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martes, 19 de agosto de 2014

Cómo sobrevivir al Sonorama

Querido Javier Ajenjo, gracias por oír mis sugerencias. Porque es evidente que el organizador del Sonorama Ribera del año 2014 se leyó este post y vio que hacía falta llevar artistas viejunos a los festivales hipsters. Como Paquita la del Barrio no es tan conocida en España como en Sudamérica, Ajenjo optó por alguien mucho más asentado: Raphael.


Todos juntos: ¡¡¡¡¡Qué pasará qué misterio habrá, puede ser mi gran noche!!!!!

Sí, amigos, Raphael ha actuado en un festival indie. Y yo, que me había jurado a mí misma, con un trozo de tierra en la mano y un atardecer de fondo, a lo Escarlata O'Hara, que no iba a volver a ningún festival, he vuelto. Eso sí, durmiendo en hostal, que los campings son para veinteañeros y mayores de 30 que siguen viviendo con sus padres. Las señoritas dormimos en hostal y para las 3 de la mañana estamos que nos caemos de sueño. Y de frío, porque hay que ver cómo refresca en Aranda en cuanto anochece. Y es que la primera clave para sobrevivir al Sonorama es abrigarse. No estamos hablando de la típica rebequita fina de las noches de verano. Esto es Burgos, y todo es a lo bruto: el sol de las 4 de la tarde es a lo bruto y el frío de medianoche también.

Por eso la segunda clave para sobrevivir al Sonorama es llevarse algo con lo que combatir el calor de mediodía. Ignoro si es una costumbre asentada o moda de este año, pero las pistolas de agua arrasaron. Las modestas tipo spray para regar las plantas y las grandes rollo metralleta.

Pensaréis que entre la mochila con el jersey para luego, más la pistola de agua, más el sudor, más los vermús a 1.50 euros no hay hipster que no acabe convertido en un despojo digno de los Sanfermines. Pues os equivocáis. El uniforme indie permite que aguantes todo el día con tu glamour intacto. La moda del 2014 dicta lo siguiente.

Para ellas:
- short vaquero muy corto. Los rotos y que se te vea medio cachete son un poco chonis, pero se admiten.
- Camisa o camiseta estampada. Las piñas son el estampado de la temporada. Seguido muy de cerca por el clásico estampado floral y las mariposas. Las rayas este año están demodé.
- Vestidito corto por encima de la rodilla. Liso o con estampado de flores, pero no de piñas. No sé porqué. Misterios de la moda.
- Sombrero tipo borsalino y gafas de sol tipo espejo. Muy útiles para retocarte los labios (rojos, por supuesto) a las 2 de la mañana.

Para ellos:
- Pantalones cortos por la rodilla. Vaqueros o lisos en tonos neutros.
- Camiseta con mensaje, sea del grupo favorito del susodicho o con alguna serigrafía de "El Nota", de Breaking Bad o algo graciosillo tipo esto:


- Camisas tropicales. Aquí las palmeras sustituyen a las piñas, ¿por qué? Yo qué sé, dejad de preguntarme cosas difíciles.
- Como complemento sirven tanto el sombrero tipo borsalino como las gafas de pasta.

Last, but not least, los festivales siempre habilitan una zona de descanso que suele estar más concurrida que la carpa dance cuando toca en directo alguien malo (Cut Copy, por ejemplo). En el Sonorama había una patrocinada por Beefeater con sillones hinchables donde proyectaban documentales musicales y video clips. Yo ahí fui feliz. Si ya hubieran tenido mantitas hubiera sido la repanocha.

Con todos estos elementos ya estás preparado para triunfar. Pero, recuerda: "lo que pasa en Aranda se queda en Aranda", como dijeron un grupo de chavales de 25. Luego comentaron lo que les pasó el año pasado, que tío, luego tu novia se entera de que te liaste con una en el cámping y eso no puede ser.  Este grupo, por cierto, estaba enfadadísimo con la inclusión de Raphael en el festival y, para demostrar su protesta, decidieron quedarse en el cámping. Estos chavales (me apuesto la metralleta de agua que robamos) ahora se están comiendo sus palabras, porque Raphael triunfó por todo lo alto. Dio el mejor concierto de todo el Sonorama.

Y no lo digo yo como fan que ya es la tercera vez que lo ve en directo. Ahí están las cifras para demostrarlo. Llenó el escenario principal.

Yo soy la cabecita número 27 de la cuarta fila desde la derecha.

Raphael se comió con patatas a todo el pop indie nacional. ¿Porque tiene mejor voz y además vocaliza? Podría ser, pero no. ¿Porque las canciones de Manuel Alejandro han envejecido divinamente y las de Australian Blonde, pues mira, chico, como que no? Tampoco. La clave de Raphael es su intensidad. Algo que falta mucho en el pop en general, y en el español más aún. Porque es my triste que en tooooodo el concierto de Nacho Vegas el momento más intenso fuera cuando se desabrochó el botón de la americana. Chico, un poco de sangre en las venas. Por no hablar de la costumbre de Iván Ferreiro de cantar encogido, como si tuviera chepa, o Depedro y su guitarra que sonaba a que en cualquier momento iba a tocar "un pueblo es".

Por si cuela, voy pidiendo ya a Javier Ajenjo que el año que viene repitan León Benavente, Second y Raphael. Y que se traiga a Raffaella Carrá. Porque los hipsters lo dan todo cuando suenan Lori Meyers o La Casa Azul, pero el delirio es total si suena "para hacer el amor hay que venir al Sur".

viernes, 25 de mayo de 2012

Señoras que pierden los papeles por Raphael


Por 25 pesetas cada una, cosas emocionantes que ponen los vellos de punta como, por ejemplo: el David de Miguel Ángel, 1, 2, 3, responda otra vez:


El David de Miguel Ángel
Michael Fassbender vestido de época en “Jane Eyre”
Cambiar de compañía telefónica a la primera y sin errores de facturación
Encontrar una ganga auténtica en rebajas
Michael Fassbender vestido de nada en “Shame”
Ver a todo un teatro en pie aplaudiendo.

Tolón tolón, tolón, campana y se acabó.

Cabrían más respuestas, sí, pero en algún momento hay que empezar el post.

Pocas veces se puede a ver todo un teatro en pie, aplaudiendo. Yo sólo lo he visto tres veces, dos, en realidad. Una en el Teatro Real, con el “Tosca” dirigido por Nuria Espert y como estaba en la típica butaca arriba del todo, y con visibilidad reducida, no estoy muy segura de si todo el mundo esta en pie o no. Otra vez fue en el Valle Inclán, con “Urtain”, todos estaban de pie, menos mis amigos y yo, porque no nos pareció para tanto y decidimos ponernos farrucos. Se notaba tanto que éramos los únicos sentados que Alberto San Juan miró mal a mi amigo Escri. O eso dice él. Que lo mismo simplemente estaban teniendo un duelo de miradas de macho alfa.

La única vez en la que todo el teatro, y todo es todo, porque las localidades estaban agotadas, estaba de pie, rendido, aplaudiendo y jaleando ha sido en el concierto de Raphael este lunes, en el teatro de la Zarzuela.

La cosa ya prometía desde el primer minuto:

19.58, termina de entrar el público, en las escaleras veo a tres generaciones de la misma familia juntas: una chica de unos 16 años, señora de cuarentaybastantes, y una anciana venerable.
20.01, teatro lleno, en el tercer piso, zona de visibilidad reducida, un grupo de mediana edad comenta que es una vergüenza que se pongan a la venta entradas tan malas, que en el teatro de la Zarzuela se ve mal, y que otros sitios son mejores, porque cuando ellos fueron a ver a Miguel Poveda en el Español, se veía mucho mejor, vamos, dónde va a parar.
20.05, Suenan los acordes de “Mi gran noche”, el grupo se calla y empiezan a oírse gritos. Raphael sale a escena y una señora con pinta de profesora de instituto sentada delante de mí se pone de pie llevada por un resorte invisible, se dirige a la barandilla y baila al lado del operador de luces.
20.06, a la profesora de instituto se suma una chica folclórica, de veintipocos, con parecido a Anabel Pantoja (la sobrina de ídem) y una horquilla con forma de mariposa plateada en la cabeza. La chica se agacha entre el de luces y la barandilla y hace fotos.
20.10, El grupo de visibilidad reducida primero farfullamos un poco y luego iniciamos una pequeña revolución y convencemos a la profesora y la folclórica para que se aparten un poco.
20.15. La folclórica vuelve a su sitio. La profesora de instituto ve que hay un asiento libre en la primera fila de nuestro piso y allá que se va. Yo me pongo en su asiento así que cuando Raphael está en la parte más a la izquierda del escenario le veo. Llevo prismáticos, y la señora que tengo al lado también.

El señor mayor allá a lo lejos sentado encima de un taburete es Raphael.

Mientras en la zona de visibilidad reducida jugamos a las sillas, en el escenario Raphael dice unas palabras sobre su compositor favorito, Manuel Alejandro, con el que ha vuelto a trabajar en su último disco. Dice que le debe estar donde está y que espera seguir trabajando con él en el futuro. Los fans de la zona de butacas aplauden hacia un punto de los palcos. No entiendo porqué hasta que Raphael señala también hacia ese mismo punto y Manuel Alejandro, trajeado y con cara de “ay qué vergüenza más grande” se levanta y saluda.

Componer canciones debe ser tan desagradecido como escribir guiones. En los dos casos uno trabaja solo. En los dos casos lo que se haga después con tu guión o partitura puede convertir tu trabajo en una boñiga de vaca. Y en los dos casos es raro recibir algún tipo de reconocimiento público. Pero es que Manuel Alejandro se lo merece, ha escrito las mejores canciones de Raphael, como este himno a la belleza y el optimismo que es “digan lo que digan”:

Más dicha que dolor hay en el mundo
más flores en la tierra que rocas en el mar
hay mucho más azul que nubes negras,
y es mucha más la luz que la oscuridad.
Digan lo que digan,
digan lo que digan,
digan lo que digan los demás.
Son muchos, muchos más los que perdonan
que aquellos que pretenden a todo condenar.
La gente quiere paz y se enamora
y adora lo que es bello nada más. 
Digan lo que digan…

También compuso las mejores canciones de ese género que suena a rancio y hortera y que es la canción ligera.  Escribió “Señora” , “Ese hombre” y “Lo siento mi amor” para Rocío Jurado , “Lo mejor de tu vida” para Julio Iglesias, el disco de Jeannette “Soy rebelde”, que ha envejecido tan bien que a día de hoy se siguen haciendo versiones de sus canciones, a mí me vuelve loca esta del Hombre Burbuja, de “frente a frente”.
"Ahora" no es de Manuel Alejandro, es de Bunbury
El concierto continuó con Raphael intenso y entregado como siempre, y su público a la altura, cantando los estribillos de horteradas como “maravilloso corasssón, maravilloso” o “escándalo”, gritando de emoción cuando Raphael hacía como que bailaba  y lanzando gritos desaforados de “no te vayas nunca”, “artista”, “guapo” o, como decía la chica folclórica: “¡qué arte, hiho!”.

La traca final llegó con “Yo soy aquel”, que estableció una especie de diálogo entre Rapahel y sus fans. Él cantaba “estoy aquí para quererte” a su público, recalcando el aquí mientras señalaba el escenario y ellos respondían cantándole “estoy aquí, aquí, para adorarte” y le señalaban a él al decir “adorarte”. No creo que exista público (fans de Justin Bieber aparte) tan entregado y tan leal a lo largo de los años. Quizá el de Isabel Pantoja, que es capaz de escribir comunicados a los medios quejándose de la injusticia del enjuiciamiento de la Panto.

Después de "yo soy aquel" todo el teatro, de pie, despedimos a Raphael. 


Es el segundo concierto suyo al que voy y al próximo me pido zona de butacas, rodeada de los fans acérrimos, que eso tiene que ser toda una experiencia sociológica. Y vosotros, ¿habéis visto alguna vez a todo un teatro en pie, entregado?