Antes de que el calor me venza por completo y me entregue a:
Quiero escribir sobre arte moderno.
Que sí, que he dicho arte moderno, arte de gente que sigue viva, arte de ése que provocaría que las señoras de facebook dijeran que ellas no entienden de arte, pero que no les gusta. De ése.
Ilustración del muy recomendable libro de Juanjo Sáez "Arte"
El fin de semana pasado estuve en el museo Guggenheim (el de Bilbao, las escapadas de fin de semana a Nueva York las reservo para cuando tenga jet privado) y allí pude ver una exposición temporal del escultor inglés, de origen indio, Anish Kapoor.
En cualquier museo, ante cualquier obra, más allá de jugar a reconocer qué dios representa una pintura del Renacimiento, o de recordar si diste al autor en arte en COU, de lo que se trata es de decidir si te gusta o no. Con el arte moderno hay que tomar otra decisión, ¿es arte o no?, ¿es algo serio?, ¿merece mi respeto?, ¿me siento estafada? Porque, al final, ante algunos cuadros abstractos, instalaciones o piezas de video arte es difícil resistirse y pensar "menudo morro tiene el colega". O, peor aún: "eso lo hace mi sobrina de 4 años". Bueno, dejando aparte el hecho de que algunos artistas lo que pretenden es, precisamente, pintar como cuando eran niños (lo hacen aposta, no es que los 5 años en bellas artes los pasaran jugando al mus en el bar de la facul), es cierto que ante el arte moderno muchas veces una se indigna. No entender algo suele provocar eso, indignación.
Pero otras veces no es así. Una obra te llega, te sorprende, te emociona o logras apreciar que detrás de ella hay un pensamiento, un estilo o una forma de comunicarse con el espectador. Simplemente, te gusta.
"Disparando a una esquina" es una mezcla entre escultura e instalación, consiste en un cañón que, cada cierto tiempo, dispara balas de cera roja oscura contra una pared blanquísima. Con el tiempo la cera se derrite y forma un charco en el suelo de algo muy parecido a la sangre. No sólo la colocación de la escultura es llamativa, también el momento del estallido es una juerga en el museo, con todo el mundo corriendo para ver el disparo, pero es que además, ver el charco de cera roja derretida que parece sangre pone los pelos de punta.
La exposición también contenía fotos de otras obras de Kapoor, como la "Cloud Gate" de Chicago, más conocida por la gente de allá como la "alubia". Es una enorme escultura con forma de alubia, de metal bruñido que refleja a todo aquel que pasa por la plaza en cuyo centro está situada la Cloud Gate.
Pero es que, además, las curvas de la alubia distorsionan la imagen, de modo que si pasas por debajo y miras tu reflejo, ni siquiera sabes si estás acercándote o alejándote.
El juego de espejos le gusta a Kapoor, que expuso hace poco una pieza titulada "
espejo islámico", cuya forma en paneles octogonales hacía que la persona que se reflejaba se descompusiera en formas geométricas según la distancia a la que estuviera del espejo.
Anish Kapoor ha hecho mucho más, si os pica la curiosidad, podéis visitar su página web
aquí. O ir un fin de semana tonto a Bilbao, huir del calor agobiante de Madrid y del gusto que da ponerse una chaquetita cuando refresca por la noche y ver la expoción del Guggenheim sobre Kapoor.
Y si andáis por el sur, "Mañana" se proyecta el día 24 de julio en el festival
Ginés en Corto en San Ginés (Murcia).