lunes, 18 de septiembre de 2017

Los hypes se quedaron sin premio, oh, sí

Lo confieso. No he visto "Handmaid's tale". Me he leído el libro, y precisamente porque lo he leído estaba esperando a que se me olvidara un poco para ver la serie. Debe ser buena porque ha dejado sin premios a los dos hypes de la temporada: "Feud" y "Stranger things". 

¿Y qué es hype? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul... Hype podría traducirse como expectativas, ruido, publicidad...  El término viene de hyperbole y eso implica que tarde o temprano la burbuja estalla y aquello de lo que todo el mundo hablaba resulta que no era para tanto. "Stranger things" fue la serie revelación del año pasado, la que levantaba pasiones. Yo me la vi enterita, por si en algún momento comprendía el porqué de tanta pasión. Me encontré con una serie infantiloide (que no infantil), con tantos homenajes a las películas de los 80 que aquello parecía más bien un copia y pega de tramas que ya había visto antes. Lo mejor, la niña protagonista: Millie Bobby Brown:

Millie, la primera de la izquierda, es una chica muy apañada y aprovechó el vestido de una función de "El lago de los cisnes"

Otra niña-actriz a la que vemos crecer de entrega de premios en entrega de premios en Kiernan Shipka (Mad men) que iba vestida de diosa griega en la próxima entrega de "300". Aunque la que mejor lució los metros de tul fue Thandie Newton (Westworld).

"Feud" ha sido el hype de este año. Jessica Lange y Susan Sarandon haciendo televisión. Interpretando a Joan Crawford y Bette Davis. Una serie de Ryan Murphy (el hombre detrás de Nip/Tuck, American Horror Story, Glee... supongo que, como Leonardo Da Vinci, duerme poco). Normal que hubiera expectativas. Pero Feud es el cartón piedra hecho serie. La sección de testimonios de "La hora chanante" pero con el presupuesto necesario para construir una autopista. Es imposible meterse dentro de una serie donde todo es maquillaje y actores famosos imitando a otros actores famosos. Imagino que en cualquier momento Jessica Lange se va a quitar la máscara y bajo ella va a estar Joaquín Reyes. Eso sí, en la alfombra roja, Lange y Sarandon iban como lo que ellas son: dos señoras estupendas.

Envejecer es una putada. Y envejecer en Hollywood, más aún. En las alfombras rojas se ven a más menores de edad que a mayores de 55 años. Así que los maduros hacen lo que sea para quitarse unos añitos de encima. Y Jane Fonda lo hizo todo. El flequillo, que tapa las arrugas de la frente, hecho. Coleta alta que queda tope juvenil, hecho. Un color vivo y vital, como rosa chicle, hecho. Y, por supuesto, botox, botox como si no hubiera un mañana:

Ariel Winter (Modern family), sin embargo, está deseado dejar de hacer los papeles de adolescente que le tocan. Ella quiere pasar a la siguiente fase, a la de interpretar a mujeres adultas. Por eso se vistió de señora recientemente divorciada que sale a quemar la noche y a ligar como sea. Tampoco Debra Messing (salía en "Will y Grace" hace decenios, ¿qué hace ahora? Ni idea) acertó con un vestido que seguro que vale un riñón pero que parece hecho con tela barata de disfraz.

Envejecer es una putada... a no ser, claro, que seas Michelle Pfeiffer:

No voy a usar ese refrán tan triste de "quien tuvo, retuvo", porque en el caso de Michelle Pfeiffer ella tiene. En presente. Fue la más elegante de la noche con permiso de Gillian Anderson y Evan Rachel Wood.

También iban elegantes, aunque enseñando un poco más de carne, Yvonne Strahovski (the handmaid's tale) y Shailene Woodley (Big little lies). Se pasaron la noche andando muy rectas y aguantando las ganas de estornudar porque en Hollywood puedes enseñarlo todo, menos el pezón. El pezón, siempre tapado:

Shailene se tiñó el pelo esa tarde, en el baño de su casa, con el tono 3 de Loreal. También se peinó ella misma.

Por supuesto, no podía faltar Heidi Klum. Hay dos cosas en la vida que a ella le entusiasman: un fiestón y un buen escotazo. Completó su look con unas pulseras y unos pendientes que compró en un mercadillo durante sus vacaciones en la Riviera Maya.

¿Y ellos? ¿Qué pasa con los actores? Pues que la alfombra roja masculina es un auténtico muermo. Todos uniformados en blanco y negro. Las opciones se reducen a: parecer un camarero, como el bello Joel Kinnaman; arriesgar con algo de color, como Titus Burgess (Unbreakable Kimmy Schmidt); o llevarte a tu rubísimo hijo, que combina con todo, como hizo Liev Schreiber.

Un aplauso por Titus.

Big little lies y Handmaid's tale se lo llevaron todo en las categorías dramáticas, excepto el justísimo premio a mejor guión para Black Mirror. En comedia la cosa estuvo más repartida entre Veep (mejor serie y mejor actriz para Julia Louis Dreyfuss), Atlanta (mejor actor y dirección), Master of None (mejor guión). Me apenó que los actores secundarios de Veep se quedaran sin premio porque si hay algo que me fascina en esta serie, aparte de que consigue mejorar de temporada en temporada, es que tiene un plantel perfecto. Así, con todas las letras. P-e-r-f-e-c-t-o.

Entre ese plantel de actorazos está la niña de "Mi chica", ¿os acordáis de "mi chica"? Pues Anna Chlumsky ha crecido...:

 ...y se ha envuelto en papel Albal.

También envuelta en papel de aluminio, y además con mangas abullonadas, iba Sarah Paulson (American horror story).

Y vosotros, ¿cuáles creéis que han sido los hypes de la temporada?, ¿habéis visto "handmaid's tale"?, ¿es Michelle Pfeiffer de este mundo?, ¿por qué llevaba el bello Alexander Skarsgard ese bigote tan de ministro franquista?


martes, 5 de septiembre de 2017

La vuelta al Perú en 21 días

He vuelto y tengo una excusa estupenda que justifica que no haya actualizado en tanto tiempo. Sí, lo habéis deducido correctamente: he estado en Perú. La que os espera... De los creadores de "yo he estado en Japón" llega... "yo he estado en Perú". Y comienzo la que será una saga de posts que ríete tú de la saga de Fast&Furious (¿cuántas películas llevan?, ¿siete?, ¿ocho? Creo que hasta Vin Diesel ha dejado de contar).

Como todos los lectores de éste vuestro blog sois gente viajada y cultivada, sabréis que el mejor amigo del turista (con permiso de Trip Advisor, no siempre a mano cuando no tienes datos y necesitas wifi) es la Lonely Planet. De tanto consultarla he llegado a una conclusión:  sus redactores antes trabajaron como guionistas de "Noche de fiesta" o bien en la redacción de "Hola". Cómo les gusta un adjetivo... todo es sensacional, único, monumental, fastuoso, encantador, pintoresco, arrebatador. Es leerlo y oír mentalmente la voz de José Luis Moreno dando paso a David Civera o Jaimito Borromeo. Pero ni Lonely Planet es infalible, ni todo en Perú es mágico y sublime. Aquí va un resumen de mi vuelta al Perú en 21 días:


Día 1, llegada a Lima tras un eterno vuelo de Plus Ultra. Y aquí mi primer consejo: Plus Ultra, caca. Azafatas que te miran con odio, un retraso de varias horas y, lo que es peor, una pantalla que emite solo cinco películas, todas a la vez, en un bucle que sólo se reinicia cuando acaba la última... que además resultó ser "Titanic".

Día 2, autobús de Cruz del Sur (viva Cruz del Sur: mantita, almohada, ¡y películas para elegir en pantalla individual!) a Paracas. Una vez allí, excursión en barco para ver a las focas los lobos marinos, pájaros varios y cuatro o cinco pingüinos despistados. Si no sois como yo, es decir, gente que ve documentales de animales y cambia de canal cuando el guepardo se va a comer a la gacela, quizá sea una etapa del viaje que queráis saltaros. Por la tarde, nuestra primera ruina inca: Tambo Colorado. Después dormimos en Ica, en un hostal estupendo con nombre de segunda parte de película que nadie ha visto: Ica Adventures 2.

Día 3, paseo por Ica, una ciudad a medias por culpa del terremoto del 2007. Aún hay edificios pendientes de remodelarse. Comemos en el mercado, cosa que haremos en un par de ciudades más, siempre menús buenos, baratos y abundantes. Por la tarde, al cercano oasis de Huacachina, y hacemos el cafre por las dunas. Esa misma noche viajamos a Nazca.

 
 Pocas cosas más fotogénicas que el desierto. Michael Fassbender, quizá...

Día 4, por la mañana tomamos una avioneta para ver las líneas de Nazca. En la avioneta somos 6 personas y nos mareamos 4. Mi consejo: que le den a las líneas de Nazca, ¿las queréis ver? Pues aquí las tenéis. Esa noche viajamos con Movilbus (no hay color con Cruz del Sur, pero yo me dormí como un leño) a Arequipa.

Día 5, ya en Arequipa, visitamos el museo santuarios andinos, más conocido como "donde la momia Juanita". Juanita fue una chica de unos 13 o 14 años sacrificada en el siglo XV en una ceremonia religiosa inca en la cima del monte Ampato. Imaginad a la pobre Juanita subiendo esa montaña en sandalias, con un frío pelón. Me la imagino suplicando al sacerdote si no podía al menos librarse de la caminata y que la subieran ya sacrificada de casa... Además de este interesantísimo museo, en Arequipa está el precioso (y enorme) convento de Santa Catalina, una espaciosa y acogedora plaza de Armas y un queso helado delicioso. Sí, lo sé, ahora parezco la Lonely Planet...

Día 6, excursión a la reserva de Salinas y Aguada Blanca, a unas horas de Arequipa. No quisimos madrugar para ir al valle del Colca (¡había que levantarse a las 3 de la mañana!). Ahora, desde el sofá de mi casa, me arrepiento, porque la Aguada, pese a su paisaje marciano y a los rebaños de llamas tampoco merecía la pena. Anda que no vimos alpacas y llamas en el viaje... Esa misma noche tomamos otro autobús nocturno rumbo a Puno.

Día 7, excursión desde Puno al lago Titicaca, a las islas de Uros y Taquile. El lago está a 4.000 metros de altitud y notamos el mal de altura, y eso que llevábamos tomando hojas de coca, té de coca y caramelos de coca desde Ica... Viaje nocturno en autobús a Cuzco.

Día 8, paseamos por la bella Cuzco: que si la plaza de Armas, que si palacios varios con sus balconcitos rollo "Romeo, Romeo" o rollo "Rapunzel, Rapunzel, tírame la trenza", que si iglesias barrocas llenas de volutas y dorados... Nos alojamos en el hostal-albergue Milhouse, muy céntrico y con desayuno copioso.

Día 9, tren a Aguascalientes, la última ciudad antes de Machu Picchu. Es la Andorra de Perú. Todo hoteles, hostales y restaurantes que ofrecen la misma comida y el mismo pisco sour de grifo "de cortesía", es decir, gratis. Pero pasar noche en Aguascalientes es la mejor manera de prepararse para la gymkana que nos esperaba al día siguiente.

Día 10. Machu Picchu. Nos levantamos a las 04.30 porque nos avisaron de que habría cola para tomar el autobús a Machu Pichu. Hacemos dos horas de cola mientras llueve a mares. Hacemos otra cola para acceder a Machu Picchu.

 ¿Refugiados en la frontera de Grecia con Turquía? No. Turistas en la cola de acceso a Machu Picchu.

Sigue lloviendo. Los mosquitos se ceban conmigo. Y aún así, pese a todo, Machu Picchu está a la altura de su fama y de la retahíla de adjetivos que le dedica Lonely Planet. Esa tarde tomamos un tren con destino a Ollantaytambo.

Día 11. Ruinas incas de Ollantaytambo. Un taxista muy majo, que nos enseñó algunas palabras en quechua y todo, Eduardo, nos lleva a otros puntos del Valle Sagrado: los bancales incas de Moray, las salinas de Maras, Chinchero (con más bancales y una iglesia pequeñita y desvencijada, pero de las más curiosas que vimos en todo el viaje) y luego nos deja en Cuzco. Dormimos en un airbnb situado a unos 20 minutos del centro y echamos mucho de menos el Milhouse.

Días 12, 13, 14 en Cuzco. Qué gusto dejar de coger autobuses compulsivamente... En estos días vemos los alrededores de Cuzco, repletitos de yacimientos y ruinas diversas. A saber: Pisac, que nos decepcionó porque parte del recinto estaba cerrado al público y lo más espectacular eran los bancales y mira, visto un bancal, vistos todos; las fortalezas de Sacsayhuaman y Puka Pukara; las fuentes de Tambomachay... En Cuzco visitamos varios museos, los mejores: el que hay en el interior del convento de Qoricancha y el museo de arte precolombino.

Día 15, volamos al norte, a Chiclayo, la Badajoz de Perú. Fea como ella sola. Hasta en la agencia de viajes dudaron antes de recomendarnos ir a algún sitio y acabaron sugiriendo un parque. No hicimos caso y fuimos al mercado donde descubrimos pasillos enteros con puestos tan locos como éste:

Ovarina para las "enfermedades de la mujer",  Prostasán para la próstata, jarabe, remedios contra la tos, la gastritis... unas maracas, un gato de la suerte...

Pero si hay algo recomendable en Chiclayo es el restaurante "el pescador". Es feo, está en medio de una calle larga y sin ningún interés. Por no tener, no tiene ni letrero en su entrada. Pero ofrece gigantescas fuentes de ceviche con unos chicharrones de pescado de llorar. Y qué arroz...

Día 16, excursión a Huaca Rajada. Visitamos tanto las tumbas del señor de Sipán como varios museos y descubrimos que los mochicas (habitaron en el norte de Perú entre los siglos I-VIII después de Cristo) nos gustan mucho más que los incas. Su vestuario es sencillísimo y su cerámica espectacular, hasta hacían retratos personalizados:

Con un seis y un cuatro, hago tu cara y tu huaco retrato. 

Volvemos a la costumbre de dormir en el autobús y así viajamos hasta Chachapoyas.

Día 17, excursión a los sarcófagos de Karajía y una cueva con estalactitas y estalacmitas que los tour operadores incluyen en el paquete para que la excursión dure un día entero. Quizá la cascada de Gocta, también en las inmediaciones de Chachapoyas, hubiera merecido más la pena.

Día 18, excursión Kuélap, según la Lonely Planet, el segundo Machu Picchu. Y mira, no. Es menos espectacular y no tiene ni llamas ni alpacas paciendo por ahí. Aún así, es muy interesante y aprendemos algo de otra cultura precolombina: los chachapoyas, anteriores a los incas y conquistados por estos en el siglo XV. Por la noche, autobús nocturno destino Trujillo.

Día 19, visitamos las huacas del Sol y de la Luna, de nuestros amigos los mochicas, el museo Moche (pequeñito y simpático, aunque prescindible) y la fortaleza Chan-Chán, que no era ni de los mochicas ni de los incas o los chachapoyas... sino de los chimúes, otro pueblo precolombino del que ya hablaremos con más tranquilidad en otro post. Por la tarde vamos a un pueblo costero cercano a Trujillo: Huanchaco. Dormimos en un hotelito céntrico, Presidente, cuyo dueño, Don Manuel, fue guía turístico y aprovecha cada vez que nos ve para contarnos cosas de los mochicas, de Almagro, de Pizarro, de Alvarado y de más gente que no recuerdo porque a los diez minutos de charla ya desconectaba.

Día 20, vamos a la huaca Arco Iris, modesta en comparación con la de la luna, pero donde vivimos una experiencia místico-surreal de la que ya hablaré próximamente. Por la tarde paseamos por Trujillo con sus palacios coloniales con celosías, sus iglesias barrocas y, por supuesto, su Plaza de Armas. Autobús nocturno de Excluciva (no hubo compañía de autobús que no probáramos) a Lima.

Día 21, paseo por el centro de Lima (adivinad... ¡sí, la plaza de Armas!, ¡palacios coloniales!, ¡iglesias!) y por la tarde compra compulsiva de artesanía en el inmenso mercado indio de Miraflores. Pasamos la noche en el hostal Santa Rosa, céntrico, cómodo y con una dueña hiper encantadora que repartió muffins de quinoa y chocolate en el desayuno para celebrar el día de Santa Rosa de Lima.

Día 22, procesión de Santa Rosa de Lima por el centro, vemos las alfombras de flores y, corriendo, tomamos un taxi al barrio de Barranco, un cruce entre Malasaña y el Borne. Nos comemos un rico ceviche en Canta Rana, un restaurante recomendado por Lonely Planet (aún así, el mejor ceviche fue el de Chiclayo) y esa tarde tomamos el avión de vuelta.

Y vosotros, ¿dónde habéis pasado el verano?, ¿estáis preparados para la horda de posts sobre Perú que se os viene encima?

martes, 8 de agosto de 2017

Películas veraniegas para combatir la ola de calor

En Japón (¿he contado ya que yo he estado en Japón?) se sirve sopa de miso, caliente, humeante, todo el año, hasta en agosto. Y mira que hace calor allá en agosto... Doy fe, porque yo he estado ahí (no sé si lo había comentado en alguna ocasión). Por lo visto tomarse una sopa en verano no es tan mala idea, al menos evitas cortes de digestión. De hecho, países cálidos como India y México (tranquilos, no he estado en ninguno de los dos) tienen una gastronomía muy picante.

El año pasado ya probamos a combatir el achicharrante verano con estas películas repletitas de nieve, lluvia y cielos cubiertos. Probemos la otra opción. Cine veraniego, tropical o hasta desértico, caliente como una sopa de miso. Dadle al aire acondicionado o al ventilador, echaos crema solar y proteged vuestras cabecitas con un sombrero de paja, que aquí van unas cuantas películas que dan sudores.

A pleno sol / El talento de Mr. Ripley
Muchas novelas de Patricia Highsmith se han adaptado al cine. De hecho, con el dinero que consiguió por las ventas de "Extraños en un tren", Highsmith se pegó un viaje por toda Europa y allí empezó a escribir "El talento de Mr. Ripley".

Por supuesto, hubo adaptaciones de esta novela. En "A pleno sol", Alain Delon luce palmito por veleros y playas varias. Años más tarde llegó "El talento de Mr. Ripley", con Matt Damon interpretando a un Ripley menos frío y más vulnerable. De esas películas que es fácil encontrar en televisión, cada vez que la veo, me quedo un ratito. Ver "El talento de Mr. Ripley" casi provoca síndrome de Stendhal: los paisajes de la costa italiana, Roma, la moda de los años 50... y, para colmo, Jude Law cuando tenía pelo.



La selva esmeralda
Hay dos Españas, y no me refiero a la España que muere y a la que bosteza del poema de Machado.  Me refiero a otros grandes cismas: la tortilla de patata con o sin cebolla; nesquick o cola cao; cerveza o vino. Y, por supuesto: calor seco o húmedo. Yo soy una ferviente defensora del calor seco, así que, si me pasara lo que al protagonista de "La selva esmeralda", no habría película. Yo no hubiera sobrevivido en medio de una jugla llena de calor húmedo y, lo que es peor... ¡mosquitos!

"La selva esmeralda" cuenta la historia de un ingeniero americano que está construyendo una presa en plena selva amazónica cuando su hijo desaparece. El padre lo busca durante años, pese a que todo el mundo le da por muerto. El chaval ha sido criado por una tribu indígena y a punto está de convertirse en un guerrero. No he vuelto a ver esta película en muchos años, pero de cría me tenía fascinada: el reencuentro entre padre e hijo en plena selva, los ritos iniciáticos de la tribu y un mensaje ecologista que en los 80 sonaba de lo más novedoso.

El nadador
Con una piscina cerca da igual que el calor sea húmedo o seco. Y no estamos hablando de piscinas municipales llenas hasta la bandera o de las de tus amigos, esos que viven en una urbanización y a los que gorroneas cada verano. No. Piscinas privadas, tuyas y de nadie más. Y como esas las hay a patadas en los Estates. Por eso, un buen día, Burt Lancaster decide volver a su casa nadando de piscina en piscina. Y de eso va "el nadador". Mientras Burt hace largos a crol con un estilo que ni Mark Phelps, vas descubriendo las vidas de sus vecinos y, de paso, vas reconstruyendo el pasado de él. Hora y media de Burt Lancaster en bañador es motivo más que suficiente para ver "el nadador" que, no os engaño, no es para nada un clásico con todas las letras.


Para eso, mejor:

Lawrence de Arabia 
Puede que no hayáis visto ninguna de las películas anteriores, y no pasa nada, pero ésta es obligatoria. Mira que suelen dar pereza las biografías de personajes históricos... Suelen consistir en una sucesión de hechos más o menos conocidos sin un hilo conductor detrás, como si leyeras la wikipedia hasta que al final el personaje en cuestión va y se muere. Pues bien, "Lawrence de Arabia" se las apaña para mostrar parte de la historia del pueblo árabe, más la biografía de T.E. Lawrence, más la vida en el desierto, y todo lo hace bien. Es una película histórica y biográfica y psicológica y bélica y, sobre todo, muy emocionante. Tuve la suerte de verla en pantalla grande hace un par de años y la gente aplaudió en este momento, cuando Lawrence consigue regresar con vida del desierto de Nefud:




Hay que verla. Con una botella de agua de litro al lado, eso sí.

Y vosotros, ¿sois más de Alain Delon de joven, de Jude Law cuando tenía pelo o de Burt Lancaster en bañador?, ¿el calor con más calor se quita o donde haya un aire acondicionado a tope, que se quite todo?, ¿qué película calurosa y/o veraniega recomendáis?

martes, 25 de julio de 2017

La experiencia Paquita

Alguna vez (pocas, muy pocas) los guionistas nos enteramos de cuándo y donde va a celebrarse una fiesta fin de rodaje de la serie en la que trabajas. Y entonces vamos para arramplar con la barra libre y los canapés gratis (si los hay). En la última fiesta a la que acudí, fui con otra misión más: pillar a una actriz por banda y resolver una duda que me atormenta, me inquieta, me perturba, desde hace tiempo. ¿Por qué todas las actrices tienen tan buena piel?, ¿son actrices porque tienen buena piel o más bien como son actrices se la cuidan especialmente?, ¿qué viene antes: el huevo o la gallina? Una actriz me resolvió esa duda, confesó que ella siempre había tenido problemas de acné y que "Paquita le había salvado la vida".

¡Yo también quiero que me salve la vida Paquita!, grité en medio del bar. Estoy en esa edad en la que ya no toca tener granitos porque va a coincidir con las arrugas y mira, o lo uno o lo otro, pero no se puede tener lo peor de la adolescencia y de la madurez.

Pero... ¿quién es Paquita?

Me llamo Ors, Paquita Ors.

La señora de pelo imposible, edad indefinida, medias opacas y gusto barroco por el mármol y los dorados es Paquita Ors. No gasta nada en publicidad y, sin embargo, en cuanto preguntas por ahí o haces una búsqueda en google descubres que Paquita Ors es toda una institución. En esta entrevista cuyo contenido vale oro y sus fotos un Potosí, descubro que Paquita fue una mujer adelantada a su época, que estudia farmacia por imperativo familiar. Su intención era acabar la carrera y después hacer lo que le viniera en gana, pero... "cuando acabé la carrera, estúpida de mí, me casé y me fue fatal". A lo que Jerónimo, su hijo, también presente en la entrevista, responde: "Bueno, ¡estoy yo!". "Lo único bueno. Lo demás, todo mal". Paquita se divorcia en una época en que nadie lo hace y se dedica cuerpo y alma a su tienda de cosmética, donde venden productos que elaboran ellos mismos y donde también se atiende a los clientes individualmente, tras hacer un examen de su piel. La fórmula funciona tan bien que primero Paquita y luego su hijo se dedican a viajar por toda España: Zaragoza, Valencia, Madrid... de tienda en tienda, para diagnosticar personalmente a sus clientes.

Así que pedí cita, dispuesta a tener la piel de Emma Stone o de Cameron Díaz. Bueno, igual la de Cameron Díaz no. Primera fase en la experiencia Paquita: te dan cita para después de unos meses. Cuando pasa ese tiempo, y si no has tenido que cancelar o retrasar la cita, vas a la tienda. Está en pleno barrio de Salamanca, al lado de uno de esos hotelazos con portero que luce uniforme. Por fuera parece una tienda viejuna, de las de toda la vida... hasta que entras dentro. Detrás de las estanterías llenas de tarros, frascos y potingues varios descubres unas paredes pintadas de azul cielo y, en medio de ese azul cielo, angelotes, muchos angelotes.


Es una tienda peculiar, y no sólo por la decoración. Segunda fase de la experiencia Paquita: aunque vayas con cita, nunca esperas menos de una hora. Recomiendo llevarse un libro o hablar con el resto de personas que esperan pacientemente. Hay tiempo suficiente como para estudiarse un tema de una oposición o iniciar una amistad profunda de las que van a durar toda una vida.

Por fin, una de las minions de Paquita (por la tienda pululan una pléyade de mujeres jóvenes y perfectamente maquilladas) dice tu nombre y vas corriendo a donde te indican. Por fin llega la tercera fase: el diagnóstico. No te va a atender Paquita in person, sino su hijo, el heredero del imperio Ors. Él:

En casa tengo la mitad de todos esos tarros.

Jerónimo y su pajarita te atienden con una educación muy Downton Abbey. Te estrecha la mano, te sonríe, te pregunta que a qué te dedicas, te mira el cutis, las manos y las uñas. Luego te dice frases lapidarias del tipo de "tu piel se ha rendido", "no te toques los granos", "no comas embutido ni comida rápida" y tú asientes a todo porque te lo está diciendo un señor mayor con bata y pajarita, y eso imprime autoridad a cualquiera. Al lado de Jerónimo,  una de las minions toma nota de todo. En mi primera visita a Paquita salí con cinco frascos con letras estilo apple chancery y tapas doradas, más unas vitaminas, más la chuleta con las instrucciones de cuándo y cómo aplicarse cada crema escrita con la primorosa letra de una de las minions. El precio de los productos individualmente es  económico, lo malo es que te llevas media tienda...

La siguiente fase en la experiencia Paquita es la más complicada: aplicarse tres potingues por la mañana y otros tantos por la noche antes de dormir. Yo, que no soy constante ni siquiera para lavarme los dientes, me he disciplinado. Hay que rentabilizar la pasta gansa invertida en la tienda de los angelotes.

En las sucesivas visitas, Jerónimo y su pajarita te hacen un seguimiento y, por supuesto, te venden un par de productos más. En la última cita, y después de esperar la hora de rigor, Jerónimo (y su pajarita, de tres veces que he ido la llevaba las tres) me dijo que mi piel ya está casi curada, aunque tengo el hierro bajo y debería comer más carne y me ha emplazado a que vuelva después del verano.

Y, la pregunta del millón: ¿funciona? Yo no soy objetiva, me veo la cara todos los días y no noto gran cosa. Además, y como los miembros de una secta, ya he perdido la objetividad, estoy demasiado fascinada por la experiencia Paquita que ya no sé qué pensar. Pero todo el mundo me dice que sí, que notan que tengo la piel mejor, ¿me dirán la verdad o sólo me lo dicen para que no llore por el dinero invertido en los Ors?

Y vosotros, ¿conocíais a Paquita?, ¿o alguna otra tienda mítica de toda la vida cuya leyenda no necesite ni publicidad?




martes, 11 de julio de 2017

¿Qué canción (infame) del verano eres?

Las canciones del verano son infames. Y pegajosas como la arena de playa, que vas un rato a tomar el sol y tres meses más tarde aún encuentras granos de arena en tus bolsillos y hasta en tu ombligo. Pero algo tienen las canciones del verano, conectan con tu sistema límbico y se quedan a vivir en tu cerebro para siempre. Crees que las has olvidado pero un día, muchos veranos, muchos inviernos después, te despiertas cantando "tsamina mina, eh, eh, waka, waka, eh, eh" y lo que es peor... ¡bailándola!

Todos llevamos en nuestro interior una canción del verano que se niega a abandonar nuestro ser. Se nos pega como una lapa, como el demonio a la pobre Regan en "el exorcista". Pero... ¿cuál es esa melodía que te acompañará siempre? Probablemente no lo sepas porque está enterrada en lo más profundo de tu subconsciente. Para eso está este riguroso a la par que veraniego test:

¿Dónde vas a pasar las vacaciones?
A. Magaluf. O quizá Salou. Un sitio barato, con mucha marcha, gente a porrones y alcohol barato.
B. un pueblo donde se oiga cantar al gallo y no haya cobertura para el móvil.
C. qué importa el sitio, mientras pueda descansar, levantarme tarde, tirarme dos horas desayunando y echarme siestas kilométricas.
D. en la ciudad, trabajando. Es que soy autónomo.
E. en un crucero, que están muy de moda y bien de precio. Otros años he ido a resorts en Canarias y en la Riviera Maya, que también me los recomendaron. Y muy bien, ¿eh?

¿Cómo definirías tu estilo en la pista de baile?
A. arrimando cebolleta.
B. estilo verbena, es decir, las piernas separadas, rodillas ligeramente flexionadas y dando palmas. Intento que vayan a la vez que la música, pero no siempre lo consigo.
C. insinuante, sensual, lo doy todo en los bailes lentos.
D. dando botes de un lado a otro, como si me dieran calambrazos o me estuvieran sometiendo a una terapia de electrochoque.
E. ¿estilo?,  ¿qué estilo? yo solo bailo canciones cuya letra sean unas instrucciones de uso, de ésas que te dicen qué pie mover y cuándo.

Después de seis horas en la playa, empiezas a aburrirte un poco, así que...
A. empiezo a mirar el panorama: a las chicas en top less o los chicos con braga naútica marcapaquete.
B. abro la nevera portátil y me como otro filete de pollo empanado regado con un poco de vino con casera, y tan a gusto.
C. me doy la vuelta y me echo una siesta, una bien larga, de ésas que te dejan más cerca de la muerte que de la vida.
D. no piso la playa desde que fui con mis padres a Gandía en el Seiscientos familiar, allá por los años ochenta.
E. juego a las palas o alquilamos una barca con pedales entre todos. Si a los demás les apetece, claro.

¿Cuál es tu pesadilla recurrente?
A. que murmuren de mí por las esquinas, porque a mí eso me mortifica.
B. me pilla un toro en un encierro.
C. un atasco en la gran ciudad.
D. ahogarme en el mar, porque yo sólo sé nadar a perrito.
E. salgo elegido presidente en unas elecciones.

¿Qué no le perdonarías a tu pareja?
A. una infidelidad
B. la arrogancia, que me haga de menos.
C. que me atosigue.
D. que tenga que mudarse a otro país y mantener una relación a distancia.
E. la indecisión, que me obligue a mí a tomar siempre todas las decisiones.

¿Cuál es tu ciudad favorita del mundo entero?
A. Copenhague, Oslo... cualquier sitio que esté lleno de gente rubia, alta y con buenos genes.
B. cualquier pueblo que mantenga las tradiciones de toda la vida: tirar cabras del campanario, hacer guerras de tomates/vino/o lo que surja...
C. algún paraje en el Caribe
D. Madrid, lo tiene todo: el Retiro, el la Casa de Campo, miles de teatros y museos...
E. Ay, no sé, qué difícil. Elige tú mejor.


Mayoría de A: "el venao"
El verano es esa época para tener rollitos de ídem. Por eso tú te has pasado todo el invierno planeando con la cuadrilla de colegas un viaje a un templo del ligoteo y los chupitos baratos como Magaluf o Lloret de mar. No cuentas con que es muy posible que tu pareja haya pensado lo mismo y te la encuentres en una discoteca dándolo todo mientras aquello de "que no me digan en la esquina, el venao, el venao, que eso a mí me mortifica...". Quien te iba a decir a ti que una canción del verano iba a acabar siendo autobiográfica.

"El Koala" tiene una de esas caras únicas, inolvidables (mentira).

Mayoría de B: "opá, yo viazé un corrá"
El metro te convierte automáticamente en Paco Martínez Soria. Y es que eres muy de pueblo. Te gusta todo lo que huele a campo: las verbenas, los guisos contundentes con grasaza, los quintos... El verano en España está unido a las fiestas de los pueblos. Normal que haya aparecido un subgénero, al que podríamos llamar canción del verano rural, que nos ha traído clásicos tan imperecederos como "el tractor amarillo" o "opá, yo viazé un corrá".

Mayoría de C: "despacito"
Las prisas no van contigo. Por eso siempre llegas tarde a tus citas. Que podrías salir antes de casa o correr... pero no, tú eso de correr, como que no lo ves necesario. No es que seas vago, es culpa del verano, que te ralentiza el metabolismo. Dos semanas de julio cunden como dos días de invierno. Por eso las canciones de ritmo caribeño ("despacito", "la gozadera") te poseen.

La playa de Madrid son estos cuatro chorros que hay en Madrid Río.

Mayoría de D: "Aquí no hay playa"
Cuando estás en paro, porque no tienes dinero. Cuando estás trabajando, porque no tienes tiempo. Cuando te quedas en paro justo antes del verano, porque no te ha dado tiempo a planear nada. El caso es que tu verano consiste en quedarte en la gran ciudad de turno. Y si esa ciudad es Gijón, Barcelona o Málaga, bueno, pase... pero, ay, como sea en una ciudad de secano... Tú no te quejas porque siempre te quedarán El Corte Inglés y cualquier recinto cerrado con aire acondicionado a tope, pero la realidad es que ves las fotos de los pies de tus amigos que están "aquí sufriendo" y te das cuenta de que quien sufres eres tú. Y lloras.

Mayoría de E: "follow the leader"
Hay un dicho popular que dice: "¿dónde va Vicente? Donde va la gente". Pues bien, tú eres Vicente. Tienes la personalidad de un cefalópodo, te dejas guiar por las modas y la opinión general. No te gusta decidir en nada en general, así que las canciones con instrucciones de baile como "follow the leader", o "la bomba" de King África (una mano en la cabeza, una mano en la cintura, un movimiento sexy...) te gustan. Así sabes qué es lo que hay que hacer.

Y vosotros, ¿qué canción del verano sois?, ¡confesad!

miércoles, 28 de junio de 2017

Cámbiame es el mal

Una de las ventajas de dedicarte profesionalmente al guión es documentarse. ¿Que te llaman para una miniserie sobre los Pujol? Pues a empollarte la vida del molt honorable, el sistema procesal y los métodos para blanquear dinero. ¿Que te llaman para hacer una serie de época estilo "tacita de té"? Pues a leer libros sobre la vida de las criadas en los años 20. ¿Que te encargan un proyecto sobre youtubers? Pues a ver vídeos de youtube de esos jovenzuelos cuya existencia desconocías hasta que empezaron a protagonizar anuncios de refrescos.

Los youtubers, para mí, eran como los barrios de Madrid situados más allá de Plaza de Castilla hacia el norte o más allá de Carabanchel hacia el sur. Sé que existen, pero no me interesan, ahí no hay nada para mí. Con esa actitud me puse a ver vídeos en youtube y descubrí cosas tan apasionantes (o no) como el unboxing o el asmr.

 Esto es el unboxing. Apasionante, ¿a que sí?

Después de decenas de videos de adolescentes que hacían cosas sin sentido ni gracia mientras gesticulaban exageradamente ante la cámara me empecé a sentir como Javier Marías. Me sentía vieja, rancia e indignada. Me estaban entrando unas ganas enormes de tener unas palabras con esos chiquillos, palabras de señora del tipo "¿pero tú estudias?", "ordena la habitación si la vas a enseñar al mundo entero", "pero mira qué pintas llevas"... Hasta que la encontré a ella:



La moza que se esconde tras "soy una pringada" es espabilada, ingeniosa, tiene mala leche y vis cómica. Además, dice verdades como puños. Porque, ¿no son los ex gordos los nuevos ex fumadores? Gente que se ha hartado de no gustarse y de que le aconsejen que se quiten unos kilos de encima cuando, por fin (y tras mucho esfuerzo) lo logra, ya no puede hablar de otra cosa que no sean las bondades de la lechuga, la vida sana y el crossfit. Soy Pringada critica la falta de coherencia del discurso del ex gordo que se lamenta de las presiones sociales que hay para adelgazar (presiones a las que ha cedido), de lo que sufre por no comer lo que querría y de lo feliz que es porque la vida sana es la mejor (¿pero no decías que sufrías por culpa de la dieta?). La youtuber habla de la ex gorda por excelencia a la que otorga el título de "gorda traicionera": Carlota Corredera. Esta buena señora, desde que adelgazó, se ha convertido en la mujer que todo lo presenta en Tele5. Entre otros, es la conductora de "Cámbiame", un programa consistente en cambiar el look de la gente para que así sean más felices. Con el lema "si tú cambias todo cambia", tres expertos en moda tunean al pobre incauto que cae en sus redes porque si le tiñen el pelo y le ponen ropa colorida ya no estará deprimido, ya no le importará ser viejo, estar solo, no tener trabajo. Y aquí llegamos al meollo de la cuestión (sí cuatro párrafos más tarde, llegamos al meollo), ¿cambiar el exterior va a hacer que nos sintamos mejor?, ¿Carlota Corredera es más feliz ahora que tiene una talla 40, presenta dos o tres programas a la vez y sale en la portada del "Semana"?, ¿o hablar tanto de su trauma con el peso y la comida no enmascara una insatisfacción más profunda?


En el fondo, todos los programas de cambio de aspecto: "Cámbiame", "How do I look?", "extreme makeover" (y más que habrá en esos canales que ni te molestas en sintonizar), ofrecen una solución fácil a un problema complejo. La gente llega con su chándal, sus arrugas, su pelo fosco y una historia muy lacrimógena. Los asesores escuchan la historia lacrimógena y, oh sorpresa, lloran. Luego le cambian su aspecto, la persona en cuestión se ve por primera vez, agradece muchísimo la labor de los asesores y, oh sorpresa, vuelven a llorar todos. Que a mí un programa de cambio de imagen me parece estupendo, oye, ¿pero es necesario asumir que si renuevas tu vestuario y te tiñes las canas serás felicísimo?, ¿de verdad es tan simple?, ¿tan superficial? Los tres asesores de "Cámbiame" son el epitome de lo fácil, adoran las frases hechas de autoayuda del tipo de "si lo visualizas, ocurrirá", las loas a amar y ser amado y, ya que estamos, viva la paz y qué mal las guerras. Y no exagero. Que todo esto ocurrió y además en el día en que media España está frente al televisor. El día de Nochevieja, cuando la presentadora de "Cámbiame" de ese momento y sus tres asesores de moda fueron los encargados de retransmitir las campanadas.

A mí me gustaría ver "Descámbiame". Un programa que recuperara a todas esas personas que acudieron a que les cambiaran de look para comprobar si mantienen el estilo que les aconsejaron y, sobre todo, ver si son felices. Eso sí, sin lloros.

Y vosotros, ¿seguís a algún youtuber o sois más de la cuerda de Javier Marías?, ¿creéis que "Cámbiame" es el mal o hay otros programas que despiertan vuestros odios?, ¿veríais "Descámbiame"?

miércoles, 14 de junio de 2017

El cambio climático explicado para que lo entienda Trump

Qué agradable llevar dos noches sin dormir bien por culpa de las altas temperaturas y enterarte de que la ola de calor no ha llegado aún. Empieza mañana. Pero entonces, ¿cómo llamamos a lo que ha pasado hasta ahora?

Antes se hacía el cambio de armario, se guardaban los jerseys y se sacaban los pantalones cortos justo en el 40 de mayo. Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo, decía el refrán. Ese refrán debe ser de la época de los romanos, cuando decían que una ardilla podía cruzar la península ibérica saltando de árbol en árbol. Hoy sólo lo lograría saltando de Papizza en Papizza.

¿Este calor infernal es culpa del cambio climático o, como dice Trump, es un invento de los chinos?

Ignoro la opinión del señor de la piel color Risketo al respecto ahora mismo, día 14 de junio, a las 18.32 horas, porque este señor cambia de opinión más que de corbata. Pero yo lo tengo muy claro. Nos vamos a asar cada año un poco más. Gentes de letras puras, hijos de la ESO y dummies en general, os voy a explicar de qué va el cambio climático. Si yo lo entiendo, que soy de letras puras, vosotros y el señor Trump también podéis.

Desmontemos los argumentos que se dan en contra del cambio climático:

¿Cómo van a saber que hay un cambio climático si los meteorólogos ni siquiera saben qué tiempo va a hacer mañana?
En la serie documental "Cosmos" (la nueva, no la que hizo Carl Sagan años ha) lo explican divinamente. Neil Degrasse Tyson, el presentador de la nueva "Cosmos" pasea por la playa con un perro. El perro da mil vueltas: dos pasitos hacia delante, tres hacia atrás, me acerco al mar, veo un palo, cojo el palo, dejo el palo, un paso hacia atrás... pero siempre en la dirección que Neil, que lleva la correa, marca. Neil afirma que predecir el tiempo que hará en unos días es como predecir qué hará el perro en el siguiente segundo, imposible. Pero predecir en qué dirección marchará el perro sí se puede prever, pues es él quien lo dirige gracias a la correa.

Nosotros somos quienes llevamos la correa del cambio climático y está ahí, es medible. Con el aumento de temperaturas, el aumento de emisiones de CO2 de los coches, el deshielo de los polos...

Neil Degrasse, el científico con más flow.

¿Y qué si se derriten los polos? Pues que se derritan, anda que no están lejos.
Están lejos, sí, pero son muy tochos. Tanto que si se siguen derritiendo el nivel del mar subirá tanto que anegará la costa de medio mundo. Por poner un ejemplo, Londres se inundaría, ¿a dónde iríamos a ver musicales?

Además, los polos cumplen una labor básica, reflejan y rebotan los rayos que nos llegan del sol, equilibrando así la temperatura. A menos superficie helada, menos rayos de sol que se reflejan y, por tanto, más calor y más daño nos harán los rayos de sol.

Pues yo no noto nada. La gente se queja en verano del calor, y en invierno del frío.
Es normal que los afortunados que tienen aire acondicionado no noten gran cosa. Si hace calor se quedan en casa y tan a gusto. Pero los que saben del tema sí lo notan. La sociedad ornitológica de España ha contabilizado hasta diez especies de pájaros que antes emigraban en el Sáhara y que ahora eligen... ¡España! Somos el nuevo Sáhara, qué espanto. Cuando todo el mundo sabe que lo bonito es el entretiempo, esa época en la que puedes llevar vestidos sin peligro a parecer Camacho porque sudas a chorros.

Más datos. El desierto de Atacama, en Chile, un sitio tan inhóspito y tan seco que se usa para recrear las expediciones a Marte, avanza medio kilómetro al año, ¡medio kilómetro!

Pero no me hagáis caso a mí. Haced caso a Schwarzenegger:




Arnold (es más fácil escribir Arnold que Schwarzenegger) dice que Trump, al salirse del acuerdo de París, hace viajar al mundo al pasado. En "Cosmos" sugieren un momento estupendo para viajar al pasado y ahorrarnos este sufrimiento sofocante: 1913. Entonces Frank Shuman construye en Egipto la primera planta solar funcional y económicamente rentable. Pero llegó la I guerra mundial, la planta fue destruida y se desarrolló otra fuente de energía que era muchísimo más rentable: el petróleo. Ay, si Terminator viajara a 1913 y evitara este desastre...

Y vosotros, lectores sudados de mis entretelas, ¿qué tal lleváis el calor?, ¿tenéis aire acondicionado?, ¿piscina?, ¿me invitáis? Responded primero a la última pregunta.