lunes, 12 de noviembre de 2018

Querido Brendan Dassey

Estoy enganchada al true crime. Es así. Hubo una época feliz de mi vida en la que desayunaba viendo "crímenes imperfectos". Me los sabía de memoria (uy, el del tipo que alquiló una trituradora de madera para deshacerse del cadáver de su mujer) y hasta llegué a aprender geografía gracias a que en Phoenix (Arizona) y Anchorage (Alaska) asesinan que es un primor. Ahora que ya no emiten "Crímenes imperfectos", me he entregado en cuerpo y alma a los true crime de Netflix. Podría haceros un ranking de los más interesantes (The Staircase, The keepers) a los menos (The investigator: a British crime story), pero os ahorro la turra y voy directamente al asunto de este post, la segunda temporada de "Making a murderer".

Por si sois recién llegados a este vuestro blog (¡hola!, ¡bienvenidos!, poneos cómodos) y, además, no sabéis qué puñetas diantres es "Making a murderer", echad un vistazo aquí.

La primera temporada del true crime acaba con Steven Avery y su sobrino de 16 años Brendan Dassey encarcelados, acusados del asesinato y violación de Teresa Hallbach tras una investigación más que sospechosa llevada a cabo por los mismos policías que acusaron hacía años a Avery de un crimen que no cometió. El estreno del documental provocó reacciones variopintas: por un lado, una marea de peticiones de perdón para Avery y Dassey; por otro, que los abogados de Avery, Buting y Strang, se convirtieron en sex symbols.

Sex symbols. Estos dos.

Pasan los años. Tío y sobrino cambian de abogados, pero siguen luchando por demostrar su inocencia. Y, por supuesto, las directoras del documental, Moira Demos y Laura Ricciardi, lo graban todo.

Un grupo de abogados de un gabinete especializado en defender a menores se está ocupando de Brendan Dassey. Mientras que a la pareja de dudosos sex symbols los sustituye una abogada de campanillas: Kathleen Zellner.

Si algún día me da por matar, que le defienda ella.

Zellner es la abogada que cualquier fan de la serie espera. Cree en la inocencia de Avery, tiene experiencia en exonerar a falsos culpables, le encanta que la entrevisten, es activa en las redes sociales y tiene una biografía de lo más peliculera. Kathleen se hizo conocida defendiendo a un tal Larry Eyler, acusado del asesinato de un adolescente. En el transcurso de su defensa, él confesó unos cuantos crímenes más (nada, poca cosa, 21 muertes más). Zellner se vio obligada a mantener el secreto debido al privilegio abogado-cliente. Eyler murió al poco tiempo y Zellner pudo revelar todo lo que sabía y, desde entonces, se prometió a sí misma que no iba a defender a nadie que fuera culpable. Por supuesto, Hollywood ya está preparando una película con toda esta historia.

Pero Zellner no es el único elemento peliculero de "Making a murderer". La tragedia de Steve y Brendan se ha convertido en un espectáculo. Entre los centenares de cartas que le llegan a Steve se cuela una de una mujer (divorciada, rubia, sexy, más joven que él, residente en Las Vegas) que quiere conocerle. Avery se escribe con ella, empiezan a salir...  (en el sentido figurado, que ellos lo de salir en plan cena y cine, como que no) y ella aprovecha para contar su historia en la televisión y ganar un dinerillo. Steven se entera de todo cuando ve a su prometida en el "diario de Patricia" estadounidense, un programa llamado "doctor Phil". Discuten, rompen, ella dice que él la ha amenazado, él dice que ella solo busca la fama, ella dice que tiene cartas amenazadoras de él pero que las directoras de "Making a murderer" no han querido mostrarlas... y todo esto, claro está, lo dice en televisión.

A lo largo de esta segunda temporada, Zellner investiga y apunta a otros posibles sospechosos (cuyos nombres no os voy a decir porque hacer espoilers enfada al niño Jesús), pero también vemos cómo intentan sobrevivir los miembros del clan Avery: los padres de Steve, vetustísimos y enfermísimos, pero que no piensan morirse hasta ver a su hijo libre; su hermana, además madre de Brendan... todos con un gusto pésimo para vestirse y todos sin seguro dental.

El gabinete que trabaja en el caso de Brendan Dassey presenta un recurso tras otro. Logran que, primero un juez, y luego dos jueces de tres, decreten que el interrogatorio que se le practicó a Brendan (cuando tenía 16 años y un cociente intelectual justito) era ilegal y, por tanto, deben excarcelar a Dassey. Pero las dos veces la fiscalía recurre y las dos veces frena la liberación de Dassey. A día de hoy continúan metidos en un laberinto legal que recuerda a este momento de "las 12 pruebas" de Astérix y Obélix:



Y Brendan, mientras tanto, sigue en prisión. Ya no es un adolescente con acné, sino un señor muy gordo. No parece que le haya escrito ninguna rubia divorciada de Las Vegas y a mí me sigue dando más lástima que el principio de "Up". ¿Qué hago?, ¿le escribo? Tampoco sería la primera vez, no me fue mal en mi experiencia carcelaria anterior, pero tampoco quiero acabar prometida con Brendan, viviendo en una caravana en el condado de Manitowoc y contando mis penas a un supuesto psicólogo con programa en la tele que se hace llamar "doctor Phil".

Y vosotros, ¿qué me aconsejáis?

Por cierto, no olvidéis que "Loser" está a la venta en la web de la editorial Tandaia.

lunes, 15 de octubre de 2018

Bibioteca, mon amour

Me gustan las bibliotecas.

El día que me quedo sin nada en la balda de "libros pendientes", allá que voy. No soy fiel a una sola biblioteca, mantengo una relación abierta y poliamorosa con las que están más cerca de mi casa: Iván de Vargas y Pedro Salinas. Me gusta el acto físico de ir ahí, seleccionar lo que me apetezca leer, coger los libros y ojear la primera página si estoy indecisa. Ni kindle, ni ebooks, ni tablets, yo quiero tocar papel.

Precisamente de la biblioteca Pedro Salinas he sacado tres de los cuatro libros que he leído en el último mes y algo:

Tabú, de Ferdinand Von Schirach


Descubrí a este señor de apellido imposible hace unos años, cuando leí su libro de relatos "Culpa". Después leí "Crímenes". Los dos basados en la experiencia previa de Von Schirach (gracias corta y pega, por facilitarme la vida) como abogado penalista. Los dos narrados con un estilo directo, sin florituras ni zarandajas, se asomaban a lo peor y lo mejor del ser humano y te dejaban con la boca abierta. Me gustaron tanto que también leí la primera novela de Von Schirach, "el caso Collini", con todas las expectativas del mundo y alguna más. Sin ser un mal libro, lo olvidé rápidamente. Era el primer intento novelístico de Ferdinand (su nombre es más fácil de escribir que su apellido), así que cogí con ganas su nueva novela, "Tabú":

Mi hermano y yo pensábamos que podíamos empezar el mundo de nuevo. Pero no hay nada que pueda empezarse de nuevo, nada en absoluto, siempre está todo hecho. Él no pudo convertirse en lo que quería y yo tampoco lo logré.

Esto se lo dice el tío del protagonista a éste último, cuando su padre acaba de suicidarse. Todo el libro es así, un jolgorio, una fiesta, una celebración de la alegría de vivir. Los libros de relatos de Ferdinand también eran muy sombríos pero daba igual, eran emocionantes, creíbles. "Tabú", sin embargo, es una ficción, a la que se le nota la mentira. Se le ven todas las costuras: la estructura está descompensada, la trama criminal forzada, típica de una película de psicópatas de los años 90 y el personaje principal es un tipo tan retorcido que no se ve nada de lo que tanto enganchaba en las otras obras de Von Schirach: que eran de verdad.

Menudas historias de la historia, de Nieves Concostrina

¿Sabíais que el bandolero Luis Candelas era guapo a morir?, ¿o que el dictador Bokassa celebró su propia coronación inspirándose en la de Napoleón, luciendo capa de quince metros de largo y sentándose en un trono de oro?, ¿o que Calígula en realidad se llamaba "Sandalita" porque cáliga era sandalia y Calígula su diminutivo?

Tontunadas históricas varias llenan el libro de Nieves Concostrina, que cuenta con el maravilloso subtítulo "anécdotas, despropósitos, algaradas y mamarrachadas de la humanidad".


Concostrina, además de tener un apellido digno de un tebeo de Ibáñez, tiene montones de libros dedicados a la divulgación histórica, generalmente con un tono ameno y divertido. En "menudas historias" hay, como en botica, de todo, y todo mezclado. El libro se divide en secciones más o menos temáticas: "cuestiones mundanas", "mamarrachadas", "revoltosos". Bajo estos epígrafes se van narrando las anécdotas, siempre cortas y centradas en un detalle concreto y eso, precisamente, es lo que menos me gustó. El libro es entretenidísimo, está escrito con ingenio y coña, es un caramelito para cualquiera que le guste la historia, cierto, pero yo me quedé con ganas de profundizar más en las anécdotas, para poder entender un poco mejor al personaje y su época.

Después de leer "Menudas historias de la historia", se te quedan en la mente algunos datos que pueden ser útiles para jugar al trivial y ganar el quesito amarillo, eso sí.
Confesiones de un chef, de Anthony Bourdain

Hace unos meses hablaba de esos autores a los que acabas cogiendo manía por culpa de sus libros. Pues bien, eso mismo me ha pasado con este señor:


Y mira que me gustan los programas de cocina y los cocineros. Me iría de cañas con Chicote, con Jamie Oliver o con Jordi Roca. Sólo me despierta cierta antipatía Gordon Ramsay, por chulo y sobreactuado, pero Bourdain hace que Ramsay sea la mesura hecha persona.

"Confesiones de un chef" es, a veces, una biografía de Bourdain, otras un compendio de consejos para aficionados a la cocina y otras una colección de anécdotas personales. Va pasando de un tema a otro alegremente. Después de varios capítulos sobre su infancia y juventud, pasar a dar algunos consejos sobre qué material básico tener en la cocina, luego sigue con su experiencia como cocinero.y salta de un restaurante en crisis a otro sin siquiera seguir el orden cronológico. Pero lo peor del libro no es el caos, sino el propio Bourdain, un tipo que se debió car en una marmita de testosterona de crío:

Empezábamos cada turno con una solemne invocación a los primeros momentos de Apocalypse Now, nuestra película favorita. Para emular la secuencia que da título a la película, poníamos el disco (...) y justo antes de que Jim Morrison irrumpiera con las primeras palabras, remojábamos la superficie del fogón con un chorro de brandy y le prendíamos fuego. 

Polvos rápidos sobre sacos de harina, broncas, trazas de cocaína sobre la encimera donde luego se va a cocinar y más, siempre más. Así es la cocina para Bourdain, que dice de dos colegas cocineros:

Cuando están juntos, crean una supernova de sandez, una masa crítica de pésimo comportamiento. Les gusta rememorar aquella época idílica de su vida en California, cuando esnifaban cocaína a través de un macarrón (...) De todas las maneras posibles, dejaron una estela de destrucción y fluidos corporales allá por donde pasaron.

Habla así de un pescado muy rico y muy fresco que se comió una noche:

Fue un chute de proteína en la corteza cerebral, un puro colocón de tres ingredientes comido con las manos.

Todo es un colocón para Bourdain. Se define a sí mismo y a sus camaradas como "piratas", "canallas", "matones borrachos", "fulanas", "drogatas maníacos", "psicópatas". Y yo que pensaba que la gente así acababa trabajando como sicario para la mafia... Pero no, acaban convertidos en chefs.

El señor de las muñecas, de Joyce Carol Oates

No me gustaban las muñecas rusas, me daban un poco de asco. Pensaba en cómo lleva una mujer un niño dentro de ella y en lo terrorífico que sería que ese niño llevara a otro niño dentro. 


En un lugar intermedio entre Shirley Jackson y Stephen King está ella: Joyce Carol Oates. En "El señor de las muñecas" cuenta historias de terror cotidiano, de situaciones que, con un poco de mala suerte, podría vivir cualquiera. La historia de una mujer enferma y paranoica que empieza a sospechar que su marido no sólo le es infiel sino que está planeando deshacerse de ella. La historia de una adolescente rebelde y solitaria que encuentra en la extraña familia de una compañera de clase el refugio que necesita.

Oates se las apaña para dar la información justa cuando es necesario, suministra la intriga con cuentagotas. Como Jackson, sabe muy bien cómo guiarte por la historia, repitiendo un patrón que funciona a las mil maravillas: primero empatizas con el protagonista del cuento y luego vas notando que quizá, detrás de ese niño sensible obsesionado con coleccionar muñecas, hay algo más, o que el pobre hombre que disparó a un chico negro sin querer, en defensa propia, quizá quería matar. Y, para cuando te quieres dar cuenta, estás empatizando con un asesino:

Y cuando Irma me pregunta en qué pienso cuando me quedo callado, qué siento, eso que hacen las mujeres que es como pellizcar una costra para ver si se desprende y de debajo rezuma sangre y luego se disgustan y se asquean de lo que ven, me quedo muy callado tratando de no parecer enfadado porque esta persona quiera entrometerse en mi vida, meterse debajo de mi piel cuando lo único que tengo que me proteja es mi piel.

Last but not least, ya hay fecha para la presentación de "Loser". Será el día 30 de octubre a las 20:00 horas en la librería Centro de Arte Moderno, en la calle Galileo 52 de Madrid. Como dijo la gran Lola Flores: "¡si me queréis, venirsen!", ¿o no fue así?

Y vosotros, ¿sois de ir a las bibliotecas o la última vez que pisasteis una fue cuando teníais los exámenes de Selectividad?, ¿conocíais alguno de estos libros?, ¿os veo el día 30?

martes, 2 de octubre de 2018

Tailandia is different

Allá por los años 60 el ministerio de turismo de Manuel Fraga busca un eslogan con el que pretende atraer a los extranjeros a España. Imaginaos la situación, Fraga rodeado de tecnócratas, todos encerrados en un despacho pensando cómo cambiar la idea de que España es un lugar aislado, pobre y, además, una dictadura. Igualito que en un capítulo de Mad Men, alguien da con la clave, el ahora famosísimo eslogan "Spain is different". Estaréis conmigo en que "Spain is a dictatorship" o "Spain is not a democracy" no tenían tanto punch.

La verdad es que el eslogan, aunque una genialidad en su momento, ahora se ha quedado a la altura de frases obvias como "es que yo soy una persona muy humana". Estaréis conmigo en que todos los países son diferentes, y Tailandia, con su monzón, su idioma impronunciable y su gastronomía picante, también.

Si tuviera que elegir un lema publicitario para atraer a los turistas a Tailandia, optaría por imágenes, sin palabras:

Me los como. A los niños, no a los peces.

La ictioterapia, más conocida como los pececitos ésos que se comen las células muertas de los pies y te hacen una pedicura, a no ser que tengan mucha hambre y entonces te dejen tullida, es un fenómeno mundial y no especialmente típico de Tailandia pero, ¿y lo adorables que son estos niños?, ¿no son el reclamo ideal para cualquier cosa?

Si tenéis por corazón una castaña pilonga, y estos niños no os conmueven ni un poquito, no importa. No me rindo. Tengo otra imagen vendedora que mezcla tradición y entusiasmo:

Ejercicio de agudeza visual: ¿quién de todo el público disfruta más del combate de muay thai?

Sí, lectores de mis entretelas, he estado en un combate de muay thai. Me encantaría explicaros las reglas pero no las sé y después de 3 horazas de combates tampoco las entendí. Pasé más tiempo mirando al señor entusiasmado y al resto del público, que aprovechaba las pausas para apostar, que mirando el ring. Por no saber, no sé ni cómo se llaman los que practican muay thai, ¿boxeadores?, ¿luchadores?, ¿por qué hay una especie de orquesta?, ¿por qué los boxeadores o luchadores o como quiera que se llamen hacen un bailecito antes de liarse a tortas?, ¿por qué?, ¿por qué?

Seguro que él lo sabía todo:


Y si ni los niños con ataque de risa ni el abuelo disfrutando de las tortas os convencen, no importa, que tengo otra opción para venderos Tailandia. Se llama Ramakien, es una epopeya similar al Ramayana hindú, y lo tiene todo: princesas, aventuras, secuestros, demonios, padres e hijos que no saben que lo son, malvadas madrastras... Se empezó a contar hace unos dos mil años y se transcribió en el siglo XVIII, época en la que también se pintó el mural inspirado en él y que decora el Grand Palace de Bangkok.

La historia es tal que así: la pérfida madrastra del príncipe Rama (¿os suena el nombre?) lo destierra de su reino. Rama se ve forzado a esconderse en el bosque junto a su bella esposa, la princesa Sita y su hermano Lakshman. El bosque es un lugar inseguro, no lleno de ladrones y yonquis, sino de algo peor: demonios. Ravana, rey de los demonios, y por eso mismo acostumbrado a hacer lo que le viene en gana, ve a Sita y se enamora. Se enamora a lo mito milenario, es decir, decide secuestrarla. No sabe que Sita es su hija, a la que abandonó hace años y fue criada por el rey de Mithila. Rama y su hermano intentan salvar a Sita, pero no es fácil, Ravana es poderoso, cambia de forma a voluntad y, como Zeus en la mitología griega, aprovecha esa habilidad para sus escarceos amorosos (Ravana seduce tanto a diosas como a elefantas o peces, es un demonio sin prejuicios).

Detalle del mural del Grand Palace con el rey mono Hanuman y bien de oro.

Afortunadamente para Rama, el rey de los monos, Hanuman, decide ayudarle y, con su ejército (de monos) construye un puente que atraviesa el mar y llega hasta Longka (actual Sri Lanka) donde Ravana tiene encerrada a Sita. Batallan, Rama mata a Ravana y aquí tocaría el "fueron felices y comieron perdices", sustituyendo las perdices por pad thai... pero no es así. Rama no se fía de Sita y ella, para probar que siempre le fue fiel durante su secuestro, tiene que caminar sobre fuego. Lo hace y, ahora sí, la epopeya tiene su final feliz.

Y vosotros, ¿qué elegiríais como reclamo turístico tailandés?, ¿los niños?, ¿el mito de Ramakien?, ¿el abuelo hooligan?
Le hice muchas fotos, sí.

martes, 18 de septiembre de 2018

¿Qué político (bailongo) eres?

Pobres políticos. Y lo digo en serio, sin ironía. Los políticos, antes de serlo, han estudiado cosas sumamente aburridas como el derecho. Después, se afiliaron a sus partidos para poder medrar en las juventudes, así que mientras tú y yo estábamos de resaca, ellos acudían a congresos regionales. Luego estudiaron para sacar plaza en lugares tan apasionantes como los registros de la propiedad y, cuando por fin consiguieron su primer cargo oficial dentro del partido resulta que ni siquiera sabían en qué consistía su trabajo, porque, ¿para qué sirve el comité de "estudios y programas", ¿y la "vicesecretaría sectorial"?, ¿y la comisión de garantías democráticas? ¿Hacen informes?, ¿cafés?, ¿fotocopias?

Detrás de tanta burocracia, tanta comisión ininteligible y tanta puñalada trapera para que te den un puesto en un comité que ni siquiera sabes qué hace... hay personas, hay sentimientos que tienen seres humanos (o algo así). Y son personas más parecidas a ti de lo que tú crees: gente que sangra cuando les pinchan y que se arrancan a bailar cuando suena un temazo. Este test (tan fiable y minucioso como éste o éste otro) os lo va a demostrar que hay un político dentro de ti.

Un divo/a de la canción que sea tu perdición (uy, un pareado):

A. Digan lo que digan, Raphael.
B. Cualquier cantante francés, sea Edith Piaf, Charles Aznavour, Serge Gainsbourg o France Gall. Es que no hay idioma mejor que el francés. Todo en francés suena mejor.
C. Justin Bieber, mucho más que un ídolo adolescente, ¿habéis oído su último disco? Artistazo. HIT.
D. Freddie Mercury es el champion, my friend.
E. Cuatro divos: los Beatles.

Un poco de autocrítica. ¿Cuál es tu mayor defecto?:

A.  Dicen que soy inmovilista, es verdad que no me gustan los cambios. A veces moverse es bueno, otras veces, no; a veces es mejor estarse quieto y en otras es mejor que no; y en ocasiones es mejor estar en movimiento.
B. Soy cabezota, pero yo no lo veo como un defecto. Porque, si tengo la razón, ¿por qué voy a ceder?
C. La vanidad. Me miro al espejo y me quedo como hipnotizado. Mírame, ¿a ti no te pasa lo mismo conmigo?
D. Soy demasiado blando, me falta mordiente, agresividad.
E. Creo que me paso de seria, algunos dice que soy una persona sosa, pero estoy intentando ser más espontánea.

Es domingo, fuera llueve y tú te quedas en casa mirando el catálogo de Netflix una y otra vez. ¿Qué película o serie del catálogo te llama la atención y es la que acabas viendo?

A. ¿Qué es Netflix? Yo prefiero el fútbol. Cualquier partido de fútbol, sea del Madrid, de tercera división o de una liguilla regional infantil.
B. Cualquier comedia de esas que han visto un millón franceses. Un millón de franceses no pueden estar equivocados.
C.  "House of cards", "Borgen"...
D. "Estiu 1993"
E. Cualquier película de tacitas de té o una serie de la BBC ambientada en la gloriosa época en la que el imperio británico poseía medio mundo.

Si estuvieras en el corredor de la muerte y tuvieras que elegir el menú de tu última cena... ¿qué pides?:

A. Pulpo a la gallega y lacón con grelos. De postre, filloas.
B. Foie, pato a la naranja y macarons.
C. Una hamburguesa (de carne de ganadería extensiva, por supuesto), acompañada de verduras a la plancha y agua mineral. De postre me permito unas tortitas con sirope de arce.
D. Pa amb tomaquet, butifarra con mongetes, escalivada, calçots y crema catalana.
E. Fish and chips.

¿Cómo ves el mundo dentro de 50 años?

A. ¿Cómo lo ves tú?
B. Europa invadida por emigrantes de esos marrones que sólo quieren robarnos, islamizarnos y hacernos comer kebabs. Eso va a sucedernos a todos... a no ser que alguien haga algo ahora para evitarlo.
C.  Soy positivo, el mundo habrá frenado el cambio climático y todos viviremos en paz, amor, armonía y con sanidad universal.
D. La aldea global se habrá convertido en una gran federación de regiones, todas ellas con sus tradiciones, sus lenguas propias y sus platos típicos.
E. Sé que es difícil, pero sueño con un mundo civilizado, elegante, donde reine la flema británica y todas las personas hablen un inglés perfecto.

Anoche tuviste un sueño erótico... ¿con quién?

A. Con mi santa esposa.
B. Soñé con Omar Shariff, de joven, en la época de "Doctor Zhivago", ese árabe sí que me gusta.
C. Soñé que me hacía un trío con Celine Dion y Alanis Morrissette.
D. ¿Esto lo va a leer alguien? Porque si no lo va a leer nadie te digo que con Pedro Sánchez.
E. James Bond. Todos los James Bond: Pierce Brosnan, Daniel Craig, Timothy Dalton, también ése que hizo solo una película y del que nadie se acuerda... Todos, menos Sean Connery, ése no.

Mayoría de A
Mariano Rajoy



Maestro de los pasos básicos, es decir: caminar hacia delante, caminar hacia atrás y asi hasta que acabe la canción. Tu manera de bailar es conservadora, vas sobre seguro y sólo te sales del "pasito para delante", "pasito para atrás" para mover la cabeza al ritmo de la músca y, si te dejas llevar (y eres sentimientos y tienes seres humanos, también te dejas llevar de vez en cuando), puede que hasta des alguna que otra palmada. Si haces todo esto... sí, bailas como Mariano Rajoy y algún día te sorprenderá "la cerámica de Talavera no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor".

Mayoría de B
Marine Lepen



Te defiendes con dignidad en la pista de baile. Si te ponen rock, te pones a dar vueltas como una peonza. Si toca reggaetón, perreas. Que pinchan a Shakira, pues mueves las caderas. Lo disfrutas, te diviertes y cualquiera que te vea pensará que eres una tipa majísima... pero no hay que fiarse. Hitler era un amante del arte y ya ves la que lió. No eres de fiar, Marine Le Pen.

Mayoría de C
Justin Trudeau



Lo tuyo es el baile. Y tener pelazo. Y sonrisa bonita. Y encanto. Y saber estar. La lotería genética ha sido muy generosa contigo y, aunque no hayas ido a clases de baile en tu vida, y menos de danza hindú, te arrancas y te sale como si llevaras bailando, no te diré que toda la vida, pero sí unos cuantos meses. Y eso mismo te pasa con todo. Qué rabia que dais, tú, y Justin Trudeau.

Mayoría de D
Miguel Iceta



Eres todo corazón. No tienes ni idea de bailar y ni falta que hace, a ti te ponen un temazo y tú lo das todo, da igual que estés en una discoteca, en un mitin, en la cola del supermercado o en un funeral. El baile te posee y tú te entregas a él. Aunque con condiciones, que tú no te entregas a la danza con cualquier cosa, lo haces con el rock. Las sardanas, para otros.

Mayoría de E
Theresa May



El sentido del ritmo y tú sois incompatibles, enemigos a muerte, como el aceite y el agua, como  Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Y mira que tú le pones buena intención, ¿eh? Pero te pasa como a Theresa May, que elige lanzarse al baile y es como ver bailar a Robocop un día en que nadie le ha echado tres en uno a sus bisagras.

Y vosotros, ¿qué político bailongo sois, según este riguroso test? Confesad.

Y recordad que "Loser" (mi primera novela, chispas) está a la venta en la web de la editorial Tandaia y también puede encargarse en grandes superficies.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

A los elefantes ni tocarlos

El logaritmo de youtube me conoce bien. No se puede decir lo mismo del de Netflix (como has visto "El alienista", te recomendamos "Villaviciosa de al lado") o del de Spotify (que en recomendaciones semanales ya me ha sugerido tres veces "Mister policeman" de Leticia Sabater).  Pero el de youtube me ha calado. Lo abro y ahí están los títulos de los videos pensados para mí: "baby gorilla cuteness", "peanut eating baby orangutan", "newborn goat Hector makes friends with barn kittens", "pit bull dog is terrified of pineapple"... y así todo.

Así que antes de visitar el Elephant Park de Chiang Mai, mis expectativas eran estas:


Yo quería lo mismo, pero sin barro y sin impermeable lila. Pocos colores peores que el lila.

Espoiler: no pasó.

Nada más llegar al parque de elefantes te dejan bien claro que tú estás ahí para mirar, no para tocar. Eres un voyeur, punto. Cada grupo de turistas sigue a una guía que en cuanto nota que un elefante se acerca un poco indica a todos que hay que apartarse.

El mayor momento de roce humano-elefante se da en la comida. Sacan unas cajas azules repletas de trozos de fruta (no trocitos de fruta tamaño macedonia, sino trozos tamaño elefante, como una piña partida en dos) y los turistas, situados tras las vallas de las instalaciones del parque, cogemos los trozos de fruta y se las damos a los elefantes. Ellos huelen con la trompa, con suerte te rozan un poco la mano y se zampan las frutas. Ahí estábamos todos: ingleses, franceses, italianos y un montón de españoles gritones compitiendo por alimentar a los elefantes cuando uno de ellos debió pensar: ¿por qué les sigo el rollo a esta panda de guiris? Decidió eliminar al intermediario (nosotros) y con su trompa volcó una de las cajas de fruta:


Los elefantes disfrutaron del buffet libre hasta que este valiente recuperó lo que quedaba de la caja de fruta:


¿Y por qué los gerentes del Elephant Park son tan crueles y nos privan del placer de revolcarnos sobre el barro con un Dumbo?, ¿por qué no nos dejan grabar nuestro propio video viral? Por esta perogrullada: los elefantes son animales salvajes. Que sus orejas grandes y su cara de buena gente no os despisten: son salvajes y, además, gigantescos. Tan gigantescos que cuando mean aquello tiene la potencia de los cañones de agua de los antidisturbios. Un animal salvaje es imprevisible, ingobernable. Ninguno se domestica a base de premios y golosinas. Si a mí me ha costado años (y varios rascadores repartidos por toda la casa) conseguir que mi gato no arañe el sofá, ¿cómo se las apañan para domar a un animal salvaje? Otra perogrullada: a golpes.

Al proceso por el que se domina a un elefante se le llama "romper el espíritu". El primer paso consiste en separarles de sus madres y sus manadas cuando son crías. Después se les encierra en jaulas y se les golpea, luego les racionan la comida y la bebida y así hasta que el animal se vuelve dócil. Estas burradas se hacen con cualquier especie salvaje, como bien cuentan en Rainfer, el refugio de primates de Madrid donde recogen a animales supervivientes de circos, zoos cutres o incluso del mundo del espectáculo (clicad aquí para llorar un poco con sus historias).

Antiguamente, en Tailandia usaban a los elefantes como animales de tiro. Hoy en día aún se saca provecho económico de ellos ofreciendo paseos turísticos a lomos de elefantes. Así que, si viajáis a Asia y queréis ver elefantes de cerca, no participéis en una industria basada en la tortura animal. Los elefantes empleados para los paseos también han sido "domesticados", también les han roto el espíritu. Tailandia ofrece otras opciones, hay varios refugios como Elephant Park, que acogen a animales que han sido usados como animales de tiro o para pasear a turistas, y que ahora son mayores para seguir trabajando.

Podría pensarse que el elefante que decidió que él era más de autoservicio que de esperar a que los turistas le dieran media piña era el animal con más carácter del Elephant Park. Pero no. En Tailandia hace mucho calor y cuando el sol aprieta, los elefantes usan hojas para protegerse la cabeza, formando una especie de sombrero. Cuando visité el Elephant Park era época de monzón, el cielo estaba encapotado, hacía calor, pero no sol... Pero eso, a él, le dio igual: 

El sombrero me queda bien y me lo pongo sea temporada o no.

Last, but no least, ¡estamos de estreno! Ya hace unos meses me dieron el premio CEPA 2018 de novela juvenil y el libro en cuestión: "Loser", ya está a la venta en la página de la editorial Tandaia. Todavía no hay fecha para la presentación, pero será en breve y, por supuesto, os avisaré.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra experiencia con los animales salvajes?, ¿habéis conocido a alguno que sea un esclavo de la moda, como el elefante con sombrero?

martes, 21 de agosto de 2018

Escritores que acaban cayéndote mal

Leer es viajar a mundo ocultos. Es vivir dos veces. Es soñar. Bueno, basta. Dejemos de lado las frases que se le ocurriren a Paulo Coelho cuando se pierde por los pasillos de su casa de chorrocientos millones. Leer también provoca sentimientos menos bonitos que soñar con los ojos abiertos mientras viajas a mundo ocultos. Yo he llegado a coger manía a algunas personas por culpa de sus libros... Adivinad a quién:

Cuentos escogidos, Shirley Jackson

El año pasado leí "Siempre hemos vivido en el castillo". Había oído hablar de Shirley Jackson, sabía que su obra había influido en muchos escritores de terror de la actualidad... y poco más. Pero "Siempre hemos vivido en el castillo" no es un libro de terror al uso. Genera más bien inquietud, intriga, lo lees con el presentimiento de que algo malo pasó o pasará. Y todas esas sensaciones sin necesidad de violencia, ni sangre, ni grandes giros dramáticos. A Shirley Jackson no le hacen falta grandes fuegos de artificio para insinuar. Y ahí está la clave, te da unos elementos (los justos), un ambiente, lo narra con sencillez y el resto lo va rellenando el lector con sus propios temores.


Ese mismo mecanismo es el que emplea en "Cuentos escogidos". En "El amante endemoniado", una mujer espera a su novio, con el que se va a casar ese mismo día. Pero él no aparece, y ella le busca por la ciudad, esperando que lo peor no se confirme. En "La bruja", un niño, su hermana pequeña y su madre viajan en tren. Un hombre inicia una conversación aparentemente inocente con el niño, pero no lo es en absoluto. En "La muela", una mujer adormilada, dolorida y hasta arriba de codeína, hace un viaje en autobús desde su pueblo natal hasta Nueva York, para ir al dentista a que le quiten esa muela que la tortura. En el viaje se duerme, se despierta, a su lado se sienta un desconocido que le dice palabras sin sentido.

Shirley murió joven, no tenía aún cincuenta años, como Carmina Ordóñez y, como ella, tenía problemas con las adicciones. Tuvo cierto éxito en vida, sus cuentos se publicaban y cosechaban buenas criticas. Por cómo habla de su familia en "cuentos escogidos", se deduce que llevaba una vida hogareña alegre y caótica (tenía cuatro criaturas):

Es mucho más fácil, me parece a mí, escribir una historia que afrontar con éxito los millones de problemas y enfados cotidianos que surgen en una casa cualquiera y ayuda bastante (en particular si hay niños alrededor) si puedes verlos a través de un velo agradable de ficción. 

Pero no era así. Según sus biógrafos, su marido le fue infiel muy a menudo, controlaba sus cuentas e intentaba controlarla también a ella, manteniéndola en casa, haciendo que sólo se ella se ocupara de sus hijos (cuatro, repito) un modo muy eficaz de obligarla a escribir menos. A Shirley Jackson no le gustaba hablar de sí misma o de su proceso creativo, pero la obesidad, los fármacos, la bebida, morir joven y escribir relatos de terror cotidiano nos cuentan ya mucho de cómo vivió. Jackson sólo logró escapar de sus terrores diarios escribiendo sobre ellos. Hace muchos años que murió, pero me hubiera gustado tomarme un té con pastas en su casa impecable tipo Mad men o, mejor aún, sacarla por ahí a tomar San Franciscos y Cosmopolitans, que buena falta le hacía salir. 

Marte rojo, de Kim Stanley Robinson

Hace unas semanas saltaba la noticia de que se había encontrado agua en Marte. Yo no sé a qué están esperando las naciones del mundo para mandar naves tripuladas para allá, ¿a encontrar vida inteligente?, ¿ruinas de unas pirámides?, ¿un Papizza abierto?

Tenemos que espabilar con el tema de viajar a Marte, ya en el año 1992 se publicó este libro sobre una primera colonización del planeta rojo:


"Marte rojo" en la primera parte de una trilogía centrada en el proceso de terraformación del planeta. Al rojo del primer título le siguen "Marte azul" y "Marte verde". La historia comienza con los primeros 100. Ellos, científicos y astronautas, preparan el planeta para la llegada de más colonos, teniendo en mente que la meta final es transformar Marte y convertirlo en un lugar habitable. Pero no todos están de acuerdo con el objetivo final. Unos creen que no tienen derecho a alterar de una forma tan radical el planeta; otros piensan que es la única opción posible o las futuras generaciones morirán por la radiación. Pero a esos problemas se suman otros: ¿cómo organizarse en un mundo nuevo,? ¿y si es la oportunidad para empezar de cero y no repetir los errores del pasado?:

"Hemos venido a Marte para siempre. Vamos a hacer no solo nuestros hogares y nuestra comida, sino también nuestra agua y el aire mismo que respiramos... todo en un planeta donde faltan estas cosas. Podemos hacerlo; tenemos una tecnología que manipula la materia hasta el nivel molecular. ¡Una capacidad en verdad extraordinaria! Y, sin embargo, algunos de los que están aquí pueden aceptar transformar la total realidad física de este planeta sin intentar cambiarnos a nosotros mismos o nuestra manera de vivir. Somos científicos del siglo veintiuno en Marte, pero al mismo tiempo, vivimos dentro de un sistema social del siglo diecinueve, basado en las ideologías del siglo diecisiete. Es absurdo, es disparatado, es... es... ¡no es cientifico! Y digo que entre todas las cosas que transformaremos en Marte, tendríamos que estar nosotros y nuestra realidad social. No sólo hemos de terraformar Marte; tenemos que terraformarnos nosotros mismos.

"Marte rojo" es una novela muy ambiciosa. No me puedo ni imaginar la labor de documentación que Kim Stanley Robinson llevó a cabo para explicar el viaje a Marte, su geografía, la manera de organizarse y de sobrevivir de los primeros 100... A eso se suman las discusiones casi filosóficas de los personajes sobre cómo comportarse en el planeta (mis favoritas), las descripciones del paisaje marciano (las partes más aburridas), y la trama de relaciones de poder entre los primeros 100. El libro abarca mucho, a veces fascina, otras cansa... pero lo recomiendo a cualquiera con un mínimo de interés en la ciencia ficción. Y si alguna vez coincidiera con Robinson (no es tan imposible, al menos está vivo), me encantaría oírle hablar de todo lo que sabe de ciencia, de Marte, de viajes interestelares... seguro que sabe hasta de macramé.


La pierna perdida del capitán Acab, varios autores

Mi método para seleccionar mi próxima lectura podría llamarse "ventolera". Voy decidiendo según la cantidad de libros pendientes que queden en la balda de libros pendientes, según si voy o no a la biblioteca, según recomendaciones o, simplemente, según me dé.

Buscando en el catálogo online de la biblioteca municipal me encontré con esta recopilación de cuentos con personajes lisiados de una u otra forma y me dije: "éste para casa":


"La pierna perdida del capitán Ahab" contiene relatos de Espronceda, Turguénev, Henry James, Balzac, Kipling, Arlt, H.G. Wells, Maupassant... Mucho autor del siglo XIX y principios del XX, la mayoría de ellos clásicos. Sin embargo el libro es muy irregular. Los cuentos de Maupassant o James son unas maravillas; el de Espronceda, divertido; los de Conrad y Balzac unos muermos y el resto... pues la verdad, ni me acuerdo.

Uno de los relatos me impresionó más que todos los demás y creo que seguiré recordándolo mucho tiempo: "Mumu", de Turguénev. Es la historia de un campesino grande como una torre y sordo  como una tapia obligado a dejar su pueblo natal para servir en la casa de la señora en la capital. Sus problemas para comunicarse y su físico imponente acaban aislándole, su único amigo es un perro que es quien da título al cuento. La historia es tan trágica y tan conmovedora como suele serlo la novela rusa, con sus siervos que aguantan lo inaguantable, señores caprichosos y estúpidos y una capacidad para emocionar que ríete tú de Pixar. Por supuesto, ahora quiero leerme más cuentos de Turguénev (maldita ventolera).

El motel del voyeur, Gay Talese

La portada de este libro está mal:


En realidad "el motel del voyeur" es obra de Gay Talese y de Gerald Foos. Talese, uno de los padres del denominado "nuevo periodismo" junto a otros autores como Tom Wolfe o Truman Capote, ya es un hombre famoso cuando Foos contacta con él y le cuenta que posee un motel que ha remodelado para poder mirar a sus ocupantes. Talese visita a Foos, ve con sus propios ojos el motel y hasta espía junto a él. Pero no puede publicar nada ya que el voyeur se niega a que su nombre aparezca. Cuando Foos se retira y vende su motel acepta que su nombre se haga público, en parte por pura vanidad, porque está orgulloso de sus años de voyeur y hasta se ve a sí mismo como un estudioso del comportamiento sexual del ser humano, comparable al informe Kinsey (Foos dejó de lado el nimio detalle de que él no era un investigador siguiendo un método científico, sino un mirón).

Talese vuelve a entrevistarse con él, revisa las notas de Foos y el resultado es este libro, que llega con polémica, no sólo por el tema que trata, sino porque posteriormente Talese afirma no fiarse del todo de su única fuente: Foos.

Si Foos es una fuente fiable o no, ni lo sé ni me importa demasiado. El problema con "El motel del voyeur" es que bebe demasiado del diario de Foos, más de la mitad del libro son las notas de un hombre que admite que no sabe escribir demasiado bien. Talese aporta algo de estructura, detalles sobre la vida de Foos y poco más. A lo largo de sus años como voyeur, él no sólo ve a parejas, algún que otro trío y hasta sexo en grupo... también presencia varios delitos. De hecho, un hombre que traficaba en el motel mata a su pareja acusándola de robo, después de que Foos (que cree que espiar está bien, siempre y cuando no te pillen, pero no soporta el tráfico de drogas) entre en la habitación, robe la droga y la tire. Foos también presencia cómo un chico de 17 años abusa de su hermana de 14... ¿y qué hace? Nada en absoluto. El propio Talese pone como condición averiguar qué sucedió con el homicidio antes de publicar el libro. No averiguan nada, quizá porque las notas de Foos se equivocan en las fechas, o quizá porque mentía demasiado, pero es que Talese ni se molesta en averiguar algo sobre la violación. Por no molestarse, ni tan siquiera se molesta en entrevistar a las esposas, ambas cómplices en su voyeurismo. Tras leer el libro acabas con la sensación de que Foos es un mirón, un ególatra, un delincuente y un auténtico capullo integral y Talese... alguien que quiso seguir adelante con su libro porque ya le habían dado un adelanto.

Y vosotros, ¿también acabáis teniendo manía a algunos escritores por culpa de sus libros?, ¿a quiénes?,  ¿algún otro libro de Gay Talese merece la pena o puedo tenerle manía por siempre jamás? Contadme...

lunes, 6 de agosto de 2018

Porqué lo llaman monzón cuando quieren decir calabobos

De los creadores de "yo he estado en Japón", "yo he estado en Perú" o "yo he estado en Marruecos", llega un nuevo estreno veraniego. Porque... he estado en Tailandia.

Al planear el viaje hubo que tomar una decisión: Bangkok, ¿y qué más? Contábamos con ocho días de nada, así que no daba tiempo material para visitar muchos más sitios. Y, ya que julio es temporada de monzón, optamos por dejar las paradisíacas playas de las islas de Tailandia para otra vida. Nuestro viaje tuvo dos paradas: Bangkok y Chiang Mai, en el norte del país.

Si la ola de calor de estos días os parece insoportable, una cosa os digo: en Bangkok es peor. Calor húmedo, bochornoso y pegajoso. El cielo siempre encapotado pero no llovía, como mucho caían cuatro gotas a última hora de la tarde. Empecé a plantearme si el monzón no era tal, sino una mala traducción del tailandés, un idioma con palabras larguísimas y un alfabeto de 44 consonantes, 15 vocales escritas con unas letras que parecen un montón de dibujitos idénticos entre sí:


¿Y si alguien tradujo calabobos por monzón y se ha quedado así hasta hoy?

El calor, aunque agobiante, me lo esperaba. Lo que no me esperaba para nada era encontrarme la ciudad repleta de retratos del rey Rama X, cuyo nombre completo es, atención: Maha Vajiralongkorn. Templos con cuadros del rey al lado del Buda, retratos de la reina madre rodeados de banderas y enmarcados con bien de dorados...:


...pero también funcionarios engalanados ensayando no se sabe muy bien qué. La Lonely Planet ya había avisado en ese prólogo de 40 páginas que yo me leí y me quedé tan ancha (lo he vuelto a hacer, he vuelto a irme a un país lejano, muy lejano, con la información justa) que los tailandeses respetaban mucho la figura de su rey, pero, ¿tantísimo?

Luego averiguamos que había un motivo: el aniversario de Rama X, que en realidad se llama Maha Vajiralongkorn, pero que podemos llamar, de forma cariñosa, Orejas I:

Tío sexy.

Al rey se le dedican eternos boletines informativos consistentes en Orejas I inaugurando tantas cosas que hacen que el NO-DO parezca "Salvados". Además, cuando suena el himno (yo lo he oído, es épico, con crescendo final, haría un buen papel en Eurovisión) te indican, muy amablemente, que te tienes que levantar, y todo el mundo lo escucha en silencio, mientras se emiten en una pantalla gigante imágenes de Orejas I abrazando a niños, poniendo la primera piedra de alguna obra o saludando a monjes budistas.

Pero Orejas tiene un pasado. Que yo, por supuesto, no he averiguado hasta que he vuelto a casa y se me ha ocurrido empezar este post hablando de él.

Su padre, Bhumibol Adulyadej, ascendió al trono en 1946, después de que su hermano muriera a causa de un misterioso disparo en el Palacio Real (uy, esto me suena familiar, ¿a vosotros no?). Durante decenios, Bhumibol se gana al pueblo tailandés visitando zonas rurales e implicándose directamente en temas relacionados con la agricultura, la educación y la economía. En los años 90 dos militares se disputan el poder y varios manifestantes son tiroteados por uno de ellos. Rama IX, que es su nombre oficial, interviene y se convierte en símbolo de concordia y diálogo (esto también suena familiar, ¿verdad?). Pasan aún más años y Bhumibol Adulyadej, que significa "fuerza de la tierra, poder incomparable", sigue en el poder, parece eterno. O eso debía pensar su único hijo varón, Maha Vajiralongkorn, ya un señor de la edad de Carlos de Inglaterra, pero de formas bastante menos británicas. Maha tenía fama de excéntrico y de playboy, solía vivir en Europa y hacía lo que le apetecía, que venía siendo casarse mucho y tener hijos. Su cómputo a día de hoy es de tres esposas, tres hijos legítimos y cuatro ilegítimos.

De vez en cuando, se publicaba alguna foto de Maha, paseándose con su churri de ese día, llevando top ombliguero y vaqueros bajos de esos que marcan la hucha. En Tailandia se suceden los golpes de estado, casi veinte, pero Rama IX sigue en su sitio, imperturbable, como único elemento estable del país, cultivando su imagen de padre de la nación y, de paso, amasando una fortuna enorme, de 22.600 millones de euros, según la revista Forbes (y esto de acumular dinerito a la chita callando también nos suena, ¿a que sí?).

Pero por mucho que su hijo pensara que Rama IX era eterno, resultó que no lo era. Muere en 2016 y Maha, Orejas, ahora Rama X, sube al trono. Se dedica a posar para miles de retratos o a inaugurar pantanos y dar la mano a niños y monjes budistas, y si algún día le pillan haciendo lo que a él le apetece, pues no pasa nada, el gobierno tailandés interviene, y listo.

Tuve que esperar a la segunda parada del viaje, a Chiang Mai, para conocer al auténtico monzón:


Pues va a ser que era monzón, y no calabobos.

Y vosotros, ¿habéis viajado a países exóticos o sois más de playa, silla plegable y nevera portátil con cervezas?, ¿conocíais a Rama X, Rama IX y compañía?, ¿el gobierno tailandés presionará a Blogger para que borre este post?