martes, 18 de septiembre de 2018

¿Qué político (bailongo) eres?

Pobres políticos. Y lo digo en serio, sin ironía. Los políticos, antes de serlo, han estudiado cosas sumamente aburridas como el derecho. Después, se afiliaron a sus partidos para poder medrar en las juventudes, así que mientras tú y yo estábamos de resaca, ellos acudían a congresos regionales. Luego estudiaron para sacar plaza en lugares tan apasionantes como los registros de la propiedad y, cuando por fin consiguieron su primer cargo oficial dentro del partido resulta que ni siquiera sabían en qué consistía su trabajo, porque, ¿para qué sirve el comité de "estudios y programas", ¿y la "vicesecretaría sectorial"?, ¿y la comisión de garantías democráticas? ¿Hacen informes?, ¿cafés?, ¿fotocopias?

Detrás de tanta burocracia, tanta comisión ininteligible y tanta puñalada trapera para que te den un puesto en un comité que ni siquiera sabes qué hace... hay personas, hay sentimientos que tienen seres humanos (o algo así). Y son personas más parecidas a ti de lo que tú crees: gente que sangra cuando les pinchan y que se arrancan a bailar cuando suena un temazo. Este test (tan fiable y minucioso como éste o éste otro) os lo va a demostrar que hay un político dentro de ti.

Un divo/a de la canción que sea tu perdición (uy, un pareado):

A. Digan lo que digan, Raphael.
B. Cualquier cantante francés, sea Edith Piaf, Charles Aznavour, Serge Gainsbourg o France Gall. Es que no hay idioma mejor que el francés. Todo en francés suena mejor.
C. Justin Bieber, mucho más que un ídolo adolescente, ¿habéis oído su último disco? Artistazo. HIT.
D. Freddie Mercury es el champion, my friend.
E. Cuatro divos: los Beatles.

Un poco de autocrítica. ¿Cuál es tu mayor defecto?:

A.  Dicen que soy inmovilista, es verdad que no me gustan los cambios. A veces moverse es bueno, otras veces, no; a veces es mejor estarse quieto y en otras es mejor que no; y en ocasiones es mejor estar en movimiento.
B. Soy cabezota, pero yo no lo veo como un defecto. Porque, si tengo la razón, ¿por qué voy a ceder?
C. La vanidad. Me miro al espejo y me quedo como hipnotizado. Mírame, ¿a ti no te pasa lo mismo conmigo?
D. Soy demasiado blando, me falta mordiente, agresividad.
E. Creo que me paso de seria, algunos dice que soy una persona sosa, pero estoy intentando ser más espontánea.

Es domingo, fuera llueve y tú te quedas en casa mirando el catálogo de Netflix una y otra vez. ¿Qué película o serie del catálogo te llama la atención y es la que acabas viendo?

A. ¿Qué es Netflix? Yo prefiero el fútbol. Cualquier partido de fútbol, sea del Madrid, de tercera división o de una liguilla regional infantil.
B. Cualquier comedia de esas que han visto un millón franceses. Un millón de franceses no pueden estar equivocados.
C.  "House of cards", "Borgen"...
D. "Estiu 1993"
E. Cualquier película de tacitas de té o una serie de la BBC ambientada en la gloriosa época en la que el imperio británico poseía medio mundo.

Si estuvieras en el corredor de la muerte y tuvieras que elegir el menú de tu última cena... ¿qué pides?:

A. Pulpo a la gallega y lacón con grelos. De postre, filloas.
B. Foie, pato a la naranja y macarons.
C. Una hamburguesa (de carne de ganadería extensiva, por supuesto), acompañada de verduras a la plancha y agua mineral. De postre me permito unas tortitas con sirope de arce.
D. Pa amb tomaquet, butifarra con mongetes, escalivada, calçots y crema catalana.
E. Fish and chips.

¿Cómo ves el mundo dentro de 50 años?

A. ¿Cómo lo ves tú?
B. Europa invadida por emigrantes de esos marrones que sólo quieren robarnos, islamizarnos y hacernos comer kebabs. Eso va a sucedernos a todos... a no ser que alguien haga algo ahora para evitarlo.
C.  Soy positivo, el mundo habrá frenado el cambio climático y todos viviremos en paz, amor, armonía y con sanidad universal.
D. La aldea global se habrá convertido en una gran federación de regiones, todas ellas con sus tradiciones, sus lenguas propias y sus platos típicos.
E. Sé que es difícil, pero sueño con un mundo civilizado, elegante, donde reine la flema británica y todas las personas hablen un inglés perfecto.

Anoche tuviste un sueño erótico... ¿con quién?

A. Con mi santa esposa.
B. Soñé con Omar Shariff, de joven, en la época de "Doctor Zhivago", ese árabe sí que me gusta.
C. Soñé que me hacía un trío con Celine Dion y Alanis Morrissette.
D. ¿Esto lo va a leer alguien? Porque si no lo va a leer nadie te digo que con Pedro Sánchez.
E. James Bond. Todos los James Bond: Pierce Brosnan, Daniel Craig, Timothy Dalton, también ése que hizo solo una película y del que nadie se acuerda... Todos, menos Sean Connery, ése no.

Mayoría de A
Mariano Rajoy



Maestro de los pasos básicos, es decir: caminar hacia delante, caminar hacia atrás y asi hasta que acabe la canción. Tu manera de bailar es conservadora, vas sobre seguro y sólo te sales del "pasito para delante", "pasito para atrás" para mover la cabeza al ritmo de la músca y, si te dejas llevar (y eres sentimientos y tienes seres humanos, también te dejas llevar de vez en cuando), puede que hasta des alguna que otra palmada. Si haces todo esto... sí, bailas como Mariano Rajoy y algún día te sorprenderá "la cerámica de Talavera no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor".

Mayoría de B
Marine Lepen



Te defiendes con dignidad en la pista de baile. Si te ponen rock, te pones a dar vueltas como una peonza. Si toca reggaetón, perreas. Que pinchan a Shakira, pues mueves las caderas. Lo disfrutas, te diviertes y cualquiera que te vea pensará que eres una tipa majísima... pero no hay que fiarse. Hitler era un amante del arte y ya ves la que lió. No eres de fiar, Marine Le Pen.

Mayoría de C
Justin Trudeau



Lo tuyo es el baile. Y tener pelazo. Y sonrisa bonita. Y encanto. Y saber estar. La lotería genética ha sido muy generosa contigo y, aunque no hayas ido a clases de baile en tu vida, y menos de danza hindú, te arrancas y te sale como si llevaras bailando, no te diré que toda la vida, pero sí unos cuantos meses. Y eso mismo te pasa con todo. Qué rabia que dais, tú, y Justin Trudeau.

Mayoría de D
Miguel Iceta



Eres todo corazón. No tienes ni idea de bailar y ni falta que hace, a ti te ponen un temazo y tú lo das todo, da igual que estés en una discoteca, en un mitin, en la cola del supermercado o en un funeral. El baile te posee y tú te entregas a él. Aunque con condiciones, que tú no te entregas a la danza con cualquier cosa, lo haces con el rock. Las sardanas, para otros.

Mayoría de E
Theresa May



El sentido del ritmo y tú sois incompatibles, enemigos a muerte, como el aceite y el agua, como  Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Y mira que tú le pones buena intención, ¿eh? Pero te pasa como a Theresa May, que elige lanzarse al baile y es como ver bailar a Robocop un día en que nadie le ha echado tres en uno a sus bisagras.

Y vosotros, ¿qué político bailongo sois, según este riguroso test? Confesad.

Y recordad que "Loser" (mi primera novela, chispas) está a la venta en la web de la editorial Tandaia y también puede encargarse en grandes superficies.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

A los elefantes ni tocarlos

El logaritmo de youtube me conoce bien. No se puede decir lo mismo del de Netflix (como has visto "El alienista", te recomendamos "Villaviciosa de al lado") o del de Spotify (que en recomendaciones semanales ya me ha sugerido tres veces "Mister policeman" de Leticia Sabater).  Pero el de youtube me ha calado. Lo abro y ahí están los títulos de los videos pensados para mí: "baby gorilla cuteness", "peanut eating baby orangutan", "newborn goat Hector makes friends with barn kittens", "pit bull dog is terrified of pineapple"... y así todo.

Así que antes de visitar el Elephant Park de Chiang Mai, mis expectativas eran estas:


Yo quería lo mismo, pero sin barro y sin impermeable lila. Pocos colores peores que el lila.

Espoiler: no pasó.

Nada más llegar al parque de elefantes te dejan bien claro que tú estás ahí para mirar, no para tocar. Eres un voyeur, punto. Cada grupo de turistas sigue a una guía que en cuanto nota que un elefante se acerca un poco indica a todos que hay que apartarse.

El mayor momento de roce humano-elefante se da en la comida. Sacan unas cajas azules repletas de trozos de fruta (no trocitos de fruta tamaño macedonia, sino trozos tamaño elefante, como una piña partida en dos) y los turistas, situados tras las vallas de las instalaciones del parque, cogemos los trozos de fruta y se las damos a los elefantes. Ellos huelen con la trompa, con suerte te rozan un poco la mano y se zampan las frutas. Ahí estábamos todos: ingleses, franceses, italianos y un montón de españoles gritones compitiendo por alimentar a los elefantes cuando uno de ellos debió pensar: ¿por qué les sigo el rollo a esta panda de guiris? Decidió eliminar al intermediario (nosotros) y con su trompa volcó una de las cajas de fruta:


Los elefantes disfrutaron del buffet libre hasta que este valiente recuperó lo que quedaba de la caja de fruta:


¿Y por qué los gerentes del Elephant Park son tan crueles y nos privan del placer de revolcarnos sobre el barro con un Dumbo?, ¿por qué no nos dejan grabar nuestro propio video viral? Por esta perogrullada: los elefantes son animales salvajes. Que sus orejas grandes y su cara de buena gente no os despisten: son salvajes y, además, gigantescos. Tan gigantescos que cuando mean aquello tiene la potencia de los cañones de agua de los antidisturbios. Un animal salvaje es imprevisible, ingobernable. Ninguno se domestica a base de premios y golosinas. Si a mí me ha costado años (y varios rascadores repartidos por toda la casa) conseguir que mi gato no arañe el sofá, ¿cómo se las apañan para domar a un animal salvaje? Otra perogrullada: a golpes.

Al proceso por el que se domina a un elefante se le llama "romper el espíritu". El primer paso consiste en separarles de sus madres y sus manadas cuando son crías. Después se les encierra en jaulas y se les golpea, luego les racionan la comida y la bebida y así hasta que el animal se vuelve dócil. Estas burradas se hacen con cualquier especie salvaje, como bien cuentan en Rainfer, el refugio de primates de Madrid donde recogen a animales supervivientes de circos, zoos cutres o incluso del mundo del espectáculo (clicad aquí para llorar un poco con sus historias).

Antiguamente, en Tailandia usaban a los elefantes como animales de tiro. Hoy en día aún se saca provecho económico de ellos ofreciendo paseos turísticos a lomos de elefantes. Así que, si viajáis a Asia y queréis ver elefantes de cerca, no participéis en una industria basada en la tortura animal. Los elefantes empleados para los paseos también han sido "domesticados", también les han roto el espíritu. Tailandia ofrece otras opciones, hay varios refugios como Elephant Park, que acogen a animales que han sido usados como animales de tiro o para pasear a turistas, y que ahora son mayores para seguir trabajando.

Podría pensarse que el elefante que decidió que él era más de autoservicio que de esperar a que los turistas le dieran media piña era el animal con más carácter del Elephant Park. Pero no. En Tailandia hace mucho calor y cuando el sol aprieta, los elefantes usan hojas para protegerse la cabeza, formando una especie de sombrero. Cuando visité el Elephant Park era época de monzón, el cielo estaba encapotado, hacía calor, pero no sol... Pero eso, a él, le dio igual: 

El sombrero me queda bien y me lo pongo sea temporada o no.

Last, but no least, ¡estamos de estreno! Ya hace unos meses me dieron el premio CEPA 2018 de novela juvenil y el libro en cuestión: "Loser", ya está a la venta en la página de la editorial Tandaia. Todavía no hay fecha para la presentación, pero será en breve y, por supuesto, os avisaré.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra experiencia con los animales salvajes?, ¿habéis conocido a alguno que sea un esclavo de la moda, como el elefante con sombrero?

martes, 21 de agosto de 2018

Escritores que acaban cayéndote mal

Leer es viajar a mundo ocultos. Es vivir dos veces. Es soñar. Bueno, basta. Dejemos de lado las frases que se le ocurriren a Paulo Coelho cuando se pierde por los pasillos de su casa de chorrocientos millones. Leer también provoca sentimientos menos bonitos que soñar con los ojos abiertos mientras viajas a mundo ocultos. Yo he llegado a coger manía a algunas personas por culpa de sus libros... Adivinad a quién:

Cuentos escogidos, Shirley Jackson

El año pasado leí "Siempre hemos vivido en el castillo". Había oído hablar de Shirley Jackson, sabía que su obra había influido en muchos escritores de terror de la actualidad... y poco más. Pero "Siempre hemos vivido en el castillo" no es un libro de terror al uso. Genera más bien inquietud, intriga, lo lees con el presentimiento de que algo malo pasó o pasará. Y todas esas sensaciones sin necesidad de violencia, ni sangre, ni grandes giros dramáticos. A Shirley Jackson no le hacen falta grandes fuegos de artificio para insinuar. Y ahí está la clave, te da unos elementos (los justos), un ambiente, lo narra con sencillez y el resto lo va rellenando el lector con sus propios temores.


Ese mismo mecanismo es el que emplea en "Cuentos escogidos". En "El amante endemoniado", una mujer espera a su novio, con el que se va a casar ese mismo día. Pero él no aparece, y ella le busca por la ciudad, esperando que lo peor no se confirme. En "La bruja", un niño, su hermana pequeña y su madre viajan en tren. Un hombre inicia una conversación aparentemente inocente con el niño, pero no lo es en absoluto. En "La muela", una mujer adormilada, dolorida y hasta arriba de codeína, hace un viaje en autobús desde su pueblo natal hasta Nueva York, para ir al dentista a que le quiten esa muela que la tortura. En el viaje se duerme, se despierta, a su lado se sienta un desconocido que le dice palabras sin sentido.

Shirley murió joven, no tenía aún cincuenta años, como Carmina Ordóñez y, como ella, tenía problemas con las adicciones. Tuvo cierto éxito en vida, sus cuentos se publicaban y cosechaban buenas criticas. Por cómo habla de su familia en "cuentos escogidos", se deduce que llevaba una vida hogareña alegre y caótica (tenía cuatro criaturas):

Es mucho más fácil, me parece a mí, escribir una historia que afrontar con éxito los millones de problemas y enfados cotidianos que surgen en una casa cualquiera y ayuda bastante (en particular si hay niños alrededor) si puedes verlos a través de un velo agradable de ficción. 

Pero no era así. Según sus biógrafos, su marido le fue infiel muy a menudo, controlaba sus cuentas e intentaba controlarla también a ella, manteniéndola en casa, haciendo que sólo se ella se ocupara de sus hijos (cuatro, repito) un modo muy eficaz de obligarla a escribir menos. A Shirley Jackson no le gustaba hablar de sí misma o de su proceso creativo, pero la obesidad, los fármacos, la bebida, morir joven y escribir relatos de terror cotidiano nos cuentan ya mucho de cómo vivió. Jackson sólo logró escapar de sus terrores diarios escribiendo sobre ellos. Hace muchos años que murió, pero me hubiera gustado tomarme un té con pastas en su casa impecable tipo Mad men o, mejor aún, sacarla por ahí a tomar San Franciscos y Cosmopolitans, que buena falta le hacía salir. 

Marte rojo, de Kim Stanley Robinson

Hace unas semanas saltaba la noticia de que se había encontrado agua en Marte. Yo no sé a qué están esperando las naciones del mundo para mandar naves tripuladas para allá, ¿a encontrar vida inteligente?, ¿ruinas de unas pirámides?, ¿un Papizza abierto?

Tenemos que espabilar con el tema de viajar a Marte, ya en el año 1992 se publicó este libro sobre una primera colonización del planeta rojo:


"Marte rojo" en la primera parte de una trilogía centrada en el proceso de terraformación del planeta. Al rojo del primer título le siguen "Marte azul" y "Marte verde". La historia comienza con los primeros 100. Ellos, científicos y astronautas, preparan el planeta para la llegada de más colonos, teniendo en mente que la meta final es transformar Marte y convertirlo en un lugar habitable. Pero no todos están de acuerdo con el objetivo final. Unos creen que no tienen derecho a alterar de una forma tan radical el planeta; otros piensan que es la única opción posible o las futuras generaciones morirán por la radiación. Pero a esos problemas se suman otros: ¿cómo organizarse en un mundo nuevo,? ¿y si es la oportunidad para empezar de cero y no repetir los errores del pasado?:

"Hemos venido a Marte para siempre. Vamos a hacer no solo nuestros hogares y nuestra comida, sino también nuestra agua y el aire mismo que respiramos... todo en un planeta donde faltan estas cosas. Podemos hacerlo; tenemos una tecnología que manipula la materia hasta el nivel molecular. ¡Una capacidad en verdad extraordinaria! Y, sin embargo, algunos de los que están aquí pueden aceptar transformar la total realidad física de este planeta sin intentar cambiarnos a nosotros mismos o nuestra manera de vivir. Somos científicos del siglo veintiuno en Marte, pero al mismo tiempo, vivimos dentro de un sistema social del siglo diecinueve, basado en las ideologías del siglo diecisiete. Es absurdo, es disparatado, es... es... ¡no es cientifico! Y digo que entre todas las cosas que transformaremos en Marte, tendríamos que estar nosotros y nuestra realidad social. No sólo hemos de terraformar Marte; tenemos que terraformarnos nosotros mismos.

"Marte rojo" es una novela muy ambiciosa. No me puedo ni imaginar la labor de documentación que Kim Stanley Robinson llevó a cabo para explicar el viaje a Marte, su geografía, la manera de organizarse y de sobrevivir de los primeros 100... A eso se suman las discusiones casi filosóficas de los personajes sobre cómo comportarse en el planeta (mis favoritas), las descripciones del paisaje marciano (las partes más aburridas), y la trama de relaciones de poder entre los primeros 100. El libro abarca mucho, a veces fascina, otras cansa... pero lo recomiendo a cualquiera con un mínimo de interés en la ciencia ficción. Y si alguna vez coincidiera con Robinson (no es tan imposible, al menos está vivo), me encantaría oírle hablar de todo lo que sabe de ciencia, de Marte, de viajes interestelares... seguro que sabe hasta de macramé.


La pierna perdida del capitán Acab, varios autores

Mi método para seleccionar mi próxima lectura podría llamarse "ventolera". Voy decidiendo según la cantidad de libros pendientes que queden en la balda de libros pendientes, según si voy o no a la biblioteca, según recomendaciones o, simplemente, según me dé.

Buscando en el catálogo online de la biblioteca municipal me encontré con esta recopilación de cuentos con personajes lisiados de una u otra forma y me dije: "éste para casa":


"La pierna perdida del capitán Ahab" contiene relatos de Espronceda, Turguénev, Henry James, Balzac, Kipling, Arlt, H.G. Wells, Maupassant... Mucho autor del siglo XIX y principios del XX, la mayoría de ellos clásicos. Sin embargo el libro es muy irregular. Los cuentos de Maupassant o James son unas maravillas; el de Espronceda, divertido; los de Conrad y Balzac unos muermos y el resto... pues la verdad, ni me acuerdo.

Uno de los relatos me impresionó más que todos los demás y creo que seguiré recordándolo mucho tiempo: "Mumu", de Turguénev. Es la historia de un campesino grande como una torre y sordo  como una tapia obligado a dejar su pueblo natal para servir en la casa de la señora en la capital. Sus problemas para comunicarse y su físico imponente acaban aislándole, su único amigo es un perro que es quien da título al cuento. La historia es tan trágica y tan conmovedora como suele serlo la novela rusa, con sus siervos que aguantan lo inaguantable, señores caprichosos y estúpidos y una capacidad para emocionar que ríete tú de Pixar. Por supuesto, ahora quiero leerme más cuentos de Turguénev (maldita ventolera).

El motel del voyeur, Gay Talese

La portada de este libro está mal:


En realidad "el motel del voyeur" es obra de Gay Talese y de Gerald Foos. Talese, uno de los padres del denominado "nuevo periodismo" junto a otros autores como Tom Wolfe o Truman Capote, ya es un hombre famoso cuando Foos contacta con él y le cuenta que posee un motel que ha remodelado para poder mirar a sus ocupantes. Talese visita a Foos, ve con sus propios ojos el motel y hasta espía junto a él. Pero no puede publicar nada ya que el voyeur se niega a que su nombre aparezca. Cuando Foos se retira y vende su motel acepta que su nombre se haga público, en parte por pura vanidad, porque está orgulloso de sus años de voyeur y hasta se ve a sí mismo como un estudioso del comportamiento sexual del ser humano, comparable al informe Kinsey (Foos dejó de lado el nimio detalle de que él no era un investigador siguiendo un método científico, sino un mirón).

Talese vuelve a entrevistarse con él, revisa las notas de Foos y el resultado es este libro, que llega con polémica, no sólo por el tema que trata, sino porque posteriormente Talese afirma no fiarse del todo de su única fuente: Foos.

Si Foos es una fuente fiable o no, ni lo sé ni me importa demasiado. El problema con "El motel del voyeur" es que bebe demasiado del diario de Foos, más de la mitad del libro son las notas de un hombre que admite que no sabe escribir demasiado bien. Talese aporta algo de estructura, detalles sobre la vida de Foos y poco más. A lo largo de sus años como voyeur, él no sólo ve a parejas, algún que otro trío y hasta sexo en grupo... también presencia varios delitos. De hecho, un hombre que traficaba en el motel mata a su pareja acusándola de robo, después de que Foos (que cree que espiar está bien, siempre y cuando no te pillen, pero no soporta el tráfico de drogas) entre en la habitación, robe la droga y la tire. Foos también presencia cómo un chico de 17 años abusa de su hermana de 14... ¿y qué hace? Nada en absoluto. El propio Talese pone como condición averiguar qué sucedió con el homicidio antes de publicar el libro. No averiguan nada, quizá porque las notas de Foos se equivocan en las fechas, o quizá porque mentía demasiado, pero es que Talese ni se molesta en averiguar algo sobre la violación. Por no molestarse, ni tan siquiera se molesta en entrevistar a las esposas, ambas cómplices en su voyeurismo. Tras leer el libro acabas con la sensación de que Foos es un mirón, un ególatra, un delincuente y un auténtico capullo integral y Talese... alguien que quiso seguir adelante con su libro porque ya le habían dado un adelanto.

Y vosotros, ¿también acabáis teniendo manía a algunos escritores por culpa de sus libros?, ¿a quiénes?,  ¿algún otro libro de Gay Talese merece la pena o puedo tenerle manía por siempre jamás? Contadme...

lunes, 6 de agosto de 2018

Porqué lo llaman monzón cuando quieren decir calabobos

De los creadores de "yo he estado en Japón", "yo he estado en Perú" o "yo he estado en Marruecos", llega un nuevo estreno veraniego. Porque... he estado en Tailandia.

Al planear el viaje hubo que tomar una decisión: Bangkok, ¿y qué más? Contábamos con ocho días de nada, así que no daba tiempo material para visitar muchos más sitios. Y, ya que julio es temporada de monzón, optamos por dejar las paradisíacas playas de las islas de Tailandia para otra vida. Nuestro viaje tuvo dos paradas: Bangkok y Chiang Mai, en el norte del país.

Si la ola de calor de estos días os parece insoportable, una cosa os digo: en Bangkok es peor. Calor húmedo, bochornoso y pegajoso. El cielo siempre encapotado pero no llovía, como mucho caían cuatro gotas a última hora de la tarde. Empecé a plantearme si el monzón no era tal, sino una mala traducción del tailandés, un idioma con palabras larguísimas y un alfabeto de 44 consonantes, 15 vocales escritas con unas letras que parecen un montón de dibujitos idénticos entre sí:


¿Y si alguien tradujo calabobos por monzón y se ha quedado así hasta hoy?

El calor, aunque agobiante, me lo esperaba. Lo que no me esperaba para nada era encontrarme la ciudad repleta de retratos del rey Rama X, cuyo nombre completo es, atención: Maha Vajiralongkorn. Templos con cuadros del rey al lado del Buda, retratos de la reina madre rodeados de banderas y enmarcados con bien de dorados...:


...pero también funcionarios engalanados ensayando no se sabe muy bien qué. La Lonely Planet ya había avisado en ese prólogo de 40 páginas que yo me leí y me quedé tan ancha (lo he vuelto a hacer, he vuelto a irme a un país lejano, muy lejano, con la información justa) que los tailandeses respetaban mucho la figura de su rey, pero, ¿tantísimo?

Luego averiguamos que había un motivo: el aniversario de Rama X, que en realidad se llama Maha Vajiralongkorn, pero que podemos llamar, de forma cariñosa, Orejas I:

Tío sexy.

Al rey se le dedican eternos boletines informativos consistentes en Orejas I inaugurando tantas cosas que hacen que el NO-DO parezca "Salvados". Además, cuando suena el himno (yo lo he oído, es épico, con crescendo final, haría un buen papel en Eurovisión) te indican, muy amablemente, que te tienes que levantar, y todo el mundo lo escucha en silencio, mientras se emiten en una pantalla gigante imágenes de Orejas I abrazando a niños, poniendo la primera piedra de alguna obra o saludando a monjes budistas.

Pero Orejas tiene un pasado. Que yo, por supuesto, no he averiguado hasta que he vuelto a casa y se me ha ocurrido empezar este post hablando de él.

Su padre, Bhumibol Adulyadej, ascendió al trono en 1946, después de que su hermano muriera a causa de un misterioso disparo en el Palacio Real (uy, esto me suena familiar, ¿a vosotros no?). Durante decenios, Bhumibol se gana al pueblo tailandés visitando zonas rurales e implicándose directamente en temas relacionados con la agricultura, la educación y la economía. En los años 90 dos militares se disputan el poder y varios manifestantes son tiroteados por uno de ellos. Rama IX, que es su nombre oficial, interviene y se convierte en símbolo de concordia y diálogo (esto también suena familiar, ¿verdad?). Pasan aún más años y Bhumibol Adulyadej, que significa "fuerza de la tierra, poder incomparable", sigue en el poder, parece eterno. O eso debía pensar su único hijo varón, Maha Vajiralongkorn, ya un señor de la edad de Carlos de Inglaterra, pero de formas bastante menos británicas. Maha tenía fama de excéntrico y de playboy, solía vivir en Europa y hacía lo que le apetecía, que venía siendo casarse mucho y tener hijos. Su cómputo a día de hoy es de tres esposas, tres hijos legítimos y cuatro ilegítimos.

De vez en cuando, se publicaba alguna foto de Maha, paseándose con su churri de ese día, llevando top ombliguero y vaqueros bajos de esos que marcan la hucha. En Tailandia se suceden los golpes de estado, casi veinte, pero Rama IX sigue en su sitio, imperturbable, como único elemento estable del país, cultivando su imagen de padre de la nación y, de paso, amasando una fortuna enorme, de 22.600 millones de euros, según la revista Forbes (y esto de acumular dinerito a la chita callando también nos suena, ¿a que sí?).

Pero por mucho que su hijo pensara que Rama IX era eterno, resultó que no lo era. Muere en 2016 y Maha, Orejas, ahora Rama X, sube al trono. Se dedica a posar para miles de retratos o a inaugurar pantanos y dar la mano a niños y monjes budistas, y si algún día le pillan haciendo lo que a él le apetece, pues no pasa nada, el gobierno tailandés interviene, y listo.

Tuve que esperar a la segunda parada del viaje, a Chiang Mai, para conocer al auténtico monzón:


Pues va a ser que era monzón, y no calabobos.

Y vosotros, ¿habéis viajado a países exóticos o sois más de playa, silla plegable y nevera portátil con cervezas?, ¿conocíais a Rama X, Rama IX y compañía?, ¿el gobierno tailandés presionará a Blogger para que borre este post? 

martes, 17 de julio de 2018

Estrellas del rock en casa de Groucho Marx

1975. Los Queen pasan el rato y, en lugar de hacer lo que se esperaría de una banda de rock (drogarse, romper cosas, acabar detenidos por la policía), deciden ver un clásico: "Una noche en la ópera", de los hermanos Marx. Apenas llevan unos minutos de película cuando caen en la cuenta de que "Una noche en la ópera" es un título perfecto para el álbum en el que están trabajando. Uno muy modesto, con una canción que probablemente no os sonará de nada: "Bohemian rhapsody", que sólo vendió tres millones de copias en todo el mundo.

Normal que decidieran llamar a su siguiente álbum como otra película de los Hermanos Marx, "Un día en las carreras". Funcionó, porque consiguieron el disco de oro... y que Groucho Marx les mandara una carta felicitándoles e invitándoles a su casa. Y allá que fueron todos (excepto John Deacon, que le surgió un imprevisto).


Almorzaron juntos y Groucho les dijo que, ya que se dedicaban a eso de cantar, pues que se cantaran algo. Hubiera sido precioso que éste fuera el comienzo de una bonita amistad, pero la cosa quedó ahí. El hueco que Groucho Marx tenía reservado para estrellas del rock melenudas ya lo llenaba otro... Alice Cooper.

 Groucho Marx y Alice Cooper tomando un té.

 Por si vuestra cultura musical se reduce al flamenquito random de los talents de la tele, os diré que Alice Cooper no es una mujer, sino un señor de dentadura regulera y pelo algo fosco que en realidad se llama Vincent Damon Furnier y en los 70 la liaba pardísima en sus conciertos de glam rock: disfraces, performances, una silla eléctrica por aquí, una guillotina por allá, un lanzo una gallina viva al público, ahora decapito un maniquí, efectos especiales y trucos de magia coordinados por un tal James Randi... Cooper era el más moderno del momento, tocó junto a Bowie, junto a Elton John. Y sus espectáculos, tan teatrales, tan alocados, encantaban a Marx.

 Groucho Marx y Alice Cooper tomando una cerveza.

¿Y de qué se conocían estos dos? Pues eran vecinos en Beverly Hills. Quizá se conocieron cuando uno se quedó sin huevos y fue a pedirlos al vecino de al lado. O, en plan más americano, el uno  llevó una tarta de manzana al otro cuando se mudó. No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que se hicieron amigos por culpa del insomnio que Groucho padecía. Cuando daban las tantas de la madrugada y no conseguía dormir, llamaba a Cooper, los dos se iban de paseo por "la urba" y a veces hasta veían películas antiguas juntos hasta que a Groucho le entraba el sueño y empezaba a cabecear. Entonces Cooper le quitaba la boina y el puro, le ponía una mantita en las rodillas, apagaba las luces y se volvía a su casa.

Una amistad tan rara como adorable.

 Alice Cooper y Groucho Marx andando.

Marx llevó a sus colegas a los conciertos de Cooper. Imaginad la escena: la gallina viva por ahí volando, la guillotina, Alice Cooper en mallas y más maquillado que Kylie Jenner... y en la zona VIP observándolo todo: Mae West, Fred Astaire, Jack Benny...

Pero Alice Cooper no era el amigo más improbable de Groucho Marx, qué va. Ese era T.S. Eliot. Sí, el poeta. Se escribieron cartas durante años hasta que lograron conocerse en persona en 1964. Todo empezó cuando Eliot, cual fan normal y corriente, pidió a Marx una foto dedicada. Él se la envió y le pidió otra a cambio, y cuando la recibió Groucho dijo: "No tenía la menor idea de que fuese usted tan atractivo. El hecho de que no le hayan ofrecido el papel de protagonista en alguna película sexy sólo puedo atribuirlo a la estupidez de los directores de reparto".

No sé si podríamos considerar a Eliot como atractivo, pero intenso... intenso lo era un rato largo:

¿Cuáles son las raíces que agarran, qué ramas crecen
en esta basura pétrea?
Hijo del hombre,
no puedes saberlo ni imaginarlo, pues conoces solo
un montón de imágenes rotas

En una biografía que escribió un buen amigo de Eliot, le describía así: "a menudo se acurrucaba en el alféizar de la ventana detrás de un enorme libro, refugiándose en la droga de los sueños contra el dolor de vivir". Pero ejercer de profundo 24 horas días, siete días a la semana, tiene que ser agotador. Y Eliot se echó sus buenas risas con Marx quien, por su parte, era un gran lector y lamentaba no haberse dedicado profesionalmente a la literatura. Cuando T.S. Eliot murió en 1965, fue Groucho Marx quien dijo unas palabras. Con todo su toto, se marcó este monólogo en el funeral de un premio Nobel, repletito de intelectuales intensos:


Sí, está en inglés, toca darle al botoncito de los subtítulos.
Last, but not least, os anuncio que algún día de septiembre (el que la editorial, la imprenta y los hados decidan) se publicará mi primera novela, chispas. Ganó el premio Tandaia a mejor novela juvenil y amenazo con estar dando la brasa con el asunto de ahora a septiembre. Así que rezad porque la lancen el día 1 y no el 30. 

miércoles, 4 de julio de 2018

Dramas del primer mundo: las piscinas llenas

Qué disgusto.

Voy a la piscina, más cargada que si fuera a pasar un fin de semana en algún destino de Ryanair (las chanclas, las gafas de sol, la toalla, un libro, la crema solar, las gafas de bucear...) y me encuentro con que han cerrado la mitad del recinto por obras.

La piscina: expectativa vs realidad.

Toda la marea humana: preadolescentes que se tiran en bomba, jubilados, familias al completo que se han traído tuppers para comer... todos apelotonados en la mitad del espacio habitual.

Busco entre la gente al rey de la piscina de Lago: el señor Marrón. Pero nada. No está, se fue, se escapa de mi vida. ¿Qué habrá sido de él?, ¿habrá huido a otra piscina donde tenga más hueco?, ¿o por fin habrá ido al médico y le ha recetado seis meses de inclusión en una casa oscura, sin ver un rayo de sol, como los niños de "Los otros"?

La verdad, no creo que el señor Marrón esté bajo ningún tratamiento. Porque él no lo necesita, él no es de este mundo. Él es el primer mutante. Bajo su apariencia de jubilado con tanorexia se esconde un Sansón cuya fuerza está en la luz del sol. Es como un panel solar andante. Su kriptonita es la noche, el frío... Cuando llegue el cambio climático y Madrid sea el nuevo Arizona y Arizona el nuevo Sáhara y haya que inventar una palabra para el Sáhara porque será algo inimaginablemente seco e inhóspito... entonces, el mundo pertenecerá a los señores Marrones.
 
Imaginad una versión de Mad Max. Una distopía de un mundo desértico pero, en lugar de luchar  por la gasolina que escasea, se lucha por la crema solar factor 50. La mayoría de la población vive encerrada en sus casas, con el aire acondicionado a tope y las persianas bajadas. Sólo unos pocos valientes salen fuera. Entre ellos... él, nuestro héroe, el señor Marrón.


Yo esta distopía sí la vería. Es la mezcla perfecta entre Mad Max, X-men y la señora con tanorexia de "Algo pasa con Mary".

Estaba yo pensando estas tontunadas y haciendo una lista mental de piscinas más o menos céntricas a donde ir cuando oigo la conversación de dos chavales tumbados al lado. Es lo bueno de que la piscina esté llena, que puedes espiar escuchar a los demás sin llamar la atención. Al principio, los dos chavales tienen una conversación piscinera normal y corriente:

- No te habrás traido cartas, y jugamos al Uno Splash.
- Pues no, ¿qué es eso del Splash?
- Las cartas plastificadas, y así no se mojan.

Luego pasan a repasar temas banales varios, de esos que rellenan los telediarios en verano:

- Ayer escuché la noticia de que también te quemas en la sombra, pero yo no me lo creo.
- Eso por qué será, ¿que el sol rebota?
Y aquí uno de los muchacho se pone filosófico:
- Lo malo rebota por todos lados, lo bueno nunca.

- Han sacado Nocilla sin aceite de palma, sabe fatal. 

Con toda naturalidad, pasan de los temas veraniegos de relleno a ideas de negocio. Que si cuántas cosas llevan aceite de palma, que si los veganos tienen que fijarse en los ingredientes de todo no vaya a ser que tengan origen animal y de ahí...:

- ¿Dónde miras los ingredientes de la cocaína?
- Yo el otro día lo pensé: Coca Eco. Nos forramos, ¿eh?

- Ahí hay una tomando el sol con bañador entero. Se le van a quedar marcas.
- ¿Han inventado el bañador que lo traspase el sol? Que el cáncer lo traspase. 

El filósofo (no sé si el muchacho delgado con barba de bañador azul o el muchacho fuertecito medio rubio y con bañador a rayas, porque yo estaba en plan discreta y no les miraba) insiste con sus perlas de sabiduría:

- Los amigos ricos no hay que perderlos nunca.
Pero lo mejor de todo aún estaba por llegar. No sé si lo dijo el que no paraba de tener ideas de negocio o el que iba de filósofo, pero uno de los dos tuvo un sueño:

-  Anoche soñé de todo, había persecuciones, helicópteros... y yo tenía un carné de Ciudadanos que me daba super poderes, lo sacaba y paraba el tiempo.

De ahí pasaron a hablar de la playa que Carmena quiere poner en Colón y de ahí a que en Colón lo que deberían hacer es quitar esa bandera tan grande, ¿qué bandera?, preguntó Filósofo o Emprendedor. No me digas que no la has visto, si es enorme... respondió el otro. Yo debería haberme girado, haberles dicho que se dejaran de chorradas y que me contaran más detalles del sueño o de cómo iban a comercializar la Coca Eco. Pero no lo hice.

Y vosotros, ¿cuándo fue la última vez que espiasteis escuchasteis una conversación ajena?, ¿qué creéis que le habrá pasado al señor Marrón? Y a vosotros, chico con bañador a rayas y chico con bañador azul, gracias por hacerme entretenida la mañana en una piscina a reventar de gente. 

martes, 19 de junio de 2018

Dejarse un libro a medias no es tan malo

Todo lector tiene sus hábitos y manías. Los hay que miman sus libros (ni un subrayado, ni una esquinita doblada); otros dicen que les gustan los libros "vividos" y subrayan, marcan, apuntan pensamientos, comentarios y lo que surja; los hay que no prestan un libro jamás y los hay que tenemos una lista negra mental porque los libros se devuelven siempre (¿eh, Rebeca? Que no me he olvidado de "Un niño grande"). Todos tenemos nuestras manías y, en mi caso, si hay algo que me dé rabia (más incluso que que no me devuelvan un libro) es dejarme un libro a medias. Pero lo he hecho. ¿Con cuál? Ah, tendréis que seguir leyendo para averiguarlo.

Apegos feroces, de Vivian Gornick
Gremio de Libreros de Madrid... me temo que no tenemos el mismo criterio. Ya me decepcionó "Intemperie" de Jesús Carrasco hace unos años. Es un libro repleto de descripciones de campo agreste:  que si la hojarasca, que si el frío, que si las rocas, que si por favor que alguien diga algo en este libro que me aburro, ¿es que los personajes son mudos? Pues bien, "Intemperie" recibió el premio del Gremio de Libreros 2013. El premio del Gremio de Libreros 2017 lo consiguió "Apegos feroces":

Al menos no hay descripciones de tortuosos campos secos, más que nada porque está ambientado en Nueva York. La historia de Gornick es un repaso de sus recuerdos, marcados por la relación con su madre. En ningún momento me enganchó, quizá por la falta de un hilo, una trama principal más allá de "estos son mi recuerdos, ahí van" o quizá por el estilo al escribir de Gornick:

Veo la imperiosa cualidad del propósito de Nolde, la concienzuda paciencia con la que las flores lo mantienen absorto, la clara y concentración del artista en el sujeto. La veo. Y pienso: es la concentración la que otorga intensidad a la obra. El espacio que hay en mi interior aumenta de tamaño. Ese rectángulo de luz y aire que hay en mi interior, donde el pensamiento se esclarece, el lenguaje brota y la respuesta se vuelve inteligente, ese famoso espacio rodeado de soledad, ansiedad y autocompasión se abre de par en par mientras contemplo las flores de Nolde.

Vivian, hija, qué redicha eres. Pero este libro me lo leí enterito. Eso sí, la próxima vez que lea en la faja de una portada "premio del Gremio de Libreros de Madrid", huiré, les voy a considerar mi termómetro lector.

Lo que aprendemos de los gatos, de Paloma Díaz-Mas


Este libro me lo regalaron por razones obvias: el gato de la portada es idéntico a mi Simón. Si no fuera porque mi gato sólo sale de casa para subir al quinto piso, curiosear durante diez minutos y luego bajar otra vez corriendo a casa, diría que es él.

Los dueños de gatos, como los dueños de perros o los aficionados al crossfit, podemos estar horas hablando de nuestro amor. Díaz-Mas ha tomado toda esa pasión gatuna y ha escrito un libro con ella. Cuenta algunas cosas interesantes, incluso emocionantes (como lo difícil que es acostumbrarse a la falta de tu mascota cuando muere), pero sin ninguna trama que sirva de armazón a toda esa sapiencia felina. El libro es muy corto, 120 páginas, y está bien escrito, pero se queda en una suma de anécdotas que sólo los cat lovers apreciamos. Y también me lo leí entero.

El zoo de papel, de Ken Liu


"El zoo de papel" es un compendio de quince relatos del autor de ciencia ficción y fantasía Ken Liu. Cuando llevaba siete relatos me planteé seriamente dejar el libro, pero entonces leo en la contraportada (otra manía: nunca leo las contraportadas, prefiero saber lo menos posible) que un crítico, que ni sé quién es, recomienda muy mucho el cuento que da título al libro y resulta que es el relato número ocho, el siguiente, así que me lo leo. El crítico tiene toda la razón, "el zoo de papel" es precioso, delicado y adorable como una figurita de origami. Así que sigo leyendo... y decido dejar el libro en el relato número nueve.

Liu tiene ideas muy interesantes que desarrolla como si fueran la sinopsis de una película: sin profundizar en los personajes, tirando de alguna frase hecha aquí y allá ("déjenlo marchar, en realidad es a mí a quien quieren"), de tópicos (que si la bella prostituta, que si la policía obsesionada por la muerte de su hija...) y de momentos supuestamente poéticos que me suenan falsos:

Cuando está desnuda y sola con sus recuerdos, desamparada ante la ráfaga de odio al rojo vivo (¿contra aquel hombre?, ¿contra ella misma?) y furia helada, en ese negro abismo sin fondo que es el castigo que debe sufrir.

A estas alturas pensaréis que llevo una racha terrorífica de lecturas en el cercanías. Pero no es así, porque también he leído un libro tan bueno, pero tan tan tan tan bueno, que podría leer los ganadores de todas las ediciones de los premios del Gremio de Libreros de Madrid el resto del año:

Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver
  
Pero al mirar atrás, no puedo menos que reconocer que cuando más intenso era el amor que despertaba en mí nuestro hijo, era cuando no lo tenía delante.


Una madre reflexiona y recuerda: cómo decidió junto a su marido que serían padres, cómo fue el embarazo, cómo enfrentó la depresión posparto posterior, cómo empezó a notar que algo extraño que pasaba a su hijo Kevin... hasta que Kevin cumple dieciséis años y mata a sangre fría a varios compañeros de clase y una profesora. Todo trufado (¿trufado?, ¿he dicho trufado? Soy más redicha que Vivian Gornick) de reflexiones sobre las relaciones madre-hijo, la naturaleza de Kevin, los límites del bien y el mal e incluso la política americana. Es un libro tan profundo, tan estremecedor, que lo mejor es que leamos a Shriver:

Aunque la doctora Rhinestein me brindó lo de la despresión posparto como si se tratara de un regalo, convencida, al parecer, de que el mero hecho de que te digan que eres una desgraciada ha de animarte, yo no pago a los profesionales para que me vengan con obviedades, con simples descripciones. Aquello, más que un diagnóstico, era una mera tautología: me sentía deprimida después de nacer Kevin porque su nacimiento me había deprimido. ¡Gracias por tan brillante explicación!

Cuando le ocultábamos a Kevin nuestros misterios adultos porque era un niño, ¿acaso no le estábamos prometiendo implícitamente que llegaría un día en el que se descorrería la cortina para revelarle... qué? Pero lo único que no se había imaginado nunca Kevin era que no estuviéramos escondiéndole nada. Es decir, que al otro lado de nuestras estúpidas reglas no hubiera nada, absolutamente nada.

...Me dijo que yo tal vez lo pasara peor que cualquiera de los otros padres. Rechacé esa idea. "No sería justo", le dije. "Después de todo, aún tengo a mi hijo." Y entonces dijo algo que me impresionó profundamente: "¿De verdad?" ¿De verdad lo tienes?" No contesté, pero le agradecí su amabilidad.


Y vosotros, ¿cuáles son vuestras manías lectoras?, ¿prestáis libros alegremente?, ¿sois capaces de dejar un libro a medias sin cargo de conciencia?