-->
Necesitamos hacer ciertos
preparativos. Alojaremos la cabeza del profesor en la habitación
contigua al laboratorio... Solo temporalmente, por supuesto. Mañana
traerán aquí dos cadáveres frescos y prepararemos con ellos un
buen par de cabezas parlantes para presentarlas en sociedad. Ya va
siendo hora de sacar a la luz nuestro descubrimiento.
Qué sería de la ciencia ficción sin inventores con ideas locas.
Tenemos al doctor Marcel, empeñado en solucionar el hambre en el mundo mediante la ingeniosa idea de hacer más pequeña a la gente:
"Muñecos infernales" de Tod Browning, no sólo tenía a gente minúscula y a un inventor loco. También había delincuentes fugados de la cárcel, venganza y hombre travestidos de ancianas. La risión.
Al doctor Moreau, empeñado en mezclar a gente con animales, a ver qué sale.
O al doctor Frank N. Furter, que es como el doctor Frankenstein, pero en travesti, y obsesionado con crear a un maromazo.
Sí, la ciencia ficción no sería nada sin inventores locos. Y a la lista hay que añadir dos decubrimientos, los doctores Dowell y Kern. Kern, ambicioso y sin escrúpulos, es discípulo del bondadoso y sabio Dowell y ambos investigan (cómo no) sobre cómo insuflar vida a los muertos. Cuando Dowell enferma y muere por un ataque de asma, Kern tiene una idea propia del inventor loco que es, ¡revivir la cabeza del profesor Dowell! Así comprueba si sus experimentos funcionan en humanos y, de paso, se queda él solo con la fama y el prestigio de sus avances. Kern encierra a la desdichada cabeza del profesor Dowell en el típico laboratorio secreto y la usa para que le eche un mano (figuradamente) en sus investigaciones. Por el camino, también revive las cabezas de Thomas, un chico de campo que morirá de pena por haber perdido su cuerpo lozano, y de Briquet, una cabaretera.
Kern intentará darles una nueva vida a sus cabezas y le conseguirá un cuerpo de veinteañera a la presumida Briquet, que está encantada. Briquet aprovecha que vuelve a tener piernas y se escapa del laboratorio, conoce al antiguo pretendiente de la dueña de su cuerpo, y él inicia un coqueteo con ella para averiguar qué es lo que realmente le sucedió a su amiga, ahora desaparecida, reconociendo en los gestos, los andares y las formas de Briquet a su antiguo amor platónico. Mientras tanto, Briquet se enamora de él:
Le sonrió tan dulcemente que él no
pudo sino responder de igual forma. Y esta vez lo hizo pensando
únicamente en ella, ya que la sonrisa se había originado en la
cabeza. Sin darse cuenta, Briquet iba haciendo progresos.
Si queréis saber más sobre "La cabeza del profesor Dowell", os lo compráis, que está en todas las librería. Su autor, Aleksandr R. Beliáiev es considerado el Julio Verne ruso. En la edición de "La cabeza del profesor Dowell" se incluye otra novelita corta, sobre las consecuencias un hipotético cambio en la velocidad de la luz. La percepción de los objetos en movimiento cambia y los personajes ven cómo se mueven las cosas cinco minutos después de que lo hagan realmente.
Beliáiev tuvo una vida desdichada. Pasó gran parte de su niñez y adolescencia postrado en la cama, por culpa de una lesión en la columna vertebral. Se refugió en historias que lo llevaban lejos, muy lejos de su cama, máquinas del tiempo, submarinos, extraterrestres... H.G. Wells o Julio Verne eran sus autores preferidos. Era cuestión de tiempo que se dedicara profesionalmente a la escritura, pero antes hizo algunas cosillas más. Fue periodista, escenógrafo, bibliotecario, policía y hasta director de un orfanato antes de dedicarse únicamente a escribir. Fue prolífico y popular, pero llegó la guerra y, durante el sitio de Leningrado, murió de hambre. Su mujer y su hija fueron deportadas a Polonia. Tuvo una vida desdichada, muy alejada de las fantasías de ciencia ficción que escribía.
Y no se puede dedicar un post a la ciencia ficción sin hablar de la reciente muerte de todo un clásico: Richard Matheson. El autor de "El increíble hombre menguante", "Soy leyenda" y de muchos capítulos de "La dimensión desconocida", como "Nightmare at 20.000 feet", dirigida por Richard Donner. Una historia divertida y naif, sí, pero que como toda la buena ciencia ficción también trata de un tema complejo. Porque eso es lo que hace la ciencia ficción, valerse del entretenimiento y la imaginación para hacernos pensar, casi sin que nos demos cuenta. "Nightmare at 20.000 feet" habla de la locura porque, ¿qué es la locura sino saber que sólo tú estás cuerdo? Eso le pasa a un jovencísimo William Shatner cuando se da cuenta de que él es el único que ve al hombrecillo que está manipulando el ala del avión en el que viaja:
¡Cómo! ¿Que no sabéis quién es Richard Matheson? Pues echad un vistazo a este relato corto, copiado y pegado en la red gracias al blog Papel Desgarrado.
Y vosotros, ¿cuál es vuestra historia preferida de Matheson?, ¿tenéis alguna recomendación de ciencia ficción de la buena, es decir, loca, imaginativa, divertida?
