lunes, 6 de agosto de 2012

Me convierto al hinduismo


Como recordaréis por la cantidad de posts que dediqué a mi viaje a Japón (porque yo he estado en Japón, ¿sabeeees?), allí tuve una revelación y a la vuelta pensé en hacerme sintoísta. Básicamente porque es una religión adorable como una película de Miyazaki.

Pero este verano he tenido otra revelación que ríete tú de Saulo cayéndose del caballo o de la zarza ardiente que hablaba. La revelación ha venido en forma de libro. “El rey Vikram y el vampiro”, una compilación de relatos clásicos hindúes, en los que he descubierto mi nueva fe: el hunduismo.

Una religión politeísta, con un menú de dioses variadísimo. Están los simpáticos, que podrían inspirar la próxima película de Pixar, como el dios mono, o el dios elefante:
Adorar a un dios elefante que baila Bollywood es genial sí o sí.

Y los chungos, que dejan a Saw VI a la altura del betún, como Shiva, el dios destructor, que lleva un collar de calaveras. O Kali, la diosa de la destrucción, que uno solo para destruir les parecía poco. 

Kali también luce collar de calaveras, y un par de accesorios más, a saber: dos cadáveres como pendientes, falda hecha con las manos de sus enemigos los demonios, lengua ensangrentada y cuatro brazos para llevar cuantas más armas mejor:
Todos estos dioses, más demonios varios, brujos, yoguis, brahmanes, rajás y píldoras de filosofía hindú del palo de:

“El prudente, sabiendo que hay tres cosas cuyo efecto en sí mismo ningún hombre puede predecir (a saber, el deseo de mujer, el cubilete de los dados y las bebidas embriagantes), considera la abstinencia de las tres la mejor norma”. 

...llenan las páginas de “El rey Vikram y el vampiro”. Recopilación de cuentos clásicos hindúes, creados allá por el siglo XI y seleccionados por Sir Richard F. Burton, capitán del ejército británico en la época del colonialismo y experto en literatura oriental. A él se deben las traducciones al inglés de “Las mil y una noches” y de clásicos de la literatura de la India, como el Kamasutra o el Ananga-Ranga. Eso sí, con “El rey Vikram y el vampiro” se permite unas cuantas licencias, elige algunos cuentos para el libro (en mi edición hay 11, en la tradición hindú son 25) y en el prólogo de su señora esposa, quizá pensando que las raíces de los cuentos son todavía más antiquísimas, se pasa tres pueblos al decir que El rey Vikram inspiró “El asno de oro” de Apuleyo (siglo II antes de Cristo). 


Lo que sí que está claro es que su estructura, de cuentos enlazados, donde combina magia, aventuras, romance, ironía y mucha acción recuerda a “Las mil y una noches”, que probablemente se inspiró en él. En los cuentos hay mucha información sobre la vida de la India clásica:

Sobre el matrimonio, “Una esposa estéril puede sustituirse por otra a los 8 años; aquella cuyos hijos han muerto todos, a los diez años; la que sólo tiene hijas a los once; la regañona, sin más demora” 

Sobre el sistema de prisiones, "Randhir había condenado al ladrón a ser crucificado, clavado y atado, con las manos y los pies completamente estirados, y permanecer así en posición erguida; le darían cuanto quisiera de comer para prolongar la vida y el sufrimiento. Y cuando se acercara la muerte, le echarían por la garganta oro fundido hasta que le saliera por el cuello y otras partes del cuerpo". 

Allá por los 80 en la India se hizo una serie basada en los cuentos del rey Vikram.

Sobre la educación,  "su padre cultivó asiduamente en ellos, como aconsejan las mejores obras sobre educación, la obediencia absoluta (…) los alababa cuando no estaban delante y los reprendía abiertamente para fomentar su humildad. Ridiculizaba su apariencia y los vestía toscamente para protegerles de la vanidad. Si esperaban un obsequio les desilusionaba para que se familiarizaran con la abnegación (…) Y, sabiendo por experiencia que el miedo es mucho más fuerte que el amor, les amenazaba a menudo" 

Y sobre los piropos de la época: “Su rostro era como la luna llena, su cabello como un enjambre de abejas colgando de los capullos de una acacia, los rabillos de los ojos le llegaban a las orejas; sus labios tenían la dulzura de la ambrosía lunar; tenía el talle de un león y de garza real los andares”.

Y una serie de animación.

Pero también hay hueco para reflexiones modernas, que vete a saber si pertenecen al cuento original o a Burton:

“Dice el joven rajá: ¿Qué podía hacer? Cuando amo a una mujer me gusta contárselo todo, no tener secretos para ella, considerarla mi otro yo...
- Hábito que perderéis cuando seáis un poco mayor, cuando reconozcáis el hecho de que el amor no es más que un combate, un juego de destreza entre dos individuos de distinto sexo: uno que busca conseguir lo más posible y otro que se esfuerza por perder lo menos posible, y que al final ganará el más agudo de los dos en el tablero de ajedrez". 

O

"Confieso -prosiguió el loro, (porque este cuento lo narra un loro parlante) que en general la mujer bella es más virtuosa que la fea. Pues a la primera la tientan a menudo, pero su vanidad y presunción le permiten resistir, prometiéndose que volverá a ser tentada una y otra vez. La mujer fea, en cambio, ha de tentar en vez de ser tentada y ha de flaquear, porque no satisface su vanidad y su orgullo resistiéndose, sino entregándose". 

Y vosotros, ¿os habéis convertido a alguna religión exótica últimamente?, ¿qué estáis leyendo este verano?

3 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Qué bien que los hombres fueran los únicos que sabían escribir, así podían dar su versión única sobre las mujeres.

Lo del padre ese que como sabía que el odio era más fuerte que el amor, es lo que había decidido que debía unirle a sus hijos me ha dejado sin palabras.

laesti dijo...

Ríete tú de Supernanny, los hindúes usaban otros métodos distintos al rincón de pensar.

Ganchitos Amigurumi dijo...

Mi conocimiento de los hindúes se reduce a la Romy de "La vuelta al mundo en 80 días" y a "Slumdog millionaire", así que yo elegiría como religión absurda la de la Grecia antigua. También era una época horrorosa para ser mujer pero, según "300", los tíos estaban todos muy macizos.