") pero, como no la he visto, y tampoco "Ladybird", ni "Yo, Tonya", ni "Call me by your name"... mejor me callo la boca y me dedico a... (oh, sorpresa, giro inesperado) ¡los trapitos!:
Anoche me entró sueño tan pronto, pero tan pronto, que la única que había llegado a la alfombra roja era Paz Vega, eso sí, con un vestidazo que parecía sacado de un anuncio del perfume Flower by Kenzo y con unas mangas iban arrastrando y cogiendo pelusas a su paso, igual que el vestido rojo de Alison Jenney.
Este año hubo mucho clasicismo en los vestidos, poco riesgo y poca mamarrachería. Una lástima. Ahí estaban Elizabeth Moss y Saorsie Ronan (¿cómo se pronuncia Saorsie?) vestidas de rosa desvaído de niña buena camino de su primera Comunión. Aburrido. Aburridísimo.
La cursilería llegó al punto de que algunas, como Mira Sorvino y Camila Alves, se vistieron de novias. Bien mirado, es una manera de amortizar el vestido que no podrás repetir en público; te lo pones en una de esas bodas de estrellas de Hollywood que se casan ante sus íntimos en una isla privada, y listo.
¿Y ellos? Pues si la alfombra roja de las muchachas me pareció demasiado clásica, imagináos la de los muchachos, todos de blanco y negro, con sus pajaritas, todos uniformados. Ojalá alguno vestido de Palomo Spain para el año próximo. De momento, habrá que conformarse con el traje rollo bondage que se plantó el patinador Adam Rippon. Armie Hammer se plantó un traje de terciopelo granate que me da exactamente igual porque Armie Hammer es el dios Apolo bajado desde el Olimpo para pasearse entre nosotros, simples mortales:
El bellísimo Armie es solo una de las muchas pruebas de que las gentes de Hollywood están hechas de otra pasta. Yo tengo ropa en mi armario de hace 15, e incluso 20 años... pero Rita Moreno bate todos los récords, llevó a la ceremonia el mismo vestido que lució cuando ganó su Oscar por "West Side Story" allá por el año... ¡1962! Haced el cálculo, o no lo hagáis, que ya lo hago yo: ¡¡¡56 años!!! En los años 60 no existía aún la obsolescencia programada.
¿Y quiénes fueron las más divinas? Pues ellas dos, Lupita Nyong'o y Gal Gadot, con bien de brillos y un aire a disfraz carísimo, la una de reina egipcia y la otra de flapper de los años 20. Qué me gusta a mí un brillo bien puesto...:
Jennifer Lawrence también tiró de brillos, aunque los suyos recordaban más al estilo disco de los años 70. Quizá contagiada por su propio vestido o quizá porque JLaw es una fiestera, nada más llegar a la ceremonia, se puso a saludar a unos y a otros, copa de vino en mano.
¿Pero quién quiere elegancia pudiendo tener extravagancia o, mejor aún, una gran metedura de pata? Con permiso de Whoppi Goldberg, que se hizo un vestido con el tapizado de su sofá, y de Maya Rudolph, disfrazada de obispo, estas dos actrices se llevaron la palma al cuadro de la noche:
Haley Bennet debe tener un jardín enorme en su mansión de Malibú y anoche no sólo pasó el cortacésped, sino que olvidó quitarse algunos hierbajos que se le quedaron pegados al traje. Tiffany Haddish, por su parte, se equivocó de celebración, se creyó que en vez de en los Oscars estaba en Eurovisión, representando a un país que podría ser Armenia o Letonia o Uzbekistán (por ejemplo). Ni sé colocar ninguno de estos países en el mapa, pero me imagino a sus habitantes llevando este traje regional y comiendo goulash.
Last, but not least, toca hablar de la auténtica fiestera en estos premios. Y no es JLaw, qué va. Vosotros sabéis de quién hablo: Heidi Klum, que no acudió a los Oscar pero sí a las fiestas posteriores que se organizan. Y digo fiestas porque fue a dos: la de Vanity Fair y la de Elton John. Heidi sí que sabe.
Y vosotros, ¿también saldríais de marcha con Heidi Klum y JLaw, aunque probablemente os tumbarían a primeras de cambio?, ¿cómo se pronuncia Saorsie?, ¿creéis que el remake de "1, 2, 3, splash" es el justo ganador de la noche?
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