viernes, 9 de diciembre de 2011

Buenas noches Panamá

Años 90. Clase de inglés. Adolfo, profesor al que siempre recordaré porque se rascaba la entrepierna rozándola contra la esquina de un pupitre, dando así una tensión insoportable a toda la hora de la clase de inglés que pasabas recitando el mantra "en mi pupitre no, por favor, en mi pupitre no". Adolfo, ese hombre, harto de que sus alumnos le llamaran Alfonso o hasta Ataúlfo, un día se levantó como Michael Douglas en "Un día de furia":

Y nos soltó que no nos quejáramos tanto por el examen sorpresa de vocabulario, si total, anda que no nos quedaban examenes por hacer en la vida. Los enumeró todos: los exámanes de las evaluaciones, los finales, las recuperaciones, los de septiembre, la Selectividad, el del carnet de conducir, los de la Universidad, los de oposiciones... Consiguió lo que quería: callarnos y amargarnos el resto del día.

Por cosas como esta yo siempre he sido una ferviente defensora de que el profesor es el enemigo. Es más, cuanto más enrollado dice ser el profesor, más hay que sospechar. Creedme, los que van de colegas son luego los que te suspenden con un 4,9.

Pero el tiempo pasa, un buen día te sorprendes encontrando guapo a un chico que no es chico, sino hombre y padre de familia y ahí está tu madurez llamando a la puerta. Porque, amigos, ¿qué pasa cuando se dan la vuelta a las tornas y eres tú la profesora?, ¿qué tipo de profesora serás? ¿La clásica de matemáticas chunga que amenaza con hacer controles sorpresa y quitar medio punto al que hable?, ¿el profe funcionario que lee el libro de texto en voz alta hasta que suena el timbre, momento en el que cierra el libro, aunque se haya quedado a mitad de frase? O, dado que voy a dar clase de guión, ¿un profesor con pasado intenso y alcohólico, que provoque en los alumnos admiración y acojone a partes iguales?

En todo eso pensaba yo antes de comenzar mis tres intensas semanas dando clases de guión a tres grupos distintos (uno por semana) durante seis horas cada día. Seis horas. Seis. Como dicen en los carteles taurinos. Seis toros. Seis. Pues igual.

Aunque el primer día y debido a un correo con un error, otra profesora y yo dimos por acabada la clase una hora antes. Estábamos esperando al otro profesor, pensando en que se estaba alargando mucho, cuando la gente de administración vino a decirnos que las clases acababan a las tres, no a las dos. Pero ése no fue el único lapsus que tuve durante esas tres semanas. Tres. Qué va.

Ese mismo día, y probablemente debido a que toda mi circulación sanguínea estaba ocupada haciendo la digestión de mi primera fabada, chispas, me dejé el portátil en el restaurante. A los cinco minutos volví, y ahí estaba.

Otro día me sorprendí a mí misma a punto de sentarme sobre la mesa con las piernas cruzadas y no lo hice. Otro resbalé con un charco (por Asturias hay mucho de eso) y a punto estuve de caerme justo cuando el coche de dos alumnos entraba en el parking.


Unos días más tarde entré en un proceso de dar clase como quien estaba en el salón de su casa y ahí estaba yo, hablando de estructura, sentada en posición “toro sentado” con las piernas cruzadas sobre la mesa.

Los alumnos, que también iban cogiendo confianza, a 15 minutos del final de clase, muertos de hambre y agotamiento, y como si aquello fuera “La gramola” pidieron que les pusiera este video: el plátano bolígrafo.

Y yo les hice caso.

En otra ocasión, poniendo un video sacado de Internet oí de fondo la voz de un alumno: “el sonido, que no lo has conectado” y lo triste es que era el tercer video que ponía ese día. Ese mismo alumno comentó, en el momento cañas del último día, que no es que él supiera mucho de técnica, sino que yo era tan torpe que en comparación él parecía Steve Jobs.

Y es que en ese último día, como premio y porque se lo había prometido la otra profesora la semana anterior, también proyecté este clip, un clásico de la red utilísimo para explicar cómo funciona un gag. Aquí, la señorita Panamá:


Y ya puestos, y dominando el arte de la proyección, les puse éste también, utilísimo para entender el subtexto, porque aunque la miss esté contestando a la pregunta: ¿es el hombre el complemento ideal de la mujer?, en realidad la escena va de una pobre señorita Antioquía, aspirante a Miss Colombia, que se ha metido ella sola en un berenjenal del que no sabe cómo salir:


De esta sucesión de chorradas se deduce que no soy una profesora enrollada, ni una tipo funcionario, ni desde luego una de las que mete miedo. Pertenezco al tipo de profesora entrañablemente torpe. Los alumnos no me recordarán con una sonrisa y seguro que con un mote.

Y vosotros, ¿habéis dado clase alguna vez?, ¿qué tipo de profesor sois?, ¿creéis como la señorita Antioquía que el hombre es el complemento de la mujer y la mujer del hombre, hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo y de manera contraria?

Aprovecho para recordar que se ha retrasado la proyección de "Mañana", será en el café Angelika de Madrid, a las 21.oo horas, pero el día 12.

4 comentarios:

Claudia Hernández dijo...

Jaja, la verdad que lo del boli plátano es una joya...
He dado clases, sí, pero en la ESO por muy poco tiempo y creo que fui fantástica (siento sonar petulante). El más macarro de la clase en mi materia escribía cuentos de buena factura y se portaba de maravilla... y creo que se divertían.
Las pobre misses, lejos de reírme me dan pena... lo malo es que la burradas de los hombres famosos no se les dan tanta publicidad como a la de las mujeres... de los políticos y futbolistas se pueden hacer antologías sindesperdicio.
Saludos

Anónimo dijo...

Qué grandes las meteduras de pata de las misses. En la última elección de Miss España una respondió a: ¿qué personaje histórico te gustaría poder conocer? con: "Victoria Secret". Te lo digo para que lo uses la próxima vez que tengas clase.

loquemeahorro dijo...

Yo solo he dado alguna clase particular, y me di cuenta de que era bastante sargento, para mi decepción, que me imaginaba como una "profe enrollada", qué decepción.

Yo sí creo que el hombre complementa al hombre, la mujer a la mujer y viceversa todos a la vez.

Es más, no conozco casi youtube, pero creo que si no lo tienen, deberían tener un canal de misses y misters.

laesti dijo...

Claudia, sólo de Guti podría hacerse una antología maravillosa.

Anoni, muy grande lo de Victoria Secret, que además era un hombre, y se suicidó.

Loque, ese canal de misses y misters podría quitar de su podio de honor a los videos de gatitos.