lunes, 15 de mayo de 2017

Di no al Brexit, di sí a Eurovisión

Hubiera sido taaan bonito. Todos a puntuar con twelve points a Guallominí y Gran Bretaña se hubiera visto obligada a organizar Eurovisión en el año del Brexit. Pero para que eso fuera posible los europeos nos tendríamos que haber puesto de acuerdo y/o Gran Bretaña tendría que haber mandado una canción un poco molona. Y ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, creo que Europa puede unirse a través de Eurovisión. El festival que nos recuerda que Azerbaiján está en Europa también puede servir de contrapeso a los partidos antieuropeístas. Que la música nos una a todos. Pero no la música coñazo de baladas con su consabido crescendo vocal al final, mientras el pelazo de la cantante se agita al viento y un violinista toca un solo. No. Se trata de unir al pueblo. A la gente. A las masas. Esa música que la escuchas y te echas a bailar y a cantar, aunque sea en un idioma tan extraño como el moldavo.

Sí, amigos, ha habido éxitos moldavos. Más bien, ha habido uno. Éste.


Moldavia, como Teruel (o Azerbaiján), existe.

Yo creía que Moldavia no existía. Creía que era producto de la imaginación de los guionistas de Dinastía que hacían que Catherine Oxenberg fuera aristócrata europea sofisticada del reino de Moldavia. Otro día hablaremos de porqué no sé dónde he dejado las llaves pero sí sé el nombre de una actriz de segunda que salía en "Dinastía".

La cuestión es que Moldavia, en una alianza con Rumanía (Dragostea din tei está cantada en rumano, y el grupo estaba compuesto por moldavos y rumanos, en una unión paneuropea preciosísima) ha dado un megaéxito a toda Europa. Ése es el camino que hay que seguir.

Y otros países de chichinabo pequeños también han dado hits:


Si tuviera que enseñar qué fueron los 80 a un joven millenial nacido en el 2000 o a un extraterrestre, le enseñaría este videoclip. Y ya. 

Nada de canciones medio folclóricas cantadas en idiomas que parecen klingon, ni de baladas de portugueses tristes que llevan una coletilla como la que me pongo yo cuando voy a hacer limpieza general ni, obvio, canciones con alaridos cantos tiroleses... Todo esto lo vimos hace un par de días en Eurovisión y gracias, pero no, gracias.

Menos mal que siempre nos quedará Suecia (y los suecos). Los únicos que son capaces de hacer una puesta en escena en condiciones, que parece sacada de los Grammy y no de una retransmisión de la OTI de 1985. Quizá Suecia debería ganar siempre Eurovisión, y que los demás ni se molesten, que se queden en casa.

Queremos grandes hits. Dignas canciones del verano. Pegajosas. Eternas. De ésas que no sabías que te sabías. De ésas que no sabías que te sabías la coreografía. Como ésta. Danesa, para más señas. Las nuevas generaciones también bailan esta canción. Doy fe. Lo he visto en el Ocho y medio.

Y diréis, ¿y España qué? Fácil, que lo manden a él:



Triunfó hasta en Japón. Preguntad a cualquier mayor de 30 años de cualquier país europeo. Tararead chiquitan chiquitan-tan-tan-que-tumbanban-que tumban-que teverere y veréis cómo la reconoce.

Pero quizá el tiempo de Chimo Bayo ya pasó. Es el momento de nuevas generaciones. Y si el triste portugués de la coletilla había actuado en el Sónar, se me ocurren dos mozas que están petándolo en eso que se llama "la escena indie". Con canciones pegadizas y con su punto cómico. Imaginad qué bonito sería escuchar esta canción en un escenario de ésos tochos y llenos de efectos de luz, y ventiladores, y llamaradas, y máquina de humo y, por supuesto, junto a un violinista:


Les gusta ir al Ritz, pero al bingo también...

Y vosotros, ¿a quién llevaríais a la próxima edición de Eurovisión?, ¿también tenéis dolor de cabeza que empezó con la actuación de Rumanía y sus alaridos cantos tiroleses y que todavía no se ha ido?

martes, 9 de mayo de 2017

Carta de Christina Hendricks al escritor éste de novelas de espadachines

Dear Arturo,

Te escribo estas líneas porque me han contado que has escrito un artículo jacarandoso y de ficción (que eso lo has aclarado vía twitter porque también me han contado que la gente te ha puesto a caer de un burro) sobre tú y tus amigos intentando haceros una foto conmigo, la pelirroja actriz de Mad Men, aka "la de las tetas gordas".

Arturo, no me ofende que me llames "la de las tetas gordas". Como te imaginarás, a estas alturas de la vida eso me lo han dicho unas cuantas millones de veces. Como llamar cuatro ojos al que lleva gafas, enano al más bajito de la clase o zanahorio al pelirrojo, es habitual, una piensa que se acabará en cuanto se acaba el instituto. Pero fíjate tú por dónde, sigue pasando. No me lo esperaba de un escritor con léxico, silla en la RAE y edad de sobra para haber superado el instituto, pero bueno, ya digo que eso no me preocupa tanto. Para la próxima vez que te vengas arriba pensado en tetas gordas, Arturo, recuerda esta canción:



Tú no conocerás la serie "crazy ex girlfriend", Arturo, es demasiado 2017. Supongo que eres más de cine clásico en blanco y negro que verás en la pantalla de cine de tu casa, porque en los cines de ahora la gente hace ruido y da pataditas en la silla y ya no se hacen películas como antes ni hay mujeres como las de antes: Sofía Loren, Jayne Mansfield, Jane Russell... eso sí que eran mujeres, ¿a que sí?

Tampoco me ofende, Arturo, que definas a mi marido como "que no tiene ni media ostia". Tienes razón. Es, si me apuras, un poco feo, y lleva un modelo de gafas que no le sienta bien, y ese pelo revuelto que parece que siempre está despeinado... A Geofrey Arend (que así se llama, podrías haberlo buscado en google, pero bueno, ya te digo que eso tampoco me preocupa) le elegí por otras cosas que por su físico o su capacidad de liarla parda en un bar. Me han contado que tú, Arturo, eres muy viril, y que si te llega a pillar el atentado terrorista de París allí, tú solo con tu hombría y tu santa voluntad hubieras doblegado al ISIS entero. A mí es que la virilidad me importa un pito. Valoro más otras cosas: el sentido del humor, el cariño, la comprensión... Será que soy una blanda.


Lo que me ofende muchísimo es que digas que mandé a la mierda a tu compañero de fatigas, más joven, con pelazo y también más masculino que competir por ver quién mea más lejos: Manuel Jabois. Por ahí no paso, Arturo. Yo me hago fotos con todos mis fans. Aunque me interrumpan mientras estoy poniéndome hasta arriba en Casa Lucio. Aunque haya oído al tipo del pelazo y sus amigos llamarme a grito pelado "la de las tetas gordas", porque se creen que no entiendo el castellano y porque los españoles gritan que da gusto. No importa, yo soy una profesional y me hago fotos con todos, hasta contigo, Arturo.

Firmado,

Christina Hendricks, también conocida como la de las tetas gordas.