miércoles, 11 de enero de 2012

Esencia del 2011

Van pasando los años y una recuerda con nostalgia lo eternas que eran los primeras semanas de septiembre, cómo se alargaban y estiraban esos días de tortura donde tocaba comprar los libros, forrarlos y ver con angustia los anuncios del Corte Inglés de vuelta al cole.
Dijo un sabio, de ésos a los que entrevista Punset, que tendemos a pensar que el tiempo pasa más deprisa conforme cumplimos años porque nuestra memoria saborea y retiene las primeras veces que hacemos algo, suele relegar las segundas y olvidar del todo de las terceras para arriba. Así que cuando os dé un ataque de angustia vital absurda del tipo:
- Oh, dios mío, no sé qué comí ayer, ¿me estará dando un Alzheimer precoz como a Michael J. Fox?
- Ése tenía Parkinson.
- Yo digo lo otro. El del chiste ése de ¿cómo se llama ese alemán que nos vuelve locas?
- Alzheimer.
- Pues lo que decía yo.
Si os pasa algo así, no os preocupéis. Es normal olvidar las tonterías y las actividades rutinarias. La memoria hace limpia de disco duro para que el cerebro no se cuelgue. Pero pasan los años, vamos teniendo cada vez más rutinas y menos primeras veces y el tiempo parece que pasa volando, los años se confunden en nuestra cabeza como los calcetines en el tambor de la lavadora. ¿Cómo recordar algo, fijarlo y distinguirlo?
Desde este vuestro blog me propongo, a partir de ahora, a buscar la esencia de cada año que pase. Ahora que es enero del 2012 podemos saber qué es lo que ha hecho al 2011 especial. Así al echar la vista atrás y, de la misma forma que sabemos perfectamente que el 92 fue el año de las Olimpiadas, la Expo, Sensación de vivir y las mamá Chicho, y por tanto la época del instituto, ahora sabremos qué era el 2011 y qué andábamos haciendo.
Muchos diréis:
- ¿2011? El año de la crisis
Y yo digo:
- ¿Otra vez? Qué deja vu.
Hay que pensar en algo propio e inconfundible del 2011. Por ejemplo, una moda chorra. Como ésta:

Los cupcakes nos han invadido. Las panaderías de Madrid se han llenado de secciones con cupcakes, que no magdalenas (eso es muy siglo XX), ni muffins (muy 2010). La moda ha llegado al punto de la imitación, jabones con forma de cupcake, brillo de labios en cajitas que simulaban ser cupcakes, o hasta bragas envueltas en forma de cupcake.

La banda sonora del 2011 también ha sido peculiar. Podría decirse que ha sido el año de David Guetta, el dj ése que ha encontrado la llave del éxito repitiendo los mismos ritmos una y otra vez, pero haciendo que los canten artistas distintos. Lo malo no es que ya estuviera sonando en el 2010, no. Lo malo es que un listillo le ha copiado la fórmula añadiéndole un par de frases en español sabrosón del tipo de "mira que estás rica", "mira que estás dura" y ala, a hincharse a hacer duetos y videoclips con buenorras en bikini:

Pero no se vayan amigos, que aún hay más. Les ha salido una versión patria, una mezcla entre Pitbull, Guetta y aquellos que cantaban "y que no me digan en la esquina, el venao, el venao, que eso a mí me mortifica, el venao, el venao": Juan Magán y su electromerengue. Avisados estáis, no escuchéis más de 30 segundos, no es necesario, se repite todo una y otra vez.

El 2011 también ha sido el año de una historia de amor difícil. Y no me refiero a la de Guille y Cata o la de la Duquesa y Alfonso, sino a la de Merkel y Sarkozy. Difícil, porque les separa todo: los dos están casados, viven en países diferentes, hablan idiomas distintos, no son el uno el tipo del otro. Pero es evidente que se molan. Y están sobredimensionando lo de la crisis para tener excusas para sus encuentros amorosos, pero como esos encuentros son para echar un quiqui, que no para solucionar la crisis, ésta empeora. Ni primas de riesgo, ni mercados, ni deuda pública, todo se reduce a una historia de amor prohibida:


También ha sido un año de escándalos políticos y financieros, tantos que es difícil llevar la cuenta: el caso Brugal, el de los ERE, Gürtel, el caso Malaya, Jaume Matas y Urdangarín, Fabra... Un filón para Berlanga, si no fuera porque murió en el 2010. Lo tenía todo para hacer una trilogía al estilo de "La escopeta nacional": pijos obsesionados con la moda como Camps y los Costa, concejales con melena al viento que encargan estatuas con su cara, cuñados del rey que fundan falsas ONG's con las que desvía dinero a paraísos fiscales, concejales de urbanismo con helipuertos, cuadros de Miró en el baño y fotos de cacería mayor en el salón, políticos que hablan con trabalenguas:

El sainete está muy bien para reírse de él, pero vivirlo no mola. Es feo. Es injusto. Es llamarnos a todos los demás tontos a la cara. Pero el 2011 también ha sido un año de reacción, de dar un golpe en la mesa para decir hasta aquí hemos llegado y creo que el 2012 (o igual el 2013) será un año donde se notarán las consecuencias de esto:
¿Vosotros qué opináis?, ¿qué ha representado el 2011?

viernes, 6 de enero de 2012

Siento dejar este mundo…

…sin probar pipas Facundo.




Analizar el subtexto, la crueldad y el encanto kitsch de este anuncio me llevaría todo un post. Pero no será hoy. Como primer post del 2012, toca hacer eso que estamos haciendo todos durante estos días: ¿retomar la Dukan?, ¿descambiar los regalos que no nos han gustado? No. Toca hacer propósitos de año nuevo.

Y esta vez voy a ser ambiciosa. Me propongo propósitos vitales, para toda una vida. Hacer esas cosas que luego pueda contar, orgullosa, a mis nietos. Asuntos importantes, más aún que probar las pipas Facundo. Porque hay cosas que hay que hacer, al menos, una vez en la vida. Y no me refiero a saltar en paracaídas, montarse un trío, o enrollarse con un negro, topicazos enormes dignos de salir en una película que se llamara “Antes de cumplir los 30”, protagonizada por Anne Hathaway, Milla Kunis, Justin Timberlake y Jake Gyllenhal. No. Hablo de cosas que de verdad nos gustaría llevar a cabo, pero no te atreves, o no surge la oportunidad, o cuando surge no reaccionas a tiempo:

Echarle una copa a la cara a un ex
Sí amigas, y también amigos, a todos nos han dejado con alguna frase torpe, ridícula e hiriente del tipo "no eres tú, soy yo", "tengo dudas" o, mi favorito personal: "las cosas se están poniendo serias con otra chica". Por no hablar del daño que han hecho las nuevas tecnologías, que permiten dejar a la gente vía post it en el frigorífico, vía sms, correo electrónico, wassup, cambiando tu estado en facebook de "tiene una relación" a "soltero" o vía twitter al estilo Paquirrín. No existe la manera elegante y digna de dejar a alguien y la mayoría optamos por salir huyendo para llegar lo antes posible a casa y llorar en soledad.

Error.

La próxima vez hay que estar preparados/as y, cuando te dan ese primer aviso en forma de "tenemos que hablar", debes reaccionar rápido y quedar en un sitio público, a ser posible de moda. Un gin club, por ejemplo. Cuando él (o ella) suelte esa frase, por ejemplo un "estamos en puntos distintos de la relación", tú te incorporas, coges el gin tonic con pepino y, se lo echas a la cara. Acto seguido coges tu bolso y tus cosas y abandonas el local. Es lo que en guión se llama acabar una escena en alto.

Siga a ese coche
¿Cansada de aguantar con cara de póker la charleta del taxista típico madrileño que está escuchando la COPE y pretende que comentes con él que Zapatero tiene la culpa de todo, pero de todo-todo?, ¿asustada del hijo del típico taxista madrileño, que no quiere estudiar y sólo vive para gastarse el dinero en juergas en el Goa y que va encocado hasta las cejas? Córtales el rollo señalando un vehículo al azar y diciendo "siga a ese coche". Que lo mismo acabas lejos de tu casa, pero entonces coges otro taxi, le dices que siga a otro coche, y listo.

Romper una botella en la barra de un bar
Preferiblemente en un bar con billares y música country o heavy de fondo. En cuanto consigas romper la botella (que me da a mí que no será tan fácil como parece en las películas del oeste) se montará una trifulca que debe incluir, como mínimo, rotura de palos y mesa de billar, sillas volando por los aires y la mitad del bar contra la otra. El motivo no importa, lo que importa es el destrozo.



“Mi abogado hablará con tu abogado”, seguida de “usted no sabe quién soy yo”.
La verdad es que hay pocas ocasiones en las que decir algo así, es más, lo más probable es que no tengas ni abogado, porque los asesores fiscales, los que hacen las declaraciones de la renta, no cuentan. Pero si hay que forzar un poco la máquina, se fuerza. Que estás en la cola del súper y una señora se quiere colar con el clásico método de "yo sólo quiero preguntar a la cajera cuánto vale esta botella de aceite", tú la miras con frialdad y le dices "y usted no sabe quién soy yo". Es muy probable que ella conteste que no, que no lo sabe y que acabe colándose exactamente igual, pero el resto de la cola agradecerá esa ruptura en la rutina.


O pongamos que estás andando por la Gran Vía y te cruzas con ese viandante que se cree que es el cantante de The Verve en el video aquel. Es decir, que en lugar de seguir ese pacto social por el que ante un choque, cada uno de los viandantes se mueve unos 30 grados para evitar la colisión, decide seguir a su rollo y te mete tremendo empujón. Pues tú, en lugar de seguir andando, con el hombro dolorido, te giras hacia el viandante incívico y le sueltas que vas a hablar con tus abogados.

Last, but not least, en este año que promete estar lleno de parados, despidos y no renovaciones de contratos, qué mejor que darle algo de glamour y dramatismo innecesario a una situación tensa. Cuando tu jefe te llame para darte el finiquito, tú firmes y él haga el gesto de acompañarte a la puerta (no por educación, sino por acortar el momento tenso y porque aún tiene que despedir a unos cuantos más esa misma mañana), tú debes decirle: "No hace falta que me acompañes, sé dónde está la salida".

Y vosotros, lectores, ¿cuál de estas absurdeces os gustaría hacer alguna vez en la vida?, ¿tenéis alguna propuesta más? O, lo que sería ya la repanocha, ¿habéis hecho alguna de estas cosas?

lunes, 19 de diciembre de 2011

Es triste de robar, pero más triste es de pedir

No es que me haya hecho el lío con el refranero. Para nada. El título de este post es una verdad como un templo. Sobre todo si andas preparando un corto para el Notodofilmfest y te hinchas a mandar correos electrónicos, escribir privados de Facebook, dejar mensajes en buzones de voz… pidiendo favores. Que si hazme un precio con la cámara, anda porfa. Que si me podrías pasar el correo personal de tal actor. Que si no podrías hablar con tu primo, aquel que trabajaba en un bar, a ver si puede hablar con su jefe y nos deja el bar para grabar, que te juro que será un momento y recogeremos todo…


Y cómo es la gente, oyes, que la mayoría ni te responde a los correos electrónicos.


Que sería más rápido y eficaz robar, eso os lo digo desde ya. Un alunizaje en una de las empresas de alquileres de equipo y ala, a rodar como una loca.


Pero ni siquiera esa opción es tan perfecta como parece, y no sólo porque me dé miedo conducir por Madrid o porque no me acuerde de cómo se metían las marchas o porque tenga miedo a acabar en prisión con Isabel Pantoja, la infanta Cristina y Marisol Yagüe de compañeras de celda. El problema es que ni siquiera sabría qué robar. Cuando oyes hablar a un director de fotografía te pasa lo que a un amigo de padres de origen alemán, que decía en la guardería que se llamaba Antón Goutayer Backmaier y todos se pensaban que el pobre nene todavía no hablaba bien. Pues los directores de fotografía igual, no se sabe si hablan en klingon o en élfico: Stico, barricuda, fresnel, manga schuko… ¿pero qué es todo eso?

Además, ni aún robando todo el material se hace el corto fácilmente. Hay que buscar un sitio y, amigos/as, cualquiera que haya tenido un rodaje en su casa sabe que no repetirá. Es como tener todos los inconvenientes de una fiesta y ninguna de sus ventajas. Se van todos, tienes que limpiar y ni siquiera hay alcohol o posibilidades de ligue de por medio.

¿Una fiesta salvaje?, ¿una despedida de soltero?, ¿una Nochevieja a la que se apuntó demasiada gente? Pues no, los restos de un rodaje.


Pero supongamos que no sólo he robado todo el material de iluminación existente, sino que también he ocupado una casa. Aún tendré que encontrar al equipo porque, amigos/as, que no os engañen los que van de Juliomedem por la vida. Por muy director autor que uno sea, las películas se hacen entre mucha gente. Aún prescindiendo de script, ayudante de dirección y auxiliares de producción (y prescindes porque no caben en la casa, no por ganas de tenerlos a todos), necesitas a alguien que se ocupe de vestuario, de arte, de la cámara, el sonido y, por supuesto, necesitas actores. No sólo hay que convencerlos para que lo hagan gratis, que eso, si me apuras, es lo más fácil, ¡lo peor es que hay que ponerse de acuerdo en las fechas! Y eso sí que es una tortura.


Así que en esas estoy, haciendo un corto, digo, pidiendo favores. Y si:
- Conocéis a un sonidista con equipo propio
- A alguien que tenga un bar y no le importe que se grabe ahí
- O simplemente tenéis un coche grande y tiempo libre…


¡¡¡Llamadme!!!


O, al menos, votadme. En cuanto esté listo el corto volveré por aquí a daros la paliza. Que no es tan fácil librarse de mí…

viernes, 9 de diciembre de 2011

Buenas noches Panamá

Años 90. Clase de inglés. Adolfo, profesor al que siempre recordaré porque se rascaba la entrepierna rozándola contra la esquina de un pupitre, dando así una tensión insoportable a toda la hora de la clase de inglés que pasabas recitando el mantra "en mi pupitre no, por favor, en mi pupitre no". Adolfo, ese hombre, harto de que sus alumnos le llamaran Alfonso o hasta Ataúlfo, un día se levantó como Michael Douglas en "Un día de furia":

Y nos soltó que no nos quejáramos tanto por el examen sorpresa de vocabulario, si total, anda que no nos quedaban examenes por hacer en la vida. Los enumeró todos: los exámanes de las evaluaciones, los finales, las recuperaciones, los de septiembre, la Selectividad, el del carnet de conducir, los de la Universidad, los de oposiciones... Consiguió lo que quería: callarnos y amargarnos el resto del día.

Por cosas como esta yo siempre he sido una ferviente defensora de que el profesor es el enemigo. Es más, cuanto más enrollado dice ser el profesor, más hay que sospechar. Creedme, los que van de colegas son luego los que te suspenden con un 4,9.

Pero el tiempo pasa, un buen día te sorprendes encontrando guapo a un chico que no es chico, sino hombre y padre de familia y ahí está tu madurez llamando a la puerta. Porque, amigos, ¿qué pasa cuando se dan la vuelta a las tornas y eres tú la profesora?, ¿qué tipo de profesora serás? ¿La clásica de matemáticas chunga que amenaza con hacer controles sorpresa y quitar medio punto al que hable?, ¿el profe funcionario que lee el libro de texto en voz alta hasta que suena el timbre, momento en el que cierra el libro, aunque se haya quedado a mitad de frase? O, dado que voy a dar clase de guión, ¿un profesor con pasado intenso y alcohólico, que provoque en los alumnos admiración y acojone a partes iguales?

En todo eso pensaba yo antes de comenzar mis tres intensas semanas dando clases de guión a tres grupos distintos (uno por semana) durante seis horas cada día. Seis horas. Seis. Como dicen en los carteles taurinos. Seis toros. Seis. Pues igual.

Aunque el primer día y debido a un correo con un error, otra profesora y yo dimos por acabada la clase una hora antes. Estábamos esperando al otro profesor, pensando en que se estaba alargando mucho, cuando la gente de administración vino a decirnos que las clases acababan a las tres, no a las dos. Pero ése no fue el único lapsus que tuve durante esas tres semanas. Tres. Qué va.

Ese mismo día, y probablemente debido a que toda mi circulación sanguínea estaba ocupada haciendo la digestión de mi primera fabada, chispas, me dejé el portátil en el restaurante. A los cinco minutos volví, y ahí estaba.

Otro día me sorprendí a mí misma a punto de sentarme sobre la mesa con las piernas cruzadas y no lo hice. Otro resbalé con un charco (por Asturias hay mucho de eso) y a punto estuve de caerme justo cuando el coche de dos alumnos entraba en el parking.


Unos días más tarde entré en un proceso de dar clase como quien estaba en el salón de su casa y ahí estaba yo, hablando de estructura, sentada en posición “toro sentado” con las piernas cruzadas sobre la mesa.

Los alumnos, que también iban cogiendo confianza, a 15 minutos del final de clase, muertos de hambre y agotamiento, y como si aquello fuera “La gramola” pidieron que les pusiera este video: el plátano bolígrafo.

Y yo les hice caso.

En otra ocasión, poniendo un video sacado de Internet oí de fondo la voz de un alumno: “el sonido, que no lo has conectado” y lo triste es que era el tercer video que ponía ese día. Ese mismo alumno comentó, en el momento cañas del último día, que no es que él supiera mucho de técnica, sino que yo era tan torpe que en comparación él parecía Steve Jobs.

Y es que en ese último día, como premio y porque se lo había prometido la otra profesora la semana anterior, también proyecté este clip, un clásico de la red utilísimo para explicar cómo funciona un gag. Aquí, la señorita Panamá:


Y ya puestos, y dominando el arte de la proyección, les puse éste también, utilísimo para entender el subtexto, porque aunque la miss esté contestando a la pregunta: ¿es el hombre el complemento ideal de la mujer?, en realidad la escena va de una pobre señorita Antioquía, aspirante a Miss Colombia, que se ha metido ella sola en un berenjenal del que no sabe cómo salir:


De esta sucesión de chorradas se deduce que no soy una profesora enrollada, ni una tipo funcionario, ni desde luego una de las que mete miedo. Pertenezco al tipo de profesora entrañablemente torpe. Los alumnos no me recordarán con una sonrisa y seguro que con un mote.

Y vosotros, ¿habéis dado clase alguna vez?, ¿qué tipo de profesor sois?, ¿creéis como la señorita Antioquía que el hombre es el complemento de la mujer y la mujer del hombre, hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo y de manera contraria?

Aprovecho para recordar que se ha retrasado la proyección de "Mañana", será en el café Angelika de Madrid, a las 21.oo horas, pero el día 12.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Y usted, ¿cómo se hizo obesa?

Algún día los ejecutivos de Antena 3 se darán cuenta de que el diario de Patricia debe volver.

Entonces emitirán de nuevo sus clásicos como el de “mamá, nunca te he contado que soy gay y me gusta disfrazarme y voy a bailar disfrazado de Shakira frente a toda España para que te enteres”. O el de “en lugar de quedar en el Starbucks más cercano con mi cibernovio la primera vez que quedamos, decido quedar en la tele para decirle que no soy una mujer del todo, aunque me siento como una”, o el de “ siempre he sabido que soy adoptada pero he esperado 43 años para buscar a mi familia biológica porque contratar a un detective es caro y mejor que me lo pague la tele”… En uno que dediquen a gordos de solemnidad a los que sus familias/parejas/amistades obligan a hacer dieta o les dejan, en uno de esos, estaré yo. Por gorda.

Entonces tendré que contar mi triste historia: cómo pasé de ser una tipa normal de esas que se dicen a sí mismas que mañana mismo, mañana sin falta, ceno sólo ensalada y así pierdo ese par de kilillos con los que la ropa del H&M me quedará mucho mejor, a una gordaquetecagas. La culpa no es mía, público del diario. No. La culpa es de otro. De otros. De mucha gente. De toda una comunidad autónoma, ni más ni menos. De Asturias.


El complot de la comunidad astur para volverme una gorda empezó ya en el viaje a Oviedo. Cinco horas ahí sentada. Se hace largo y más si te ponen sólo una película y esa película resulta ser, otra vez (ya me la pusieron la última vez que fui a Tudela), “Burlesque”. Una película que cuenta con logros como que Christina Aguilera, gracias al maquillaje y las pelucas parezca más de plástico que Cher o atreverse a hacer una versión del “beautiful people” de Marilyn Manson.


Además, ya acabada, el deuvede tiene una opción en la que repite varias veces todos, repito, TODOS, los números musicales en un bucle infernal. Ahí ya llevábamos unas 3 horas de viaje, nos habían ofrecido el periódico, la cena, toallitas húmedas, más pan, café, más agua, y hasta una copa o licor. A todo dije sí menos a la copa, pero claro, a la tercera vez que oyes los gorgoritos de Cristina Aguilera y ves su estilo de baile, en el que confunde danza con contoneo poniendo cara de tía sexy ya no puedes más. Te giras y le dices a la azafata: ¿un ron con coca cola puede ser? Y te dice que sí, claro. Por algo estoy viajando en preferente.


La prueba del delito.


Pero eso era sólo el principio del fin de mi tipín.


Ya en Oviedo, a la mañana siguiente me levanto y ahí estaba, lo mejor de los hoteles. Mejor que tener piscina, mejor que poder llevarse los botecitos del champú gratis, incluso mejor que ese gustito que da dejar las toallas tiradas por el suelo aunque sólo las hayas usado una vez. Mejor que todo esto, sí... ¡el buffet! Dicen que la felicidad está en las pequeñas cosas: una pequeña fortuna, un pequeño yate, una pequeña mansión. Pero eso no es verdad, la felicidad está en levantarse y no tener que hacer nada más que elegir ante una mesa larga-larga llena de cosas ricas. Qué queréis que os diga, tengo la tensión baja y recién levantada esfuerzos los mínimos.


Me metí entre pecho y espalda: un variadito de fruta cortada, una tostada con tomate natural y queso, un zumo, un café con leche y un croissant. Pero en esta vida todo vuelve, hasta las hombreras, y después de 6 horas dando clase, el hambre también vuelve y allá que vamos el profesorado, a buscar restaurantes con menú por la calle Gascona. Una calle muy turística y eso, en Madrid, equivaldría a menús de 15 euros con paella revenía o ensalada mixta de primero y pollo asado o merluza rebozada más postre o café. En Asturias no. Todos los menús eran de menos de 10 euros y casi todos incluían una sopa o crema de entrante, más un primero: fabada o pote o algo de verdura contundente, tipo ensalada campera; un segundo: codillo, filetes de bacalao con jamón y queso, merluza con almejas, escalopines al cabrales. Todo ligerísimo, como veis. Además, incluía postre y café. Y el postre no era ese clásico de menú: un yogur Danone, una pieza de fruta, una bola de helado, ¡qué va! Mousse de fresa, tarta de queso, frixuelos...


Los frixuelos son crepes a la asturiana, es decir, más gordos y más grandes.


...todo casero. Os preguntaréis cómo es posible engullir todo eso. Es fácil: regándolo con sidra.


Y así, amigos esbeltos, es como he dejado de ser una de vosotros. En el próximo post os contaré la otra cosa que he estado haciendo en Asturias, aparte de comer: dar clase. Sí, yo dando clase. Vivir para ver.


El próximo día 5, en el café Angelika, en la Cava Baja, se proyecta "Mañana", allí os espero, tomándome un vaso de agua, que no engorda.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Los mejores peores videoclips II, el retorno

Amigos/as, no os engañéis por las noticias, los debates políticos y la crispación. Nuestro sistema educativo no está en crisis. Qué va. Si yo estoy dando clases en una escuela de Oviedo. Yo. De profesora. No de alumna. De pro-fe-so-ra. Nuestro sistema educativo no está en crisis, no, ¡se va al garete! Ya contratan a cualquiera...

Con la excusa de estar muy cansada para escribir un post con mucha letra, y con la promesa futura de algún día, no muy lejano, contaros mi experiencia asturiana, os lanzo uno de esos posts de copia y pega de videos de youtube.

Hace un tiempo ya os hablé del concepto de bueno-malo. Esas cosas (series, canciones, películas) tan malas, tan malas, que dan toda la vuelta al proceso y son buenas. Hoy, amiguitos, toca el turno a los videoclips.

En algún punto, alguien en una discográfica toma una decisión errónea. Así empieza un videoclip buenomalo. Por ejemplo, alguien piensa que sería mazo pintón y tope moderno que el nuevo videoclip de Timbaland fuera de vampiros, que es una cosa mazo moderna. No cuentan con que Timbaland poniendo los ojos en blanco y con cara de misterioso más que miedo da risa. Ver a Nelly Furtado vestida de Nochevieja en una cocina moviendo la cabeza a un lado y otro para que parezca que sabe bailar y que el antagonista vampiro malo tenga pinta de profesor novato de instituto tampoco ayuda a que el videoclip sea tope pintón, precisamente:

Hay clásicos del bueno-malo. Esos que todos hemos visto, y hasta oído. "Total eclypse of the heart" es un clásico de los 80 pero podría haber caído en el olvido de los recopilatorios que se anuncian en la teletienda, entre el whisper xl y el jet extender. Pero "Total eclypse" ha llegado lejos gracias a este videoclip con alumnos de internado con ojos que brillan en la oscuridad, nadadores cachas, ninjas tuareg, jugadores de rugby sin camiseta, palomas que se echan a volar, puertas que se abren sin motivo aparente y, lo que ya es el acabóse (aunque todo en este videoclip es un acabóse) niños monaguillos con ojos que brillan que van ¡y se echan a volar!

Y hay clásicos, pero que no han llegado a Occidente. Aquí tenéis un tema que es todo un himno en la India, "Jimmy adja", de un éxito del cine hindú llamado "disco dancer". Es tan conocido que hasta hay una versión de M.I.A. Para que os hagáis una idea, es una mezcla entre el zoom de Valerio Lazarov, "Fiebre del sábado noche" y el estilo de Bollywood. No sé qué me gusta más, si el pelazo pantojil de la protagonista, su coreografía a lo Martes y Trece, o la trágica historia que hay detrás: la chica del pelazo quiere convencer al tipo del poncho para que cante, pero él no puede y ella abandona el escenario diciendo "jimmy, i hate you, jimmy":

También hay revelaciones, como D'Nash, ese grupo que consiguió mes y medio de cierta notoriedad porque fueron a Eurovisión. El inconsciente colectivo, que es sabio, los ha borrado de la memoria de casi todos. Pero es injusto relegarlos al olvido junto a Anabel Conde o Serafín Zubiri. Ellos han hecho cosas muy grandes, como el videoclip de "capaz de todo". No sé qué parte me gusta más: si el segundo 17, cuando dicen "come on!", o el 1.03 y su coreografía acuática, o el rap del minuto 2.30...

¡¡3.25!! ¡El clímax final del 3.25! ¡Ése es el mejor momento!

Qué gran época la transición, con todo el mundo entre aliviado, liberado y más salido que el pico de una plancha. Sólo en esa época se pudieron componer letras como ese "libérame del pudor" de "Necesito amar". Como la canción ya es sutil de por sí misma, la cantante, la tal Ana, la interpreta como si tuviera un radiador debajo de esa túnica mezcla de lycra y polipiel que lleva. Y qué decir de Johnny, su voz ronca, su mirada sucia, y su cardado:
Y vosotros/as, ¿añadís algún descubrimiento a esta lista de buenosmalos videoclips?

jueves, 3 de noviembre de 2011

Hostal Royal Redondilla

Soy una gran anfitriona. Está mal que yo lo diga, pero esto es así. Pero no soy una anfitriona al estilo Ferrero Rocher. No corro por las praderas que rodean mi cortijo con solo un foulard para protegerme de la lluvia que en Sevilla es una maravilla, como Paloma Cuevas. Tampoco recibo a embajadores que se sabe que son embajadores porque llevan una banda al estilo de Miss guapa con gafas, como hace Isabel Preysler. Ni me desnuco cuando tengo que dejar de colocar las flores en el jarrón porque suena el timbre y llegan mis invitados, al estilo Judit Mascó.


Atención al segundo 10, cuando Judit se gira con total naturalidad.

Yo soy una anfitriona más cañí. Más del tipo Lina Morgan en “Hostal Royal Manzanares” que del tipo Ferrero Rocher. Que, de todas formas, no me creo yo que ni la Cuevas, ni la Preysler, ni la Mascó, den a sus invitados ese bombón cutre que es el Ferrero Rocher. Seguro que ellas son más de Godiva, de Lindt o incluso de la caja roja de Nestlé. Pero el ranking de mejores chocolates y bombones lo dejamos para otro post.
Decía que soy una anfitriona cañí. La versión joven, esbelta, encantadora y modestísima de la típica señora que regenta una pensión en las inmediaciones de Sol. Ofrezco hospitalidad y una habitación no muy sucia (hay pelos de gato, pero no cucarachas, que son una cosa muy típica de las pensiones de Sol) en el centro de Madrid. También soy una excelente guía turística. Llevo a mis invitados a lugares poco típicos donde conocer la auténtica esencia de Madrid. Porque, ¿quién quiere ver la casa de Lope de Vega pudiendo ver el lugar en torno al cual vivió y murió José Villarreal?


¿Quién quiere ir a Casa Lucio pudiendo ir a una taberna que responde al nombre de "La pantera del Rayo" (por el Rayo Vallecano)? Donde además sirven tortilla de patata precocinada del Lidl y tienen las paredes decoradas con retratos de Lina Morgan, Lola Flores y otras muchas celebridades.


¿Por qué ir a un garito decorado por Tomás Alía? Mejor ir a la taberna extremeña, que si se cae la cortina la sujetan y decoran con un platito de café y listo:

¿Quién quiere ir de compras a la Milla de Oro pudiendo ir a sitios así?



¿Quién quiere ir al Buda Bar pudiendo ir al Outlet? El Outlet no es una tienda, sino un bar que aplica las mismas políticas de eternas rebajas de los outlet, pero al alcohol. El Buda bar tiene a famosos y futbolistas, el Outlet a adolescentes y algún treintañero con ganas de pagar por las cervezas lo mismo que pagaba en su época de adolescente.
¿Quién quiere ir al Teatro Real pudiendo ir a Laidy Pepa?

¿Y quién quiere ir quemar la noche madrileña pudiendo quedarse en casa viendo “Gremlins 2”?

O “Vuélveme loca”, un programa del corazón que tiene bastante mala baba, pero cómo no tenerla con noticias como que la Duquesa de Alba dice que no sabe lo que es el bótox.

¿Y tú preguntas que el botox?, botox eres tú, que decía la rima de Gustavo Adolfo Bécquer.

Soy una gran anfitriona.


Hostal Royal Redondilla os recibe a todos, eso sí, no me traigáis Ferrero Rocher en pago, mejor un surtido de quesos, jamón ibérico o sobrasada.