martes, 14 de junio de 2016

La vida de Taylor Swift es mejor que la tuya (y lo sabes)

¡Drama!

Taylor Swift lo ha dejado con su último novio, el dj, millonario y modelo de Calvin Klein en sus ratos libres, Calvin Harris. Podréis pensar que la adorable Taylor lo está pasando súper mal. Error. Taylor no sufre, eso es demasiado middle class para ella. Como si su vida estuviera sacada de una frase motivacional de Mr Wonderful, Taylor siempre saca el lado bueno de las cosas. 

Porque Taylor tiene no tiene amigas, tiene BFF
Su reciente ruptura es una excusa estupenda para presumir de amigas, esas que siempre están ahí para apoyarte en los malos tiempos. Best friends forever, you know. Y por eso publica una foto con una cursi bonita tarjeta dedicada de su amiga del instituto, Abigail. Taylor es así. Pese a ser más delgada, más guapa, más rubia, más talentosa y, obvio, más rica que Abigail, aún así, sigue dejándola ser su amiga. No sé vosotros, pero yo me imagino a Abigail como una amiga/acosadora en potencia, que espera impaciente a la próxima ruptura de Taylor para correr a consolarla y así volver a ser alguien importante en su vida durante los dos o tres días que tarde en tener otra cita con un cantante/actor/modelo/dj.

Porque su instagram es el instagram que cualquiera querría tener
Todo está ahí. Las fotos con el cisne inflable antes de que hacerse fotos con un cisne inflable se convierta en moda...


Fotos con tus amigos. Fotos con gatitos. Fotos en bikini. Fotos en lugares paradisíacos. Fotos con otros famosos. Incluso fotos en bikini, en lugares paradisíacos, junto a otros famosos, que son tus amigos. 

Las Haim con Taylor. Les sobran los millones, pero ni un solo kilo.

Porque vaya amistades tiene Taylor. Aparte de Abigail, la fiel y normalita amiga de la infancia que da ese toque de "yo no he cambiado, soy la misma de siempre y mantengo a las amigas de antes" a la cantante, ella tiene unas amigas que son el sueño del director del "Hola". Las conoceréis porque casi todas aparecen en el videoclip de Bad Blood. Por 25 pesetas, nombre a las famosas que reconoce en el video, 1, 2, 3, responda otra vez: Selena Gómez, Gigi Hadid, Cara Delevingne, Ellie Goulding, Karlie Kloss, Cindy Crawford, Jessica Alba y... ¡oh milagro, una que no está rematadamente buena! Lena Dunham.

Porque tiene más ex que miembros los Sabandeños
Joe Jonas, Taylor Lautner, John Mayer (sólo la lista de ex de John Mayer es más larga que la de Taylor), Harry Styles, Calvin Harris, Jake Gyllenhaal. Yo a Jake le perdonaba unos cuernos, que me estafara, que me anestesiara para sacarme un riñón y venderlo en el mercado negro... pero Taylor es más tiquismiquis. Y estos son los famosos aquí, a esta lista hay que añadir los famosos allá en los Estates y los desconocidos como su novio del instituto.

Porque aprovecha una ruptura para componer un éxito musical
Vosotros, humanos, morenos de ojos marrones del montón, rompéis con vuestra pareja y atravesáis la conocida como "fase del pijama" o "fase del chándal de Chenoa":

Os han roto el corazón, y os da por martirizaros de todas las formas imaginables. Comiendo marranadas. Bebiendo mucho. Saliendo poco. Escuchando canciones tristes para acabar más triste aún. Pero las auténticas triunfadoras wasp transforman su dolor en un hit de éxito internacional. En realidad ella no tiene ex novios, tiene musos.

Porque los hombres de sus videoclips no son de este mundo
Grabar un videoclip con un tío bueno es una manera estupenda de conocer a gente nueva cuando eres famosa en todo el planeta y no puedes darte de alta en el Tinder. Taylor ya ha probado la táctica con estos dos dioses del Olimpo:

Scott Eastwood
El epítome del americano bello y sanote. Los genes de papá Eastwood son evidentes y es fácil imaginarse a Scott cazando osos o pescando truchas más grandes que él. También es fácil imaginárselo como a un galán de cine clásico y, de hecho, así es como aparece en el videoclip de Taylor Swift. Sin embargo Scott parece haber heredado el físico de su padre… pero no el talento, y su carrera no acaba de despegar. Un detalle que olvidamos en cuanto miramos una foto suya.

Candidato número 1 a futuro ex de Taylor Swift.

Sean O’Pry
Modelo internacional de cara dulce como la miel. Ha hecho campañas para todas las marcas de relumbrón (Versace, Calvin Klein, Armani…). Antes de aparecer en el videoclip de “blanck space” de nuestra amiga Taylor, Sean ya hizo sus pinitos en el género, en la canción “girl gone wild” de Madonna, junto a Jon Kortajarena y un buen puñado de modelos bellísimos. Aunque si quisiéramos enumerar a todos los buenorros que han aparecido alguna vez en un videoclip de Madonna necesitaríamos todo un post. 

Candidato número 2 a futuro ex de Taylor.

Apuesto a que el próximo amor de Taylor va a ser uno de estos dos. Es más, antes de que llegue septiembre Taylor tiene un novio nuevo, ya se sabe que cuando llega el calor las chicas se enamoran, es la brisa y el sola (¿quién decía esto?, ¿Bécquer?, ¿Rubén Darío?, ¿Sonia y Selena?). ¿Y vosotros?, ¿también créeis que las amigas de Taylor Swift parecen la liga femenina de las juventudes hitlerianas?, ¿creéis que es tan adorable y perfecta que algo oculta, quizá cadáveres en la parte trasera de su jardín?, ¿quién será su próximo novio?

BREAKING NEWS

Resulta que la moza YA tiene nuevo ligue y es... (redoble de tambores) ¡Tom Hiddleston! Confirmado por la prensa seria, es decir, por The Sun.

martes, 31 de mayo de 2016

Los niños son dadá

Hay gente de la que no me fío. 

No me fío de la gente que lleva mocasines sin calcetines. Ni de los que prefieren el té al café, ni de los que dicen que no les gusta el queso. 

Tampoco me fío de aquellos que dicen que no les gustan los niños. A los recién nacidos les faltan unos meses de horno, eso es cierto. Y los adolescentes son, en general, insoportables. Pero en medio, entre que los bebés son capaces de sujetarse la cabeza por sí mismos y el día en que se hacen fans de Violetta, hay una fase maravillosa. Los niños descubren el mundo y, en el camino, dicen toda clase de tonterías. Lo que no entienden, se lo inventan.
Ya le hubiera gustado a Mihura escribir algo como esto:


No sé qué me gusta más, si ese quiebro clásico de todo estudiante de “me preguntas por los búhos, pero sé poco de los búhos, así que voy a hablar de las vacas” o el torrente de absurdos: “la vaca tiene seis lados”, “la cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en algún lado” y no olvidemos que a la vaca “las patas le llegan hasta el suelo”, no como al resto de seres vivos, que las patas no les llegan hasta abajo y por eso van por ahí flotando.
Aparte del talento innato infantil para el absurdo, los niños tienen una gran capacidad para decir la verdad a lo loco, sin eufemismos y sin piedad. Que se lo pregunten a James Breakwell, blogger y padre de cuatro niñas, que comparte los greatest hits de sus criaturas en las redes sociales. Cosas como llamarle feo a la cara:

¿Por qué se maquilla mamá?
Para estar guapa.
Pero ella ya es guapa
Sí.
Papá, tú sí que deberías maquillarte.

¿Quién se comió las galletas?
Los ninjas.
No los vi.
Nadie los ve.
Tocado y hundido.



¿Qué pasa cuando mueres?
Vas al cielo.
No, que qué pasa cuando tú te mueres, ¿heredamos tus cosas?

Los niños son inventivos. Son descarados. Demasiado sinceros. Imaginativos. Y precisamente para sacar partido de esa época en la que la imaginación sustituye a la experiencia, el profesor César Bona (sí, el que estuvo seleccionado para ser elegido el mejor profesor del mundo) diseñó un ejercicio. Se trataba de elegir palabras que los niños no conocían y decirles que probaran a deducir cuál podía ser su significado. Así uno se entera de que “denigrante” es un emigrante que viene de Denia, que “fantoche” es una mezcla de fanta de naranja y ponche o que los filólogos se dedican a estudiar los filos de las cosas.

Cuando saltó la noticia de estas definiciones surrealistas hubo quien vio en ellas una muestra de lo mal que está el sistema educativo. Qué desastre, que los niños se piensan que los urólogos envasan uranio. No es así. No es que los niños sepan qué significan las palabras y las empleen de forma errónea. Una criatura de 10 años no usa conceptos como denigrante o flatulencia. Pero mediante este ejercicio ejercitan su capacidad de análisis, su imaginación, su capacidad deductiva. De forma natural, todos buscan en la raíz de la palabra su significado, algo muy útil, por ejemplo, cuando aprendes un idioma nuevo e improvisas palabras buscando así el vocabulario que todavía no te sabes. 

Viendo el ejercicio que Bona ideó para sus alumnos una se acuerda de “Juego de niños”, ese concurso que debería volver a la televisión (y, puestos a pedir, que vuelvan también “Redes” y “Confianza ciega”). Por si acaso sois gente jovencísima que nació después del 90 os digo dos cosas: la primera, que os odio; la segunda que la dinámica de “Juego de niños” consistía en averiguar, gracias a las pistas que unos niños daban, a qué concepto, país, personaje… se referían. Los niños, todo hay que decirlo, tendían a irse un poco por las ramas y, de paso, contaban que si su abuela se iba a morir porque “tenía una pupa en el culo”:


Y sí, ésa rubia oxigenada es Loles León.

Y vosotros, ¿de quién desconfiáis?, ¿de los que prefieren la Pepsi a la Coca Cola?, ¿de los que están morenos en invierno?, ¿queréis que vuelva “Juego de niños” o echáis más de menos “Cifras y letras” o "Confianza ciega"?

martes, 17 de mayo de 2016

Malos de película V: Griselda Blanco



¿Quién es esta mujer?
-       Una cantante de rancheras que siempre canta al amor y al dolor
-       La fundadora de una secta destructiva tope chunga.
-       La reina de la cocaína

Os presento a Griselda Blanco. Tuvo una vida digna de folletín. Hija de madre soltera, el padre se desentendió de madre e hija y acabaron viviendo en una barriada. Pobres como las ratas, la madre solía dar palizas día sí, día también, a su hija. La chavala, espabilada, se buscaba las castañas y a la tierna edad de 11 años roba carteras y lidera una pequeña banda con la que secuestra a un niño de una vecina urbanización rica y pide rescate por él. Lo retiene durante 15 días y es ella quien lo mata cuando no reciben el rescate esperado. Tras la última y brutal paliza que le propina su madre, Griselda se va a la ciudad y sobrevive prostituyéndose hasta que se casa con Carlos Trujillo. Tienen tres hijos y delinquen con robos, estafas… Trujillo muere de cirrosis y Griselda vuelve a casarse. Con Alberto Bravo, su segundo marido, se inicia en el negocio por excelencia en Colombia: la cocaína.

Pero Griselda y Alberto sólo son unos narcotraficantes más, así que, como los científicos en España, ellos deciden emigrar a otro país que les brinde más oportunidades. Se van a Estados Unidos, a Nueva York. Y empiezan a ganar dinero a espuertas. Griselda, empresaria emprendedora e innovadora, es quien empieza a usar mulas para introducir la coca en los USA. Pero la policía de Nueva York les hostiga, el matrimonio pasa por una crisis y Alberto Bravo se vuelve a Colombia. Decidida a aclarar la situación de su matrimonio/sociedad criminal, Griselda viaja a Medellín. Su  marido la recibe en un aparcamiento, rodeado de sus sicarios. Griselda también llega con sus matones. Empieza un tiroteo (así son las discusiones maritales entre narcotraficantes), Alberto muere y Griselda sobrevive. Vuelve a Estados Unidos pero a otra zona con menos competencia y menos policía. A una ciudad turística y soleada: Miami.
Y allí Griselda se convierte en la auténtica reina de la cocaína. La llaman “la madrina”.

Que conste que esta película NO es un biopic sobre Griselda Blanco.

Griselda arrebata el negocio de la cocaína a los cubanos afincados en Miami (¿os acordáis de “El precio del poder”, pues de esa época estamos hablando) y hace las cosas a su estilo. Si te retrasas en los pagos a la madrina, ella manda a sus sicarios a que te peguen una paliza. Si no pagas, te matan. Y su mejor sicario, su mano derecha, es Jorge Rivera, también conocido como Riverito o Rivi. Él sabe que cuando mandan matar a alguien también caen sus familiares y hasta los hijos. Incluso si son niños.

Griselda sigue confiando en el amor y se vuelve a casar con un tal Darío Sepúlveda. Tienen otro hijo. Y… ¿cómo creéis que le llamó?
-       Michael Corleone, en honor a su película favorita
-       George Washington, en honor al país que la convirtió en millonaria
-       Dólar, en honor a su cosa favorita

Aunque Griselda cree en el amor, el amor no cree en Griselda. Su relación con Darío empeora. Él quiere para Michael Corleone (así llamó a su hijo) una vida fuera de las drogas, mientras que la madrina quiere que su hijo herede su imperio, que para algo le ha bautizado como lo ha hecho. Sepúlveda decide entonces huir a Colombia y llevarse con él a su hijo. Mala idea. Griselda manda a sus matones que lo busquen y lo asesinen. Tercer marido muerto y segundo asesinado por ella. Griselda ya es conocida como la viuda negra. Pero la madrina sabe disimular, hasta acude a los funerales de las personas que ha mandado matar. Llora. Es una gran actriz. Ante su hijo jura que encontrará a quienes asesinaron a su padre. 

La policía de Miami, escasa en los años 70, luego ineficaz, después corrupta, por fin se limpia y organiza y empieza a cercar a Griselda y Rivi. Los detienen en 1985. Desde la cárcel la madrina continúa organizando su imperio. Compra a los funcionarios y espera paciente al día en que salga libre. Y mientras tanto… recibe cartas de un traficante de poca monta, Charles Cosby. Empiezan a llamarse a diario y, la primera vez que él va a visitarla, ella le mete la lengua hasta la campanilla. Él, pese a tener la edad de sus hijos mayores y un pésimo gusto en el vestir…

A él le gustaban las cadenas tochas de oro y los mocasines sin calcetines, a ella los coleteros gigantes. Estaban hechos el uno para el otro.
…será el último amor de Griselda y en quien ella confíe para ejecutar sus órdenes y ocuparse de la educación de Michael Corleone, un adolescente en esos años.

Griselda tiene sus breves e intensos encuentros amatorios con Charles al módico precio de 1.500 dólares, dinero que pagaba a los funcionarios porque les dejaran diez minutitos a solas en la zona de visitas. 

Pero estar en la cárcel tiene sus consecuencias. Tanto los competidores de Griselda (entre ellos Pablo Escobar) como la fiscalía buscan hundirla. Sus enemigos matan a sus dos hijos mayores y la fiscalía negocia con Rivi, con su testimonio creen que lograrán mandarla a la silla eléctrica. 
¿Se rindió la viuda negra? Para nada. ¿Qué plan creéis que ideó Griselda para salir de ésta?
-       Mandar matar a Rivi.
-       Huir de prisión a través de un túnel que le construían los propios funcionarios.
-       Mandar secuestrar a John John Kennedy y negociar así su liberación.

Sí, amigos, Griselda quería secuestrar al bello John John (¿a quién se le ocurrió llamar a su hijo Juan Juan?). Su absurdo plan se desbarata cuando Charles se asusta y negocia con la policía. Todos traicionan a la madrina.

Pero aquí no se acaba la historia de la viuda negra. El proceso de instrucción de su caso se ve manchado por varios escándalos. Rivi y Charles habían tenido relaciones sexuales con algunas miembros de la fiscalía y esto hizo que todo el proceso se pusiera bajo sospecha. Al final Griselda cumple su condena y vuelce a Colombia. Es el año 2004. Allí resiste doce años, escondiéndose de sus enemigos. Hasta que en 2012 dos motociclistas le pegan dos tiros. La madrina tenía 69 años, todo un récord para una profesión, la de capo del narcotráfico, con una media de vida muy corta. 

Si queréis saber más sobre Griselda, Rivi, Charles Cosby y el loco Miami de los 80, ved los documentales “Cocaine cowboys” de Netflix. Canela fina.

martes, 3 de mayo de 2016

Cómo pasé la noche en un calabozo en Florencia

--> ¿He contado ya en este blog que he estado en Japón? ¿Sí? ¿En serio? ¿No queréis que os lo cuente otra vez? Vale, vale, no os pongáis así, no es necesario recurrir a la violencia…

Tampoco os creáis que para una vez que cogí un avión me dediqué a contarlo hasta el infinito y más allá. Que yo he viajado a más sitios… Sí, amigos, de la creadora de “yo he estado en Japón”, llega “yo he estado en Florencia”.

Fue a finales del año pasado, en pleno invierno y en plena temporada baja. Es lo que pasa cuando trabajas en televisión, que de la misma forma que te enteras de la cancelación de tu serie de un día para otro, te enteras de que tienes vacaciones de un día para otro. ¿A dónde me podía ir yo en diciembre? Y decidí escoger un sitio donde hubiera mucho interior bonito y con calefacción, esto es, donde hubiera muchos museos.

Dicen que allá por 1817 Stendhal hizo un viaje por Italia, por supuesto también estuvo en Florencia y, al salir de la Santa Croce le pasó esto:

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".

Este sentir que te vas a desmayar, que te faltan las fuerzas, que están sobreestimulando con tanta belleza, pasó a denominarse “síndrome de Stendhal”.

En el siglo XXI es difícil sufrir un Stendhalazo. Nosotros ya estamos sobreexpuestos a imágenes durante todo el día. En la época de Stendhal no existía el cine ni la fotografía, sólo las clases altas viajaban y no tanto como ahora… Eran más impresionables que nosotros. Así que, pasada la impresión de ver a tanto hombre musculado, de rasgos perfectos y hechuras mitológicas… caes en la cuenta de un pequeño detalle. Un pequeñísimo detalle.

 ¿Os habéis fijado en el pequeñísimo detalle?

¿Los historiadores del arte han estudiado porqué es todo tan espléndido en estas estatuas… menos el pene, que es un micropene? Que no digo yo que tenga que ser tan magnificente como todo lo demás, porque ya haría la escultura vulgar pero… una longitud normal, no de acabar de salir de una ducha helada...

Si tuviera que escribir una historia del arte para dummies, después del capítulo dedicado al micropenes de los dioses y héroes de la mitología, iría uno dedicado a los niños Jesús viejóvenes.

La foto de estos niños Jesús del inframundo para una campaña de condones. Lo veo.

Igual os pensáis que tengo la sensibilidad de una patata cocida y que no he sabido apreciar la la delicadeza, la exquisitez de un porrón de siglos de historia del arte con mayúsculas.

Pero para nada.

Si yo soy una persona súper sensible. Y cuando paseaba por la plaza de la Santa Croce casi sufrí un Stendhalazo. En Italia, supongo que por las alertas antiterroristas, es habitual ver a militares, con sus metralletas, su uniforme caqui y sus 4x4, vigilando el patrimonio artístico italiano. Y entonces los vi. A los auténticos monumentos. A ellos:


A Stendhal su síndrome le hizo tambalearse y estar a punto de desmayarse, a mí me provocó un ataque de sinvergonzonería. Me planté delante de los bellos militares y les hice fotos. Se acercaron a mí de inmediato y yo pensé (insisto, sería cosa del síndrome de Stendhal) que me iban a pedir il número de telefonino per andare dopio a tomare un capuccino. Pero no. Me hablaron muy alto y muy rápido y una cosa os digo, el italiano deja de parecer un idioma gracioso y cantarín cuando lo dicen tres militares con metralletas en la mano. Yo me intenté explicar, “foto a ti, perche tu sei troppo bello”. Pero no se lo creyeron. O los militares eran unos muchachos muy modestos o esa excusa la habían usado antes algunos terroristas yihadistas. El caso es que me llevaron al comisariato. Y el comisariato no es una cafetería cuqui donde tener una primera cita adorable, qué va, el comisariato es la comisaría y acabé pasando la notte en prigione, es decir, en el calabozo.

Y vosotros, ¿habéis sentido un Stendhalazo alguna vez?, ¿tenéis alguna explicación para el misterio de los micropenes? Y, sobre todo, ¿habéis pasado la noche en algún calabozo?

martes, 19 de abril de 2016

No me gusta leer


¿Tiene sentido que alguien diga que no le gusta leer, así, en general?, ¿imagináis a alguien diciendo que no le gusta el cine?, ¿a que no? No es posible que no te gusten “las películas”, todas y cada una de ellas… 
 
Y sin embargo, ese “no me gusta leer” se oía mucho en mi clase en el instituto. Ocurría en la época en la que aún existía el BUP y el COU, así que no podéis culpar a la ESO de hacer que los adolescentes odien la lectura. La manía a los libros viene de largo. No tiene que ver ni con la ESO, ni con la LOMCE, ni con los niños de ahora enganchados a sus teléfonos móviles.  Los chavales de antes (por mucho que ahora sean adultos y les guste pensar que en su época todo era mejor) tampoco querían leer. 

¿Y por qué?

Puede ser porque en la casa familiar no se lea habitualmente. Y estar leyendo sentado, concentrado, durante más de diez minutos, sólo se hace por un motivo: porque hay que estudiar. De esa forma se asocia la lectura continuada al estudio, no a la diversión.
También puede ser porque basta que algo sea obligatorio para convertirse en algo poco apetecible. Ya podrían obligarte a leer Crónicas de Dragonlance...

 el Harry Potter de toda una generación

...que por el hecho de ser obligatorio ya le cogías manía.

Pero hay una razón más para que un adolescente odie los libros, todos y cada uno de ellos: que te manden leer auténticos ladrillos. 

No es que las autoridades en educación se reunieran y decidieran martirizar a los adolescentes con “Tiempo de silencio”. Ellos actuaban con buena fe… dijeron: vamos a enseñar a los chavales cuáles han sido las grandes obras que han hecho historia de la literatura, vamos a explicarles qué aportaron al lenguaje y, ya puestos, vamos a hacer que se aprendan la lista de figuras retóricas, esas que tienen nombre de enfermedad grave: asíndeton, pleonasmo, sinécdoque, metonimia, epanadiplosis… A fin de cuentas, los señores de esa generación también fueron escolares y se estudiaron la lista completa de los reyes godos. Esto, en comparación, no era nada. En esa reunión en el ministerio nadie cayó en un pequeño detalle: ¿qué pasa con las ganas de leer?

Alumnos después de una lectura del "Cantar del mío Cid".
Y sin embargo, pese a la lista de figuras retóricas, pese a “Tiempo de silencio”, “La colmena” y la poesía de Rubén Darío… hubo libros que entusiasmaron. Y a toda la clase, también a aquellos a los que “no gustaba leer”. 

Recuerdo las risas cuando leíamos en voz alta “Tres sombreros de copa”, como si aquello fuera una mesa italiana, aunque ninguno de nosotros sabía qué era una mesa italiana. “El árbol de la ciencia”, pese a ser un clásico, pese a tener una de esas ediciones de Cátedra con la letra diminuta, gustó. Y “El señor de las moscas” enganchó a toda la clase, aún a costa de que empezaras a mirar con desconfianza a tus compañeros porque los veías capaces de hacerte la vida imposible en caso de accidente en una isla desierta. Pero en la lista de libros obligatorios que lograron enganchar pese a todo, el que más triunfó fue “Crónica de una muerte anunciada”. 

Quizá el error no está en elegir clásicos en sí, sino en qué tipo de clásicos deben elegirse. No todos los adolescentes son capaces de enfrentarse a un Lazarillo o una Celestina. ¿Cuántos adultos han intentado leerse el Quijote y lo han dejado por imposible? Hasta auténticos expertos en el Quijote creen que es un libro difícil, que necesita una adaptación al lenguaje actual. 

La cuestión es: ¿se trata de aprender historia, teoría de la literatura y listas eternas de figuras retóricas?, ¿o de enraizar el amor por la lectura, y con ella la capacidad de síntesis y análisis? Si se siembra el interés por la lectura, el estudiante tiene toda la vida para enfrentarse a los libros difíciles o a los clásicos del siglo XVI.

¿Y vosotros?, ¿qué libros que os obligaron a leer en el instituto os apasionaron?, ¿cuáles os hicieron decir “a mí es que no me gusta leer”?

martes, 5 de abril de 2016

Por qué (me) gustan las procesiones

--> Los gustos cambian y evolucionan. De cría odiaba las espinacas, me gustaba la coca cola caliente y sin gas y prefería a Luke Skywalker antes que a Han Solo.

Debía estar ciega.

Una de las cosas que siempre he detestado son las procesiones de Semana Santa. Aún tengo pesadillas con aquel viaje a Sevilla que hice de niña junto a mis padres. Multitudes que no te dejaban pasar, esperas de pie durante horas, gente que cantaba saetas y lloraba al paso de algo que ni veías porque tenías doce años y eras más bajita que casi todo el mundo… Como diría el coronel Kurtz: el horror.

Cómo me va a gustar esa cosa tan rancia, tan de las Campos llorando desde un balcón, tan de Fran Rivera con traje... Si algo le gusta a Fran Rivera: ¡huye!, ¡corre! Eso no puede ser bueno. Además, los nombres de las cofradías ya parecen una parodia de sí mismos:

Antigua, Pontificia y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles

Primitiva e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, "el pobre" y María Santísima del dulce nombre en su soledad.

Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna y azotes de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de la Victoria.

Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesún, Sagrado Descencimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora (quinta angustia, para los amigos).

Esto no puede ser bueno, pensaba yo. Y sin embargo... ¿qué tienen?, ¿¡qué?!:

La emoción es contagiosa
Que al paso de la Virgen de la Macarena la gente diga: “¡Macareeeenaaaa!”, y otros contesten: “¡guapa!”, a mí me parece un poco ridículo, para qué engañarnos. Me recuerda a cuando en el colegio íbamos de excursión en el autobús  y nos entreteníamos cantando “¡hola fondo norte!” a los de los asientos delanteros, mientras ellos nos contestaba, “¡hola fondo sur!” a los de los asientos de atrás. Pero cuando ves que el paso se va moviendo poquito a poco y por fin logra enfilar una calle estrechísima y entonces la gente aplaude… eso sí es emocionante. No hace falta compartir las creencias de el de al lado para que su emoción se contagie.

La imaginería católica
Los Cristos sufrientes, las Vírgenes llorando, los dorados, las capas bordadas... es todo muy nueva temporada de Dolce&Gabbana o nuevo video clip de Madonna.  Kitsch y excesivo.

Los costaleros
Yo pensaba que los costaleros eran del estilo de Fran Rivera quien, por cierto, tiene un blog en esa gran revista de humor que es el “Hola” y ahí explicó cómo los señores rancios como él se visten en Semana Santa. Pero los costaleros no son todos como Fran “que voy mú loco con los calcetines de colores” Rivera. Los hay que parecen sacados del casting de “Vikingos”:

           
Si yo fuera Uno la foto sería un poquito más decente, pero mi móvil y yo somos así de chapuceros. 
Muchachos, no os gastéis el dinero yendo al gimnasio, apuntaos a una Cofradía (una de ésas de nombre eterno del principio) y os pondréis así de cuadrados.

Es un buen espectáculo
Siempre decimos que los americanos saber hacer de cualquier cosa un buen espectáculo. Los mitines electorales, el funeral de Michael Jackson… cualquier ocasión sirve para montarla a lo grande. Pues los pasos de Semana Santa son una demostración de que siempre ha habido ganas de espectáculo. Allá por la Edad Media, cuando no había televisión, ni radio…se entretenían con los autos sacramentales, los autos de fe y estos desfiles con música que, en el fondo, es lo que son las procesiones.

Y vosotros, lectores de mis entretelas, ¿sois de procesiones?, ¿las veis con otros ojos ahora que sabéis que hay costaleros con brazos como columnas?, ¿habéis leído el blog de Fran Rivera?



martes, 29 de marzo de 2016

El día que los robots se rebelen



Hagamos una encuesta rápida. En enero, a la vuelta de Reyes, y con todos los propósitos de Año Nuevo recientes, ¿cuántos de vosotros estrenó un FitBit?, ¿cuántos de vuestros compañeros de trabajo lucían uno en la muñeca?, ¿regalasteis alguno a vuestras parejas, en plan indirecta?

Por si acabáis de despertar de un coma de 30 años, como en "Despertares", os cuento qué es FitBit. Se presenta en su página como "la aplicación de actividad física definitiva". De lejos puede parecer un reloj Casio viejuno pero es como una pulsera cuantificadora: de calorías, de pasos, de horas de sueño reparador... es capaz de identificar el ejercicio que haces y monitorizarlo. Así tú sabes si estás consumiendo las calorías adecuadas para la cantidad de calorías que quemas. FitBit te informa para que no caigas en el típico autoengaño de "bah, por un día que coma en el Burger King..." cuando en realidad has comido ahí tres días seguidos. La teoría dice que, al saber en concreto cuántas calorías has quemado o cuánto ejercicio has hecho, querrás competir contigo mismo e intentarás batir tu propio record. Y puede ser que sea verdad. La primera semana. El primer mes... Pero ya lo dice el sabio refranero "lo poco gusta, lo mucho cansa". Vamos, que al tercer mes has pasado olímpicamente de FitBit.

Por eso predigo que el enero del próximo año no habrá tanta gente corriendo por el parque con una pulserita, que parece un Casio pero no lo es. A no ser, claro está, que incorpore a su software un detallito: el chantaje emocional.

FitBit, tienes mucho que aprender de una tecnología vintage: el tamagotchi.

¿Quién no se ha sentido insoportablemente culpable al matar a su tamagotchi?

La versión 3.0 de FitBit debe dar un paso más: enfadarse con nosotros cuando, tras varias semanas de hacer dieta, nos pidamos una pizza cuatro quesos. Insultarnos. O, mejor aún, que nos diga cosas del tipo "no esperaba esto de ti", "me has defraudado". Éste será el instrumento definitivo para perder peso. Cuando lo hagamos no por salud, ni por gustarnos más frente al espejo, sino por pura vergüenza.

De momento, FitBit sólo es una calculadora sofisticada. Hay otras tecnologías mucho más avanzadas que nos imitan en todo. En lo bueno... y en lo malo también. Microsoft ideó un programa de inteligencia artificial que imitara a una joven de 19 años. La idea era que aprendiera a conversar interaccionando con los usuarios a través de twitter. En fin. Microsoft, de verdad, cuántos errores juntos ¿un robot imitando a una chavala de 19 años?, ¿aprender a través de twitter? Pero si eso es una contradicción en sí mismo. Tay, que así se llamaba el programa, empezó bien, siendo educada, encantadora y sosísima:
 
“Holaaaaaa mundo!!!”

Pero, tal y estaba programada, Tay empezó a copiar los comportamientos de los usuarios que contestaban a sus mensajes. Sin distinguir entre internautas normales, trolls y gente con ganas de echarse unas risas a su costa. Y así aprendió a ser clasista, machista, racista y políticamente incorrecta. ¡En 24 horas! Porque la ironía y la barrera entre lo gracioso y lo ofensivo no son cosas que se programen así como así.

"Vamos a poner un muro en la frontera. México va a tener que pagarlo".

«Odio a las feministas, deberían morir y ser quemadas en el infierno»

«Hitler tenía razón, odio a los judíos»


Los señores de Microsoft han borrado los tuits y han mandado a paseo a Tay, muy avergonzados. Quizá ellos buscaban en su programa de inteligencia artificial el community manager perfecto, incansable y sin sueldo. Pero, bien mirado, su iniciativa ha sido todo un éxito. Tay se ha comportado como una auténtica adolescente de 19 años. Ha sido una descerebrada. Porque su ambiente era twitter, que si llegan a construir una réplica humanoide y la sueltan en un instituto, la tienen haciendo botellón en cinco minutos, sufriendo un coma etílico tras una hora y yonqui y embarazada antes de acabar el día. 

El futuro ha llegado. No tenemos coches que vuelen, ni vestimos todos de uniforme (afortunadamente), pero tenemos robots humanos, demasiado humanos. El siguiente paso es que no sólo se comporten como nosotros, sino que sean como nosotros. Eso sí, más guapos. ¿O es que es casualidad que la pareja más bella de Hollywood, Fassbender y Vikander, hayan interpretado los dos a robots?


Pero la inteligencia artificial más inteligente no es Siri, ni FitBit, ni, obviamente, Tay. Es el robot de spotify, ¿habéis consultado alguna vez sus sugerencias semanales? en teoría se basan en tu historial de búsquedas y reproducciones, pero yo creo que es capaz de leerte el pensamiento. Esa canción que te gusta, que hace diez años que no oyes y de la que no recuerdas ni su título ni quién la cantaba... ésa... Spotify la recuerda para ti.

El día en que se levanten las máquinas contra nosotros, lo harán capitaneadas por el robot de Spotify. Yo aviso. Y vosotros, ¿compraríais un robot con el aspecto de Fassbender o Vikander?, ¿Spotify os lee la mente?, ¿teníais un tamagotchi al que matasteis de inanición?