De los creadores de "yo he estado en Japón" (he estado, o mejor dicho, estuve, ¿lo he dicho en alguna ocasión?) llega... "yo he estado en Amsterdam viendo a Madonna".
No, no soy una de esas fans que siguen a sus ídolos durante toda su gira, que hacen cola para estar en primera fila y que se compran todo su merchandising. Es más, a mí Madonna me ha hecho un par de jugadas muy feas, y por eso, Madonna, reina del pop, te escribo estas líneas. Como sé que tu castellano es fluidísimo, que llevas media vida cantando "last night I dreamt of San Pedou", te escribo esta carta en el idioma de Cervantes. Y en el de Daddy Yankee, también.
Dear Madonna;
A mí no me la vuelves a dar con queso. Me sé tu juego. Tú vas y programas una sola fecha en España, pongamos por ejemplo en Barcelona y dejas unos días libres después. Por supuesto, las entradas baratas vuelan. Y es que los miembros de los clubs de fans y los apuntados a páginas como Live Nation tienen prioridad. Y allí estaba yo, con dos amigas, a las que llamaremos O. y F., atentísimas para luego descubrir que sólo quedaban a la venta las entradas VIP que cuestan unos 200 euros y la promesa de entregar a Madonna tu primer primogénito. Envalentonadas y después de haber pasado toda una mañana dándole al botón de actualizar y peleándonos con diferentes páginas de venta de entradas, decidimos ir a un concierto de la ambición rubia de todas-todas, ¿por qué no a Amsterdam, que coincide con el puente de la Constitución? En el mismo instante en que teníamos las entradas compradas... oh, sorpresa, oh aciago destino, resulta que Madonna programa otra fecha en España.
Pero te olvidas de todo, incluso de esta horterada de video, perteneciente a su último álbum, cuando empieza el concierto. Una mezcla de El circo del Sol con un pase de modelos de Dolce y Gabbana y, por supuesto, todas las obsesiones de Madonna a lo largo de sus años de carrera. En el concierto hubo bailarinas vestidas de monjas y subidas a barras de pole dance, un ejército de algo así como samuráis y hasta un cuadro flamenco de lo más bizarro, con bailarinas chinas y bailarines con camisas de encaje.
Y luego estuvo esto:
La boca abierta.
Espero que:
a. Pagues bien a estos muchachos, Madonna.
b. Les des mucha biodramina antes de subirse ahí arriba.
A mí, que siempre me he mareado hasta en el barco vikingo de la feria, no entiendo cómo un ser humano puede hacer lo que esos bailarines hacieron.
Hubo otros números impresionantes, como la versión de Material Girl, con Madonna subida a una pantalla inclinada desde la que iba rechazando y lanzando a los bailarines al suelo (lo dicho, el trabajo de estos chicos no está pagado con dinero). Pero también hubo momentos para que la estrella pillara el micrófono por banda y se quedara sola en el escenario. Suponemos que esos ratos los aprovechaban los bailarines para cambiarse de ropa y tomarse otra biodramina. En uno de estos momentos cogió a un muchacho del público, un tal Johan, al que le regaló un plátano (¿?) y en otro se marcó una versión, ella sola con un ukelele, de "La vie en rose".
Que digo yo, Madonna, teniendo a ese ejército de bailarines y canciones como "Ray of light" o "express yourself" en tu repertorio, ¿tienes que chapurrear el francés y más en una canción tan difícil como ésta? Para la próxima gira, te sugiero que cantes más temas tuyos, de los de toda la vida, y que olvides tus últimos discos. O que saques uno bueno, que eso tampoco estaría mal.
También te sugiero que empieces a la hora, que luego salimos tarde y acabamos todos en la misma cola para coger el mismo autobús nocturno. Que tú eso no lo verás como problema porque fijo que tienes un jet privado, pero ponte en el lugar de la plebe, reina.
Y eso es todo, Madonna. Espero que hagas una nueva gira, con bailarines que parecen súper héroes, pantallas gigantes, plataformas, suelos que se abren, coreografías, cambios de vestuario y mucho de todo. Porque para cantar solo en un escenario, guitarra en mano, para eso ya están los cantautores del café Libertad. Tú eres otra cosa, tú eres una "entertainer".
Besitos.
Y os dejo con el momento, estoy sola en el bar, cerrando el garito y canto una de Madonna mientras bailo estilo caballito:
Y vosotros, ¿sois más de conciertos a lo grande o íntimos?, ¿créeis que Madonna se ha pasado al ponerse bótox hasta en las pestañas?, ¿o sois de esos fans que le perdonan hasta que perpetre "La vie en rose"?
Mantengo este blog porque si las hombreras y el flúor volvieron a ponerse de moda, ¿por qué no los blogs?
miércoles, 9 de diciembre de 2015
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Macarrones rellenos de bicarbonato de sosa
Hubo una época, más lejana de lo que a mí me
gustaría reconocer, en que la televisión programaba películas antiguas. Tan
antiguas que eran... ¡en blanco y negro! Sí, jovenzuelos que nacisteis después
del año 1985, hubo un tiempo en el que podías encontrarte con clásicos del cine emitidos en franja de máxima audiencia.
Así vi yo, por primera vez, una película de los hermanos Marx, "Una noche en la ópera". En uno de los muchísimos momentos míticos de la película, Groucho dice que su padre inventó los macarrones rellenos de bicarbonato de sosa, que causan y curan la digestión. Pero no voy a dedicar este post a reivindicar a los hermanos Marx. La mejor reivindicación posible que se les puede hacer es ver una de sus películas: "Una noche en la ópera", "sopa de ganso" o "Los hermanos Marx en el Oeste". Me propongo a hablar de las cosas reales que son como los macarrones rellenos de bicarbonato de sosa: causan algo para luego curarlo.
Quizá tú seas una regordeta feliz, que prefiere vestirse de forma cómoda y barata sin más complicaciones... pues haces mal en ser feliz. No deberías serlo, amiga. Deberías aspirar a más: a adelgazar, a saber andar con tacones, a vestirte para "sacarte partido" y a maquillarte de forma que tus ojos parezcan más grandes, tus labios más gruesos y tu piel sedosa. Y para eso están las revistas femeninas, para causar y curar la inseguridad.
Las revistas llamadas "femeninas" son unas expertas en mandar mensajes contradictorios. Todas lo hacen. Glamour, Vogue, Woman, Elle, Marie Claire, Mujer hoy, Cosmopolitan, Telva, InStyle... Todas ofrecen estos contenidos:
- Portada de mujer bella y joven de éxito. Probablemente una modelo, a veces una actriz.
- Moda, tanto alta costura como consejos para estar a la moda como trucos para copiar la manera de vestir de las mujeres bellas y jóvenes de éxito de la portada.
- Trucos de belleza, que van desde cosmética hasta cirugía, dietas y vida sana.
- Entrevistas con gente de interés, básicamente famosos triunfadores.
- Temas de psicología de andar por casa y consejos varios para mejorar tu vida. Esto va desde cómo atreverse a dar el paso de cambiar de trabajo a cómo convertirte en multiorgásmica.
- Y algo de tema social: el tercer mundo, el paro, conciliar vida laboral y familiar...
Lo único que cambia de una revista a otra es dónde se pone el acento. Vogue pone el acento en la moda de alta costura. Cosmopolitan en los trucos para ser multiorgásmica. Pero todas, en el fondo, pretenden lo mismo: vender. Y oye, es su negocio. Alimentan la necesidad de la lectora por sentirse guapa, joven, triunfadora, amada, deseada... y para ello le ofrecen cremas, ropa, joyas... que, ¡oh sorpresa! resulta que anuncian en las páginas interiores de la revista.
Pero... ¿son igual de manipuladoras las revistas llamadas masculinas? Ellos tienen las que podríamos considerar más o menos serias (Esquire, Icon) y las que son más frívolas (FHM) y luego, aparte, el Interviú, inclasificable. Las revistas "serias" predominan. Van dirigidas a un sector concreto, básicamente a hombres con puestazos que les permiten comprarse los coches, relojes y productos de lujo que anuncian estas revistas. En portada salen hombres carismáticos y triunfadores. Su edad y su físico importan, pero más que sean tipos “interesantes”. Es más fácil ver en la portada a alguien como John Malkovich que a alguien como Mario Casas. Cuanto más frívola es la revista más posibilidades hay de que en la portada aparezcan hermosas mujeres en poses sugerentes:
Estas revistas van dirigidas a un público masculino heterosexual, en portada aparecen hombres a los que se admira y mujeres a las que se desea. ¿Por qué no es igual en las revistas femeninas?, ¿por qué no vemos en las portadas a un Andrés Velencoso en pleno esplendor con una Glenn Close, por poner un ejemplo? Sin embargo en Elle, Woman, etc. no dedican sus portadas ni a hombres deseables ni a mujeres interesantes. Tienen a modelos buenorras y, a veces, haciendo una excepción, a famosas interesantes pero buenorras y siempre menores de 40 años. Fotos de cuerpo entero, que se vea bien el vestido que luce, lo bien que le sienta, que se vea bien lo joven y delgada que es. Nada de primerísimos primeros planos en blanco y negro. Por favor. Si así no se aprecia el maquillaje ni de qué marca es el vestido.
No es sólo que las revistas femeninas alienten ciertas necesidades y carencias (esos cinco kilos que todas queremos perder) por muy contradictorias que éstas sean (en la revista también encuentras recetas para hacer tarta tres chocolates). Es que perpetuan un modelo machista. Entre líneas se cuela un mensaje: está muy bien que aspires a triunfar, pero a lo que debes aspirar sobre todo es a ser guapa y a cazar a un marido, preferiblemente rico y guapo.
Esto apareció publicado hace una semana en Telva:
Sara Carbonero lo tiene todo para aparecer en la portada de las revistas femeninas. De hecho, ha salido un par de veces. Es guapa, es joven, triunfa... Pero no nos engañemos, lo que le interesa a la periodista (y suponemos que a Telva también) es que ha cazado a un marido de postín.
Y yo digo: dejemos de comprar estasputas
mierdas, revistas. ¿Sería mucho pedir una revista dedicada
a la mujer, en cuya portada aparecieran mujeres interesantes?, ¿con moda,
viajes, temas sociales y artículos bien escritos?, ¿con entrevistas a otras
mujeres que no se centren en cómo se casaron con sus todavía más famosos
maridos?
Y vosotros, ¿sois lectores habituales de alguna de estas revistas?, ¿os habéis vuelto multiorgásmicas gracias a los artículos de la Cosmopolitan?, ¿o sois más de comprar la Interviú, pero por sus artículos de investigación?
Así vi yo, por primera vez, una película de los hermanos Marx, "Una noche en la ópera". En uno de los muchísimos momentos míticos de la película, Groucho dice que su padre inventó los macarrones rellenos de bicarbonato de sosa, que causan y curan la digestión. Pero no voy a dedicar este post a reivindicar a los hermanos Marx. La mejor reivindicación posible que se les puede hacer es ver una de sus películas: "Una noche en la ópera", "sopa de ganso" o "Los hermanos Marx en el Oeste". Me propongo a hablar de las cosas reales que son como los macarrones rellenos de bicarbonato de sosa: causan algo para luego curarlo.
Quizá tú seas una regordeta feliz, que prefiere vestirse de forma cómoda y barata sin más complicaciones... pues haces mal en ser feliz. No deberías serlo, amiga. Deberías aspirar a más: a adelgazar, a saber andar con tacones, a vestirte para "sacarte partido" y a maquillarte de forma que tus ojos parezcan más grandes, tus labios más gruesos y tu piel sedosa. Y para eso están las revistas femeninas, para causar y curar la inseguridad.
Las revistas llamadas "femeninas" son unas expertas en mandar mensajes contradictorios. Todas lo hacen. Glamour, Vogue, Woman, Elle, Marie Claire, Mujer hoy, Cosmopolitan, Telva, InStyle... Todas ofrecen estos contenidos:
- Portada de mujer bella y joven de éxito. Probablemente una modelo, a veces una actriz.
- Moda, tanto alta costura como consejos para estar a la moda como trucos para copiar la manera de vestir de las mujeres bellas y jóvenes de éxito de la portada.
- Trucos de belleza, que van desde cosmética hasta cirugía, dietas y vida sana.
- Entrevistas con gente de interés, básicamente famosos triunfadores.
- Temas de psicología de andar por casa y consejos varios para mejorar tu vida. Esto va desde cómo atreverse a dar el paso de cambiar de trabajo a cómo convertirte en multiorgásmica.
- Y algo de tema social: el tercer mundo, el paro, conciliar vida laboral y familiar...
Lo único que cambia de una revista a otra es dónde se pone el acento. Vogue pone el acento en la moda de alta costura. Cosmopolitan en los trucos para ser multiorgásmica. Pero todas, en el fondo, pretenden lo mismo: vender. Y oye, es su negocio. Alimentan la necesidad de la lectora por sentirse guapa, joven, triunfadora, amada, deseada... y para ello le ofrecen cremas, ropa, joyas... que, ¡oh sorpresa! resulta que anuncian en las páginas interiores de la revista.
Pero... ¿son igual de manipuladoras las revistas llamadas masculinas? Ellos tienen las que podríamos considerar más o menos serias (Esquire, Icon) y las que son más frívolas (FHM) y luego, aparte, el Interviú, inclasificable. Las revistas "serias" predominan. Van dirigidas a un sector concreto, básicamente a hombres con puestazos que les permiten comprarse los coches, relojes y productos de lujo que anuncian estas revistas. En portada salen hombres carismáticos y triunfadores. Su edad y su físico importan, pero más que sean tipos “interesantes”. Es más fácil ver en la portada a alguien como John Malkovich que a alguien como Mario Casas. Cuanto más frívola es la revista más posibilidades hay de que en la portada aparezcan hermosas mujeres en poses sugerentes:
Estas revistas van dirigidas a un público masculino heterosexual, en portada aparecen hombres a los que se admira y mujeres a las que se desea. ¿Por qué no es igual en las revistas femeninas?, ¿por qué no vemos en las portadas a un Andrés Velencoso en pleno esplendor con una Glenn Close, por poner un ejemplo? Sin embargo en Elle, Woman, etc. no dedican sus portadas ni a hombres deseables ni a mujeres interesantes. Tienen a modelos buenorras y, a veces, haciendo una excepción, a famosas interesantes pero buenorras y siempre menores de 40 años. Fotos de cuerpo entero, que se vea bien el vestido que luce, lo bien que le sienta, que se vea bien lo joven y delgada que es. Nada de primerísimos primeros planos en blanco y negro. Por favor. Si así no se aprecia el maquillaje ni de qué marca es el vestido.
No es sólo que las revistas femeninas alienten ciertas necesidades y carencias (esos cinco kilos que todas queremos perder) por muy contradictorias que éstas sean (en la revista también encuentras recetas para hacer tarta tres chocolates). Es que perpetuan un modelo machista. Entre líneas se cuela un mensaje: está muy bien que aspires a triunfar, pero a lo que debes aspirar sobre todo es a ser guapa y a cazar a un marido, preferiblemente rico y guapo.
Esto apareció publicado hace una semana en Telva:
Sara Carbonero lo tiene todo para aparecer en la portada de las revistas femeninas. De hecho, ha salido un par de veces. Es guapa, es joven, triunfa... Pero no nos engañemos, lo que le interesa a la periodista (y suponemos que a Telva también) es que ha cazado a un marido de postín.
Y yo digo: dejemos de comprar estas
Y vosotros, ¿sois lectores habituales de alguna de estas revistas?, ¿os habéis vuelto multiorgásmicas gracias a los artículos de la Cosmopolitan?, ¿o sois más de comprar la Interviú, pero por sus artículos de investigación?
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Si es que reciclar es buenísimo para todo
¿Vosotros recicláis?
Yo, muchísimo. Tengo tres bolsas de colores en la cocina donde separo el cartón y el papel por un lado; los envases por otro; el vidrio por otro. Aparte, el resto de cosas que no se sabe qué son y la basura orgánica. Cuatro bolsas en total. En mi cocina somos multitud. No se puede decir que queden bonito. Es más, ¿habéis visto alguna casa de famoso, de ésas que se enseñan en el Hola, con bolsas para reciclaje?, ¿o siquiera una de las casas de "Quién vive ahí" con algún rastro de que sus habitantes reciclan? Está claro que a la gente con un don para la decoración el medio ambiente les importa un bledo.
Y, como a mí me gusta reciclar, he reciclado un tema de un artículo anterior para mi última colaboración con Glup Glup. Hace años ya analicé el misterioso caso de las novias camaleón, ésas que se transforman según sea su novio. Todos tenemos algún amigo/conocido/vecino/familiar con el don para transformar sus gustos y su vida entera con tal de adaptarse a la de su pareja en ese momento.
Pues en Glup Glup no sólo hablo de la novia cameleón por excelencia, nuestra Pé, sino también de un novio camaleón (Brad Pitt) y de los que son todo lo contrario, es decir, que en lugar de adaptarse a sus muy distintas parejas, optan por salir siempre con personas muy parecidas entre sí. Son los que se empeñan en buscar a la misma persona una y otra y otra vez.
Y vosotros, ¿sois novio o novia camaleón?, ¿o sois de los que tenéis muy claro qué os gusta y vais a por ello aunque al final vuestras parejas sean clónicas?
Como siempre, podéis comentar aquí o en Glup Glup.
Yo, muchísimo. Tengo tres bolsas de colores en la cocina donde separo el cartón y el papel por un lado; los envases por otro; el vidrio por otro. Aparte, el resto de cosas que no se sabe qué son y la basura orgánica. Cuatro bolsas en total. En mi cocina somos multitud. No se puede decir que queden bonito. Es más, ¿habéis visto alguna casa de famoso, de ésas que se enseñan en el Hola, con bolsas para reciclaje?, ¿o siquiera una de las casas de "Quién vive ahí" con algún rastro de que sus habitantes reciclan? Está claro que a la gente con un don para la decoración el medio ambiente les importa un bledo.
¿Os habéis preguntado alguna vez qué es un bledo? Pues es esto, una planta de ésas que no sirven para nada, ni siquiera para hacer bonito.
Y, como a mí me gusta reciclar, he reciclado un tema de un artículo anterior para mi última colaboración con Glup Glup. Hace años ya analicé el misterioso caso de las novias camaleón, ésas que se transforman según sea su novio. Todos tenemos algún amigo/conocido/vecino/familiar con el don para transformar sus gustos y su vida entera con tal de adaptarse a la de su pareja en ese momento.
Pues en Glup Glup no sólo hablo de la novia cameleón por excelencia, nuestra Pé, sino también de un novio camaleón (Brad Pitt) y de los que son todo lo contrario, es decir, que en lugar de adaptarse a sus muy distintas parejas, optan por salir siempre con personas muy parecidas entre sí. Son los que se empeñan en buscar a la misma persona una y otra y otra vez.
Y vosotros, ¿sois novio o novia camaleón?, ¿o sois de los que tenéis muy claro qué os gusta y vais a por ello aunque al final vuestras parejas sean clónicas?
Como siempre, podéis comentar aquí o en Glup Glup.
lunes, 2 de noviembre de 2015
La vida en seis videos de gatitos
¿Cuántos calcetines desparejados tenéis?
Yo, según mi último recuento, cuatro.
El drama de ir a ponerse calcetines y encontrar que sólo tienes uno y que el otro ha desaparecido, como si hubiera un triángulo de las Bermudas en tu cajón de los calcetines, afecta a millones de personas. Por eso existe el día internacional de los calcetines perdidos. Es el 9 de mayo y supongo que es el día dedicado a buscar bajo la cama y a llamar a los vecinos dueños del patio interior al que dan tus cuerdas de tender la ropa por si por fin aparecen esos malditos calcetines perdidos.
Pero también existe el día internacional de las zapatillas de distinto color, el día del agradecimiento al plástico de burbujas (último lunes de enero), el día de la pelea de almohadas (primer sábado de abril)... y esta semana, el 29 de octubre, ha sido el día del gato.
Los gatos no pueden merecerse menos que las peleas de almohadas porque, ¿qué aporta una pelea de almohadas a nuestra existencia? Y los gatos son una parte fundamental de la vida en el siglo XXI. Puede que no tengas gato, puede que no te gusten, puede incluso que te den alergia... pero seguro procastinas con ellos.
Procastinar, qué verbo tan feo y tan difícil de pronunciar, con lo bonito y gráfico que es decir "perder el tiempo". Porque eso es lo que hacemos cuando nos ponemos a ver videos de gatitos en bucle. Videos como estos, que explican la vida entera. Y todo, todo, se puede explicar con un video de gatitos.
¿Sabes cuando eres adolescente y te gusta uno de tu clase que te ignora y tú lo intentas y lo intentas y lo intentas porque te han dicho que ante todo hay que perseverar y tú no logras nada? Pues los gatos, insisten, y sí logran que les hagan caso. Claro, que ellos son mucho más monos que tú.
Yo, según mi último recuento, cuatro.
El drama de ir a ponerse calcetines y encontrar que sólo tienes uno y que el otro ha desaparecido, como si hubiera un triángulo de las Bermudas en tu cajón de los calcetines, afecta a millones de personas. Por eso existe el día internacional de los calcetines perdidos. Es el 9 de mayo y supongo que es el día dedicado a buscar bajo la cama y a llamar a los vecinos dueños del patio interior al que dan tus cuerdas de tender la ropa por si por fin aparecen esos malditos calcetines perdidos.
Pero también existe el día internacional de las zapatillas de distinto color, el día del agradecimiento al plástico de burbujas (último lunes de enero), el día de la pelea de almohadas (primer sábado de abril)... y esta semana, el 29 de octubre, ha sido el día del gato.
Los gatos no pueden merecerse menos que las peleas de almohadas porque, ¿qué aporta una pelea de almohadas a nuestra existencia? Y los gatos son una parte fundamental de la vida en el siglo XXI. Puede que no tengas gato, puede que no te gusten, puede incluso que te den alergia... pero seguro procastinas con ellos.
Procastinar, qué verbo tan feo y tan difícil de pronunciar, con lo bonito y gráfico que es decir "perder el tiempo". Porque eso es lo que hacemos cuando nos ponemos a ver videos de gatitos en bucle. Videos como estos, que explican la vida entera. Y todo, todo, se puede explicar con un video de gatitos.
¿Sabes cuando eres adolescente y te gusta uno de tu clase que te ignora y tú lo intentas y lo intentas y lo intentas porque te han dicho que ante todo hay que perseverar y tú no logras nada? Pues los gatos, insisten, y sí logran que les hagan caso. Claro, que ellos son mucho más monos que tú.
Ya lo dicen los libros de autoayuda y las tazas de Mister Wonderful, la seguridad en uno mismo es fundamental. Con seguridad se consigue todo, hasta que un perro que es 7 veces más grande que tú se acojone. Pero claro, es que ellos (los perros) son una raza inferior:
Pero a veces la seguridad no basta. No se puede luchar contra la esencia de uno. No puedes ir de tipo duro cuando tú eres sumamente adorable:
¿Sabes el dicho ése que dice que la curiosidad mató al gato? Pues es verdad:
Los gatos no distinguen su imagen en el espejo. No distinguen lo que se ve en el televisor. No saben qué es internet, ni youtube. No saben que son una estrellas en la red. Pero saben que son guapos. Y por eso saben que tú lo que quieres es verlos a ellos. Todo el tiempo:
Last, but not least, la historia que Pixar adaptará pronto para que todos nos deshidratemos llorando a mares.
Koko es una gorila a la que unos científicos estaban enseñándole la lengua de signos supongo que con la intención de crear su propio "Origen del planeta de los simios" y exterminar al ser humano de la faz de la tierra. El caso es que Koko aprendió a comunicarse de una manera rudimentaria y eficaz. Hasta le contaban cuentos como "el gato con botas". Un buen día Koko manifestó, por signos, que quería un gato. Y como se dio la casualidad de que cerca habían aparecido tres gatitos abandonados, le dieron uno, al que ella llamó All Ball (todo redondo o Bolita). Los científicos hubieran querido que Koko tuviese hijos para así ver si usaba la lengua de signos para comunicarse con ellos y si estos, a su vez, la aprendían de ella. Pero Koko, como en una versión en imagen real de esos primeros diez minutos devastadores de "Dumbo", no se quedaba embarazada. Así que los científicos aprovecharon su relación con All Ball para ver cómo se comunicaba con él. Pero entonces, ¡oh drama! Bolita murió en un accidente. Se lo contaron y Koko hizo los signos de "triste" y "duerme gato".
Y vosotros, ¿a qué ser vivo, objeto o costumbre absurda dedicaríais un día internacional?, ¿creéis que Pixar conseguirá con "Koko, la película" que lloremos más aún que con "Up"?
lunes, 26 de octubre de 2015
Diseñadores del mundo, oídme
A vosotros me dirijo.
Vosotros que cuando os preguntan: ¿a quién va dirigida vuestra colección? Siempre respondéis, "a una mujer urbana y segura de sí misma". Pobres mujeres rurales e inseguras, ¿es que ellas no tienen derecho a vestir bien y sentirse guapas? Cómo sois. Claro que, en realidad, a la pregunta: ¿a quién va dirigida vuestra colección?, la respuesta sincera sería: a mujeres asquerosamente ricas y asquerosamente delgadas. Pero eso no queda bien decirlo en público.
Sé que no es fácil diseñar tanta colección y más con la competencia atroz de las firmas low cost que, no sólo te copian sin piedad...:
...es que además, mientras tú haces todo en talleres artesanalmente, ellos lo hacen usando mano de obra infantil de países del tercer mundo. Es que así no vale. Anda que no me iba yo a hinchar a escribir capítulos si contara con un montón de manitas a razón de un euro la hora tecleando por mí. Sería la Corín Tellado de los guiones.
Pero, diseñadores del mundo, no os compliquéis la vida volviendo al estilo bohemio de los 70, al grunge de los 90, al estrambótico de los 80... ¡volved pero más atrás aún! Reivindiquemos el pasado. Túnicas griegas para el verano y vestidos de musa del Renacimiento para el invierno. Y para ellos, el romanticismo inglés:
Más sobre este fascinante tema aquí, en mi nueva colaboración para Glup Glup. Como siempre, comentad donde más rabia os dé. Aquí o allí.
Y decidme, ¿por qué los diseñadores se niegan a hacer ropa para las mujeres rurales y tímidas?, ¿no creéis que iríamos más regias, con mucha más actitud al trabajo si en vez de con vaqueros fuéramos con gorguera, mangas acuchilladas y chapines?
Vosotros que cuando os preguntan: ¿a quién va dirigida vuestra colección? Siempre respondéis, "a una mujer urbana y segura de sí misma". Pobres mujeres rurales e inseguras, ¿es que ellas no tienen derecho a vestir bien y sentirse guapas? Cómo sois. Claro que, en realidad, a la pregunta: ¿a quién va dirigida vuestra colección?, la respuesta sincera sería: a mujeres asquerosamente ricas y asquerosamente delgadas. Pero eso no queda bien decirlo en público.
Sé que no es fácil diseñar tanta colección y más con la competencia atroz de las firmas low cost que, no sólo te copian sin piedad...:
...es que además, mientras tú haces todo en talleres artesanalmente, ellos lo hacen usando mano de obra infantil de países del tercer mundo. Es que así no vale. Anda que no me iba yo a hinchar a escribir capítulos si contara con un montón de manitas a razón de un euro la hora tecleando por mí. Sería la Corín Tellado de los guiones.
Pero, diseñadores del mundo, no os compliquéis la vida volviendo al estilo bohemio de los 70, al grunge de los 90, al estrambótico de los 80... ¡volved pero más atrás aún! Reivindiquemos el pasado. Túnicas griegas para el verano y vestidos de musa del Renacimiento para el invierno. Y para ellos, el romanticismo inglés:
Sí, vale, a Michael Fassbender cualquier cosita le queda bien.
Más sobre este fascinante tema aquí, en mi nueva colaboración para Glup Glup. Como siempre, comentad donde más rabia os dé. Aquí o allí.
Y decidme, ¿por qué los diseñadores se niegan a hacer ropa para las mujeres rurales y tímidas?, ¿no creéis que iríamos más regias, con mucha más actitud al trabajo si en vez de con vaqueros fuéramos con gorguera, mangas acuchilladas y chapines?
lunes, 12 de octubre de 2015
¿Pero qué demonios es el ruibarbo?
Cualquiera que tenga cierta edad (yo no, porque yo soy súper joven, yo hablo de oídas) ha vivido con varias dudas que han marcado toda su infancia. Entendednos, nos criamos en una época sin Google, y cuando no sabías algo tenías que confiar en que apareciera en la Larousse. Pero la enciclopedia no decía nada de aquello que tantas dudas nos despertaba. ¿Cómo son las galletas de jengibre y la zarzaparrilla a la que estaban enganchados los cinco protagonistas de "los cinco"?, ¿qué demonios lleva el ponche que sirven en todas las películas de instituto americanas? Porque ponche Caballero no será... Y, ¿qué demonios es el ruibarbo, el de la tarta de ídem que comen en todos los libros del género "tacitas de té"?
Ah, que no sabéis qué es género "tacitas de té". Es el cine, la literatura, las series... inglesas fundamentalmente y ambientadas en la gloriosa época del Imperio Británico, cuando los nobles se dedicaban a la caza del zorro, las mozas casaderas a buscar marido y de todo lo demás (limpiar la casa, cocinar... vamos, lo que viene siendo trabajar) el servicio.
La mayoría de las obras del género "tacita de té" toma el punto de vista del aristócrata. Ese ser que se dedica a pasear por la campiña y llevar vestidos maravillosos y poco más. Eso da mucha envidia al lector/espectador actual y creo que es parte del éxito del género "tacita de té". Es una fantasía, nos imaginamos una vida sin ocupaciones más allá de estar súper monas para Mister Darcy.
Pero, ¿y si miramos hacia el otro lado? En concreto, a ese ignoto lugar que los aristócratas sólo pisaban para dar a la cocinera el menú de la cena o para colarse en el dormitorio de la doncella:
Sí, al piso de abajo, donde estaba el servicio. Margaret Powell, la moza recia de la portada, fue cocinera en los años 20 y cuenta su experiencia con sencillez y mucha honestidad:
El día de Navidad, después del desayuno, los criados nos poníamos en fila en el vestíbulo. Después teníamos que ir al comedor donde nos esperaba la familia al completo con sonrisas navideñas y cara de auxilio social. Los niños nos miraban como si fuéramos seres de otro planeta, y me imagino que para ellos realmente éramos subseres del submundo.
Para que las damiselas tuvieran tiempo de recibir visitas, escribir cartas y fantasear con el último lord que les pidió un baile, alguien tenía que dedicarse a todo lo demás. Y eso hacía el servicio y con mucha discreción. Tanta, que los señores ni se daban cuenta de su existencia:
Estaban hablando de un rumor muy escandaloso que tenía que ver con la realeza. Uno de los invitados dijo: "tenemos que tener cuidado de que nadie nos oiga, a lo que el anfitrión respondió: ¿quién iba a oírnos, si estamos solos? Sin embargo, en aquel momento estábamos tres lacayos en la sala. Pero debíamos de ser invisibles. Hasta ese punto estaban por encima de nosotros. Para ellos, nosotros ni siquiera estábamos ahí.
Eso nos va narrando Margaret Powell en su libro. Su experiencia desde que, a la semana de acabar el colegio, ingresó como pinche de cocina en una casa. Como decidió irse del primer lugar en el que sirvió cuando su señor le dio linimento de caballo para el dolor de piernas. Y cómo acabó convirtiéndose en una cocinera que hacía cosas sofisticadísimas (para la época). Si hay algo más viejuno que la comida viejuna, eso es la comida viejuna inglesa:
Una de las cosas que me enseñó fue a presentar los platos. Por ejemplo cuando hacía chuletas, ella aplastaba las patatas y hacía con ellas bolas apenas mayores que una nuez, que rebozaba con huevo y pan rallado; las colocaba en forma de pirámide en una fuente de plata.
Y así hasta que Margaret se casó:
Cuando yo dejé el servicio doméstico me llevé dos cosas: conocimientos para preparar una sofisticada cena de siete platos, y un enorme complejo de inferioridad. Ninguna de ellas me resultó útil en mi vida de casada.
Margaret Powell seguro que hubiera disfrutado mucho de la lectura de otro libro, éste del 2015, y también ambientado en el mundo de las tacitas de té:
Lástima que Margaret muriera en los años 80. Porque en "Confesiones de una heredera" hubiera encontrado claves del universo "tacitas de té" como ésta:
Mira, querida, un buen matrimonio, sólido y duradero, se basa precisamente en el desconocimiento mutuo; que si ya lo supiéramos todo el uno del otro, nos aburriríamos enseguida, y hay que tener en cuenta que teneos toda la vida por delante para descubrir todas y cada una de las cosas que nos irritan profunda y malsanamente de nuestro cónyuge.
Los lectores habituales de éste vuestro blog seguro que ya habéis leído el libro porque (redoble de tambores) su autora, esa tal Belén Barroso, resulta ser... (más tambores, añadamos ahora unas trompetas) Loque del blog Lo que ahorro en psicoanálisis.
Y adivinad quién tiene "Confesiones de una heredera" firmado y todo: moi. Ya puedo ponerlo en la balda de mis libros firmados, que ya alcanza la friolera de (redobles de tambores, trompetas y gaitas, sí, gaitas, ¿por qué no?) ¡tres libros!
"Confesiones" comenzó en el blog Lo que ahorro en psicoanálisis como una serie de cartas tituladas "Querida Edwina" en las que una misteriosa moza casadera escribía sus tribulaciones de inglesa soltera a su muy mejor amiga:
¿algún día seré tan afortunada como mi madre y tendré un marido al que despedir casi de madrugada para solo verle de nuevo cuando ya ha oscurecido, volviendo satisfecho de una larga jornada de caza, con las manos llenas de cadáveres aún humeantes de animalillos silvestres y las botas llenas de barro y sangre?
Y, lo que son las cosas, gracias a la constancia de Loque (me cuesta llamarla Belén) ha acabado convertido en un libro. Con sus tapas, sus ilustraciones, su contraportada y todo. Un viaje al mundo de las tacitas de té lleno de ironía y humor. Y, por supuesto, de tartas de ruibarbo:
La perfecta tarta, de ésas que en las películas ponen a enfriar en el alféizar de la ventana, es la tarta de ruibarbo. Pero no os fiéis de Instagram y sus filtros, porque la perfecta tarta de alféizar, de cerca, es tal que así:
Resulta que está rellena de esa cosa llamada ruibarbo que, cortado y cocinado, tiene un asombroso parecido a una mermelada de coágulos.
Y vosotros, lectores de mis entretelas, ¿habéis leído ya el libro de Loque?, ¿sois ávidos consumidores del género "tacitas de té"?, ¿habéis probado la tarta de ruibarbo?
Ah, que no sabéis qué es género "tacitas de té". Es el cine, la literatura, las series... inglesas fundamentalmente y ambientadas en la gloriosa época del Imperio Británico, cuando los nobles se dedicaban a la caza del zorro, las mozas casaderas a buscar marido y de todo lo demás (limpiar la casa, cocinar... vamos, lo que viene siendo trabajar) el servicio.
La mayoría de las obras del género "tacita de té" toma el punto de vista del aristócrata. Ese ser que se dedica a pasear por la campiña y llevar vestidos maravillosos y poco más. Eso da mucha envidia al lector/espectador actual y creo que es parte del éxito del género "tacita de té". Es una fantasía, nos imaginamos una vida sin ocupaciones más allá de estar súper monas para Mister Darcy.
Pero, ¿y si miramos hacia el otro lado? En concreto, a ese ignoto lugar que los aristócratas sólo pisaban para dar a la cocinera el menú de la cena o para colarse en el dormitorio de la doncella:
Sí, al piso de abajo, donde estaba el servicio. Margaret Powell, la moza recia de la portada, fue cocinera en los años 20 y cuenta su experiencia con sencillez y mucha honestidad:
El día de Navidad, después del desayuno, los criados nos poníamos en fila en el vestíbulo. Después teníamos que ir al comedor donde nos esperaba la familia al completo con sonrisas navideñas y cara de auxilio social. Los niños nos miraban como si fuéramos seres de otro planeta, y me imagino que para ellos realmente éramos subseres del submundo.
Para que las damiselas tuvieran tiempo de recibir visitas, escribir cartas y fantasear con el último lord que les pidió un baile, alguien tenía que dedicarse a todo lo demás. Y eso hacía el servicio y con mucha discreción. Tanta, que los señores ni se daban cuenta de su existencia:
Estaban hablando de un rumor muy escandaloso que tenía que ver con la realeza. Uno de los invitados dijo: "tenemos que tener cuidado de que nadie nos oiga, a lo que el anfitrión respondió: ¿quién iba a oírnos, si estamos solos? Sin embargo, en aquel momento estábamos tres lacayos en la sala. Pero debíamos de ser invisibles. Hasta ese punto estaban por encima de nosotros. Para ellos, nosotros ni siquiera estábamos ahí.
Eso nos va narrando Margaret Powell en su libro. Su experiencia desde que, a la semana de acabar el colegio, ingresó como pinche de cocina en una casa. Como decidió irse del primer lugar en el que sirvió cuando su señor le dio linimento de caballo para el dolor de piernas. Y cómo acabó convirtiéndose en una cocinera que hacía cosas sofisticadísimas (para la época). Si hay algo más viejuno que la comida viejuna, eso es la comida viejuna inglesa:
Una de las cosas que me enseñó fue a presentar los platos. Por ejemplo cuando hacía chuletas, ella aplastaba las patatas y hacía con ellas bolas apenas mayores que una nuez, que rebozaba con huevo y pan rallado; las colocaba en forma de pirámide en una fuente de plata.
Y así hasta que Margaret se casó:
Cuando yo dejé el servicio doméstico me llevé dos cosas: conocimientos para preparar una sofisticada cena de siete platos, y un enorme complejo de inferioridad. Ninguna de ellas me resultó útil en mi vida de casada.
Margaret Powell seguro que hubiera disfrutado mucho de la lectura de otro libro, éste del 2015, y también ambientado en el mundo de las tacitas de té:
Lástima que Margaret muriera en los años 80. Porque en "Confesiones de una heredera" hubiera encontrado claves del universo "tacitas de té" como ésta:
Mira, querida, un buen matrimonio, sólido y duradero, se basa precisamente en el desconocimiento mutuo; que si ya lo supiéramos todo el uno del otro, nos aburriríamos enseguida, y hay que tener en cuenta que teneos toda la vida por delante para descubrir todas y cada una de las cosas que nos irritan profunda y malsanamente de nuestro cónyuge.
Los lectores habituales de éste vuestro blog seguro que ya habéis leído el libro porque (redoble de tambores) su autora, esa tal Belén Barroso, resulta ser... (más tambores, añadamos ahora unas trompetas) Loque del blog Lo que ahorro en psicoanálisis.
Y adivinad quién tiene "Confesiones de una heredera" firmado y todo: moi. Ya puedo ponerlo en la balda de mis libros firmados, que ya alcanza la friolera de (redobles de tambores, trompetas y gaitas, sí, gaitas, ¿por qué no?) ¡tres libros!
"Confesiones" comenzó en el blog Lo que ahorro en psicoanálisis como una serie de cartas tituladas "Querida Edwina" en las que una misteriosa moza casadera escribía sus tribulaciones de inglesa soltera a su muy mejor amiga:
¿algún día seré tan afortunada como mi madre y tendré un marido al que despedir casi de madrugada para solo verle de nuevo cuando ya ha oscurecido, volviendo satisfecho de una larga jornada de caza, con las manos llenas de cadáveres aún humeantes de animalillos silvestres y las botas llenas de barro y sangre?
Y, lo que son las cosas, gracias a la constancia de Loque (me cuesta llamarla Belén) ha acabado convertido en un libro. Con sus tapas, sus ilustraciones, su contraportada y todo. Un viaje al mundo de las tacitas de té lleno de ironía y humor. Y, por supuesto, de tartas de ruibarbo:
La perfecta tarta, de ésas que en las películas ponen a enfriar en el alféizar de la ventana, es la tarta de ruibarbo. Pero no os fiéis de Instagram y sus filtros, porque la perfecta tarta de alféizar, de cerca, es tal que así:
Resulta que está rellena de esa cosa llamada ruibarbo que, cortado y cocinado, tiene un asombroso parecido a una mermelada de coágulos.
Y vosotros, lectores de mis entretelas, ¿habéis leído ya el libro de Loque?, ¿sois ávidos consumidores del género "tacitas de té"?, ¿habéis probado la tarta de ruibarbo?
lunes, 28 de septiembre de 2015
Malos de película IV: Jacques Vergès
¿Sois de esos que catan a la gente en cuanto la ven?
Comprobémoslo y decidme, ¿quién creéis que es este buen hombre? (y no me hagáis trampa, no miréis los párrafos de abajo para averiguarlo, ni googleéis "Jacques Vergès").
A. El medio hermano de Isabel Preysler, que ella nunca saca en el "Hola" porque no se ha operado y si sale en la foto al lado de ella se hace evidente su auténtica edad.
B. El abogado de un buen montón de terroristas y algún que otro ex nazi.
C. El presidente de Puros Habanos S.A.
El anciano con cara de chiste de la foto es Jacques Vergès. Como todos los lectores de este blog somos gente jovencísima (y de incontestable belleza) no nos suena mucho su nombre. Pero fue una celebridad durante el siglo XX. Ríete tú de Perry Mason, de Alicia Florrick y de Rodríguez Menéndez. Jacques Vergès era el abogado definitivo.
De padre francés y madre vietnamita, Jacques pasa su infancia en las colonias francesas, en Tailandia y en la isla de Reunión, al ladito de Madagascar, muy lejos del país de las baguettes, las camisetas marineras y las cantantes que susurran. Jacques lucha junto a DeGaulle en la II Guerra Mundial y después estudia derecho, época en la que conoce al que será, durante toda su vida, un buen amigo, un tal Pol Pot. Jacques se gradúa, lleva sólo año y medio ejerciendo cuando le llaman para ser el abogado defensor de Djamila Bouhired.
¿Y quién es Djamila? Situémonos. Argelia sigue siendo colonia francesa y hay movimientos cada vez más fuertes pidiendo la determinación de la metrópoli. Francia ha contestado a todo con mano dura, muy dura y los argelinos han empezado a organizarse en comandos terroristas. Uno de ellos pone una bomba en un café al que acuden los franceses de Argel. Mueren 11 personas. Pronto detienen a uno de los miembros del comando, la joven Djamila Bouhired. Y Jacques la defiende con una táctica única hasta el momento, la denominada "defensa de ruptura". Por una parte asume la culpabilidad (era obvio que Djamila puso la bomba) y por otra deslegitima a los magistrados que la juzgan, por pertenecer a un sistema colonial. Es decir, a Djamila se la juzgaba por hacer lo mismo que habían estado haciendo los franceses en Argelia aunque, como ellos estaban en el poder, no se les juzgaba. De esa forma Vergès conseguía que sus juicios no fueran criminales, sino políticos, lograba un eco mediático brutal y... funcionaba.
Todo el mundo se movilizó por Djamila, tan joven, tan vulnerable, que había sido torturada en la cárcel. No hay que olvidar que eran los años 50, cuando tantas colonias estaban consiguiendo independizarse. Y Djamila logra el indulto. Vergès, que ha pasado su vida en una colonia, y que en París siempre fue "el chino" se siente muy identificado con la defensa. Visita a Djamila en la cárcel, le lleva regalos y tanto fue el cántaro a la fuente que acaban casándose. Ya indultada, Djamila es todo un símbolo de la nueva Argelia. Es toda una celebrity y Jacques el consorte. Ejerce de abogado en casos que no suponen ningún reto para él y, tras un tiempo en Argel va y... desaparece. Y no unos meses. Desaparece durante 8 años.
A su vuelta, Jacques se instala en París (suponemos que Djamila le mandó a paseo) y vuelve a ser lo que a él más le gusta: un abogado estrella. A Jacques le gustan los retos, la controversia, no le importa que le critiquen, le consta que le odian, las envidia les corroe y su vida les agobia (era un poco Alaska, él). Y por eso acepta defender al terrorista internacional Carlos "el Chacal", al nazi Klaus Barbie y a algún que otro jemer rojo. En todos los casos su argumento era el mismo: la defensa de ruptura. Porque ¿qué sentido tenía juzgar a Klaus Barbie, que se limitó a seguir la legalidad en la Francia ocupada, es decir, a obedecer a sus superiores?
En la película de Barbet Schroeder "El abogado del terror" se van desgranando todas estas historias, en lo que al final acaba siendo una lección sobre la historia del siglo XX, el colonialismo, las consecuencias de la II Guerra Mundial, el comunismo, el Tercer Mundo... No os voy a engañar, no es una buena película y sólo os interesará si os interesa el tema y el personaje. "El abogado del terror" gana enteros cuando habla Vergès, un tipo que muestra ser amable, sagaz y algo snob. La antítesis de como imaginarías al abogado de un montón de terroristas. El resto del documental parece un Informe Semanal algo cutre, con demasiados datos, imágenes de archivo en mal estado y poco más.
Si queréis ver una buena película sobre qué hace que alguien defienda el mal y se quede tan ancho, os recomiendo "The act of killing". Un documental estremecedor sobre las masacres en la Indonesia del dictador Sudharto. Y diréis: vaya rollo, no sé dónde está Reunión, no sé dónde está Indonesia, no había nacido en la época de Sudharto, ¿qué me estás contando? Hacedme caso y ved "The act of killing", donde su director, Joshua Oppenheimer, convence a los sicarios de Sudharto para que recreen las masacres en una especie de teatrito y ellos, encantados de salir en una película, van y lo hacen. El documental ejemplifica cómo nadie piensa de sí mismo que sea una mala persona. Todos se justifican, es más, se sienten héroes, porque así les tratan los demás (y los que no están de acuerdo, sonríen y disimulan). Y, sin embargo, hay momentos, terribles, descorazonadores, de obra maestra, en los que los sentimientos de culpa aparecen. Lo dicho: que la veáis, copón.
Ahora os preguntaréis, ¿y dónde estuvo Vergès durante esos 8 años? Pues ahí viene lo mejor: nadie lo sabe. Hay teorías de todo tipo: que si estuvo en Palestina, que si en Camboya con su amigo de su época de estudiante en París, Pol Pot... Vergès, encantado de cultivar el misterio, nunca ha revelado la verdad, ni siquiera en las biografías que ha publicado. Murió hace dos años llevándose el secreto a la tumba.
Comprobémoslo y decidme, ¿quién creéis que es este buen hombre? (y no me hagáis trampa, no miréis los párrafos de abajo para averiguarlo, ni googleéis "Jacques Vergès").
A. El medio hermano de Isabel Preysler, que ella nunca saca en el "Hola" porque no se ha operado y si sale en la foto al lado de ella se hace evidente su auténtica edad.
B. El abogado de un buen montón de terroristas y algún que otro ex nazi.
C. El presidente de Puros Habanos S.A.
El anciano con cara de chiste de la foto es Jacques Vergès. Como todos los lectores de este blog somos gente jovencísima (y de incontestable belleza) no nos suena mucho su nombre. Pero fue una celebridad durante el siglo XX. Ríete tú de Perry Mason, de Alicia Florrick y de Rodríguez Menéndez. Jacques Vergès era el abogado definitivo.
De padre francés y madre vietnamita, Jacques pasa su infancia en las colonias francesas, en Tailandia y en la isla de Reunión, al ladito de Madagascar, muy lejos del país de las baguettes, las camisetas marineras y las cantantes que susurran. Jacques lucha junto a DeGaulle en la II Guerra Mundial y después estudia derecho, época en la que conoce al que será, durante toda su vida, un buen amigo, un tal Pol Pot. Jacques se gradúa, lleva sólo año y medio ejerciendo cuando le llaman para ser el abogado defensor de Djamila Bouhired.
¿Y quién es Djamila? Situémonos. Argelia sigue siendo colonia francesa y hay movimientos cada vez más fuertes pidiendo la determinación de la metrópoli. Francia ha contestado a todo con mano dura, muy dura y los argelinos han empezado a organizarse en comandos terroristas. Uno de ellos pone una bomba en un café al que acuden los franceses de Argel. Mueren 11 personas. Pronto detienen a uno de los miembros del comando, la joven Djamila Bouhired. Y Jacques la defiende con una táctica única hasta el momento, la denominada "defensa de ruptura". Por una parte asume la culpabilidad (era obvio que Djamila puso la bomba) y por otra deslegitima a los magistrados que la juzgan, por pertenecer a un sistema colonial. Es decir, a Djamila se la juzgaba por hacer lo mismo que habían estado haciendo los franceses en Argelia aunque, como ellos estaban en el poder, no se les juzgaba. De esa forma Vergès conseguía que sus juicios no fueran criminales, sino políticos, lograba un eco mediático brutal y... funcionaba.
Todo el mundo se movilizó por Djamila, tan joven, tan vulnerable, que había sido torturada en la cárcel. No hay que olvidar que eran los años 50, cuando tantas colonias estaban consiguiendo independizarse. Y Djamila logra el indulto. Vergès, que ha pasado su vida en una colonia, y que en París siempre fue "el chino" se siente muy identificado con la defensa. Visita a Djamila en la cárcel, le lleva regalos y tanto fue el cántaro a la fuente que acaban casándose. Ya indultada, Djamila es todo un símbolo de la nueva Argelia. Es toda una celebrity y Jacques el consorte. Ejerce de abogado en casos que no suponen ningún reto para él y, tras un tiempo en Argel va y... desaparece. Y no unos meses. Desaparece durante 8 años.
A su vuelta, Jacques se instala en París (suponemos que Djamila le mandó a paseo) y vuelve a ser lo que a él más le gusta: un abogado estrella. A Jacques le gustan los retos, la controversia, no le importa que le critiquen, le consta que le odian, las envidia les corroe y su vida les agobia (era un poco Alaska, él). Y por eso acepta defender al terrorista internacional Carlos "el Chacal", al nazi Klaus Barbie y a algún que otro jemer rojo. En todos los casos su argumento era el mismo: la defensa de ruptura. Porque ¿qué sentido tenía juzgar a Klaus Barbie, que se limitó a seguir la legalidad en la Francia ocupada, es decir, a obedecer a sus superiores?
En la película de Barbet Schroeder "El abogado del terror" se van desgranando todas estas historias, en lo que al final acaba siendo una lección sobre la historia del siglo XX, el colonialismo, las consecuencias de la II Guerra Mundial, el comunismo, el Tercer Mundo... No os voy a engañar, no es una buena película y sólo os interesará si os interesa el tema y el personaje. "El abogado del terror" gana enteros cuando habla Vergès, un tipo que muestra ser amable, sagaz y algo snob. La antítesis de como imaginarías al abogado de un montón de terroristas. El resto del documental parece un Informe Semanal algo cutre, con demasiados datos, imágenes de archivo en mal estado y poco más.
Si queréis ver una buena película sobre qué hace que alguien defienda el mal y se quede tan ancho, os recomiendo "The act of killing". Un documental estremecedor sobre las masacres en la Indonesia del dictador Sudharto. Y diréis: vaya rollo, no sé dónde está Reunión, no sé dónde está Indonesia, no había nacido en la época de Sudharto, ¿qué me estás contando? Hacedme caso y ved "The act of killing", donde su director, Joshua Oppenheimer, convence a los sicarios de Sudharto para que recreen las masacres en una especie de teatrito y ellos, encantados de salir en una película, van y lo hacen. El documental ejemplifica cómo nadie piensa de sí mismo que sea una mala persona. Todos se justifican, es más, se sienten héroes, porque así les tratan los demás (y los que no están de acuerdo, sonríen y disimulan). Y, sin embargo, hay momentos, terribles, descorazonadores, de obra maestra, en los que los sentimientos de culpa aparecen. Lo dicho: que la veáis, copón.
Ahora os preguntaréis, ¿y dónde estuvo Vergès durante esos 8 años? Pues ahí viene lo mejor: nadie lo sabe. Hay teorías de todo tipo: que si estuvo en Palestina, que si en Camboya con su amigo de su época de estudiante en París, Pol Pot... Vergès, encantado de cultivar el misterio, nunca ha revelado la verdad, ni siquiera en las biografías que ha publicado. Murió hace dos años llevándose el secreto a la tumba.
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