martes, 8 de agosto de 2017

Películas veraniegas para combatir la ola de calor

En Japón (¿he contado ya que yo he estado en Japón?) se sirve sopa de miso, caliente, humeante, todo el año, hasta en agosto. Y mira que hace calor allá en agosto... Doy fe, porque yo he estado ahí (no sé si lo había comentado en alguna ocasión). Por lo visto tomarse una sopa en verano no es tan mala idea, al menos evitas cortes de digestión. De hecho, países cálidos como India y México (tranquilos, no he estado en ninguno de los dos) tienen una gastronomía muy picante.

El año pasado ya probamos a combatir el achicharrante verano con estas películas repletitas de nieve, lluvia y cielos cubiertos. Probemos la otra opción. Cine veraniego, tropical o hasta desértico, caliente como una sopa de miso. Dadle al aire acondicionado o al ventilador, echaos crema solar y proteged vuestras cabecitas con un sombrero de paja, que aquí van unas cuantas películas que dan sudores.

A pleno sol / El talento de Mr. Ripley
Muchas novelas de Patricia Highsmith se han adaptado al cine. De hecho, con el dinero que consiguió por las ventas de "Extraños en un tren", Highsmith se pegó un viaje por toda Europa y allí empezó a escribir "El talento de Mr. Ripley".

Por supuesto, hubo adaptaciones de esta novela. En "A pleno sol", Alain Delon luce palmito por veleros y playas varias. Años más tarde llegó "El talento de Mr. Ripley", con Matt Damon interpretando a un Ripley menos frío y más vulnerable. De esas películas que es fácil encontrar en televisión, cada vez que la veo, me quedo un ratito. Ver "El talento de Mr. Ripley" casi provoca síndrome de Stendhal: los paisajes de la costa italiana, Roma, la moda de los años 50... y, para colmo, Jude Law cuando tenía pelo.



La selva esmeralda
Hay dos Españas, y no me refiero a la España que muere y a la que bosteza del poema de Machado.  Me refiero a otros grandes cismas: la tortilla de patata con o sin cebolla; nesquick o cola cao; cerveza o vino. Y, por supuesto: calor seco o húmedo. Yo soy una ferviente defensora del calor seco, así que, si me pasara lo que al protagonista de "La selva esmeralda", no habría película. Yo no hubiera sobrevivido en medio de una jugla llena de calor húmedo y, lo que es peor... ¡mosquitos!

"La selva esmeralda" cuenta la historia de un ingeniero americano que está construyendo una presa en plena selva amazónica cuando su hijo desaparece. El padre lo busca durante años, pese a que todo el mundo le da por muerto. El chaval ha sido criado por una tribu indígena y a punto está de convertirse en un guerrero. No he vuelto a ver esta película en muchos años, pero de cría me tenía fascinada: el reencuentro entre padre e hijo en plena selva, los ritos iniciáticos de la tribu y un mensaje ecologista que en los 80 sonaba de lo más novedoso.

El nadador
Con una piscina cerca da igual que el calor sea húmedo o seco. Y no estamos hablando de piscinas municipales llenas hasta la bandera o de las de tus amigos, esos que viven en una urbanización y a los que gorroneas cada verano. No. Piscinas privadas, tuyas y de nadie más. Y como esas las hay a patadas en los Estates. Por eso, un buen día, Burt Lancaster decide volver a su casa nadando de piscina en piscina. Y de eso va "el nadador". Mientras Burt hace largos a crol con un estilo que ni Mark Phelps, vas descubriendo las vidas de sus vecinos y, de paso, vas reconstruyendo el pasado de él. Hora y media de Burt Lancaster en bañador es motivo más que suficiente para ver "el nadador" que, no os engaño, no es para nada un clásico con todas las letras.


Para eso, mejor:

Lawrence de Arabia 
Puede que no hayáis visto ninguna de las películas anteriores, y no pasa nada, pero ésta es obligatoria. Mira que suelen dar pereza las biografías de personajes históricos... Suelen consistir en una sucesión de hechos más o menos conocidos sin un hilo conductor detrás, como si leyeras la wikipedia hasta que al final el personaje en cuestión va y se muere. Pues bien, "Lawrence de Arabia" se las apaña para mostrar parte de la historia del pueblo árabe, más la biografía de T.E. Lawrence, más la vida en el desierto, y todo lo hace bien. Es una película histórica y biográfica y psicológica y bélica y, sobre todo, muy emocionante. Tuve la suerte de verla en pantalla grande hace un par de años y la gente aplaudió en este momento, cuando Lawrence consigue regresar con vida del desierto de Nefud:




Hay que verla. Con una botella de agua de litro al lado, eso sí.

Y vosotros, ¿sois más de Alain Delon de joven, de Jude Law cuando tenía pelo o de Burt Lancaster en bañador?, ¿el calor con más calor se quita o donde haya un aire acondicionado a tope, que se quite todo?, ¿qué película calurosa y/o veraniega recomendáis?

martes, 25 de julio de 2017

La experiencia Paquita

Alguna vez (pocas, muy pocas) los guionistas nos enteramos de cuándo y donde va a celebrarse una fiesta fin de rodaje de la serie en la que trabajas. Y entonces vamos para arramplar con la barra libre y los canapés gratis (si los hay). En la última fiesta a la que acudí, fui con otra misión más: pillar a una actriz por banda y resolver una duda que me atormenta, me inquieta, me perturba, desde hace tiempo. ¿Por qué todas las actrices tienen tan buena piel?, ¿son actrices porque tienen buena piel o más bien como son actrices se la cuidan especialmente?, ¿qué viene antes: el huevo o la gallina? Una actriz me resolvió esa duda, confesó que ella siempre había tenido problemas de acné y que "Paquita le había salvado la vida".

¡Yo también quiero que me salve la vida Paquita!, grité en medio del bar. Estoy en esa edad en la que ya no toca tener granitos porque va a coincidir con las arrugas y mira, o lo uno o lo otro, pero no se puede tener lo peor de la adolescencia y de la madurez.

Pero... ¿quién es Paquita?

Me llamo Ors, Paquita Ors.

La señora de pelo imposible, edad indefinida, medias opacas y gusto barroco por el mármol y los dorados es Paquita Ors. No gasta nada en publicidad y, sin embargo, en cuanto preguntas por ahí o haces una búsqueda en google descubres que Paquita Ors es toda una institución. En esta entrevista cuyo contenido vale oro y sus fotos un Potosí, descubro que Paquita fue una mujer adelantada a su época, que estudia farmacia por imperativo familiar. Su intención era acabar la carrera y después hacer lo que le viniera en gana, pero... "cuando acabé la carrera, estúpida de mí, me casé y me fue fatal". A lo que Jerónimo, su hijo, también presente en la entrevista, responde: "Bueno, ¡estoy yo!". "Lo único bueno. Lo demás, todo mal". Paquita se divorcia en una época en que nadie lo hace y se dedica cuerpo y alma a su tienda de cosmética, donde venden productos que elaboran ellos mismos y donde también se atiende a los clientes individualmente, tras hacer un examen de su piel. La fórmula funciona tan bien que primero Paquita y luego su hijo se dedican a viajar por toda España: Zaragoza, Valencia, Madrid... de tienda en tienda, para diagnosticar personalmente a sus clientes.

Así que pedí cita, dispuesta a tener la piel de Emma Stone o de Cameron Díaz. Bueno, igual la de Cameron Díaz no. Primera fase en la experiencia Paquita: te dan cita para después de unos meses. Cuando pasa ese tiempo, y si no has tenido que cancelar o retrasar la cita, vas a la tienda. Está en pleno barrio de Salamanca, al lado de uno de esos hotelazos con portero que luce uniforme. Por fuera parece una tienda viejuna, de las de toda la vida... hasta que entras dentro. Detrás de las estanterías llenas de tarros, frascos y potingues varios descubres unas paredes pintadas de azul cielo y, en medio de ese azul cielo, angelotes, muchos angelotes.


Es una tienda peculiar, y no sólo por la decoración. Segunda fase de la experiencia Paquita: aunque vayas con cita, nunca esperas menos de una hora. Recomiendo llevarse un libro o hablar con el resto de personas que esperan pacientemente. Hay tiempo suficiente como para estudiarse un tema de una oposición o iniciar una amistad profunda de las que van a durar toda una vida.

Por fin, una de las minions de Paquita (por la tienda pululan una pléyade de mujeres jóvenes y perfectamente maquilladas) dice tu nombre y vas corriendo a donde te indican. Por fin llega la tercera fase: el diagnóstico. No te va a atender Paquita in person, sino su hijo, el heredero del imperio Ors. Él:

En casa tengo la mitad de todos esos tarros.

Jerónimo y su pajarita te atienden con una educación muy Downton Abbey. Te estrecha la mano, te sonríe, te pregunta que a qué te dedicas, te mira el cutis, las manos y las uñas. Luego te dice frases lapidarias del tipo de "tu piel se ha rendido", "no te toques los granos", "no comas embutido ni comida rápida" y tú asientes a todo porque te lo está diciendo un señor mayor con bata y pajarita, y eso imprime autoridad a cualquiera. Al lado de Jerónimo,  una de las minions toma nota de todo. En mi primera visita a Paquita salí con cinco frascos con letras estilo apple chancery y tapas doradas, más unas vitaminas, más la chuleta con las instrucciones de cuándo y cómo aplicarse cada crema escrita con la primorosa letra de una de las minions. El precio de los productos individualmente es  económico, lo malo es que te llevas media tienda...

La siguiente fase en la experiencia Paquita es la más complicada: aplicarse tres potingues por la mañana y otros tantos por la noche antes de dormir. Yo, que no soy constante ni siquiera para lavarme los dientes, me he disciplinado. Hay que rentabilizar la pasta gansa invertida en la tienda de los angelotes.

En las sucesivas visitas, Jerónimo y su pajarita te hacen un seguimiento y, por supuesto, te venden un par de productos más. En la última cita, y después de esperar la hora de rigor, Jerónimo (y su pajarita, de tres veces que he ido la llevaba las tres) me dijo que mi piel ya está casi curada, aunque tengo el hierro bajo y debería comer más carne y me ha emplazado a que vuelva después del verano.

Y, la pregunta del millón: ¿funciona? Yo no soy objetiva, me veo la cara todos los días y no noto gran cosa. Además, y como los miembros de una secta, ya he perdido la objetividad, estoy demasiado fascinada por la experiencia Paquita que ya no sé qué pensar. Pero todo el mundo me dice que sí, que notan que tengo la piel mejor, ¿me dirán la verdad o sólo me lo dicen para que no llore por el dinero invertido en los Ors?

Y vosotros, ¿conocíais a Paquita?, ¿o alguna otra tienda mítica de toda la vida cuya leyenda no necesite ni publicidad?




martes, 11 de julio de 2017

¿Qué canción (infame) del verano eres?

Las canciones del verano son infames. Y pegajosas como la arena de playa, que vas un rato a tomar el sol y tres meses más tarde aún encuentras granos de arena en tus bolsillos y hasta en tu ombligo. Pero algo tienen las canciones del verano, conectan con tu sistema límbico y se quedan a vivir en tu cerebro para siempre. Crees que las has olvidado pero un día, muchos veranos, muchos inviernos después, te despiertas cantando "tsamina mina, eh, eh, waka, waka, eh, eh" y lo que es peor... ¡bailándola!

Todos llevamos en nuestro interior una canción del verano que se niega a abandonar nuestro ser. Se nos pega como una lapa, como el demonio a la pobre Regan en "el exorcista". Pero... ¿cuál es esa melodía que te acompañará siempre? Probablemente no lo sepas porque está enterrada en lo más profundo de tu subconsciente. Para eso está este riguroso a la par que veraniego test:

¿Dónde vas a pasar las vacaciones?
A. Magaluf. O quizá Salou. Un sitio barato, con mucha marcha, gente a porrones y alcohol barato.
B. un pueblo donde se oiga cantar al gallo y no haya cobertura para el móvil.
C. qué importa el sitio, mientras pueda descansar, levantarme tarde, tirarme dos horas desayunando y echarme siestas kilométricas.
D. en la ciudad, trabajando. Es que soy autónomo.
E. en un crucero, que están muy de moda y bien de precio. Otros años he ido a resorts en Canarias y en la Riviera Maya, que también me los recomendaron. Y muy bien, ¿eh?

¿Cómo definirías tu estilo en la pista de baile?
A. arrimando cebolleta.
B. estilo verbena, es decir, las piernas separadas, rodillas ligeramente flexionadas y dando palmas. Intento que vayan a la vez que la música, pero no siempre lo consigo.
C. insinuante, sensual, lo doy todo en los bailes lentos.
D. dando botes de un lado a otro, como si me dieran calambrazos o me estuvieran sometiendo a una terapia de electrochoque.
E. ¿estilo?,  ¿qué estilo? yo solo bailo canciones cuya letra sean unas instrucciones de uso, de ésas que te dicen qué pie mover y cuándo.

Después de seis horas en la playa, empiezas a aburrirte un poco, así que...
A. empiezo a mirar el panorama: a las chicas en top less o los chicos con braga naútica marcapaquete.
B. abro la nevera portátil y me como otro filete de pollo empanado regado con un poco de vino con casera, y tan a gusto.
C. me doy la vuelta y me echo una siesta, una bien larga, de ésas que te dejan más cerca de la muerte que de la vida.
D. no piso la playa desde que fui con mis padres a Gandía en el Seiscientos familiar, allá por los años ochenta.
E. juego a las palas o alquilamos una barca con pedales entre todos. Si a los demás les apetece, claro.

¿Cuál es tu pesadilla recurrente?
A. que murmuren de mí por las esquinas, porque a mí eso me mortifica.
B. me pilla un toro en un encierro.
C. un atasco en la gran ciudad.
D. ahogarme en el mar, porque yo sólo sé nadar a perrito.
E. salgo elegido presidente en unas elecciones.

¿Qué no le perdonarías a tu pareja?
A. una infidelidad
B. la arrogancia, que me haga de menos.
C. que me atosigue.
D. que tenga que mudarse a otro país y mantener una relación a distancia.
E. la indecisión, que me obligue a mí a tomar siempre todas las decisiones.

¿Cuál es tu ciudad favorita del mundo entero?
A. Copenhague, Oslo... cualquier sitio que esté lleno de gente rubia, alta y con buenos genes.
B. cualquier pueblo que mantenga las tradiciones de toda la vida: tirar cabras del campanario, hacer guerras de tomates/vino/o lo que surja...
C. algún paraje en el Caribe
D. Madrid, lo tiene todo: el Retiro, el la Casa de Campo, miles de teatros y museos...
E. Ay, no sé, qué difícil. Elige tú mejor.


Mayoría de A: "el venao"
El verano es esa época para tener rollitos de ídem. Por eso tú te has pasado todo el invierno planeando con la cuadrilla de colegas un viaje a un templo del ligoteo y los chupitos baratos como Magaluf o Lloret de mar. No cuentas con que es muy posible que tu pareja haya pensado lo mismo y te la encuentres en una discoteca dándolo todo mientras aquello de "que no me digan en la esquina, el venao, el venao, que eso a mí me mortifica...". Quien te iba a decir a ti que una canción del verano iba a acabar siendo autobiográfica.

"El Koala" tiene una de esas caras únicas, inolvidables (mentira).

Mayoría de B: "opá, yo viazé un corrá"
El metro te convierte automáticamente en Paco Martínez Soria. Y es que eres muy de pueblo. Te gusta todo lo que huele a campo: las verbenas, los guisos contundentes con grasaza, los quintos... El verano en España está unido a las fiestas de los pueblos. Normal que haya aparecido un subgénero, al que podríamos llamar canción del verano rural, que nos ha traído clásicos tan imperecederos como "el tractor amarillo" o "opá, yo viazé un corrá".

Mayoría de C: "despacito"
Las prisas no van contigo. Por eso siempre llegas tarde a tus citas. Que podrías salir antes de casa o correr... pero no, tú eso de correr, como que no lo ves necesario. No es que seas vago, es culpa del verano, que te ralentiza el metabolismo. Dos semanas de julio cunden como dos días de invierno. Por eso las canciones de ritmo caribeño ("despacito", "la gozadera") te poseen.

La playa de Madrid son estos cuatro chorros que hay en Madrid Río.

Mayoría de D: "Aquí no hay playa"
Cuando estás en paro, porque no tienes dinero. Cuando estás trabajando, porque no tienes tiempo. Cuando te quedas en paro justo antes del verano, porque no te ha dado tiempo a planear nada. El caso es que tu verano consiste en quedarte en la gran ciudad de turno. Y si esa ciudad es Gijón, Barcelona o Málaga, bueno, pase... pero, ay, como sea en una ciudad de secano... Tú no te quejas porque siempre te quedarán El Corte Inglés y cualquier recinto cerrado con aire acondicionado a tope, pero la realidad es que ves las fotos de los pies de tus amigos que están "aquí sufriendo" y te das cuenta de que quien sufres eres tú. Y lloras.

Mayoría de E: "follow the leader"
Hay un dicho popular que dice: "¿dónde va Vicente? Donde va la gente". Pues bien, tú eres Vicente. Tienes la personalidad de un cefalópodo, te dejas guiar por las modas y la opinión general. No te gusta decidir en nada en general, así que las canciones con instrucciones de baile como "follow the leader", o "la bomba" de King África (una mano en la cabeza, una mano en la cintura, un movimiento sexy...) te gustan. Así sabes qué es lo que hay que hacer.

Y vosotros, ¿qué canción del verano sois?, ¡confesad!

miércoles, 28 de junio de 2017

Cámbiame es el mal

Una de las ventajas de dedicarte profesionalmente al guión es documentarse. ¿Que te llaman para una miniserie sobre los Pujol? Pues a empollarte la vida del molt honorable, el sistema procesal y los métodos para blanquear dinero. ¿Que te llaman para hacer una serie de época estilo "tacita de té"? Pues a leer libros sobre la vida de las criadas en los años 20. ¿Que te encargan un proyecto sobre youtubers? Pues a ver vídeos de youtube de esos jovenzuelos cuya existencia desconocías hasta que empezaron a protagonizar anuncios de refrescos.

Los youtubers, para mí, eran como los barrios de Madrid situados más allá de Plaza de Castilla hacia el norte o más allá de Carabanchel hacia el sur. Sé que existen, pero no me interesan, ahí no hay nada para mí. Con esa actitud me puse a ver vídeos en youtube y descubrí cosas tan apasionantes (o no) como el unboxing o el asmr.

 Esto es el unboxing. Apasionante, ¿a que sí?

Después de decenas de videos de adolescentes que hacían cosas sin sentido ni gracia mientras gesticulaban exageradamente ante la cámara me empecé a sentir como Javier Marías. Me sentía vieja, rancia e indignada. Me estaban entrando unas ganas enormes de tener unas palabras con esos chiquillos, palabras de señora del tipo "¿pero tú estudias?", "ordena la habitación si la vas a enseñar al mundo entero", "pero mira qué pintas llevas"... Hasta que la encontré a ella:



La moza que se esconde tras "soy una pringada" es espabilada, ingeniosa, tiene mala leche y vis cómica. Además, dice verdades como puños. Porque, ¿no son los ex gordos los nuevos ex fumadores? Gente que se ha hartado de no gustarse y de que le aconsejen que se quiten unos kilos de encima cuando, por fin (y tras mucho esfuerzo) lo logra, ya no puede hablar de otra cosa que no sean las bondades de la lechuga, la vida sana y el crossfit. Soy Pringada critica la falta de coherencia del discurso del ex gordo que se lamenta de las presiones sociales que hay para adelgazar (presiones a las que ha cedido), de lo que sufre por no comer lo que querría y de lo feliz que es porque la vida sana es la mejor (¿pero no decías que sufrías por culpa de la dieta?). La youtuber habla de la ex gorda por excelencia a la que otorga el título de "gorda traicionera": Carlota Corredera. Esta buena señora, desde que adelgazó, se ha convertido en la mujer que todo lo presenta en Tele5. Entre otros, es la conductora de "Cámbiame", un programa consistente en cambiar el look de la gente para que así sean más felices. Con el lema "si tú cambias todo cambia", tres expertos en moda tunean al pobre incauto que cae en sus redes porque si le tiñen el pelo y le ponen ropa colorida ya no estará deprimido, ya no le importará ser viejo, estar solo, no tener trabajo. Y aquí llegamos al meollo de la cuestión (sí cuatro párrafos más tarde, llegamos al meollo), ¿cambiar el exterior va a hacer que nos sintamos mejor?, ¿Carlota Corredera es más feliz ahora que tiene una talla 40, presenta dos o tres programas a la vez y sale en la portada del "Semana"?, ¿o hablar tanto de su trauma con el peso y la comida no enmascara una insatisfacción más profunda?


En el fondo, todos los programas de cambio de aspecto: "Cámbiame", "How do I look?", "extreme makeover" (y más que habrá en esos canales que ni te molestas en sintonizar), ofrecen una solución fácil a un problema complejo. La gente llega con su chándal, sus arrugas, su pelo fosco y una historia muy lacrimógena. Los asesores escuchan la historia lacrimógena y, oh sorpresa, lloran. Luego le cambian su aspecto, la persona en cuestión se ve por primera vez, agradece muchísimo la labor de los asesores y, oh sorpresa, vuelven a llorar todos. Que a mí un programa de cambio de imagen me parece estupendo, oye, ¿pero es necesario asumir que si renuevas tu vestuario y te tiñes las canas serás felicísimo?, ¿de verdad es tan simple?, ¿tan superficial? Los tres asesores de "Cámbiame" son el epitome de lo fácil, adoran las frases hechas de autoayuda del tipo de "si lo visualizas, ocurrirá", las loas a amar y ser amado y, ya que estamos, viva la paz y qué mal las guerras. Y no exagero. Que todo esto ocurrió y además en el día en que media España está frente al televisor. El día de Nochevieja, cuando la presentadora de "Cámbiame" de ese momento y sus tres asesores de moda fueron los encargados de retransmitir las campanadas.

A mí me gustaría ver "Descámbiame". Un programa que recuperara a todas esas personas que acudieron a que les cambiaran de look para comprobar si mantienen el estilo que les aconsejaron y, sobre todo, ver si son felices. Eso sí, sin lloros.

Y vosotros, ¿seguís a algún youtuber o sois más de la cuerda de Javier Marías?, ¿creéis que "Cámbiame" es el mal o hay otros programas que despiertan vuestros odios?, ¿veríais "Descámbiame"?

miércoles, 14 de junio de 2017

El cambio climático explicado para que lo entienda Trump

Qué agradable llevar dos noches sin dormir bien por culpa de las altas temperaturas y enterarte de que la ola de calor no ha llegado aún. Empieza mañana. Pero entonces, ¿cómo llamamos a lo que ha pasado hasta ahora?

Antes se hacía el cambio de armario, se guardaban los jerseys y se sacaban los pantalones cortos justo en el 40 de mayo. Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo, decía el refrán. Ese refrán debe ser de la época de los romanos, cuando decían que una ardilla podía cruzar la península ibérica saltando de árbol en árbol. Hoy sólo lo lograría saltando de Papizza en Papizza.

¿Este calor infernal es culpa del cambio climático o, como dice Trump, es un invento de los chinos?

Ignoro la opinión del señor de la piel color Risketo al respecto ahora mismo, día 14 de junio, a las 18.32 horas, porque este señor cambia de opinión más que de corbata. Pero yo lo tengo muy claro. Nos vamos a asar cada año un poco más. Gentes de letras puras, hijos de la ESO y dummies en general, os voy a explicar de qué va el cambio climático. Si yo lo entiendo, que soy de letras puras, vosotros y el señor Trump también podéis.

Desmontemos los argumentos que se dan en contra del cambio climático:

¿Cómo van a saber que hay un cambio climático si los meteorólogos ni siquiera saben qué tiempo va a hacer mañana?
En la serie documental "Cosmos" (la nueva, no la que hizo Carl Sagan años ha) lo explican divinamente. Neil Degrasse Tyson, el presentador de la nueva "Cosmos" pasea por la playa con un perro. El perro da mil vueltas: dos pasitos hacia delante, tres hacia atrás, me acerco al mar, veo un palo, cojo el palo, dejo el palo, un paso hacia atrás... pero siempre en la dirección que Neil, que lleva la correa, marca. Neil afirma que predecir el tiempo que hará en unos días es como predecir qué hará el perro en el siguiente segundo, imposible. Pero predecir en qué dirección marchará el perro sí se puede prever, pues es él quien lo dirige gracias a la correa.

Nosotros somos quienes llevamos la correa del cambio climático y está ahí, es medible. Con el aumento de temperaturas, el aumento de emisiones de CO2 de los coches, el deshielo de los polos...

Neil Degrasse, el científico con más flow.

¿Y qué si se derriten los polos? Pues que se derritan, anda que no están lejos.
Están lejos, sí, pero son muy tochos. Tanto que si se siguen derritiendo el nivel del mar subirá tanto que anegará la costa de medio mundo. Por poner un ejemplo, Londres se inundaría, ¿a dónde iríamos a ver musicales?

Además, los polos cumplen una labor básica, reflejan y rebotan los rayos que nos llegan del sol, equilibrando así la temperatura. A menos superficie helada, menos rayos de sol que se reflejan y, por tanto, más calor y más daño nos harán los rayos de sol.

Pues yo no noto nada. La gente se queja en verano del calor, y en invierno del frío.
Es normal que los afortunados que tienen aire acondicionado no noten gran cosa. Si hace calor se quedan en casa y tan a gusto. Pero los que saben del tema sí lo notan. La sociedad ornitológica de España ha contabilizado hasta diez especies de pájaros que antes emigraban en el Sáhara y que ahora eligen... ¡España! Somos el nuevo Sáhara, qué espanto. Cuando todo el mundo sabe que lo bonito es el entretiempo, esa época en la que puedes llevar vestidos sin peligro a parecer Camacho porque sudas a chorros.

Más datos. El desierto de Atacama, en Chile, un sitio tan inhóspito y tan seco que se usa para recrear las expediciones a Marte, avanza medio kilómetro al año, ¡medio kilómetro!

Pero no me hagáis caso a mí. Haced caso a Schwarzenegger:




Arnold (es más fácil escribir Arnold que Schwarzenegger) dice que Trump, al salirse del acuerdo de París, hace viajar al mundo al pasado. En "Cosmos" sugieren un momento estupendo para viajar al pasado y ahorrarnos este sufrimiento sofocante: 1913. Entonces Frank Shuman construye en Egipto la primera planta solar funcional y económicamente rentable. Pero llegó la I guerra mundial, la planta fue destruida y se desarrolló otra fuente de energía que era muchísimo más rentable: el petróleo. Ay, si Terminator viajara a 1913 y evitara este desastre...

Y vosotros, lectores sudados de mis entretelas, ¿qué tal lleváis el calor?, ¿tenéis aire acondicionado?, ¿piscina?, ¿me invitáis? Responded primero a la última pregunta.

lunes, 29 de mayo de 2017

El pasado viene a visitarte

Llaman a la puerta.

Insisten. Tanto que piensas que a lo mejor es el de la lectura del gas. O peor aún, el cartero con una carta certificada de Hacienda, que solo insisten tanto cuando llevan cartas certificadas, si llevan un paquete o, peor aún, son los de SEUR con una compra que llevas esperando días, llamarán flojito y se marcharán sin hacer ruido. Pero me estoy yendo por las ramas. ¿De qué estaba hablando yo? Ah, sí. Llaman a la puerta. Insisten. Vas a abrir y te encuentras con tu yo del pasado. Tu yo adolescente, lleno de granos y con una carpeta forrada con fotos de los Back Street Boys, de los Pecos, de Take That... Podría ser el comienzo de una pesadilla. O, peor aún, el comienzo de uno de tantos cortos del Notodo con los que nos bombardean los amigos/colegas/conocidos. Que no debería criticarlo, que yo también lo he hecho... Pero ése no es el tema, ni queremos que éste sea el post más disperso jamás escrito. ¿Por dónde iba? Ah, sí.

El pasado vergonzante.

¿Quién no se ha puesto a revisar un álbum de fotos y ha encontrado fotos de sí mismo que le han horripilado? Nosotros, los simples mortales, lo tenemos fácil: rompemos las fotos y santas pascuas. ¿Pero qué pasa si eres famoso? Hubo un día en que no lo eras. Un día no muy lejano, cuando existían audiogalaxy y myspace y tú vas y te abres un perfil en myspace y lo llenas de fotos a cual peor.

¿Un tipo de Liverpool en sus vacaciones en Magaluf en plena resaca?

Tom Hardy, el nominado al Oscar, el que produce series que él mismo protagoniza, el nuevo sex symbol... antes de ser un actor como la copa de un pino era un inglés hortera con pinta de concursar en la versión británica de "Mujeres, hombres y viceversa". Cualquiera en su lugar hubiera ido a los tribunales y se hubiera amparado en el derecho al olvido para que borraran todas estas fotos. Tom no. Él ha dicho estar muy orgulloso de su pasado.

Pero, ¿estaría igual de orgulloso si su pasado fuera éste?:


Sí, es Terelu Campos, antes de arreglarse los dientes. Y no, no sale después del minuto 1, podéis parar el video ya.

Olvidemos un momento a Terelu Campos cuando estaba delgada, pero tenía la dentadura fatal. Hablemos de "Zocta, solo en la Tierra se puede ser extraterrestre", una película protagonizada por Joe Rigoli, humorista argentino que tuvo cierta fama en la España de la transición, esa época en la que triunfaba el humor fino y elegante de los Ozores y compañía. Ya a finales de los años 80 y quizá intentando recuperar la fama anterior, Joe Rigoli se lanza a dirigir y protagonizar "Zocta" una película que debió estrenarse directamente en video y que ni siquiera tiene una crítica en film affinity. Es una mezcla entre "Mi novia es una extraterrestre" (aquella con Kim Bassinger de sexy alien) y "Plan 9 from outer space". Vamos, canela en rama. Podría hacer la competencia a otras películas patrias que deberían tener sección propia en la Cutrecon, como "Kibris, la ley del equilibrio", esa película con José Sancho, unos karatekas y Paula Vázquez haciendo de vampiresa.

Pero ya me estoy yendo por las ramas otra vez. Si tenéis curiosidad sobre esta película tan mala que da la vuelta al círculo y parece hasta divertida, mirad los comentarios de este blog, donde un actor que participó en "Zocta" cuenta auténticas perlas sobre su rodaje.

Tom fue un hortera. Terelu necesitaba un dentista... y este niño que vais a ver a continuación ni con otro peluquero, ni una visita al oftalmólogo iba a conseguir quitarse de encima esa cara de funcionario de Hacienda que Dios le dio:

El pelo paje, cuánto daño hizo...

George Clooney fue feo. Aquí está la prueba. Así que, padres del mundo que querrías poder decir de vuestros hijos que son guapos, pero no podéis... no perdáis la esperanza.

Y vosotros, ¿tenéis fotos vergonzantes del pasado?, contadme o, mejor aún, subid las fotos...

lunes, 15 de mayo de 2017

Di no al Brexit, di sí a Eurovisión

Hubiera sido taaan bonito. Todos a puntuar con twelve points a Guallominí y Gran Bretaña se hubiera visto obligada a organizar Eurovisión en el año del Brexit. Pero para que eso fuera posible los europeos nos tendríamos que haber puesto de acuerdo y/o Gran Bretaña tendría que haber mandado una canción un poco molona. Y ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, creo que Europa puede unirse a través de Eurovisión. El festival que nos recuerda que Azerbaiján está en Europa también puede servir de contrapeso a los partidos antieuropeístas. Que la música nos una a todos. Pero no la música coñazo de baladas con su consabido crescendo vocal al final, mientras el pelazo de la cantante se agita al viento y un violinista toca un solo. No. Se trata de unir al pueblo. A la gente. A las masas. Esa música que la escuchas y te echas a bailar y a cantar, aunque sea en un idioma tan extraño como el moldavo.

Sí, amigos, ha habido éxitos moldavos. Más bien, ha habido uno. Éste.


Moldavia, como Teruel (o Azerbaiján), existe.

Yo creía que Moldavia no existía. Creía que era producto de la imaginación de los guionistas de Dinastía que hacían que Catherine Oxenberg fuera aristócrata europea sofisticada del reino de Moldavia. Otro día hablaremos de porqué no sé dónde he dejado las llaves pero sí sé el nombre de una actriz de segunda que salía en "Dinastía".

La cuestión es que Moldavia, en una alianza con Rumanía (Dragostea din tei está cantada en rumano, y el grupo estaba compuesto por moldavos y rumanos, en una unión paneuropea preciosísima) ha dado un megaéxito a toda Europa. Ése es el camino que hay que seguir.

Y otros países de chichinabo pequeños también han dado hits:


Si tuviera que enseñar qué fueron los 80 a un joven millenial nacido en el 2000 o a un extraterrestre, le enseñaría este videoclip. Y ya. 

Nada de canciones medio folclóricas cantadas en idiomas que parecen klingon, ni de baladas de portugueses tristes que llevan una coletilla como la que me pongo yo cuando voy a hacer limpieza general ni, obvio, canciones con alaridos cantos tiroleses... Todo esto lo vimos hace un par de días en Eurovisión y gracias, pero no, gracias.

Menos mal que siempre nos quedará Suecia (y los suecos). Los únicos que son capaces de hacer una puesta en escena en condiciones, que parece sacada de los Grammy y no de una retransmisión de la OTI de 1985. Quizá Suecia debería ganar siempre Eurovisión, y que los demás ni se molesten, que se queden en casa.

Queremos grandes hits. Dignas canciones del verano. Pegajosas. Eternas. De ésas que no sabías que te sabías. De ésas que no sabías que te sabías la coreografía. Como ésta. Danesa, para más señas. Las nuevas generaciones también bailan esta canción. Doy fe. Lo he visto en el Ocho y medio.

Y diréis, ¿y España qué? Fácil, que lo manden a él:



Triunfó hasta en Japón. Preguntad a cualquier mayor de 30 años de cualquier país europeo. Tararead chiquitan chiquitan-tan-tan-que-tumbanban-que tumban-que teverere y veréis cómo la reconoce.

Pero quizá el tiempo de Chimo Bayo ya pasó. Es el momento de nuevas generaciones. Y si el triste portugués de la coletilla había actuado en el Sónar, se me ocurren dos mozas que están petándolo en eso que se llama "la escena indie". Con canciones pegadizas y con su punto cómico. Imaginad qué bonito sería escuchar esta canción en un escenario de ésos tochos y llenos de efectos de luz, y ventiladores, y llamaradas, y máquina de humo y, por supuesto, junto a un violinista:


Les gusta ir al Ritz, pero al bingo también...

Y vosotros, ¿a quién llevaríais a la próxima edición de Eurovisión?, ¿también tenéis dolor de cabeza que empezó con la actuación de Rumanía y sus alaridos cantos tiroleses y que todavía no se ha ido?