martes, 22 de enero de 2019

A very Spanish scandal

Desde que, allá por 2017, oí el podcast "V, las cloacas del estado" y escribí un post sobre el comisario Villarejo, este hombre no ha dejado de aparecer en los medios. Me siento como esos modernos que descubren a un grupo neozelandés de electropop y, de repente, el grupo se hace popular porque una de sus canciones sale en un anuncio de Coca Cola. Eh, que yo sabía quién era Villarejo antes de que se hiciera famoso.

Ahora copa los noticiarios con la operación Kitchen, la séptima pieza separada de la causa judicial Tándem que investiga a Villarejo y todos sus tejemanejes. Son un total de ocho piezas, porque si hay alguien en la vida que ha vivido intensamente, ése es Villarejo. Esta que nos ocupa se centra en el uso de fondos reservados por parte del ministro Jorge Fernández Díaz, ¿para qué? Pues para robar documentos que demostraban la existencia de la caja B del Partido Popular a su ex tesorero: Luis Bárcenas.

Ahora bien, ¿cómo se robaron esos documentos? Olvidaos de "Ocean's Eleven", de Tom Cruise colgado de un techo en "Misión Imposible", de Catherine Zeta Jones haciendo equilibrios en "La trampa". Esto es más "Los ladrones van a la oficina".

Fernández Díaz (el ministro que condecoró a una Virgen por colaborar con la Guardia Civil, remember) encarga este asuntillo del robo de documentos a Villarejo. Y Villarejo capta al chófer y hombre de confianza de Bárcenas, Sergio Ríos, para que les informe y sustraiga los documentos. Llegado este punto, una pequeña pausa.

Carlos Librado as Sergio Ríos.

¿Quién es Sergio Ríos? Portero en el club Flower's ("club" es una manera fina de decir puticlub), informante de la policía, vigilante en empresas de la construcción... es ahí donde Ríos conoce a jerifaltes del PP y cuando le recomiendan para ser chófer de Bárcenas. Ríos pasa varios años junto a los Bárcenas antes de que Villarejo lo "capte", que es una manera fina de decir que le paga un dinero extra para que espíe a Luis Bárcenas, averigüe dónde guarda la documentación y la robe.

Continuamos.

Ríos pasa mucha información a Villarejo. Pero no toda. Bárcenas está en la cárcel. Y el comisario, siempre presuntamente, idea otro plan genial: contratar, siempre usando fondos reservados, a un tipo para que secuestre a los Bárcenas. Enrique Olivares es el elegido: un hombre de 60 años con una larga lista de antecedentes policiales, que decía haber sido informante y espía, que no tenía un duro y sí mucha facilidad para fantasear. Enrique se disfraza de cura, no sabemos si por idea de Villarejo, porque tenía el disfraz a mano o porque pensó que así se ganaría la confianza de Rosalía Iglesias.

María Casal plays Rosalía Iglesias.

El caso es que dice que viene del obispado y que trae documentación de Instituciones Penitenciarias referente a Bárcenas, todo suena convicente hasta que Olivares saca una pistola y suelta: "¡Se acabó el teatro! Os mato a los tres si no me entregáis los documentos que Bárcenas guarda en esta casa y que sirven para derrocar a Rajoy". Guillermo/Willy Bárcenas sale en defensa de su madre y pega un cabezazo al falso cura.

Guest starring, Nico Romero as Guillermo "Willy" Bárcenas.

Falsos curas, chóferes que también son espías, secuestros que salen mal gracias a la intervención de atractivos jóvenes que lideran grupos de pop, ministros que condecoran a vírgenes... ¿qué más elementos pueden hacer falta para que alguien adapte toda esta locura?  El tono es complicado, lo sé, sugiero que sigamos el ejemplo de "A very English scandal" porque, ¿no es éste "A very Spanish Scandal"? Tengo ya una propuesta de casting y el protagonista es obvio. Pedro Casablanc ya hizo de Luis Bárcenas en "B", le pedimos que vuelva a teñirse las canas y listo:

Pedro Casablanc stars as Luis Bárcenas.

Por cierto, quien bautizó a esta pieza como "kitchen" lo hizo porque en ella Villarejo había llegado hasta la cocina de Bárcenas. Desde aquí, genio anónimo, un aplauso.

Y vosotros, ¿a quién veis interpretando a Jorge Fernández Díaz o a Villarejo?, ¿habéis visto "A very English scandal"?, ¿a qué estáis esperando?

lunes, 7 de enero de 2019

El vestido lila, ¿azul?, ¿lavanda? de Lady Gaga

Se dice que desde la Luna se ve la Gran Muralla China. Y anoche también se veía el vestido ¿malva? (¿lila?, ¿azul?) de Lady Gaga. Un vestido más pomposo que los de "Mi gran boda gitana". Tan grande que no hay foto donde salga entero.

El vestido seguía y seguía y seguía...

En su mente, Gaga lo tenía todo planeado: su vestido era un guiño al que lució Judy Garland cuando ganó el Globo de Oro por "Ha nacido una estrella", además tenía un número indeterminado de metros extra de cola, y eso es aportación de ella, que se ha imaginado subiendo a por su premio por la nueva versión de "Ha nacido una estrella" sin dejar sitio a nadie más del equipo. Pero el galardón a mejor actriz de comedia/musical se lo ha llevado Olivia Colman por "La favorita".

Lo malo de los Globos de Oro es que premian a películas que todavía no se han estrenado aquí: "La favorita", "Vice", "Green book", "El blues de Beale Street"... Así que no me queda más remedio que hablar de los vestidos cosa que, como bien sabéis, es un asunto no me interesa en absoluto.

Dicen que el negro es elegante. Bueno, no siempre:

El negro adelgaza, pero no tanto. 

Glenn, Jodie, el negro adelgaza, vale, pero si le añades lazos y terciopelos y plumas y vuelo pues como que se pierde el efecto. El chavalito de en medio es Timothée Chamalet. A la edad en que sus amigos del barrio están de botellón, él está paseándose por la alfombras rojas del mundo con una especie de arnés porque está visto que arnés is the new corbata.

Si tienes un tipazo porque el mundo (y la genética) te hizo así, entonces no vas de negro, vas de blanco. Y Jamie Lee Curtis ha sido pibón desde que nació (hija de Tony Curtis y Janet Leigh, llega a salir fea y la abandonan en la puerta de un hospicio) y sigue siendo pibón a sus X años:



Alison Brie ("Glow") y Thandie Newton ("Westworld") lucían tipazo del machacado en el gimnasio y hay que enseñar con aberturas estratégicas aquí y allá. Por cierto, modo cotilleo on, ¿sabíais que Alison Brie es novia de Dave Franco?, ¿sabíais que Dave Franco es el hermano de James Franco?, ¿os parece que hacen una pareja ideal?, ¿la más ideal de los Globos de Oro?

Pues disiento.

Para mí las parejas ideales del evento fueron ellos:

Emily Blunt y John Kraskinski. Sandra Oh y Andy Samberg.

Emily y John son actores, marido y mujer, bellos y simpáticos y residentes en Malibú. Sandra y Andy son actores y humoristas, amigos, atractivos pero no guapos y presentadores de la gala de anoche de los Globos de Oro. Y a mí me encantaría irme de cañas con los cuatro. Quien vio la gala dice que Andy y Sandra estuvieron comedidos, es decir, sosos. Me da igual. Cuando quedemos hablaremos de lo que ellos quieran: de que "Killing Eve" se merecía más premios, de que "Brooklyn 99" es muy graciosa... Con Emily y John me sentiré más cohibida porque son demasiado guapos y porque le he visto el torso a John en "Jack Ryan" y me tiraré toda la noche pensando en tocarle las abdominales.

Sandra Oh se llevó, justamente, el galardón a mejor actriz de serie dramática por "Killing Eve". Pero entre las injusticias está que "Pose" no se llevara nada a casa. Billy Porter debería haber ganado a mejor actor, si ya era surrealista que Richard Madden estuviera nominado, aún más lo es que ganara por "The bodyguard", por favor, si se pasa toda la serie con esta cara acero azul. Si dieran un galardón al elenco que más se luce en la alfombra roja, sería para los de "Pose". Indya Moore iba así de divina, lista para irse a bailar a Studio 54 en cuanto acabara la gala:


El vestido de Rosamund Pike o se ama o se odia. A mí me gustó, me mola además la actitud de Rosamund (¿Rosamunda?) mirando a cámara como si le diera todo igual. Aunque para actitud, rollo, flow y "a mí me la pela todo porque tengo más carisma que todos y lo sabéis" el de Janelle Monáe que fue a la gala vestida de heroína en película de ciencia ficción soviética de los años 60.

A muchos os horrorizará el look galáctico excéntrico de Janelle, pero eso es porque todavía no habéis visto a los auténticos blufs de la noche.

La muchacha envuelta en terciopelo es Caitriona Balfe ("Outlander"), la envuelta en print animal es Anne Hathaway y la de en medio es la que no se pierde un sarao: Heidi Klum. Que no iba yo a acabar una crónica de alfombra roja sin ella. Heidi ha dejado que sus hijos decoren su falda pegándole florecitas con una pistola de pegamento, seguro que es una manualidad muy creativa y que estrecha los lazos entre padres e hijos.  Además, Heidi acudió con su nuevo novio: Tom Kaulitz. Que el nombre no os dirá nada pero, ¿y si os digo Tokyo Hotel? Sí, hombre, el grupo emo que lo petó hace unos diez años.  Pues los líderes del grupo eran los hermanos Kaulitz, fáciles de distinguir porque uno era el que cantaba y llevaba el pelo pincho y el otro era... pues el otro. Y Heidi sale con el otro.

Y vosotros, ¿con qué pareja de famosos actores os iríais de cañas?, ¿de qué color es el vestido de Lady Gaga?, ¿también pensáis que "Pose", "Barry" y "A very English scandal" merecían más premios? Y sobre todo, ante todo, fundamentalmente: ¿por qué no estaba nominada "The terror"?, ¿alguien sabe si es por algún tema organizativo, de fechas de estreno, o es simplemente por una cuestión de mal gusto?

lunes, 31 de diciembre de 2018

Los últimos libros del 2018

El 2018 me ha salido muy lector gracias al cercanías y a que la línea C-1 pasa cuando le viene en gana y no cuando lo anuncian las pantallas o la aplicación de Adif. He leído fundamentalmente entre Sol y Fuente de la Mora, unas veces dentro de los vagones de los trenes, otras en los bancos de los andenes. Pero ojo, que también leo fuera del tren: alguna que otra vez cómodamente tumbada en mi cama, otras sentada en el wáter... Y esto es lo último que he leído:

El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro
Ishiguro es el autor del libro en el que se basa "Lo que queda del día". Recuerdo haberla visto en el cine en su momento y pensar: "vaya rollo". Pero fue culpa mía, que era una cría que no supo apreciar la emoción, la clase y la sutileza de una obra maestra. Luego la volví a ver y reculé y por el buen recuerdo que guardo de "Lo que queda del día", pensé que ya era hora de leer algo de Kazuo Ishiguro.
 Error.

"El gigante enterrado" es, según su contraportada, una novela de espada y brujería pero para adultos. Un "Señor de los anillos" meets "Juego de tronos" pero en serio, con su cosa reflexiva y filosófica. Yo tengo mis reparos con este género que,  demasiadas veces, consiste en gente andando por bosques hasta que, de repente, aparece un dragón. Y en "El gigante enterrado" los personajes andan mucho, muchísimo. Los protagonistas de la novela, una pareja de ancianos, recorren la antigua Gran Bretaña, dividida entre britanos y sajones, buscando la aldea de su hijo y, de vez en cuando, se encuentran con otras gentes y hablan de sus cosas con este estilo tan ameno y directo: "Por mi honor que lo haré, Señor, tenedlo por seguro"; "¿seguro que no os equivocáis, anciano?"; ¿qué pretendéis, señor, apareciendo por aquí con la espada desenvainada?"; "un buen consejo, gracias, señora. Ahora debo callarme o descubrirán que no soy mudo"; "creo, princesa, que mañana podríamos tomar el camino de la montaña sin problema en lugar de ir por el que atraviesa el bosque". 

A mitad de libro me harté de las caminatas de los ancianos, del estilo de relamido cuento moral y de la lentitud de una trama que no parecía arrancar nunca. 150 páginas... y aún no había aparecido el dragón.

Teoría King Kong, de Virginie Despentes
Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica, pero también para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no son ambiciosos, ni competitivos, ni la tienen grande. Porque el ideal de la mujer blanca, seductora, que nos ponen delante de los ojos es posible incluso que no exista.

Hace ya 11 años Virginie Despentes publica este libro, divertido, rápido, ácido y punkarra. Y consigue algo que tiene mucho mérito: que un ensayo, y además sobre feminismo, lo pete. Ayuda mucho el hecho de que Despentes tenga una vida intensa que ella comparte con el lector sin pudor ninguno. Despentes habla de sus fantasías sexuales, de su violación y de la teoría de género y lo hace con garra. Me gusta su cabreo, porque yo también estoy harta de muchas cosas: me cabrea la cantinela de las denuncias falsas, me cabrea el "ni machismo ni feminismo, igualdad" y me cabrea el "los niños son más nobles que las niñas", por decir tres cosas y no trescientas. Y me gusta que alguien dé un golpe en la mesa y diga "basta ya, copón". Sin embargo, hay partes de la teoría que defiende Despentes que no me convencen. No me convence su defensa de la prostitución, que considera un trabajo como otro cualquiera (Virginie es tan punky que asegura que un trabajo normal y corriente es más alienante que prostituirse) obviando que una abrumadora mayoría de las prostitutas no están ahí por elección propia. Pero su defensa de una revolución social que rompa con los tópicos de la buena esposa, la chica sexy, el empotrador y tantos clichés que reducen a las personas a parodias, me encanta.
La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin
"La rueda celeste" comienza con una gran idea. Su protagonista es George, un tipo gris, normal, salvo por un pequeño detalle: sus sueños se convierten en realidad, tanto que cambian el mundo, hasta el pasado. Pero George no controla sus sueños en absoluto:

¿Quién soy yo para entrometerme en cómo funcionan las cosas? Y es mi inconsciente lo que las altera, sin la intervención de un control inteligente. Los sueños son incoherentes, egoístas, irracionales, inmorales (...) Los sueños son atajos. 


Descubrí a Ursula K. Le Guin el año pasado, con "Planos paralelos". La novela comienza cuando se descubre la manera de viajar a otros planos de la realidad, siempre desde aeropuertos, siempre desde las salas de espera. El resto del libro es un compendio de historias de cada uno de esos mundos, mostrando la imaginación de Le Guin y su capacidad para filosofar usando como base la fantasía y la ciencia ficción. El libro me encantó, me encandiló, me dejó picueta perdida. Y en esta crítica de "La rueda celeste" me estoy enrollando tanto hablando de "Planos paralelos" porque "La rueda celeste" me dejó fría. Tiene un punto de partida interesante, sí, pero su desarrollo no está a la altura, y tampoco la descripción del mundo futuro en crisis que George va cambiando con sus sueños, y no siempre para mejor. Se van sucediendo unos mundos y otros y yo me perdí y, lo que es peor, fui perdiendo interés en la historia conforme ésta iba evolucionando.


Las cosas no tienen propósitos, como si el universo fuese una máquina y cada una de sus partes tuviese una función útil. ¿Cuál es la función de la galaxia? No sé si nuestra vida tiene un propósito, y no veo que eso importe. Lo que importa es que somos una parte. Como un hilo en una tela o una brizna de hierba en el campo. 

El diario de Edith, de Patricia Highsmith
Si por un azar de la vida resulta que nunca habéis leído nada de Patricia Highsmith, una cosita os digo: leedla. Ya. Ahora. Hay libros suyos en las bibliotecas, en las librerías, en Iberlibro, en Amazon, en ebook y en el mercado de segunda mano. Vamos, que no tenéis excusa.

"El diario de Edith" es la historia de una derrota. Edith tiene un marido, un adosado, un hijo, un gato, ilusión por fundar un periódico local... sí, es verdad que su hijo se comporta de manera fría y errática, pero Edith confía en que cambiará con los años. Pero los años solo traen malas noticias a Edith que lo aguanta todo con estoicismo, dignidad y un orgullo exagerado que le impide aceptar ayuda. Su única vía de escape es su diario, donde escribe una vida inventada, alejada cada vez más de la realidad.

Edith trabajó tenazmente, con una actitud de estar-tan-sólo-en-lo-que-se-hace más pronunciada que de ordinario. "No pienses, sigue moviéndote" era el consejo que se daba a sí misma con mucha frecuencia y a veces añadía "No le busques sentido", porque si lo hacía, aunque sólo fuese durante medio minuto, se encontraba perdida, separada de su verdadera ancla, que no era Brett, sino una especie de resignación muy firme. Edith no sabía cómo llamarla, pero sí sabía lo que era, conocía la sensación. Era un sentimiento de seguridad, la única seguridad de la que era consciente ahora, o la única que tenía. 

Estaba su diario, por supuesto.

La novela te atrapa desde el principio, transmite una sensación de que algo terrible va a pasar en la página siguiente. Los personajes de Highsmith no son héroes, ni dignos de admiración, no son ni simpáticos. Son débiles, sorprendentes, ambiguos y por eso mismo te atrapan tanto como la propia trama. Vamos, es lo que viene siendo una escritora como la copa de un pino.

Y vosotros, ¿qué habéis leído en este 2018 que os haya encandilado?



martes, 18 de diciembre de 2018

Consejos para el escritor primerizo

Ya está a la venta mi segundo libro. Menuda frase. Parece como si yo fuera una literata veterana o incluso un youtuber de éxito. Y no. Y tampoco es que me haya pasado el último año escribiendo dos mil palabras al día, como Stephen King. Los dos libros que se publican este año, los dos, los escribí hace tiempo y con ellos he descubierto grandes verdades del escritor primerizo, a saber:


Gran Verdad Número 1. Publicar cuesta más que escribir.
La de gente que te dice que el triunfo ya es acabar una novela. Y algo de razón tienen. Hay que encontrar una historia que te interese lo suficiente como para dedicarle unas 200 páginas. Luego debes tener fuerza de voluntad y constancia. Hay gente (yo no) que madruga para escribir antes de irse a trabajar. Otros (yo no) prefieren la noche, escribir antes de irse a dormir. Otros (servidora) usamos los fines de semana y el tiempo "entre proyectos" (también conocido como paro) para escribir. Y así, con un método que podríamos llamar "a trancas y barrancas", por fin consigues terminar la dichosa novela. En ese momento descubres que muchas editoriales ni siquiera leen manuscritos no solicitados, que las pocas que los leen tardan meses en contestar (y a veces ni eso) y que las que aseguran que están encantadas de leer a autores noveles suelen dedicarse a la autoedición (vamos, a que pagues por editar tu libro). Siempre te queda la opción de enviar tu novela a un concurso...

Gran Verdad Número 2. El tiempo en el mundo editorial es lento, muy lento.
En el mundo laboral la respuesta a la pregunta, "¿para cuándo lo quieres?" suele ser "para ayer". En el mundo editorial no. Los concursos exigen en sus bases que no muevas el manuscrito por editoriales, ni lo tengas a la espera de resolución en otro concurso y eso lo piden durante los meses que tardan en fallar el premio. Suma tres mesecitos por aquí y tres meses por allá y te acaba pasando como a mí con "Loser". La primera vez que empecé a enviar la novela aquí y allá los personajes se comunicaban... ¡a través de messenger! Pasó tanto tiempo entre un momento y otro, el mundo editorial tardaba tanto en responder que dio tiempo a que la tecnología avanzara y yo tuviera que revisar el texto para que no pareciera una novela histórica.

Gran Verdad Número 3. Escribir está muy mal pagado.
Por fin, llega el momento. Una editorial se interesa por "Loser" y me envía una propuesta de contrato. Pregunto por ahí y me dicen que, si no eres un autor consagrado o alguien a quien hayan encargado un libro (por ejemplo, a los guionistas se les suele encargar la versión novelada de una serie en la que hayan trabajado), el adelanto no existe. Esto significa que no ves un duro hasta que se vendan los libros. Y, ¿cuánto te llevas de las ventas de ese libro que has escrito tú y solo tú? Pues un 10%. Menos incluso si hablamos de géneros de no ficción como el ensayo.

Gran Verdad Número 4. Más vale contrato en mano que concurso volando.
Dejé pasar esa primera oferta porque soy gilipollas estaba pendiente de la resolución de un concurso y, si lo ganaba o incluso si era finalista, iba a conseguir tanto más dinero como más visibilidad. Pero no gané el concurso, la editorial no volvió a dar señales de vida y yo me hice a la idea de que "Loser" se iba a quedar en el cajón. Para entonces ya llevaba un tiempo pensando en escribir otra novela, de estilo similar a "Loser", realista, con humor... pero cambiando a los adolescentes por adultos.


Gran Verdad Número 5. Ni talento, ni musas, ni leches: cabezonería.
Una novela en el cajón y escribes una segunda, también en tus ratos libres. Te convences a ti misma de que va a ser mejor que la primera porque esa primera en realidad era un borrador, un ensayo, un proceso de aprendizaje... llámalo equis. Y, sin embargo, de vez en cuando sigues enviando la novela a algún concurso, no sea que suene la flauta. Y cuando la flauta suena, suena dos veces en el mismo año. "Loser" gana el premio Cepa y mi segunda novela, que en aquel momento se llamaba "Ruptura antes de Navidad", encuentra editorial.

Gran Verdad Número 6. Tienes faltas gramaticales, shame on you.
Soy leísta. Lo admito públicamente. No lo sabía hasta que "el ganador se lo lleva todo" (actual título de "ruptura antes de Navidad", también conocida como Novela Número 2) pasó por el proceso de corrección y Susana Noeda, la majísima editora de Adeshoras, me mandó las correcciones. Revisar las galeradas, es decir, la versión que va a imprenta, la portada, el dossier de prensa... son las fases previas por las que hay que pasar antes del gran momento: el libro se publica. Ya está todo hecho, ¿no?


Gran Verdad Número 7. Véndete tú.
Pues no. Queda algo que es aún más difícil que escribir, aún más difícil que publicar: vender el libro. Toca organizar presentaciones, insistir a la gente para que vaya, compartirlo en redes sociales... vamos, ponerse en modo venta ambulante. Y por eso, porque estoy en modo venta ambulante, os hago saber que "el ganador se lo lleva todo" se presenta el jueves 20 de diciembre en la librería Sin Tarima de Madrid y "Loser" el viernes 21 en la librería Letras a la Taza en Tudela, mi pueblo. ¡Venirse!

martes, 27 de noviembre de 2018

Yo sé cómo fue la boda de Marta Ortega

Y lo sé porque me invitaron. Marta y yo fuimos muy amigas en una época muy importante de nuestras vidas y como Marta es una persona cercana, muy humana, muy sincera, muy amiga de sus amigos, me invitó a su boda.

Mi amiga es súper sencilla. Mirad ese ramo de flores silvestres, ese pelo peinado/despeinado, ese vestido con bolsillos...

Todo empezó cuando fui dependienta del Bershka, hace unos cuantos años. En mi lista de empleos surrealistas, entre el de profesora de inglés en empresas del polígono industrial de Vallecas y el de vender bisutería made in India a Sara Montiel, estuvo el de doblar camisetas en un Bershka. Música de fondo machacona, clientas pubertosas y luz fluorescente, el entorno ideal. Mis compañeras de turno, todas universitarias, eran una doble licenciada en Lingüística y Lenguas Aplicadas y una futura doctoranda que nunca acababa su tesis sobre la alteración del crecimiento celular por la inhibición de quinona reductasas. Las pausas para fumar un piti en la parte de atrás de la tienda eran charlas sobre el estado de la universidad en España y el poco trabajo que había en el campo de la lingüística. Así que cuando llegó una nueva, una tal Marta, que solo había hecho empresariales, pensé: "una con la que hablar de tontunadas, menos mal". Enseguida hicimos dos grupos, el de las dobles licenciadas hablando de Saussure y el que formábamos Marta y yo hablando de "Prison Break". Luego empecé a sospechar que Marta no era una chica normal y corriente. Llamadme suspicaz, pero entre que se iba tres horas antes de que se acabara su turno porque tenía hípica y que el encargado la llamaba "señorita Ortega" y no "eh, tú"...  Un día, en la pausa del piti, Marta me confesó que era la hija de Amancio Ortega, el dueño de Bershka, Lefties, Massimo Dutti, Oysho, Pull&Bear, Stradivarius, Uterqüe, Zara y Zara Home. Como me lo dijo en riguroso orden alfabético pensé, "ostia, que va a ser verdad".

Marta y yo continuamos en contacto los siguientes años, mientras yo trabajaba en el polígono industrial de Vallecas, ella iba a competiciones de hípica. En mi cumpleaños siempre me felicitaba y me enviaba un regalo, algún jersey de Zara. Que ya podría haberse estirado y regalarme, qué sé  yo, un abrigo de Massimo Dutti, un vestido de noche de Uterqüe... pero nuestra amistad estaba por encima de todo. Por eso sabía que me iba a invitar a su boda.

Total, que ahí estaba yo, en A Coruña, con mi vestido de Zara (en honor al padre de la novia) rodeada de invitados vestidos de Alberta Ferretti, Versace, Botega Venetta... Que me pareció fatal, la verdad, en esa boda hasta las camareras iban más elegantes que yo.


Marta no tiene la culpa de tener amigos guapos y adinerados (Jon Kortajarena, Eugenia Silva, la hija de Bono...). Así que pensé que su boda iba a ser como ella: sencilla, normal. Y la cena consistiría en un pica-pica de croquetas, jamón y canapés de salmón y luego merluza rellena y solomillo con reducción de Pedro Ximénez. Pero no. Un tal Albert Adriá se ocupó de servir tomates con gelatina de su consomé (¿?), mini shitakes en escabeche oriental (¿¿??) y manitas de cerdo a la menta. ¡Manitas de cerdo! ¿Con menta? El club náutico estaba decorado para la ocasión con más flores de las que se usan en el Corpus en Sitges y el encargado, un tal Thierry Boutemy, presentó una minuta de 100.000 euros.

Pero insisto: Marta es muy normal, muy como la gente corriente, por eso su vestido de novia tiene bolsillos, por eso se casa con un señor que lleva moño. Ellos son como tú y como yo. ¿Qué son los millones? Papel. Una abstracción.

Después de la cena llegaron los bailables. Supuse que, con el amor a sus raíces gallegas de Marta en particular, y del clan de los Ortegas en general y la tradición de orquestas que hay en Galicia, veríamos la actuación de Panorama o París de Noia. Pero no. Una vez más, Marta y el chico del moño nos sorprendieron con las actuaciones de Chris Martin (el de Coldplay), Norah Jones y Jamie Cullum, y en lugar de la típica discomóvil, pinchó un dj, un tal Mark Ronson. Vamos, que he estado en ediciones del FIB con peor cartel...

Todo sobrio, sencillo y normal:

Qué hacían estos muchachos, no lo sé muy bien. Solo sé que el primero por la izquierda es la versión joven y delgada de Juan Manuel de Prada y el de en medio la versión joven y mofletuda de Alfredo Urdaci.

Algunos diréis que me he inventado todo esto y que yo no he ido a la boda de mi amiga Marta, que he sacado las fotos del Hola y la información de Google. Y que he resistido la tentación de colgar más fotos del Hola porque era un número flojo. Ah, cómo os equivocáis... nunca hay números flojos en el Hola. No me interesó mucho su sección habitual "qué llevó puesto Letizia esta semana" y menos aún el apartado "qué han hecho los royals ingleses estos días". Pero la sección "ricos enseñando sus casoplones" siempre está a la altura.

Esta vez Carla Rebuelta, emprendedora de familia de ganaderos y madre, sobre todo madre, enseña su cortijo y a su corte de hijos (perdón, el chiste es horrible, lo sé, me estoy fustigando en este momento):

 Ningún trillizo fue lastimado en la producción de este extraordinario reportaje.

Y vosotros, ¿cuál es la boda más apoteósica a la que habéis acudido?, ¿estáis deseando que el dueño de esta casa tan sobria nos la enseñe en el Hola?, ¿habéis cogido alguna vez a tres bebés a la vez sin que aquello haya acabado en tragedia?


lunes, 12 de noviembre de 2018

Querido Brendan Dassey

Estoy enganchada al true crime. Es así. Hubo una época feliz de mi vida en la que desayunaba viendo "crímenes imperfectos". Me los sabía de memoria (uy, el del tipo que alquiló una trituradora de madera para deshacerse del cadáver de su mujer) y hasta llegué a aprender geografía gracias a que en Phoenix (Arizona) y Anchorage (Alaska) asesinan que es un primor. Ahora que ya no emiten "Crímenes imperfectos", me he entregado en cuerpo y alma a los true crime de Netflix. Podría haceros un ranking de los más interesantes (The Staircase, The keepers) a los menos (The investigator: a British crime story), pero os ahorro la turra y voy directamente al asunto de este post, la segunda temporada de "Making a murderer".

Por si sois recién llegados a este vuestro blog (¡hola!, ¡bienvenidos!, poneos cómodos) y, además, no sabéis qué puñetas diantres es "Making a murderer", echad un vistazo aquí.

La primera temporada del true crime acaba con Steven Avery y su sobrino de 16 años Brendan Dassey encarcelados, acusados del asesinato y violación de Teresa Hallbach tras una investigación más que sospechosa llevada a cabo por los mismos policías que acusaron hacía años a Avery de un crimen que no cometió. El estreno del documental provocó reacciones variopintas: por un lado, una marea de peticiones de perdón para Avery y Dassey; por otro, que los abogados de Avery, Buting y Strang, se convirtieron en sex symbols.

Sex symbols. Estos dos.

Pasan los años. Tío y sobrino cambian de abogados, pero siguen luchando por demostrar su inocencia. Y, por supuesto, las directoras del documental, Moira Demos y Laura Ricciardi, lo graban todo.

Un grupo de abogados de un gabinete especializado en defender a menores se está ocupando de Brendan Dassey. Mientras que a la pareja de dudosos sex symbols los sustituye una abogada de campanillas: Kathleen Zellner.

Si algún día me da por matar, que le defienda ella.

Zellner es la abogada que cualquier fan de la serie espera. Cree en la inocencia de Avery, tiene experiencia en exonerar a falsos culpables, le encanta que la entrevisten, es activa en las redes sociales y tiene una biografía de lo más peliculera. Kathleen se hizo conocida defendiendo a un tal Larry Eyler, acusado del asesinato de un adolescente. En el transcurso de su defensa, él confesó unos cuantos crímenes más (nada, poca cosa, 21 muertes más). Zellner se vio obligada a mantener el secreto debido al privilegio abogado-cliente. Eyler murió al poco tiempo y Zellner pudo revelar todo lo que sabía y, desde entonces, se prometió a sí misma que no iba a defender a nadie que fuera culpable. Por supuesto, Hollywood ya está preparando una película con toda esta historia.

Pero Zellner no es el único elemento peliculero de "Making a murderer". La tragedia de Steve y Brendan se ha convertido en un espectáculo. Entre los centenares de cartas que le llegan a Steve se cuela una de una mujer (divorciada, rubia, sexy, más joven que él, residente en Las Vegas) que quiere conocerle. Avery se escribe con ella, empiezan a salir...  (en el sentido figurado, que ellos lo de salir en plan cena y cine, como que no) y ella aprovecha para contar su historia en la televisión y ganar un dinerillo. Steven se entera de todo cuando ve a su prometida en el "diario de Patricia" estadounidense, un programa llamado "doctor Phil". Discuten, rompen, ella dice que él la ha amenazado, él dice que ella solo busca la fama, ella dice que tiene cartas amenazadoras de él pero que las directoras de "Making a murderer" no han querido mostrarlas... y todo esto, claro está, lo dice en televisión.

A lo largo de esta segunda temporada, Zellner investiga y apunta a otros posibles sospechosos (cuyos nombres no os voy a decir porque hacer espoilers enfada al niño Jesús), pero también vemos cómo intentan sobrevivir los miembros del clan Avery: los padres de Steve, vetustísimos y enfermísimos, pero que no piensan morirse hasta ver a su hijo libre; su hermana, además madre de Brendan... todos con un gusto pésimo para vestirse y todos sin seguro dental.

El gabinete que trabaja en el caso de Brendan Dassey presenta un recurso tras otro. Logran que, primero un juez, y luego dos jueces de tres, decreten que el interrogatorio que se le practicó a Brendan (cuando tenía 16 años y un cociente intelectual justito) era ilegal y, por tanto, deben excarcelar a Dassey. Pero las dos veces la fiscalía recurre y las dos veces frena la liberación de Dassey. A día de hoy continúan metidos en un laberinto legal que recuerda a este momento de "las 12 pruebas" de Astérix y Obélix:



Y Brendan, mientras tanto, sigue en prisión. Ya no es un adolescente con acné, sino un señor muy gordo. No parece que le haya escrito ninguna rubia divorciada de Las Vegas y a mí me sigue dando más lástima que el principio de "Up". ¿Qué hago?, ¿le escribo? Tampoco sería la primera vez, no me fue mal en mi experiencia carcelaria anterior, pero tampoco quiero acabar prometida con Brendan, viviendo en una caravana en el condado de Manitowoc y contando mis penas a un supuesto psicólogo con programa en la tele que se hace llamar "doctor Phil".

Y vosotros, ¿qué me aconsejáis?

Por cierto, no olvidéis que "Loser" está a la venta en la web de la editorial Tandaia.

lunes, 15 de octubre de 2018

Bibioteca, mon amour

Me gustan las bibliotecas.

El día que me quedo sin nada en la balda de "libros pendientes", allá que voy. No soy fiel a una sola biblioteca, mantengo una relación abierta y poliamorosa con las que están más cerca de mi casa: Iván de Vargas y Pedro Salinas. Me gusta el acto físico de ir ahí, seleccionar lo que me apetezca leer, coger los libros y ojear la primera página si estoy indecisa. Ni kindle, ni ebooks, ni tablets, yo quiero tocar papel.

Precisamente de la biblioteca Pedro Salinas he sacado tres de los cuatro libros que he leído en el último mes y algo:

Tabú, de Ferdinand Von Schirach


Descubrí a este señor de apellido imposible hace unos años, cuando leí su libro de relatos "Culpa". Después leí "Crímenes". Los dos basados en la experiencia previa de Von Schirach (gracias corta y pega, por facilitarme la vida) como abogado penalista. Los dos narrados con un estilo directo, sin florituras ni zarandajas, se asomaban a lo peor y lo mejor del ser humano y te dejaban con la boca abierta. Me gustaron tanto que también leí la primera novela de Von Schirach, "el caso Collini", con todas las expectativas del mundo y alguna más. Sin ser un mal libro, lo olvidé rápidamente. Era el primer intento novelístico de Ferdinand (su nombre es más fácil de escribir que su apellido), así que cogí con ganas su nueva novela, "Tabú":

Mi hermano y yo pensábamos que podíamos empezar el mundo de nuevo. Pero no hay nada que pueda empezarse de nuevo, nada en absoluto, siempre está todo hecho. Él no pudo convertirse en lo que quería y yo tampoco lo logré.

Esto se lo dice el tío del protagonista a éste último, cuando su padre acaba de suicidarse. Todo el libro es así, un jolgorio, una fiesta, una celebración de la alegría de vivir. Los libros de relatos de Ferdinand también eran muy sombríos pero daba igual, eran emocionantes, creíbles. "Tabú", sin embargo, es una ficción, a la que se le nota la mentira. Se le ven todas las costuras: la estructura está descompensada, la trama criminal forzada, típica de una película de psicópatas de los años 90 y el personaje principal es un tipo tan retorcido que no se ve nada de lo que tanto enganchaba en las otras obras de Von Schirach: que eran de verdad.

Menudas historias de la historia, de Nieves Concostrina

¿Sabíais que el bandolero Luis Candelas era guapo a morir?, ¿o que el dictador Bokassa celebró su propia coronación inspirándose en la de Napoleón, luciendo capa de quince metros de largo y sentándose en un trono de oro?, ¿o que Calígula en realidad se llamaba "Sandalita" porque cáliga era sandalia y Calígula su diminutivo?

Tontunadas históricas varias llenan el libro de Nieves Concostrina, que cuenta con el maravilloso subtítulo "anécdotas, despropósitos, algaradas y mamarrachadas de la humanidad".


Concostrina, además de tener un apellido digno de un tebeo de Ibáñez, tiene montones de libros dedicados a la divulgación histórica, generalmente con un tono ameno y divertido. En "menudas historias" hay, como en botica, de todo, y todo mezclado. El libro se divide en secciones más o menos temáticas: "cuestiones mundanas", "mamarrachadas", "revoltosos". Bajo estos epígrafes se van narrando las anécdotas, siempre cortas y centradas en un detalle concreto y eso, precisamente, es lo que menos me gustó. El libro es entretenidísimo, está escrito con ingenio y coña, es un caramelito para cualquiera que le guste la historia, cierto, pero yo me quedé con ganas de profundizar más en las anécdotas, para poder entender un poco mejor al personaje y su época.

Después de leer "Menudas historias de la historia", se te quedan en la mente algunos datos que pueden ser útiles para jugar al trivial y ganar el quesito amarillo, eso sí.
Confesiones de un chef, de Anthony Bourdain

Hace unos meses hablaba de esos autores a los que acabas cogiendo manía por culpa de sus libros. Pues bien, eso mismo me ha pasado con este señor:


Y mira que me gustan los programas de cocina y los cocineros. Me iría de cañas con Chicote, con Jamie Oliver o con Jordi Roca. Sólo me despierta cierta antipatía Gordon Ramsay, por chulo y sobreactuado, pero Bourdain hace que Ramsay sea la mesura hecha persona.

"Confesiones de un chef" es, a veces, una biografía de Bourdain, otras un compendio de consejos para aficionados a la cocina y otras una colección de anécdotas personales. Va pasando de un tema a otro alegremente. Después de varios capítulos sobre su infancia y juventud, pasar a dar algunos consejos sobre qué material básico tener en la cocina, luego sigue con su experiencia como cocinero.y salta de un restaurante en crisis a otro sin siquiera seguir el orden cronológico. Pero lo peor del libro no es el caos, sino el propio Bourdain, un tipo que se debió car en una marmita de testosterona de crío:

Empezábamos cada turno con una solemne invocación a los primeros momentos de Apocalypse Now, nuestra película favorita. Para emular la secuencia que da título a la película, poníamos el disco (...) y justo antes de que Jim Morrison irrumpiera con las primeras palabras, remojábamos la superficie del fogón con un chorro de brandy y le prendíamos fuego. 

Polvos rápidos sobre sacos de harina, broncas, trazas de cocaína sobre la encimera donde luego se va a cocinar y más, siempre más. Así es la cocina para Bourdain, que dice de dos colegas cocineros:

Cuando están juntos, crean una supernova de sandez, una masa crítica de pésimo comportamiento. Les gusta rememorar aquella época idílica de su vida en California, cuando esnifaban cocaína a través de un macarrón (...) De todas las maneras posibles, dejaron una estela de destrucción y fluidos corporales allá por donde pasaron.

Habla así de un pescado muy rico y muy fresco que se comió una noche:

Fue un chute de proteína en la corteza cerebral, un puro colocón de tres ingredientes comido con las manos.

Todo es un colocón para Bourdain. Se define a sí mismo y a sus camaradas como "piratas", "canallas", "matones borrachos", "fulanas", "drogatas maníacos", "psicópatas". Y yo que pensaba que la gente así acababa trabajando como sicario para la mafia... Pero no, acaban convertidos en chefs.

El señor de las muñecas, de Joyce Carol Oates

No me gustaban las muñecas rusas, me daban un poco de asco. Pensaba en cómo lleva una mujer un niño dentro de ella y en lo terrorífico que sería que ese niño llevara a otro niño dentro. 


En un lugar intermedio entre Shirley Jackson y Stephen King está ella: Joyce Carol Oates. En "El señor de las muñecas" cuenta historias de terror cotidiano, de situaciones que, con un poco de mala suerte, podría vivir cualquiera. La historia de una mujer enferma y paranoica que empieza a sospechar que su marido no sólo le es infiel sino que está planeando deshacerse de ella. La historia de una adolescente rebelde y solitaria que encuentra en la extraña familia de una compañera de clase el refugio que necesita.

Oates se las apaña para dar la información justa cuando es necesario, suministra la intriga con cuentagotas. Como Jackson, sabe muy bien cómo guiarte por la historia, repitiendo un patrón que funciona a las mil maravillas: primero empatizas con el protagonista del cuento y luego vas notando que quizá, detrás de ese niño sensible obsesionado con coleccionar muñecas, hay algo más, o que el pobre hombre que disparó a un chico negro sin querer, en defensa propia, quizá quería matar. Y, para cuando te quieres dar cuenta, estás empatizando con un asesino:

Y cuando Irma me pregunta en qué pienso cuando me quedo callado, qué siento, eso que hacen las mujeres que es como pellizcar una costra para ver si se desprende y de debajo rezuma sangre y luego se disgustan y se asquean de lo que ven, me quedo muy callado tratando de no parecer enfadado porque esta persona quiera entrometerse en mi vida, meterse debajo de mi piel cuando lo único que tengo que me proteja es mi piel.

Last but not least, ya hay fecha para la presentación de "Loser". Será el día 30 de octubre a las 20:00 horas en la librería Centro de Arte Moderno, en la calle Galileo 52 de Madrid. Como dijo la gran Lola Flores: "¡si me queréis, venirsen!", ¿o no fue así?

Y vosotros, ¿sois de ir a las bibliotecas o la última vez que pisasteis una fue cuando teníais los exámenes de Selectividad?, ¿conocíais alguno de estos libros?, ¿os veo el día 30?