lunes, 18 de abril de 2011

¿Está todo inventado?

Hombre, todo, todo, no. Ni el teletransporte, ni los cachorros que nunca crezcan ni una anticelulítica realmente eficaz se han inventado aún.

Pero en cuanto a historias, parece que sí se ha inventado todo. O eso sostiene "La semilla inmortal" de Jordi Balló y Xavier Pérez, uno de esos libros necesarios si te interesa algo la escritura. En su libro, los autores analizan varios de esos temas universales que una y otra vez reaparecen, en formatos distintos, pero que se pueden resumir en la historia de la Cenicienta, del patito feo, de Hamlet o de Pigmalión. Lo mismo se puede aplicar al mundo de la música, porque si no, no se entiende esa costumbre de versionar lo ya existente. Hay versiones buenas como ésta de "enjoy the silence"...: ...malas como ésta, terribles como ésta otra, y terriblemente malas (como esa versión de la lambada de Jennifer López con Pitbull que, y aquí todo cuadra como un puzzle sideral, también ha colaborado con Enrique Iglesias).

¿Es verdad que al final todo es cuestión de versionar, formatear y adaptar?

Hagamos un experimento. Aquí tenéis una anécdota simpática y simple, que es tal que así: la protagonista es una señora mayor, de ésas que piensa que “en sus tiempos” (y esto implica su niñez, su adolescencia o el año pasado, según el contexto) las cosas iban mejor, de ésas que se sientan en el autobús y ocupa dos asientos, uno para ella y otro para su bolso y que sale de la peluquería con un extraño tono lila en su pelo. Una de ésas.

Esta señora está en un autobús lleno de gente y piensa en cómo es posible que la juventud de ahora no se levante para ofrecerle a ella un sitio, que eso en sus tiempos no pasaba (claro, en sus tiempos no había ni transporte público), cuando se da cuenta de que no tiene su reloj de pulsera. Un reloj moderno, que le regalaron sus nietos hace un par de años para Navidad. Y, lo que es peor, se da cuenta de que el chico que ocupa el asiento frente a ella, con pinta de punkarra, hippie, okupa (la señora no distingue estos conceptos, ella se limita a dos: buena pinta, mala pinta), lleva en la muñeca un reloj como el suyo. Qué coño, el suyo. Furiosa con él y con el mundo; con los jóvenes que no se levantan para ofrecerle un sitio en el autobús, con el Imserso que sólo ofrece destinos decadentes tipo Benidorm...

...con los que tienen perro y no recogen sus caquitas, con todos, la señora se arma de valor y suelta al chico, indignada, que le dé ya su reloj. El chico, que nunca en su vida había visto a una señora así de enfadada y que nunca le habían pillado robando nada, porque él es cuidadoso y sabe cuáles son los puntos ciegos del Dia de su barrio, obedece, y le da el reloj a la señora. Ella, tras repartir codazos a diestro y siniestro, porque ahora ya está crecida, se baja en su parada. Camina a casa orgullosa de sí misma, echa un rapapolvo a un chino que escupe en la calle (“eso en este país no se hace”, le dice), en casa pilla al portero echándose una siesta y le cae otra bronca: "que me sigue llegando publicidad al buzón, Marcial". Sube a casa, sintiéndose joven, enérgica. Va a su habitación a ponerse la bata de estar por casa y entonces lo ve. Su reloj de pulsera, el que le regalaron sus nietos, está encima de su mesilla de noche.

Esta misma anécdota, ¿puede convertirse en otro género? Pues claro que sí. Veamos cómo lo harían en esa serie tan sobria y contenida que es "Spartacus".

Aquí el protagonista es un viejo esclavo, de ésos que lleva tanto tiempo sirviendo a su domine que ya piensa como él y siente como él. Si el domine pasa apuros económicos y ese año no puede pagar la pelea de gladiadores, ni siquiera una triste lucha de osos contra jauría de perros en las Lupercales, el viejo esclavo dice que “hemos tenido” un mal año. Uno de ésos.

Este viejo esclavo está camino del mercado para comprar riñones de paloma, sesos de conejo, morros de armiño y otras exquisiteces para la cena del domine de esa noche cuando se da cuenta de que no tiene la bolsa de cuero con los sextercios para pagar en el mercado. Y, lo que es peor, se da cuenta de que el esclavo que camina frente a él, con pinta de bárbaro (tracio, galo, hispano, germánico, el viejo esclavo no distingue estos conceptos, él se limita a dos: libre o esclavo) lleva en la mano una bolsa de cuero como la suya. Por la polla de Júpiter, la suya.

Furioso con él y con el mundo, con el domine que le prometió la libertad hace 7 años y aquí estamos, con el esclavo griego que se cree tan superior a él porque es el tutor de los hijos del domine pero es tan esclavo como los demás o qué se creía, con todos, se arma de valor y suelta al esclavo bárbaro que le devuelva su bolsa. El bárbaro responde que ni aunque el mismo Júpiter le sodomizara repetidas veces iba a darle la bolsa o qué se creía. El viejo esclavo se rebota cosa mala y saca, a cámara lenta, un puñal de su cinto. El bárbaro saca un cuchillo de debajo de su capa y toda la ciudad hace un corro a su alrededor, que en esa época no había tele y la diversión estaba en las peleas. El viejo esclavo esquiva los envites del bárbaro agachándose, a cámara lenta como en “Matrix”, pero el cuchillo del bárbaro le roza el pecho y sale un chorrazo de sangre que ni en un geiser de los que hay más allá del muro de Adriano. El viejo esclavo contraataca con energía y rasga la pierna de su oponente, que también sangra como un cerdo en la matanza.

Tras un rato de salpicaduras de sangre, cuchillazos y ataques a cámara lenta, el viejo esclavo pega un salto tal que se queda congelado en el aire unos segundos y que provoca que el público murmure, admirado: “por la polla de Júpiter”. Cuando cae propina tal puñalada al bárbaro que éste, después de sangrar mucho (otra vez), muere. El pueblo de Roma aclama al viejo esclavo, que está crecido. Son los 30 segundos más felices de su vida, porque luego llega uno diciendo “pelea en las termas” y se van todos. No había tele en esa época, recordemos. Aún así, el viejo esclavo vuelve a la villa de su domine orgulloso de sí mismo. Va hacia sus aposentos a ponerse las sandalias de estar por casa y entonces la ve. La bolsa de cuero con los sextercios que la domina le dio para comprar morros de armiño están sobre su jergón. ¡Por la polla de Júpiter!

Ahora os toca a vosotros, contad la anécdota de la señora y el reloj de pulsera al estilo de la serie que más os apetezca, ¿cómo sería en “Dowton Abbey”?, ¿y en “Big Bang theory”?, ¿y en “Amar en tiempos revueltos”?, ¿o en “Prison Break”? Sorprendedme…

7 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Yo ya hice mi versión del tema en la película "El Prisionero de la segunda avenida", pero al final un tal Neil Simon me robó el guión y él lo firma todo.

El que creía que le habían robado la cartera era Jack Lemmon y el supuesto ladrón un entonces súper desconocido Sylvester Stallone.

Claudia Hernández dijo...

El libro pinta interesante, habrá que hacerse con él y leerlo.

Anónimo dijo...

Me pido desde ya la adaptación a "El barco", con Mario Casas mojado y en toalla pidiendo el reloj supuestamente robado al malote, también mojado y en toalla (son de limpios en ese barco...).
La versión de JLo es terrorífica pero, ¿que me dices de la que han hecho Black eyed peas del tema de Dirty Dancing? Duele en el alma.

laesti dijo...

Loque, habrá que verse la peli aunque sólo sea por Stallone compartiendo plano con Jack Lemmon.
Claudia, el libro es buenísimo, aunque ya tiene sus años, supongo que será difícil de encontrar.
Anoni (que llamarte Ano suena fatal), a mí también me duele en el alma la versión de Black Eyed Peas, me duele más que cuando un amigo se va, fíjate lo que te digo.

levothroid dijo...

Ey! Esa anécdota me suena, jeje

laesti dijo...

Levo, ¿le pasó a una tía tuya, no? Creo que deberíais demandar a Neil Simon...

Anónimo dijo...

Tomo nota para regalarlo el día del libro, ¡Uy, si es hoy!