Lo digo aquí, públicamente: estoy enganchada a "Fama, a bailar". Tanto que hasta he hecho algo que jamás había hecho antes: he mandado un sms para expulsar a Jonathan. Y porque a Marcos no le han nominado aún, que por ése estoy dispuesta a mandar hasta dos sms.
El programa es un reality como tantos otros, llenos de profesores-sargento que hacen llorar a sus alumnos, de llamadas sorpresa de padres y parejas que hacen llorar a los alumnos, de largas pausas antes de decir a quién expulsan para que así los alumnos se pongan más nerviosos y, por supuesto, cómo no, lloren. Pero "Fama" como programa tiene dos cosas buenísimas: el baile y que todos los días pasa algo. Han estructurado el programa de tal forma que un día hay expulsión, otro día baile grupal, otro día premio para el mejor del baile grupal, otro día nominaciones. Y así de lunes a viernes. Es el único reality un contenido prestablecido que va más allá de saber quién se pelea con quién. Y es que, en comparación con otros realities, se pelean muy poco. Es natural, no tienen energía. Están machacados de tanto bailar.
Yo los admiro, porque en general son unos críos de veintipocos años, muy disciplinados gracias a años de clases en academias diversas, entusiastas y conocedores del mundo del baile. No son como esos concursantes de OT que no sabían ni quién era Joan Manuel Serrat. Los admiro por lo currantes que son. Los envidio porque hacen el espagar con la misma facilidad con la que yo enciendo la tele. Pero también pienso que en el fondo, muy en el fondo, los bailarines y los guionistas tenemos mucho que ver.
Porque estos pobres chicos se dejan la piel haciendo piruetas y "trucos", que es la manera técnica de llamar a eso de coger a alguien, lanzarlo por los aires y recogerlo, antes de que llegue al suelo, y todo de forma elegante. Se lesionan, sudan como bestias, pasan montones de castings y todo, ¿para qué? Para esto:
Habéis visto bien, el moreno que baila detrás de Melody es Rafa Méndez, uno de los profesores de "Fama". Seguro que hasta hace bien poco en situaciones como, por ejemplo, una mesa llena de desconocidos en una boda, a él le sucedía algo así:
-Hola, soy Susana, ¿qué tal? ¿a qué te dedicas? Yo trabajo en un banco.
-Hola Susana, encantado, yo soy Rafa, bailarín.
-Bailarín... qué bonito, qué interesante. ¿Dónde bailas? ¿Puede ser que te haya visto alguna vez?
-Eh... bueno, he hecho algún videoclip.
-¿De quién, de quién?
-De Melody.
Y Susana mira a Rafa Méndez con cara de "pues menudo bailarín de pacotilla eres tú". En este punto es en el que los guionistas y los bailarines coincidimos. Misma situación:
- Hola, soy Susana, ¿qué tal? ¿a qué te dedicas? Yo trabajo en un banco.
- Hola Susana, encantada, yo soy Estíbaliz, guionista.
- Guionista... qué bonito, qué interesante ¿Dónde escribes? ¿Alguna película que haya visto?
- Eh... bueno, en general trabajo en televisión.
- ¿En qué serie, en qué serie?
- En Ana y los siete.
Y Susana te mira con cara de "pues vaya trabajo chorra haces tú". La diferencia fundamental está en que Rafa Méndez en cualquier momento levanta la pierna, la lleva hasta la coronilla y todo el mundo se calla y acepta su valía como bailarín. A los guionistas, sin embargo, nos queda la opción de resignarnos y oír consejos como: "pues yo creo que Ana y los siete estaría mejor sin Ana Obregón... y sin los niños, ¿lo habías pensado?"
De todos modos, por si existe la reencarnación, yo me pido ser bailarina en la próxima vida. Y a vosotros, ¿qué os gustaría ser?
Por cierto, después de cierto parón en el envío a festivales, "Bichos raros" vuelve a ser proyectado por ahí. Este fin de semana en el certamen
San Javier en corto, en Murcia. Y del 25 de febrero al 1 de marzo en el
Zinemastea o semana de cine de Vitoria.