martes, 17 de julio de 2018

Estrellas del rock en casa de Groucho Marx

1975. Los Queen pasan el rato y, en lugar de hacer lo que se esperaría de una banda de rock (drogarse, romper cosas, acabar detenidos por la policía), deciden ver un clásico: "Una noche en la ópera", de los hermanos Marx. Apenas llevan unos minutos de película cuando caen en la cuenta de que "Una noche en la ópera" es un título perfecto para el álbum en el que están trabajando. Uno muy modesto, con una canción que probablemente no os sonará de nada: "Bohemian rhapsody", que sólo vendió tres millones de copias en todo el mundo.

Normal que decidieran llamar a su siguiente álbum como otra película de los Hermanos Marx, "Un día en las carreras". Funcionó, porque consiguieron el disco de oro... y que Groucho Marx les mandara una carta felicitándoles e invitándoles a su casa. Y allá que fueron todos (excepto John Deacon, que le surgió un imprevisto).


Almorzaron juntos y Groucho les dijo que, ya que se dedicaban a eso de cantar, pues que se cantaran algo. Hubiera sido precioso que éste fuera el comienzo de una bonita amistad, pero la cosa quedó ahí. El hueco que Groucho Marx tenía reservado para estrellas del rock melenudas ya lo llenaba otro... Alice Cooper.

 Groucho Marx y Alice Cooper tomando un té.

 Por si vuestra cultura musical se reduce al flamenquito random de los talents de la tele, os diré que Alice Cooper no es una mujer, sino un señor de dentadura regulera y pelo algo fosco que en realidad se llama Vincent Damon Furnier y en los 70 la liaba pardísima en sus conciertos de glam rock: disfraces, performances, una silla eléctrica por aquí, una guillotina por allá, un lanzo una gallina viva al público, ahora decapito un maniquí, efectos especiales y trucos de magia coordinados por un tal James Randi... Cooper era el más moderno del momento, tocó junto a Bowie, junto a Elton John. Y sus espectáculos, tan teatrales, tan alocados, encantaban a Marx.

 Groucho Marx y Alice Cooper tomando una cerveza.

¿Y de qué se conocían estos dos? Pues eran vecinos en Beverly Hills. Quizá se conocieron cuando uno se quedó sin huevos y fue a pedirlos al vecino de al lado. O, en plan más americano, el uno  llevó una tarta de manzana al otro cuando se mudó. No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que se hicieron amigos por culpa del insomnio que Groucho padecía. Cuando daban las tantas de la madrugada y no conseguía dormir, llamaba a Cooper, los dos se iban de paseo por "la urba" y a veces hasta veían películas antiguas juntos hasta que a Groucho le entraba el sueño y empezaba a cabecear. Entonces Cooper le quitaba la boina y el puro, le ponía una mantita en las rodillas, apagaba las luces y se volvía a su casa.

Una amistad tan rara como adorable.

 Alice Cooper y Groucho Marx andando.

Marx llevó a sus colegas a los conciertos de Cooper. Imaginad la escena: la gallina viva por ahí volando, la guillotina, Alice Cooper en mallas y más maquillado que Kylie Jenner... y en la zona VIP observándolo todo: Mae West, Fred Astaire, Jack Benny...

Pero Alice Cooper no era el amigo más improbable de Groucho Marx, qué va. Ese era T.S. Eliot. Sí, el poeta. Se escribieron cartas durante años hasta que lograron conocerse en persona en 1964. Todo empezó cuando Eliot, cual fan normal y corriente, pidió a Marx una foto dedicada. Él se la envió y le pidió otra a cambio, y cuando la recibió Groucho dijo: "No tenía la menor idea de que fuese usted tan atractivo. El hecho de que no le hayan ofrecido el papel de protagonista en alguna película sexy sólo puedo atribuirlo a la estupidez de los directores de reparto".

No sé si podríamos considerar a Eliot como atractivo, pero intenso... intenso lo era un rato largo:

¿Cuáles son las raíces que agarran, qué ramas crecen
en esta basura pétrea?
Hijo del hombre,
no puedes saberlo ni imaginarlo, pues conoces solo
un montón de imágenes rotas

En una biografía que escribió un buen amigo de Eliot, le describía así: "a menudo se acurrucaba en el alféizar de la ventana detrás de un enorme libro, refugiándose en la droga de los sueños contra el dolor de vivir". Pero ejercer de profundo 24 horas días, siete días a la semana, tiene que ser agotador. Y Eliot se echó sus buenas risas con Marx quien, por su parte, era un gran lector y lamentaba no haberse dedicado profesionalmente a la literatura. Cuando T.S. Eliot murió en 1965, fue Groucho Marx quien dijo unas palabras. Con todo su toto, se marcó este monólogo en el funeral de un premio Nobel, repletito de intelectuales intensos:


Sí, está en inglés, toca darle al botoncito de los subtítulos.
Last, but not least, os anuncio que algún día de septiembre (el que la editorial, la imprenta y los hados decidan) se publicará mi primera novela, chispas. Ganó el premio Tandaia a mejor novela juvenil y amenazo con estar dando la brasa con el asunto de ahora a septiembre. Así que rezad porque la lancen el día 1 y no el 30. 

miércoles, 4 de julio de 2018

Dramas del primer mundo: las piscinas llenas

Qué disgusto.

Voy a la piscina, más cargada que si fuera a pasar un fin de semana en algún destino de Ryanair (las chanclas, las gafas de sol, la toalla, un libro, la crema solar, las gafas de bucear...) y me encuentro con que han cerrado la mitad del recinto por obras.

La piscina: expectativa vs realidad.

Toda la marea humana: preadolescentes que se tiran en bomba, jubilados, familias al completo que se han traído tuppers para comer... todos apelotonados en la mitad del espacio habitual.

Busco entre la gente al rey de la piscina de Lago: el señor Marrón. Pero nada. No está, se fue, se escapa de mi vida. ¿Qué habrá sido de él?, ¿habrá huido a otra piscina donde tenga más hueco?, ¿o por fin habrá ido al médico y le ha recetado seis meses de inclusión en una casa oscura, sin ver un rayo de sol, como los niños de "Los otros"?

La verdad, no creo que el señor Marrón esté bajo ningún tratamiento. Porque él no lo necesita, él no es de este mundo. Él es el primer mutante. Bajo su apariencia de jubilado con tanorexia se esconde un Sansón cuya fuerza está en la luz del sol. Es como un panel solar andante. Su kriptonita es la noche, el frío... Cuando llegue el cambio climático y Madrid sea el nuevo Arizona y Arizona el nuevo Sáhara y haya que inventar una palabra para el Sáhara porque será algo inimaginablemente seco e inhóspito... entonces, el mundo pertenecerá a los señores Marrones.
 
Imaginad una versión de Mad Max. Una distopía de un mundo desértico pero, en lugar de luchar  por la gasolina que escasea, se lucha por la crema solar factor 50. La mayoría de la población vive encerrada en sus casas, con el aire acondicionado a tope y las persianas bajadas. Sólo unos pocos valientes salen fuera. Entre ellos... él, nuestro héroe, el señor Marrón.


Yo esta distopía sí la vería. Es la mezcla perfecta entre Mad Max, X-men y la señora con tanorexia de "Algo pasa con Mary".

Estaba yo pensando estas tontunadas y haciendo una lista mental de piscinas más o menos céntricas a donde ir cuando oigo la conversación de dos chavales tumbados al lado. Es lo bueno de que la piscina esté llena, que puedes espiar escuchar a los demás sin llamar la atención. Al principio, los dos chavales tienen una conversación piscinera normal y corriente:

- No te habrás traido cartas, y jugamos al Uno Splash.
- Pues no, ¿qué es eso del Splash?
- Las cartas plastificadas, y así no se mojan.

Luego pasan a repasar temas banales varios, de esos que rellenan los telediarios en verano:

- Ayer escuché la noticia de que también te quemas en la sombra, pero yo no me lo creo.
- Eso por qué será, ¿que el sol rebota?
Y aquí uno de los muchacho se pone filosófico:
- Lo malo rebota por todos lados, lo bueno nunca.

- Han sacado Nocilla sin aceite de palma, sabe fatal. 

Con toda naturalidad, pasan de los temas veraniegos de relleno a ideas de negocio. Que si cuántas cosas llevan aceite de palma, que si los veganos tienen que fijarse en los ingredientes de todo no vaya a ser que tengan origen animal y de ahí...:

- ¿Dónde miras los ingredientes de la cocaína?
- Yo el otro día lo pensé: Coca Eco. Nos forramos, ¿eh?

- Ahí hay una tomando el sol con bañador entero. Se le van a quedar marcas.
- ¿Han inventado el bañador que lo traspase el sol? Que el cáncer lo traspase. 

El filósofo (no sé si el muchacho delgado con barba de bañador azul o el muchacho fuertecito medio rubio y con bañador a rayas, porque yo estaba en plan discreta y no les miraba) insiste con sus perlas de sabiduría:

- Los amigos ricos no hay que perderlos nunca.
Pero lo mejor de todo aún estaba por llegar. No sé si lo dijo el que no paraba de tener ideas de negocio o el que iba de filósofo, pero uno de los dos tuvo un sueño:

-  Anoche soñé de todo, había persecuciones, helicópteros... y yo tenía un carné de Ciudadanos que me daba super poderes, lo sacaba y paraba el tiempo.

De ahí pasaron a hablar de la playa que Carmena quiere poner en Colón y de ahí a que en Colón lo que deberían hacer es quitar esa bandera tan grande, ¿qué bandera?, preguntó Filósofo o Emprendedor. No me digas que no la has visto, si es enorme... respondió el otro. Yo debería haberme girado, haberles dicho que se dejaran de chorradas y que me contaran más detalles del sueño o de cómo iban a comercializar la Coca Eco. Pero no lo hice.

Y vosotros, ¿cuándo fue la última vez que espiasteis escuchasteis una conversación ajena?, ¿qué creéis que le habrá pasado al señor Marrón? Y a vosotros, chico con bañador a rayas y chico con bañador azul, gracias por hacerme entretenida la mañana en una piscina a reventar de gente. 

martes, 19 de junio de 2018

Dejarse un libro a medias no es tan malo

Todo lector tiene sus hábitos y manías. Los hay que miman sus libros (ni un subrayado, ni una esquinita doblada); otros dicen que les gustan los libros "vividos" y subrayan, marcan, apuntan pensamientos, comentarios y lo que surja; los hay que no prestan un libro jamás y los hay que tenemos una lista negra mental porque los libros se devuelven siempre (¿eh, Rebeca? Que no me he olvidado de "Un niño grande"). Todos tenemos nuestras manías y, en mi caso, si hay algo que me dé rabia (más incluso que que no me devuelvan un libro) es dejarme un libro a medias. Pero lo he hecho. ¿Con cuál? Ah, tendréis que seguir leyendo para averiguarlo.

Apegos feroces, de Vivian Gornick
Gremio de Libreros de Madrid... me temo que no tenemos el mismo criterio. Ya me decepcionó "Intemperie" de Jesús Carrasco hace unos años. Es un libro repleto de descripciones de campo agreste:  que si la hojarasca, que si el frío, que si las rocas, que si por favor que alguien diga algo en este libro que me aburro, ¿es que los personajes son mudos? Pues bien, "Intemperie" recibió el premio del Gremio de Libreros 2013. El premio del Gremio de Libreros 2017 lo consiguió "Apegos feroces":

Al menos no hay descripciones de tortuosos campos secos, más que nada porque está ambientado en Nueva York. La historia de Gornick es un repaso de sus recuerdos, marcados por la relación con su madre. En ningún momento me enganchó, quizá por la falta de un hilo, una trama principal más allá de "estos son mi recuerdos, ahí van" o quizá por el estilo al escribir de Gornick:

Veo la imperiosa cualidad del propósito de Nolde, la concienzuda paciencia con la que las flores lo mantienen absorto, la clara y concentración del artista en el sujeto. La veo. Y pienso: es la concentración la que otorga intensidad a la obra. El espacio que hay en mi interior aumenta de tamaño. Ese rectángulo de luz y aire que hay en mi interior, donde el pensamiento se esclarece, el lenguaje brota y la respuesta se vuelve inteligente, ese famoso espacio rodeado de soledad, ansiedad y autocompasión se abre de par en par mientras contemplo las flores de Nolde.

Vivian, hija, qué redicha eres. Pero este libro me lo leí enterito. Eso sí, la próxima vez que lea en la faja de una portada "premio del Gremio de Libreros de Madrid", huiré, les voy a considerar mi termómetro lector.

Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas


Este libro me lo regalaron por razones obvias: el gato de la portada es idéntico a mi Simón. Si no fuera porque mi gato sólo sale de casa para subir al quinto piso, curiosear durante diez minutos y luego bajar otra vez corriendo a casa, diría que es él.

Los dueños de gatos, como los dueños de perros o los aficionados al crossfit, podemos estar horas hablando de nuestro amor. Díaz-Mas ha tomado toda esa pasión gatuna y ha escrito un libro con ella. Cuenta algunas cosas interesantes, incluso emocionantes (como lo difícil que es acostumbrarse a la falta de tu mascota cuando muere), pero sin ninguna trama que sirva de armazón a toda esa sapiencia felina. El libro es muy corto, 120 páginas, y está bien escrito, pero se queda en una suma de anécdotas que sólo los cat lovers apreciamos. Y también me lo leí entero.

El zoo de papel, de Ken Liu


"El zoo de papel" es un compendio de quince relatos del autor de ciencia ficción y fantasía Ken Liu. Cuando llevaba siete relatos me planteé seriamente dejar el libro, pero entonces leo en la contraportada (otra manía: nunca leo las contraportadas, prefiero saber lo menos posible) que un crítico, que ni sé quién es, recomienda muy mucho el cuento que da título al libro y resulta que es el relato número ocho, el siguiente, así que me lo leo. El crítico tiene toda la razón, "el zoo de papel" es precioso, delicado y adorable como una figurita de origami. Así que sigo leyendo... y decido dejar el libro en el relato número nueve.

Liu tiene ideas muy interesantes que desarrolla como si fueran la sinopsis de una película: sin profundizar en los personajes, tirando de alguna frase hecha aquí y allá ("déjenlo marchar, en realidad es a mí a quien quieren"), de tópicos (que si la bella prostituta, que si la policía obsesionada por la muerte de su hija...) y de momentos supuestamente poéticos que me suenan falsos:

Cuando está desnuda y sola con sus recuerdos, desamparada ante la ráfaga de odio al rojo vivo (¿contra aquel hombre?, ¿contra ella misma?) y furia helada, en ese negro abismo sin fondo que es el castigo que debe sufrir.

A estas alturas pensaréis que llevo una racha terrorífica de lecturas en el cercanías. Pero no es así, porque también he leído un libro tan bueno, pero tan tan tan tan bueno, que podría leer los ganadores de todas las ediciones de los premios del Gremio de Libreros de Madrid el resto del año:

Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver
  
Pero al mirar atrás, no puedo menos que reconocer que cuando más intenso era el amor que despertaba en mí nuestro hijo, era cuando no lo tenía delante.


Una madre reflexiona y recuerda: cómo decidió junto a su marido que serían padres, cómo fue el embarazo, cómo enfrentó la depresión posparto posterior, cómo empezó a notar que algo extraño que pasaba a su hijo Kevin... hasta que Kevin cumple dieciséis años y mata a sangre fría a varios compañeros de clase y una profesora. Todo trufado (¿trufado?, ¿he dicho trufado? Soy más redicha que Vivian Gornick) de reflexiones sobre las relaciones madre-hijo, la naturaleza de Kevin, los límites del bien y el mal e incluso la política americana. Es un libro tan profundo, tan estremecedor, que lo mejor es que leamos a Shriver:

Aunque la doctora Rhinestein me brindó lo de la despresión posparto como si se tratara de un regalo, convencida, al parecer, de que el mero hecho de que te digan que eres una desgraciada ha de animarte, yo no pago a los profesionales para que me vengan con obviedades, con simples descripciones. Aquello, más que un diagnóstico, era una mera tautología: me sentía deprimida después de nacer Kevin porque su nacimiento me había deprimido. ¡Gracias por tan brillante explicación!

Cuando le ocultábamos a Kevin nuestros misterios adultos porque era un niño, ¿acaso no le estábamos prometiendo implícitamente que llegaría un día en el que se descorrería la cortina para revelarle... qué? Pero lo único que no se había imaginado nunca Kevin era que no estuviéramos escondiéndole nada. Es decir, que al otro lado de nuestras estúpidas reglas no hubiera nada, absolutamente nada.

...Me dijo que yo tal vez lo pasara peor que cualquiera de los otros padres. Rechacé esa idea. "No sería justo", le dije. "Después de todo, aún tengo a mi hijo." Y entonces dijo algo que me impresionó profundamente: "¿De verdad?" ¿De verdad lo tienes?" No contesté, pero le agradecí su amabilidad.


Y vosotros, ¿cuáles son vuestras manías lectoras?, ¿prestáis libros alegremente?, ¿sois capaces de dejar un libro a medias sin cargo de conciencia?

lunes, 4 de junio de 2018

Ocho horas con Mariano

Después de cerrar la puerta, tras la última visita, Mariano recuesta levemente la nuca en la pared de la Moncloa hasta notar el contacto frío de su superficie y parpadea varias veces como deslumbrado. Siente la mano derecha dolorida y los labios tumefactos de tanto besar a los compañeros de partido. Y como no encuentra mejor cosa que decir repite lo mismo que lleva diciendo desde la mañana: "Aún me parece mentira, Viri, fíjate; me es imposible hacerme a la idea".

Es posible que este párrafo os suene ligeramente. Como cuando ves a un vecino de tu bloque en tus vacaciones en México y piensas: ¿éste quién es? En este caso, la cara que te suena aunque no sabes de qué es el comienzo de "Cinco horas con Mario". Pero podría ser el comienzo de la historia de la peor semana de Mariano Rajoy.

La semana empieza súper bien, con Mariano contento porque se habían aprobado los presupuestos del Estado y, además, lo mejor de todo, en unos días es la final de la Champions. Sabe que en breve sale la sentencia de un caso de corrupción, no se acuerda de cuál, porque él ya tiene una edad y a veces le dan lapsus y cualquiera lleva la lista de todos los casos de corrupción en los que está implicado el partido. Así que se va a la cama tan contento.

Al día siguiente, 24 de mayo, se conoce la sentencia de la Gürtel: Correa, 51 años; Bárcenas, 33 años; Pablo Crespo, 37 años y así todo. 25 de mayo, Pedro Sánchez anuncia que presentará una moción de censura. Unidos Podemos enseguida dice que apoyarán la moción, pero con eso no alcanza. Rajoy hace un sacrificio por España y decide cancelar su viaje a la final de la Champions. El PSOE negocia con los otros partidos que necesita para que la moción prospere. Que si los nacionalistas catalanes, que si el PNV... La prima de riesgo se dispara. En el PP dicen: ¿veis lo que pasa cuando amenazáis la estabilidad? Con lo duros de roer que han sido los del PNV, que le han sacado una cantidad loquísima de millones para darle su apoyo en los presupuestos, ahora no rechazarán esos millones por juntarse con un montón de partidos que sólo tienen en común las ganas de echarle. Así que Rajoy duerme tranquilo.

Pero el día 31 de mayo, en el debate de la moción de censura, Sánchez dice que respetará los presupuestos. La prima de riesgo, con mucho sentido del espectáculo, va y se estabiliza. Se desatan los rumores que aseguran que el PNV votará a favor de la moción de censura. El debate continúa esa tarde y Rajoy se ausenta. En el lugar donde él debería estar sentado queda un bolso, el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Dónde está Rajoy?


Los usuarios de twitter siempre dándolo todo cuando toca.

Pues Rajoy está en un bar.

Sí, en un bar. Se atrinchera ahí un ratito. Ocho horas, en un bar-restaurante bueno, ojo, al lado de la Puerta de Alcalá. Se llama Arahy y tiene unas críticas en Trip Advisor que son canela en rama. ¿Qué hizo Mariano en esas ocho horas? Se me ocurren varias opciones.

La costumbrista. Mariano organiza movidas. Como quién se ocupará de la mudanza de la Moncloa, que se acumulan muchas cosas durante seis años y hay que decidir qué te llevas, qué tiras, qué dejas al próximo inquilino. Comunicar a los niños que se mudan, cambiar el nombre del titular de las facturas del teléfono, el gas y la electricidad. Francamente, no sé cómo le dio tiempo a organizarlo todo en solo ocho horas.

La de comedia romántica. Como un españolito cualquiera que se entera de que le despiden de un día para otro, la emoción embarga a Mariano, que se despide de sus compañeros, dedicándoles un discurso a todos y cada uno (ocho horas dan para mucho). Imagino a Mariano, que ya va por el tercer pacharán, diciéndole a Dolores de Cospedal: "Dolores, eres muy guapa y mucho guapa, no te lo había dicho hasta ahora porque trabajamos juntos y estás casada y eres más joven que yo y yo también estoy casado... pero... Dolores, que me gustas mucho". Como en "Love actually", pero en plan cañí.

La épica. Mariano, rodeado por sus secuaces, planea su venganza. El héroe, el renacido, aquel que han dado por muerto varias veces y que, sin embargo, siempre vuelve, el Jon Snow del PSOE... le ha vencido. Y ese héroe, además, está bueno. Por tanto, es el galán. Y a Mariano le queda otro papel muy jugoso: el del villano. Planea un regreso a lo grande haciendo algo desproporcionado y espectacular, de villano de película de James Bond: ¿conquistar Gibraltar al mando de la Legión?, ¿secuestrar a los cinco diputados de PNV y sustituirlos por androides? Se tiran ocho horas debatiéndolo.


La de drama intimista. Mariano tiene una bajona que ni cuando el Real Madrid pierde. No entiende qué es lo que ha podido fallar. Siempre que se ha enfrentado a problemas los ha capeado con serenidad zen, respirando hondo y no haciendo nada de nada. Y siempre le había funcionado. Hasta ahora, claro. Está en plena crisis existencial. Mariano, como Carmen Sotillos en "Cinco horas con Mario", reflexiona sobre su mandato en forma de soliloquio que a lo mejor podría haberse acortado un poco (ocho horas son muchas horas). Sus ministros van pasando por el restaurante o llaman a Mariano, quizá para consolarle, quizá para parar ese soliloquio eterno. Le dicen lo típico: todo esto también pasará, mira el lado bueno, ahora tendrás más tiempo para ver el fútbol o para andar fuertecito...

La realista. Entre whisky y whisky, Mariano manda destruir documentación que podría implicarle en aún más casos de corrupción. En el Carrefour venden unos paquetes de cuarenta bolsas de basura, con capacidad para 30 litros cada una, ideales. Comprad todos los paquetes que podáis. Y pagad al contado, luego lleváis el recibo al tesorero. Ay, calla, que al tesorero lo tenemos en la cárcel...

Pobre Mariano. Menuda semana. El resto ya lo sabéis: se produjo la votación, los números bastaron y Mariano Rajoy ya no es presidente. Solo una persona ha tenido una semana peor que Mariano Rajoy: Vicente. Para los que no hayáis seguido ni Operación Triunfo, ni las redes sociales, ni estéis rodeados por fans de OT, os cuento: Vicente, era novio de Aitana (una de las favoritas de OT) y ha visto cómo su novia le ha dejado por otro chico del concurso (un tal Cepeda que aspira a ser el nuevo Antonio Orozco), Vicente se ha presentado al casting de la próxima edición de OT y no lo ha pasado. Pobre Vicente. Es un crío, su novia le deja por un aspirante a flamenquito coñazo, ella no para de triunfar y acaparar portadas, así que se encuentra con la cara de la moza everywhere y cuando quiere "perseguir su sueño" (que es lo que hacen todos los que se presentan a programas de talentos "perseguir su sueño" porque "la música es su vida") resulta que no le seleccionan. Estoy contigo, Vicente. Todos somos Vicente.

Y vosotros, ¿habéis estado alguna vez en el Arahy?, ¿qué creéis que hizo Mariano en esas ocho horas?, ¿quién tuvo peor semana: Vicente o Mariano?

lunes, 21 de mayo de 2018

La boda de Quique y Marga

Hay gente que colecciona postales, a unos les da por las monedas y a otros por las muñecas reborn. Lo más parecido a una colección que tiene una servidora son unos cuantos ejemplares históricos del Hola. Históricos como la boda de Feli y Leti, el Oscar de Pé o una de las múltiples veces que Nati Abascal ha enseñado su casa:

Esto va a valer una pasta en ebay en el año 2050.

En esta ocasión me he ahorrado los eurillos del Hola porque la boda de Quique y Marga (también conocidos como Harry y Meghan) ha resultado ser una royal wedding de chichinabo. Si no acuden Carolina de Mónaco o el bello Carlos Felipe, eso no es royal wedding. Asumo que no había royals de los de verdad, de esos que sacan a pasear medallas y tiaras de brillantes, por algún tema de protocolo, que sólo van a las bodas de los herederos. Tiene su lógica, los plebeyos vamos a las bodas de amigos y familiares, pero los Windsor, Habsburgo, Orange, Borbón... son todos familia entre sí y ya sabemos  el gasto (y la pereza) que conlleva ir a una boda. Hay que seleccionar. Y ya que Quique ha querido casarse con una actriz, han optado por invitar a celebrities, así al buen tun tún.

Tom no quería estar ahí

Entiendo que se invite a los compañeros de reparto de la serie de Meghan Markle. Pero... ¿Tom Hardy?, ¿George Clooney?, ¿Idris Elba? Tele5 y Antena 3 llevan un mes programando las tv movies que Meghan ha protagonizado durante su carrera y en ninguna ha coincidido con Clooney. Estamos hablando de tv movies canadienses, en las que ni tan siquiera aparecen actores de "Sensación de vivir" buscando pagar la letra de su mansión en Malibú. Únicamente las tv movies alemanas son peores que las canadienses. Meghan no sólo no ha coincidido trabajando con George, Idris o Tom... es que no les ha visto en su vida. Bueno, hasta el sábado cuando se casó.

Mi apuesta es que alguien de la servidumbre de los Windsor se ha encargado de confeccionar la lista de invitados y ha elegido a sus actores favoritos. Y no digo esto así porque sí. No. Si ya tienen a un contador del censo de cisnes reales, con uniforme y todo, así que... ¿por qué no iban a tener en nómina a un hacedor de listas de invitados?

Además, los actores ingleses adoran a su monarquía. Normal, los royals son un género en sí mismo, como las películas de tacitas de té. Si Tom Hiddleston, Terence Stamp o Michelle Dockery se proclamaran republicanos se les cerraría las puertas del proceso de casting de todas esas películas tan trepidantes sobre reyes ingleses: aquel que era tartaja, el que abdicó para casarse con una divorciada americana y todas esas sobre Enrique VIII, que no paró de matar esposas no por gusto, sino para dar trabajo a la BBC. Y, entre todos los royals, es Harry el más popular (excepto para Natalie Dormer, que elige como royal favorito al príncipe George porque "he's so cute"). Así que es normal que el enlace de Quique y Marga mezclara a gente con nombres tan rimbombantes como Lady Edwina Louise Grosvenor con otros como Tom Hardy, con pinta de haberse peleado la noche anterior con todos los parroquianos de un pub.

Victoria tampoco quería estar ahí.

Lo que no entiendo es la presencia de las ex novias de Harry en su boda. No una que fue su novia cuando eran adolescentes, en una época en la que se confunden amor y amistad, han pasado los años y ahora son amigos y casi hermanos. No. Dos ex novias. Dos rubias de familia noble con las que salió durante varios años cuando ya era un hombretón y, como todos los Windsor, se estaba quedando cartón. Esto demuestra mi teoría de que la high society no es como nosotros, los ordinarios plebeyos que nos dejamos arrastrar por nuestras pasiones barriobajeras y no consentimos compartir espacio con un ex... No. Ellos se lo toman con diplomacia, a lo alta comedia de Lubitsch.

Yo, que soy plebeya y además rencorosa, jamás invitaría a un ex. Y habría invitado a la familia paterna de Meghan, a ese padre que vendió una exclusiva a la prensa horas antes del enlace y que por eso mismo acabó por no acudir y, por supuesto, a sus dos hermanastros. Una aconsejó a su padre que concediera esa exclusiva y el otro escribió una carta a Harry aconsejándole que "aún estaba a tiempo de no casarse con Meghan". Una buena ración de mal rollo familiar es necesaria en toda boda y garantiza menos caras de aburrimiento.

Pero es que ni Elizabeth quería estar ahí.

Y vosotros, ¿invitaríais a los/as ex a vuestra boda?, ¿por qué estaban tan aburridos los invitados, abuela del novio incluída?, ¿con quién se peleó Tom Hardy la noche anterior?, ¿quién es más bello, el bello Carlos Felipe o el bello David Beckham?

lunes, 7 de mayo de 2018

¿Qué tienen en común Ana Obregón y Jennifer López?

Todo vuelve, todo se adapta, todo se mezcla. Se va a estrenar un remake de "Mary Poppins" y otro de "Ha nacido una estrella", hay precuelas, cuelas y postcuelas de la saga de "la guerra de las galaxias" y el trap, esa fusión de reggaetón, electrolatino y rap lo peta entre los menores de 25. Pero, ¿cuánto se puede mezclar?, ¿qué diferencia la fusión del revoltillo?

Pongamos que me da por fusionar bollywood con música disco y la estética setentera de los zooms de Valerio Lazarov. ¿Pensáis que semejante pastiche no puede existir? Error. Existe. Ya hablé de Jimmy Ajaa, una canción clásica de Bollywood, aquí. Y una cosa os digo, "Jimmy Ajaa" no es tan loco como os creéis. Aún se puede fusionar más:


¿Está cantando en ruso? Sí, está cantando en ruso.

Resulta que la película en la que aparece la canción: "Disco dancer", es un hit en Oriente. Vamos que es subirte en el transiberiano en Moscú y todo el mundo canturrea eso de "jimmy-jimmy-jimmy, ajaa-ajaa-ajaa" hasta que te bajas en Ulan Bator.

¿Y hay algo todavía más disparatado que la versión rusa de "Jimmy"'? Pues sí, hayla. Se llama "el anillo", la canta Jennifer López y es el pastiche más grande que han visto estos ojos en mucho tiempo. No veía despropósito más grande desde el "Loba" de Shakira. JLo está a dos mallas de strass de convertirse en la Ana Obregón de los Estates, sólo le falta pasearse en minifalda por las alfombras rojas mientras dice "sexy, sexy, sexy", como Yolanda Ramos en "Homozapping".



Analicemos esta obra cumbre del batiburrillo como se merece:

0:06, se abre plano y vemos un castillo de cuento con su lago y sus montañas, ¿sacado de una nueva versión de Blancanieves?, ¿de la nueva temporada de "Juego de tronos?, ¿es el castillo de Neuschwanstein?
0:09, primera aparición de JLo, cual reinona de cuento, con capa, corona y bien de gomina para sujetar una cola de caballo larga como un día sin pan. Contemos cuántos outfits lleva.
0:14, primera aparición de Miguel Ángel Silvestre en torso. Torse desnudo, claro, que no se contrata a MAS en un videoclip sabrosón para que pasee el torso tapado.
0:21, segundo outfit de JLo, ahora de reina ¿bizantina? Si en Bizancio hubieran vivido Dolce&Gabbana.
0:24, segunda aparición del torso de MAS (aka Miguel Ángel Silvestre).
0:40, tercer outfit de JLo, con una especie de cota de malla dorada que no serviría para protegerse de ningún ataque porque tiene demasiadas aberturas en lugares sensibles.
1:03, cuarto outfit de JLo, consistente en un body negro con transparencias de la Perla (por ejemplo).
1:05, MAS y su torso, once more.
1:07, quinto outfit de JLo, ahora de diosa hindú. Diosa hindú sexy, por supuesto.
1:23, momento baile y sexto outfit de JLo, con body con piedrecitas de strass en lugares estratégicos.
1:55, "que así somos las del Bronx", dice la letra de la canción. ¿El Bronx?, ¿qué pinta el Bronx en este castillo de cuento barroco/bizantino/hindú?
2:09, ¡Diantres! MAS... ¡vestido!
2:25, MAS vestido de soldado con capa lucha con una guerrera africana. ¿Por qué? Ay, yo qué sé.
2:34, MAS se pelea ahora con una guerrera ¿vikinga?, llueve y la pelea es a cámara lenta, a lo "300" (otra obra cumbre del horterismo).
2:40, nuevo outfit de JLo, ahora de reina de las nieves, con el pelo teñido de blanco, traje de lentejuelas plateadas y botas altas.
2:55, "cuando muevo mi cuerpo el tuyo se alborota", canta JLo y, en un movimiento sutil y elegante, mueve sus caderas arriba y abajo.
3:04, otro outfit de JLo (y van...) pelo suelto con extensiones a lo Rapunzel más lentejuelas de vedette en Las Vegas.
3:12, el torso de MAS en todo su esplendor (y van...).
3:27, MAS y su torso remojándose mientras él pone cara de placer infinito. Ese placer que se siente cuando encuentras un billete en la calle, o cuando te despiertas creyendo que es viernes y no, resulta que es sábado.
3:56, MAS vestido de principe azul/cosaco ruso/Jon Snow, se arrodilla ante JLo princesa Elsa sexy mientras oímos de fondo el estribillo: "¿y el anillo pa cuándo?".
4:10, fin. Esta obra maestra del audiovisual contemporáneo está dirigida por un tal Santiago Salviche.

Hagamos una suma de los referentes pop de este video: bollywood, los cuentos de hadas, "Juego de tronos", "300", los espectáculos de Las Vegas, Dolce&Gabbana, el reggaetón, el electro latino, Rapunzel... y seguro que me dejo algo.

Y vosotros, ¿qué es lo más kitsch que habéis visto?, ¿créeis que este video clip es tan loco que acaba siendo glorioso?, ¿y que la canción es tan mala que acaba siendo... muy mala?

martes, 17 de abril de 2018

Truco infalible para leer más

¿Sois padres de niños pequeños y si no tenéis tiempo para ir al dentista o cortaros las uñas, como para tenerlo para leer?, ¿por culpa de Netflix vuestras noches son para las series y ya no para la lectura? Pues tengo una solución para vosotros: coger el cercanías. O el metro. Incluso el autobús, si podéis leer sin marearos (yo no puedo).

He vuelto a la vida del oficinista de pro, ficho de diez a diecinueve horas, llevo tupper para comer y mi oficina está tan lejos que solo llego vía cercanías. Gracias a los ratos que paso dentro del tren o esperando en las vías, estoy leyendo una barbaridad.

En el más puro estilo de los siles y noles de Gon (el que oculta tras el blog de Un brillo ensordecedor), aquí va un resumen de mis lecturas desde que soy una de esas personas que corre por los pasillos de Chamartín:

Carmen de Mairena, una biografía, de Carlota Juncosa

Cuando me regalaron este libro pensé: ¿un libro sobre Carmen de Mairena, seriously? Pero luego vi que la editorial era Blackie Books y supuse que no estaba ante una biografía chusquera a costa de un personaje icono de la cultura pop y de la caspa a la vez. "Carmen de Mairena" más que una biografía, tal y como afirma su título, es una novela gráfica y, si cuenta la historia personal de alguien, es la de la autora: Carlota Juncosa. Carlota y sus problemas para quedar con Carmen de Mairena, Carlota aguantando a la troupe de frikis, yonquis y locos de atar que rodean a Carmen, Carlota dibujando a Carmen de Mairena con y sin peluca. Cuesta un poco entrar en el cómic, pero cuando lo haces te contagia la compasión por la vida de este icono en horas bajas, que ni sabe precisar porqué empezó sus tratamientos de cambio de sexo y entiendes la fascinación de Juncosa por la ex prostituta, ex cantante y ex estrella de la televisión.

Nosotros, de David Nicholls
Otro regalo,  y otro caso de libro del que no sabía absolutamente nada. David Nicholls había escrito anteriormente un best seller titulado "One day", que se adaptó al cine en una película de la que (oh, sorpresa) tampoco había oído hablar.


Nicholls recuerda a otros autores como Nick Hornby o David Lodge, también ingleses y también muy de contar las miserias de gente normal y corriente mezclando humor y costumbrismo. En concreto, "Nosotros" cuenta el viaje por Europa de una pareja madura y su hijo de 18 años. Mientras recorren Florencia, París, Roma... el padre recuerda cómo conoció a su esposa, analiza su historia de amor, la relación con su hijo y los motivos que han podido llevar a que su mujer quiera separarse de él. Uno de los sitios por los que el protagonista pasa en su periplo europeo es Madrid, y describe la ciudad tal que así:
Un rincón de París sólo podía ser París, y lo mismo sucedía con Nueva York o Roma. Madrid era más difícil de catalogar. Los edificios que bordeaban las amplias avenidas eran una curiosa mezcla sin ton ni son de oficinas ochenteras, majestuosos palacios residenciales y estilosos edificios de apartamentos.

Así es Madrid: la ciudad sin ton ni son. Pero lo que me llegó a la patata fue la confesión de una turista danesa que viaja sola y que ese encuentra con el protagonista:
Creía que Italia me alegraría. Pensaba que me pasaría todo el día paseando por pequeñas calles medievales, que por las noches me sentaría en un pequeño restaurante con un libro y tomaría una modesta cena con un vaso de vino antes de irme a la cama. En mi cabeza todo parecía ideal. Pero, por lo general, suelen colocarme en la mesa más cercana a los cuartos de baño, los camareros no dejan de preguntarme si estoy esperando a alguien y, constantemente, me sorprendo a mí misma simulando esta sonrisa relajada para hacerle saber a todo el mundo que estoy bien. 

Lo mismito me pasó a mí cuando estuve en Florencia (¡cómo!, ¿no he comentado que he estado en Florencia?).

Tiempos de swing, Zadie Smith
Este libro es una maravilla. Y punto.
Dos chicas mulatas se conocen en la escuela de su barriada de Londres. Sólo tienen en común origen mestizo y su pasión por el baile. La protagonista es de carácter observador e influenciable y cuenta con una familia pobre pero que la adora, mientras que su amiga Tracey tiene un talento arrollador para la danza y una madre soltera que está como una maraca, además es coqueta, imprevisible y una pequeña cabrona

Me obsesioné con la famosa teoría de Katharine Hepburn sobre Fred y Ginger: "Él le da clase, ella le da sensualidad." ¿Sería una regla general? ¿Acaso todas las amistades, todas las relaciones entrañan ese intercambio discreto y misterioso de cualidades, ese intercambio de poder? ¿Se prolongaba también a los pueblos y las naciones o era algo que sucedía sólo entre individuos? ¿Qué le daba mi padre a mi madre, y viceversa? ¿Qué nos dábamos el señor Booth y yo? ¿Qué le daba yo a Tracey? ¿Qué me daba ella a mí?

"Tiempos de swing" es un novelón que recorre toda la vida de la protagonista, siempre con el baile y la música como hilo conductor: desde su infancia hasta su edad adulta, desde Londres hasta África. Hasta allí viaja la narradora cuando trabaja como asistente personal de una estrella del pop para comenzar un proyecto humanitario lleno de buenas intenciones y mucha frivolidad:  Algo ha cambiado. "¡No seré el mismo después de ver lo que he visto!" Pero al cabo de unos días volvió a ser exactamente el mismo, igual que todos: dejábamos correr el agua del grifo, abandonábamos las botellas de plástico después de unos pocos tragos, nos comprábamos unos vaqueros que costaban lo mismo que gana un maestro de escuela en un año entero.


Podría hablaros de la complejidad de los personajes de "Tiempos de swing", de cómo nunca sabes qué va a pasar en la siguiente página, de cómo Zadie Smith es capaz de contar el día a día de la asistente número uno (hay asistente dos y asistente tres) de una super estrella del pop, pero también el día a día de una aldea africana... Pero es que, además, Zadie Smith es así de sofisticada y guapérrima.

Tres días y una vida, Pierre Lemaitre
¿Sabéis esos libros donde el protagonista te cae tan mal pero tan requetemal, que te acaba cayendo mal hasta el autor? Pues eso mismo me ha pasado con "Tres días y una vida".

Devoré "El vestido de novia" y me gustó bastante "Nos vemos allí arriba", así que di por hecho que este libro de Pierre Lemaitre también iba a ser un sile... pero no.

Antoine, su protagonista, comete un error cuando tiene doce años y mata a otro niño de seis. Por supuesto, no confiesa (o nos habríamos quedado sin libro) y la novela relata la historia de su vida: cómo oculta el cadáver, cómo teme cada avance de la investigación, cómo ve al resto de habitantes del pequeño pueblo donde vive, cómo planea huir lejos cuando llega a la edad adulta... Antoine mira por encima del hombro a sus vecinos, a quienes considera provincianos porque, como todo el mundo sabe, ser un asesino es mucho mejor que ser un paleto. Además, todas las mujeres del libro se reducen al estereotipo de madre o tía buena: por un lado tenemos a la sacrificada madre de Antoine, por otro a las jóvenes que le ponen cachondo, cuyos físicos turgentes por supuesto Lemaitre describe con todo lujo de detalles. El libro, como todos los del autor, es muy entretenido, eso se lo concedo. Pero su trama de tv movie de mediodía y esos personajes tan mezquinos me dejaron fría. Helada. Congelada.

Y vosotros, ¿habéis leído alguna de estas novelas?, ¿sois lectores de transporte público como moi?, ¿o sois más de libro antes de dormir o mientras estáis sentados en la taza del wáter?